En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



miércoles, 28 de agosto de 2019

LOS ARRULLOS POÉTICOS EN EL PACÍFICO COSTARRICENSE

Miguel Fajardo





LOS ARRULLOS POÉTICOS EN EL PACÍFICO COSTARRICENSE



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica





(Guanacaste/Moravia).- Un nuevo nombre asoma en las letras porteñas. Lo hace en la plenitud de la madurez.  “Arrullos del mar”, de María Gabriela Toruño Soto (Pueblo Nuevo, -Cocal- de Puntarenas, 1963). Prefiere firmar como Gaby Toruño, como prefiere firmar. Es un poemario fresco, revitalizado por la brisa, los pensamientos y los decires con el acento líquido del Pacífico.

            Toruño Soto realizó estudios en la Escuela Delia Urbina, Liceo diurno de Chacarita y Liceo diurno de Esparza. Es bachiller. Además, en la Academia Smith Corona. Ha realizado talleres en la UTN y el INA. En este momento, es la becaria coordinadora del proyecto “Letras de arena” (Ministerio de Cultura y Juventud, 2019), junto con Elena Manzanares Juárez.

            Ha publicado en la revista “Dunámis”, de Perú. Igualmente, ha publicado en el suplemento “Al aire libre”. Miembro del grupo Faro Cultural, Puntarenas. Su poema “Perla bendita” fue musicalizado. Su género es costumbrista y folclórico. Es una  dinámica gestora.

            “Cómplice de la brisa,  / los arrullos del mar / y los recuerdos de horas vividas, / que no morirán”. Estas líneas trazan la inquietud lírica de esta autora esparzana. Su poesía está libre, un tanto directa, propone trasmitir tonos de esperanza, admiración por los elementos de la naturaleza, contemplación de momentos lúdicos entre el espacio marino, cuyos universos resignifican un recordar selectivo frente a los embates de la globalización, que nos arrebata las áreas comunes o públicas, en aras de la masificación y la despersonalización.      

            “¡Puerto querido, Puntarenas! / No te vayas a ganar mi olvido. / Une tu voz a mi recuerdo / que nunca morirá”. Existe una alta preocupación en reafirmar  su amor raigal con su terruño porteño.  Una fijación que se muestra en su poemario, con la certeza de que no ha de llegar el olvido, que es una especie de segunda muerte, en los órdenes existenciales.

            En uno de sus textos, apela para que cuando llegue su hora final, no haya llantos, ni tristezas, sino que exista risa, alegría, canto, porque la vida ha sido un don de Dios, que aprovechó terrenalmente, por lo que no procede la tristeza en esa hora definitiva.

            La figura materna ocupa un lugar muy importante, tanto en la vida como en la obra lírica de Gaby Toruño, lo cual se evidencia en el texto que le dedica a su madre. En el segundo, el yo lírico manifiesta sus afectos con un sutil  realismo. La longevidad vital se enuncia en “Beso tu frente frágil / y miro tu cuerpecito encorvado, / delatando las cicatrices de tu alma. / Esas huellas, / ya marcadas por el pasar de los años, /porque Dios así lo quiere”.

            La autora porteña vive agradecida con el don de la vida que ha dispuesto el Creador: “Lo que nos hace darnos cuenta de que nuestro vivir,  / va más allá que un lindo despertar. / Que la culminación entre el suspirar y existir, / va más allá de abrir los ojos y cerrarlos. / ¿Cómo no brindar por la vida? /  Si en cada detalle de ella siento que estoy viva”. En esa línea, ratifica la plenitud de la lucha en este tránsito terrestre vital. Cada quien debería autoanalizarse y reflexionar sobre la oportunidad de Dios para con cada uno de nosotros.  Es importante no ser descreídos, en un mundo de tantas evidencias…

            En Soy, la hablante fija otras rutas  de vida, cuando personaliza, yo soy “El murmullo del viento y las olas que arremolinadas van. / El eco de la caracola  yaciente en la arena escarlata arrojada por el mar. /El sol abrazador dando vida a los arrecifes en las profundidades del alma”. Existe la propuesta binaria de lo terrestre y lo infinito, en una feliz convergencia, tanto como ser humano, como en el espacio espiritual, sin embargo, prevalecen los elementos planetarios: olas, caracola, mar, arrecifes, viento, sol, arena, frente al sustantivo “alma”, pero desde una connotación de diálogo, entre lo humano y lo espiritual.

            En Alas del tiempo, la hablante expresa un sentir muy dolorido, en relación con la no correspondencia amorosa.  El texto es una expresión de angustia e impotencia ante lo irremediable, lo cual la afecta en sus fibras interiores “¿Corazón, por qué lloras? / ¿Corazón, por qué sufres? / Por una mujer que no valora tus esfuerzos, / tus caricias, tus suspiros, tus bondades. /Tus besos y esa entrega”.

            En Potro Azabache, el yo lírico expresa una gran admiración por el quehacer de los personajes populares de la pampa guanacasteca. Destaca su alegría, su trabajo, la naturaleza, la cultura popular “El ¡Uyuyuy bajura!  / Con alegría, anunciando la pronta llegada de ese gran amor.  / Y por las noches se asoma la luna, /que con su esplendor desafiante, /motiva al retahilero. /  ¡Uyuyuy bajura! /Que siga la fiesta, mi Potro Azabache.  /Así relincha mi corazón  al verte en noches de luna. / ¡Uyuyuy bajura! /¡Viva la pampa guanacasteca!” Incluí este poema, en el suplemento cultural ANEXIÖN Núm. 26 (julio, 2018:3).

            En Hiedra, el yo lírico aspira a convertirse en esa planta trepadora, de hojas perennes, que crece en zonas con sombra “Quisiera ser la hiedra subiendo en ti / y deslizarme suavemente. / Adherirme a tu alma y adivinarte todo. / Quisiera ser ese río /recorriendo tus montañas de secretos pensamientos. /Poder quedarme en ellos, junto a ti”. Sin embargo, la hablante reconvierte el elemento A y lo convierte en un elemento B, cuando se plantea un abordaje erótico con gran sensibilidad. Es decir, el elemento vegetal se asocia con el corporal en un recambio con la idea del alma –espiritual-.

            En El lamento, existe una preocupación telúrica por el futuro de la humanidad.  Hay pruebas terrestres a las que somos sometidos como factor humanidad. El poema es un grito que enciende las alarmas por no cuidar el medioambiente. Somos corresponsables de la autodestrucción planetaria, por ello, su denuncia es desesperada “Grita la tierra, / desde sus entrañas ruge  su clamor. /Ahogando sus voces por las / encrucijadas. / De repente los mustios sauces asoman  / a las  orillas de la vida. / ¡Callan los seres humanos el infortunio!  / ¡Enloquece la brújula en su furor! / Hoy, el mundo extingue su luz”.

            En Mariposa en vuelo, el yo lírico esplende su red de anhelos libertarios.  “Las mariposas vuelan en el camino... / Las mariposas vuelan en el tiempo... / Llevando consigo esa libertad y los sueños,  /aunque mueran con ellas en tan poco tiempo (…) /Porque como mariposa en vuelo… / voy dejando mis destellos. /Matizados en mi libertad”. La oposición de vida humana se ve impelido por la brevedad de vida de las mariposas, sin embargo, ellas simbolizan su espacio de libertad, una aspiración del ser humano, en todos los contextos.

La poesía de Gaby Toruño (Puntarenas, 1963) es vivencial, incorpora con convicción a la naturaleza y al medio físico que la rodea. Hay tonos reflexivos ante los avatares de la vida. En ese sentido, su pensamiento de estelar es: “No desembarques la maleta de tus sueños, si aún el barco de tu vida no ha llegado hasta el final”. ¡Albricias, entonces, a tan dinámica trabajadora de la cultura poética, en el Pacífico costarricense, que nunca será frontera, sino evidencia de nuevos caminos...


Lic. Miguel Fajardo

domingo, 4 de agosto de 2019

MARÍA BOLANDI, LA MARIMBISTA MATRONA DE GUANACASTE

(Fotografía de la marimbista guanacasteca, 
doña María Bolandi, tomada por Miguel Fajardo)





MARÍA BOLANDI,
LA MARIMBISTA MATRONA
DE GUANACASTE



Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural
minalusa-dra56@hotmail.com   



La vida es un encuentro y un desencuentro. En ese sentido, nos ha permitido conocer a personas de gran calidad humana, dentro de su sencillez elemental. Es el caso de doña María Bolandi Gorgona, quien nació en Liberia, el 2 de noviembre de 1922, el Día de los Difuntos. Ella se acerca a la edad centenaria de la zona azul de Guanacaste. Está por cumplir los 97 años.

            Procreó a 10 hijos: Rosemary, Alfonso, Eliel, Emilio, Marco, Juan Carlos, Jenney, Dora Elena, Ana Balbina y Xinia, -quien se esmera en brindarle una gran calidad de vida y cuidados a su madre-. Los primeros nueve hijos fueron atendidos por una partera en su casa.

Su marco genealógico se compone de cinco generaciones: Su decena de hijos le ha dado 51 nietos. A quienes se suman bisnietos, tataranietos y choznos (hijos de los tataranietos).  La descendencia conjunta de doña María, suma 166 personas.

Cada 2 de noviembre, Xinia, su hija menor, organiza una fiestecita para agasajarla. Pero ese festejo se convierte en un fiestón, pues cuando llega la marimba, doña María se pone a tocar y deja de ser la homenajeada, para rendir tributo a su pasión por la marimba.

            Ella lo dice y sonríe.  Sacó adelante a sus hijos “trabajando, trabajando”, sin excusas, sin rendirse, en diversos trabajos.  Fue cocinera en la finca “Las Delicias”.  Trabajó en el área de cocina en el Hospital Dr. Enrique Baltodano Briceño, de donde se pensionó.

            Ella vivió en Los Cerros, Los Ángeles, Colorado, Moracia y, en barrio San Roque, desde 1966, hace 53 años. Cuando le pregunto por el barrio San Roque, queda pensativa y exclama con seguridad “Este es mi barrio.  Para mí es un barrio sano. Tengo mi casa propia. Nadie me molesta, ni yo molesto a nadie.  Vivo aquí, tranquilamente”.

            La Licda. Pilar Rodríguez Brizuela, adujo el 8-8-2017:Sin temor a equivocarme, fue la primera mujer marimbista que tuvo Liberia y, posiblemente, Guanacaste”.

Explica doña María Bolandi, que la marimba empezó a llamarle la atención desde los ocho años. Refiere que en la década de los cuarenta,  su madre Balbina Gorgona Bolandi, era la dueña de un hospedaje y del salón de baile denominado “La Prángana”. Según el Diccionario de costarriqueñismos, prángana  significa “parranda, juerga”. Dicho salón se ubicaba, diagonal a la casa del Dr. Enrique Baltodano Briceño. Hoy es una casa restaurada y es patrimonio, a un costado del parque Mario Cañas Ruiz de Liberia.

En ese salón, propiedad de su madre Balbina, doña María Bolandi  inició su pasión por tocar  marimba.  Reconoce que “yo me inspiré por ella”, en referencia a su madre. Los frecuentes y prolongados bailongos en “La Prángana”,  que iniciaban a las 8 p.m. y concluían a la 1 a.m., fueron los que despertaron su interés por tocar marimba.

“En la casa hacían bailes, le gustaba la música y ponía mucho cuidado.  Recuerda que las primeras piezas que interpretó fueron “Adolorido”, “La Cachita” y “La Coca Leca”. En los bailes le pedían “El Punto Guanacasteco”.

Además del salón “La Prángana”, tocó en “El Mango”, “El Chunquín”, “Los Naranjos”, “La Reynalda”, “El Yomalé”, “El Brasilia”.  Rememora los lugares de la geografía liberiana donde se ubicaron dichos salones.

Con pesar,  recuerda que en su época no había otras mujeres marimbistas.  Sin embargo, recuerda que una vez trajeron a una de Santa Cruz, establecieron un concurso entre ellas,  y con sonrisa pícara dice “Pero yo le gané”.

Doña María Bolandi no compuso; solo tocaba, pues memorizaba las piezas con bastante facilidad.  No recibió estudios formales para dominar el instrumento, únicamente se fijaba, “al puro ojo”, dice jocosamente.

Tocó al lado de marimbistas de la talla de  Alberto Rodríguez, Julio Rodríguez, Rafael de la O, Mercedes Velásquez, Matías Palomino, Luis Blandón o Juan Valdés.

Aduce que el Ing. Héctor Zúñiga Rovira (1913-1995) le llevaba música.  Recuerda, asimismo, que el marimbista Rafael de la O la invitó para ir a Palmira a llevarle una serenata al Dr. Francisco Vargas Vargas (1909-1995), líder del Partido Confraternidad Guanacasteca. En esa ocasión se desplazó a caballo.

Hace ver que su padre, José Ortiz, quien tocaba trompeta en la Banda de Liberia, componía música.  De ahí procede, quizá, su inclinación  y pasión por tocar la marimba, desde hace más de 85  años. Al inicio también tocaba la guitarra.  Luego solo la marimba. Además, toca “el güiro”, cuando se lo dan prestado.

Es enfática y apasionada cuando nos dice “Si me buscan yo me voy a tocar.  Dejaré de hacerlo solo cuando me muera”. Inclusive, expresa que durante sus 10 partos, solo dejó de tocar la marimba durante los nueve meses de cada uno de los embarazos.

Doña María Bolandi, la marimbista matrona de Guanacaste, ha superado problemas de salud, entre ellos, dos cánceres y una fractura de cadera.  Pero nada la detiene. Este año estuvo muy activa, en diversas actividades en la Cámara de Ganaderos de Liberia y en la Guardería Infantil Las Ardillitas, para las festividades del Mes de la Anexión de Guanacaste.

Entre sus descendientes, su hijo Alfonso, su nieta Francini y sus bisnietas Diana Carolina y Yiriana, tocan algún instrumento, y manifiestan interés por la música. A pesar de ello, queda pensativa, y expresa “a los jóvenes de hoy no los paso. No les gusta la música nuestra”.

Durante la visita que le hice a su casa, el 3-8-2019,  gentilmente atendido por su hija  Xinia Sandoval Gorgona, en el fresco patio de su casa, junto a una taza de café de la tarde, doña María Bolandi nos contó una anécdota jocosa, pero aleccionadora.  En una ocasión, se fue en carreta hasta La Cruz.  La invitó doña Rosa Alán y durante tres días pasó tocando marimba.  Los asistentes se admiraban en verla tocar dicho instrumento.

Por esa época, estaba de moda el corrido “La borracha”.  Un nicaragüense le pedía con insistencia que le tocara esa pieza, y como ella no lo complaciera, el hombre quiso pegarle, sin embargo, su mamá doña Balbina, llevó dos policías para que la cuidaran.  Así que tocó la marimba, con escolta policial, pero no tocó “La borracha”, porque el hombre quería agredirla por ello.  Sacó su carácter de mujer, ante el desplante machista del sujeto de marras.

            La talentosa cantautora guanacasteca, Pilar Rodríguez Brizuela (8-8-2017), nuestra apreciada “Pili”, reseña una anécdota que le refirió el  Maestro Ulpiano Duarte Briceño (1929-2015), Director de la Marimba Nacional Diriá, en el marco de un homenaje a él, en la Cámara de Ganaderos, durante el mes de julio, a inicios del 2000:

“Llegué muy güila a Liberia a hacer un mandado. Cerca del hotel donde nos hospedamos quedaba un salón de baile llamado “La Prángana”. Clarito, desde mi cama, escuchaba una alegre marimba sonar, y decidí ir a ver quién tocaba.
Como era aún muy joven, casi un niño, me fui al salón, corriendo el riesgo de que la policía me sacara del lugar.
Quedé admirado, cuando al entrar, vi que quien tocaba la marimba era una jovencita. Nunca antes había visto algo así, ni en mi tierra, ya que este instrumento era asunto solo de hombres (las negritas son mías).
Y después de un suspiro nostálgico, Ulpiano terminó diciéndonos...
Me impresionó tanto, que a partir de ese día, me dediqué, con mayor fuerza, a la marimba, ya que una jovencita liberiana, me acababa de retar"... y después de un silencio cargado de emoción, Solo se escuchó el aplauso cerrado del público presente”.

Considero que son pocos los reconocimientos que ha recibido doña María Bolandi: “Reina matrona de Liberia”, por parte del Colegio Artístico Prof. Felipe Pérez, 2017; “Hija Predilecta de Liberia”, Municipalidad de Liberia, 2018: “Por su aporte a la cultura regional y su trayectoria como exponente de la marimba guanacasteca”. Además, la Cámara de Ganaderos de Liberia, 2019: “Por su aporte a la cultura del cantón de Liberia”. En esta última oportunidad, tocó la marimba, al lado del Prof. Abel Guadamuz Mendoza, destacado exponente del estudio y la difusión de la marimba.

            Para el sostenido aporte cultural que ha hecho doña María Bolandi, quien me confesó que se considera: “una persona natural, voluntaria, bondadosa, buena gente, chineadora, contenta, sencilla y artista”, creo que no se le han hechos los homenajes a que ella se ha hecho acreedora, por  tocar un instrumento de tanto arraigo popular como la marimba, pues ella, desde Liberia,  es la matrona de las teclas de madera de Guanacaste.

Doña María Bolandi, es nuestra marimbista matrona de Guanacaste. Gracias por regalarme dos horas de su tiempo, para compartir un poco de su trabajo artístico en este artículo, y se valore, con mayor justicia, su aporte a la cultura popular, desde la sencillez de su amor inclaudicable por las maderas de la emoción y el sentimiento arraigado en sus ritmos.

            Dios mediante, doña María Bolandi está por cumplir los 97 años.  Toca la marimba desde hace 85 años.  Me precio de su cálida amistad desde siempre.  Vive a 50 metros de mi hogar y a l00 metros de  la casa de los padres del triathonista Leonardo Chacón Corrales, quien fue mi alumno en el Liceo Laboratorio de Liberia. En la calle adoquinada del barrio San Roque de Liberia, que ya califica para ser un nuevo distrito de Liberia. 

sábado, 20 de julio de 2019

LIBERIA, UN LEGADO INVALUABLE DE 250 AÑOS

Miguel Fajardo Korea





LIBERIA,
UN LEGADO INVALUABLE DE 250 AÑOS



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica





El topónimo “Liberia”, proviene de la raíz latina liber, cuyo significado es libre e independiente, tanto en lo político como social. Por ello, Liberia significa «tierra libre». El 4 de setiembre de 1769 se da la fundación de la Villa del Guanacaste (1769-2019). En 1790, se funda la Parroquia de San José de la Villa del Guanacaste.

El 23 de julio de 1831, se le otorgó el título de villa al poblado de Guanacaste.  El 27 de marzo de 1835, la Villa de Guanacaste se constituyó en parte del Departamento  de Guanacaste.  El 3 de setiembre de 1836, Braulio Carillo le confirió el título de Ciudad. El 7 de diciembre de 1848, se convirtió en cantón y cabecera de la provincia de Guanacaste.  El 30 de mayo de 1854, Liberia pasó a ser la capital de la provincia de Guanacaste.  El 20 de junio de 1860, la denominación Moracia, para la provincia, se reemplaza por la de Guanacaste, y la ciudad de Liberia conservó su nombre. La Asamblea Legislativa le dio, definitivamente, el nombre de Liberia, el  13 de julio de 1860 (Decreto XVIII, n. 13, p. 232).

Liberia se encuentra ubicada en 10°38’49’,’ de latitud norte hasta 10°37’27’’, de la misma latitud. Tiene una longitud de 85°27’13’’ a 85°25’34’’. Se localiza a 144 metros sobre el nivel del mar. Liberia recrea un pasado en el presente, cuyo norte forja una recuperación contra el olvido. La Liberia histórica utilizó la arquitectura de tierra (bahareque y adobe).   Liberia es la puerta del sol para compartir. Su espíritu guarda la tradición en los jícaros del llano, en las tinajas de la pasión, para perpetuar la vida de nuestra memoria histórica, con alma de tiempo y fajina de conciencia.

Liberia es la consolación frente a la soledad; al ansiado regreso, sitio de luz, peregrinación de esperanza ante el martirio. Liberia es un pasadizo hecho canción. Restallan los veranos y enamoran sus inviernos. Sus matices son jardines naturales de esencia. Las mariposas ocres vuelan con ardor, como espadones oscuros para el cotidiano aprendizaje que nos enseña a ser mejores.  Liberia es desvelo de luz; sentencia acrisolada de espumas y calles solas y blancas, dispuestas a recibir con hospitalidad. Si amamos a la ciudad que nos vio nacer, tratamos de conocerla, honrarla, defenderla, de hacerla crecer con cada uno de nuestros actos, porque Liberia es la región del arcoíris. 

Tiene su Calle Real, los topes, la ermita del Señor de La Agonía, su huelenoche noviera, su sombrero de lana blanca, así como su marimba y su guitarra enamoradas. Alguna vez suena el quijongo contra la nostalgia y los recuerdos. No debe morir la tradición de quienes ejecutan tan bello y sensitivo instrumento.

Desde hace 50 años, la ciudad de Liberia cuenta con su propia bandera, aprobada por la Municipalidad. Se estrenó el 4 de setiembre de 1969. La bandera de Liberia fue creada y confeccionada por doña Vera Blandón Vda. de Rodríguez y su hijo, Prof. Herbert Rodríguez Blandón, en ese entonces, director del cuerpo de abanderados del Instituto de Guanacaste, primer colegio de Guanacaste, con sede en Liberia, fundado hace 74 años, el 11 de abril de 1945.

La Bandera de Liberia consta de un rectángulo amarillo oro que recuerda el maíz, el arroz y el sorgo, cuando están maduros, cruzado por dos franjas negras, en diagonal, que simboliza el cruce de caminos, que dieron origen a esta población. Liberia, significa la equidistancia, en relación con los demás cantones de la provincia.

En el centro se observa dos círculos blancos. El círculo, en la parte inferior, consigna dos años: 1769 (origen de la Villa de Guanacaste, y 1836, cuando Liberia fue declarada Ciudad). En el círculo interno, delimitado en color negro, en letras rojas, el nombre de Liberia.

            Asimismo, desde el 2011, la Municipalidad declaró “Luna Liberiana”, del Prof. Jesús Bonilla Chavarría, como el himno de la ciudad de Liberia.
            Liberia es el cruce de vías para llegar al destino del sol, la arena, la montaña, los parques nacionales o el mar. El cielo todo, albísimo.





jueves, 27 de junio de 2019

POETA COSTARRICENSE MIGUEL FAJARDO PRESENTA LIBRO EN SANTIAGO DE CHILE







Poeta costarricense
MIGUEL FAJARDO
presenta LIBRO
EN SANTIAGO DE CHILE



El poeta costarricense, Lic. Miguel Fajardo Korea (Guanacaste, 1956), presentará su más reciente poemario NUNCA COMO AHORA,  el próximo miércoles 10 de julio del 2019, a las 7 p.m. en la Sociedad de Escritores de Chile (SECH).
            La presentación crítica estará a cargo del Dr. Andrés Morales Milohnic, Catedrático de Literatura de la Universidad de Chile y miembro de número de la Academia Chilena de la Lengua. Asimismo, estará presente el Lic. Jaime Quezada Ruiz, destacado escritor chileno, Presidente de la Fundación Gabriela Mistral.
            Igualmente, Fajardo hará una lectura poética de su libro, junto con el Dr. Morales Milohnic. La Embajadora costarricense Adriana María Murillo Ruin, brinda el apoyo respectivo y la difusión pertinente a esta importante actividad cultural en Santiago de Chile, en coordinación con el M.Sc. Miguel Díaz Sánchez, Jefe de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores de Costa Rica.
Miguel Fajardo ha publicado diversos libros, tanto de creación como de investigación, entre los cuales destacan los que ha escrito sobre autores y artistas, tales como Lía Bonilla, Héctor Zúñiga, Medardo Guido, Sacramento Villegas, Ciro Montero, Jesús Bonilla, la poesía femenina de Guanacaste, la ciudad de Liberia, que este año cumple 250 años de fundación y, últimamente, su libro dedicado a la poeta Eunice Odio, en el centenario de su natalicio.
Miguel Fajardo ha obtenido diversos premios, entre ellos: Joven Creación, Jorge Volio, Omar Dengo, Alfonsina Storni, Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural, Premio Nacional de Educación Mauro Fernández y La Gran Nicoya.
El autor costarricense es Académico Emérito de la Universidad Nacional y el Ministerio de Educación Pública. Trabajó como Profesor de Español y Literatura durante 34 años, tanto en el Liceo Nocturno de Liberia, el Liceo Laboratorio de Liberia y la Universidad Nacional.
Es un constante colaborador de opinión cultural en diversos medios de prensa e Internet. Entre sus libros de poesía destacan: Estación del asedio, Extensión del agua, Travesías, La demora más larga, Comienza la palabra, Casa Guanacaste, Las puertas del sol, Nadie es dueño y, Nunca como ahora.
En la actualidad, Miguel Fajardo coordina la edición de dos libros: Florilegio de las voces nuevas de Guanacaste (112 pp.), sobre la producción literaria del Colegio Humanístico Costarricense, Campus Nicoya, como sobre el libro inédito Cuentos tropicales (180 pp.), de Francisco Faerron Suárez (1873-1961).
La escritora costarricense, Ana Antillón, aduce sobre este libro que:
“El título del libro, habla de la actitud del poeta frente a sus propias circunstancias y observaciones de la vida diaria, registrando así, asuntos morales, sociales, históricos y sentimentales, de acuerdo con una lógica propuesta por el mundo que nos rodea.
Conocemos al poeta Miguel Fajardo, porque su ideal es la fraternidad entre los seres humanos y para ello usa el don de su palabra literaria, invitando a que nos solidaricemos con los ideales de dignidad moral: el equilibrio, la armonía y el respeto por la vida en este planeta.
Así, para encontrar al poeta, hay que buscarlo en todas partes, a través de su poesía denunciante, en una visión propia del orden de las cosas. Y para dialogar con él, hay que moverse, con gran rapidez, alrededor del mundo, o alrededor de una historia.
Él conmueve lo que ve, lo agita, lo pone a girar, según la naturaleza del ser o del hecho que el poeta quiera advertir. Su propósito siempre será la expansión, el movimiento hacia el cambio. Siempre interesado en denunciar la torpeza, propone caminos.
El poeta Miguel Fajardo, desarrolla una lírica que se motiva sobre hechos muy concretos, aquellos mismos que suelen remover nuestros corajes”. 


Miguel Fajardo, poeta costarricense


martes, 4 de junio de 2019

LA OBRA LITERARIA INÉDITA DE FRANCISCO FAERRON SUÁREZ

Francisco Faerron Suárez





LA OBRA LITERARIA 
INÉDITA DE
FRANCISCO FAERRON SUÁREZ



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com




         (Guanacaste/Moravia). Francisco Faerron Suárez nació en Liberia, Guanacaste, el 3 de noviembre de 1873. Murió en San Pedro de Montes de Oca, San José, el 6 de setiembre de 1961. Fueron sus padres: Federico Faerron Baltodano y Ana Matías Suárez.

            Realizó estudios secundarios en el Liceo de Costa Rica. Aunque se inclinaba por la medicina, estudió y  se graduó como abogado, el 12 de mayo de 1899, hace 120 años. El tribunal calificador de lujo estuvo integrado por Ascensión Esquivel Ibarra, Cleto González Víquez y Ricardo Jiménez Oreamuno, quienes ejercieron, posteriormente, la Presidencia.

            Se desempeñó como profesor en el Liceo de Costa Rica. Trabajó en la  Inspección General de municipalidades. Laboró como promotor fiscal. Fue Alcalde de San José. Trabajó en la Sala Segunda de Apelaciones. Fungió como Magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia.  Ejerció como Ministro Plenipotenciario en Guatemala. Ejerció como diputado durante tres periodos, a saber: (1900-1904); (1912-1917). Miembro de la Asamblea Constituyente de 1917. Presidente de la Cámara de Diputados de 1918 a 1919. Primer guanacasteco en alcanzar dicha posición en la Asamblea Legislativa.

            Fungió como Decano del Colegio de Abogados hasta su deceso. Ganó la Medalla del Jubileo Profesional de dicho Colegio, en 1960, que le fue impuesta por el Lic. Fabio Fournier. Se distinguió como orador, conferencista, abogado, profesor, alcalde, diputado, magistrado, ministro y pensador humanista.

            Dirigió la revista “El estudiante”, órgano de la Sociedad de Estudiantes del Liceo de Costa Rica.  Asimismo, fundó los siguientes semanarios: “El Guanacaste”, en San José; “El Nuevo Régimen”, en Liberia, órgano del Partido Civil de Guanacaste, durante la administración de Ascensión Esquivel Ibarra; “La Vanguardia”, órgano político afín a Cleto Gonzalez Víquez; “El Imparcial”, independiente, fundado en Liberia; “La Opinión”, diario publicado en San José, codirigido con el periodista hondureño, Augusto C. Coello.  Usó el seudónimo  “Jacobo Rey”, en muchos de sus escritos.

            El Lic. Francisco Faerron Suárez fue uno de los fundadores  de “La Casa de Guanacaste, donde editó “El Guanacaste” (1935-1947) y 1949, órgano que apareció mensualmente, después tres veces cada mes, en San José. Dicha publicación fue el vocero del Partido Confraternidad Guanacasteca, liderado por el Dr. Francisco Vargas Vargas.

            Colaborador en diversos  medios, a saber: “La Prensa Libre”, “Diario Nacional”, “Diario de Costa Rica” y “La Nación”. En este último publicó artículos, tales como “Las elecciones modelo de 1953” (11-8-1953); “El Colegio debe ser consultado por todo porque la ley es para todos” (19-5-1960, p.18); “El caso Argentina-Israel” (8-8-1960, p.22).

            Dejó inédito el libro Cuentos tropicales (15 textos). Rafael Pérez Miguel lo incluye en Exploración bibliográfica sobre el  cuento  erudito costarricense (1991-2013).

He publicado dos de sus cuentos, a saber: “El rosario” en el suplemento cultural Anexión (Año 20, edición 229, julio, 2012: p. 4). Además, “Escenas liberianas”  (“Perfiles”, Núm. 298, junio, 2019: p. 16).

Su obra inédita me la entregaron sus nietas: Prof. Leticia Faerron Ramírez y Prof. Ivette Faerron Ramírez, el 24-5-2012.  Asimismo, su nieta, María Lorena Faerron Rivera, el 3-9-2018, con el propósito de coordinar el proyecto de edición de este cuentario, en el marco de los 250 años de la fundación de la Ciudad Blanca (1769-2019).

            El 4-5-2019 tuvimos un café cultural para coordinar el proyecto editorial en la casa de la Prof. Leticia Faerron Ramírez, al que se sumaron líderes culturales: Verónica Navarro, Hugo Zúñiga, Nuria Cuadra, Orietta Baltodano, Mireya Hernández, Mélida Obando y Ligia Zúñiga,  quienes se han dado a la tarea de buscar suscriptores de honor de este proceso de recuperación literaria de un destacado guanacasteco, cuya obra ha permanecido inédita durante 58 años.

            En el libro se incluirá fotografías, aportadas por la Prof. Leticia Faerron Ramírez y la periodista Ana Lucía Faerron Ángel, nietas de don Francisco Faerron Suárez. El Ing. Jorge Sáenz Lobo, destacado artista costarricense, aporta 15 ilustraciones interiores para los cuentos, así como su magnífica portada.   La descendencia de don Francisco es la siguiente:

1.     Matrimonio con la costarricense María Murillo Sandoval, de quien enviudó: Guillermo Faerron Murillo, Olga Faerron Murillo, Ida Leonor Faerron Murillo, Gloria  Faerron Murillo y Francisco Faerron Murillo.
2.     Matrimonio con la guatemalteca María Valdés Montt, de quien enviudó: Federico Faerron Valdés y María del Carmen Faerron Valdés.
3.     Matrimonio con la colombiana, Abigail Cruz Santos: Ana Lottie Faerron Cruz.
           
            Ante la ausencia física de todos sus hijos, sus nietos han abanderado este noble proyecto de recuperación cultural de su obra literaria Cuentos tropicales, cuyo libro tuve que digitar de su manuscrito mecanográfico, hacerle la revisión filológica, el prólogo, presentación  y notas.  La respuesta de sus familiares ha sido importante, así como la de los suscriptores culturales, quienes con su colaboración económica, tendrán derecho, tanto  a consignarse como suscriptores de honor como a recibir ejemplares de cortesía.
La narrativa guanacasteca escrita se afirma en el segundo periodo que he propuesto para la literatura guanacasteca (1890-1935). Su primer autor pertenece al periodo inicial que he demarcado (1824-1890), pues Francisco Faerron Suárez nació el 3 de noviembre de1873, pero su único libro Cuentos tropicales, no se publica, sino hasta en el 2019, en el marco de los 250 años de fundación de la Ciudad de Liberia.
El libro Cuentos tropicales, de Francisco Faerron Suárez (1873-1961), se ha mantenido inédito durante 58. Es un hallazgo en la literatura de Guanacaste. Con este libro, él se convierte, cronológicamente, en el primer escritor de Guanacaste, seguido de María Leal de Noguera (1892-1989) y Ramón Leiva Cubillo (1892-1992).

En el libro, he incluido el cuento “La despedida del muerto”, publicado en “El Heraldo”, Puntarenas (1947), que localizamos dentro del proceso investigativo sobre la obra del autor, con la ayuda de la bibliotecóloga Meredith Pizarro Zúñiga, de la  Universidad de Costa Rica. Este texto no forma parte del cuentario, pero es autoría de Faerron Suárez.

En el apartado “La voz ajena sobre el Lic. Francisco Faerron Suárez”, he incluido criterios sobre el autor, por parte de Fabio Fournier, Agustín Salas Madrigal, Gerardo Zúñiga Montúfar, Ronald Vargas Araya, La Prensa Libre y La Nación, medios de esa época.

Escenas liberianas”, de Francisco Faerron Suárez
         Ya estaba notificada la provincia de la próxima gira por todo su territorio del Ilustrísimo Señor Obispo de Costa Rica, de cuyas visitas estaba ayuno el Guanacaste desde hacía muchos años. Es verdad que Fray Gregorio había estado aquí el año anterior, con licencia para confirmar fieles que carecían de ese Sacramento primordial; lo que le había valido una abundante cosecha de colones, pues cobró la nueva tarifa de un colón y medio por cabeza y estas no bajaron de quince mil  no confirmadas, pero esto no era lo mismo para la feligresía, que deseaba ver y oír a su prelado, personalmente, y aún quedaba un buen rezago de semi-cristianos, que esperaban la confirmación.
            ¿Dónde desembarcaría su Ilustrísima? ¿Qué ruta seguiría para llegar a Liberia en donde se le esperaba con ansiedad? Estas y otras preguntas sobre el mismo tema se cruzaban de persona a persona, de grupo a grupo, sin que nadie diera respuesta cierta, porque tampoco nadie tenía noticia del itinerario que seguiría el Prelado en la provincia. Aquí se puede saber cuándo se entra en territorio guanacasteco, pero no cuándo se va a llegar a alguna parte.
            Opinaban algunos, que su Señoría llegaría a la Ciudad Blanca, un sábado por la tarde, entrando por El Capulín.  Aseguraban otros, que viajaba de incógnito y que entraría a medianoche, por el Paso Real, y Fallito, quien siempre estaba bien enterado de las novedades del lugar, juraba a dos cruces, que entraría a mediodía por La Carreta.
            Nadie, ni el mismo Párroco de la localidad, sabía de fijo cuándo ni por dónde abordaría la plaza su Ilustrísima, pero todos lo esperaban con entusiasmo y recogimiento, con ese placer que se siente al saborear de antemano las emociones de un acontecimiento anunciado con bombos y platillos, y que siempre da lugar a comentar y desahogos de chismes lugareños, para minarle las canonjías al cura, para moverle la rama al Gobernador, o quitarle a algún mayordomo el manejo de los ganados de la Cofradía del Patrono del pueblo.
            No eran pocos los vecinos que estaban encantados con la visita, no tanto por su fe cristiana, sino principalmente por sus ansiados hartazgos en los opíparos banquetes que se le darían al venerable huésped, para lo cual opinaban –siempre que de este tópico se hablaba- era el caso típico que el municipio, la Junta de Caridad, la edificadora y hasta una Junta de Notables, convocada al efecto, contribuyeran para echar la casa por la ventana en las fiestas proyectadas, y para con más caudal que el de una confesión, vaciarle al Prelado, todo el saco de alacranes de sus odios, sus malas pasiones, sus chismes, sus envidias y su perversidad, a guisa de sobremesa o de pus café o de riquísimo puro habano, con que hacen la digestión los heliogábalos.
            -Una  buena mesa, decían los gastrónomos en ayuno, es la mejor nota que puede darse en este recibimiento.  Hay que tenerle a su Señoría un “bocatto di Cardenalli”, quienes como los parroquianos de “El Tiro al Blanco”, insinuaban a la comisión de festejos, integrada por vecinos de gran valía, la necesidad de hacerle a su ilustrísima, un “buen tope”, con bastante néctar, para animar a la gente.
            -Un buen “tope”, decían, es un buen golpe, quedaremos planchados y en plena gracia con La Curia.  Por medio de su Ilustrísima, se pueden conseguir muchas gangas con el Gobierno: su influencia es infalible, en eso, precisamente, se  parece mucho a su Santidad.
            Un sábado a las doce, cuando el sol reverberaba calcinante en el aire, subió Cabalceta, como de costumbre, a repicar las campanas, y al llegar a la plataforma de la inconclusa torre del campanario, columbró una nube de polvo que se levantaba impenetrable en la entrada al callejón del puente del Paso Real, frente al Mocho, y se le ocurrió que era producido por la caballería del Prelado que ya llegaba, y con entusiasmo rabioso echó a vuelo las campanas, que tan pronto repiqueteaban, como tocaban arrebato o llamaban a completas, produciendo en los habitantes de la urbe, un verdadero disloque.
            Como movida por un mismo resorte, toda la población se vació en las calles: masas de gentes corrían atropellándose hacia la parroquia, toman el atrio por asalto y un millar de voces interrogan al campanero, este tiende un brazo con dirección al Paso Real adonde la nube de polvo se aproxima más impenetrable aún.
            La masa humana arremolinada se enfila hacia el puente Rojo, que cruza el río, al que llega jadeante, bajo un sol de plomo, capaz de fundir la escoria misma. Poco a poco, mediante el polvo, ya enrarecido, se descubre una cabalgata que marcha a todo trote, produciendo los cascos de los caballos un repique en el suelo, que produce un ruido sordo y espeluznante, y un “Viva el Señor Obispo y su comitiva”, salió como cañonazo de las bocas empolvadas de la abigarrada multitud agrupada a uno y otro lado de la vía.
            La caballería alcanza la cabecera opuesta del puente, se dibuja en la nube que escudriñan mil ojos con gran empeño, la robusta silueta de una amazona a horcajadas en un rocín, que parecía un manantial por el sudor que lo bañaba, y la muchedumbre alineada formando valla, al arrodillarse para recibir la bendición de quien creía que era el esperado Reverendísimo Señor Obispo, reconoce en ella a la niña Estercita Silva, quien presidiendo un grupo de maestras excursionistas, cruzó el puente atónita, por aquel inesperado y clamoroso recibimiento que se le hacía.
            Una carcajada general con la sonoridad de un retumbo de un volcán vibró en el aire, pero Fallito, siempre galante con las damas y con oportunidad genial, mostrándose al confuso grupo, con el sombrero en alto, la frente al sol y su mano derecha puesta sobre el corazón, con toda la fuerza de sus pulmones, gritó:
            -¡Vivan las maestras! 
            -¡Viva Liberia!