En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 8 de abril de 2013

ELOI, ELI, LABA SABACTHANI (o el delito de Dios)

Yván Silén, Puerto Rico.




Yván Silén:





                                  
ELOI, ELI, LABA SABACTHANI

 (o el delito de Dios)




Ahora. . .ve y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que tengas que decir.
             Exodo 4: 12

Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos [son] mis caminos.
              Isaías 55: 8

Y Cristo, siempre jodiendo.
           Fco. Matos Paoli
 
Quien blasfema contra Dios lo alaba.
              Maestro Eckhart

Dice el necio en su corazón: no hay Dios. Se han corrompido [y] hacen obras abominables.
                  Salmo 14: 1

            Los que creían que yo iba a venir en el día de hoy a leer como poeta radical, o como cuentista raro, o como antinovelista lírico, se equivocan. Hoy he venido aquí como metaensayista (o como metagramatical o como delirante). Hoy he venido a hablar aquí del delito de Jesús o del Desaparecido. Me acerco al lenguaje que soy y me siento extraño y él, como un ángel o como un gnomo, se acerca a mí totalmente extrañado.

¡Hoy…te blasfemo Dios con toda mi ternura! Te jodo Dios con amor como me jodes con pasión! Porque Cristo es el asombro de Dios. ¡Cristo es el POETA de Dios! ¡Es el suicidio de Dios! ¡Y es el orgasmo de Dios! Dios habita el zen (la sorpresa) de la misma manera en que el zen habita a Dios. Sin embargo, Dios se ilumina a sí mismo y Dios nos ilumina a nosotros. ¿Es que el día de la muerte será el día perfecto, o el día de la muerte será el día incorrecto de la iluminación? Cristo, el Retornista, buda; y Buda, el Parakleto o el Paralelo, se cristologiza. Todo lo que está por decirse se ha dicho; todo lo dicho está por decirse. En ese tránsito de la POESíA el lenguaje exclama: el lenguaje ve en el silencio y el silencio ve en todas las cosas. El silencio es la aliteración o el arpa de Dios.

Cuando escribas poesía no vayas repicando los tambores de lata ni pregonando que escribes, porque Dios, el Heterónimo, se encargará de repartir la poesía a su antojo. No escribas poesía para obtener prestigio o reconocimiento, porque la fama es el rostro del infierno. El Erebo toca su flauta junto a Cancerbero. ¿Qué es, pues, lo lírico? ¿Qué es el escándalo? Dios es lo terrible de un espejo en lo profundo de los sueños. Dios es cuando las rosas nos contemplan voyeristamente y cuando nosotros las contemplamos desdeñosamente. Dios es la equivocación de los ateos y la equivocación de los creyentes (de los pastores, de los sacerdotes, de los místicos). Dios es el instante en donde Tetragramaton (Elohin) se arrepiente de haber creado a los asesinos (Génesis 6: 6).[1] ¿Qué es la poesía entonces?

El sol había surgido de la explosión de las otras estrellas que explotaron, pero Dios tenía duda, no del eterno retorno de lo mismo (Nietzsche), sino del movimiento continuo de las espirales. Dios había borrado su nombre de sí mismo y tautologizaba (“¡Ego sum qui sum!”) y se extraviaba en las paralelas de los universo continuos. Dios era y sigue siendo lo imposible. Dios es el que puede joder al hombre: porque tuve hambre y no me diste de comer, tuve sed, y no me diste de beber. . .estuve preso, desnudo, estuve en los manicomios, en los hospitales, en los exilios, en los taxis abandonados y no me visitaste y no oraste por mí (cuando me podría en el Sur del Bronx). Dios es omnipresente. Dios es como el café instantáneo. La risa de Dios ha recorrido peligrosamente los cielos.

El espacio se expandía bigbangmente más rápido que la velocidad de la luz. Y los asesinos no venían. Dios era y es más rápido que la velocidad de la luz. Los enigmas hoy seducen a los físicos. Porque lo fatal es el sentido de los físicos y de los matemáticos. La visión del mal nos aplasta. Desde la muerte de las estrellas hasta la muerte de los agujeros negros la visión del universo es aplastante. El nihilismo se divide: yo no existo, tú no existe, él no existe. El nihilismo quiere destruirse a sí mismo, o quiere matarse a sí mismo. Pero el nihilismo de la muerte de la materia crece y se expande. La muerte del nihilismo se enfrenta a sus propios ataúdes: el nihilismo agoniza. Dios, a pesar de la “muerte de Dios” (Nietzsche), como hubiera dicho César Vallejo, agoniza:

“Yo [también] nací un día en que Dios estaba enfermo, grave”.[2]

El hombre es el mal (la envidia, la codicia, la ira, la difamación, el colaboracionismo, el parricidio, el incesto, el deicidio, el fraticidio, el hambre, la gula, la riqueza, la idolatría, el marianismo, el bugarronismo, el odio, la murmuración, etc.). Cristo irrumpe en este nihilismo como el TERRORISTA de Dios. Cristo es implacable y nos pregunta directamente ante el absurdo: “¿Crees esto?” “Vende, pues, todo lo que tienes.” Cristo se sacrifica budamente por la estupidez humana (o por la discordia humana, o por el suicidio de los hombres en el capitalismo salvaje). Cristo se dio cuenta de que el hombre, todos los hombres, son idiotas. Lo escatológico, los últimos días que siempre vivimos, aunque lo dudemos, se ha comenzado a derramar sobre nosotros como un crimen. El colaboracionismo es más pecaminoso, más concupiscente y más vil que el incesto. ¡El hombre es el necrofílico por excelencia! El hombre come mierda. ¡Pero pese a todo, Dios orgasma en el alma del creyente! ¿Dónde, pues, está la literatura puertorriqueño? ¿Dónde yacen los carceleros y donde yacen los canallas?

El hombre demokrático se ha vestido de miedo. No posee miedo de Dios, sino miedo de sí mismo, miedo a sus crímenes y miedo de sus asesinos. El hombre demokrático no existe. Pero a pesar de ese miedo los asteroides avanzan. Por otro lado, para que la paradoja tenga sentido, Dios habita el tao de la misma forma en que el tao nos habita. Antes de morir, las rosas han decidido mirarnos.

Cristo, antes de la lepra espiritual del cristianismo, ha resultado terrible: “Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen, bendecid a los que os roban el trabajo, y orad por los que os calumnian y  por los que os desemplean (Miguel Muñoz, Ana Guadalupe, los Judas, los chotas, los bugarrones, los que no quisieron leer el libro Los maricones o los señores de la noche, por los que aman la fama y aman el sida y aman el dinero). . .o a cualquiera que te pida, dale; y al que tome lo que es tuyo, no le pidas que te lo devuelva.”[3] Al que te robe, dale más. Al incestuoso, ¿perdónalo? Al que te mate, ¿perdónalo? Al que te viole, perdónalo. Al que te robe la poesía, perdónalo o escúpelo. Porque las paradojas de Dios, en el horror de la “polis”, son como la mano de Dios que latrocina de amor tu siddha. La palabra de Dios es como el depredar de Dios. El amor de Dios nos quema sexualmente el alma. El espíritu y el sexo de Dios oximoronan. Y el Espíritu Santo es el héroe de Dios. Dios es el héroe que saquea los cenobios. ¿Dónde, pues, están las guillotinas y las sillas eléctricas? ¿Dónde, pues, está la demokracia irreal que nos comercia en el Mercado de las funerarias?

Lo que Dios exige en Cristo es el absurdo total del amor y el imposible infinito de los orgasmos. ¿Dónde, pues, están los condones usados? Este imposible que Cristo le exige al amor se lo le exige también a la fe: “Y todo aquel que vive y cree en mí no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:25).

Esta es la pregunta del espanto, del susto, del miedo y de la angustia. Jesús pregunta si el hombre puede creer en el imposible. ¿Crees en lo inaccesible? ¿Crees en lo impracticable? ¿Puedes creer en el absurdo, en la nada, y en los imposibles? ¿Puedes amar al asesino de tu madre? ¿Puedes enloquecer? ¿Puedes hacerte esquizo? ¿Puedes clavarte estupidamente la jeringuilla en tu mano siniestra? ¿Puedes vender tu casa, tu auto, tu computadora, tu celular, tu cuenta bancaria, tu agua bendita, tu semen bendito, tu sed bendita, tu comida podrida y darla a los pobres? Estas son las preguntas al joven rico que le hace Jesús. ¿Puedes matar por Estados Unidos—preguntamos nosotros jesúsmente--y no puedes matar por la independencia de Puerto Rico? ¿Puedes dar tu sangre envenenada? ¿Puedes dar tu prepucio deshilado? ¿Puedes dar tus orgasmos infectados de amor? ¿Puedes dar tu desesperación y tu suicidio? ¿Puedes dar tu temor, tu temblor, y tu chancro de sífilis? ¿Redundo, acaso? ¿Soy metamístico? ¿O es qué Dios es la lotería del ascético (del cenobita o de los eremitas)? Los ascetorios se pudren contra los espejos amarillos. ¡Pobre de Nietzsche, pobre de Freud, pobre de Marx! ¡Pobre de lo suprasensible platónica y pobre de la demokracia que trafica nuestra muerte contra el cielo y contra la tierra!

¡Cristo está vendiendo marihuana en las esquinas!
¡Cristo está regalando marihuana en las esquinas!
¡Cristo está fumando yerba en las esquinas!
¡Los aerolitos se están acercando vertiginosamente a la tierra!

Dios que ve en secreto, te dará tu muerte en secreto. Dios es el enigma (del universo que se expande y de la velocidad que no puede alcanzarse a sí misma), Dios es el del absurdo, de la nada, del ión (el que va) y de la extravagancia misma. Dios es particular; Dios es inédito; Dios es anónimo; Dios es extravagante; Dios es la quínola; Dios es la miaja invisible del universo. Cristo es, pues, el imposible de la Iglesia y del cristianismo apolillado de la demokracia. Porque el cristianismo envidia, codicia y tacha la sonrisa y las orgías de Jesús. El cristianismo le ha robado la risa a Jesús. Dios orgía en Jesús todas sus palabras. “Ve y yo estaré con tu boca, y te enseñaré lo que hayas de decir” (Exodo 4: 12). ¡Dios, pues, estriptiza en Jesús! Dios invirtió la venganza. ¡Dios convence a Jesús para que éste baile, cante y topless en la cruz! ¿Blasfemo, acaso? Dios hace topless, Dios se viene, para que Cristo escandalice al mundo. Para que Cristo, el ungido, sea el escándalo del mundo. Matar a Dios es intentar matar el escándalo que somos. No se puede matar el tao, el camino, ni al zen, ni a la verdad, ni a la vida. Porque matar la verdad y la vida es la oscuridad de los seres que están para morir. Matar el escándalo es estar en el Orco y en la angustia podrida de la demokracia.

Hagamos, pues, una pregunta heideggeriana: ¿Qué significa ser poeta en la crisis de la demokracia? ¿Qué significa ser puertorriqueño cobardemente? ¿Significa tocar a Dios y tocar el Erebo simultáneamente? Esto es lo imposible del cristianismo: la moral del “hombre bueno”, lo ha podrido. Pero el capitalismo ha pervertido al cristianismo: le ha hurtado la risa a Jesús y la locura de Jesús. Porque la risa desnuda el alma y toda desnudez es alegre. Toda desnudez es risa de orgasmo, es risa de orgía de Dios. El capitalismo ha convertido a Cristo en mercancía subversiva del pan: “este es mi cuerpo de siddha que por vosotros es vertido.” ¡El capitalismo roba! Comed y celebrad la gula de Dios; bebed y celebrad lo ebrio de Dios. No estoy blasfemando, sino que estoy seducido por la paradoja de Cristo. Paradojemos, pues, porque la fascinación de Cristo se ha convertido en la fascinación de todas las cosas, incluyendo la de la nada misma. El capitalismo está robando cristianamente; el cristianismo está robando capitalistamente. Y la demokracia permite este hurto.

El capitalismo se ha transubstanciado: esta es mi cuenta bancaria del alma, esta es mi moneda robada que por ustedes mismos y es vertida de crisis en crisis. La cuenta del alma, esta es la marihuana sacra de Dios que por ustedes es legalizada en onzas, en libras, en leyes, en coitos y en todos los orgasmos que yacerán sobre la tierra, es solo una matita del Edén y del Reino de los Cielos que se vertirán sobre la tierra. El capitalismo ha corrompido a Dios, lo ha vuelto nada. El capitalismo produce muerte a granel. Pero Dios ha creado al poeta Yván Silén para que blasfeme y para que influencie metafilosófica y metapoetamente a los poetas del mundo: la palabra de Dios es escandalosa. Y el poeta post-postmoderno es escandalosa. No vino Dios a traer paz, sino a traer la daga del amor. Porque Dios oximorona en todas las cosas habitables de este mundo y en todas las cosas parasensibles del imposible de ser contradictoriamente El mismo. Dios es la contradicción. Ego sum qui sum y es hoy apocalipticamente más cierto que nunca. Dios es la Paradoja que visitó míticamente a María. La poèsis es lo que es.

En el principium era la poesía.[4] Poèsis principium erat. Amar a Dios es amar lo imposible del universo que se torna a la velocidad de la luz posible: los enemigos y la energía negativa, la materia negativa y los universos paralelos. Amar la semejanza de Dios es amar la caída: Adán y Eva, Caín y Abél; el incesto, el fraticidio, el exilio--el ostracismo--. La poesía es el asesino. Yo soy Mefisto. ¡Io sono el gran poeta! ¡Yo soy el holograma de Dios! 

La palabra es la nadificación del ser y el ser es la nadificación de las palabras. El vacío de la palabras que se es se parece a la nada del ser que es. El universo se expande a la velocidad de la luz hacia la muerte. Algún día no habrán galaxias. En el principio la cercanía chocó con la distancia por milésima vez. El tiempo inexistente se hacía más tiempo irreal de luz. Por otro lado las palabras, a pesar de los fenomenologistas, designan y crean la realidad. Cuando digo “yo realido” estoy diciendo una verdad absolutamente radical. La palabra es carne del espíritu (la palabra es prepucio del falo de Dios, es logo de Dios, discurso de Dios, verbo, palabras, expresión, poesía: metáforas). ¡Meter es mejor que no meter! Pero los fenomenologistas, sin la epifanía del lenguaje del hombre, ese muñeco de trapo de lo sapiens, no serían posibles.

¡Sonambularíamos (de ser) como sonambulizamos (de nada)!

¡Carlos Cases, jefe del FBI en Puerto Rico, es un fariseo!
¡Miguel Muñoz, president de la UPR, es un fariseo!
¡Los independentistas que no hablan de la REPÚBLICA, también son fariseos!

Sin estas palabras que realido no habrían libros, ni periódicos, ni Internet, ni filosofía, ni el sentido mismo de lo crístico; no habría nada. Porque todas las alegorías de la filosofía estarían vacías y serían falsas como las botellas de la Coca-cola. Sin las palabras no habría mundo. No habría zen, ni habría Buda, ni habría Cristo. Dios guardaría silencio. Titubearía entre los cometas de la nube de Oort y la posibilidad de la estrella de Némesis. La palabra de Dios es, como la palabra del hombre,  ambigua: nos habla del mundo y nos habla de sí misma: se subleva. ¡Dios se hace quásar!

            Los metagramaticales, anacronizando, denominamos logos a la posibilidad misma de la poesía. La poesía es incierta. La poesía es enigma; la poesía se hace ser y la poesía se hace nada. Esto es así, porque la poesía es una revelación: Eurídice yacía sobre Orfeo, Orfeo dialogaba con Caronte (Jesús enamoraba a Magdalena). (¿Dios epifaniaba como amante?) Dios es el sufrido entre la dicha y la desgracia. La poesía es el “ghetto” de Dios que habla radicalmente en el Estigmático, en el psicodélico, en el elegíaco, en el esquizo, en el sufriente, en el doloroso, en el alucinógeno, en el angustioso y en el mescalinoso. Si no hay dolor, y no hay angustia, no habrá poesía. Porque la poesía es la antifiesta. Estoy bebiendo febreramente las aguas de la Estigia. Porque Dios sólo habla a través del tormento. El sufrimiento de Dios, en Cristo (y en los poetas de la desesperación y del suicidio), es tautológico: ¡Ego sum qui sum! Dios tautologiza la nostalgia de lo eterno: “Antes que Abraham fuese, yo era” (Juan 8: 58). ¡Dios es quásarmente el fin de todo! ¡Dios se oculta, se manifiesta y se esconde a la velocidad de la luz. ¡Dios es imposible! ¡Dios es meta-ateo y metacristiano! El poeta está cantando en el Erebo: ¡blasfemo por el amor y blasfemo en la poesía! El nihilismo ha fracasado nietzscheanamente.

            Dios está vendiendo marihuana en las esquinas de los callejones de San Juan!

¡Los cristianos, los yanquis, los ateos y, posiblemente, los socialistas pedirán ideologicamente mi cabeza! ¡Cristo es la mescalina del cielo! ¡El superhombre está vendiendo sus jeringuillas sucias, sus muletas apolíneas y sus condones usados! Todo es absurdo y todo es bello. El “hombre bueno” ha abortado la demokracia, su taza de café y su escupidera de porcelana. Jesús, en los garages de la angustia, está lavendo su Volkswagen.

¡Dios…se parece a la muerte!


[1] “Y se arrepintió Dios de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón.”
[2] Véase Los heraldos negros de César Vallejo.
[3] Lucas 6: 27; 30
[4] Juan 1: 1