En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



martes, 4 de junio de 2019

LA OBRA LITERARIA INÉDITA DE FRANCISCO FAERRON SUÁREZ

Francisco Faerron Suárez





LA OBRA LITERARIA 
INÉDITA DE
FRANCISCO FAERRON SUÁREZ



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com




         (Guanacaste/Moravia). Francisco Faerron Suárez nació en Liberia, Guanacaste, el 3 de noviembre de 1873. Murió en San Pedro de Montes de Oca, San José, el 6 de setiembre de 1961. Fueron sus padres: Federico Faerron Baltodano y Ana Matías Suárez.

            Realizó estudios secundarios en el Liceo de Costa Rica. Aunque se inclinaba por la medicina, estudió y  se graduó como abogado, el 12 de mayo de 1899, hace 120 años. El tribunal calificador de lujo estuvo integrado por Ascensión Esquivel Ibarra, Cleto González Víquez y Ricardo Jiménez Oreamuno, quienes ejercieron, posteriormente, la Presidencia.

            Se desempeñó como profesor en el Liceo de Costa Rica. Trabajó en la  Inspección General de municipalidades. Laboró como promotor fiscal. Fue Alcalde de San José. Trabajó en la Sala Segunda de Apelaciones. Fungió como Magistrado suplente de la Corte Suprema de Justicia.  Ejerció como Ministro Plenipotenciario en Guatemala. Ejerció como diputado durante tres periodos, a saber: (1900-1904); (1912-1917). Miembro de la Asamblea Constituyente de 1917. Presidente de la Cámara de Diputados de 1918 a 1919. Primer guanacasteco en alcanzar dicha posición en la Asamblea Legislativa.

            Fungió como Decano del Colegio de Abogados hasta su deceso. Ganó la Medalla del Jubileo Profesional de dicho Colegio, en 1960, que le fue impuesta por el Lic. Fabio Fournier. Se distinguió como orador, conferencista, abogado, profesor, alcalde, diputado, magistrado, ministro y pensador humanista.

            Dirigió la revista “El estudiante”, órgano de la Sociedad de Estudiantes del Liceo de Costa Rica.  Asimismo, fundó los siguientes semanarios: “El Guanacaste”, en San José; “El Nuevo Régimen”, en Liberia, órgano del Partido Civil de Guanacaste, durante la administración de Ascensión Esquivel Ibarra; “La Vanguardia”, órgano político afín a Cleto Gonzalez Víquez; “El Imparcial”, independiente, fundado en Liberia; “La Opinión”, diario publicado en San José, codirigido con el periodista hondureño, Augusto C. Coello.  Usó el seudónimo  “Jacobo Rey”, en muchos de sus escritos.

            El Lic. Francisco Faerron Suárez fue uno de los fundadores  de “La Casa de Guanacaste, donde editó “El Guanacaste” (1935-1947) y 1949, órgano que apareció mensualmente, después tres veces cada mes, en San José. Dicha publicación fue el vocero del Partido Confraternidad Guanacasteca, liderado por el Dr. Francisco Vargas Vargas.

            Colaborador en diversos  medios, a saber: “La Prensa Libre”, “Diario Nacional”, “Diario de Costa Rica” y “La Nación”. En este último publicó artículos, tales como “Las elecciones modelo de 1953” (11-8-1953); “El Colegio debe ser consultado por todo porque la ley es para todos” (19-5-1960, p.18); “El caso Argentina-Israel” (8-8-1960, p.22).

            Dejó inédito el libro Cuentos tropicales (15 textos). Rafael Pérez Miguel lo incluye en Exploración bibliográfica sobre el  cuento  erudito costarricense (1991-2013).

He publicado dos de sus cuentos, a saber: “El rosario” en el suplemento cultural Anexión (Año 20, edición 229, julio, 2012: p. 4). Además, “Escenas liberianas”  (“Perfiles”, Núm. 298, junio, 2019: p. 16).

Su obra inédita me la entregaron sus nietas: Prof. Leticia Faerron Ramírez y Prof. Ivette Faerron Ramírez, el 24-5-2012.  Asimismo, su nieta, María Lorena Faerron Rivera, el 3-9-2018, con el propósito de coordinar el proyecto de edición de este cuentario, en el marco de los 250 años de la fundación de la Ciudad Blanca (1769-2019).

            El 4-5-2019 tuvimos un café cultural para coordinar el proyecto editorial en la casa de la Prof. Leticia Faerron Ramírez, al que se sumaron líderes culturales: Verónica Navarro, Hugo Zúñiga, Nuria Cuadra, Orietta Baltodano, Mireya Hernández, Mélida Obando y Ligia Zúñiga,  quienes se han dado a la tarea de buscar suscriptores de honor de este proceso de recuperación literaria de un destacado guanacasteco, cuya obra ha permanecido inédita durante 58 años.

            En el libro se incluirá fotografías, aportadas por la Prof. Leticia Faerron Ramírez y la periodista Ana Lucía Faerron Ángel, nietas de don Francisco Faerron Suárez. El Ing. Jorge Sáenz Lobo, destacado artista costarricense, aporta 15 ilustraciones interiores para los cuentos, así como su magnífica portada.   La descendencia de don Francisco es la siguiente:

1.     Matrimonio con la costarricense María Murillo Sandoval, de quien enviudó: Guillermo Faerron Murillo, Olga Faerron Murillo, Ida Leonor Faerron Murillo, Gloria  Faerron Murillo y Francisco Faerron Murillo.
2.     Matrimonio con la guatemalteca María Valdés Montt, de quien enviudó: Federico Faerron Valdés y María del Carmen Faerron Valdés.
3.     Matrimonio con la colombiana, Abigail Cruz Santos: Ana Lottie Faerron Cruz.
           
            Ante la ausencia física de todos sus hijos, sus nietos han abanderado este noble proyecto de recuperación cultural de su obra literaria Cuentos tropicales, cuyo libro tuve que digitar de su manuscrito mecanográfico, hacerle la revisión filológica, el prólogo, presentación  y notas.  La respuesta de sus familiares ha sido importante, así como la de los suscriptores culturales, quienes con su colaboración económica, tendrán derecho, tanto  a consignarse como suscriptores de honor como a recibir ejemplares de cortesía.
La narrativa guanacasteca escrita se afirma en el segundo periodo que he propuesto para la literatura guanacasteca (1890-1935). Su primer autor pertenece al periodo inicial que he demarcado (1824-1890), pues Francisco Faerron Suárez nació el 3 de noviembre de1873, pero su único libro Cuentos tropicales, no se publica, sino hasta en el 2019, en el marco de los 250 años de fundación de la Ciudad de Liberia.
El libro Cuentos tropicales, de Francisco Faerron Suárez (1873-1961), se ha mantenido inédito durante 58. Es un hallazgo en la literatura de Guanacaste. Con este libro, él se convierte, cronológicamente, en el primer escritor de Guanacaste, seguido de María Leal de Noguera (1892-1989) y Ramón Leiva Cubillo (1892-1992).

En el libro, he incluido el cuento “La despedida del muerto”, publicado en “El Heraldo”, Puntarenas (1947), que localizamos dentro del proceso investigativo sobre la obra del autor, con la ayuda de la bibliotecóloga Meredith Pizarro Zúñiga, de la  Universidad de Costa Rica. Este texto no forma parte del cuentario, pero es autoría de Faerron Suárez.

En el apartado “La voz ajena sobre el Lic. Francisco Faerron Suárez”, he incluido criterios sobre el autor, por parte de Fabio Fournier, Agustín Salas Madrigal, Gerardo Zúñiga Montúfar, Ronald Vargas Araya, La Prensa Libre y La Nación, medios de esa época.

Escenas liberianas”, de Francisco Faerron Suárez
         Ya estaba notificada la provincia de la próxima gira por todo su territorio del Ilustrísimo Señor Obispo de Costa Rica, de cuyas visitas estaba ayuno el Guanacaste desde hacía muchos años. Es verdad que Fray Gregorio había estado aquí el año anterior, con licencia para confirmar fieles que carecían de ese Sacramento primordial; lo que le había valido una abundante cosecha de colones, pues cobró la nueva tarifa de un colón y medio por cabeza y estas no bajaron de quince mil  no confirmadas, pero esto no era lo mismo para la feligresía, que deseaba ver y oír a su prelado, personalmente, y aún quedaba un buen rezago de semi-cristianos, que esperaban la confirmación.
            ¿Dónde desembarcaría su Ilustrísima? ¿Qué ruta seguiría para llegar a Liberia en donde se le esperaba con ansiedad? Estas y otras preguntas sobre el mismo tema se cruzaban de persona a persona, de grupo a grupo, sin que nadie diera respuesta cierta, porque tampoco nadie tenía noticia del itinerario que seguiría el Prelado en la provincia. Aquí se puede saber cuándo se entra en territorio guanacasteco, pero no cuándo se va a llegar a alguna parte.
            Opinaban algunos, que su Señoría llegaría a la Ciudad Blanca, un sábado por la tarde, entrando por El Capulín.  Aseguraban otros, que viajaba de incógnito y que entraría a medianoche, por el Paso Real, y Fallito, quien siempre estaba bien enterado de las novedades del lugar, juraba a dos cruces, que entraría a mediodía por La Carreta.
            Nadie, ni el mismo Párroco de la localidad, sabía de fijo cuándo ni por dónde abordaría la plaza su Ilustrísima, pero todos lo esperaban con entusiasmo y recogimiento, con ese placer que se siente al saborear de antemano las emociones de un acontecimiento anunciado con bombos y platillos, y que siempre da lugar a comentar y desahogos de chismes lugareños, para minarle las canonjías al cura, para moverle la rama al Gobernador, o quitarle a algún mayordomo el manejo de los ganados de la Cofradía del Patrono del pueblo.
            No eran pocos los vecinos que estaban encantados con la visita, no tanto por su fe cristiana, sino principalmente por sus ansiados hartazgos en los opíparos banquetes que se le darían al venerable huésped, para lo cual opinaban –siempre que de este tópico se hablaba- era el caso típico que el municipio, la Junta de Caridad, la edificadora y hasta una Junta de Notables, convocada al efecto, contribuyeran para echar la casa por la ventana en las fiestas proyectadas, y para con más caudal que el de una confesión, vaciarle al Prelado, todo el saco de alacranes de sus odios, sus malas pasiones, sus chismes, sus envidias y su perversidad, a guisa de sobremesa o de pus café o de riquísimo puro habano, con que hacen la digestión los heliogábalos.
            -Una  buena mesa, decían los gastrónomos en ayuno, es la mejor nota que puede darse en este recibimiento.  Hay que tenerle a su Señoría un “bocatto di Cardenalli”, quienes como los parroquianos de “El Tiro al Blanco”, insinuaban a la comisión de festejos, integrada por vecinos de gran valía, la necesidad de hacerle a su ilustrísima, un “buen tope”, con bastante néctar, para animar a la gente.
            -Un buen “tope”, decían, es un buen golpe, quedaremos planchados y en plena gracia con La Curia.  Por medio de su Ilustrísima, se pueden conseguir muchas gangas con el Gobierno: su influencia es infalible, en eso, precisamente, se  parece mucho a su Santidad.
            Un sábado a las doce, cuando el sol reverberaba calcinante en el aire, subió Cabalceta, como de costumbre, a repicar las campanas, y al llegar a la plataforma de la inconclusa torre del campanario, columbró una nube de polvo que se levantaba impenetrable en la entrada al callejón del puente del Paso Real, frente al Mocho, y se le ocurrió que era producido por la caballería del Prelado que ya llegaba, y con entusiasmo rabioso echó a vuelo las campanas, que tan pronto repiqueteaban, como tocaban arrebato o llamaban a completas, produciendo en los habitantes de la urbe, un verdadero disloque.
            Como movida por un mismo resorte, toda la población se vació en las calles: masas de gentes corrían atropellándose hacia la parroquia, toman el atrio por asalto y un millar de voces interrogan al campanero, este tiende un brazo con dirección al Paso Real adonde la nube de polvo se aproxima más impenetrable aún.
            La masa humana arremolinada se enfila hacia el puente Rojo, que cruza el río, al que llega jadeante, bajo un sol de plomo, capaz de fundir la escoria misma. Poco a poco, mediante el polvo, ya enrarecido, se descubre una cabalgata que marcha a todo trote, produciendo los cascos de los caballos un repique en el suelo, que produce un ruido sordo y espeluznante, y un “Viva el Señor Obispo y su comitiva”, salió como cañonazo de las bocas empolvadas de la abigarrada multitud agrupada a uno y otro lado de la vía.
            La caballería alcanza la cabecera opuesta del puente, se dibuja en la nube que escudriñan mil ojos con gran empeño, la robusta silueta de una amazona a horcajadas en un rocín, que parecía un manantial por el sudor que lo bañaba, y la muchedumbre alineada formando valla, al arrodillarse para recibir la bendición de quien creía que era el esperado Reverendísimo Señor Obispo, reconoce en ella a la niña Estercita Silva, quien presidiendo un grupo de maestras excursionistas, cruzó el puente atónita, por aquel inesperado y clamoroso recibimiento que se le hacía.
            Una carcajada general con la sonoridad de un retumbo de un volcán vibró en el aire, pero Fallito, siempre galante con las damas y con oportunidad genial, mostrándose al confuso grupo, con el sombrero en alto, la frente al sol y su mano derecha puesta sobre el corazón, con toda la fuerza de sus pulmones, gritó:
            -¡Vivan las maestras! 
            -¡Viva Liberia! 

domingo, 19 de mayo de 2019

EL PUERTO DIFUSO EN LA POESÍA DE SARAY LOÁICIGA BRENES







EL PUERTO DIFUSO
EN LA POESÍA DE SARAY LOÁICIGA BRENES


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Omar Dengo, Universidad Nacional de Costa Rica




            (Guanacaste/Moravia).- He tenido la oportunidad de leer, releer y analizar el primer libro poético de la M.Ed. Saray Elena Loáiciga Brenes (San José, 17 de julio de 1968), académica en la Sede Regional Chorotega de la Universidad Nacional de Costa Rica.


El título de su poemario Puerto difuso (San José, Costa Rica: Lara & Segura Asociados, 2019, 96 pp.), consta de 74 textos. La ilustración de la portada es del pintor Adolfo Hernández Fallas. Posee una estructura nominal: sustantivo + adjetivo, con la elisión del artículo como antecedente.  El contexto del puerto, obedece a un espacio abierto. De acuerdo con la RAE, el adjetivo difuso significa: “ancho, dilatado. Vago, impreciso”. (Diccionario de la Lengua Española, 2001: 823).

Según José Pérez-Rioja: “En la simbología cristiana, el puerto suele ser sinónimo de vida eterna. Los barcos que navegan hacia el puerto se comparan a las almas en busca del Cielo” (Diccionario de símbolos y mitos, 1994: 362).

Así, entonces, nos adentramos en el mar poético de este Puerto difuso, cuyo eje temático se centraliza en el tema eterno del amor y cuanto ello implica: encuentros, desencuentros, experiencias, recuerdos, anhelos, desilusiones, esperanzas, esperas y demás.

La hablante de este libro, alude a los elementos líquidos para establecer un paralelismo con el amor: “cuando te vi, desde que nos reencontramos / para solo amarnos”; “este río, desbordado de amor, / fluye por dentro”; “porque te amo con la fuerza de una tormenta / y tan suave como el mar en calma”.

Asimismo, la voz lírica agradece al Creador la experiencia del encuentro con el ser amado: “Si Dios fue quien  nos dio este amor;  / Él  también inventó la esperanza. / Es lo único sobre lo que sentimos amor”; “Le doy gracias a Dios por tu amor, / que me hizo renacer en este día”. Es decir, la amada agradece el encuentro, la presencia del Otro, porque lo considera su complemento a la incompletitud que acompaña a todo ser humano, siempre.

Sin embargo, conforme avanza el tiempo, la voz lírica insta: “Señor, enséñame el camino por seguir/ en el mar incierto del mundo. / Que la humildad sea parte de mi vestidura, / y la compasión, parte de mi calzado”. Existe una especie de voz desgarrada que necesita asirse a la figura crística para tomar fuerzas.

            En la experiencia dialógica, la hablante atisba un discurso amatorio de fuerte arraigo y convicción: “Este amor es fuerte como el trueno  que irrumpe la tormenta. / Es apacible como un riachuelo en el bosque. / Es sereno como el mar en calma con sus olas  en la playa. / Es profundo, / es eterno”. En su mapa lírico, encuentro lejanos ecos, tonos y acentos de diversas poetisas, tales como  Marina Arzola, Ninfa Santos, Julia de Burgos, o Eunice Odio.

            En esa línea de seguridad en el amado, la voz femenina no duda en establecer un discurso con alta certeza en la relación: “Te amo con pasión, / porque mis besos son del alma, / se unen con los tuyos sin remedio, / porque no se acaba el amor con flores marchitas,  / si no se renueva constantemente”. Por ello, la voz enuncia la interrelación humana y divina, cuando expresa: “Y yo te conozco más / de lo que te imaginas, / es cierto, porque nuestras / almas las formó Dios / cuando creó el mar,  / el lago /y el trueno”.

A pesar de lo anterior, como en toda relación humana, hay altos y bajos. En esa perspectiva, cuando hay separación del amado, la voz femenina deja leer un nudo expresivo de intenso desamparo por marcos contextuales: “Me dejaste sin nadie, sola, / como el mar, / cuando trae a la playa una ola. / Y solo yo,  / y el atardecer y el mar,  / y tu recuerdo”.

El recordar selectivo se torna un aliado de compensación para evocar la figura del amado: “Sé muy bien /  que mi barco ya no atracará / en tu puerto, / y es que ya no me quedan  / ganas de anclar, / ahora soy libre,  / y el mar, hacia otro destino, /me llevará tranquilamente”.

La separación, por su parte, se poetiza de modo cuantificado, lo cual muestra un doloroso sentir: No eres culpable de quererme,  / después de 9000 días sin vernos. / Dejemos  de contar los besos”. El nombre del amado no figura en el texto, solo en la dedicatoria a Burt.

El último verso es una especie de sistema recolectivo, dentro de la expresión de significados poéticos, toda vez que opera como un signo de ausencia: los besos no dados, los días transcurridos. En esta instancia, la amada adquiere rotundidad en su sistema expresivo “Y si vuelves, te quedas, eres presencia, / y si no vuelves, nunca has estado: /solo eres ausencia”. “Digo que me alegro que no estés, / porque si de nuevo, algún día,  / vuelvo a verte, / de seguro, /te amaría hasta el final de mis días”. Son designios de amor muy intensos.

La aseveración dicotómica de presencia-ausencia física es una conclusión, muy dolorosa, pero firme. “Aun así, el amor sin esperanzas / sigue teniendo aroma, /porque no se llena el corazón, / si no estás conmigo”.

           “Dame la mano, el camino es lejos; / dame la mano, el barco aún no ha partido”. La asociación con el puerto da la idea del marinero que arriba a él, desembarca, pero debe marcharse de nuevo, y es cuando deja aflicciones, soledades, vacíos, esperas.  La voz femenina pide que le dé la mano, signo de lo que puede ser tomado, idea de potencia.

            Sin embargo, aquí opera un cambio de ruta con el alma como elemento del ámbito espiritual  “Es que tú me entiendes /cómo se siente el alma: / como un abrazo con /las manos vacías”. El final de estos versos signa un campo de gran desolación, de lo inalcanzado.

En ese ahondamiento, la hablante recurre a otra estrategia de recuperación del amado “y cómo renunciar al amor, si su / sombra persigo en la noche.  /Sí, lo sé, ahora es un sueño. / Corre a la playa, estoy allí”. El campo abierto de la playa es un sitio de convocatoria para citar al amado desde el sueño vigilante, con la esperanza de que acuda sin tardanza.

En otra faceta, incorpora el fuego, uno de los cuatro elementos fundamentales, signo de purificación o pasión “Te quiero desde que te vi saliendo del fuego. /Este amor es gitano,  / y solo lo quita el fuego”. “Es cuestión de tiempo, / dos corazones: /un solo destino”.

Los elementos de la vegetalidad y la naturaleza encuentran asidero en este mapa lírico de la M.Ed. Saray Elena Loáiciga Brenes “Se marchitan las / rosas que me enviaste, / pero no lo que /siento por ti”; “Tú y yo somos río desbordando sueños / de noches cansadas, días enteros, / de campos floridos, lluvias y truenos, / donde corren veloces dos potros solos, /a orillas del mar y el cielo”. “Cuando la naturaleza se encuentra a mi alrededor / es cuando más puedo sentir ¡Oh Dios!, tu presencia, /y tu voz, tan cerca, está lejos/ en la soledad nocturna”.
           
            La hablante realiza una auscultación “Me miré en el espejo y esa niña /derramó otra lágrima en el espejo”. “Anoche me dijo la luna  /que me extrañabas desde lejos. / “Anoche me dijo el silencio  / que te extrañaba desde lejos. /  Si yo te quiero y tú me quieres, /a veces me pregunto,  /qué estamos esperando”. El verso de cierre es una expectativa que no solo le corresponde responder a la voz femenina, pero ella tiene la valentía de expresar dicha incertidumbre, mas no encuentra eco en la otredad, lo cual ahonda su desazón y desarraigo.

            En toda relación sentimental hay temores, porque somos parte de una incompletitud que espera encontrar el complemento ideal, la equidad y la comprensión en el Otro: “Y tengo miedo, / miedo que si tú no piensas en mí, /yo no hago más que pensar en ti”. “Me hacen falta fuerzas, / fuerzas porque te has metido en mí, /de un modo, /que si no te tengo a mi lado, / lo pierdo todo… / pero la soledad que siento /me sabe más que a cuerpo, /y es que yo me siento sola por dentro”. Los intensos nudos de la soledad asfixian a la amada ante la falta de respuestas. Sus interrogantes no son respondidas, la mayoría de las veces, lo que ahonda el sentimiento de soledumbre, de vacío, de marea y remolino en el golpeado cuerpo de la espera.

Hay un momento en que la voz femenina de Puerto difuso se autoanaliza, y afirma “Debió haber luna llena cuando nací. / Sí, yo nací en luna llena, /por eso, mi alma encendida / suspira en la noche, / por eso, las olas de mi mar embravecido /crecen con la marea”.

En otro periodo, la hablante  pronuncia lo siguiente: “Deja que sea todo así, /de tu vida y mi vida. Las olas me desplazan,  /y suelto las amarras con imprecisión absoluta. / Pareciera ser que tu puerto espera, /antes de llegar a mi  barco, su propio velero, /sin embargo, me aproximo, /a sabiendas de que en el mar no llegue mi destino… /Porque no te digo que te quiero, /si mi corazón ya no puede negarlo. /Digo que no te quiero, porque te quiero, /porque he tratado de enterrar mi amor en una playa vacía”.
           
En una especie de cierre, la hablante endiña: “Son largas las noches, /son largos los días, /las horas, los minutos y segundos, /cuando no estoy contigo, /pero el amor es libre y no cautivo. /Te dejo libre, para que pienses, /para que corras,  / huyas, /o vuelvas”. Las cuatro formas verbales son rotundas.  Por lo tanto, no habría más que esperar la respuesta anhelada que se espera haber leído en todo el poemario. La elección es del amado. ¿Lo hará; lo hizo?
           
La M.Ed. Saray Elena Loáiciga Brenes (San José, 1968)  incursiona en el mundo de la poesía con un texto en la plenitud de su vida. Libro de interrogantes, asertos, experiencias, expectativas suyas, o de cualquier ser humano que aborde la experiencia del amor, como tema eterno de la humanidad, desde los filones más honestos y comprometidos.  Ella es coautora de tres libros colectivos. Esta es su primera obra poética, publicada por Lara Segura Editores (2019).  

 
                         
            Poemas de marzo
      Saray Loáiciga Brenes

Estamos a la deriva tú y yo,
los dos nos necesitamos urgentemente,
porque nuestro corazón está solitario:
tu alma con mi alma se encuentran confusas.
***
Rompe las cadenas y ámame sin medida,
que mi ser ansioso te busca en la penumbra.
Rompe las cadenas y vivamos este amor,
que nos libera con impulso poderoso.
***
Porque es tan difícil amarnos,
y este amor escapa de nuestras manos.
Si yo te quiero y tú me quieres,
a veces me pregunto,
qué estamos esperando.

Si te hace falta valor
para enfrentarte a la tormenta,
yo lo tengo y me enfrento ante los
vientos tempestuosos,
aunque se rompa presurosa
la vela de nuestro barco.


martes, 9 de abril de 2019

LAS HISTORIETAS DE RODICAB






LA TRADICIÓN ORAL GUANACASTECA MEDIANTE LAS HISTORIETAS DE RODICAB






Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica




(Guanacaste/Moravia). Ronal d Díaz Cabrera (1975), conocido artísticamente como RODICAB, nació en Liberia, Costa Rica. De formación autodidacta, su afición por el arte empieza a brotar a muy temprana edad “desde que tiene memoria”. Dibujante por excelencia, se especializa en lo que ha sido su mayor pasión: el noveno arte -cómic, historieta o “novela gráfica”- como se le llama en los últimos tiempos.  
                RODICAB ha desarrollado, además,  diversas propuestas en el campo de la pintura y el dibujo artístico. Ha hecho múltiples exposiciones, tanto colectivas como individuales, dentro de  Guanacaste, nuestro país  y el extranjero.
            Fue miembro de la Pluma Cómic, división de La Pluma Sonriente (2000-2017). Con dicha Organización llevó a cabo, desde su propia iniciativa, La Semana de la Historieta, en Liberia, 2001. En el año 2003 participa con La Pluma Cómic en la primera muestra internacional de su obra, en la exposición colectiva “Historieta Costarricense Contemporánea”, en Italia y en México, en el 2003.
            Publica el volumen de su autoría Desafíos (2004), una novela gráfica que narra las aventuras de unos jóvenes que buscan la superación personal mediante la filosofía de las artes marciales. Con dicha obra, de 80 páginas, RODICAB se convierte en el autor del primer cómic book (obra gráfica de un solo autor de gran envergadura) que se publica en Costa Rica.
            Ronald Díaz Cabrera empieza con la recuperación de nuestra herencia cultural guanacasteca con el libro de historietas Leyendas de un Sabanero (2005),  un tomo compuesto de cinco relatos basados en el testimonio de antiguos sabaneros, quienes cuentan sus espeluznantes experiencias en sus noches de parranda. En el año 2009, gracias a la gestión de La Pluma Cómic, se publica su historieta “El Dueño del Monte”, incluido en el libro Perspectivas 8. EE.UU.: Editorial Thompsom Heinle.
            Además de sus publicaciones independientes, la pluma de RODICAB  ha tenido una participación determinante, por medio de la ilustración de valiosos proyectos culturales, entre los que destacan: Al Reencuentro de los Ancestros, de Anayensi Herrera; Cuentos guanacastecos, de Juan Santiago Quirós. Asimismo, Me lo dijo el Río y Guanacaste Nuestra Casa, un rescate de la música del cantautor Carlos Rodríguez Santana, recopiladas por Hernán Gutiérrez. Asimismo, Ronald Díaz ha colaborado con los periódicos regionales: El Sabanero, El Independiente, La Provincia y The Beach Times.
            En coautoría con el artista colombiano Óscar Sierra Quintero, logra la publicación del libro Leyendas costarricenses en novela gráfica (2011), gracias al apoyo económico de un premio de la Fundación Ford Motors Company en la Educación de la Herencia Cultural. Este volumen contó con historias alternadas, tanto de Óscar como de Ronald.
***
            En la actualidad, Rodicab continúa su incansable labor, y trabaja en diferentes proyectos culturales, a favor de fortalecer la identidad de la literatura oral dentro de la tradición popular guanacasteca.
                Hace dos décadas, escribí mi primer artículo sobre su  trabajo “Rodicab y sus historietas de vida” (Perfiles, octubre 1999, p.20). En ese entonces, afirmé que: “Cada historieta va paralela con la ilustración. Prefiere textos que cuenten historias. Cuando el proceso de creación del personaje se formula, siente que él es lo que nunca fue, lo que es y lo que no podrá ser. Para revivirlo, establece un paralelismo y su historia narrativa”.
            En su nuevo libro de historietas Leyendas sabaneras (2019), que consta de 274 encuadres textuales, Rodicab incluye siete leyendas, a saber: “El diablo chingo”, “El sabanero y el diablo”, “El cadejos”, “La Llorona”, “La carreta sin bueyes”, “La mona” y “La segua”.
                Como puede desprenderse, dichas leyendas tienen raíces inscritas en la tradición oral de la narrativa popular guanacasteca. En ese sentido, su trabajo creativo significa una aportación importante para redescubrir las señas de la oralidad  de las leyendas, contadas mediante la adaptación geotextual de sus historietas, con el contexto de la pampa bravía.
            La académica  Ana Cecilia Sánchez Molina (2015) aduce que: “La historieta es arte del dibujo y el relato, concebido para su difusión masiva. Como narración, la historieta se mueve en el tiempo, traza acciones y personajes, y construye ambientes (…)  La historieta sigue planteamientos y estilos propios de la época. A menudo, muestra diseños creativos que evidencian que es imagen, narración y montaje (…). Como lenguaje con una identidad propia, la historieta reúne –y refunde– los lenguajes de la imagen y la narrativa”.
            Rodicab respeta los textos de la oralidad, inscritos en la tradición popular de las leyendas, muchas de ellas, compiladas por Luis Fernando Guevara Cose y Javier Martínez Merino.  En esa línea, María Eugenia Bozzoli expresa: “Por su valor estético, los géneros de la tradición oral son patrimonio cultural de los pueblos, se debe procurar su conservación del mismo modo que cuidamos otros productos de nuestra historia” (Bozzoli, 2011: 4).
            El diablo es un personaje en las leyendas que entroniza la oposición entre el bien y el mal. Él simboliza, entonces, la oscuridad. El diablo es el adversario de Dios. Óscar Sierra aduce que: “Etimológicamente,’Lucifer’ significa era “portador de la luz”, como lo era este ángel antes de ser expulsado del cielo por su rebeldía y arrogancia” (Sierra, 2011: 7).
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            En  El diablo chingo (33 encuadres),  el diablo se representa en  un toro negro, sin rabo, al cual no lo podían amarrar. Ese toro desafiaba a los sabaneros, pues su tétrico mugido espantaba a las bestias, por ello, era considerado el puritico, el mismito demonio. Julián Marchena, el mandador de campo, se va solo a lazar al toro, pero nunca regresa. Teresita cuestiona ¡Cómo es lo que dejaron ir? El cierre de la leyenda deja leer: “Se oye el mugido de un toro, el ladrido de un perro -el Canelo, su perro fiel- y el grito de un sabanero”.
            En  El sabanero y el diablo, (29 encuadres), se ubica en la bajura guanacasteca en 1960. Chu García tiene a Carmelita, quien es su morena. Su caballo es el Chele Él es alegre,  mujeriego, trovador, parrandero. Se encuentra con el diablo, quien le dice “Vengo por tu cuerpo y por tu alma”, a lo que él responde “Yo le voy a enseñar a respetar”, con los cinchonazos de su cruceta, pero su oponente no era de este mundo: “Yo soy el diablo y he venido a llevarte conmigo en cuerpo y alma al infierno”.
            En el instante del enfrentamiento, Chu García recordó los consejos de su madre, quien le había dado la oración de la Santísima Trinidad, asimismo, reza el Padre Nuestro y logra salvarse. A partir de ese momento, García cambió: fue otro hombre.
            En El cadejos, (37 encuadres), se habla de Toñito (joven diferente, quien vagaba solo por lugares apartados).  Se alejaba de su terrible tormento: su propio padre, un empedernido machista, quien denigra a su esposa María. La acusa de inútil. Su compadre le dice que su hijo es maricón, pues no ha bebido, para que se haga hombre.  A su esposa le reclama que ha criado a un inútil “que se esconde en las naguas de su mama”. Su actuación deja amargura y desconsuelo.
            Toñito, cansado de los insultos y las agresiones verbales,  prepara un susto a su padre: con un cuero peludo y unas cadenas, Toñito sale a medianoche, para darle un escarmiento a su padre: “Un buen susto para que aprenda a respetar”.  Su disfraz lo convierte en una criatura espeluznante. El padre lo maldice. El cierre de la leyenda dice que: “Desde ese entonces, cuentan sobre la aparición de un enorme perro noctámbulo que tiene un extraño vínculo con los “esclavos de la bebida”.
            En La Llorona, (65 encuadres), Magdalena es una joven muy agraciada. La piropean los hombres; la envidian las mujeres. Jacinto es su novio. Pide su mano y lo aceptan por ser honrado y trabajador. Cuando se conoce la noticia del compromiso de Magdalena y Jacinto, Roque enfurece, porque ella  no le hizo caso.
            Magdalena se baña en el río. Roque la vigila, abusa de ella  y la maltrata en forma brutal “Vos tenés que ser mía”. Jacinto le pregunta “¿Quién fue?” y ella le responde que fue Roque.
            Jacinto va en busca de Roque, tienen un duelo con machete y ambos mueren. Ella queda embarazada de Roque. Procrea un hijo que  lanza al río. Luego arrepiente, pero ya es tarde, por cuanto el río estaba muy crecido con sus implacables corrientes.
            El cierre de esta leyenda hace ver: “Cometiste un crimen imperdonable. Estarás en pecado mortal por toda la eternidad.  Yo te condeno a vagar por las orillas de los ríos, buscarás a tu hijo por todos los siglos. Lo verás pero no lo podrás rescatar y tu llanto será tal que espantará eternamente a quien se topé con ella”.
            En  La carreta sin bueyes, (29 encuadres), Marcial regresa de comprar los víveres semanales a doña Nacha. En eso, escucha una carreta que sonaba, pero no se acercaba. Cuando logra divisarla, Marcial ve que la carreta venía sola, sin bueyes, por lo que es una carreta maldita. Con gran miedo, Marcial se echa al hombro la pesada carga y corre velozmente.
            Dice que la leyenda que un boyero jalaba cargas extremas en su carreta. Era cruel con los bueyes; les exigía demasiado. No les daba descanso. Cierto día, los animales no pudieron más y murieron en un barrial. Por lo tanto, el boyero pactó con el diablo para no necesitar de los bueyes y solo salía de noche con la carreta. Por eso, cuando el boyero muere, la carreta continúa asustando a quienes andan a deshoras de la noche por caminos solitarios.
            En La mona, (38 encuadres), Gumersindo Peña es un mujeriego, domaba potros chúcaros, es un buen montador; hacía la pega a los toros más bravíos. Consigue que la hija de la bruja Facunda se le entregue. La bruja le advierte sobre las aviesas intenciones que tiene con su hija.
            Ella promete vengarse, cuando él va de regreso a la hacienda “Hasta aquí llegaste mujeriego”. Gumersindo busca la cruceta con la mano derecha y con la izquierda un puñado de sal y enfrenta al espanto con un conjuro: “En nombre de esta cruz, símbolo del Cristianismo”.
            Él pide saber quién es la mona. Facunda promete no volver a convertirse y él la perdona. “Te libero desgraciada y no volvás más”. Por otra parte, la madre de Gumersindo suplica a su hijo que rectifique el camino.
            En  La segua, (43 encuadres), consta de diferentes versiones, esta leyenda narra  la presencia de Soledad Romero, “una misteriosa mujer de gran hermosura, cuyos exquisitos encantos resultaban irresistibles para los viajeros nocturnos que eran presa fácil de la tentación”.  La joven le reclama a su madre Engracia, quien le dice que no confíe en los hombres que la adulan.  En una ocasión, cuando su madre la reprendía, Soledad le levanta la mano a su madre, razón por la cual, su “belleza se convertirá en maldición por el resto de los siglos”, pues con su hermoso cuerpo “encantará a los hombres, pero cuando vean tu rostro, conocerán el horror”.
            Soledad Romero censura a su madre cuando le expresa “Usted me condenó a esta pobreza”, y de seguido, asevera: “usaré mis encantos en mi beneficio”. Al final, la leyenda deja leer “Y cuentan los que vivieron aquellos tiempos pasados que aquella noche de luna llena terminó la historia de Soledad Romero y comenzó la leyenda de La Segua”. Sin duda, estamos ante un evidente  proceso de animalización.
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            En síntesis, la selección de siete leyendas que Rodicab presenta en este nuevo volumen de historietas, significan un gran aporte a la tradición oral de la literatura popular guanacasteca. Sus leyendas incorporan un léxico  regional (vaquiada, caites, cinchazos, boyero…), cronotopos y espacios de la llanura “La luna llena de marzo iluminaba aquella madrugada en la bajura guanacasteca”.
            Sus trazos en blanco y negro confieren naturalidad a las viñetas ilustrativas de sus encuadres textuales, junto con las imágenes interpretadas.  Caracteriza a los personajes, tal y como él los visualiza, a partir del texto escrito.
Ronald Díaz Cabrera hace acopio de muchísimos de los elementos estructurales del relato gráfico, tales como planos, viñetas, encuadres, bocadillos, globos, figuras cinéticas, encadenadas, panorámicas o secuencias, entre otros.
            El cuadro discursivo se puebla de hombres y mujeres, caballos, toros, bueyes, perros,  brujas, monas, demonios, diablos, monstruos, conjuros y elementos religiosos. Las oposiciones  reivindican el bando de lo humano. Los deícticos crean suspenso y advierten sobre el género. Las formas impersonales acrecientan la tradición: “cuentan” o “dicen” que todas las leyendas surgen a partir de relatos.
Como apunta la crítica polaca Magdalena Perkowska (2008): “El tiempo verbal de un relato biográfico suele ser el pasado que connota la fijación. Se narra la vida como una línea continua, borrando las fisuras y las líneas en fuga, lo que subraya la solidez del sujeto” (p.246).
En ese sentido, siguiendo a Perkowska: “el paralelismo que se establece (…) entre las fotografías y el texto funciona como un metacomentario sobre la organización temporal del relato y la dimensión selectiva de la narración” (p.247).   
En síntesis, este nuevo libro de historietas, del artista Ronald Díaz Cabrera: Rodicab, a partir de siete leyendas de la tradición oral de la cultura popular, realiza una gran aportación al revisionismo cultural.  Se advierte  gran madurez de pensamiento y una decidida línea de compromiso artístico, coherente con su perspectiva de la cultura popular. 
Sus ilustraciones, en claroscuro son, sin duda de que sea así, una historieta de vida para encontrar la luminosidad de la tradición, desde el Guanacaste de siempre, el cual no queremos que  se convierta, nunca, en un Guanacaste ajeno a nuestras raíces identitarias.

Lic. Miguel Fajardo Korea


domingo, 24 de marzo de 2019

ANDRÉ CRUCHAGA EN LA MEMORIA DE LA POESÍA

Miguel Fajardo Korea (Poeta y ensayista costarricense)






Artículo

ANDRÉ CRUCHAGA
EN LA MEMORIA DE LA POESÍA




Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com


André Cruchaga (El Salvador)


(Moravia, Costa Rica). El trabajo de difusión cultural de André Cruchaga (El Salvador, 1957) es excepcional.  Las páginas de sus revistas electrónicas, en especial, “Odiseo en el Erebo” están al servicio de la extensión cultural sin distingos de nacionalidades ni ideologías. 

Él se esmera, cada día por ofrecer los mejores y más exquisitos portales de la cultura y la luz intensa de la poesía.  André Cruchaga ofrece espacios de conocimiento  frescos y caminos humanos y literarios, tan vastos y reconfortantes para el espíritu. André Cruchaga ha fungido como jurado en diversos certámenes. Asimismo, ha sido distinguido con  premios literarios. Es un académico y un trabajador incansable de la cultura. Su labor humanística es digna de encomio, en un mundo abierto a la indiferencia y la incomprensión.

La poesía tiene una virtud: es un encuentro y un  desencuentro.  Las posibilidades de convergencia desde la poesía son múltiples.  En este caso, Internet fue el acercamiento; los libros, su fortaleza. Una tercera fase, será conocernos personalmente, en el momento oportuno, en alguno de nuestros países centroamericanos. Este último está pendiente, a pesar de que visité su país hace unos años.

André Cruchaga es profesor de humanidades y Ciencias de la Educación.  Ha sido académico en enseñanza media y universitaria.  Su bibliografía es extensa, con 22 libros publicados en diversos países, tales como El Salvador, México,  Estados Unidos o Cuba, entre (1992-2018). En mi biblioteca dispongo de 12 de sus libros, lo cuales ocupan un sitio especial en ella.

Entre sus títulos editados sobresalen: Alegoría de la palabra, Fantasía del agua, Fuego de la intimidad, Espejo de invierno, Memoria de Marylhurts, Enigma del tiempo, Visión de la muerte, Antigua soledad, Insomnio divagante, Viento, Césped sobre el fuego, Fugitiva luz de los espejos, Fantasía del bosque, Caminos cerrados, Enigma del tiempo, Roja vigilia, Querencia del follaje, Rumor de pájaros, Oscuridad sin fecha, Pie en tierra, Viajar de la ceniza, Cuaderno de ceniza, Sublimación de la noche,  Poeta en Barataria, Balcón del vértigo, Post-Scriptum,  Viaje póstumo,  Lejanía, Vía libre, Cielorraso, Calles, Ars moriendi,  y Motel.

Su obra poética ha sido parcialmente traducida a doce idiomas, entre ellos: inglés por Grace Castro; francés por Dànielle Trottier y Valérie St-Germain; vasco por Miren Eukene Lizeaga; griego por Lia Karavia; holandés por Michel Krott;  rumano por Liliana Popescu y Elisabeta Botan; catalán por Pere Bessó, quien ha difundido, grandemente, la obra del bardo salvadoreño. Varios de sus poemarios son ediciones bilingües, lo cual amplía su circuito de lectura a otras posibilidades y espacios lingüísticos.   

         En la poesía de Cruchaga existe un dossier de antifaces, aunque al hablar de la vida no se debe temer a los fantasmas, sin embargo, las hormigas se mueren al ver los espejos.  La vida nocturnal es un horizonte de soledad, verjas y sombras en la luna.  Es decir, en el mapa lírico de Cruchaga campea  una honda preocupación  por la nostalgia de los espejos, lo inanimado es una respuesta donde “El silencio nos arroja rostros reales”.

         El ánimo del cansancio es un desgarramiento en el espacio corporal.  Mares y noches, bocanadas y desgarramientos. Sus preocupaciones estelares son el silencio que habla y ve, porque “Nos toca morir en un país de gritos”.  Es el grito humano como un vector semiótico de repercusiones en el atardecer de la sonrisa, en el círculo cabalístico, o bien, en las tumbas hambrientas.

         La ubicuidad es otro de los rasgos de este mapa lírico  “Uno se da cuenta de que ya no se es de aquí ni de allá”·  La mirada se comporta, entonces, como uno de los signos del futuro en el ayer, es decir, siempre. “Un corazón donde latía el río” es una imagen plurisignificativa de hondo arraigo expresivo, en el trópico del oleaje, en la hierbabuena del tiempo.

         Existe un acendrado espíritu de búsqueda por los desaparecidos, por sus olvidos “Tan atroces como hablar con las sombras”.  Dice Benedetti que “el olvido está lleno de memoria” y, en esa dimensión, el autor salvadoreño expresa “La tempestad de la ciudad y sus desaparecidos”.  El tópico central de la ciudad, con todos sus contornos y expresiones desangeladas. “Este país fue hecho prohibido para el olvido”, es un verso contundente, restallante.  Es una incisiva reflexión para todos.

         Ironiza cuando aduce “Sé que la vida, de vez en cuando, es un manicomio”.  La vida, el mundo mismo se comportan de esa manera.  Los actos coyunturales son problemáticos, hoy.  A veces, “La vida es un viaje a cero”.  En otro momento discursivo remarca “Me duele saber que la vida encarna oscuridades”, a pesar de ello, “Su sombra es mi ser.  Mi compañía.  El centro de mí”.  Es decir, la fuerza humana es un sujeto activo en este mapa lírico.  Esa condición actancial le permite decir “Un segundo en un vaso es la vida”.

         Pie en Tierra incursiona en un dualismo de entrada “Contemplar es vivir.  Vivir es despertar”.  Es como si el río de las irrealidades sujetaran al poeta y le indicaran otras rutas, aunque “De nada sirve abrir los ojos: todo es sombra”.  Y en esa vastedad de la sombra distinta “La noche tiene un solo ojo ciego”.  La ceguedad del mundo es asombrosa.  Tenemos tanta capacidad  para destruir, que se debe “Descubrir los pasos desgastados en los espejos”.

         Los textos de este poemario de Cruchaga son más extensos, como si quisieran expresarnos todo su dolor, su angustia existencial ante los avatares del mundo, ante los quehaceres de las fronteras, aunque “Nada es posible con ellos para que no se pudran las palabras”.

         El sujeto lírico aboga por los desaparecidos “Luego sobrevienen los exterminios selectivos”.  Las estadísticas planetarias, en ese sentido, son  apabullantes.  Uno se queda incrédulo ante tanta barbarie y eso que estamos en el siglo XXI “Solo me queda esperar noticias / Y asumir la culpa / Y recoger el espejo de mí mismo en pedazos”.  Los poetas no renunciaremos a seguir denunciando ese Apocalipsis.

         “Ahora nadie ve y nadie ha visto” (…) “Comiéndose la vida”.  El dolor como comida es un signo devorador “Por mucho tiempo a los vivos nos come el luto”.  Sus doloridos acentos singularizan una especie de esquema recolectivo de la angustia y los traumas humanos más evidentes, porque “Vivir aquí es una aventura de la sed”.

         En el universo poético de André Cruchaga “Jamás regresaremos al mismo sitio / de donde partimos”, porque “Todos no somos los mismos”.  En ese encontrarse y desencontrarse que es la vida, la voz de Cruchaga es un resquicio para reflexionar sobre la condición vital “Por eso la mayor fatalidad es estar vivo, seguir vivo”.  Las herencias le preocupan al poeta “Partir dejando a otros, espectros de sí mismo”.

         Seguidamente, ofreceré un selecto corpus de versos relevantes de siete de sus libros, publicados entre (2014-2018), para plantear un comentario integral sobre la calidad literaria en la poesía del salvadoreño André Cruchaga, gran y solidario poeta centroamericano.

         De Postscriptum (2014) selecciono versos ineludibles: “Ya solo es memoria el camino andado”, “recomenzar el camino del universo”, “Nunca ha sido fácil tener ojos para tanto mundo”, “el futuro es solo una calle sin ojos”, “Mi memoria es otra cruz semejante a los candiles oscuros de la sed”.

         De Viaje póstumo (2015) muestro el siguiente corpus: “el aliento es el tiempo póstumo de mi mundo”,  “diles que no es pecado el mar en la boca: todo tu mar”, “Quemamos los barcos descreyendo del horizonte”, “Se ha hecho memoria la voz del mar”, “el poema, después de todo, se escribe en las páginas de sangre”.

         De Lejanía (2015): “Cada minuto cuenta para el arcoíris de la sombra”, “Desnudarte, después de todo, quizá sea  la forma de vestir mi rebeldía”, “Las calles siempre tienen la tentación de hablarme: existen”,  “Al final del día, queda el libro sobre la mesa y el fogón ardiendo en secreto”, “¿En qué pedazo de tierra vive el futuro?”, “Ahora libre aunque nade siempre contracorriente”, “el semen como un labio sin sed en medio del hambre”.

         De Vía libre (2016): “Hoy es un día sin sobornos”, “Nunca la agonía deja de ser relámpago o piedra”, “La memoria es una sombra que nos quema la respiración”, “¿Cuántas ausencias hay que escribir para encontrar la memoria?”, “en cada poema me atrevo a tocar el infinito”, “Nunca ha sido fácil tener ojos para tanto mundo”.

         De Calles (2017): “Cuando hablo de laberintos me refiero a ese viaje de flechas de todos los días”, “La vigilia me hace contar los días sin quitar la vista de las llaves”, “La palabra, ese hallazgo definitivo del horizonte”, “¿En qué momento cambió el universo de la alegría por las húmedas plegarias del sollozo, o los funerales?”, “Aunque todo sea transitorio, la tempestad renueva los aullidos”, “Al final, solo me queda el camino de la memoria o del olvido”, “Es inútil la libertad cuando callas o ya has pasado a otra vida”.

         De Ars Moriendi (2018): “Cuando el tren me regrese a casa, habrán escapado las ventanas”, “la piedra sigue ahí, en todas las formas posibles de los puntos”, “Camino alrededor de mi sombra. Oscuras palabras”, “En este lugar quiero morir desnudo como mi país”, “El azadón de la fe no absorbe al enemigo”, “Nada tiene sentido cuando la edad se ha convertido en un vestigio”, “Siempre ha sido difícil ver las palabras en medio de las ruinas”, “Uno nunca sabe hasta dónde es posible arar con las palabras”, “Ahora es la incertidumbre la única certeza para abrir las puertas”, “Con toda esta edad incesante de las palabras, escribo el poema”.

         De Motel (2018), que es un texto de prosa poética, prosema, citamos: “La herida en ráfagas derrama sus augurios”, “La magia del espejo nos vuelve criaturas diferentes”, “¿Quién puede negar los múltiples rostros del poema?”, “Siempre el candelero nos sorprende con su luz a media asta”, “Después de todo, abierto el resplandor se hace poema”, “Toda la marea de las aguas  empieza a ser sonambulismo”, “Solo recuerdo la desnudez ciega que nos mira en la memoria y el vacío a oscuras como la habitación que dejamos”, “Hay algo que siempre está en la conciencia y que no se puede nombrar”.

         Cuando se lee de manera morosa la poesía de André Cruchaga, advertimos una extraordinaria capacidad para construir imágenes, a partir de elementos cotidianos, materiales o abstractos. La inclusión de elementos simbólicos es notable, pues con base en ellos, elabora versos de una señalada calidad y méritos poéticos.

         En su mundo lírico, se advierte una marcada recurrencia a poetizar sobre el olvido, la memoria, el universo, la sed, el mar, el tiempo, la poesía, el infinito, su país, las palabras o, el horizonte, por citar algunos ejes temáticos caracterizadores de su poética.

         En su poesía, el símbolo es uno de los recursos más utilizados dentro del sistema de significados poéticos. Asimismo, hace gala de un manejo pleno de las figuras retóricas como procedimientos que forman parte del valor estético de la creación literaria.

         Entre sus lecturas se advierte una fortaleza en su concepción cosmovisionaria.  Puede observarse en ellas, epígrafes testimoniales de figuras tan relevantes como Antonio Gamoneda, Pablo Neruda, Andrés Sabella, Eduard Jaguer Roque Dalton, Manuel Altolaguirre, Luis Cardoza y Aragón, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Juan Antonio Massone, César Vallejo, Bertolt Brecht, Pablo Picasso, Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez, Dylan Thomas, Aldo Pellegrini, Fayad Jamis, Joan Brossa, André Breton, o Braulio Arenas.

         Al dar cuenta de la alta productividad poética del poeta salvadoreño André Cruchaga, nos regocijamos en disponer de una docena de sus libros en nuestra biblioteca personal costarricense, pues, de esa manera, releemos sus libros y nos acercamos a su acento creativo de gran capacidad poética y de construcciones novedosas que nos ponen a reflexionar acerca del verdadero oficio de un creador holístico como André.

Desde Costa Rica, saludamos a André Cruchaga, un insigne trabajador, y difusor de la poesía sin  latitudes ni banderías, pues él sabe, y muy bien, que cada creador realiza su mejor esfuerzo por ser honesto y transparente, desde su universo creativo, en aras de  alcanzar un mejoramiento, en favor de las mayorías menos favorecidas del mundo.


LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA

Centro Literario de Guanacaste, Costa Rica
(24 de marzo del 2019)