En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



domingo, 21 de octubre de 2018

OFELIA GAMBOA SOLÓRZANO, UNA LUZ EN LA PALABRA

Prof. Ofelia Gamboa Solórzano






OFELIA GAMBOA SOLÓRZANO,
UNA LUZ EN LA PALABRA



Lic. Miguel Fajardo Korea
         minalusa-dra56@hotmail.com



            La vida nos ha permitido encuentros humanos que permanecen en el tiempo.  El de la Prof. Ofelia Gamboa Solórzano (11-3-1924; 19-10-2018) es uno de ellos.  Seis lustros han transcurrido, desde cuando nos conocimos en el Centro Literario de Guanacaste, en 1988.  El aprecio se extiende a la familia Montoya Gamboa y a sus  descendientes: Rodrigo (+),  Milton: “Chicho”,  Lisette y, en particular,  a Eliette: una hija  ejemplar, sin horarios, en la atención desprendida, amorosa y puntual de su madre. 
Como educadora de verdad, Ofelia Gamboa merece un profundo respeto, luego de sus abnegados 40 años de entrega al ejercicio docente, con auténtica vocación de campana. Como escritora, ella signa uno de los nombres estelares de la literatura inscrita en el Guanacaste eterno.
 La trilogía integrada por las educadoras y escritoras María Leal, con 97 años; Lía Bonilla, con 95 años y  Ofelia Gamboa, con 94 años, representan las voces culturales femeninas de mayor longevidad y peso artístico en la historia cultural de Guanacaste.  Ellas conforman, sin ninguna duda, el privilegiado círculo de las “Zonas azules” en las letras guanacastecas, por su entrega, pasión y calidad artísticas.
Siempre le agradeceré su confianza, al permitirme prologar tres de sus cuatro libros: “Oro y sol”, 1990; “El expreso de la mina”, 1994 y “Columpios”, 2000. Además, publicó “Matices”, 2013. 
Tengo un criterio integral cimero sobre la calidad y trascendencia de su obra.  Las vetas temáticas que abrió hace muchísimos años, trazaron rutas para todos cuantos venimos detrás de ella. Nos ha enseñado a escribir con honestidad.  A hurgar en la historia del Guanacaste de siempre, para denunciar a quienes han cometido la deslealtad telúrica de entregar parte de nuestra provincia,  por unas monedas de más. 
Su palabra, firme y trascendente, es un paradigma que debemos emular, cuando queremos conocer las auténticas raíces del ser guanacasteco. Al releer el legado de su gran obra, esplenden títulos que recuperan la historia siempreviva del acontecer intenso, con la óptica de la glocalización.
 En su intensa obra literaria, convergen los recorridos históricos y temáticos sobre la Guanacastequidad. Textos como Orbe tierra, Orbe mina, Los mazos, Los coligalleros,  Pretéritas cosas presentes, Lamento, Abangares, Árbol oreja, El grito de Vargas Vargas, Saludo a la pampa, Hay un rubor de malinches, Pampa, Los potros, Ancestro, Gesta, La nana Mercedes o Matices, dejan leer una voz sobria, rutilante, estremecedora, para acercarnos a la patria regional, la que no debemos permitir que se convierta en un Guanacaste ajeno.
La profesora y narradora abangareña, Ofelia Gamboa Solórzano, es una de las autoras sobre las que más veces he escrito en diversos medios durante tres décadas.  No quiero repetir las apreciaciones jubilosas que me merece su obra callada, pero honesta, sin poses ni arribismos.  Su nombre es uno de los que, sin ninguna duda,  seguiré pronunciando, en voz alta, con profundo respeto y admiración holística. 
Todos hemos aprendido de ella: de sus enfoques, de su clarividencia para potenciar el tema guanacasteco, sin cálculo, sin doble discurso, porque ella ha sido coherente en su vida intensa: como mujer, madre, maestra, escritora, dirigente comunal y amiga, desde su gran corazón y  espíritu humanista, que remira el acontecer de la pampa, abierta y bravía, que hoy se ha quedado solísima, una vez más. 
En mi poema “Ofelia Gamboa, educadora minera”, procuré plasmar mi perspectiva de 30 años sobre su personalidad, con vínculos mutuos, en nuestros senderos de caminante por las rutas de vida del Guanacaste que amamos.
El mejor homenaje a una mujer creadora integral será preservar su legado, extenderlo y abrir puentes espirituales, desde su bendita tierra abangareña, hasta los confines de la pampa, que conquistó en sus recorridos azules, con mirada crítica y reivindicadora, como testigo, porque como dijera en su intenso poema “Árbol Oreja”:


“La vasta Guanacaste (está) mirándonos de frente”.   
Lic. Miguel Fajardo Korea 

miércoles, 10 de octubre de 2018

LUIS THENON EN LA “MEMORIA DE LOS MARES”

Poeta argentino LUIS THENON






LUIS THENON
EN LA “MEMORIA DE LOS MARES”



Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica






            La Asociación Casa Poesía organiza el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica (FIPCR) desde el 2001. Desde hace 17 años publica un libro a cada uno de los 235 poetas que han venido.  El Festival se desarrollará entre el 4 y 12 de noviembre del 2018.

         Este Festival hermana al país con la cultura y con pueblos del mundo, y descentraliza la difusión de la poesía, con la coordinación de las sedes regionales: Belén, Bribrí, Cartago, Desamparados, Guácimo, Hatillo, Heredia, Turrialba, San Ramón, Monteverde, San Isidro de Heredia, Talamanca, Tortuguero, Shiroles, Siquirres, Pérez Zeledón, Pococí.

         GUANACASTE  dice presente, otra vez. Este año estará entre nosotros, el Dr. Luis Thenon, distinguido poeta, escritor y académico argentino, quien radica en Canadá, donde trabaja como catedrático de Literatura en la Universidad Laval.

         El Dr. Luis Thenon nació en Buenos Aires, Argentina. Se radicó en Canadá desde 1979. Obtuvo un Doctorado en Letras y una Maestría Es Arts en la Universidad Laval. Ha realizado un Posdoctorado en Historia. Es Catedrático universitario. Profesor Titular en el Departamento de Literatura, Teatro y Cine, Universidad Laval. Integra la Red de estudios transculturales de Centroamérica y el Caribe.

         Su obra  incluye los siguientes poemarios: Memoria de los mares  (Se presentará en el FIPCR, Costa Rica, 2018); Las casas en silencio (Costa Rica, 2013); Para decir la paz (Canadá, 2011); La paz también se puede (Canadá, 2011); De mares extraños y El trapecio del mundo (Italia, 2009); La mancha del incendio (Costa Rica, 2007); Trayectorias fortuitas de la muerte (Argentina, 2007); Terra Promissa (Venezuela, 1998); Selección de poemas (Madrid, 1996); Ce mot silencieux (Canadá, 1995).

         En novela publicó El Sótano (San José, 2017). Asimismo, las  obras dramáticas: Los Conquistadores de la Frontera Norte (Argentina, 2010); La fuite d’eau (Canadá, 2009); El Cartero de Londres (Madrid, 2005); Le vol des anges (Canadá, 2003); Fugues Parallèles (Francia / Canadá, 1995); La rébellion des fourmis (Canadá, 1991/1992).

         Ha presentado obras teatrales en los Festivales Internacionales de Puebla, de Liège, de Casablanca y de Cracovia. Premio especial del jurado en el 10° Festival International Francophone de Sanscoin,  Premio Gobernación de Mérida (Venezuela, 1998). Ha publicado innumerables artículos y escritos académicos sobre arte y literatura.

         Este distinguido escritor compartirá como poeta invitado en la Sede Guanacaste, Costa Rica, como parte del XVII Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, del 6 al 9 de noviembre del 2018, invitado por el Centro Literario de Guanacaste y el Museo de Guanacaste, donde desarrollará un programa, que incluye cuatro presentaciones culturales: a. Campus Liberia de la Universidad Nacional; b. Sede Guanacaste de la Universidad de Costa Rica; c. Colegio Humanístico de Nicoya; d. Museo de Guanacaste.

         En el Museo de Guanacaste, el Lic. Miguel Fajardo presentará el libro “MEMORIA DE LOS MARES”, de Luis Thenon (Casa Poesía de Costa Rica, 2018: 70), el jueves 8 de noviembre a las 6 p.m. Entrada gratuita. La portada del libro del poeta argentino la realizó  Arturo Valencia, gran artista mexicano.

         En este libro del Dr. Luis Thenon, el yo lírico se plantea la dicotomía luz/oscuridad en un contrapunteo acezante, angustioso, donde “Volverán los relojes a su sitio”. Esa preocupación por el tiempo, marcados como deícticos, son marcas de un ahondamiento entre la integración/desintegración; entre el esplendor y la opacidad del mundo “Donde está mi silueta (…) en un punto de infinito que nadie determina”.

         Asimismo, la bio-identidad cíclica del mar, se junta con la de voces en busca de un clamor de silencios, donde lo noctívago funciona como un registro desplazado entre la raíz o el vacío “de la justa manera de no ver”, debido a la oscuridad, cuando “la luz cae como una imagen”.

          Como puede desprenderse, el libro de Thenon comienza con esos planteamientos estructurales binarios, lo cual le da la certeza de enclavarse como una memoria, reminiscencia, evocación, remembranza o relación del elemento líquido, pluralizado “de los mares”, lo cual da pie a reflexionar en las profundidades, en las extensiones, en las multitudes en las masas de agua sinfín, en cualquier contexto donde habite el factor humano.

         El hablante insiste en  incorporar esquemas semánticos del conjunto líquido “archipiélagos nuevos del mar buscando el suelo”, donde se observa la oposición mar/tierra, porque “La tierra es necesaria/donde hay tierra no hay mares innombrables”. Hay una apuesta por lo terrestre, sin desechar la alternativa marina, dado que “Mienten los ríos que se van hacia el mar”.

         Quizá esa posibilidad sea viable, ya que “El corazón cerrado dejó quemar los panes”; “y el pecho y la garganta rompieron las cadenas del mar”. Puede verse, entonces, que la oposición mar/tierra es una especie de lucha y poder con las abiertas velas de la soledad humana, otro de los ejes semánticos en la “Memoria de la tierra” del poeta  Luis Thenon.

         Seguidamente, inserta el poema “Memoria de las estrellas”, con ello, el poemario asciende espacialmente de la dicotomía /mar/tierra, ya que “bajo el peso de una gota de mar creció la luna” y reafirma “tu cuerpo adolescente sigue poblando el cielo”. Ya en esa zona “las estrellas siguen marcando tu camino de auroras transparentes”.

         Se advierte, entonces, un distanciamiento desde lo marino-terrestre hasta el cronotopo de las estrellas, la luna y el cielo. Sin duda, es una lucha entre lo alto y lo bajo, en una especie  reflexiva con las preocupaciones humanas, donde “el fondo de la noche llegó por la mañana de mis labios/cerrados/ en medio de la isla”, con lo cual otea otro eje del poemario: la corporalidad humana, inserta en la disyuntiva espacio-temporal  noche/mañana.

          En “Memoria de las olas”, el hablante aduce “Cada ausencia me duele como un cuerpo total en la memoria”.  En esta fase del poemario, la palabra adquiere cuerpo “Las voces iban por las corrientes marina callándose de muerte”. Acaso el hablante inquiere por los seres humanos, cuyo deceso se ha producido en esa dimensión “La voz de los ausentes se levanta del mar (…) ya no sabrá callarse”, porque en el fondo marino se pierden las voces, los nombres y las huellas. Por lo tanto, es un sistema recolectivo que plantea el aniquilamiento.

         Este es uno de los poemas más intensos del texto lírico. La muerte no tiene fronteras ni puntos cardinales. Tampoco permite comprar otras banderas. Aquí se reflexiona sobre la inmensidad del mar y la pequeñez humana frente a tan extraordinaria “Extensión del agua”, como se titula uno de mis libros. El grandioso mar ha devorado miles de cuerpos. Por ello, el hablante poetiza “aquí alfombra de espuma estaban los recuerdos”. Incontables ilusiones truncadas en el marco espacial marino.  El yo lírico cierra el sistema, con una interrogación retórica “Un día/no sé cuándo/volví a sentarme junto al mar/ y me quedé esperando”.

         En “El hombre solo” existe un juego léxico con términos abiertos rotundos, tales como ojo, pozo, hueco, Dios, torre, muerto, vivo, historia.  En este poema, se ofrece una reflexión sobre el tránsito humano frente al discurrir de la historia de cada uno “un pozo/un hueco/una torre o un hueco/ una torre de ojos miran/todos/el hueco de la historia/unos y otros pasan/ pasamos/ han pasado/ la historia”. El tránsito humano es cíclico como especie.

         En “Amén de quemaduras”, el hablante incluye un tono reflexivo “Había desterrado el recuerdo, la piedra gris, esa imagen de río por sus ojos nublados, / la montaña en su cuerpo, sus olores de uva dolorosa”. Ahonda en la incógnita del tiempo, caudal de luz en la distancia, olvido que “se dejó caer en la consigna del presente”.

         El acabamiento ante la inevitable muerte, después del trayecto terrenal es una ausencia que signa la pérdida de voz ante la mueca del olvido cerrado. Por esa razón, sostiene que “El ángel tiene un uniforme nuevo. / Su vuelo es una mancha, / su mancha es un destierro. / Después de las consignas/ su vuelo es una tumba/ y el mar un cementerio”, pero fatalmente, “no guarda los huesos”, pues los arrebata y los lleva a las profundidades de su inmensidad sin límite.

         En “Preludio” expresa el dolor de su pueblo que ha soportado dictaduras sanguinarias. Su tono es una especie de encadenamiento y culpabilidad pluralizada “Del silencio de los pueblos/ el mío / callado / junto a la envergadura de la muerte”  (…) Donde se acaba la hora del regreso comienza la derrota”. Aquí se apela a las lejanías, a los exilios, a los alejamientos, a los destierros involuntarios del existir humano. Muchos cayeron, con el estandarte de sus cerradas bocas, pero con “las manos abiertas para siempre”. Como vivimos en una aldea global, no es un país en particular, sino las referencialidades de cualquier sitio en el universo.

         El poemario MEMORIA DE LOS MARES, del argentino-canadiense, LUIS THENON, registra un delicado espacio para poetizar sobre la paz. Cuánto anhelamos esa palabra en el mundo de siempre. Por eso, recrimina que “Al carcelero le carcomen las manos sus recuerdos, /la imagen de las rejas no lo dejan dormir/ y en la temprana hora de los días/ observa temeroso los movimientos de su sombra”.
         Para esta memoria marina, la paz es un fulgor, una historia de quienes no la disfrutaron y se encuentran ausentes. Con la paz, todos levantamos la mirada, porque ella es posible “si se abren de par en par las puertas/y si la memoria tiene rumbo en las voces/ y los pueblos” que han decidido romper las tinieblas de la maldad.
        
         “La Calle de la Amargura”  es un archivo casi fotográfico de ese cronotopo geográfico costarricense “Ahora estoy aquí/ mañana en otra parte de mi vida/ en otra desmesura”. En esa calle, el hablante observa que “también hay un tubo viejo que gotea su sed”. A pesar de todo lo problemático del nombre de esa calle “La cuenta se me acaba. /Me paré en el andén/ y ya no había nadie/ y me quedé esperando”. La calle se ha convertido, hoy, en un eje semántico plurisignificativo; un eje por ser descubierto, un símbolo de conquista y poder territoriales, como de  protestas contra las injusticias y las reivindicaciones sociales.

         En la mirada sobre dicha calle, el poeta construye versos de gran alcance expresivo y mucho mérito artístico “Hay una calle en la ciudad/viene del fondo hasta la puerta pero no llega nunca/ la calle tiene rejas y el carcelero/ tiene un pájaro atado entre los dientes”. Ese sentido de multitud se siente en este texto “por esta puerta nadie parte/por esta puerta nadie llega (…)/ el carcelero tiene callada la conciencia”. Quizás por eso, “La luz desde la calle tiene el abismo abierto/ de una sombra escondida”.  En la Calle de la Amargura de la capital costarricense “las vías seguían paralelas de su propio destino”. Es válida dicha incorporación.

         “Los límites del viaje” sugieren los distanciamientos; evoca la separación “Y miro desde adentro de las horas de la luz /y el vuelo de los otros/ el despertar de una sonrisa leve que nos eleva /como se lleva el mar la ola que no vuelve”. La fugacidad es un elemento reiterativo en este poemario. Los instantes que vivimos, que se marchan irrepetibles son una especie de archivo “Pero ahí no se quedan las horas entretejidas por la espera. /Cuando no nos decimos que la luz de la noche/ se apaga con la ausencia (…) en el destierro oscuro de los ojos”.

         “La memoria es lo que nos permite recordar hechos, ideas, sensaciones, relaciones entre conceptos y todo tipo de estímulos que ocurrieron” (https://www.cognifit.com/es/memoria).  Históricamente, se ha hablado de los siete mares, dependiendo de la época a la cual se hacía referencia. En la actualidad, se conocen más de 100 mares. Hoy se ha adaptado la expresión “los siete mares”, al mundo entero, para lo cual se dividen en los siguientes océanos: Ártico, Antártico, Pacífico Norte, Pacífico Sur, Atlántico Norte, Atlántico Sur y eOcéano Índico.

         En ese sentido, la pluralidad de aguas poéticas que aborda y desborda el nuevo libro del Dr. Luis Thenon, es un “dossier”, una memoria, un archivo de creatividad poética, pleno de imágenes y simbolizaciones de alta calidad lúdica, que nos permite adentrarnos en su mundo y desanudar las aguas, porque como ha escrito el poeta Marco Tulio Gardela: “Más allá de los ríos, el mar”.

         El mar de la pasión, de la intensidad, del gozo, de la tragedia, de la poesía suicida, de la inmensidad creadora, de los secretos sin abrir, de las manos que lo acarician. Esta “MEMORIA DE LOS MARES” signa un dilema  para quienes “caminaron despacio/ y se perdieron en la vida de los otros/ con los ojos descalzos”.  Gracias, Maestro.  ¡Carpe Diem!

miércoles, 22 de agosto de 2018

LO CORPORAL EN LOS ELEMENTOS TERRESTRES DE EUNICE ODIO






LO CORPORAL
EN LOS ELEMENTOS TERRESTRES DE EUNICE ODIO



 CARLOS PORRAS
 Escritor y crítico literario costarricense



            El Centro Literario de Guanacaste se fundó el 20 de marzo de 1974.  Pocos días después, el 23 de marzo de ese mismo año, trascendió la noticia de que la escritora costarricense Eunice Odio había sido hallada muerta en su apartamento en la ciudad de México.  Esta coincidencia despertó el interés de los poetas guanacastecos por conocer la obra de esa compatriota cuyo nombre escucharon por primera vez al enterarse de su muerte.
         Escritora incansable, Eunice Odio se dedicó al periodismo y la crítica literaria y artística, pero acabó siendo recordada principalmente por su poesía.  Solamente publicó tres libros, el primero en Guatemala, el segundo en El Salvador y el tercero en Argentina, pero con ellos  logró cosechar una verdadera legión de admiradores que ha ido creciendo al paso de los años.  Aunque en la actualidad su poesía es considerada una de las joyas de la corona de la literatura costarricense, lo cierto es que durante su vida, tanto sus libros como su nombre mismo eran desconocidos en su país natal, del que se fue muy joven y al que nunca regresó.
         La única publicación de poesía de Eunice Odio que apareció en Costa Rica mientras ella aún vivía, fueron las páginas  suyas que incluyó Carlos Rafael Duverrán en la antología Poesía Contemporánea de Costa Rica. El propio año de su muerte se estaba preparando la edición de un libro con sus poemas, que ella pudo corregir, pero no llegó a ver impreso.
         Su fama y su prestigio acabaron siendo póstumos y ella no tuvo oportunidad de enterarse del gran interés que su poesía, su pensamiento y su vida acabaron despertando entre sus compatriotas. Cuando se supo la noticia de su fallecimiento su nombre era casi desconocido. 
         Pero poco a poco sus libros fueron publicados en ediciones de gran tiraje a precios accesibles, se recopilaron y editaron sus obras completas y constantemente sus creaciones son tanto motivo de deleite para los lectores de poesía como tema de análisis entre académicos. Sobre la poesía de Eunice Odio han aparecido investigaciones, artículos, ensayos, ponencias y tesis de grado.  La gran mayoría de estos estudios se ha concentrado principalmente en El Tránsito de Fuego que, quizá por ser un libro verdaderamente complejo y misterioso, ha llegado a ser considerado su obra maestra.
         Hemos llegado ya al punto que los comentarios sobre su obra llenan muchísimas más páginas que su obra misma, pero como la riqueza, tanto de forma como de contenido de sus tres libros, continúa despertando el interés de los estudiosos, las publicaciones que se refieren a su obra, lejos de disminuir, cada vez son más numerosos y frecuentes. Pese a todo lo que ya se ha dicho, el tema está lejos de agotarse.  Cada nuevo estudio que aparece sobre la poesía de Eunice logra resaltar ciertos aspectos particulares que merecen ser observados con atención.
         Fascinante, misteriosa y atractiva, la poesía de Eunice Odio es, al mismo tiempo, explícita y enigmática, audaz y sutil, sublime y cotidiana, corporal y espiritual, celestial y terrena.
         Como preámbulo a la celebración  del nacimiento de Eunice Odio (1919-2019), dos investigadores guanacastecos, Miguel Fajardo Korea y Aracelly Bianco, publicaron bajo el sello del Centro Literario de Guanacaste y Lara Segura Editores, un estudio titulado El acento corporal en Los Elementos Terrestres de Eunice Odio.
         Echando mano de la perspectiva estilística de Samuel Levin, los investigadores analizan, de manera meticulosa las referencias corporales, eróticas y sexuales presentes en Los Elementos Terrestres, primer libro de poesía de Eunice Odio, publicado en Guatemala en 1948.
         Inevitablemente, por tratarse de una tesis de grado universitaria, la estructura y el estilo de este estudio se caracterizan por aproximarse a la poesía de manera rigurosa y metódica, más que emocional, sin embargo, incluso al ser puesta bajo la fría lupa de teorías y métodos, el calor de la poesía de Eunice sorprende, fascina y seduce.
         Se ha dicho que Los Elementos Terrestres de Eunice Odio, es el primer libro de poesía costarricense explícitamente erótico.  Su mérito, no obstante, ni empieza ni termina allí. Con abundantes ejemplos, citas textuales y comentarios, Miguel Fajardo Korea y Aracelly Bianco dejan claro que, aunque el libro está lleno de imágenes sobre el cuerpo humano y el encuentro físico apasionado de una pareja de amantes, la pasión y el deseo latente en los poemas va mucho más allá de lo puramente carnal. Es poesía apasionada, pero a un nivel muy elevado. La unión de los que se aman es, además de física, espiritual, integral, total. Al lanzarse en brazos del otro, entregan todo su ser, no solamente su cuerpo. LO erótico en los poemas de Eunice, acaba siendo casi místico.
         No se trata de una conquista, sino de una unión.  No están, en estos poemas, ni el macho que arrebata y posee, ni la hembra que se entrega y se somete.  Ambos atraen y son atraídos, seducen y son seducidos, desean y son deseados, manifiestan sus deseos, se atreven a satisfacerlos, buscan alcanzar el deleite tanto propio como de la pareja pero, en medio del intenso encuentro apasionado, queda claro que el cuerpo, o más bien los cuerpos, protagonistas de la unión, con el puente de una unión más perfecta y total, que los supera y los trasciende.
         La lectura de El acento  corporal en Los Elementos Terrestres de Eunice Odio, de Miguel Fajardo Korea y Aracelly Bianco, es en verdad sorprendente. Se trata de crítica literaria académica, rigurosamente planteada y expuesta, que invita a apreciar todo lo que arde y deslumbra en el primer libro de poemas de la escritora costarricense que conquistó la atención de sus coterráneos cuando ya no estaba en este mundo.
         A Miguel Fajardo Korea, fundador del Centro Literario de Guanacaste (que se fundó tres días antes de que trascendiera la noticia de la muerte de Eunice Odio), le agradezco que, aún sin conocernos en persona, haya tenido la gentileza de enviarme este valioso estudio que realizó junto con Aracelly Bianco. Me pareció en verdad un detalle hermoso que la amable dedicatoria que escribió en la primera página, estuviera fechada “23 de abril”, que es el día del libro.



CARLOS PORRAS
 Escritor y crítico literario costarricense


sábado, 19 de mayo de 2018

Estancia cultural costarricense de RUBÉN VELA

Rubén Vela






ESTANCIA CULTURAL COSTARRICENSE
DE RUBÉN VELA

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com



                La poesía de RUBÉN VELA (Argentina, 1928-2018), abre los espacios para el encuentro con la intuición, con la génesis continental. Su expresividad emana diversas circunstancias y giros para lograr su inserción en los resquicios íntimos y embriagantes en su modo personalísimo de crear su intensa y extensa obra, a lo largo de sesenta y cinco años de oficio espiritual, con honradez, principios éticos inclaudicables y alta dignidad, tanto creativa como humana. Su apasionamiento estético conceptualiza vuelos desde la patria americana de siempre, hasta la aldea global de nuestros días.
         Poeta, ensayista y crítico. Diplomático de carrera. Estudios en Cultura Hispánica en la Universidad de Valencia, España y en Antropología por el Museo Arqueológico de Cochabamba, Bolivia. Periodista. Fungió como diplomático en Bolivia, Brasil, España, Australia, Costa Rica, Corea y Zaire. En Valencia una calle fue bautizada con su nombre.
         Presidente de la Sociedad Argentina de Escritores. Miembro de la Comisión Internacional del Mediterráneo, de la Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte, delegado argentino de la UNESCO, miembro del Pen Club de Brasil, miembro correspondiente de la Academia de Bellas Artes de Brasil, entre otros. Su obra se encuentra traducida y se ha dado a conocer en diversos idiomas.
         Entre los galardones obtenidos por Rubén Vela sobresalen: José Pedroni, Internacional del Pen Club de Brasil, Faja de Honor de la SADE, Gran premio de la Fundación Argentina para la poesía, Gran premio al mejor libro extranjero en Palermo, Italia, Gran Premio de Honor Esteban Echeverría, por la totalidad de su obra.  El Gobierno argentino distribuyó gratuitamente 75 000 ejemplares de su obra, en un proyecto de difusión cultural.
         Costa Rica tuvo la dicha en tener al Dr. Rubén Vela como embajador de la República de Argentina (1982-1985). Su trabajo cultural a favor de la cultura costarricense fue espectacular. Le dio un empuje  que aún recordamos. Editó libros, apoyó a los autores y artistas, patrocinó certámenes culturales y deportivos. Estrechó lazos y su único interés fue el crecimiento espiritual. Copatrocinó el Congreso Internacional de Literatura Femenina en América Latina, que trajo a muchísimos escritores e intelectuales a Costa Rica.
         Hay un capítulo exclusivo e irrepetible, que une a Guanacaste con la vida y peregrinajes planetarios de Rubén Vela. El 30 de julio de 1982,  Rubén Vela, José Antonio Porras y quien escribe, fundamos la revista literaria Hojas de Guanacaste (1982-1984). Fue un proyecto espiritual y único. El auspicio y apoyo de Rubén Vela fue increíble y será irrepetible.  Desde el Centro Literario de Guanacaste, fundado el 20-3-1974, enviamos nuestras condolencias a la familia de tan prestigioso escritor y embajador de la cultura.
         Durante dos años HOJAS DE GUANACASTE (1982-1984) publicó 12 ediciones bimestrales: 11 suplementos, 343 autores de 35 países, 837 poemas en 408 páginas, con una tirada de 6000 ejemplares. En las páginas de los suplementos se difundió poesía panameña, mexicana, dominicana, china, búlgara, cubana, norteamericana, costarricense.
         El  Dr. Rubén Vela visitó el Liceo Nocturno de Liberia, donde dictó la conferencia “La poesía de América en nuestro siglo”.  Durante su visita se hizo el lanzamiento de su libro Radiante América (Editorial Costa Rica, 1984). Su espíritu filantrópico formó parte ineludible de su presencia y personalidad durante su pasantía costarricense.
         La obra veliana se publicó en diversas latitudes de su extenso peregrinaje, a saber: Introducción a los días (1953); Verano (1954); Escena del prisionero (1955); Veranos (1956); Radiante América (1958); Poemas indianos (1960); Vidas indianas (1961); Poemas americanos (1963); Ocho poetas españoles (1965);  Poemas australes (1966); Los secretos (1969), La palabra en armas (1971); Maneras de luchar (1981); El espejo (1982); Crecer en libertad (1983); Radiante América (Editorial Costa Rica, 1984); En Costa Rica editó una Carpeta  poética, ilustrada por el Maestro Francisco Amighetti (1984); 24 poetas búlgaros (1984), en coautoría con Rumen Stoyanov; Mesa de los pecados capitales (1985): La pasión americana en la poesía de Rubén Vela (2001); Obra poética (1953-2004): (2006); Poemas como piedras (2012); Del poema (2014).
         Rubén Vela falleció en mayo, un día antes de cumplir sus 90 años, fecha para la cual le habían organizado un emotivo festejo en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Un espectáculo de recitación de su poesía, a cargo de un reconocido actor y narrador oral.

         Murió en paz, en su casa, en Arenales, Buenos Aires, con su última antología colocada sobre el pecho, en compañía de su hermosa familia: su esposa Nina; sus hijos: Alejandra, Fernanda y Nicolás. Hasta el último momento, la poesía y el amor por sus seres queridos, se convirtieron en el eje de su intensa vida peregrina.
         Rubén Vela es una alta voz de la poesía hispanoamericana, cuyo ejemplo de lucha por los ideales del espíritu confraternitario, signa una frontera abierta para escuchar su palabra, siempre abierta, en procura de los más nobles ideales, en pro del mejoramiento del factor humanidad.
         Para Costa Rica, fue un privilegio contar con un embajador de la categoría cultural de Rubén Vela.  Descansa en paz, amigo de la cultura costarricense.  Poeta de la Patria Americana, porque como dijiste: “La poesía es el futuro de la muerte”.
Poemas sobre América
Rubén Vela
(Argentina, 1928-2018)
 
AMÉRICA

Alta luz del silencio
sobre la noche
tu mansa voz de luto
me desnuda.

Y es de nuevo América
un hombre partido en dos
una mujer asesinada
una larga memoria de violencias.


AMÉRICA

Allí, la tierra dio frutos
y el sol, hombres dorados.

Y una mujer y su ardiente camarada
trasvasaron el agua de diamantes
que corre de una a otra vena.


AMÉRICA
El hombre y la mujer
desnudos como el río
de las generaciones
y el pájaro embriagado
que lanza su grito jubiloso
hacia la aurora.


AMÉRICA
I

¡Tontos, estúpidos, ganad su ira, torced sus brazos!
¡Entonces, entonces, hombres de buena sed! Ella os quiere
así, ella es la esperada.


II
¡Pequeña de tanta muerte, un árbol de pan nacía de tus
labios!

AMÉRICA

Luna levantada, la noche te asusta.
¡Y esta impaciencia por atravesar la selva!
Lejano y ausente, tu nombre fortifica la ciudad.
Rama de voz, es la primavera.

AMÉRICA

El viento de la noche, para quien el hombre es un desconocido;
su furiosa soledad sin medidas.

¿Cómo eras, patria de mi patria, antes de llamarte América?

AMÉRICA

I

Crecen las palabras sin su sentido más preciso. Es necesario
encontrar la clave del poema. ¿Dónde está la belleza?
Surgen de pronto las frutas obligatorias: el melón, país del
verde más espléndido, la ardiente papaya y el plátano,
portador del beso crudo.

II
Y los dedos del agua salvadora: las pequeñas raíces y el maíz
silvestre; los saltamontes y la hormiga.
Y la llama y el guanaco y la vicuña, cada uno en sus diferentes
alturas.
Y el lobo y su pariente, el perro del desierto. Y el puma, y la
veloz lagartija.


III
Y en el centro de la noche, los toros salvajes.
AMÉRICA

A Carlos Drummond de Andrade

Delante de mí
detrás de mí
debajo de mí
encima de mí
alrededor de mí
américa
su largo nombre
su voz de adentro.  
 RUBÉN VELA 

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández
Correo: minalusa-dra56@hotmail.com
Twitter: @mifajak

viernes, 20 de abril de 2018

Poeta costarricense Miguel Fajardo lanza su libro “COMIENZA LA PALABRA”


SECCIÓN
NUEVOS LIBROS


Poeta costarricense Miguel Fajardo
lanza su  libro
“COMIENZA LA PALABRA”





El Lic. Miguel Fajardo, académico emérito del Ministerio de Educación Pública y la Universidad Nacional de Costa Rica, lanzó su más reciente libro “Comienza la palabra” (San José: Lara & Segura editores, 2018: 64 pp.).  El libro consta de una tirada de 1000 ejemplares. Contiene una bella portada y cinco ilustraciones  del Director de la Fundación para las Artes Manuel E. Montilla, de  David, Chiriquí, Panamá.

         El nuevo libro de Fajardo fue escrito entre (2015-2018). Aborda exclusivamente, un eje temático doloroso: el drama de los inmigrantes, refugiados, deportados, asilados, desplazados, perseguidos…

         Desde Dabeida, Colombia, el escritor Mauricio González Velásquez ha escrito que el libro “Está habitado por una lucidez que no teme la solidaridad y la denuncia. Hay poemas desgarradores” (17-4-2018).

         El artista plástico panameño Manuel Montilla expresa en la contracubierta del libro: “La poesía de Miguel Fajardo es vivencial, de fuerte acervo social y con un lacerante sentido de lo humano.  Se nutre de sus raíces originarias, y recorre las sendas de la provocación y la resistencia, en profundo arraigo con la palabra y la acción reivindicadora”.

         Asimismo, la Licda. Marielos Novoa, quien escribiera su tesis académica: “La poesía de Miguel Fajardo: contribuciones al estudio de la literatura en Guanacaste” (Universidad Nacional, 1992: 154 pp.), aduce: “El sujeto lírico se vuelve más inquisidor, se expande totalmente, es más combativo, denuncia con más fuerza la opresión y la injusticia y, lo más importante, es que se solidariza plenamente con el ser humano en toda la magnitud de su problemática”.

         Para celebrar dicho lanzamiento, el Lic. Miguel Fajardo desarrolló una agenda cultural durante la semana del Día del Libro, que incluyó su conferencia “La literatura como instrumento de los Derechos Humanos”, así como la presentación editorial de su poemario  “Comienza la palabra”, la cual se desarrolló de la siguiente manera:

1.     Universidad Nacional, Biblioteca del Campus Liberia:
Lunes 23 de abril del 2018,    9 a.m.
2.     Liceo Laboratorio de Liberia, Biblioteca institucional:
Martes 24 de abril del 2018, 9 a.m.
3.     Colegio Humanístico, Universidad Nacional, Campus Nicoya;
 Jueves 26 de abril del 2018, 3 p.m.
         Asimismo, el Grupo Poético “Los Furtivos”, de David, Chiriquí, Panamá,  realizó una lectura poética del nuevo libro de Miguel Fajardo, el sábado 14 de abril del 2018, en el bufete de las abogadas Irma Miranda e Irma Rovira, coordinado por Manuel E. Montilla.


En la fotografía, la poetisa  Lil María Herrera (Izq.), lee poemas del libro “Comienza la palabra”,  junto con la poetisa Li Pi (centro) y la pintora Yolma Miranda (derecha).





jueves, 29 de marzo de 2018

EL DERECHO CÍVICO DEL VOTO EN LIBERTAD


ARTÍCULO



EL DERECHO CÍVICO DEL VOTO EN LIBERTAD





Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación de Costas Rica





Los costarricenses tenemos un ineludible compromiso ciudadano, este domingo 1° de abril del 2018. Nuestro sistema democrático nos permite emitir el voto, para elegir al próximo Presidente de nuestro país (2018-2022).

Este ejercicio cívico es un anhelo, o bien, una utopía en muchísimos países del orbe.  Millones de habitantes en el mundo desearían tener esta excepcional oportunidad que, en nuestro país, se desperdicia, increíblemente, con el alto porcentaje de abstencionismo, que durante la primera ronda electoral, alcanzó el 34, 30 %.

         Sé que existe un marcado desencanto con la clase política costarricense; de hecho, ningún sistema está exento de errores, en ninguna parte del mundo.  Sin embargo, a pesar de esos impoderables, tenemos un deber cívico con el país. Si es que en verdad deseamos una patria, enrumbada por el genuino camino costarricense.

         ¿Cúantos pueblos del planeta desearían contar con el poder del voto para elegir libremente a sus gobernantes? Por ello, no dejemos pasar esta oportunidad para ejercer a plenitud este derecho conquistado. En febrero, lo ejercimos 2 182 764 de costarricenses, es decir, un 65,70 %,  a pesar de disponer de 6612 juntas electorales en todo el territorio.

         Las nuevas generaciones disfrutan de tan preciado derecho, que han recibido, sin costo de ninguna naturaleza, como sí les significó a miles de costarricenses en diversos estadios históricos. Por ejemplo,  el derecho al voto de la mujer, representó grandes luchas de generaciones antecedentes.

Dijo  el Dr. Francisco Vargas Vargas (1909-1995): “Nosotros no somos más que el puente sobre el cual pasarán  las futuras generaciones”, por ello, debemos dejar bien fortalecidas las bases de la democracia en libertad, para que nadie ose atentar contra ellas.

         Uno sabe que esta campaña electoral ha estado llena de ofensas, promesas de regalías poco creíbles y bajo perfil en el planteamiento de sus idearios, como respuesta a la solución de los problemas del país. Uno encuentra en el panorama a políticos emergentes, ocurrencias y criterios pocos reflexivos, ante las diversas y reales problemáticas que presenta el país. 

Pero, precisamente,  ese es un parámetro para elegir y poder votar, en favor del bienestar  y los intereses integrales del país. Todos anhelamos que progrese, pero también depende de la actitud de cada uno de nosotros. Muchísimas personas creen que los problemas del país son asuntos de los otros, de los demás.
 Asimismo, las dos opciones presidenciales resultan un enjambre de propuestas políticas, así como de  adhesiones insospechadas  de último momento, y cambio de banderías políticas de numerosas figuras públicas, dentro de los vaivenes coyunturales.

         Los pueblos aspiran a mejorar sus condiciones de vida, producto de una elección personalizada, con la conciencia cívica ante el poder ciudadano del voto, un derecho inalienable, por el cual lucharon, históricamente, las generaciones que nos antecedieron.

         Hay dos candidatos jóvenes a la Presidencia de Costa Rica. El total de electores con derecho al voto es de 3 322 329 personas.  La mayoría son mujeres, con 1 667 224; los hombres, con un total de 1 655 105. Para estas elecciones, se registra una considerable cifra de 138 096 nuevos electores. Los compatriotas, quienes podrán votar desde el exterior, serán 31 864, en 52 consulados de 42 países. Asimismo,  en las zonas  indígenas marginadas existen 36 361 votantes. En los centros penitenciarios podrán votar 9 575 electores.

 Como un homenaje a esa conquista singular y a sus gestores históricos, nuestra cita ante las urnas será este 1° de abril, sin excusas baladíes o desidia. No se vale, que alguien prefiera irse a la playa, a la montaña, tener un día libre, si ese compromiso con la patria es cada cuatrienio. Costa Rica tiene el voto directo desde 1913  y  el voto secreto desde 1925.  Asimismo, en 1949 se estableció el voto femenino.

         Debemos analizar, muy bien, cada nombre, cada opción, cada alternativa, preguntarnos y averiguar qué han hecho ambos  candidatos, quiénes los asesorarán, cuáles son sus planteamientos acerca de temas país dentro de la agenda del siglo XXI.  En ese contexto, debemos ser celosos al emitir el voto, porque el Presidente de la República debe ser el guía del desarrollo y mejoramiento integral del país.   Que la coyuntura de la segunda ronda electoral, que coincide con el Domingo de Resurrección, dentro de la Semana Santa, no sea otra excusa para que no voten, y se sienten en la zona de confort a ver los resultados que decidieron los demás. Hay mucho en juego en esta elección presidencial. Aspiramos a seguir viviendo en paz, democracia y libertad, con las condiciones que propicien una mejor calidad de vida para todos los costarricenses, así como de quienes comparten con nosotros desde la interculturalidad.

Este 1° de abril debe ser una fecha de alegría cívica, de bienestar interior, por cuanto revalidamos un ejercicio de conciencia para todos: el poder de un derecho cívico: el voto.  Todos tenemos una cuota de responsabilidad en nuestro destino. En mi caso, será la décima vez que ejerceré este inalienable derecho cívico, que fortalece la libertad y la democracia.

         Reiteramos nuestra confianza en el TSE, garante del escrutinio costarricense. Es una cita para construir la Costa Rica de los próximos cuatro años, en paz y unión costarricense, durante el cuatrienio del bicentenario de nuestra Independencia (2021).

Conciudadanos: seamos protagonistas y no observadores de nuestra propia historia. Cada voto suma y decide. Es único y secreto. Ejerzamos ese compromiso de conciencia cívica. Recordemos con José  Martí, que “La patria es ara, no pedestal”. 


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández
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