En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



domingo, 18 de noviembre de 2018

EL CAMINO EN LOS PIES DE ALEX PAUSIDES


Alex Pausides (Cuba) y Miguel Fajardo (Costa Rica)
(Tortuguero, Costa Rica, FIPCR 2018)







EL CAMINO EN LOS PIES DE ALEX PAUSIDES

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com        


         (COSTA RICA).- En el vasto universo de la literatura cubana, destaca un nombre y un  apellido con gran categoría poética y humana: Alex Pausides (Pilón de Manzanillo, Cuba, 1950). 
         Alex Pausides dirigió la prestigiosa revista El Caimán Barbudo. Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saiz de Escritores y Artistas Jóvenes. Funge como Presidente de la Asociación de Escritores y del Festival Internacional de Poesía de La Habana. Dirige la Colección Sur Editores.
         Obtuvo el Premio de la Crítica (Cuba, 2006), la Distinción Vladimir Maiakovski (Rusia, 2008); el Samuel Feijoo de la Sociedad Económica de Amigos  del País (2009), y la Medalla de la Fundación Mihai Eminescue (Rumanía, 2017). 
         Su obra se encuentra traducida al inglés, francés, italiano, ruso, alemán, sueco, chino, rumano, checo, farsi, vietnamita y portugués. Ha asistido a numerosos festivales de poesía en el mundo, entre ellos, dos veces al Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2010 y 2018), donde ha compartido su palabra, su experiencia cultural, editora y la  representación de su país.
         Su obra comprende 16 libros entre (1978-2018), a saber: Ah mundo amor mío, 1978; Aquí campeo a lo idílico, 1978; Malo de magia, 1990; Palabras a lo innombrable, 1992; Cuaderno del artista adolescente, 1993; La casa del hombre, 1995; Habitante del viento (1995, 1997, 2010, 2014, 2018); Elogio de la utopía (1997 y 2008); Llaman desde algún sitio feliz, 1998; Pequeña gloria, 2000; Canción de Orfeo, 2004; Ensenada de Mora, 2005; La extensión de la inocencia, 2007; Caligrafías, 2009; Arte oriental, 2015 y Arte arcaico, 2018. Dos de sus libros Habitante del viento (2010) y Arte arcaico (2018) se han publicado en Costa Rica, y se han distribuido por todo el territorio costarricense, auspiciados por el FIPCR de Casa Poesía, que acaba de celebrar su Festival número 17, dirigido por Norberto Salinas Ollé.
         La extensa y brillante trayectoria poética de Alex Pausides, lo catapultan como una referencia entre las voces más visibles de la poesía cubana.  Señala Pausides: “La poesía puede convocar a un levantamiento del espíritu contra la codicia”.
         El universo lírico de Alex Pausides es pleno de imágenes  encendidas “Ahora la madrugada parece un tren que atraviesa el poema por la espalda”; “El poema es tan largo / se me instala con fusiles en la sorpresa de la mano / y huele a tanta vida / que no quisiera abandonarlo”.
         La inclusión de objetos cotidianos cumple una función que vehiculiza formas de atravesar con mensajes asertivos, a favor del mejoramiento de la condición humana “Si cruzas y pones candelabros de rabia en cada piedra / y una piedra en cada mano al paria / y matas el llanto de un balazo en la pestaña (…) te convencerás de que no / que vivir no es solo la espera que protagonizas”.
         En su acento poético canta al eros “El amor alguna noche se durmió en tus brazos / y detuvo azules los tranvías del sueño”. Ese tema eterno  es irreductible, sigue vigente, cada vez que el ser humano tenga la capacidad de amar, es decir, de transformar, tanto su universo íntimo como el de otros, en una conjugación cromática “En un sitio de ti asomada al mar / bajo un cielo azul lleno de jardines (…) / nos encontraremos”, o bien, “Al horizonte estén tendidas las manos y los ojos.  / Haremos juntos el fuego y la sombra”.
          El planteamiento dicotómico luz-sombra opera como un contrapunteo revelador de la vida amatoria desde los elementos de la corporalidad humana “Amor /  tendrás que cerrar / ´para abrir / las manos”. El sentimiento amoroso se plantea, además, como una reunión confraternitaria, en defensa de los demás “Aquí están todos los hombres soñando un mismo idioma / Y que cantemos todos una canción a tu salud / al tiempo limpio que ha llegado / como una numerosa declaración de amor sobre la tierra.
         Su amor por la humanidad revela la sana aspiración del bardo cubano por los otros “Aquí estamos empujando el día inmenso del amor / Custodiando la risa el pan la escuela limpia el poema los ojos / de los muchachos que van cantando dichosos por las calles / con la sierra húmeda al fondo y una paloma en la distancia”.  El corpus de elementos de mejoramiento humano reivindica lo que el yo lírico expresa en “La poesía y el amor están tomando al hombre por asalto / y verlo es formidable”.  La complicidad es inequívoca, honesta, solidaria.
         Su voz poética no le rinde culto a la acinesia, sino que vibra de humanismo cuando piensa en los otros “si esta noche un hombre sufre solo / es que no ha abierto las ventanas (…) Por obra y gracia de la fraternidad / el amor es más que una esperanza / de los hombres / y que estas palabras sean mucho más que un poema / temblando en la voz de otros hombres / otra lluvia otra noche”. Su marcada acentuación a favor de la solidaridad humana es una esperanza, desde la poesía, por mejores derroteros, en aras de construir un espacio más justo para bien de las mayorías.
         Y lo dice con certitud “A mí no me han desgarrado la sonrisa”.  “Llevo mi isla como una flor que lluvia / Llevo mi tiempo como un gran compromiso en el pómulo”.  El hablante destaca que “A mí nunca me abofetearon en medio del poema / Me dejaron crecer”. Es decir, el poeta  está claro de su oficio espiritual, de su libertad como creador, de su ejercicio consciente, en lucha constante, a favor de la justicia favorecedora para el ser humano de cualquier latitud, pues “Por obra y gracia de la fraternidad el amor es más que una esperanza de los hombres”.
         Clama contra la soledad del ser humano, porque cuando existe la solidaridad entre los seres, el mundo tiene que ser más llevadero, menos enquistado: más comprometido con su mejoramiento desde el fuego de la poesía y la rehumanización de todos los mares de la  isla maceísta y martiana.
         El acento sociopolítico de Alex Pausides es un compromiso telúrico “Para velar el sueño de ese borracho que he encontrado ahí /donde Maceo y Martí se dan la mano”. Antonio Maceo fundó La Mansión de Nicoya, en Costa Rica, entre (1891-1985), cuando trajo a Costa Rica a 56 familias, a los mambises y se dedicó a crear una colonia agrícola.  La figura maceísta es muy querida en Guanacaste.  Se  ha empezado a darle un reconocimiento desde la cátedra.  El Apóstol José Martí es una figura señera del pensamiento, la acción y la independencia del pueblo cubano de siempre.
         En cotidianas “Un día el sol se te abre como un fruto / y te das en el pecho con el viento (…) y no caben en el litoral tus ganas de vivir”. Señala Alberto Peraza que el libro “Arte arcaico” de Alex Pausides “es un libro sincero y no olviden que con la sinceridad se pueden romper todos los límites”.
         El poema “Discurso de Ulises” es  de gran categoría. Su intertextualidad es una referencia para reelaborar  una actitud de vida “No estamos en la tierra de nadie (…) Y nadie teme al susurro que se cierne (…) Pero Ítaca es más que una visión del mediodía / Ítaca es algo más que un riesgo en el horizonte”. En lo no dicho opera la significación del poema, pues solo evoca, sugiere, y deja que el lector complete su relectura.
         El universo lírico de Pausides, el mar adquiere  protagonismo “Mar, mar, no devuelvas la perla al pobre mortal / Abandónalo a su errancia (…) El viaje al sur es el verano torrencial”. Excelente esa ruptura del verano torrencial. De las sequías también se reaprende, ante la duda, el viaje, el sueño, la vida misma entre tantos mares del planeta.  El elemento líquido sugiere otros planteamientos, como secretos oculta el mar de siempre, en los límites infinitos e inapresables de su grandeza, pues “La distancia promete islas ancladas en la palma de la mano”.
         Cuando la poesía pausidiana entra en un estadio reflexivo, su orbe se vuelve una red extensa “No poseo más capital que mi silencio”.  ¿Cúanto de lo no dicho con ese silencio es la poesía de la ausencia? En esa línea, profundiza “Mis párpados no podrán vivir tanto tiempo sin luz”.
         En la espada de Damocles afirma la pequeñez humana frente a la grandeza del universo “Ninguna criatura tan frágil como el hombre / El menor cataclismo lo derrumba”. La construcción de los miedos y los cielos es un reaprendizaje cotidiano, por eso, el poeta sostiene “Vivo bajo el filo de la espada”. Es una especie de situación límite angustiosa, pero cierta, en algún ser humano, cada minuto de los días de la tierra, como deícticos ciertos, en los cronotopos de entrada y salida.
         En su registro intertextual alude a Orfeo, Iscariote, Damocles, Ulises, Dazibao, Galápagos. Cada uno adquiere en su registro poético una asimilación personalísima, porque “El hombre trae el camino en los pies”.
         El poema “Balada del triste” es de alto mérito literario. Sus construcciones son una proyección de presagios, raíces, existencia, herida, espera, caminos, baladas. “Huérfano de mí / en qué tierras iré a echar mis raíces” (…) A qué senos iré a darle mi sed (…) Cuándo acabará la espera y desembocar en la mañana / con un derroche de pájaros en el hombro”.
         En “Manifiesto” el hablante se interioriza, se aleja de los rincones, otea el acontecer cotidiano de la humanidad y asevera “Los vientos comen en mí y yo como en los vientos”.  Es decir, la fugacidad lo asedia, pero aprende a vivir para poderle servir a los demás “Una bandeja diminuta y tierna ofrezco entre los hombres”.
         Seguidamente, establece una posición telúrica frente a la vida “Y me alegra vivir ralo y bullicioso / No seré el profeta de mañana /Ya vendrán otros a hilvanar el canto de sus horas en la tierra /Yo solo dispongo de mi breve pestañear bajo los astros mudos”. Es clara la percepción de infinitud humana, pero ante ese hecho inevitable, el hablante precisa que su Tránsito  de fuego terrestre, -como diría Eunice Odio, la poetisa costarricense, de raíces cubanas, cuyo centenario de natalicio se celebra durante el 2019-, ha de ser la solidaridad con los demás y con sus pueblos.
         El poema “La casa del hombre” propone un recuento de enumeraciones disímiles entre sí, pero que convergen en el poema, a cocimiento lento, para iluminarlo todo desde la mesa común y solidaria de los alimentos cotidianos.  “El hombre llena la casa de rostros / barcos, nubes, magias y países. / La ternura que falta en la cocina /puede el hombre encontrarla en las legumbres /siempre que en sus manos sea limpia el agua / y pueda echar abajo las devastaciones mínimas del polvo, / y arduas las maneras del fuego abran la ceremonia humilde, / la cena pobre del padre pródigo y su hija, enlazados / la risa, el sentir, el paladar. / Comunión más honda que el silencio”.
         “Bitácora” inicia con un verso rotundo “Todo comienza el día que el mundo acaba” (…) Uno debe estar listo para enfrentar /ese viento del sur que trae la ausencia. Su conjugación hace ver un listado de elementos al borde de los finales: emigrar, crepúsculo, ausencia,  desastre, cataclismo, tempestad, delirio, quemar las naves, faltar el aire, recoger las ruinas, en síntesis: no mirar hacia atrás…
         Los dos libros de edición costarricense de Alex Pausides: Habitante del viento (2010) y Arte Arcaico (2018) están dedicados a Asael. Ese afecto lírico es relevante en su condición humana “Esta niña habitante de mis multitudes y mis soledades / A ella salva el viento / A ella unte el mar la magia de su espuma (…) Esa niña cuya a cuya brisa mojada se abre mi rostro encarado a la plenitud /contra el dolor contra todo lo que no sea gozo y su risa”. 
         El poeta levanta su voz contra la eventual autodestrucción del mundo, producto de una guerra nuclear. Son preguntas retóricas o reflexivas “No podrá ser / No adivino mi casa destruida, mi hija hecha memoria de nadie / No concibo morir pulverizado por el viento nuclear / Yo no puedo creer que el hombre matará la fiesta final de la belleza”. 
         Ese verso de cierre es una exigencia ética para quienes tienen esa absoluta responsabilidad en sus manos. Esa belleza final es la vida, es la poesía, es el mundo: vos, yo, todos. Alcemos nuestras voces, entonces, no nos quedemos impasibles ante los signos tanáticos. El poeta  exhibe la palabra como indumentaria y lanza su desafío “Ante mí está toda la mañana / inmensa”. Es decir, la esperanza y la lucha son júbilos para agrandar el canto.
         Enrique Saínz endiña que la poesía de Pausides “viene a enriquecernos con la fuerza de su más fiel y entrañable testimonio, el de un hombre que busca la plenitud y termina hallándola en sí, en la fabulación de un tiempo sin tiempo, en el misterio de lo que no sabemos ni queremos saber”.
         El poeta cubano Alex Pausides visitó Costa Rica con motivo del XVII Festival Internacional de Poesía de este país centroamericano, donde su presencia fue sobresaliente. Presentó su segundo libro en Costa Rica, dio recitales, compartió mesas de trabajo y conversaciones, donde puso en evidencia su alta calidad poética, que trasciende las fronteras de su patria en el Caribe nuestro.
         Durante su estancia coordinó proyectos por desarrollar en el 2019, entre ellos, la edición de una antología de Eunice Odio en Cuba, preparada por el poeta costarricense Rodolfo Dada, con motivo del centenario del natalicio de Eunice, quien tiene raíces cubanas.
         Asimismo, la presentación de nuestro libro crítico “El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio (1919-2019)”, en el Festival Internacional de Poesía de La Habana.  En síntesis, la voz y la bandera poética de Alex Pausides signan un estandarte encaminado hacia el mejoramiento integral y solidario de los pueblos de nuestra América, en el corazón abierto, siempre.

viernes, 16 de noviembre de 2018

CAMINOS HABLANTES DESDE LA PENÍNSULA AZUL

Dorelia Barahona y su Zona Azul (novela)





CAMINOS HABLANTES
DESDE LA PENÍNSULA AZUL


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural



            (Guanacaste-Moravia).- La escritora y académica Dorelia Barahona Riera (1959) ejerce la cátedra de Filosofía en la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha publicado 15 libros en cinco géneros literarios, entre 1971 y el 2018. En novela: De qué manera te olvido (1990, 2004 y 2007); Retrato de mujer en terraza (1995 y 2003).  Los deseos del mundo (2006 y 2016). La ruta de las esferas (2007), Milagros sueltos (2008) obra colectiva;  Ver Barcelona (2012); Zona Azul (2018). En cuento: Noche de bodas (1991); La señorita Florencia (2003); Hotel Alegría (2011). En teatro: Doña América (2009); Y.O. Yolanda Oreamuno (2010). En poesía: Poesías, 1971; La edad del deseo (1996). En ensayo: Maestro de obras (2013).      Su novela se presenta el  7 de diciembre en el Museo de Guanacaste.
         Dorelia Barahona  ha obtenido los premios: Juan Rulfo, México, 1989; Revista Nacional de Cultura, 1992; Universidad de Costa Rica, 1996; Aportes, 2006, e Iberescena, 2010.  Sus obras se han publicado en Costa Rica, España, México y Guatemala.
El demógrafo belga Michel Poulain (2004), es  quien introduce el concepto zonas azules, para referirse a aquellas regiones donde la población, no solo vive más, sino que cuenta con mejor calidad de vida. En esa línea, la península de Nicoya, Guanacaste, Costa Rica, se reconoce por la comunidad científica como la quinta y más extensa zona azul del mundo. La única en Iberoamérica y la segunda del continente americano (OISS: 2016, p.10).
El científico Dan Buettner (2017), especifica las cuatro zonas azules planetarias: Cerdeña, en Italia; Okinawa, en Japón; Loma Linda, en California; e Ikaria, en Grecia. La provincia de Guanacaste cuenta con una superficie de 10 141,78 kms2, y registra una población de 382 821 habitantes.
Buettner (2017), caracteriza que una dieta ligera, una actitud positiva frente a la vida, una red de apoyo familiar y de amistad -la familia primero-, una práctica espiritual -relación cercana con Dios- continua,  la veneración social de los ancianos, tener una razón por la cual levantarse cada mañana -tener un propósito en la vida-, el movimiento humano natural,  el manejo del estrés y dedicar tiempo al descanso, son indicadores  comunes para conocer algunos de los secretos de la longevidad.
Guanacaste fue la sede del Primer Encuentro Mundial de Zonas Azules (noviembre, 2017). Desde esa dimensión, la novela “Zona Azul” (Heredia: Editorial Letra Maya: 235 pp.), de Dorelia Barahona, estuvo al cuidado de la Editora Emilia Fallas Solera. La novela está conformada por ocho capítulos, y signa una gran aportación, para uno de los filones temáticos que registra el Guanacaste eterno, donde jamás queremos un Guanacaste ajeno.
Agradezco a mi colega y amigo, Roberto Rodríguez Gómez, la grata oportunidad de ponerme en contacto con esta obra. Mi propósito al leer y comentar la novela de Dorelia Barahona, no es realizar un sumario de recursos,  técnicas y elucubraciones literarias, sino una focalización de su propio discurso, con base en corpus seleccionados, que permitan ilustrar el contexto del Guanacaste eterno, su temática,  ideas compartidas, aproximaciones y proyecciones discursivas que genera la novela, la primera obra literaria sobre este eje temático. Desde esa perspectiva, Dorelia Barahona se suma, con gran ventaja, a los escritores costarricenses que incorporan a Guanacaste, desde afuera, dentro de su gran espacio creativo.
         Cuando hablamos del significado de longevidad, nos referimos a la capacidad de durar mucho tiempo. El término proviene del latín "longaevus" compuesto de "longus" y "aevum", es decir, largo y edad. En ese sentido, quienes viven más que el promedio de los demás, sea en las especies humana, animal o vegetal.
         Dije, recientemente, que la trilogía más importante de escritoras regionales configura una zona azul en las letras del Guanacaste eterno, pues María Leal alcanzó los 97 años; Lía Bonilla, los 95 años y Ofelia Gamboa, los 94 años. Un interesante deslinde: mujeres, maestras, escritoras longevas, sin embargo, ninguna nació en la península, en una especie de zona azul extendida a otros lares del Guanacaste abierto como las raíces del viento.
         La novela “Zona Azul” se localiza en la península de Nicoya.  La narradora expresa:La península tiene forma de brazo extendido al mar y a pesar de la abundancia, de los accesos al lugar, la pobreza insiste en permanecer junto a la riqueza. Un estado de polarizada ocupación humana” (p. 18). Adán Guevara en su revelador poema “Romance del canto macho” (|1953) expresó: “Guanacaste es la península / que parece una potranca / con el hocico atarcado / sudando espuma salada”.
   Uno de los secretos de los longevos de la península de Nicoya es su capacidad de asombrarse por la cotidianeidad. La novela registra que “Los guanacastecos somos así. Medio loquitos por la música. Las cuerdas de la guitarra son las cuerdas de las guitarras de todos. Las teclas de las marimbas son mis teclas, como lo fueron de mis abuelos. Como los  retumbos   de   los  tambores  son  mis  retumbos  de la tierra en esta tierra de mi cuerpo” (p. 77). Hay una clara conciencia en reconocer el aporte de quienes les antecedieron.
El ser humano siempre ha vivido desvelado por encontrar las fuentes de la eterna juventud, por eso, la Zona Azul, enraizada en la península de Nicoya, es un espacio privilegiado del Creador. Es posible que dicha comunidad sienta, ahora,  algún desacomodo en su hábitat, desde el momento en que son estudiados como una excepción mundial, debido a su longevidad. La narradora filosofa y hace ver “Así querer ser longevos en un mundo de recursos limitados donde ya no cabían, era casi, ¿por qué no pensarlo? Un acto de soberbia o de selección económica y no natural” (p. 33).
Tuve la feliz ocasión de visitar y conocer a una maravillosa mujer azul, María Francisca Isolina Castillo Carrillo (La Mansión de Nicoya: 3-11-1906; 20-12-2016), quien alcanzó 110 años de vida. Ella desayunaba un tamal de cerdo, dos naranjas, atol, yogurt, sopita de huevo. Nunca ingirió licor. Tampoco se casó. Manifestó temor a montarse en un avión.  
Ese día, “Panchita Cubas”,  pidió que le pusieran un vestido con flores rojas y blancas, collares y pulseras. Hacía gala de una memoria con recuerdos increíbles. A pesar de su ceguera, tomó mi rostro, e hizo una descripción de mis facciones.  Nos despidió con una oración. Conocer a Panchita Cubas fue una experiencia invaluable. Desde entonces, la zona azul no fue teoría, sino una vivencia con una mujer, cuya longevidad asombraba: 110 años.  
Asimismo, la narradora plantea que para los habitantes longevos de la península “No se trataba de no vivir para no tener experiencias, recuerdos, o huellas en el cuerpo. Se trataba de vivir al día, como Emilia, sin pendientes, sin deudas, sintiéndose dueña de su pedacito de intimidad. De su hoja de vida” (p. 203).
         En esa línea, la locución Carpe diem, del poeta latino Horacio (65 a.C. a 8  a.C.), significa “toma el día”; “aprovecha el momento”, en el sentido de no desperdiciar el tiempo. El espíritu horaciano es "Aprovecha el día, no confíes en el mañana”.
         La selecta lista de centenarios peninsulares trata de vivir el día.  Hoy, por lo contrario, vivimos, pero pendientes del déficit, los impuestos, las tarjetas de crédito, la Sala IV, los celulares, los mensajes, las redes, el correo electrónico, la competencia, entre otros elementos,  que nos hacen vivir la vida, pero  como semáforo libre con altas velocidades. Ahora, medimos el tiempo, pero no lo vivimos.  De hecho, las expresiones “Ahora no tengo tiempo”, “Más tarde”, “Un día de estos”, “Por ahí llego”, evidencian esa dimensión de vivir absorbidos por el cronómetro, sobre todo, porque “La vida es ahora” (p. 182).
La filosofía discursiva de esta novela incluye preocupaciones sobre diversos ejes temáticos, tales como el tiempo, la sociedad, los  propósitos vitales, la función del arte como una de las condiciones de mejoramiento para la condición humana, los contextos históricos, así como las experiencia o el conocimiento de los elementos esenciales del factor humanidad.
En esa línea, describe a Nanda “Alta como su padre, portador seguramente, de la herencia de alguna de las cincuenta y seis familias cubanas llegadas a la península de Nicoya junto con el general Maceo, gran luchador y amigo de José Martí” (p. 41). La novela deslinda otro tema por recuperar para el Guanacaste eterno, la presencia estelar del cubano Antonio Maceo, entre 1891-1895, fundador de La Mansión de Nicoya, digo, de Maceo.
Nanda Castillo, originaria de Hojancha, ahora la Dra. Nanda Murray, es una investigadora, quien afirma que “Todo el sistema detecta y recodifica la energía transformándola en estados de ánimo. Mi cuerpo es mi nave. Una especie de Sonda Sopater I” (p. 29). En la temática de la corporalidad, es valiosísimo el concepto de cuerpo-casa como nave, como templo, huesos o huellas.
Sus investigaciones sobre la longevidad le plantean interrogantes medulares. Reflexiona si ¿Existiría ya algún estudio relacionando los recuerdos emocionales con la longevidad” (p. 49). “Con qué soñaría una persona de más de cien años? ¿Con qué despertaría su memoria”? (p. 64). “Empezamos a sentir la belleza con los recuerdos y hacemos entonces el mito con los pasos de todos” (p. 148). Reflexiones para repensar sobre nuestros comportamientos vitales.
Nanda Murray es una mujer decidida, para investigar de viva fuente, por esa razón “Iría hasta el pueblo de Hojancha donde vivía Emilia, la mujer más vieja de la zona, según sus registros. Ciento quince años de respuestas le esperaban en su pueblo natal” (p. 51).  Nanda se sorprende con las respuestas de la centenaria Emilia Villegas, de 115 años, cuando  aduce: “Yo digo a estas alturas que los huesos son mi casa. Y en realidad es así. Las casas, los chunches, las cosas ya no importan. Un poquito de comida, una buena cobija, música y que los huesos me traten bien es todo lo que le pido a la vida” (p. 78).   Esas recetas de vida no se venden en los negocios de la oportunidad en los aeropuertos o en las tiendas de regalos, pues suman una actitud de vida. No es un recetario fácil, de la noche a la mañana.                
Otra respuesta de doña Emilia Villegas es rotunda, en relación con que ella fue la decidió vivir más, por la siguiente razón: “El día en el músico Ribera me dejó de amar fue el día en que decidí que llegaría a vivir ciento quince años” (p. 81). “Así que cuando Ribera me dio la espalda, pues yo ya estaba preparada y me juré que viviría más que él y que todas las mujeres por las que me cambió” (pp. 85-85).
Una de las recetas que no se puede comprar en el agitado mundo comercial del siglo XXI, que nos ha correspondido vivir, es la afirmación de la mujer azul que es Emilia Villegas -“Es que aquí todos sabemos la vida de todos (…) Todos allí sabían la vida de todos. La edad, las costumbres y los haberes estaban metidos en una hoja de Excel desde su fundación” (p. 69).
Hoy, no sabemos cómo se llama nuestro vecino; casi no nos relacionamos.  Acaso, tampoco nos interesa, porque vivimos encerrados, enrejados, con portones, cámaras, temerosos, sin compartir con los demás, en una torre egocéntrica del yo soy yo, y punto. Esa receta tampoco se puede adquirir, porque es una vivencia vital “Aquí todos sabemos la vida de todos”. Hoy, esa expresión suena a siglos XIX o XX, pero muy poco, a siglo XXI.
Otro de los secretos que no se puede comprar, pero es parte del archivo de experiencias de los longevos de la península de Nicoya, es lo que afirma la narradora  costarricense  “Ninguna tenía la devoción de Emilia hacia sus propios cultos, tradiciones y valores sobre su hoja de vida.  Ella había construido una arquitectura completa con su historia,  donde  la  intimidad  era el templo mayor y los años, la narración de la prueba” (p. 85).   
  Hoy, en el mundo de las altas velocidades, de la vida en semáforo abierto, dejamos de construir nuestra intimidad, para hacerla pública a través de todos los sistemas de la mega-comunicación: la Internet, las redes sociales, los celulares, las fotografías, y todo el equipaje tecnológico que cargamos para estar al día, aunque nunca lo estaremos, porque la era de la información nos bombardea a cada instante, y eso nos angustia, contrario a la vivencia cotidiana de los longevos de la península, de vivir el día a día, sin preocupaciones arribistas.
En la península de Nicoya, en la Zona Azul costarricense,  la narradora no deja de sorprenderse, toda vez que “Ciudadanos de más de cien años. Hombres y mujeres que andan en bicicleta, cocinan, e ríen, rezan, cantan y conversan entre ellos” (…). También acota Y es que envejecer es feo. Feo hasta que logramos encontrarle el jueguito.  Se trata más bien de no dejar que la vieja esa que nos está robando la historia entre a la casa, se apodere de la cama, el baño y la cocina” (p. 118).
A la narradora le asaltan inquietudes, tales como que “Nadie ha mencionado sus emociones. No se incluyen como marcadores biológicos importantes, pero ¿y sus penas y sus logros? Ya la longevidad es un logro. Son vencedores. ¿A qué monstruos se enfrentaron en las diferentes etapas de sus vidas? ¿O es que no hubo gigantes contra los que dar la batalla? ¿Ese es el secreto de una larga vida? (p. 132). Teorías, inferencias, incógnitas y repreguntas sobre el fenómeno de la longevidad, la tradición, el recuerdo, la memoria, el olvido, la vida.
El que Emilia haya ocultado un secreto  centenario es un milagro, casi inexplicable, justamente, por el tiempo transcurrido “Emilia había guardado el meteorito por casi cien años  en  una  bolsita  de tela.  Era  un  tesoro (…) Emilia  guardó el trofeo toda la vida” (pp. 167-168). No son recetas que se adquieren por la Internet, con dólares o euros, en el mercado vertiginoso de las transacciones de la cosificación, pero no de la rehumanización.
El capítulo 8 de la novela, con el nombre de “En el regazo de la tierra”, es un sistema recolectivo, pues es donde la científica Nanda Murray, de Hojancha,  concluye y recomienda acerca de su investigación sobre el secreto de la longevidad, donde la carga genética, la cadena alimentaria y la organización familiar son factores esenciales.
El informe de la Dra. Nanda Murray concluye que los habitantes de la Zona Azul:
a.     Construyen una identidad idónea, sin perder la mimesis natural de su entorno.
b.     Respetan su intimidad, como lo hace el ecosistema, sin distorsiones ficcionales.
c.      Los sujetos no son piezas de recambio productivo: tienen unidad de sentido.
d.     Muestran gran resiliencia frente a las crisis vitales.
e.      Sus recuerdos emocionales se mantienen en el presente necesario.
         Recomienda “Elaborar un procedimiento para el manejo  del recuerdo emocional (…) que simule el perdón religioso, en tanto indulgencia” (p. 201), o una sustancia que estimule “el desapego sobreviniente a la liberación de las cargas traumáticas (…) En especial, el autoinducido por la culpa. Es una invención de la cultura y se tiene que desechar” (p. 202). “La creación de un fármaco que retome la emoción de los recuerdos (…) dado que la memoria y el sistema límbico es igual en todos los seres humanos sanos” (p. 202).
La Zona Azul contra la zona gris: “El Guanacaste lejos de los hoteles y las casas de veraneo de los extranjeros que persiguen el sueño de la eterna juventud. En el Guanacaste que ven ahora de la labranza y la ganadería, la falta de agua es notable y la pobreza de los habitantes sofoca a cualquiera. Casas a medio terminar, niños descalzos, niñas precozmente sexualizadas, venta de chatarra y fruta junto a los basureros abiertos (p. 205).
La Encuesta Nacional de Hogares 2018 arroja los siguientes datos en esa zona gris de  Guanacaste: desempleo 9,7 %; pobreza total 26 %; pobreza extrema 8,6 %. A pesar de todo eso, ya se comercializa los productos criollos de siempre, con el afán de vender la “longevidad guanacasteca”. La novela menciona que el laboratorio Aselpis Organic pronto lanzará  el primer medicamento, denominado ZBlue. Cuando se lo comenté a Dorelia Barahona, su respuesta fue la siguiente: “sí, lucran con los bienes patrimoniales”.
En la novela de Dorelia convergen otras historias: la de Nanda y su reencuentro con Alberto (Siemprejamás), 34 años después; la jubilación de Nanda; su reinvención como persona; la red de relaciones familiares de Nanda; el abuso sexual, entre otros. Zona Azul es una novela que incorpora un tema de Guanacaste a la literatura nacional e internacional.
La decisión de la Dra. Nanda Murray, al final de la novela es hermosa Así que ya no es tiempo de renunciar por nada ni nadie a nuestros sueños. ¿Entendés por qué me quedo aquí? -Esto último Nandayure lo dice despacio (…) Aquí es como si la tierra cantara. Dan ganas de quedarse” (pp. 206-207). Esta tierra amarra los pies, por eso, es el Guanacaste eterno de la Zona Azul más grande del planeta. Gracias, Dorelia Barahona, por incorporar a Guanacaste en la creación de tu universo narrativo.   

 
LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA 

domingo, 21 de octubre de 2018

OFELIA GAMBOA SOLÓRZANO, UNA LUZ EN LA PALABRA

Prof. Ofelia Gamboa Solórzano






OFELIA GAMBOA SOLÓRZANO,
UNA LUZ EN LA PALABRA



Lic. Miguel Fajardo Korea
         minalusa-dra56@hotmail.com



            La vida nos ha permitido encuentros humanos que permanecen en el tiempo.  El de la Prof. Ofelia Gamboa Solórzano (11-3-1924; 19-10-2018) es uno de ellos.  Seis lustros han transcurrido, desde cuando nos conocimos en el Centro Literario de Guanacaste, en 1988.  El aprecio se extiende a la familia Montoya Gamboa y a sus  descendientes: Rodrigo (+),  Milton: “Chicho”,  Lisette y, en particular,  a Eliette: una hija  ejemplar, sin horarios, en la atención desprendida, amorosa y puntual de su madre. 
Como educadora de verdad, Ofelia Gamboa merece un profundo respeto, luego de sus abnegados 40 años de entrega al ejercicio docente, con auténtica vocación de campana. Como escritora, ella signa uno de los nombres estelares de la literatura inscrita en el Guanacaste eterno.
 La trilogía integrada por las educadoras y escritoras María Leal, con 97 años; Lía Bonilla, con 95 años y  Ofelia Gamboa, con 94 años, representan las voces culturales femeninas de mayor longevidad y peso artístico en la historia cultural de Guanacaste.  Ellas conforman, sin ninguna duda, el privilegiado círculo de las “Zonas azules” en las letras guanacastecas, por su entrega, pasión y calidad artísticas.
Siempre le agradeceré su confianza, al permitirme prologar tres de sus cuatro libros: “Oro y sol”, 1990; “El expreso de la mina”, 1994 y “Columpios”, 2000. Además, publicó “Matices”, 2013. 
Tengo un criterio integral cimero sobre la calidad y trascendencia de su obra.  Las vetas temáticas que abrió hace muchísimos años, trazaron rutas para todos cuantos venimos detrás de ella. Nos ha enseñado a escribir con honestidad.  A hurgar en la historia del Guanacaste de siempre, para denunciar a quienes han cometido la deslealtad telúrica de entregar parte de nuestra provincia,  por unas monedas de más. 
Su palabra, firme y trascendente, es un paradigma que debemos emular, cuando queremos conocer las auténticas raíces del ser guanacasteco. Al releer el legado de su gran obra, esplenden títulos que recuperan la historia siempreviva del acontecer intenso, con la óptica de la glocalización.
 En su intensa obra literaria, convergen los recorridos históricos y temáticos sobre la Guanacastequidad. Textos como Orbe tierra, Orbe mina, Los mazos, Los coligalleros,  Pretéritas cosas presentes, Lamento, Abangares, Árbol oreja, El grito de Vargas Vargas, Saludo a la pampa, Hay un rubor de malinches, Pampa, Los potros, Ancestro, Gesta, La nana Mercedes o Matices, dejan leer una voz sobria, rutilante, estremecedora, para acercarnos a la patria regional, la que no debemos permitir que se convierta en un Guanacaste ajeno.
La profesora y narradora abangareña, Ofelia Gamboa Solórzano, es una de las autoras sobre las que más veces he escrito en diversos medios durante tres décadas.  No quiero repetir las apreciaciones jubilosas que me merece su obra callada, pero honesta, sin poses ni arribismos.  Su nombre es uno de los que, sin ninguna duda,  seguiré pronunciando, en voz alta, con profundo respeto y admiración holística. 
Todos hemos aprendido de ella: de sus enfoques, de su clarividencia para potenciar el tema guanacasteco, sin cálculo, sin doble discurso, porque ella ha sido coherente en su vida intensa: como mujer, madre, maestra, escritora, dirigente comunal y amiga, desde su gran corazón y  espíritu humanista, que remira el acontecer de la pampa, abierta y bravía, que hoy se ha quedado solísima, una vez más. 
En mi poema “Ofelia Gamboa, educadora minera”, procuré plasmar mi perspectiva de 30 años sobre su personalidad, con vínculos mutuos, en nuestros senderos de caminante por las rutas de vida del Guanacaste que amamos.
El mejor homenaje a una mujer creadora integral será preservar su legado, extenderlo y abrir puentes espirituales, desde su bendita tierra abangareña, hasta los confines de la pampa, que conquistó en sus recorridos azules, con mirada crítica y reivindicadora, como testigo, porque como dijera en su intenso poema “Árbol Oreja”:


“La vasta Guanacaste (está) mirándonos de frente”.   
Lic. Miguel Fajardo Korea 

miércoles, 10 de octubre de 2018

LUIS THENON EN LA “MEMORIA DE LOS MARES”

Poeta argentino LUIS THENON






LUIS THENON
EN LA “MEMORIA DE LOS MARES”



Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica






            La Asociación Casa Poesía organiza el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (FIPCR) desde el 2001. Desde hace 17 años publica un libro a cada uno de los 235 poetas que han venido.  El Festival se desarrollará entre el 4 y 12 de noviembre del 2018.

         Este Festival hermana al país con la cultura y con pueblos del mundo, y descentraliza la difusión de la poesía, con la coordinación de las sedes regionales: Belén, Bribrí, Cartago, Desamparados, Guácimo, Hatillo, Heredia, Turrialba, San Ramón, Monteverde, San Isidro de Heredia, Talamanca, Tortuguero, Shiroles, Siquirres, Pérez Zeledón, Pococí.

         GUANACASTE  dice presente, otra vez. Este año estará entre nosotros, el Dr. Luis Thenon, distinguido poeta, escritor y académico argentino, quien radica en Canadá, donde trabaja como catedrático de Literatura en la Universidad Laval.

         El Dr. Luis Thenon nació en Buenos Aires, Argentina. Se radicó en Canadá desde 1979. Obtuvo un Doctorado en Letras y una Maestría Es Arts en la Universidad Laval. Ha realizado un Posdoctorado en Historia. Es Catedrático universitario. Profesor Titular en el Departamento de Literatura, Teatro y Cine, Universidad Laval. Integra la Red de estudios transculturales de Centroamérica y el Caribe.

         Su obra  incluye los siguientes poemarios: Memoria de los mares  (Se presentará en el FIPCR, Costa Rica, 2018); Las casas en silencio (Costa Rica, 2013); Para decir la paz (Canadá, 2011); La paz también se puede (Canadá, 2011); De mares extraños y El trapecio del mundo (Italia, 2009); La mancha del incendio (Costa Rica, 2007); Trayectorias fortuitas de la muerte (Argentina, 2007); Terra Promissa (Venezuela, 1998); Selección de poemas (Madrid, 1996); Ce mot silencieux (Canadá, 1995).

         En novela publicó El Sótano (San José, 2017). Asimismo, las  obras dramáticas: Los Conquistadores de la Frontera Norte (Argentina, 2010); La fuite d’eau (Canadá, 2009); El Cartero de Londres (Madrid, 2005); Le vol des anges (Canadá, 2003); Fugues Parallèles (Francia / Canadá, 1995); La rébellion des fourmis (Canadá, 1991/1992).

         Ha presentado obras teatrales en los Festivales Internacionales de Puebla, de Liège, de Casablanca y de Cracovia. Premio especial del jurado en el 10° Festival International Francophone de Sanscoin,  Premio Gobernación de Mérida (Venezuela, 1998). Ha publicado innumerables artículos y escritos académicos sobre arte y literatura.

         Este distinguido escritor compartirá como poeta invitado en la Sede Guanacaste, Costa Rica, como parte del XVII Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, del 6 al 9 de noviembre del 2018, invitado por el Centro Literario de Guanacaste y el Museo de Guanacaste, donde desarrollará un programa, que incluye cuatro presentaciones culturales: a. Campus Liberia de la Universidad Nacional; b. Sede Guanacaste de la Universidad de Costa Rica; c. Colegio Humanístico de Nicoya; d. Museo de Guanacaste.

         En el Museo de Guanacaste, el Lic. Miguel Fajardo presentará el libro “MEMORIA DE LOS MARES”, de Luis Thenon (Casa Poesía de Costa Rica, 2018: 70), el jueves 8 de noviembre a las 6 p.m. Entrada gratuita. La portada del libro del poeta argentino la realizó  Arturo Valencia, gran artista mexicano.

         En este libro del Dr. Luis Thenon, el yo lírico se plantea la dicotomía luz/oscuridad en un contrapunteo acezante, angustioso, donde “Volverán los relojes a su sitio”. Esa preocupación por el tiempo, marcados como deícticos, son marcas de un ahondamiento entre la integración/desintegración; entre el esplendor y la opacidad del mundo “Donde está mi silueta (…) en un punto de infinito que nadie determina”.

         Asimismo, la bio-identidad cíclica del mar, se junta con la de voces en busca de un clamor de silencios, donde lo noctívago funciona como un registro desplazado entre la raíz o el vacío “de la justa manera de no ver”, debido a la oscuridad, cuando “la luz cae como una imagen”.

          Como puede desprenderse, el libro de Thenon comienza con esos planteamientos estructurales binarios, lo cual le da la certeza de enclavarse como una memoria, reminiscencia, evocación, remembranza o relación del elemento líquido, pluralizado “de los mares”, lo cual da pie a reflexionar en las profundidades, en las extensiones, en las multitudes en las masas de agua sinfín, en cualquier contexto donde habite el factor humano.

         El hablante insiste en  incorporar esquemas semánticos del conjunto líquido “archipiélagos nuevos del mar buscando el suelo”, donde se observa la oposición mar/tierra, porque “La tierra es necesaria/donde hay tierra no hay mares innombrables”. Hay una apuesta por lo terrestre, sin desechar la alternativa marina, dado que “Mienten los ríos que se van hacia el mar”.

         Quizá esa posibilidad sea viable, ya que “El corazón cerrado dejó quemar los panes”; “y el pecho y la garganta rompieron las cadenas del mar”. Puede verse, entonces, que la oposición mar/tierra es una especie de lucha y poder con las abiertas velas de la soledad humana, otro de los ejes semánticos en la “Memoria de la tierra” del poeta  Luis Thenon.

         Seguidamente, inserta el poema “Memoria de las estrellas”, con ello, el poemario asciende espacialmente de la dicotomía /mar/tierra, ya que “bajo el peso de una gota de mar creció la luna” y reafirma “tu cuerpo adolescente sigue poblando el cielo”. Ya en esa zona “las estrellas siguen marcando tu camino de auroras transparentes”.

         Se advierte, entonces, un distanciamiento desde lo marino-terrestre hasta el cronotopo de las estrellas, la luna y el cielo. Sin duda, es una lucha entre lo alto y lo bajo, en una especie  reflexiva con las preocupaciones humanas, donde “el fondo de la noche llegó por la mañana de mis labios/cerrados/ en medio de la isla”, con lo cual otea otro eje del poemario: la corporalidad humana, inserta en la disyuntiva espacio-temporal  noche/mañana.

          En “Memoria de las olas”, el hablante aduce “Cada ausencia me duele como un cuerpo total en la memoria”.  En esta fase del poemario, la palabra adquiere cuerpo “Las voces iban por las corrientes marina callándose de muerte”. Acaso el hablante inquiere por los seres humanos, cuyo deceso se ha producido en esa dimensión “La voz de los ausentes se levanta del mar (…) ya no sabrá callarse”, porque en el fondo marino se pierden las voces, los nombres y las huellas. Por lo tanto, es un sistema recolectivo que plantea el aniquilamiento.

         Este es uno de los poemas más intensos del texto lírico. La muerte no tiene fronteras ni puntos cardinales. Tampoco permite comprar otras banderas. Aquí se reflexiona sobre la inmensidad del mar y la pequeñez humana frente a tan extraordinaria “Extensión del agua”, como se titula uno de mis libros. El grandioso mar ha devorado miles de cuerpos. Por ello, el hablante poetiza “aquí alfombra de espuma estaban los recuerdos”. Incontables ilusiones truncadas en el marco espacial marino.  El yo lírico cierra el sistema, con una interrogación retórica “Un día/no sé cuándo/volví a sentarme junto al mar/ y me quedé esperando”.

         En “El hombre solo” existe un juego léxico con términos abiertos rotundos, tales como ojo, pozo, hueco, Dios, torre, muerto, vivo, historia.  En este poema, se ofrece una reflexión sobre el tránsito humano frente al discurrir de la historia de cada uno “un pozo/un hueco/una torre o un hueco/ una torre de ojos miran/todos/el hueco de la historia/unos y otros pasan/ pasamos/ han pasado/ la historia”. El tránsito humano es cíclico como especie.

         En “Amén de quemaduras”, el hablante incluye un tono reflexivo “Había desterrado el recuerdo, la piedra gris, esa imagen de río por sus ojos nublados, / la montaña en su cuerpo, sus olores de uva dolorosa”. Ahonda en la incógnita del tiempo, caudal de luz en la distancia, olvido que “se dejó caer en la consigna del presente”.

         El acabamiento ante la inevitable muerte, después del trayecto terrenal es una ausencia que signa la pérdida de voz ante la mueca del olvido cerrado. Por esa razón, sostiene que “El ángel tiene un uniforme nuevo. / Su vuelo es una mancha, / su mancha es un destierro. / Después de las consignas/ su vuelo es una tumba/ y el mar un cementerio”, pero fatalmente, “no guarda los huesos”, pues los arrebata y los lleva a las profundidades de su inmensidad sin límite.

         En “Preludio” expresa el dolor de su pueblo que ha soportado dictaduras sanguinarias. Su tono es una especie de encadenamiento y culpabilidad pluralizada “Del silencio de los pueblos/ el mío / callado / junto a la envergadura de la muerte”  (…) Donde se acaba la hora del regreso comienza la derrota”. Aquí se apela a las lejanías, a los exilios, a los alejamientos, a los destierros involuntarios del existir humano. Muchos cayeron, con el estandarte de sus cerradas bocas, pero con “las manos abiertas para siempre”. Como vivimos en una aldea global, no es un país en particular, sino las referencialidades de cualquier sitio en el universo.

         El poemario MEMORIA DE LOS MARES, del argentino-canadiense, LUIS THENON, registra un delicado espacio para poetizar sobre la paz. Cuánto anhelamos esa palabra en el mundo de siempre. Por eso, recrimina que “Al carcelero le carcomen las manos sus recuerdos, /la imagen de las rejas no lo dejan dormir/ y en la temprana hora de los días/ observa temeroso los movimientos de su sombra”.
         Para esta memoria marina, la paz es un fulgor, una historia de quienes no la disfrutaron y se encuentran ausentes. Con la paz, todos levantamos la mirada, porque ella es posible “si se abren de par en par las puertas/y si la memoria tiene rumbo en las voces/ y los pueblos” que han decidido romper las tinieblas de la maldad.
        
         “La Calle de la Amargura”  es un archivo casi fotográfico de ese cronotopo geográfico costarricense “Ahora estoy aquí/ mañana en otra parte de mi vida/ en otra desmesura”. En esa calle, el hablante observa que “también hay un tubo viejo que gotea su sed”. A pesar de todo lo problemático del nombre de esa calle “La cuenta se me acaba. /Me paré en el andén/ y ya no había nadie/ y me quedé esperando”. La calle se ha convertido, hoy, en un eje semántico plurisignificativo; un eje por ser descubierto, un símbolo de conquista y poder territoriales, como de  protestas contra las injusticias y las reivindicaciones sociales.

         En la mirada sobre dicha calle, el poeta construye versos de gran alcance expresivo y mucho mérito artístico “Hay una calle en la ciudad/viene del fondo hasta la puerta pero no llega nunca/ la calle tiene rejas y el carcelero/ tiene un pájaro atado entre los dientes”. Ese sentido de multitud se siente en este texto “por esta puerta nadie parte/por esta puerta nadie llega (…)/ el carcelero tiene callada la conciencia”. Quizás por eso, “La luz desde la calle tiene el abismo abierto/ de una sombra escondida”.  En la Calle de la Amargura de la capital costarricense “las vías seguían paralelas de su propio destino”. Es válida dicha incorporación.

         “Los límites del viaje” sugieren los distanciamientos; evoca la separación “Y miro desde adentro de las horas de la luz /y el vuelo de los otros/ el despertar de una sonrisa leve que nos eleva /como se lleva el mar la ola que no vuelve”. La fugacidad es un elemento reiterativo en este poemario. Los instantes que vivimos, que se marchan irrepetibles son una especie de archivo “Pero ahí no se quedan las horas entretejidas por la espera. /Cuando no nos decimos que la luz de la noche/ se apaga con la ausencia (…) en el destierro oscuro de los ojos”.

         “La memoria es lo que nos permite recordar hechos, ideas, sensaciones, relaciones entre conceptos y todo tipo de estímulos que ocurrieron” (https://www.cognifit.com/es/memoria).  Históricamente, se ha hablado de los siete mares, dependiendo de la época a la cual se hacía referencia. En la actualidad, se conocen más de 100 mares. Hoy se ha adaptado la expresión “los siete mares”, al mundo entero, para lo cual se dividen en los siguientes océanos: Ártico, Antártico, Pacífico Norte, Pacífico Sur, Atlántico Norte, Atlántico Sur y eOcéano Índico.

         En ese sentido, la pluralidad de aguas poéticas que aborda y desborda el nuevo libro del Dr. Luis Thenon, es un “dossier”, una memoria, un archivo de creatividad poética, pleno de imágenes y simbolizaciones de alta calidad lúdica, que nos permite adentrarnos en su mundo y desanudar las aguas, porque como ha escrito el poeta Marco Tulio Gardela: “Más allá de los ríos, el mar”.

         El mar de la pasión, de la intensidad, del gozo, de la tragedia, de la poesía suicida, de la inmensidad creadora, de los secretos sin abrir, de las manos que lo acarician. Esta “MEMORIA DE LOS MARES” signa un dilema  para quienes “caminaron despacio/ y se perdieron en la vida de los otros/ con los ojos descalzos”.  Gracias, Maestro.  ¡Carpe Diem!