En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 1 de abril de 2013

LA POESÍA DE ADRIANO SAN MARTÍN

Adriano Corrales, Costa Rica





LA POESÍA DE ADRIANO SAN MARTÍN





WILLIAM PÉREZ [mediaislaEn el presente trabajo el poeta costarricense posa su ojo sobre los textos más recientes («San Lucas, ciudad Quezada» 2011 y otros poemas y «Samsara») de su homólogo Adriano de San Martín, y nos ofrece algunas claves para su lectura.




SOBRE LA POESÍA COMO SELLADO DE GRIETAS


De vez en cuando los poetas nos facilitan la tarea al separar sus poemarios en secciones, sin embargo, este no es el caso de San Lucas, Ciudad Quesada 2011 y otros poemas (Ediciones BBB, 2012) de Adriano de San Martín. El artificio de aglomerar todos los poemas de forma seguida logra darle al libro un carácter de diálogo interno, donde el poeta, fuera de ser monolítico en su propuesta, se intrica a sí mismo e invita a seguir ese paso acelerado.




La isla “San Lucas” es una suerte de rito iniciativo para el lector, pues debe ubicarse justo en el medio de dos polos que se enfrentan violentamente: por un lado, están las naves y edificios abandonados, acompañados de fantasmas y muertes pasadas; pero allí mismo se gesta también una vitalidad feroz, en el apareo de las tortugas y los pochotes que crecen como guardianes. El terror que genera esa contradicción (bellamente condensada con la imagen el intervalo entre flor y cuchillo) es inevitable; tanto así que desencadena una serie de textos en los cuales el poeta hace un recorrido a su pasado y lo confronta con el ahora. Es así como la selva pasa de ser el patio de juegos de la infancia al lugar de la guerra y la crudeza (De repente otra vez la montaña, pero ahora cruzada por trazadoras, bombas de gasolina…guerrilleros caídos). Más aún, la migrante cierra los ojos para contemplar el rostro joven del esposo / que se amusga allá en el pueblo de la infancia y María continúa teniendo los veinte años descocados que exhibía.

En su intento de sellar esa grieta que se ha abierto entre el pasado y el presente, el poeta decide dialogar con el nicaragüense José Coronel Urtecho para traer a valor presente (entiéndase 2011) su “Ciudad Quesada”, enseñándole así las nuevas amenazas neoliberales de la minería y el narco. Y es precisamente en este punto donde aparece una primera solución: el diálogo con los poetas. De Oliverio Girondo se aprende que del centro no quiere saber nada, lo suyo es el costado y de Luis Rogelio Nogueras que un intervalo de incertidumbre de 80 años desaparece utilizando su célebre Eternoretornógrafo.

La poesía se concibe en este punto como el oficio de lo inmediato, es decir, como una forma de hacer que las cosas siempre estén en el presente, fuera de ese intersticio en el cual gobierna la ilusión del tiempo. Bajo esta consigna aparecen poemas como “Haikai”, “Antiadariana”, “Consigna”, “Enigma” y “Posmo”, donde los versos marcan su propia temporalidad. Ese furor por la inmediatez alcanza su punto máximo con el “Elogio a la marihuana”, donde el momento preciso en que se prende la hierba es ocasión para que se concilien los ángeles y los demonios, la guitarra eléctrica y el timbal. El trauma del parto del cual hablaba Freud y su consecuente complejo del Nirvana desaparecen con uno de los mejores logrados versos del libro: regreso al instante donde nacimiento y tránsito tejen el puente hacia otro cielo…

Adviértase que lo anterior se cierra con puntos suspensivos, lo cual hace sospechar que aún no se tiene la respuesta final (esto ya se presagiaba desde el poema “Latinoamericanidad” donde el poeta se confiesa en una espera hasta que sean legibles nuestros versos). Tras sellar la grieta entre el pasado personal y el presente personal, se abre una nueva entre el presente personal y el presente colectivo. En “Panajachel” hay un desencanto con la posmodernidad, en “Poema urgente para Honduras” la historia que viene y regresa / llevándose lo mejor de la esperanza aumenta la distancia entre las estructuras sociales y las del poder. Inclusive la poesía se ve apedreada por la egolatría filosófica de Hegel y, peor aún, manchada con el rockstarismo revolucionario de Ernesto Cardenal tocando las puertas de Estocolmo y machacando al poeta pulpero.

Un segundo momento de respuesta llega en boca de Max Jiménez, cuyo mayor atributo es el ser ¡Decidido!, así como de El Güegüense que se enfrenta con sus risas a un Cristo que se superpone. Ambas fuentes le sirven al poeta para reafirmar que lo que existe es el presente, pero esta vez como una toma de conciencia almargen de idealizaciones; más bien, su oficio consiste en la captura del presente contextualizado, con sus altos y bajos. Así como al inicio se mostró la Ciudad Quesada del 2011, se muestra el Barrio Amón donde conviven casas de la cultura y prostíbulos, estudiantes y travestis, afirmando: son también mi patrimonio.

San Lucas, Ciudad Quesada 2011 y otros poemas” no es un poemario sobre el tiempo, sino sobre el poeta frente al tiempo. El oficio de la palabra, como bien acierta Adriano de San Martín, es del presente, pero de ello no se sigue una negación del fenómeno temporal. Recurrir al pasado es una operación válida en la medida que se haga para actualizarlo, es decir, para sellar la grieta que atrapa al sujeto en un tiempo ya ido y le impide participarde su tiempo existencial y de su entorno inmediato.

Curiosamente el poeta abre con la isla de San Lucas y cierra con “La isla que somos”, evidenciando cómo el oficio poético consiste en el tránsito desde un lugar ajeno hacia uno propio, desde el pasado a la brutal realidad de su presente.




REINVENTANDO LA RUEDA



Samsara (Ediciones BBB, 2012), la rueda de la vida, reencarnación, hinduismo y Jefferson Airplane ¿Jefferson Airplaine? Sí, Grace Slick, la belleza comprimida en una tableta de ácido lisérgico, le canta al conejo blanco en un libro con un título más cercano al Baghavad Ghita que a Woodstock. Pero esto no es una ocurrencia por parte de Adriano de San Martín, se trata más bien de su respuesta a uno de los cabos sueltos del libro anterior (“San Lucas, Ciudad Quesada 2011  y otros poemas”): ¿cómo se debe recurrir al pasado?

Hay una respuesta obvia: el recuerdo. Sin embargo, tómese en cuenta que la temporalidad que le termina preocupando a San Martín en “San Lucas, Ciudad Quesada 2011 y otros poemas” es la del colectivo, es decir, aquella en la cual ocurre el devenir social, político y cultural. Siendo así, se requiere de algún otro recurso para acceder al pasado, alguno que alcance una dimensión mucho más amplia, pues nada se quiere con lo irracional y breve de toda biografía.



En esta búsqueda el poeta recurre a estudiar, en primera instancia, la concepción del tiempo que ha gobernado en Occidente: la lineal. La metáfora del filósofo Heráclito de Éfeso, en la cual el tiempo se equipara con un río, aparece en “Samsara 1”: Muchos ríos corrieron / bajo sus plantas. Pero a esto le sigue una desconfianza en la imagen del río; en su poema homónimo se lee que El caudal no se detiene aunque se enturbie con sangre y tinta. El contexto contemporáneo ya no puede creer en un río como un lugar límpido y cristalino, pues este aparece como el botadero por excelencia de la maquinaria capitalista; ejemplo de ello es el verso El boulevard es un río de basura, refiriéndose a las calles repletas de residuos del fast food y Wall Mart.

Se hace manifiesto el desencanto con el tiempo lineal, pues está directamente vinculado con la idea de progreso, lo cual le ha costado bastante a la civilización. Más que desaprobar a Heráclito, el poeta desaprueba a Occidente, arrancándolo desde sus orígenes en Grecia. En el poema “Mientras grabo música” se entabla un duelo entre el Hölderlin defensor de los dioses griegos y San Martín defensor de las chozas circulares de Guayabo. Y es precisamente esta apología de la circularidad la que sirve como clave para responder a la pregunta inicial, pues un tiempo circular es efectivamente la forma en que el pasado histórico puede ser accedido desde el presente.

Siendo el hinduismo pionero en la concepción circular del tiempo, el poeta toma prestada la noción del Samsara para emprender su búsqueda poética. Pero, tal y como se mencionó al inicio, el poemario no adquiere en absoluto un tono místico ni nada por el estilo; más bien, está plagado de referencias al rock psicodélico (Lucy in the sky with diamonds, Grateful Dead, Creedence, Santana, Joe Cocker). En el poema “En San Francisco” el adulto visita la tierra del espíritu revolucionario de los hippies y, a pesar de toparse con la versión comercializada de los años 60s (Vietnam como un restaurante en el Chinatown y Allen Ginsberg como objeto académico), lo mira con los ojos del joven que soñaba con llegar allí desde La Villa. Nótese que con ello se pone en práctica el Samsara, en cuanto la historia se repite allí donde ya había pasado.

Vale la pena apuntar que en este libro se asume el Samsara desde una posición bastante inusual. Schopenhaeur, quien haya sido quizá el más cercano en Occidente a concordar con las filosofías desprendidas de las religiones orientales, bien supo que la noción circular del tiempo deviene en la aniquilación del yo, dando como producto una actitud pesimista del mundo. Pero este no es el caso de Adriano de San Martín al decir: la nieve como un manto sagrado / cubre los dioses / que habrán de despertar / cuando nuevos hombres salidos de acá / decidan que los tiempos / nuevamente / deben cambiar. Es decir, el poeta deja intacta la forma del Samsara, en cuanto la historia se repite; sin embargo, hace una relectura de su contenido, pues toma esta repetición como una oportunidad para reescribir lo ocurrido. Esto le confiere al poeta un carácter activo frente a la historia y el tiempo, pues, fuera de esperar pacientemente a que las cosas se repitan, se está a la espera de dicha repetición para cambiar todo aquello que fue un error (dirigimos nuestro anhelo a un país mejor).   

El gran mérito de Adriano de San Martín en este poemario es el utilizar al Samsara como un artefacto de transformación social y política del mundo. Si todo es cíclico, lo que queda es esperar el regreso de los males para combatirlos y poder erigir finalmente la escritura corregida. |

[Texto íntegro reproducido de “Mediaisla, puente de palabras vivas”,con autorización de Adriano Corrales. Published: March 30, 2013 ]