Edmundo Retana: el incendio
de lo cotidiano trascendente
Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio
Nacional de Promoción y Difusión Cultural DE Costa Rica
(Guanacaste y Moravia).
Edmundo
Retana Jiménez (San José, Costa Rica, 1956). Ha publicado nueve libros: “Los
bailes íntimos” (1991), Las sílabas de la tierra” (1994), “Pasajero de la
lluvia” (2006), “Reino de las cosas perdidas” (2016), “Como quien toca el
silencio” (2018), “Las esquinas silentes” (2020), “Ángeles perdidos” (2022),
“Completar el corazón de Dios” (2023) y “El incendio del ser” (2024), con el
que ganó el Premio Nacional de Poesía Aquileo J. Echeverría 2024.
Ha sido incluido en antologías de Costa Rica,
Nicaragua, México, Argentina y Rumania. En el 2015 participó en el Festival
Mundial de Poesía Mihail Eminescu, en Rumania, donde tradujeron su libro “Reino
de las cosas perdidas”. Colabora con el semanario Universidad con
artículos literarios.
Representante de Costa Rica en el III Festival
Centroamericano de Poesía, Guanacaste Eterno (2025).
“La poesía es un
acto de alarma”, dijo el gran poeta argentino Rubén Vela (1928-2018). En
esa alarma, tiene asidero el incendio desde la poesía.
Retana Jiménez, Edmundo. El
incendio del ser. San José: Oro Viejo Editores, 2024:84. Portada “Incendio
en la casa de los Lores”, de J.M.W. Turner.
Fotografía del autor de Javier Ortega Varela. Criterio en la
contraportada de Guillermo Fernández. Diagramación de William Velásquez. Epígrafes de Paul Auster y Joaquín Gutiérrez
“El incendio del ser” es un libro
conformado por 43 poemas divididos en tres partes, a saber: Rescoldos, Llama
viva y Trazos de fuego. El libro está dedicado al artista Ricardo Ulloa Garay
La poesía de Edmundo Retana es un
canto a los seres y cosas que nos rodean en la cotidianeidad, para sobrevivir a
las ausencias. Leamos estos corpus de RESCOLDOS.
“Tía María” //
En la casa falta / tu sonrisa triste, / la cafetera hirviendo / todo el día, /
los panes / para los mendigos, / tu manera de cuidar / pájaros y gatos” (p.
14).
“La lavandera” // Cuando lavás la ropa
/ la montaña de espuma / crece al mismo tiempo / que tus ilusiones” (p.15).
“Madre” // Era como una lluvia
temprana, / una veranera / floreciendo / en lo más crudo del tiempo, / ternura
/ hecha de pudor y silencio” (p.16).
“El ángel del barrio” // Era un ángel
taciturno, / que hacía breves pausas / cuando encontraba / alguna luz / para
sus insondables preguntas (…) Hasta que, / de tanto escucharlo, / a nosotros
también / nos brotaron alas” (pp.17-18). Este poema me recuerda los personajes
del libro “Por el amor de Dios” (1918), de Luis Dobles Segreda (1889-1956).
“En el parque” // Camino con Rosa /
por las veredas del Parque / y le cuento que hace cincuenta años / allí hacían
la Feria de las Flores. / Le hablo de los hombres / de pantalones blancos / y
camisas multicolores / que miran a las muchachas / pasar ruborizadas” (p. 19).
“Bolero II” // Abracé tu belleza
derruida, / como se abraza lo que no se sabe, / como se abraza un campo / donde
creció la llovizna, / te abracé / imaginándome /cómo sería / haberte abrazado
de niño, / te abracé / sin preguntas, / y al hacerlo / abrazaba el olvido” (p.22).
“Los nombres de las cosas” // Rayaba
los libros / cuando escribía / mis poemas. / Luego te llevaba / en los hombros,
/ te enseñaba / a pronunciar / los nombres de las cosas. / Pequeño jinete /
cabalgando / las primeras palabras” (p.24).
“Pequeño poeta” // Dice que el
invierno / es la mejor estación / para sus labios (…) sus palabras son zarzas /
donde arde / la levedad de su llanto” (p. 25).
“El duelo” // Caminamos / la misma
cantidad de pasos, / dándonos la espalda. (…) hasta caer / cada uno /
mortalmente herido / en el otro” (p.26).
“Si alguna vez” // Si alguna vez
volviéramos / a los lugares donde fuimos / sencillos y felices / caminaríamos
sin rumbo / por la tarde” (p.27).
“Lugares” // No es solo que fueras, /
es que la ciudad quedó / deshabitada. (…) Es que he aprendido / a conversar con
tu recuerdo” (p.28).
“San José” // Ahora solo quedan /
esquinas peligrosas, / labios / rojos / subiendo la avenida” (p.29).
“Cada vez” // Cada vez que volvés / es
como si regresaras / de un lugar más lejano (…) hiriendo / las noches /
eternas; / para llegar aquí” (p.31). Ahora,
ejemplos de LLAMA VIVA.
“Ventana” // me pregunto / cómo sería
/ un poema / que alumbre / como una llama / la noche que llega” (p.35).
“Oda a la auto publicación” //
concebir el libro / como objeto material, / ir a la imprenta / como se va al
cielo, / verlo impreso, / es cosa de dioses” (p.37)
“En el tren” // Llevo / la soledad /
de los andenes” (p.38).
“Instante” // En los espejos de la
niebla / ya no queda / ni un rastro de mi nombre” (p. 39).
“Fuga” // Qué ganas de ser / el que se
fue (…) El que se miró / en un espejo, / se sintió idéntico a sí mismo / y supo
/ que solo era visible en la neblina” (p,42).
“Vínculos” // I: Si una especie se
extingue, en mí / se extingue; II: Las nubes emigran / de un abismo / donde
muero de sed; III: Soy la agonía, / el retorno incesante de la vida”
(pp.43-45).
“Cuarentena” // Nos acecha el caos /
de este tiempo sin márgenes, / la simiente de destrucción / que hay en cada
voluntad humana (…) Y así quedamos/ cautivos/ en nuestra propia sombra, / sin
emigrar hacia la latitud del viento, / ni escuchar a tiempo / el llamado de la
especie” (pp. 46-47).
“Palabras” // Palabras que la especie
construyó / frente a la amenaza y el peligro: / solidaridad, / ternura, / apego
a la vida. / ¡Dulces y definitivas palabras, / venid a mí en esta tarde” (p.
48). Seguidamente, corpus poéticos de TRAZOS DE FUEGO.
“Nocturno” // Hay un silencio que
hiere. (…) Es el silencio/ de los niños que mueren” (p.52).
“Pequeña” // Ese temor / en sus ojos,
/ ese temblor, / ese abrazo vacío, / esa súplica / sin palabras, / esa
inocencia” (p. 53).
“Paisaje”
// El arbolito / tiembla, / busca sobrevivir / en medio de las ruinas, / paso a
paso / edifica su sed”. (p.54).
“Los niños del desierto” // Sus
rostros / declinan / la orfandad del frío” (p.55).
“Asedio” // Despertar en la noche /
sin tener adónde ir / el eco / expansivo / de la muerte. / Sin tener adónde ir”
(p.56).
“Distancias” // Alguien mira / con espanto / el cielo
del desierto, / alguien espera en un refugio / el día siguiente, / mientras vos
y yo caminamos, / elegimos el color de una camisa, / alguien deambula / por su
ciudad en ruinas, / alguien ha perdido / el rastro sus hijos, / alguien huye /
en la noche” (p. 58).
“Límites” // ¿Cuánta muerte / es
suficiente / para acabar una guerra? (p. 60).
“Cometido” // Cuando la paz venza al
fin la muerte / llevaremos juntos / la luz / que habrá de herir / los ojos / de
los hombres, / la más antigua esperanza / tejida / entre los escombros” (p.61).
“Paz” // Una flor / en el desierto, /
un hálito / invencible / de deslumbrante / claridad / nacerá” (p.62).
“Migrantes” // Dejan su estela de
hambre / en selvas y mares / (…) van buscando / la luz de una estrella / que
los hiere, / cargan el recuerdo feroz / de su tierra / a cada paso” (p. 63).
“Otro poema de amor” // Los que
tiraban piedras / tras las barricadas, / los que organizaron barrios / en las
insurrecciones (…) los hijos de zapateros, / los que no volvieron a clases, /
los que nunca fueron a clases (…) escribieron para vos, / un poema heroico y
desolado” (p. 64).
“Razón de esperanza” // Me preguntás /
por qué conservo la esperanza / Y te digo / algo en mí / se aferra al impulso /
que la engendra” (…) Y se niega a morir sin ella” (p.65).
“Tiempo consagrado” // Busco / la otra
madera de lo humano (…) la palabra que redime / del abismo, / el acto / que
lleva / a la ofrenda total” (p. 66).
“Lejana estrella” // No arropés / con
tu silencio / el horror del mundo, (…) No te murás / sin haber tocado / la
lejana estrella. / No sofoqués / el
incendio de tu ser” (p.67).
Lic. MIGUEL FAJARDO
Como puede
inferirse en los corpus mostrados del poemario premiado “El incendio del ser”,
de Edmundo Retana Jiménez, su poesía apuesta por la solidaridad social. Además,
la figura de la madre es estelar en su mapa lírico. Asimismo, los lugares
históricos, la figura de los infantes y su ternura cargada de palabras y
sueños. Alude al recuerdo del pequeño
poeta que habitaba en él, cuando rayaba los libros.
Cita el duelo y el destino final.
También, la nostalgia al regresar a los lugares felices. Realiza una mirada
general sobre San José y expresa uno de sus más lacerantes problemas sociales.
Igualmente, el tema del regreso de la persona amada se torna expresivo, cada
vez que llegaba con mayor distancia.
El yo lírico inquiere cómo será un
poema. Aduce la felicidad de ver el proceso de edición del libro. El hablante lleva la soledad de los andenes y
se cuestiona que en los espejos de la niebla no hay vestigios de su nombre. Inquiere sobre el que fue, pero solo era
visible en la neblina.
En el poema “Vínculos” formula tres
posibilidades: recuperar quién fue y que él es agonía que propugna por un
retorno de la vida.
En “Cuarentena” alude a la pandemia de este siglo y la
reclusión forzada como cautivos en la sombra, sin salir al viento, sin escuchar
ni abrazar a los demás.
Apela a la solidaridad, la ternura y la vida, y
reclama que dichas palabras vengan a él una tarde en el tiempo.
Aboga por la niñez inocente que muere en las guerras
estúpidas. Así como por los niños del
desierto. Ellos son agobiados por “el
eco expansivo de la muerte, / sin tener adónde ir”.
En “Distancia” establece la oposición nosotros / los
otros, porque vos o yo caminamos para elegir el color de una camisa. Los otros deambulan por la ciudad en ruinas
con la pérdida de sus hijos y huyen en la noche.
Se interroga ¿Cuánta muerte / es suficiente / para
acabar una guerra”. Apela por la paz
contra la muerte para establecer la luz como bandera y esperanza. Y que en el
desierto nacerá una flor.
El poema a los migrantes establece una auténtica
solidaridad social “por quienes cargan el recuerdo feroz / de su tierra / a
cada paso”.
Recuerda a los caídos en las barricadas, porque dichas
personas forjaron “un poema heroico y desolado”, por los demás, para vivir en
paz.
El poeta mantiene fe en la esperanza, porque “se
aferra al impulso que la engendra”.
Insta a no guardar silencio con “el horror del mundo. No hay que morir sin sofocar “el incendio de
tu ser”.
· Entre
algunos de sus rasgos en el libro de Retana Jiménez, cito que prefiere los
poemas breves. Se da la duplicación del verso final en algunos textos.
Igualmente, el título del poemario se localiza en el último verso del poema
final del libro, en una especie de invitación a una lectura circular. En
síntesis, la poesía de Edmundo Retana es un canto a los seres y cosas que nos
rodean en la cotidianeidad, para sobrevivir a las ausencias de lo cotidiano trascendente.
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