En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



jueves, 17 de diciembre de 2009

poemas de rodolfo naró

Rodolfo Naró, México



Me duele el silencio

Me duele el silencio que me rodea,
La noche fría que me espera,
La luna llena que me espía
Y el latir de mi corazón
Que me recuerda que estoy con vida.

Me duele la piel, las manos,
El vacío de mis brazos;
Esta oreja melancolía,
Quererte con las ganas
Y perderte con el alba.

Me duele tu risa y mis recuerdos.
El aire que respiro,
La amargura que transpiro;
La noche, el día, el sol y la lluvia.
La música cuánto me lastima.

Me duele cerrar la puerta,
La costumbre de tus caricias.
Este amor
No correspondido,
Ya imposible,
Ya olvido.
©Rodolfo Naró
De: Amor convenido



Mi casa

Si las camas se miden por almohadas,
Necesito entonces un par, para abrazarte en la madrugada.
Necesito un refrigerador más grande,
Con nevera sin escarcha, para congelar tu recuerdo
Y poco a poco alimentar mi esperanza.
Necesito un baño con tinta para ahogar mis lágrimas;
Y una alfombra grande, para revolcarme de lado a lado,
No sentir el frío del piso, de tu retrato y su mirada.
Voy a comprar cortinas grandes, ahiladas,
Para estar en penumbra, aun para la mañana.
¡Qué descaro del sol! Nadie lo invita pero se adueña de la casa,
Todos los días llega sigiloso de madrugada.
Necesito pintar paredes, cambiar cuadros, redecorar la sala,
Que dejen de platicar el viento y la ventana,
De hacer el amor llaves y chapa.
Necesito calefacción para este frío de matemáticas,
Para suplir el calor de tu entrepierna, viva como brasa.
Necesito empezar por cambiar la cama, la cabecera de cristal
Que aún tu imagen refleja y mi lucidez engaña.
Necesito también cambiar las sábanas.
©Rodolfo Naró
De: Amor convenido


Lecciones de agua

Busco la orilla de tu pecho
A nado sostenerme en el estanque de tu pecho.
A veces te confundo con el agua de los vientos
Rápida como la luz también viajas del cielo
Y estoy esperándote como el niño al tiempo,
Cuentas los segundos gota a gota,
Lagrimal gotero de tus ojos desvelo.
La brazada no me alcanza para llegar a tu cuello.
Es un mar de olas quietas tu vientre de espejo
Donde me miro y me desconozco,
Es mi otro yo que te está queriendo.
A nado me acerco,
Emerjo de entre tus piernas para sobrevivir,
Necesito el aire de tus cabellos,
La sal de tus labios para flotar al primer intento.
Me busco en tus ojos, me sostengo de tu nariz,
Pero cierras tu doble universo
Y otra vez quedo náufrago, sin puerto.
©Rodolfo Naró
De: Árbol de la vida

poemas de rodolfo nar

miércoles, 16 de diciembre de 2009

poemas de pedro péglez gonzález

Pedro Péglez González, Cuba









MEDITACIONES







Qué horriblemente hermoso
era aquel tiempo.
Silvio Rodríguez






El duende peina un ara
casi antigua
como unicornio blanco
¿Quién le ayuda a carmenar la urdimbre?
¿A quién saluda su gota de rocío?
¿Quién santigua con su lágrima el parque?
(Algo atestigua que Dios bebe)
¿Cómo del dulce abismo no pudo
volver septiembre?
Ah sismo de los ayeres al día
(Quizá abril destiló otro genio:
ojalá hubiese sido azul
pero Dios mismo fue tartamudo)
¿Acaso Azar se atreve a decir
que no hubo flor de nueve pétalos?
¿Será que el gnomo es olvido
donde acaricia un ave
su otro nido?
¿Será algún día amaranto?
Ahora llueve
(No se sabe si llueve o si diluvia)
Ahora es nube
(Una espada lene y rubia resucita
en el duende cierto arcángel)
Ahora es azul
(Oh pasa pasa un ángel
pasa y se hace leyenda entre la lluvia)







DONDE DICE PRIMAVERA Y ES OTOÑO






El mar
entra a borbotones por la buhardilla
El seco se humedece
bajo un eco de su pubertad
Los dones de la infancia
son blasones de su hamartía
Ahora
al fin del árbol
se ve delfín sobre la esperada ola
Hay una falla
Una sola: Él ya no es
el calcetín de los venados
El ruin de Delfos
que lo hizo paria
le está tarareando un aria a contratiempo
El festín es Hamelin:
Cornetín que a sus colibríes
lleva hacia el agua
Acaso llueva en el corazón del druida
(ah incomprendido suicida) pero calla
Quizá llueva ahora mismo
en su longeva sed de Adán
pero sin diente para manzanas
(Serpiente se santigua en una cueva)
Eva no es culpable
Eva se contenta con ser dos
La hamartía es el oikós de Adán
Su recua de escombros lleva
un borrego en los hombros
Y pretende hablar con Dios








UN HOMBRE UNA MUJER







tienen relojes
diferentes al rito de los meses
Un hombre una mujer entre la gente
que se espanta de hallarlos sólo flores
Un hombre una mujer nacen canciones
más antiguas que el néctar de la luna
Un hombre una mujer (Clydermann duda
si ha visto cosa igual) tocan un piano
fabricado en papel grávido y raro
que se parece al fiel de una pregunta
Un hombre una mujer (Alguien abjura
de ser el cataclismo de la suerte)
Un hombre una mujer (Alguien disiente
de ser la clave Sol pero le gusta)
Un hombre una mujer Pobre la duna
el cartapacio el trillo a rutina
Pobre el perfil de Dios si no se admira
de verse entre sus cuerpos desvestidos
Un hombre una mujer se aman un siglo
cuando se están hallando todavía

martes, 15 de diciembre de 2009

poemas de carlos calero

Carlos Calero, Nicaragua







Alberti en mi sueño






Su risa fue abrazo mediterráneo, fue el tejido de un golondrinaje y balcones. Desperté del olor calcáreo y me posicioné del mar, de los islotes con mis manos abandonando la sal viva. Era carcajada y vela la playa del poeta; era un oficio tropical y la plenitud con arboleda hortelana de canas atigradas, era un rizado en altamar y el rescoldo azul del verano. Tocó tierra con su pasión y náufragos encantados --esbozado el apenas y la risa caminante de la mañana--. Fue hondo el golpe de sus remos rotos por los litorales y, únicamente, la prisa de quedarse vivo con urdimbre de arrecifes y metáforas urbanas: fue la mano del mundo, tallada por los orfebres del sueño y las vihuelas matinales. Entonces caldeaba olor en pleamar, con muelle mágico y oleaje de poemas; así revivió el poeta para reconocer su sed, encima del túmulo gutural de la ola, con cielo rojo, ira voraz y la pena sin penas, o los pezones de nuestras lagunas con sirenas.






El ruiseñor





Al poeta lo soñó el ruiseñor con ventana y espíritus, con el ala selvática pregonada desde la Torre de la Merced y su León colonial con don José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal de la vanguardia que se prestaron las casonas de la rebeldía. El pájaro alto y alado encontró cielo con destello del gorjeo; encontró memorias y pobló insomnios con huertas bronceadas. Así tronaba su tambor profano con cal y piedra de ecos iletrados: fue una voz breve y alta, la metafísica del trópico: esto nos recuerda la caricia celeste de sus poemas. Fue y será la fe del mundo por la poesía; estará acompañado con la peregrinación perenne de Rubén Darío. Fue y será la chispa de nuestros amaneceres, el sueño que vio alondras o poseyó el aire con séquito de pléyades, rozando la celda del misterio con locura e ingenio, y un espíritu indómito de Alfonso Cortés, el asombrado, en una locura de cuatro paredes.







El garrobo




"Y el soñador y el sol, predestinados
por tanto hallazgo,"
Jorge Guillén





Tiembla el verano. La piedra volcánica y la soledad soportan un sopor de asombros. El aire tiene alma, sube verde en visión al mediodía; los troncos tejen nudos con el tiempo. El arroyo del Cailagua desborda en recuerdos, con sed de espíritus; y el güis evoca tristeza en sus alas. Las indias bajan al círculo, se persignan, van desnudas, con ardor en los pubis; esperan la muerte del recuerdo pero se arrepienten: ven la brujería del silencio. Los indios abren tumbas y vuelven a su soledad de albas. El garrobo custodia los misterios con poder de resolana; su cabeza guarda el destello, guarda detalles, huele en el aire las almendras, y sube a la rama calcinada para poseer a la iguana desde el espinazo al asombro.







Epitafio para José Coronel Urtecho





Morir y recordar son riachuelos detenidos en la tierra; son la losa del tiempo y ya está dicho: agua mansa con escamas, plata nerviosa en el reverbero del follaje, lavanderas sin sostenes: San Juan de la Cruz entreve sombra y nubes descendidas hasta el puerto de San Carlos al mediodía. Son las tentaciones del agua y el susurrarle al río San Juan las penas de la fortuna; entonces, repentino empieza el nuevo poema, con pipa y tabaco que envían señales a la María Kautz quien custodia las cornisas del cielo cuando la mañana baja a organizar el rumor del café, la cocina con tortilla de maíz, gallo pinto y picadillos. Los ojos del Güegüense y su chinfonía paladean copita de miel de palo, cususa mareadora y en la antología, con los dedos ensalivados, pone señas a los mejores poemas de los poetas norteamericanos. El soneto carnal, olor a matas de rosas y rimas en cadena destraban la lengua del Tío Coyote y Tío Conejo para que don Rubén Darío conozca pangas, racimos de cangrejos y mojarras fritas con las sartenes de las memoria. Don José aspira viento oloroso a azucenas, y sincero lee versos de la biografía de su mujer que rugió al amor como leona; o saltó la cuerda de la felicidad para que el poeta se sentara a escribir poemas que se deshijaron en la Vanguardia. Al despedirse guardó el tabaco, apoyó su bastón sobre la tierra, restregó agua y jaboncillo al cuello del vestido de la Emily Dickinson donde dejó la pluma anidada y una esbelta garza de Solentiname mientras atento y sobresaltado Ernesto Cardenal descubre milagros sobre un árbol de cortés y la comunión liberadora del lago con el cielo. Desde la orilla de la playa habla Granada con el muelle; habla el campanario repleto de palomas, con cañones que nadie recuerda cuándo se dispararon, con glorieta solar y Joaquín Pasos o Manolo Cuadra remodelando sus poemas... La ciudad de beatas, sus destinos indescifrables, el sol encumbrado en los salones coloniales, la ciudad que duerme esquivando poemas del Coronel Urtecho, su golpe azul de campanas, la resurrección del barco negro y los tiburones del lago. Un itinerario intacto, las conversaciones con poetas jóvenes en su casa o Managua, el ramillete, la llave y ganzúas de posibilidades en la poesía, el duendecillo del verso en la punta de la lengua, los hijos, los nietos y tataranietos del maestro esperando el próximo poema, un Mejía Sánchez desembuchando su tigre en Masaya, o Martínez Rivas en exacta rebeldía, y Azarías Pallais discutiéndole que contra el calor basta y sobra con quitarse la sotana; también el loco Cortés murmura insomnios divinos, y las iras con astros y espíritus, y aparece Pablo Antonio Cuadra con el idioma del alma, o Ernesto Cardenal que estando en Nicaragua habla de las constelaciones. El poeta tiene manos tibias y Dios sopla salmos a su oído; el poeta responde con interioridades: todo está listo, pues después de tantas vueltas, recovecos y revueltas el dolor y la alegría nos dan a vida, o no son más que un portazo esperando en el cementerio.

lunes, 14 de diciembre de 2009

tres poemas de david cruz

David Cruz, Costa Rica









Noble sombra







Hija del demonio gris de la carne,
recuerda tus pechos cuando se hayan quemado,
como las tardes que dejan de ser misteriosas
para convertirse
en obstinadas mendigas de la inocencia,
en carroña despreciada por los buitres ,
en la sangre seca del ladrón
que olvidó robarse el amor.
De tus besos fieles a las noches,
largas como la muerte.
Recuerda las manos extrañas,
las camas húmedas
con tu sudor
empapado de alcohol
y los rastros de saliva de algún viajero
que soñó contigo.
Y a la mañana siguiente
partió en el tren
mientras tu sombra se lavaba
el veneno de los labios.








Natación nocturna







Por los cristales rotos
la noche inscribe sus metáforas
JENARO TALENS







La ciudad víctima que se esconden en las veredas
y pasean por las comisarías.
Ellos sonríen a las muchachas ingenuas
con sus cuerpos sumergidos en la tarde,
arrastran los restos de la mañana
en sus párpados cansados,
en su pelo rizo que transformará la noche
como preámbulo a la muerte;
perro callejero
revolcando la basura,
escrutando las puertas traseras de los restaurantes,
reconciliándose con el hambre.
Las luces de neón
absuelven el cadáver de la luna,
borrosa luz resguardando las plazas,
excremento solitario en las azoteas
con generaciones de desaparecidos
en sus regazos,
con generaciones de bohemios
sin sueños de alcohol en los inviernos.
Y son ellas, lámparas ausentes,
quienes buscan a los suicidas
de las noches como ésta
en ciudades como ésta;
donde la gente camina asustada
desconociendo
verdadero crimen del amor.







El templo







El templo es un frío forcejeo de ladrillos.
Todo allí dentro es predecible,
siempre acaban repitiendo el sermón.
Como en una vieja rockola
donde los borrachos saben la letra.

Aquí velaron a mi padre.
La enfermedad del tiempo lo sorprendió
una mañana, masticando
el amargo sabor de los noventas.

Sillas talladas a mano,
el revólver
para ahuyentar la soledad
y los dientes postizos
fueron su herencia.

¿Qué no empeñó por la vida?


Es mejor fingir la muerte.
No apostarle a la eternidad del humo
de los cigarrillos,
o a la piel exagerando sus dotes
como un himno
entonado por compromiso.

Nada es real cuando cruzamos esta puerta.

sábado, 12 de diciembre de 2009

poemas y nuevo libro de Alejandra Ziebrecht en Concepción, Chile.

Alejandra Ziebrecht, Chile











Asuntos Pendientes








Qué duda cabe
después de la despedida
que ha durado siglos
consagrados a la extensión
de los cuerpos
Qué pesadilla o bestial aprendizaje
o morbo
ha sido este
convite a lo imposible
a lo gastado
de ti
y de mí
a los remiendos
Ni yo
ahora
sé por qué escribo
cuando debiera
estar sobre la cama
soñando con la muerte
esperándola
o pensando en la puta de Talcahuano
que se quemó a lo bonzo
por culpa del olvido
Como dijo la Palmenia Pizarro
por culpa del mal amor
por culpa del licor barato de la tía Olga
Qué duda cabe
Bartleby tenía razón
sólo queda tenderse sobre un césped de manicomio
con los ojos abiertos
para que nadie dude que estamos vivos
pero muertos
Que preferiríamos no hacerlo
pero igual se nos vienen las ganas de amar
de escribir sobre los muros
de una ciudad indiferente
Igual el otoño
se llevó desnuda a la puta de Colón
su cuerpo del delito
mulata
como la Amalia Rodríguez
igual de triste
pero más pobre
infinitamente más sola
menos diva



Qué duda cabe
si los suicidas son inmortales Maupassant
no le entran balas
ni cuchillos
sólo se mueren de palabras idas
de silencio
de habitaciones encerradas
de soledad
nos incendiamos de soledad
somos brazas a medio fundir
huesos carbonizados
que dicen adiós
porque hay una hermandad de las cenizas
donde nos encontraremos
Por eso esta tarde
de bruces sobre mí
me habla de todas
Marguerite
Virginia
pero sobre todas
sobre cada una de ellas
y de mí
que me lo sufro todo escuchando a la Palmenia
pienso en la putita de Talcahuano
que rompió la noche con su grito de madera quemada
de cuerpo obrero
proletario
de fado triste
de saudade
de radio a pilas
de inmigrante
de poetisa sin libro
sin beca literaria
sin subsidio rural ni del otro
sin hoyo donde enterrarla
( qué paradójico )
Sólo el destino de las animitas es para ella
Animita de las putas de la calle Colón
flores de papel
mil grullas
y el cielo se les abre
¡Ay! no sé por qué escribo
de los adioses Vilariño
a ti te regalaron unas noches en exclusiva
es todo cuanto pudo Onetti
es todo cuanto pueden darnos
no te creas la muerte
después todo se desgaja
y por eso se escribe
sobre asuntos pendientes
como la cuenta de la luz
la sobrevivencia toda
entre los versos que no nos alimentan
las páginas sociales
y el colon irritable
en los bordes de la desesperación
pensando en la tarde que nos encontrará a tientas
buscando algo
que no se ha perdido
porque nunca estuvo
En la ausencia
como las cartas muertas de Bartlebly

Qué duda cabe








II



La Tarde era perfecta como en las películas con efectos especiales porque uno llega a pensar que no puede existir una cosa así. Perfecta porque nada cae de golpe, nada estalla a destiempo, nada ocurre para que todo sea. Era así la tarde antes de tu muerte. Afuera había un sol maravilloso que no podías ver y por eso quise contártelo todo para que me escuchases mientras dormitabas con los ojos entornados entre el sueño profundo y el sueño de la agonía y yo te decía, a propósito de ti y de mí, que en la película de Tom Cruise, el samurai le dijo que buscaba una flor perfecta y luego, antes de morir, se dio cuenta que todas lo eran, es decir, hay cosas que sólo pueden revelársenos en el The End. Te dije en nuestra tarde que el sol, el gato sobre el tejado vecino, cómo te lo explico: hay un orden de maravilla que nosotras completamos porque debía estar tu rostro a medio morir usurpado casi del cuarto tan pobre, dicho sea de paso, porque la pobreza también es perfecta en su desmembramiento de cosas desordenadas, en su transparencia tenebrosa. Y las ropas colgadas en el patio daban una luz multicolor al estrellarse con el vidrio de la ventana, y yo tendida a tus pies, atravesada en la cama, te contaba de los helechos del muro de las monjas que algún día llegarían hasta Dios y le envolverían con su túnica verde, y todas le veríamos materializado en el patio, junto al gato que duerme sin hacer caso del vuelo de gaviotas que chillan, como si reclamaran para sí, con su desventurado vuelo, esta ciudad tan vieja que se nos viene encima con su derrame de casas irregulares y niños tristes como de papel al viento. Había un marco cercando el camino hacia la casa, un límite de luz, de cielo limpio, de perros ahogados por el sol, y el hombre del quiosco, que luego habría de matar a su amante, nos observaba sin vernos porque él también ya estaba muerto y no lo sabía y quizá por eso te miraba, o era el camino hacia ti el que perseguía con una complicidad que entonces no entendí, pero admiraba su figura de hombre medio hembra. Tu cabello, cómo me gustó su ondulación en tu frente, tenía algo surrealista como la mano que coge el violín en el cuadro de Dalí. Se te asomaba una hebra delgada, desteñida, casi cenicienta, mostrando que bajo el castaño gastado por las jeringas y el dolor había un nido blanco que se exhibía en toda su desvergüenza y, ahora que lo pienso, no debió incomodarte tampoco porque nunca te importó mucho este mundo ni el otro, pero yo insistía como para dejarte de este lado madre, para pedirte perdón por el poema que escribí acribillada por el dolor de no tenerte nunca como esta tarde para mí sola en la desolación del mundo, de tu mundo que no entendí. Tomo tu mano semejante a la mía en la semejanza del goce, el aturdimiento, los adioses. Aprieto tu mano para que no te vayas sola, para que sepas que me voy ahogando con la tarde, apagando en la perfección del inequívoco final, como en la película, abrazándote caída sobre mí, ausente ya de mí como el sol que se va deslizando sobre el mar allá afuera.








Los agujeros de la tarde








Los agujeros de la tarde
Medallones circulares
Un ojo
Acaso la yema de un dedo tapará este sol

Una luz al fondo de mí es el único rincón que me aguarda

Abro la caja de la noche
Abro la boca de la noche
Y las estrellas me ahogan
porque no cabe más luz al fondo de mí

Yo tenía un sueño fragmentado un rompecabezas
en el asilo para locos de remate
Tenía una cartera roja y un bolso negro
y las palabras salían de mi boca como baba oscura
porque sólo lo oscuro enciende el fondo de mí

Vivo en un circo colgada de un trapecio

el trapecio no se mueve sólo el circo
Hago piruetas estrafalarias
Bebo un café que me regaló Hemingway
cuando le conocí en París y él creyó que era una fiesta
pero estábamos solos en los trapecios

A veces los agujeros de la tarde se multiplican
como agua alrededor de las rocas

En sueños me atacan caballos feroces
huidos de alguna parte
En sueños armo el rompecabezas
y luego se resquebraja como un paisaje lluvioso


En las tardes duermo un sueño prestado
( todos somos prestados a este mundo)

Esta cama no es mía como tampoco mi sueño
ni este cuarto donde sueño el sueño prestado
Ni la casa toda es mía
Ni yo soy mía
Ni lo que escribo
Ni eso que me hace escribir
Ni los caballos que desaparecieron

Los agujeros de la tarde son las flechas del tiempo
Perforaciones al fondo de las cosas que no han de ser mías
Yo sólo hago piruetas estrafalarias

En el fondo de mí hay un corredor que lleva a ningún sitio
esa mínima concurrencia a la certeza
ese susurro miserable
en mi circo miserable
esa locura de ver agujeros en la tarde
es mi equipaje

Yo soy la muerte y la vida

Quién crea en mí verá los trapecios colgados del silencio
Verá los otoños cubiertos de flores
Oirá la sinfonía del aire con el aire
Y dormirá con un reptil muerto entre los dientes
__________________
Los tres poemas de la poeta Alejandra Ziebrecht, pertenecen a su más reciente libro: "El sueño", publicado por Editorial Mosquito; y cuya presentación se hará el 16 de diciembre en la Pinacoteca Casa del Arte, Universidad de Concepción, Chile. La presentación del libro estará a cargo del académico y Miembro de la Real Academia de la Lengua Dn. Mauricio Ostria y por el destacdado poeta nacional Nicolás Miquea

viernes, 11 de diciembre de 2009

TRES POEMAS DE CHEMA RUBIO VELASCO

Chema Rubio Velasco, España



A SVETLANA MALIAVINA




SAN PETERSBURGO





De pie, junto a la ventana.
Antes de la despedida el ojo encuentra la nostalgia.

Llega hasta el mí el sonido bruto de un idioma que desconozco,
mis oídos en dulce cautividad
disfrutan de lo más granado de los sentidos
en los contados días de sol.
“Agrosca monogan kusha”
Llega hasta mí el sonido de un lenguaje extraño,
mientras se impone la sencilla canción que suelta la vida en las calles...
la marcha del tranvía sobre las vías del sueño,
vibrando las arañas con sus brazos de cristal.
De pie. Junto a la ventana, el ojo de la nostalgia avanza.
El ruso es difícil de entender para quien no lo intenta.
Pero los gestos del cuerpo son una lengua
en la que nadie se siente extraño.
Los abrazos reúnen músculos ajenos,
llenando la memoria de nervios,
siempre en el medio de las despedidas no queridas,
siempre con las bienvenidas ferozmente deseadas.

Del libro Los Atardeceres de la Memoria
Editado por la Noria Clandestina 1998-1999








CUANDO DIGO HUMO




Se me caen las sílabas de la boca de fuego: en-niebladas, y se van borrando en el descenso como nieve derretida en el aire, hasta convertirse en agua blanda; en agua nada más y luego en una humedad que se diluye sobre las aceras para después no quedar ni rastro, nada, nada.Y se me olvida el resto, sobra la palabra edén, paraíso o maná. Pero falta el aire incorrupto, se hecha de menos: la mano sobre la mano, sin mirar el ojo ninguna de las diferencias o colores, sin pensar ni tan siquiera con la fugacidad del relámpago; en las distinciones , honores y demás condecoraciones que la otra mano retuvo ,quizá en el desorden contradictorio del cuerpo. Solo se espera que todo vuelva a su lugar, a su origen, al vértice triangular donde fueron engendrados los primeros principios. Evolución, si, pero sin los arrebatos necesarios de la rabia, sin la lucha de carácter y la voluntad de poder del genio, sin la pequeña revolución de las horas al día, nada significara nada más, que erosión y desierto de las ideas, de los sentires: la muerte en vida del hombre.El autómata del sistema, premiado con la reclusión y el desconocimiento de las nuevas vicisitudes del ser y sus investigaciones más perentorias, no tendrá cabida en El Último Reino. Hablo del sentido de la poesía autentica, primigenia del hombre, escrita o no, y la acción humanista, compartida, a ese todo que dirige lo mejor de la vida, a eso me refiero cuando digo humo.






CUANDO NO DIGO HUMO




Sueño. ..en noches poéticas también. Deshago las horas en busca del poemas soñar
y perfección: ... la poesía me despierta. Abrazo el ensueño.Nado.Y...brazo a ola
salgo de la pesadilla. Sueño. Liturgia desterrada son los días.Al saber de la soledad deprimida, desapareció su cuerpo. Soñar a destiempo, rechazar la pesadilla. Por el sudor de los muslos, camina, y entre-vista la locura. Germen de la vida- sueño. Precipitar del pulso que se aparece como llaga. Epitafio al mediodía. Posdata desde otro mundo. Nube que predice el crepúsculo. Insomnio que respira sueño. Lengua inerte. Silencio. Lluvia de tiempo sobre los ojos, o quizá, sea solo el “Amanecer de un Duelo con los Verbos sangrando sobre el escenario. La Maga no llego. Entre piedras de ciprés busca aquellos “Atardeceres de Memoria”, sentida, a la hora de los rayos que ensalzan Cronopios. Sueño/a. Se desatan algunos fósiles. Florentino es un espíritu enclaustrado en el A. D. N de mi porvenir. El poema, es un sol nocturno vaciado de rayos. Aquella estrella lo persiguió hasta conseguir el vomito. La estela en polvo es un chiste todavía a la razón .Una vena fluye despertando vanidades. La fotografía fue pulsada por el arco de la mano, pero en realidad: la re-creo la inquietud desbocada llevada al ojo de Pablo García Llamas. Miento. Hacer y deshacer. No se como, acaso es ficción el movimiento. Calendario...Imagina el estrés. Duermo. Nacho Pacho conversa con los niños en el palacio Monclovita, a la vez que Pedro Crespo de Lara. firma libros ante las musas junto a Pepe Hierro…Despacio. La Marimba y los A'kabales: son el hilo de una misma estratagema. Guatemala Guatebuena Guatebala. Max Araujo vuelve de la memoria y el cuerpo se levanta sin compasión, Ángel Pariente lo sabe, en El Patio de Reforma, hay un Establo donde los artistas se alimentan por cuatro Queztchales y una dosis infinita de humor incombustible. James de N. Y. no sabe donde ocultar la luz de Lavapies, se le escapa, y a mi se me pierden sus pistas. Sueño. Como ojo desencajado, y sin alarma que mirar. La velada fue. Será leyenda…Rei Berroa deja de escribir la misma tarde en que Olivia nace a la vida en Virginia. El soñar de las esferas cambiantes prosigue sin ti, ni toca el timbre de la rutina. Hacer y deshacer, encontrar la medula del poema, acariciar la estructura que el ojo mira. Revelación ultima antes de la mañana: La poesía puede esperar, y yo, del silencio al sueño me vuelvo a dormir, sin pronunciar El Humo Ni Decir Cuando, me voy en el cuerpo alado de Alexandra Estupinían.
______________________
Los poemas en prosa pertenecen a un diario que lleva por titulo Últimas Noticias de la Facultad.Es un libro en el que se encuentran los géneros literarios : poesía, teatro, narrativa, y guión cinematógrafo .Se trata de un homenaje a la memoria de diez años, en los que desde el mostrador de la cafetería de la Facultad de Ciencias de la Información, conocí a gente que fueron importantes en mi vida, o influyentes en la vida española, como es el caso de la periodista ,y ahora Princesa Leticia Ortiz, el Director de cine Alejandro Amenabar, o El Poeta y periodista Antonio Lucas. Es un libro fallido desde el punto de vista comercial .Un libro que me lleva de cabeza , porque siempre pienso en rehacerlo y ahí se quedo sin leer por más de cien personas ,y sin estar seguro de que por diferentes motivos personales sea necesario rehacerlo para nadie más. Impreso en Madrid en la UCM en Octubre de 2004.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

tres mini relatos y un poema-miren eukene lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco, España








Abel y Caín




Juan y Pedro nacieron en Oriente u Occidente.
Siendo adolescentes, preguntaron a su tutor.
_¿ Porque nos amaestran en como tenemos que pensar, que sentir y actuar, aunque no estemos de acuerdo? _
El tutor aplicó la respuesta preparada para estos casos.
_Porque es necesario un criterio común para conservar nuestra civilización_
Callaron. La confirmación del adulto rotulado por la risa y llanto, les era revelada antes de tiempo. La soledad del ser humano los inició en su seno.
Juan se puso una venda deslizante en su cerebro, su corazón y su voluntad. Pedro no lo hizo.

Pedro fue un poderoso mandatario de Oriente u Occidente, que defendió y benefició a su país
A Juan, el médico, le faltaron años para, entre heridos, enfermos y necesitados de Oriente u Occidente, seguir recomponiendo el coste del beneficio y defensa del país de Pedro.








El ángel caído





Era un ángel que, todas las madrugadas, paseaba por las nubes para ver la tierra. Un día, se arriesgó a explorar las peligrosas nubes bajas. Pero pisó en falso, confundiendo con una nube la cima de una montaña. Murió, para resucitar en ser humano.
Desde entonces los ángeles solo pueden pasear por las nubes en grupo y con un buen guía. Y siempre hay ramos de estrellas, a los que posiblemente ángeles muertos que resucitaron en humanos pusieron nombres como Perseo o Corona Boreal, en memoria de aquel y de otros accidentes, en los que aventureros ángeles dejaron su vida.








La plaza





Vivió respirando vida desde el balcón, sobre las arcadas que identificaban la plaza donde se asentaba.
Los adoquines y las colgantes farolas entre los arcos que se abrían en “las de las puertas al mundo”, (así llamaba a los cuatro grandes arcos que delimitaban su vida) la amaban. Mutua fidelidad intacta plena de memorias compartidas.
Solo cuando llovía, el cristal empañado separaba su altar de inválida del reloj que oficiaba horas para ella.
Conocía a cada habitante. Cuando aparecían por primera vez en su cochecito y cuando desaparecían las menguadas siluetas.

Pero el ayuntamiento decidió renovar la plaza, incluidos piso y alumbrado.

El primer día de la obra, pidió que la arrimaran a la baranda. Justo cuando el reloj atronaba las 8, un camión cruzó “las puertas al mundo”. Entonces ella se volcó, para unirse a su amada vida.






“Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo"
Marcos Ana




Caen los refranes, sentencias, reclamos, consejos
que rechazamos, que admiramos
Declaraciones de buena voluntad
o temas de escarnio
Que nos impregnan, que se vician, que olvidamos…

¿Vivir para los demás es la mejor manera de vivir para uno mismo?
En esta, nuestra historia, de imprescindible autoafirmación,
en esta, nuestra historia, que nos arrastra a ocuparnos de lo inmediato,
de sobrevivir como personas en un caos de impotencias
¿Es una locura o un chispazo de sabiduría?
¡Tanto nos costó conseguir lo mucho o poco, que somos, que tenemos!
Es paradójico, que a pesar de nuestros límites, de nuestros egoísmos,
en el fondo sabemos que: “Vivir para los demás
es la mejor manera de vivir para uno mismo”
Porque la conclusión del ser humano es saberse en el Todo,
Transcenderse a sí mismo, en cada momento
es el justo sendero, el no fácil, pero inevitable destino

martes, 8 de diciembre de 2009

tres poemas de isabel gómez

Isabel Gómez, Chile










Anti-mundo








Dios dirá que fui peregrina
que amalgamaba lluvias
en el corazón pretérito de las formas
y me arrastró el viento
en su remolino de llantos esotéricos.

Nos predecían todas las cosas
cuando la lámpara del mar intersectó mi risa
con infantiles noches venidas de tu vientre.
Pero estoy aquí, liberando ideas, olvidándome,
desafiando a las aguas con el mar de mi sangre.

Voy masticando lunas asoleadas
alargando alamedas siderales en tus ojos,
enterrando mi edad bajo los eucaliptos,
allá donde las gaviotas jugaban ajedrez
en las terrazas del infinito
mientras la tarde podaba muertes equivocadas.

Ahora, ya no quedan pueblos que me esperen
bajo la mesa triste de los días,
ya no desafía al viento mi voz lejana e ilógica.

Dime quién selló la hora desconocida,
quién se llevó la tarde que amaba
y esperaba mi paso por el mundo.

Dime en qué lugar del mundo mi voz será mentira.










Idioma triste









Debo entristecer ahora,
ahora que las palabrasto
can las sienes de mi sangre
y se eleva el idioma
de mi última alegría.
Debo continuarme,
escondida de eternidad y de silencios;
continuarme,
cuando las pulsaciones del tiempo
no encuentren dirección en el olvido
y el sol destruya
las polvorientas lluvias de mi sombra.
Debo oscurecerme, renunciar,
salir de adentro
con un desfile de tardes anunciando
mi recorrido pausado por el tiempo.
Debo decir algunas cosas,
aquello que el recuerdo
mantenía intruso en la inconsciencia
y de pronto cruza huracanes
y golpea ventanas y estrangula días,
mientras nos íbamos alejando
en el invisible holocausto de la noche.









Esquina del dolor








Pon tu cabeza sobre el mundo
miremos hacia abajo
ahora que el miedo es hermoso
y de buena gana
dejaría de contar estrellas en el vacío
Los números calzan plenamente con la historia
sólo las calles asumen nuestras sombras
como un mero recuerdo
Por años fuimos invirtiendo la risa
hasta desaparecer
La culpa envejeció las palabras que guardábamos
Somos inocentes
de tanta nostalgia golpeándonos el rostro.
La esquina del dolor nos sobrevive
el ojo de cierra
No hay llanto que no sepa regresar
Aquí todos nos quedamos inconclusos
El tiempo salta el muro
y es lenta la neblina de los cuerpos
La escritura atraviesa otra vez
el hueco de la noche
La esquina del dolor
La esquina del hombre me sostiene
Fragmenta la memoria
se echa al final de mi rostro
y se abandona
como un animal de espaldas al mundo.


lunes, 7 de diciembre de 2009

cuatro poemas de fernando ruiz granados

Fernando Ruiz Granados, México









DINTEL





A André Cruchaga




La piedra eternal busca lo temporal
La esbelta columna que sostiene
El claro techo del cielo

El frontispicio del templo
Donde la luz de oro anima
Las figuras pétreas de los Dioscuros

La cóncava piedra de la clepsidra
Que guarda en su mano los instantes
Del inasible tiempo

El atezado bloque de granito
De las murallas imperiales
Que cubrirá la hierba

El diáfano estanque
Que contempla los jardines
Y cuya agua habrá de pervertirse

El poema que olvida
Los himnos y los trenos
El epitafio borrado por el limo

El cántaro roto de la sed
La sencilla piedra
Bajo la catedral del árbol







ENSAYO DE UN ÁRBOL





A Alexis Gómez Rosa





Ensayar un árbol en el poema
Asentar su raíz en el fondo blanco
De la hoja
Sembrarlo a la plenitud del día

Ensayar un árbol en cada poema

Orientar sus ramas
Hacia los cuatro puntos cardinales
Al Norte la rama del sentido
La segunda al Sur el rumbo
Al que emigran todos los pájaros
La tercera hacia el Este
El territorio donde nace la luz
Y soplan los vientos del solsticio
La última rama hacia el Oeste
El punto hacia donde fluye todo esplendor
El sitio en el que crece la noche
Y se confunden todos los árboles

Los árboles del mundo y los de la palabra








JARDÍN







En este lugar fue construido un jardín
En este lugar la luz levantó sus bóvedas
En este lugar fue sembrado el árbol
Cuya forma une al cielo con la tierra
En este lugar brotó la primera fuente
En este lugar nació el río de cuatro brazos
Que se extiende por los cuatro rumbos de la tierra
En este lugar todas las semillas rindieron fruto
En este lugar empezó todo

En este lugar el hombre nombró todas las cosas
A los peces del mar
A las aves del cielo
A las bestias de la tierra
En este lugar la mano desprendió el fruto

Si descansas tu oído sobre la tierra
Alcanzarás a oír sus antiguos murmullos
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás el vuelo del primer pájaro
Si descansas tu oído sobre la tierra
Escucharás tus pasos








CARNAC


Sobre este lugar ha soplado el viento
Sobre este lugar se han abatido todas las tormentas
¿Qué ocurrió en este sitio?
¿Quién erigió las piedras contra el cielo?
Frente a ti los vigías del rayo
La casa de las cuatro estaciones
Los pilares que levantaron el firmamento
Aquí el monumento que no se desplomará
Aquí lo que fue
Lo que es
Lo que nunca habrá de perderse

Escucha el canto del viento
El canto del cielo
El canto de la nube
Que corre por sus muros

Aquí se alza la piedra megalítica
Que mira arder y renacer los días
La semilla pétrea del mundo
Mira el fragor olvidado de la tribu
La memoria de los ritos antiguos
El horror del fuego
La fecha que tuvo lugar sobre la tierra

Aquí la piedra sin inscripciones
La eterna permanencia
El centro inmóvil de la rueda

Aquí la palabra indescifrable
Que no tocará el tiempo