En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 7 de enero de 2019

EL COLEGIO HUMANÍSTICO DE NICOYA FORTALECE A GUANACASTE


EL COLEGIO HUMANÍSTICO DE NICOYA
FORTALECE A GUANACASTE


Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández





         (Guanacaste-Moravia). En 1998, la Universidad Nacional y el Ministerio de Educación Pública inician la valiosísima modalidad educativa del Sistema de Colegios Humanísticos Costarricenses, con el objetivo de ofrecer una opción educativa de excelencia académica, caracterizada por una adecuada formación humanista.

         Para la Dra. Sonia Marta Mora Escalante, ministra de Educación 2014-2018: “Los Colegios Humanísticos son una herramienta de promoción educativa que nos permiten seguir fortaleciendo una educación pública de calidad junto con las universidades estatales. Firmamos esta declaración de intenciones con el convencimiento de que la población estudiantil de Guanacaste tenga posibilidades de seguir teniendo condiciones para desarrollar su potencial”.

         Hasta la fecha, el Sistema de Colegios Humanísticos está conformado por el Campus Omar Dengo, el Campus  Coto, el Campus Sarapiquí y el  Campus Nicoya, fundado en el 2017.  El Director Ejecutivo del Colegio Humanístico de Nicoya es el M.Sc. Luis Carlos Zúñiga Jiménez, distinguido, emprendedor   y dinámico educador, oriundo de Nandayure, quien ha realizado una gestión  de altísimo mérito y de gran proyección institucional.

         Dicho sistema de estudios es muy intensivo. Los estudiantes completan la educación regular y refuerzan su formación holística en cuatro áreas de relevancia curricular: pensamiento contemporáneo -filosofía, lógica y ética-; historia y sociedad; lengua y literatura españolas, e inglés.
         El Colegio Humanístico Costarricense es un modelo educativo de carácter preuniversitario, cuya filosofía propicia la formación de personas integrales, solidarias, empáticas y conocedoras de sí mismas y de su entorno. Por lo tanto, desde su estructura, el Sistema Nacional de Colegios Humanísticos Costarricenses, establece las siguientes características institucionales.
         Misión: “Somos el Sistema de Colegios Humanísticos articulado mediante instituciones comprometidas con el desarrollo del talento y la formación integral y holística de la comunidad aprendiente, desde un modelo pedagógico basado en el pensamiento complejo”.

         Visión: “Ser el sistema educativo líder a nivel nacional, en la formación de personas que a través de la innovación, la creatividad y la criticidad promuevan cambios en la sociedad, como respuesta a los retos y particularidades del contexto nacional e internacional”.

         Valores: Empatía, Honestidad, Respeto, Tolerancia, Cooperación, Disciplina, Responsabilidad, Perseverancia, Liderazgo y Solidaridad.

         Además, es importante indicar que los Colegios Humanísticos Costarricense tienen un régimen diferente de todos los colegios oficiales, en razón de sus fines y propósitos, en relación con su plan de estudios, contenidos programáticos, nivel de exigencia, reglamentos, currículo, organización propia, normas particulares de admisión y promoción, criterios de contratación de personal docente y administrativo, calendario escolar propio y otros aspectos.

         El ingreso de los estudiantes en los Colegios Humanísticos se regirá por condiciones académicas especiales, las cuales serán definidas por el Director Ejecutivo, donde se pretende identificar, seleccionar y dar atención especial a estudiantes proclives con los siguientes parámetros:

1.     Manifiesta preferencia por las ciencias sociales, la filosofía y las letras.
2.     Tengan interés y disposición por un sistema de estudios intensivo.
3.     Cumplan con los requisitos de edad establecidos para ingresar en el Sistema Nacional de Colegios Humanísticos Costarricenses.

         El Colegio Humanístico Costarricense pretende mayores oportunidades educativas, mediante un currículo amplio, desafiante y muy exigente. Busca apoyar la adquisición del proceso de enseñanza y aprendizaje mediante las competencias y habilidades que no se logra en áreas académicas específicas, lo cual posibilita desarrollar actividades curriculares y extracurriculares, las cuales permitan llevar a los jóvenes a otro estadio cognoscitivo.

         Puede ser una utopía creer en “Una educación que transforma”, pero sería un error más grande, juzgar que no se puede lograr; inspirados en la visión de un nuevo humanismo, de mayor solidaridad, cooperación y de entender, interdisciplinariamente, las problemáticas sociales de hoy.

          El Sistema de Colegios Humanísticos busca la implementación de metodologías novedosas, proyectos de gran impacto social, investigación y extensión; además de impulsar reformas educativas que contribuyan, cada día, a formar mejores estudiantes, personas y ciudadanos para la sociedad civil.

         Por lo anterior, el Colegio Humanístico  desarrolla las siguientes actividades curriculares y extracurriculares, las cuales potencian al máximo las capacidades individuales y colectivas de sus estudiantes, a saber:
         Olimpiadas de Matemáticas, Olimpiadas de Química, Olimpiadas de Física, Olimpiadas de Biología, Proyecto de Química General, Proyecto MATEM, Taller de Escritura Creativa, Taller de Investigación, Festival de las Artes, Juegos Deportivos Estudiantiles, Robótica, Giras Educativas, Proyecto Desarrollo del Pensamiento Creativo, Proyectos de Extensión Universitaria, MOEA Sistema de Colegios Humanísticos, Convivios Deportivos, Convivios Artísticos, Intercambios Internacionales (Argentina y Francia), Feria de Ciencia y Tecnología Sistema de Colegios Humanísticos Costarricenses, Feria Internacional de Ciencia y Tecnología Mostratec (Brasil). Semana del autor costarricense. Coloquios de Guanacaste, conversatorios y conferencias de diversas temáticas con invitados especiales.

         El Colegio Humanístico de Nicoya se funda en el 2017 con 30 estudiantes, quienes provenían  de  Nandayure, Mansión, Hojancha, Nambí, Corralillo, Nicoya Centro, Santa Cruz y Jicaral.

         El Sistema Educativo de Colegios Humanísticos graduó 121 bachilleres durante el curso lectivo del 2018. El Colegio Humanístico de Nicoya, por su parte,  realizó su primera graduación, el 12-12-2018.  El ciento por ciento de sus jóvenes recibió su título de Bachillerato.  Para el curso del 2019, fueron escogidos 34 estudiantes, luego de diversos procesos de selección, tanto en sus fortalezas cognitivas como psicológicas y sociales.

         El Director Ejecutivo del Colegio Humanístico de Nicoya de la Universidad Nacional es el M.Sc. Luis Carlos Zúñiga Jiménez, quien posee un vasto currículo: Máster en Administración Educativa, Máster en Gerencia de Proyectos de Desarrollo, Licenciado en Enseñanza de las Matemáticas, Bachiller en Enseñanza de las Matemáticas. Él coordina el trabajo del personal docente y administrativo, conformado por 20 personas, con base en un pronunciado perfil humanista.

         El M.Sc. Zúñiga Jiménez ha laborado como docente y ha venido enriqueciendo su currículo administrativo en diversos cargos, entre ellos, como Director del Liceo del Carmen de Nandayure y, actualmente, Director Ejecutivo del Colegio Humanístico Costarricense, Campus Nicoya. Para el Director Ejecutivo del CHC, Campus Nicoya: “el papel del director de un CHC se enfoca en el acompañamiento, desarrollo administrativo y establecimiento de estrategias”.

         De acuerdo con la línea de pensamiento del M.Sc. Luis Carlos Zúñiga Jiménez: “Creemos  en la excelencia académica para un desenvolvimiento en el mundo actual, sin dejar de lado el enfoque humanista, que busca y promueve el estímulo de la capacidad crítico-analítica, creativa y racional del ser humano en relación con su realidad”.
         En esa línea, don Luis Carlos aduce que: “El perfil de los estudiantes de esta nueva institución, les permitirá que se conviertan en agentes de cambio social, asumiendo liderazgos y comprometiéndose con el ejercicio de la ciudadanía y el fortalecimiento de la conciencia política”.
         Durante el 2018, tanto Ligia Zúñiga, Presidenta del Museo de Guanacaste, como Miguel Fajardo, Vicepresidente del Centro Literario de Guanacaste, tuvimos la oportunidad de coordinar actividades culturales y literarias con el Colegio Humanístico de Nicoya.  En ese sentido, siempre contamos con grata apertura y gentil disponibilidad de su Director Ejecutivo, M. Sc. Luis Carlos Zúñiga Jiménez.
         El Colegio Humanístico de Nicoya celebró la Semana del Libro y el autor (23 al 27 de abril del 2018), con la presencia de autores, nacionales e internacionales: Quince Duncan, Daniel Matul, Miguel Fajardo y José León Sánchez, quien impartió, ahí, su primera conferencia magistral, en calidad de Premio Magón de Costa Rica.
         En dicha semana, presenté mi libro de poesía “Comienza la palabra” (2018) y di una charla sobre “La poesía y los Derechos Humanos”, ante un numeroso auditorio y la presencia y participación  de una selecta representación de estudiantes de Argentina.
         Asimismo, el 8 de noviembre, el CHC, Campus Nicoya, se sumó al XVII Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, y fue sede de la conferencia “La Literatura y los Derechos Humanos”, impartida por el  Dr. Luis Thenon, Catedrático de la Universidad Laval de Québec, Canadá, en un acto de honda emotividad humanística.
         Como guanacasteco y educador, me regocijo de la creación del Colegio Humanístico del Campus Nicoya de la Universidad Nacional, sabedor de que con su primera promoción de bachilleres, ensancha las oportunidades para tan selectos estudiantes humanistas, condición necesaria para mirar el mundo de otra manera, con sentido de equidad y justicia, y con la proyección justa.  La educación es el arma de mejoramiento integral del ser humano.
         Sé que las autoridades de la Sede Chorotega de la UNA: Dr. Víctor Julio Baltodano Zúñiga, M.Sc. Dorian Chavarría López, Dra. Aurora Hernández Ulate y M.Sc. Wagner Castro Castillo, brindan un amplio respaldo al trabajo del Colegio Humanístico del Campus Nicoya, pues fortalece las aspiraciones de un mejoramiento integral para Guanacaste.

Primera promoción de bachilleres (12-12-2018), Colegio Humanístico de Nicoya.


domingo, 23 de diciembre de 2018

CUERVO IMPOSIBLE







CUERVO IMPOSIBLE





      Cuando un poeta utiliza leyes, costumbres y tradiciones milenarias para poner título a sus libros como: “Ars Morendi” (el arte del bien morir), uno se extraña que el título siguiente sea “Cuervo imposible”. Huguín y Munin, cuervos asociados con el dios Odín de la mitología nórdica (dios de la sabiduría, guerra y muerte; dios de la magia, poesía, victoria y caza) Este poeta le roba los cuervos al mencionado dios de la mitología para darnos un novedoso y escalofriante título de su último libro, donde transfigura con su gran capacidad, el lenguaje de sus antecesores y contemporáneos; imágenes y metáforas que el poeta transformó  en su estilo de vida y escritura.
      La escritura de André Cruchaga, para mí, y muchos otros poetas es una de las más representativas poéticas centroamericanas en la actualidad. Tiene la genialidad de los consagrados, de expresión combativa y múltiples añoranzas. El acto de creación: el deseo de inventar la aproximación más delicada a la materia erótica (unas veces), pues en ella está la génesis de todas las cosas. En otros textos, el escenario es diferente: transgrede los absolutos y desazones de la vida cotidiana. Su poesía no tiene  diferencias respecto de los grandes del Surrrealismo como, René Char u otros exponentes de dicho ismo, (No en su acorde, sí en contenido). Sus poemas poseen múltiples aristas para su interpretación, (propias de su estilo) que nos llevan el aliento con el suyo a un asentimiento de su conjunto expresivo y vital…La fatalidad siempre está ahí, y, a menudo, lo lleva a estados de implenitud.
      Muchos son los comentaristas que se encaprichan en el decir de los poetas latinoamericanos que se arrastran tras las letras europeas. Lamentablemente en algunos aspectos es así; larga es la lista de poetas de este nuevo continente, que fueron y son geniales precursores de movimientos poéticos; algunos poetas de este nuevo mundo como Vicente García Huidobro padre del Creacionismo (teoría estética general). Fue el primer movimiento de vanguardia nacido en Latinoamérica (antropológico y humanista) que arrastró y dictó pautas a los poetas extranjeros de muchas campanillas.
      Basta leer un poema Cruchaguiano para aquilatarlo de gran voz innovadora, de un misterio de otredad ante la extraña presencia de sentimientos profundos, que estremecen al lector.  Este poeta podríamos decir que tiene semejanza con el poeta chileno Huidobro que movió, ya lo dije, los cimientos de la poesía europea. También podemos advertir las influencias que el poeta ha tenido en especial de la poesía surrealista francesa, pero su entraña poética ha sido potenciada por lo latinoamericano.  Es una de las voces más prolíficas de la poesía salvadoreña.
      André Cruchaga presenta en este libro que nos ocupa un lenguaje más apacible, repleto de añoranzas donde destaca el recuerdo de: “vos y yo” recurso que florece como las rosas en mi jardín donde se enquista el alma dolorida del poeta. “Vos y Yo” van juntos pero respiran diferentes aires  de desesperanzas, ausencias, lejanías; en ese “Vos y  Yo”,  participan los imborrables recuerdos de dulzuras y llamas; el poeta es “Un hombre en llamas” por ello su lectura–escritura va  saturada de emoción y rebeldía. Su poesía es huérfana y dolorosa, de aflicciones que a la postre le resultan en fertilizantes para su trabajo de hondura y de envidiable fecundidad. En la escritura de André Cruchaga, por lo demás, reaparece —insisto— la carga significativa de los elementos asociados a la angustia desde el yo experiencial, a veces por la incertidumbre y el descreimiento.
      Él es un creador incansable, se vuelve mago insustituible destejiendo atmósferas por entre la trama del cosmos, va a la vanguardia de muchos poetas. Es, sin duda, de personalidad introvertida. La obra poética de Cruchaga es sustancial y coherente, difícil a veces de comprender por el fondo y trasfondo de su ser: deviene de sus propias conmociones.
      “La obra Cruchaguiana”,  nació y se hizo con él y se me antoja hablar de los poemas contenidos  en este maravilloso libro que podría ser un “cuervo Blanco” (si hubiese uno)… donde  no sólo ronden los rumbos vitales del hombre, sino la creación artística del decir que camina hacia lo oculto e inesperado en un ritmo de trabajo intelectual activo, ávido lector de clásicos y folletines, de  movimientos poéticos, revistas, periódicos, etc., a través del tiempo; por ello, sus poemas acusan épocas de crisis, o estancamiento, de soledad y evocación, de improviso el poeta se siente huérfano  de humanidad y lo inunda la melancolía.  Como en su juventud, lleva la llama del camino de ese cuerpo suyo que nació con la vitalidad de la hierba y se abre al mundo de los poetas. Entran por sus sagaces pupilas, escritores, poetas, filósofos, filólogos, filántropos, entre tantos sabios…
      El desasosiego erótico toca su corazón de tiempos pasados y en el presente conserva ese impulso, quemándose cada vez en el fuego que lo calcina, “el desnudo de una mujer, dice, es la más estimulante, bella, incomparable escultura de toda la humanidad”… pero ojo, André Cruchaga, es  poeta de compromiso por la palabra y testimonio de sus múltiples y a menudo caóticas vivencias, su imaginación desbordante y espíritu le agitan las neuronas hasta estallar y transgredir al límite la palabra; esa pasión por la vida que lo quema, lo lleva una y otra vez fuera de la tierra y lo hace revivir como el ave Fénix. “Toda cosa no es sino el límite de la flama a la cual debe su existencia”. Esa llama objetiva, ese fuego, factor único de inspiración, trabajo y creatividad.
      Emocionantes recitaciones de sus poemas le llegan de diferentes partes del mundo con voces contemporáneas y de antaño que le quitan la respiración, e inesperadamente, con ellas deviene el sueño y ensueño, con el reiterado dejo de la pasión que le quita el peso de la orfandad. De nuevo la luna y su brillo, otra vez la desnudez y el milagro de Dios en su belleza, el poeta desde su memoria, cabalga muchos itinerarios, se baña en las tempestades, se olvida de todo, se rapa, expande el suspiro y escribe, sin cansancio, como escriben los poetas… ¡A Dios Gracias!...
      Buena parte de los poemas de André Cruchaga son de una belleza apesadumbrada, se desenvuelve entre prosa-verso. Él lleva la exaltación de sus noches de ensueño y sobresalto. Maestro de universidad y profesor rural en los inicios del ejercicio de la docencia. Su obra arrostra esa opaca luz de la patria que se desangra en medio de tanta violencia, dramática oscuridad por sus calles vencidas. Su corazón va herido, él cruza con zapatos de clavos y los malolientes pantanos de la desesperanza: la tierra desolada de su infancia y de toda una vida. Se puede escuchar a menudo al yermo labrador acuciado por la hambruna. Entra a la caverna y sale ileso, febril, insaciable, luminoso, porque sus extravíos son misterio.
      La cosmogonía de André Cruchaga gravita en un escenario de pesimismo existencial, extremadamente agobiante. Su poesía, parte en verso; otra en prosa, nos acerca a lo cíclico, es decir, que a través del texto poético-narrativo, (polifonía, espiral, voces, ecos, diálogo, monólogo), nos conduce a escenarios insólitos de su origen, al tiempo. Lo erótico-amoroso es sólo un recurso para darle rienda suelta a sus pulsiones y a los entramados del discurso poético.
      André Cruchaga, pues, trasciende la palabra con sus desasosiegos. Su orfandad se asemeja con el grito de la humanidad: su poesía es toda una experiencia de vida trágica, predestinada, sí, a trascender en medio de las miserias del mundo. Pero, contra todo fatalismo está la Esperanza y el fogón de su escritura.



Elena Muñoz de Latorre
Escritora chilena.
Licenciada en Filosofía, Historia Literatura.
Universidad de Concepción, Chile

domingo, 18 de noviembre de 2018

EL CAMINO EN LOS PIES DE ALEX PAUSIDES


Alex Pausides (Cuba) y Miguel Fajardo (Costa Rica)
(Tortuguero, Costa Rica, FIPCR 2018)







EL CAMINO EN LOS PIES DE ALEX PAUSIDES

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com        


         (COSTA RICA).- En el vasto universo de la literatura cubana, destaca un nombre y un  apellido con gran categoría poética y humana: Alex Pausides (Pilón de Manzanillo, Cuba, 1950). 
         Alex Pausides dirigió la prestigiosa revista El Caimán Barbudo. Vicepresidente de la Asociación Hermanos Saiz de Escritores y Artistas Jóvenes. Funge como Presidente de la Asociación de Escritores y del Festival Internacional de Poesía de La Habana. Dirige la Colección Sur Editores.
         Obtuvo el Premio de la Crítica (Cuba, 2006), la Distinción Vladimir Maiakovski (Rusia, 2008); el Samuel Feijoo de la Sociedad Económica de Amigos  del País (2009), y la Medalla de la Fundación Mihai Eminescue (Rumanía, 2017). 
         Su obra se encuentra traducida al inglés, francés, italiano, ruso, alemán, sueco, chino, rumano, checo, farsi, vietnamita y portugués. Ha asistido a numerosos festivales de poesía en el mundo, entre ellos, dos veces al Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (2010 y 2018), donde ha compartido su palabra, su experiencia cultural, editora y la  representación de su país.
         Su obra comprende 16 libros entre (1978-2018), a saber: Ah mundo amor mío, 1978; Aquí campeo a lo idílico, 1978; Malo de magia, 1990; Palabras a lo innombrable, 1992; Cuaderno del artista adolescente, 1993; La casa del hombre, 1995; Habitante del viento (1995, 1997, 2010, 2014, 2018); Elogio de la utopía (1997 y 2008); Llaman desde algún sitio feliz, 1998; Pequeña gloria, 2000; Canción de Orfeo, 2004; Ensenada de Mora, 2005; La extensión de la inocencia, 2007; Caligrafías, 2009; Arte oriental, 2015 y Arte arcaico, 2018. Dos de sus libros Habitante del viento (2010) y Arte arcaico (2018) se han publicado en Costa Rica, y se han distribuido por todo el territorio costarricense, auspiciados por el FIPCR de Casa Poesía, que acaba de celebrar su Festival número 17, dirigido por Norberto Salinas Ollé.
         La extensa y brillante trayectoria poética de Alex Pausides, lo catapultan como una referencia entre las voces más visibles de la poesía cubana.  Señala Pausides: “La poesía puede convocar a un levantamiento del espíritu contra la codicia”.
         El universo lírico de Alex Pausides es pleno de imágenes  encendidas “Ahora la madrugada parece un tren que atraviesa el poema por la espalda”; “El poema es tan largo / se me instala con fusiles en la sorpresa de la mano / y huele a tanta vida / que no quisiera abandonarlo”.
         La inclusión de objetos cotidianos cumple una función que vehiculiza formas de atravesar con mensajes asertivos, a favor del mejoramiento de la condición humana “Si cruzas y pones candelabros de rabia en cada piedra / y una piedra en cada mano al paria / y matas el llanto de un balazo en la pestaña (…) te convencerás de que no / que vivir no es solo la espera que protagonizas”.
         En su acento poético canta al eros “El amor alguna noche se durmió en tus brazos / y detuvo azules los tranvías del sueño”. Ese tema eterno  es irreductible, sigue vigente, cada vez que el ser humano tenga la capacidad de amar, es decir, de transformar, tanto su universo íntimo como el de otros, en una conjugación cromática “En un sitio de ti asomada al mar / bajo un cielo azul lleno de jardines (…) / nos encontraremos”, o bien, “Al horizonte estén tendidas las manos y los ojos.  / Haremos juntos el fuego y la sombra”.
          El planteamiento dicotómico luz-sombra opera como un contrapunteo revelador de la vida amatoria desde los elementos de la corporalidad humana “Amor /  tendrás que cerrar / ´para abrir / las manos”. El sentimiento amoroso se plantea, además, como una reunión confraternitaria, en defensa de los demás “Aquí están todos los hombres soñando un mismo idioma / Y que cantemos todos una canción a tu salud / al tiempo limpio que ha llegado / como una numerosa declaración de amor sobre la tierra.
         Su amor por la humanidad revela la sana aspiración del bardo cubano por los otros “Aquí estamos empujando el día inmenso del amor / Custodiando la risa el pan la escuela limpia el poema los ojos / de los muchachos que van cantando dichosos por las calles / con la sierra húmeda al fondo y una paloma en la distancia”.  El corpus de elementos de mejoramiento humano reivindica lo que el yo lírico expresa en “La poesía y el amor están tomando al hombre por asalto / y verlo es formidable”.  La complicidad es inequívoca, honesta, solidaria.
         Su voz poética no le rinde culto a la acinesia, sino que vibra de humanismo cuando piensa en los otros “si esta noche un hombre sufre solo / es que no ha abierto las ventanas (…) Por obra y gracia de la fraternidad / el amor es más que una esperanza / de los hombres / y que estas palabras sean mucho más que un poema / temblando en la voz de otros hombres / otra lluvia otra noche”. Su marcada acentuación a favor de la solidaridad humana es una esperanza, desde la poesía, por mejores derroteros, en aras de construir un espacio más justo para bien de las mayorías.
         Y lo dice con certitud “A mí no me han desgarrado la sonrisa”.  “Llevo mi isla como una flor que lluvia / Llevo mi tiempo como un gran compromiso en el pómulo”.  El hablante destaca que “A mí nunca me abofetearon en medio del poema / Me dejaron crecer”. Es decir, el poeta  está claro de su oficio espiritual, de su libertad como creador, de su ejercicio consciente, en lucha constante, a favor de la justicia favorecedora para el ser humano de cualquier latitud, pues “Por obra y gracia de la fraternidad el amor es más que una esperanza de los hombres”.
         Clama contra la soledad del ser humano, porque cuando existe la solidaridad entre los seres, el mundo tiene que ser más llevadero, menos enquistado: más comprometido con su mejoramiento desde el fuego de la poesía y la rehumanización de todos los mares de la  isla maceísta y martiana.
         El acento sociopolítico de Alex Pausides es un compromiso telúrico “Para velar el sueño de ese borracho que he encontrado ahí /donde Maceo y Martí se dan la mano”. Antonio Maceo fundó La Mansión de Nicoya, en Costa Rica, entre (1891-1985), cuando trajo a Costa Rica a 56 familias, a los mambises y se dedicó a crear una colonia agrícola.  La figura maceísta es muy querida en Guanacaste.  Se  ha empezado a darle un reconocimiento desde la cátedra.  El Apóstol José Martí es una figura señera del pensamiento, la acción y la independencia del pueblo cubano de siempre.
         En cotidianas “Un día el sol se te abre como un fruto / y te das en el pecho con el viento (…) y no caben en el litoral tus ganas de vivir”. Señala Alberto Peraza que el libro “Arte arcaico” de Alex Pausides “es un libro sincero y no olviden que con la sinceridad se pueden romper todos los límites”.
         El poema “Discurso de Ulises” es  de gran categoría. Su intertextualidad es una referencia para reelaborar  una actitud de vida “No estamos en la tierra de nadie (…) Y nadie teme al susurro que se cierne (…) Pero Ítaca es más que una visión del mediodía / Ítaca es algo más que un riesgo en el horizonte”. En lo no dicho opera la significación del poema, pues solo evoca, sugiere, y deja que el lector complete su relectura.
         El universo lírico de Pausides, el mar adquiere  protagonismo “Mar, mar, no devuelvas la perla al pobre mortal / Abandónalo a su errancia (…) El viaje al sur es el verano torrencial”. Excelente esa ruptura del verano torrencial. De las sequías también se reaprende, ante la duda, el viaje, el sueño, la vida misma entre tantos mares del planeta.  El elemento líquido sugiere otros planteamientos, como secretos oculta el mar de siempre, en los límites infinitos e inapresables de su grandeza, pues “La distancia promete islas ancladas en la palma de la mano”.
         Cuando la poesía pausidiana entra en un estadio reflexivo, su orbe se vuelve una red extensa “No poseo más capital que mi silencio”.  ¿Cúanto de lo no dicho con ese silencio es la poesía de la ausencia? En esa línea, profundiza “Mis párpados no podrán vivir tanto tiempo sin luz”.
         En la espada de Damocles afirma la pequeñez humana frente a la grandeza del universo “Ninguna criatura tan frágil como el hombre / El menor cataclismo lo derrumba”. La construcción de los miedos y los cielos es un reaprendizaje cotidiano, por eso, el poeta sostiene “Vivo bajo el filo de la espada”. Es una especie de situación límite angustiosa, pero cierta, en algún ser humano, cada minuto de los días de la tierra, como deícticos ciertos, en los cronotopos de entrada y salida.
         En su registro intertextual alude a Orfeo, Iscariote, Damocles, Ulises, Dazibao, Galápagos. Cada uno adquiere en su registro poético una asimilación personalísima, porque “El hombre trae el camino en los pies”.
         El poema “Balada del triste” es de alto mérito literario. Sus construcciones son una proyección de presagios, raíces, existencia, herida, espera, caminos, baladas. “Huérfano de mí / en qué tierras iré a echar mis raíces” (…) A qué senos iré a darle mi sed (…) Cuándo acabará la espera y desembocar en la mañana / con un derroche de pájaros en el hombro”.
         En “Manifiesto” el hablante se interioriza, se aleja de los rincones, otea el acontecer cotidiano de la humanidad y asevera “Los vientos comen en mí y yo como en los vientos”.  Es decir, la fugacidad lo asedia, pero aprende a vivir para poderle servir a los demás “Una bandeja diminuta y tierna ofrezco entre los hombres”.
         Seguidamente, establece una posición telúrica frente a la vida “Y me alegra vivir ralo y bullicioso / No seré el profeta de mañana /Ya vendrán otros a hilvanar el canto de sus horas en la tierra /Yo solo dispongo de mi breve pestañear bajo los astros mudos”. Es clara la percepción de infinitud humana, pero ante ese hecho inevitable, el hablante precisa que su Tránsito  de fuego terrestre, -como diría Eunice Odio, la poetisa costarricense, de raíces cubanas, cuyo centenario de natalicio se celebra durante el 2019-, ha de ser la solidaridad con los demás y con sus pueblos.
         El poema “La casa del hombre” propone un recuento de enumeraciones disímiles entre sí, pero que convergen en el poema, a cocimiento lento, para iluminarlo todo desde la mesa común y solidaria de los alimentos cotidianos.  “El hombre llena la casa de rostros / barcos, nubes, magias y países. / La ternura que falta en la cocina /puede el hombre encontrarla en las legumbres /siempre que en sus manos sea limpia el agua / y pueda echar abajo las devastaciones mínimas del polvo, / y arduas las maneras del fuego abran la ceremonia humilde, / la cena pobre del padre pródigo y su hija, enlazados / la risa, el sentir, el paladar. / Comunión más honda que el silencio”.
         “Bitácora” inicia con un verso rotundo “Todo comienza el día que el mundo acaba” (…) Uno debe estar listo para enfrentar /ese viento del sur que trae la ausencia. Su conjugación hace ver un listado de elementos al borde de los finales: emigrar, crepúsculo, ausencia,  desastre, cataclismo, tempestad, delirio, quemar las naves, faltar el aire, recoger las ruinas, en síntesis: no mirar hacia atrás…
         Los dos libros de edición costarricense de Alex Pausides: Habitante del viento (2010) y Arte Arcaico (2018) están dedicados a Asael. Ese afecto lírico es relevante en su condición humana “Esta niña habitante de mis multitudes y mis soledades / A ella salva el viento / A ella unte el mar la magia de su espuma (…) Esa niña cuya a cuya brisa mojada se abre mi rostro encarado a la plenitud /contra el dolor contra todo lo que no sea gozo y su risa”. 
         El poeta levanta su voz contra la eventual autodestrucción del mundo, producto de una guerra nuclear. Son preguntas retóricas o reflexivas “No podrá ser / No adivino mi casa destruida, mi hija hecha memoria de nadie / No concibo morir pulverizado por el viento nuclear / Yo no puedo creer que el hombre matará la fiesta final de la belleza”. 
         Ese verso de cierre es una exigencia ética para quienes tienen esa absoluta responsabilidad en sus manos. Esa belleza final es la vida, es la poesía, es el mundo: vos, yo, todos. Alcemos nuestras voces, entonces, no nos quedemos impasibles ante los signos tanáticos. El poeta  exhibe la palabra como indumentaria y lanza su desafío “Ante mí está toda la mañana / inmensa”. Es decir, la esperanza y la lucha son júbilos para agrandar el canto.
         Enrique Saínz endiña que la poesía de Pausides “viene a enriquecernos con la fuerza de su más fiel y entrañable testimonio, el de un hombre que busca la plenitud y termina hallándola en sí, en la fabulación de un tiempo sin tiempo, en el misterio de lo que no sabemos ni queremos saber”.
         El poeta cubano Alex Pausides visitó Costa Rica con motivo del XVII Festival Internacional de Poesía de este país centroamericano, donde su presencia fue sobresaliente. Presentó su segundo libro en Costa Rica, dio recitales, compartió mesas de trabajo y conversaciones, donde puso en evidencia su alta calidad poética, que trasciende las fronteras de su patria en el Caribe nuestro.
         Durante su estancia coordinó proyectos por desarrollar en el 2019, entre ellos, la edición de una antología de Eunice Odio en Cuba, preparada por el poeta costarricense Rodolfo Dada, con motivo del centenario del natalicio de Eunice, quien tiene raíces cubanas.
         Asimismo, la presentación de nuestro libro crítico “El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio (1919-2019)”, en el Festival Internacional de Poesía de La Habana.  En síntesis, la voz y la bandera poética de Alex Pausides signan un estandarte encaminado hacia el mejoramiento integral y solidario de los pueblos de nuestra América, en el corazón abierto, siempre.

viernes, 16 de noviembre de 2018

CAMINOS HABLANTES DESDE LA PENÍNSULA AZUL

Dorelia Barahona y su Zona Azul (novela)





CAMINOS HABLANTES
DESDE LA PENÍNSULA AZUL


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural



            (Guanacaste-Moravia).- La escritora y académica Dorelia Barahona Riera (1959) ejerce la cátedra de Filosofía en la Universidad Nacional de Costa Rica. Ha publicado 15 libros en cinco géneros literarios, entre 1971 y el 2018. En novela: De qué manera te olvido (1990, 2004 y 2007); Retrato de mujer en terraza (1995 y 2003).  Los deseos del mundo (2006 y 2016). La ruta de las esferas (2007), Milagros sueltos (2008) obra colectiva;  Ver Barcelona (2012); Zona Azul (2018). En cuento: Noche de bodas (1991); La señorita Florencia (2003); Hotel Alegría (2011). En teatro: Doña América (2009); Y.O. Yolanda Oreamuno (2010). En poesía: Poesías, 1971; La edad del deseo (1996). En ensayo: Maestro de obras (2013).      Su novela se presenta el  7 de diciembre en el Museo de Guanacaste.
         Dorelia Barahona  ha obtenido los premios: Juan Rulfo, México, 1989; Revista Nacional de Cultura, 1992; Universidad de Costa Rica, 1996; Aportes, 2006, e Iberescena, 2010.  Sus obras se han publicado en Costa Rica, España, México y Guatemala.
El demógrafo belga Michel Poulain (2004), es  quien introduce el concepto zonas azules, para referirse a aquellas regiones donde la población, no solo vive más, sino que cuenta con mejor calidad de vida. En esa línea, la península de Nicoya, Guanacaste, Costa Rica, se reconoce por la comunidad científica como la quinta y más extensa zona azul del mundo. La única en Iberoamérica y la segunda del continente americano (OISS: 2016, p.10).
El científico Dan Buettner (2017), especifica las cuatro zonas azules planetarias: Cerdeña, en Italia; Okinawa, en Japón; Loma Linda, en California; e Ikaria, en Grecia. La provincia de Guanacaste cuenta con una superficie de 10 141,78 kms2, y registra una población de 382 821 habitantes.
Buettner (2017), caracteriza que una dieta ligera, una actitud positiva frente a la vida, una red de apoyo familiar y de amistad -la familia primero-, una práctica espiritual -relación cercana con Dios- continua,  la veneración social de los ancianos, tener una razón por la cual levantarse cada mañana -tener un propósito en la vida-, el movimiento humano natural,  el manejo del estrés y dedicar tiempo al descanso, son indicadores  comunes para conocer algunos de los secretos de la longevidad.
Guanacaste fue la sede del Primer Encuentro Mundial de Zonas Azules (noviembre, 2017). Desde esa dimensión, la novela “Zona Azul” (Heredia: Editorial Letra Maya: 235 pp.), de Dorelia Barahona, estuvo al cuidado de la Editora Emilia Fallas Solera. La novela está conformada por ocho capítulos, y signa una gran aportación, para uno de los filones temáticos que registra el Guanacaste eterno, donde jamás queremos un Guanacaste ajeno.
Agradezco a mi colega y amigo, Roberto Rodríguez Gómez, la grata oportunidad de ponerme en contacto con esta obra. Mi propósito al leer y comentar la novela de Dorelia Barahona, no es realizar un sumario de recursos,  técnicas y elucubraciones literarias, sino una focalización de su propio discurso, con base en corpus seleccionados, que permitan ilustrar el contexto del Guanacaste eterno, su temática,  ideas compartidas, aproximaciones y proyecciones discursivas que genera la novela, la primera obra literaria sobre este eje temático. Desde esa perspectiva, Dorelia Barahona se suma, con gran ventaja, a los escritores costarricenses que incorporan a Guanacaste, desde afuera, dentro de su gran espacio creativo.
         Cuando hablamos del significado de longevidad, nos referimos a la capacidad de durar mucho tiempo. El término proviene del latín "longaevus" compuesto de "longus" y "aevum", es decir, largo y edad. En ese sentido, quienes viven más que el promedio de los demás, sea en las especies humana, animal o vegetal.
         Dije, recientemente, que la trilogía más importante de escritoras regionales configura una zona azul en las letras del Guanacaste eterno, pues María Leal alcanzó los 97 años; Lía Bonilla, los 95 años y Ofelia Gamboa, los 94 años. Un interesante deslinde: mujeres, maestras, escritoras longevas, sin embargo, ninguna nació en la península, en una especie de zona azul extendida a otros lares del Guanacaste abierto como las raíces del viento.
         La novela “Zona Azul” se localiza en la península de Nicoya.  La narradora expresa:La península tiene forma de brazo extendido al mar y a pesar de la abundancia, de los accesos al lugar, la pobreza insiste en permanecer junto a la riqueza. Un estado de polarizada ocupación humana” (p. 18). Adán Guevara en su revelador poema “Romance del canto macho” (|1953) expresó: “Guanacaste es la península / que parece una potranca / con el hocico atarcado / sudando espuma salada”.
   Uno de los secretos de los longevos de la península de Nicoya es su capacidad de asombrarse por la cotidianeidad. La novela registra que “Los guanacastecos somos así. Medio loquitos por la música. Las cuerdas de la guitarra son las cuerdas de las guitarras de todos. Las teclas de las marimbas son mis teclas, como lo fueron de mis abuelos. Como los  retumbos   de   los  tambores  son  mis  retumbos  de la tierra en esta tierra de mi cuerpo” (p. 77). Hay una clara conciencia en reconocer el aporte de quienes les antecedieron.
El ser humano siempre ha vivido desvelado por encontrar las fuentes de la eterna juventud, por eso, la Zona Azul, enraizada en la península de Nicoya, es un espacio privilegiado del Creador. Es posible que dicha comunidad sienta, ahora,  algún desacomodo en su hábitat, desde el momento en que son estudiados como una excepción mundial, debido a su longevidad. La narradora filosofa y hace ver “Así querer ser longevos en un mundo de recursos limitados donde ya no cabían, era casi, ¿por qué no pensarlo? Un acto de soberbia o de selección económica y no natural” (p. 33).
Tuve la feliz ocasión de visitar y conocer a una maravillosa mujer azul, María Francisca Isolina Castillo Carrillo (La Mansión de Nicoya: 3-11-1906; 20-12-2016), quien alcanzó 110 años de vida. Ella desayunaba un tamal de cerdo, dos naranjas, atol, yogurt, sopita de huevo. Nunca ingirió licor. Tampoco se casó. Manifestó temor a montarse en un avión.  
Ese día, “Panchita Cubas”,  pidió que le pusieran un vestido con flores rojas y blancas, collares y pulseras. Hacía gala de una memoria con recuerdos increíbles. A pesar de su ceguera, tomó mi rostro, e hizo una descripción de mis facciones.  Nos despidió con una oración. Conocer a Panchita Cubas fue una experiencia invaluable. Desde entonces, la zona azul no fue teoría, sino una vivencia con una mujer, cuya longevidad asombraba: 110 años.  
Asimismo, la narradora plantea que para los habitantes longevos de la península “No se trataba de no vivir para no tener experiencias, recuerdos, o huellas en el cuerpo. Se trataba de vivir al día, como Emilia, sin pendientes, sin deudas, sintiéndose dueña de su pedacito de intimidad. De su hoja de vida” (p. 203).
         En esa línea, la locución Carpe diem, del poeta latino Horacio (65 a.C. a 8  a.C.), significa “toma el día”; “aprovecha el momento”, en el sentido de no desperdiciar el tiempo. El espíritu horaciano es "Aprovecha el día, no confíes en el mañana”.
         La selecta lista de centenarios peninsulares trata de vivir el día.  Hoy, por lo contrario, vivimos, pero pendientes del déficit, los impuestos, las tarjetas de crédito, la Sala IV, los celulares, los mensajes, las redes, el correo electrónico, la competencia, entre otros elementos,  que nos hacen vivir la vida, pero  como semáforo libre con altas velocidades. Ahora, medimos el tiempo, pero no lo vivimos.  De hecho, las expresiones “Ahora no tengo tiempo”, “Más tarde”, “Un día de estos”, “Por ahí llego”, evidencian esa dimensión de vivir absorbidos por el cronómetro, sobre todo, porque “La vida es ahora” (p. 182).
La filosofía discursiva de esta novela incluye preocupaciones sobre diversos ejes temáticos, tales como el tiempo, la sociedad, los  propósitos vitales, la función del arte como una de las condiciones de mejoramiento para la condición humana, los contextos históricos, así como las experiencia o el conocimiento de los elementos esenciales del factor humanidad.
En esa línea, describe a Nanda “Alta como su padre, portador seguramente, de la herencia de alguna de las cincuenta y seis familias cubanas llegadas a la península de Nicoya junto con el general Maceo, gran luchador y amigo de José Martí” (p. 41). La novela deslinda otro tema por recuperar para el Guanacaste eterno, la presencia estelar del cubano Antonio Maceo, entre 1891-1895, fundador de La Mansión de Nicoya, digo, de Maceo.
Nanda Castillo, originaria de Hojancha, ahora la Dra. Nanda Murray, es una investigadora, quien afirma que “Todo el sistema detecta y recodifica la energía transformándola en estados de ánimo. Mi cuerpo es mi nave. Una especie de Sonda Sopater I” (p. 29). En la temática de la corporalidad, es valiosísimo el concepto de cuerpo-casa como nave, como templo, huesos o huellas.
Sus investigaciones sobre la longevidad le plantean interrogantes medulares. Reflexiona si ¿Existiría ya algún estudio relacionando los recuerdos emocionales con la longevidad” (p. 49). “Con qué soñaría una persona de más de cien años? ¿Con qué despertaría su memoria”? (p. 64). “Empezamos a sentir la belleza con los recuerdos y hacemos entonces el mito con los pasos de todos” (p. 148). Reflexiones para repensar sobre nuestros comportamientos vitales.
Nanda Murray es una mujer decidida, para investigar de viva fuente, por esa razón “Iría hasta el pueblo de Hojancha donde vivía Emilia, la mujer más vieja de la zona, según sus registros. Ciento quince años de respuestas le esperaban en su pueblo natal” (p. 51).  Nanda se sorprende con las respuestas de la centenaria Emilia Villegas, de 115 años, cuando  aduce: “Yo digo a estas alturas que los huesos son mi casa. Y en realidad es así. Las casas, los chunches, las cosas ya no importan. Un poquito de comida, una buena cobija, música y que los huesos me traten bien es todo lo que le pido a la vida” (p. 78).   Esas recetas de vida no se venden en los negocios de la oportunidad en los aeropuertos o en las tiendas de regalos, pues suman una actitud de vida. No es un recetario fácil, de la noche a la mañana.                
Otra respuesta de doña Emilia Villegas es rotunda, en relación con que ella fue la decidió vivir más, por la siguiente razón: “El día en el músico Ribera me dejó de amar fue el día en que decidí que llegaría a vivir ciento quince años” (p. 81). “Así que cuando Ribera me dio la espalda, pues yo ya estaba preparada y me juré que viviría más que él y que todas las mujeres por las que me cambió” (pp. 85-85).
Una de las recetas que no se puede comprar en el agitado mundo comercial del siglo XXI, que nos ha correspondido vivir, es la afirmación de la mujer azul que es Emilia Villegas -“Es que aquí todos sabemos la vida de todos (…) Todos allí sabían la vida de todos. La edad, las costumbres y los haberes estaban metidos en una hoja de Excel desde su fundación” (p. 69).
Hoy, no sabemos cómo se llama nuestro vecino; casi no nos relacionamos.  Acaso, tampoco nos interesa, porque vivimos encerrados, enrejados, con portones, cámaras, temerosos, sin compartir con los demás, en una torre egocéntrica del yo soy yo, y punto. Esa receta tampoco se puede adquirir, porque es una vivencia vital “Aquí todos sabemos la vida de todos”. Hoy, esa expresión suena a siglos XIX o XX, pero muy poco, a siglo XXI.
Otro de los secretos que no se puede comprar, pero es parte del archivo de experiencias de los longevos de la península de Nicoya, es lo que afirma la narradora  costarricense  “Ninguna tenía la devoción de Emilia hacia sus propios cultos, tradiciones y valores sobre su hoja de vida.  Ella había construido una arquitectura completa con su historia,  donde  la  intimidad  era el templo mayor y los años, la narración de la prueba” (p. 85).   
  Hoy, en el mundo de las altas velocidades, de la vida en semáforo abierto, dejamos de construir nuestra intimidad, para hacerla pública a través de todos los sistemas de la mega-comunicación: la Internet, las redes sociales, los celulares, las fotografías, y todo el equipaje tecnológico que cargamos para estar al día, aunque nunca lo estaremos, porque la era de la información nos bombardea a cada instante, y eso nos angustia, contrario a la vivencia cotidiana de los longevos de la península, de vivir el día a día, sin preocupaciones arribistas.
En la península de Nicoya, en la Zona Azul costarricense,  la narradora no deja de sorprenderse, toda vez que “Ciudadanos de más de cien años. Hombres y mujeres que andan en bicicleta, cocinan, e ríen, rezan, cantan y conversan entre ellos” (…). También acota Y es que envejecer es feo. Feo hasta que logramos encontrarle el jueguito.  Se trata más bien de no dejar que la vieja esa que nos está robando la historia entre a la casa, se apodere de la cama, el baño y la cocina” (p. 118).
A la narradora le asaltan inquietudes, tales como que “Nadie ha mencionado sus emociones. No se incluyen como marcadores biológicos importantes, pero ¿y sus penas y sus logros? Ya la longevidad es un logro. Son vencedores. ¿A qué monstruos se enfrentaron en las diferentes etapas de sus vidas? ¿O es que no hubo gigantes contra los que dar la batalla? ¿Ese es el secreto de una larga vida? (p. 132). Teorías, inferencias, incógnitas y repreguntas sobre el fenómeno de la longevidad, la tradición, el recuerdo, la memoria, el olvido, la vida.
El que Emilia haya ocultado un secreto  centenario es un milagro, casi inexplicable, justamente, por el tiempo transcurrido “Emilia había guardado el meteorito por casi cien años  en  una  bolsita  de tela.  Era  un  tesoro (…) Emilia  guardó el trofeo toda la vida” (pp. 167-168). No son recetas que se adquieren por la Internet, con dólares o euros, en el mercado vertiginoso de las transacciones de la cosificación, pero no de la rehumanización.
El capítulo 8 de la novela, con el nombre de “En el regazo de la tierra”, es un sistema recolectivo, pues es donde la científica Nanda Murray, de Hojancha,  concluye y recomienda acerca de su investigación sobre el secreto de la longevidad, donde la carga genética, la cadena alimentaria y la organización familiar son factores esenciales.
El informe de la Dra. Nanda Murray concluye que los habitantes de la Zona Azul:
a.     Construyen una identidad idónea, sin perder la mimesis natural de su entorno.
b.     Respetan su intimidad, como lo hace el ecosistema, sin distorsiones ficcionales.
c.      Los sujetos no son piezas de recambio productivo: tienen unidad de sentido.
d.     Muestran gran resiliencia frente a las crisis vitales.
e.      Sus recuerdos emocionales se mantienen en el presente necesario.
         Recomienda “Elaborar un procedimiento para el manejo  del recuerdo emocional (…) que simule el perdón religioso, en tanto indulgencia” (p. 201), o una sustancia que estimule “el desapego sobreviniente a la liberación de las cargas traumáticas (…) En especial, el autoinducido por la culpa. Es una invención de la cultura y se tiene que desechar” (p. 202). “La creación de un fármaco que retome la emoción de los recuerdos (…) dado que la memoria y el sistema límbico es igual en todos los seres humanos sanos” (p. 202).
La Zona Azul contra la zona gris: “El Guanacaste lejos de los hoteles y las casas de veraneo de los extranjeros que persiguen el sueño de la eterna juventud. En el Guanacaste que ven ahora de la labranza y la ganadería, la falta de agua es notable y la pobreza de los habitantes sofoca a cualquiera. Casas a medio terminar, niños descalzos, niñas precozmente sexualizadas, venta de chatarra y fruta junto a los basureros abiertos (p. 205).
La Encuesta Nacional de Hogares 2018 arroja los siguientes datos en esa zona gris de  Guanacaste: desempleo 9,7 %; pobreza total 26 %; pobreza extrema 8,6 %. A pesar de todo eso, ya se comercializa los productos criollos de siempre, con el afán de vender la “longevidad guanacasteca”. La novela menciona que el laboratorio Aselpis Organic pronto lanzará  el primer medicamento, denominado ZBlue. Cuando se lo comenté a Dorelia Barahona, su respuesta fue la siguiente: “sí, lucran con los bienes patrimoniales”.
En la novela de Dorelia convergen otras historias: la de Nanda y su reencuentro con Alberto (Siemprejamás), 34 años después; la jubilación de Nanda; su reinvención como persona; la red de relaciones familiares de Nanda; el abuso sexual, entre otros. Zona Azul es una novela que incorpora un tema de Guanacaste a la literatura nacional e internacional.
La decisión de la Dra. Nanda Murray, al final de la novela es hermosa Así que ya no es tiempo de renunciar por nada ni nadie a nuestros sueños. ¿Entendés por qué me quedo aquí? -Esto último Nandayure lo dice despacio (…) Aquí es como si la tierra cantara. Dan ganas de quedarse” (pp. 206-207). Esta tierra amarra los pies, por eso, es el Guanacaste eterno de la Zona Azul más grande del planeta. Gracias, Dorelia Barahona, por incorporar a Guanacaste en la creación de tu universo narrativo.   

 
LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA