En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 14 de diciembre de 2009

tres poemas de david cruz

David Cruz, Costa Rica









Noble sombra







Hija del demonio gris de la carne,
recuerda tus pechos cuando se hayan quemado,
como las tardes que dejan de ser misteriosas
para convertirse
en obstinadas mendigas de la inocencia,
en carroña despreciada por los buitres ,
en la sangre seca del ladrón
que olvidó robarse el amor.
De tus besos fieles a las noches,
largas como la muerte.
Recuerda las manos extrañas,
las camas húmedas
con tu sudor
empapado de alcohol
y los rastros de saliva de algún viajero
que soñó contigo.
Y a la mañana siguiente
partió en el tren
mientras tu sombra se lavaba
el veneno de los labios.








Natación nocturna







Por los cristales rotos
la noche inscribe sus metáforas
JENARO TALENS







La ciudad víctima que se esconden en las veredas
y pasean por las comisarías.
Ellos sonríen a las muchachas ingenuas
con sus cuerpos sumergidos en la tarde,
arrastran los restos de la mañana
en sus párpados cansados,
en su pelo rizo que transformará la noche
como preámbulo a la muerte;
perro callejero
revolcando la basura,
escrutando las puertas traseras de los restaurantes,
reconciliándose con el hambre.
Las luces de neón
absuelven el cadáver de la luna,
borrosa luz resguardando las plazas,
excremento solitario en las azoteas
con generaciones de desaparecidos
en sus regazos,
con generaciones de bohemios
sin sueños de alcohol en los inviernos.
Y son ellas, lámparas ausentes,
quienes buscan a los suicidas
de las noches como ésta
en ciudades como ésta;
donde la gente camina asustada
desconociendo
verdadero crimen del amor.







El templo







El templo es un frío forcejeo de ladrillos.
Todo allí dentro es predecible,
siempre acaban repitiendo el sermón.
Como en una vieja rockola
donde los borrachos saben la letra.

Aquí velaron a mi padre.
La enfermedad del tiempo lo sorprendió
una mañana, masticando
el amargo sabor de los noventas.

Sillas talladas a mano,
el revólver
para ahuyentar la soledad
y los dientes postizos
fueron su herencia.

¿Qué no empeñó por la vida?


Es mejor fingir la muerte.
No apostarle a la eternidad del humo
de los cigarrillos,
o a la piel exagerando sus dotes
como un himno
entonado por compromiso.

Nada es real cuando cruzamos esta puerta.

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