En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 27 de enero de 2020

Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda

Vacío habitado, (André Cruchaga El Salvador)







Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda de un lenguaje aprehensor
del sentido/ sin  sentido de la existencia

José Siles1

1 Narrador, poeta y catedrático de Universidad. Universidad de Alicante (España).


            André Cruchaga es un poeta salvadoreño que nació en Nueva Concepción (Chalatenango, 1957). Cruchaga se inició en la poesía allá por la década de los ochenta empezando a compatibilizar su actividad lírica con su trabajo como docente y gestor educativo. Su amplia obra ha sido traducida a varios idiomas llegando a obtener un importante reconocimiento internacional: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996), “Roja Vigilia” (1997), “Ru­mor de pájaros” (2002),"Oscuridad sin fecha” (2006), “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (2009), “Viajar de la Ceniza” (2010), “Cielorraso” (2017), etc.
            André se incorporó al universo poético ante la necesidad de dar rienda suelta a su humanismo sensorial…, una faceta que explica en gran medida la insaciable  transversalidad sensitiva de sus poemas; tal vez eso tenga que ver con su infatigable actividad creativa y con la repercusión internacional que han tenido sus poemas que han atravesado fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Sin duda, una muestra de esta proyección internacional la constituyen la aparición de “Memoria de Marylhurst” en Estados Unidos, “Caminos cerrados” en Méjico y “Poeta en Barataria” en Cuba.
             El poeta salvadoreño nos vuelve a sorprender con una nueva y extensa obra: “Vacío habitado” editada por Teseo e integrada por nada menos que 112 poemas. Una de las características primordiales de esta nueva entrega consiste, de nuevo, en una radicalidad (de raíz, de profundidad, de ignota trascendencia) que confiere un gran calado al conjunto de la obra. Efectivamente, leyendo cualquiera de estos poemas al azar, el lector podrá confirmar tras su detenida lectura la persistencia de una estética que trasciende y aglutina la diversidad temática en cualquiera de ellos. Tal como afirmamos cuando escribimos la reseña de Cielorraso: “(…) Cruchaga no se ampara en la supuesta sencillez del fenómeno sujeto de su acción poética, sino que su indagación profundiza en las raíces siguiendo todas las vías posibles del ser poético…,ser que observa, siente, huele, ama, odia, toca, disfruta, sufre y, sobre todo,  respeta la esencia del sentimiento. Respeta porque ante todo se esfuerza por mantener la complejidad de su naturaleza. Cruchaga es un poeta sinestésico abierto al polisensualismo y esto lo convierte en alguien que busca casi obsesivamente la trascendencia de cada acto perceptivo yendo siempre al mismo fin: despertar la conciencia del ser humano ante la fatal incomprensión de una realidad tan confusa y aplastante como la misma muerte” (Siles, 2017: 246).
            Etiquetar a los poetas según las características de sus obras no es tarea sencilla y, muchas veces resulta artificioso, pero en el caso que nos ocupa es aún una tarea mucho más ardua. También es posible escudriñar las influencias de otros poetas y otros movimientos: modernismo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc. En este sentido, Cruchaga admira y ha leído a muchos poetas y seguramente tendrá influencias de muchos de ellos, pero es difícil que se reflejen en su poesía de forma evidente. Vicente Huidobro es uno de los poetas cuya influencia sí se puede atisbar nítidamente en el trabajo de Cruchaga. Huidobro equiparaba el arte poético al ejercicio divino pues éste rezumaba la libertad y la pulsión creadora que le permitía escribir poemas como “Ella”[1] en cuyos versos, como en una barrena que atraviesa las paredes de habitaciones donde todo es “Vacío habitado”…, se aprecia el  potencial sintetizador de la sinestesia[2]

“Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas”.

            Ya en la Biblia y en la  poesía clásica se encuentran antecedentes del enfoque poético sinestésico: Cantar de los Cantares (oleum efusum nomen tuum), Homero (voces color lirio), Platón (oscuro oír),  Virgilio, los barrocos españoles, el simbolismo francés decimonónico  los románticos ingleses y alemanes, los  modernistas, especialmente Rubén Darío y Juan Ramón (Schrader, 1975; Ynduráin, 1969; Córdoba, et al, 2012). Pero la amplitud del enfoque sinestésico desborda los límites de los ismos y las generaciones. Así podemos ver como Vicente Alexandre, representante de la generación del 27, integra en su universo poético la visión “fundidora” de los sentidos tanto a través de la mística de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León como en los románticos decimonónicos ingleses. En definitiva, como Cruchaga, se trata de un poeta afincado en la necesidad de fusionarse con el cosmos para huir de la soledad, de la condena a la mortalidad. Por eso Alexandre también está influenciado por la sinestesia de los románticos ingleses que buscan una trascendencia emocional que los rescate de la nimiedad del ser: “Yo en estas tardes leo  Shelley, hermano cuya luminosidad me deslumbra. ¿Qué naturaleza dorada, melancólica o estática, ebria de luz o de tristeza y de amor (…)” (López Martínez, 1991: 284). 
             En Cruchaga encontramos esa misma poesía saturada de dinamismo y síntesis en la que el cosmos, la naturaleza y el ser humano aparecen simultáneamente tan luminosos, ebrios de luz y amor como melancólicos,  dorados por atardeceres declinantes y profundamente hundidos en una amarga y triste melancolía, tal como se muestran los sentimientos del poeta en “Transparencia”: Mirar la gota en el ojo que la ansía./La gota solamente en lo profundo./—Pero, no mires la claridad, en la claridad misma,/sino en la salida de los rostros y los nombres;/todo tiene su ritmo, el fuego y la muerte, el tiempo que nos alcanza y nos deja, el grano de mostaza en la estatura, la roca fiel al río/en su propio espejismo./No mires los colores volcados en el arcoíris,/sino en la rama disuelta del designio,/que la palabra compartida es silencio (…)” (Cruchaga, 2020:37).
              Esta estética pan-sensorial y sinestésica en la que el poeta traspasa el límite impuesto por la lógica ordenada de la realidad transformándose en un creador (creacionismo) sin ambages a imagen y semejanza de un dios, se aprecia en muchos de los poemas de Cruchaga y en “Vacío habitado” nos encontramos con varios poemas en los que la visión fractal de la realidad se viste de poesía como en “Invocación a la saliva” (Cruchaga, 2020: 169).

“En la boca, la saliva brama sus litorales.
¿De qué estás hecha para morder los crepúsculos
el pulso claro de las palabras,
los peces del fuego?
Gira alrededor la ráfaga de los minutos
Deambula la ebriedad de los sótanos,
los superhombres de la ficción (…)”.

            En definitiva, se encuentran en Cruchaga, algunas reverberaciones esenciales del creacionismo que lideró el poeta Chileno Vicente Huidobro,  que consideraba la poesía como una divinidad creadora de realidades dinámicas que fluyen a través del tiempo en un inaparente  y desconcertante equilibrio en el que la muerte juega un papel organizador crucial. En este sentido, André Cruchaga dedica varios poemas de su “Vacío habitado” a la muerte y a sus manifestaciones: Cada día la muerte, Fosa, Féretros,  Cada día nuestra fosa, Cadáver; porque conoce la sórdida necesidad de muerte que tiene la existencia para que prevalezca cierto orden, tal como afirma Siles en Paradoja: La muerte/ esa fulana maldita/con fama de puta/es la asalariada peor retribuida/ por la vida/ causa y fin de su existencia/…y su principal explotadora  (Siles, 2014:16).
           Así, en “Féretros” el poeta vislumbra con el sosiego de los sabios cautos la irreversible llegada del porvenir: “Siempre me ha cautivado la madera al poniente de mis zapatos. /En el callejón sin salida de la tumba,/las honras fúnebres del océano. /Y la turbiedad de los espejos (…)” (Cruchaga, 2020: 54).
            En “Cada día la muerte”: “Sube a la memoria el prensapapel de los ataúdes./ Todo está escrito, allí, después de todo en la respiración (…)”(Cruchaga, 2020:22)  se aprecia la preexistencia del final desde el primer aliento vital, pero no como un drama, sino más bien como la constatación de una realidad que todo el mundo necesita soslayar para seguir su camino con cierta higiene diaria.
            Pero sería poco ajustado a la realidad centrar la estética de Cruchaga en el creacionismo porque, en el fondo, lo que busca el poeta no es sino el entendimiento de la realidad, el tan traído y llevado “sentido de la vida”. El problema para Cruchaga como para otros grandes poetas, es la enorme impotencia que el ser humano tiene para detectar el auténtico sentido de la existencia, tal vez porque, en el fondo, no existe tal  sentido…, al menos dentro de los límites del lenguaje convencional que sigue subordinado a una realidad ordenada con una lógica incontrovertible. Sí, el lenguaje y sus limitaciones para expresar la complejidad contradictoria y múltiple de la realidad constituye una de las constantes y obsesiones de Cruchaga que, como Sísifo, emprende una y otra vez la fatigosa tarea de empujar la enorme piedra  de la poesía montaña arriba en una búsqueda incesante de sentido…a pesar de que tal vez es una tarea imposible; así lo expresa en “Césped en el ansia”: Nunca supe,/ qué cosa es el destino;/ y sin embargo, entendí los tiestos de ceniza alrededor de los zapatos,/ sobre la joroba de la pesadumbre,/ en la voz desmembrada de la espuma con toda su pureza de sal,/ salmos galopantes de las sombras (…)” (Cruchaga, 2020:20).
           En esta pundonorosa y continua búsqueda de una nueva forma de expresión, de adaptación del lenguaje a las raíces ignotas de la realidad, hay que interpretar el denominado lenguaje fractal en cuyo territorio se adentra el poeta salvadoreño. En este sentido, Jiménez Simón (2018) sostiene que Cruchaga concilia su obra en un universo ético donde impera el caos, pero solo aparentemente, porque en el fondo de su poesía persiste una geometría matemática cuyo orden es tan fundamental como inaparente.
           Con los descubrimientos de la física cuántica se reconoce, por fin, la impotencia del lenguaje para conciliar la realidad emergente con una nueva lógica diametralmente opuesta a todo lo preexistente, a todo el entramado previamente interpretado. Y se llega admitir que la existencia de una realidad y su contraria (el famoso gato que puede estar vivo y muerto simultáneamente según vengan dadas) forma parte de una verdad tan esencial como inaccesible al entendimiento y a su expresión mediante el lenguaje neopositivista. Emily Dickinson escribió un poema a mediados del XIX, Posibilidad, “(…) que bien podría haber sido esgrimido por Bohr o Heisenberg para ilustrar lo esencial de la realidad cuántica (…)” (Durán, 2017): “(…) Habito la posibilidad,/una casa más bella que la prosa,/más numerosa de ventanas/y más rica de puertas (…)” .
            Así Cruchaga sostiene en “Trama” la incidencia del cromatismo en la plasmación de una realidad que tan sólo es una muestra diminuta de todas las opciones, de todas las situaciones posibles: “Realidad,/ —¿Cuántas bocas encantadas en tu nombre?/¡Cuánta saliva en tu cuerpo?/(…)/—La realidad, ¿es sólo una aventura del cromatismo, acaso la oscuridad/enardecida, o la polea que nos provoca los sueños,/o el estatuto del caos que se rearma en el horizonte?” (Cruchaga, 2020: 108). No en vano poetas y hasta narradores como Michel Houellebecq ya se han posicionado sobre esta cuestión y en “El mundo como supermercado” el novelista francés apuesta por la necesidad de que la ciencia acepte la poesía como herramienta imprescindible en la construcción de un nuevo lenguaje que asimile y facilite la digestión intelectual de las contradicciones propias del universo cuántico (Cervantes, 2013). Leer los poemas de Cruchaga facilita, sin duda, una gestión diferente de la percepción del mundo y esto, en sí mismo, creo que transgrede el ámbito poético; así, en “Fermentos”, nos encontramos con el carácter invertebrado de toda certidumbre: “(…) En la pira del extravío,/ lo fugitivo de las certezas,/el hilillo del ansia como huella de piedra mientras existimos./Algo quedará en las estrofas del horizonte,/quizás el horizonte mismo/con sus aguas revestidas, el barullo o la muerte de nuestras horas,/el lindero o el obelisco de la espuma… (Cruchaga, 2020:69).
            Pero más allá del lenguaje fractal, los avances de la ciencia cuántica, el creacionismo o la sinestesia empleada por diferentes ismos a los que ya hemos aludido, tal vez lo crucial en la poesía de Cruchaga radique en algo que es mucho más elemental y compartido por el universo poético:  la falta de sentido de la vida. Ya Heidegger recurrió a la poesía para lamerse las heridas provocadas por su lacerante afirmación sobre lo absurdo de la vida en “El ser y el tiempo”: El hombre es un ser arrojado a la vida para la muerte (Siles y Solano, 2007). En El salto, Heidegger reincide en su desesperanza por hallar un significado a la existencia: Toma, arroja y abriga/ Y el salto sea/Desde el más amplio recuerdo/Hacia un infundado circuito (…)” (Heidegger, 2008).
           Cruchaga anda envuelto en una búsqueda existencial donde aparece una y otra vez el salto hacia el absurdo, calificativo que ha dado lugar a un “ismo” que va más allá del creacionismo: el “absurdismo” que surge como toma de conciencia del poeta de la imposibilidad de encontrar un sentido a la vida y que acaba convenciéndose de que la postura menos indecorosa consista en asumir ese hecho. El absurdismo hunde sus raíces en el existencialismo donde destacan Sartre y Camus, pero tal como afirma Cohen la poesía, aunque rompe la cadena causal para aprovechar el impacto desintegrador de la irracionalidad, no es en absoluto absurdo (solo es un absurdo en apariencia), porque mediante la creación poética vinculada al absurdismo se construye el sentido de la existencia que resulta inalcanzable por otros medios. Soní Soto (2009) analizando el absurdismo del peruano César Vallejo sostiene que el absurdo es la consecuencia de la reacción contra el orden normal para transmitir la propia concepción de la realidad que deviene de sus vivencias y sensaciones. ¿Nos suena esto en la obra de Cruchaga? En definitiva, siguiendo a Jean Cohen,  los esfuerzos de Cruchaga se centran en lograr una convergencia entre la criptica realidad y el lenguaje: “La misión propia de la poesía es ofrecer a lo más sólido del lenguaje y a lo más misterioso del mundo un lugar para una misteriosa coincidencia” (Cohen, 1973; Cervantes, 2013).
            En definitiva, en “Vacío habitado” el lector encontrará los hermosos, intensos y dramáticos poemas de un poeta irreductible en su complejidad que resulta difícil de etiquetar, y que utiliza la sinestesia para cruzar a nado la existencia…, una existencia poética en la que Cruchaga transita sin renunciar en ningún momento a su sensualismo sinestésico  desde un creacionismo “sui géneris”, en el que la percepción de la realidad es tan radical como la raíz de una secuoya milenaria,  a una poética insurgente creadora de un metalenguaje que se rebela pacíficamente desde el absurdismo lírico contra el absurdo de la existencia; y en medio de todo, los versos como instrumento para cambiar el mundo…, aunque sólo sea en la entrañable e irrenunciable  órbita del universo íntimo.
Referencias

Cervantes, J. (2013). El absurdo creador (por Michel Houellebecq en ‘El mundo como supermercado’). Recuperado de https://amanecemetropolis.net/el-absurdo-creador-por-michel-houellebecq-en-el-mundo-como-supermercado/

Cohen, J. (1973). Estructura del lenguaje poético. Madrid: Gredos.

Córdoba, M.J. (et. al.) (2012). Sinestesia. Los fundamentos teóricos, artísticos y científicos. Granada: Ediciones Fundación Internacional Artecittà.

Cruchaga, A. (2020) Vacío habitado. El Salvador: Teseo.

Durán, A.J. (2017) Poesía del mundo cuántico (Emily Dickinson). Píldoras. Recuperado de https://institucional.us.es/blogimus/2017/04/poesia-del-mundo-cuantico/

Heidegger, M. (2008) Meditación. Madrid: Biblos.

López Martínez, M. I. (1991). Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre. Anuario de Estudios Filológicos, 14, 283-299

Martínez Simón, J.R. (2018). El realismo fractal de la palabra. Recuperado de Schrader, L. (1975). Sensación y sinestesia. Madrid: Gredos.

Siles, J. (2017). Cielorraso, la poesía sinestésica de André Cruchaga. Cultura de los Cuidados, 21(48), 245-246. Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2017.48.27

Siles, J., & Solano, C. (2007). El origen fenomenológico del “cuidado” y la importancia del concepto de tiempo (…). Cultura de los cuidados. 11(21) 19-27

Ynduraín, F. (1969). Sinestesia en la poesía de Juan Ramón. Madrid: Gredos.

Soní Soto, (2009). Trilce, la poética del absurdo.  Revista, Casa del Tiempo, II-IV,  (22-23), 13-28. Recuperado de https://aracelisoni.wordpress.com/2009/08/23/trilce-la-poetica-del-absurdo/


[1] Fuente: https://www.zendalibros.com/5-poemas-vicente-huidobro/
[2] Se puede interpretar la sinestesia como la fusión de diferentes sentidos en la percepción de diferentes estímulos. 


José Siles González, (prologuista, España)



José Siles González
Biografía
Su infancia transcurre en su ciudad natal, Cartagena, donde cursa sus estudios de primaria en el Patronato de Cartagena (1962-1969), y de secundaria en el Instituto de Enseñanza Media Isaac Peral. Tras un breve periodo en la Marina inicia su periodo universitario en Murcia (licenciado en historia y pedagogía, ATS), gracias a esta última titulación, lo que hoy se conoce como “enfermería”, trabaja en ciudades andaluzas como Cabra, Córdoba y Almería. A finales de los ochenta recala en Alicante, donde realiza su doctorado en historia y comienza a impartir clases en la Universidad de Alicante, en la cual ocupa actualmente un puesto de Catedrático en la Escuela de Enfermería. Haciendo alusión a su faceta de escritor, el propio autor señala «Desde el principio hasta el final, me he sentido atraído por la literatura, y gracias a ella en general y a autores como: Goytisolo, Landero, Joyce, Faulkner o José María Álvarez, me ha sido más fácil sobrellevar eso que llamamos "las cosas de la vida" ».
Bibliografía
Publicaciones
NARRATIVA
-Resaca estigia. Osario, Cartagena, 1986.
-La última noche de Erik BiKarbonato. Aguaclara, Alicante, 1991. (Premio Café Iruña, Bilbao.)
-El hermeneuta insepulto y otros relatos. Ayuntamiento de Villajoyosa, 1992. (Premio ciudad de Villajoyosa, 1991).
-La delirante travesía del soldador borracho y otros relatos. Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1995.
-Incluido en la antología: Nueva narrativa Alicantina, con la obra "La Utopía Reptante". Eediciones Tucumán, Alicante, 1997.
-El latigazo. Huerga & Fierro, Madrid, 1997. (Finalista en premio de novela Ciudad de Barbastro).
-La Venus de Donegal. Libertarias Prodhufi, Madrid, 2012.
-La Utopía Reptante y otros relatos. Verbum, Madrid, 2015.
POESÍA
Poemarios Protocolo del hastío. Vitruvio/ Colección Covarrubias, Madrid, 1996.
El sentido del navegante. Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
Incluido en la antología: Poetas Valencianos del 90. Antología y Diccionario (Editor Ricardo Llopesa). Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
La sal del tiempo. Huerga & Fierro, Madrid, 2006. Los Tripulantes del Líricus. Editorial Devenir, Madrid, 2014.
Poemas en diferentes revistas literarias de España e Hispanoamérica
Ladridos de agua. Revista Perito en Lunas nº 10, p-23; 2006.
La metamorfosis del mercader. Letralia nº 291, 2013 La loca. Letralia nº 291, 2013. Fuente: 
https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Siles_Gonz%C3%A1lez

martes, 19 de noviembre de 2019

LA SOLIDARIA MISIÓN DEL WINNIPEG NERUDIANO

Fuente de la imagen: Agencia EFE.





LA SOLIDARIA MISIÓN DEL WINNIPEG NERUDIANO



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com




"Yo los puse en mi barco (...). Mi navío esperaba, con su nombre remoto, "Winnipeg", pegado al malecón del jardín encendido, a las antiguas uvas acérrimas de Europa". Misión de amor, Pablo Neruda.

            Pablo Neruda (1904-1973); Premio Nobel de Literatura, 1971. Su vasta obra es un archivo del alma planetaria, que partió del sur del mundo, y se arraigó en cada una de las geografías del orbe. Neruda es un Maestro, a quien todos hemos leído, no importa el país, la ideología o la edad, pues la gran poesía no acepta condicionamientos.
        
Esta vez, no hablaré de su poesía, sino de su invaluable acto de solidaridad humana. La travesía del Winnipeg, viaje organizado por el cónsul Pablo Neruda, su esposa Delia del Carril, junto con Abraham Ortega Aguayo, ministro de Relaciones Exteriores y Comercio.

En dicho barco se transportó a 2400 refugiados españoles republicanos, después de la Guerra Civil Española (1936-1939). El 2 de setiembre, el barco fondea en la bahía de Valparaíso, y desembarca el 3 de setiembre de 1939.

Al concluir la Guerra Civil Española, Neruda conoce las condiciones infrahumanas de los refugiados españoles en campos de internamiento de Francia, por ello, opta por trasladar a 2400 refugiados, desde Francia hasta Chile. Para ello, el presidente Pedro Aguirre Cerda lo designa Cónsul Especial para la Inmigración Española.

España es clave en su espacio de vida. Su obra España en el corazón (1937), significa un viraje hacia una poesía combativa, solidaria con los sufrimientos del ser humano. Según Darío Oses "Neruda siempre se preocupó por los más desvalidos y el espectáculo lamentable de la España bombardeada lo conmovió tremendamente (…) Hay una coherencia muy grande entre el poeta literario y el poeta ciudadano. No hace diferencia entre vida y poesía”.

El Winnipeg era un viejo carguero francés de 143 metros de eslora y 18 metros de manga, que se adaptó para el traslado masivo de personas. Zarpó del puerto de Pauillac, el 4 de agosto de 1939 y su travesía hasta Valparaíso duró un mes.
Neruda reunió dinero para los pasajes, gastos y estadía de los primeros meses en Chile. Gestionó visas y certificados médicos; seleccionó pasajeros. Un republicano que llegó en el barco decía: ‘tierra es tierra en todas partes, pero patria es libertad'”, según el testimonio de   Jaime Ferrer, autor del libro Los españoles del Winnipeg: el barco de la esperanza.

Neruda escribe: “Nuestro país os recibe con cordial acogida. Vuestro heroísmo y vuestra tragedia han conmovido a nuestro pueblo. Pero tenéis ante vosotros solo una perspectiva de labor, que puede ser fecunda, para bien de vuestra nueva patria”.

Durante mi reciente visita a Chile, pude ir a Isla Negra, donde hay una placa, cuya inscripción deja leer: “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”, en referencia a su acto de solidaridad humana con los 2400 refugiados españoles del Winnipeg.

El poeta chileno Andrés Morales Milohnic aduce “Pablo Neruda había sido, como Cónsul Chileno para la Inmigración Española, quien había liberado a mi familia paterna de los campos de concentración de Argeles y Saint Ciprien y quien luego los había salvado de una segura muerte en la Segunda Guerra Mundial, embarcándolos en ese mítico vapor Winnipeg, que atravesó el Atlántico con rumbo a la libertad que Chile ofrecía en esos años”.

Es interesante destacar el aporte de dicha inmigración española. Los expertos reconocen que la llegada del Winnipeg cambió a Chile. "El aporte en áreas como la industria, la educación, la ciencia, el arte y la cultura fue extraordinario”, destaca Ferrer. Asimismo, tres inmigrantes recibieron el Premio Nacional, la mayor distinción chilena: José Balmes y Roser Bru, en arte; Leopoldo Castedo, en historia. El astrónomo José Maza fue galardonado en ciencias. Otro caso emblemático es el del Ing Víctor Pey, quien desarrolló obras portuarias, partiendo por Arica, donde él mismo había desembarcado.

A 80 años de tan grandioso acto de voluntad solidaria, Chile y España se han unido para proyectar esta hazaña, mediante exposiciones, seminarios, conversatorios, ciclos de cine y conferencias.  Sin duda, allí estará la gran familia del Winnipeg, con los cerca de 40 refugiados que aún viven y sus descendientes.

viernes, 18 de octubre de 2019

CARLOS AGUASACO: la poesía en el hombro solidario

Miguel Fajardo, Costa Rica





CARLOS AGUASACO:
la poesía en el hombro solidario




Lic. Miguel Fajardo Korea

minalusa-dra56@hotmail.com
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica





(Guanacaste-Moravia).- Carlos Aguasaco (Bogotá, 1975). Es profesor titular de estudios culturales latinoamericanos en The City University of  New York. Vive y escribe en Nueva York desde 1999. Allá se ha convertido en una de las figuras más reconocidas de la nueva poesía hispana en los Estados Unidos.

Profesional en literatura (Universidad Nacional de Colombia). Posee una maestría en literatura (The City College of New York) y un doctorado (Stony Brook University).

Ha editado diez antologías literarias y ha publicado seis libros de poemas, entre ellos: Poemas del metro de Nueva York (2014), Antología de poetas hermafroditas (2014). Diente de plomo (2016) y Piedra del Guadalquivir (2017).

También ha publicado una novela corta y un estudio académico del principal superhéroe latinoamericano: ¡No contaban con mi astucia! México: parodia, nación y sujeto en la serie de El Chapulín Colorado (2014).

El Dr. Carlos Aguasaco es el fundador y director de Artepoetica Press (artepoetica.com), una editorial especializada en autores y temas hispanos. También es el director de The Americas Poetry Festival of New York (poetryny.com), y coordina The Americas Film Festival of New York (taffny.com).

Sus poemas han sido traducidos a una variedad de lenguas como inglés, árabe, portugués, rumano y gallego. Ha sido escritor y conferencista invitado en casi veinte países de Europa, Asia, África, Norte y Sudamérica.

El libro del Dr. Carlos Aguasaco. Un hombre pasa con su cuerpo al hombro. (San José: Casa de Poesía, 2019: 70), está dividido en cinco apartados, y consta de  57 textos. Él estará en el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, del 20 al 28 de octubre del 2019.

El título del poemario se construye por intertextualidad, con base en un verso de César Vallejo “Un hombre pasa con un pan al hombro”. Resulta interesante la modificación del verso vallejiano, dado que, en vez de “un pan”, el poeta colombiano escribe, “su cuerpo”, con lo cual  humaniza el tono solidario de su poesía con los avatares del ser.

En el mapa lírico de Aguasaco, existen situaciones límite en el comportamiento humano, porque “un hombre pasa con su cuerpo al hombro / su cuerpo enrollado como una alfombra (…) verás / que el hombre soy yo mismo y me llevo hasta la tumba”. Esa auto-aniquilación es un símbolo de la voracidad de nuestra era. Sin embargo, aquí el hablante es coprotagonista de su destino, en el encerramiento absoluto.  Esos versos poseen un dinamismo expresivo negativo, por su alta e intensa angustia existencial.

En el poema Nicanor Parra (1914-2018), aduce que “ha muerto Nicanor /y está vivo  / pasa volando frente a mi ventana /con un trozo de carbón en sus manos”. El líder chileno de la antipoesía, es un referente del ejercicio creador, por ello, el hablante dicotomiza las acciones muerto/vivo, y le agrega la opción de volar. No cabe duda de que es un homenaje a una de las voces importantes, pero poco estudiadas de la poesía de nuestro continente.

Como lector, me alegra muchísimo que el académico Carlos Aguasaco haya escrito sobre Julia de Burgos (1914-1953), la poeta de Puerto Rico, Aduce Aguasaco en el poema “Mienten, Julia de Burgos: “Mienten / con mentiras de aire que van al aire y se propagan en la peste del olvido” (…) /si pudieran, volverían a dejarte morir en las calles de Harlem /si pudieran, volverían a arrojarte en una tumba sin nombre (…) /Mienten, Julia de Burgos. Mienten/ pero su mentira es impotente y eso los enfurece /su mentira es impotente y eso los castra / su mentira es impotente y eso los humilla / Mienten, Julia de Burgos. Mienten / pero su esfuerzo es inútil frente a tu voz que es mi voz y es la de todos”.
“Si mis palabras viajeras llegaran a tu oreja / y allí se alojaran / como una brizna de polvo en el caracol de tus días / algo de mí habría entrado en ti por algún tiempo /algo de mí se habría incubado en ti / algo de mí, sin temores, ya sería tuyo, / todo de mí ya sería tuyo, /todo de mí ya sería tuyo, / ¡No lo dudes!”.

El 10 de abril de 1988, escribí el artículo “Julia de Burgos: la perpetua desterrada” (Miguel Fajardo. Áncora, La Nación, Costa Rica. Año XVI, Núm. 15, p. 2).  En esa oportunidad expresé: “En su creación le concede importancia al erotismo y a la angustia. Los poemas del dolor y de la soledad  reflejan un vasto espacio en lucha por conquistar su identidad dentro de lo íntimo e íntegro. El suyo es un modelo estético y vital.  Sufre, por ejemplo, la traición y el abandono de su amado.  Suma, además, el dolor del destierro.  Mantiene, eso sí, una fuerza radical ante el mundo desarraigado que la asedia.  Fatalismo y pesimismo campean en su orbe, entre el yo poético y el yo social.  Su ars poética oscila en el principio de la contradicción.  La pugna de los opuestos gravita en su obra como símbolo bisémico de gran altura”.

Poetiza sobre el metro de Nueva York, ciudad donde radica y trabaja el poeta, desde hace dos décadas. El bardo colombiano expresa “Este mundo es por definición desprecio y arrogancia (...) /No es este mundo tu mundo y lo es (...) Nueva York, no es a mí a quien saludas  /con tu antorcha encendida en el Atlántico”, lo que evidencia un signo de multitud e impersonalización.

Julia de Burgos llamó a Nueya York “la capital del silencio”. El bardo colombiano Carlos Aguasaco poetiza que “Nueva York era un largometraje en tecnicolor (…) /un anuncio de Coca-Cola con piernas largas. /Alguien que pasa deprisa, que vuelve deprisa, que va deprisa (…) /Nueva York era un largometraje en  tecnicolor,  /la bailarina sentada con el poeta /y la preciosa india peruana que traduce al español /todo lo que dice la rubia”.

En ese mundo, el poeta se siente extraño  y añora otros espacios geográficos “Este soy yo, / un fragmento de mi rostro entre los / escombros del World Trade Center,  /mi cara entre la multitud (…) /Todo lo que no me abarca,  /todo lo que no me cubre, /y dos ojos que lloran mi ausencia”. Ahí referencializa los dolorosos atentados 11-S del 2001.

El poeta sudamericano afirma sus orígenes y plantea una ironía con otro idioma “Bajo esta piel mestiza duerme un bufón, /Arlequín neoyorquino que bromea en otra lengua.  / Una lengua gruesa como mi piel, /una lengua-manta que cubre a quienes tienen frío”.

Asimismo, el hablante lírico dialogiza con su progenitora.  Ese acto comunicativo marca situaciones dicotómicas límite: “Debo decirte madre,  /que existe un lugar en el mundo al que todos llaman Nueva York (…) Alto y lejano como yo, visto desde abajo, /cuando salto desnudo a nadar en el Hudson”.

Asimismo, aborda un tema recurrente en la aldea global: los inmigrantes. El hablante los encuentra “tratando de alcanzar la costa. /Sus cuerpos sin vida me llaman desde el fondo /y yo les hablo de ti, madre, /de la mariposa que se fue de tu vientre, /del día en que soñaste que yo era un enano (…). Los inmigrantes son un tema cosmopolita en pleno siglo XXI.

En esa línea crítica, el hablante lírico establece una diferenciación entre el norte y el sur “Nosotros madre, somos de otro tiempo. /Nuestra piel es cuero de tambor y jamás perderemos el acento”. Apela, así, a la autenticidad idiomática, a los giros de  nuestro idioma, a la versatilidad y riqueza de nuestro idioma frente al de “la capital del silencio”, que dijera Julia de Burgos, sobre Nueva York.

Nueva York es una ciudad icónica para una gran cantidad de escritores, quienes la han tomado como un eje temático en sus textos. Pensemos en “Poeta en Nueva York”, de Federico García Lorca, asimismo, en Rubén Darío o Juan Ramón Jiménez, entre un prestigioso etcétera. 

Aguasaco escribe desde ese contexto, que conoce muy bien, pero lo hace con la incisión del dolor, desde el lado de los inmigrantes y todas sus consecuencias sociopolíticas, deshumanización y explotación laboral: “Qué la ciudad se rinda y hable mi lengua materna,  /implora el inmigrante. /Y la ciudad se rinde y le habla la lengua de los brazos.  /Trabaja – le dice (…) /y el inmigrante reciente que trata de masticar la lengua. /El que pierde un diente buscando trabajo. /El que pierde todos los dientes a causa del trabajo.  /El que miente acerca de su status migratorio. /El que deja que le mientan y ahorra unos pennies”.

En esa línea, su perspectiva de Nueva York  no es la del turista convencional que la visita y se asombra de su integralidad, sino que le añade una marca  publicitaria de acentuado significado en el dominio  global: “He alquilado un departamento en Nueva York. /En la pared lateral hay una ventana de dos pies cuadrados. /Al otro lado puede verse una botella de Coca-Cola  /sostenida por un gorila”.

El tono de la multitud impersonalizada, desprotegida, asediada, innominada, es una actitud de incorporación desde la sombra de su tragedia cotidiana, en un país extraño “Camino al trabajo encuentro trozos de mi amigo / entre los vagabundos del metro, /los sin casa, los sin techo, /los mendigos, /los que cantan a capella /y los esquizofrénicos”.

En la descripción geográfica, el hablante es crítico y señala los disvalores inherentes: arrogancia, muerte, guerras, armas, huidas: “¿Quién construyó Manhattan a imagen y semejanza de una cordillera de arrogancia? / ¿Quién baña sus huesos en nuestro lecho desde la guerra civil? / ¿Quién lanzó la flecha e hirió al ciervo que huye y viene a morir en nuestras aguas?”. Las interrogaciones son abiertas: el lector le puede dar respuestas e interpretaciones.

Para escribir el poema, hacen falta dos. /Nadie escribe la poesía y no hace falta nadie para que exista”. En ese planteamiento de su arte poética, el autor colombiano establece parámetros disímiles de los lugares comunes sobre ese tema. Su eje se mueve en la línea dicotómica  escribir/existir. La gran poeta argentina Alejandra Pizarnik (1936-1972) dijo que “para ser dos hay que ser distintos”.

El yo lírico extraña a las personas y a los lugares nutricios. Su canto,  entonces, adquiere la connotación de la nostalgia, sin perder la ruta de sus sueños, porque la palabra es su signo de lucha, ahora convertida en flecha, para cruzar el Atlántico, llegar a su casa y decirle a su madre que aún sigue vivo, porque ha resistido los impactos en La Gran Manzana:

“Mis palabras son un viento frío que corta en las orejas, /es mejor callarse y seguir el camino en busca de albergue /Dormido en el autobús, sueño con una palabra convertida en flecha, /una pieza de hielo triangular capaz de cruzar el atlántico, /una paloma de viento frío, y de agua, que llegue hasta mi casa, /una imagen traslúcida que descienda sobre mi madre /y le deje saber que estoy vivo”.

En otro de sus textos, el yo lírico es vehemente en un pedido de movimiento centrífugo “¡Préstame tu nombre Carlos Aguasaco, /déjame ser esa voz que te dicta el poema! (…) /¡Márchate de aquí Carlos Aguasaco, /y llévate ese libro que lees en silencio! (…) Me dedico a los libros, mi gorro me protege de sus palabras, /hay una muralla de aire enrarecido entre nosotros (…) ¡Regresa Carlos Aguasaco, poeta que viaja en metro”.

En su poesía, Aguasaco utiliza numerosos verbos: préstame, déjame, llévate y, de nuevo, otra dicotomía  de aceptación-rechazo, marcado por el binarismo “márchate/regresa”.  En lo no dicho reside la fuerza expresiva de su poesía abierta a diversos acercamientos.
             
El marco de la ventana opera como un cronotopo liberador, pero termina convirtiéndose en un sarcasmo, en la oscuridad subterránea. “La ventana existe porque la observo, porque la creo, /porque en la oscuridad de los túneles del subway, /la ventana es un sarcasmo, prolongación de la oscuridad”.

El metro, ese medio masivo de transporte, sirve como un catalizador para evocar la rutina de los viajeros, donde se pregunta por los otros, muchas veces inadvertidos, ofuscados, deshumanizados por la velocidad de la globalización, donde nunca se tiene tiempo para el saludo, un abrazo, menos para el diálogo: “¿Es el vagabundo del vagabundo? ¿El otro del otro? /Ese nadie de aire que nos acompaña a los viajeros del metro, /ese nadie de viento al que le confesamos nuestros secretos, /ese nadie invisible al que abrazamos en el aire, /cuando el metro se detiene en un túnel y las luces se apagan /por un momento”.

           El poeta establece algunas afirmaciones límite, producto de su entorno, sus ausencias y lejanías: “que nada entiendo, /que nada sé, /que nada puedo saber de nadie”. Existe una inferencia con sesgos existenciales y el cierre es predecible: “sin memoria ni conciencia, solo y feliz hasta la hartura  /solo y feliz hasta mi muerte”.

El eje temático de la muerte campea en este poemario en diversos estadios, y se presenta como una condición final, desangelada y rotunda: “Entré a la casa, allí murió el poeta /pero ya estaba vacía, no había despojos, /ni el ángel que un día saltó desde su oreja” (…) “pudo esperar /mi abrazo solidario / en soledad,  se hizo ceniza”. (…) “Me consumo / y como un cordero / me entrego a quien vendrá a ejecutarme”.

En este orbe lírico hay un espacio para los signos de la aniquilación “Mi voluntad está muerta –le explico a ella / no sufras / ven /y dale punto final a mi existencia-” (…) “Ya viene, tú lo sabes, /como un amante herido que ahora triunfa /la muerte  /y el abrazo frío de la nada” (…) “el rostro del olvido que roba, quita la vida /y mata”.

El apartado “Diente de plomo” [Poemas en prosa escritos como reacción a la narcoviolencia y crímenes contra la mujer en México], es un acápite de una frontal denuncia contra una de las situaciones límite y desgarradoras en la aldea global. Escuchemos al hablante lírico: “Morir así  entre el fuego cruzado del Narco y los Federales, morir así de gratis sin llegar a tu casa con el pan de la mañana, morir así como antes morían otros en tierras lejanas, morir así como una flor aplastada por un tanque de guerra –piensas-, no es justo. No es justo –repites- y sigues caminando”.

“Tú eres un cuate diferente –te dijeron un día-, a ti te gustan los libros y estás enamorado de la maestra. No te enojes güey si es por cariño que lo decimos, tienes que alejarte de nosotros mano, ahora mismo, pues ya pronto vendrá un tsunami de sangre como dicen los gringos”.

Asimismo, la sección denominada “Las muertas de Juárez” [es un intenso y doloroso poema, compuesto con la lista real de los nombres de las víctimas de feminicidio reciente en ciudad Juárez, México]. La voz del hablante es solidaria, comprensiva, pero de rotundo repudio a esas prácticas que violentan la vida, la dignidad y los Derechos Humanos.  Su tono interrogativo espera respuestas, que no llegan, por ahora. Sin embargo, las sigue aguardando, y por ello, increpa a todos los corresponsables de tales delitos contra la vida de los demás.
“¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus muertes, de sus últimas palabras, de sus llamados de auxilio, del hilo de sangre con que llevaban el alma atada al cuerpo” (…) “¿Qué sabes de ellas, de alguna de ellas, de sus memorias, de sus sonrisas acalladas con violencia”.

“¿Qué sabes de ellas –dime-, de todas ellas, de cualquiera de ellas, de sus dolientes, de sus amigos, de sus hermanos, de sus hijos, de su bautismo, de sus nombres o de la mujer sin nombre que ha muerto más de setenta veces, de la mujer sin nombre que -¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡ay! ¡Dios mío!- sigue muriendo en Juárez sin que nadie haga o diga nada?”  La fórmula ¿Qué sabes?, no se responde ahí, pero las eventuales negaciones son una bandera de complicidad, tanto de las autoridades, como de la sociedad civil, es decir: de todos.

“Hasta los federales saben que cuando en la noche aúlla un lobo, es porque el Chaparro ha perdido a un amigo, que si a la noche siguiente el toro brama, es porque ya tomaron venganza, que cuando canta el gallo, es porque ya pasó un cargamento, que si los buitres vuelan en espirales concéntricas, es porque los perros del Chapo ya comieron y ahora ellos vienen por las sobras”.

Asimismo, aborda otra de las problemáticas humanas, por eso, fija una dicotomía: Escoge bien tus armas. Si te metes al Narco, y no te matan a la primera, puedes terminar con una pistola enchapada en plata (…) Si te metes a poeta, y no te matan a la primera, puedes terminar con un libro de Pessoa anotado con tinta roja o una antología de Borges descuadernada y rota”. La opción la tiene el lector. El poeta solo muestra los dos caminos. Cada quien es dueño de sus actos y elecciones. Usted, como lector, tendrá la suya, no hay duda de que ello sea así. Pero no me la diga. Consúltela bien con su conciencia y su ética.

Como parte de la selección anterior, habrá consecuencias dolorosas, porque en “La última masacre, en la que muere tu hijo o tu hermano, te hace pensar en Herodes como el gran ZETA dando la orden y en Vlad Tepes como el infame asesino que beberá un vaso entero de su sangre para evitar que el alma en pena vuelva en las noches a despertarlo” (…) El poeta se pregunta “¿Puedes creer que la muerte tenga marca registrada?”

Hoy  existen organizaciones que enlistan jóvenes para sus propósitos de crueldad. Vivimos en un campo minado por la violencia, la incomprensión, la falta de objetivos, cuyas consecuencias son lamentables para este mundo violento, desigual y dividido que nos ha correspondido vivir: “No es eso lo que me tiene así –me dijo desde su calavera vacía- son las pinches balas perdidas que van por ahí matando niños, mujeres embarazadas, obreros inocentes y hasta perros. Son las granadas, las bombas y los morteros que no discriminan. Esto ya parece el apocalipsis”.

El poeta focaliza la tragedia de las desapariciones y lo extiende al campo de las redes sociales. Su voz es un llamado angustioso, porque: “Los más jóvenes, los que están en Facebook, siguen vivos en el internet que no tiene lápidas. Mi muro ya parece una casa repleta de fantasmas. Algunos de mis amigos, los que siguen vivos por fuera la red, me abandonan cuando saben que les sigo hablando a mis muertos”.

En su libro Un hombre pasa con su cuerpo al hombro se recurre al procedimiento estilístico de las preguntas retóricas. Cada interrogante no necesita de explicaciones, porque en ella se condensa la intencionalidad no dicha del hablante: “¿Te gustan los narcocorridos? ¿Sabes bailar con una copa de mezcal en una mano y una pistola en la otra?”. “¿Ya te volviste a morir Joaquín? ¿Se te volvió costumbre irte muriendo a cada rato? Cómo puedes morirte así no más, en cualquier balacera y sin previo aviso. Ahí en la prensa dicen te moriste, que te mataron, que andas bailando con la pelona y hasta se ríen”.

“(…) Esa vez te moriste llorando porque sabías que tu familia pasaría hambre en tu ausencia”. (…) “Todos los días son el día de los muertos o el día de los más muertos. Piensa que desaparecen las distancias físicas y temporales, y como no llegaremos a viejos pues no vemos ninguna consecuencia en los excesos”. En esa cacería humana, no hay límites geográficos, estamos en la aldea global, y puede ocurrir en cualquier lugar de la tierra, pero el hablante focaliza marcos territoriales en nuestra América Latina, que mucho le duele al barco colombiano: “Imagina ese río de sangre y carnes podridas que se extiende hacia la costa igual que en la Masacre de Cholula o en la Noche Triste”MIGUEL FAJARDO
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                           El Dr. Carlos Aguasaco desarrollará las siguientes actividades culturales.

        FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE COSTA RICA
(Guanacaste, octubre, 2019)
ACTIVIDAD
DÍA
HORA
POETA
INVITADO
POETAS LOCALES
AUSPICIA
Conferencia:
Inmigración, poesía y taller poético
Miércoles 23 de octubre.

8 a.m.
Carlos Aguasaco
Ligia Zúñiga

Miguel Fajardo
Liceo de Cuajiniquil, La Cruz, Frontera Norte.
Conferencia: “Migración, poesía y artes visuales
Jueves 24 de octubre

10 a.m.
Carlos Aguasaco
Miguel Fajardo

Ligia Zúñiga
Colegio Humanístico de Nicoya
Universidad Nacional
Presentación editorial  del libro:

Un hombre pasa con su cuerpo al hombro”.
Jueves 24 de octubre

6 p.m.
Carlos Aguasaco
Miguel Fajardo

Ligia Zúñiga
Museo de Guanacaste

Restaurante Mariajuana