En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 17 de noviembre de 2012

POEMAS DE PEDRO JOSÉ DE LA PEÑA

Pedro José de la Peña





PRIMER DOLOR



Alégrate de las heridas hondas:
Si la pala penetra
profundamente
en las aguas,
mayor es el impulso

  Fabulación del Tiempo  (1970)






IN VITRO



Los que nacimos como yo
(otra vez y otra vez ven, amor mío)
e inmersos en las manos, liquen, polen
aspiramos del alga, del matojo,
con natural semilla, fresca
y caliente oleada, pon tu boca
por sobre el vientre terrenal del mundo...
hoy cantamos, ayer,
los que nacimos como yo
para los huérfanos futuros
que nacerán sobre el cristal, medidos
y compresados en formol, sabiéndose
el tamaño del cuerpo, la color
irrevocable de sus ojos
y sin el arrebato,
sin la enajenación.
(Dame tu mano, ven, abraza fuerte).

Porque es justo tal vez que el hombre ame
y se abandone a sí y en sí se vierta
para llegar al cuerpo, al sexo noble
donde se truecan perlas, paz, cariño
y emanación letal que da la vida
en tanto nos acaba y nos consume
(no rechaces no, amor, coge esta mano).

Para los huérfanos del mundo, aquéllos
que estudiados serán, que requeridos
para labores adyacentes, no en el odio
ni en el amor su vida han de cifrar,
ni sentirán la lágrima o la dicha
resbalar su mejilla, henchir el pecho...
(No habrá besos, mi bien, no tendrán flores
que acariciar, ni pieles fugitivas:
se mirarán extraños, como seres
en donde muerto está todo latido).


Pero en mi amor los canto porque es justo
tal vez que amen los hombres
(muslo, tacto
final de la cadera, soplo, llama
que arde sin luz, amor,
cuánta tortura
de los que no te sientan y te abracen).

....por ellos, que algún día han de mirar
como locura el hecho de besarse.

       Fabulación del Tiempo.  (1970)





ATOMIUM



Dejad que todo esto
se desarrolle en vuestros sueños

Sesgada la espalda de arañazos
corre el ciervo
por la espesura, aullando
lo cercan los mastines, su mirada despavorida inquiere
y aunque sabe
la razón de su culpa, aunque conoce
la entraña del delito, se figura
tal vez amor, clemencia
en el distante hielo de la diosa ...
Pero el arco de Diana está tendido
y su flecha le apunta: Quien desvela
nuestro secreto origen, la guardada
joya ancestral de la naturaleza,
recibe su castigo
y así el dardo
parte desde la cuerda y atraviesa
el corazón irreverente; luego
los perros lo devoran y sus restos
son pasto de los buitres.

A idéntico final o adversa suerte
Prometeo y Ulises se expusieron
y semejante fue su desenlace:
                                   Crueles
los castigaron las leyendas,
crueles fueron
sus dioses y designios,
mas voluntad igual debe ampararnos
 a descubrir el fuego, a dar al mar
la dimensión de su contorno, el giro
copernicano del espacio y ser
disturbadora luz, creciente espasmo
que intranquilice el sueño de lo oculto.


Tan sólo desde el riego y el amor nace
y un premio es el morir y el conseguirlo: 
No temed la venganza, no temáis
el desbocado soplo del espíritu.
Hay que ver a la diosa, hay que mirar
su espléndido desnudo, el combo vientre,
aunque los perros muerdan nuestra carne.

Fabulación del Tiempo.  (1970)





RECUERDO DE LA AMADA REFLEJADO EN LA ALBERCA



Pudieras melancólico en esta larga hora
dejar lacio el cristal, las venas azulencas
un sosegado estanque, la transparencia, el rostro
de un desteñido tono, conmovedoramente
mirada sobre el hielo de las aguas marchitas,
deshojar los rumores de un pálpito, su pálpito,
el tenue contrapunto de esta nada tan triste.
Pudieras cultivar, como si aún fueses niño,
la ausencia de la madre, nostalgias preteridas
sobre un tapiz mohoso de tinaja y de miedos,
y ser como esos muebles que gotean el polvo,
que arañan en el alma con su erosión de siglos 
o mirar en el péndulo cuántos minutos quedan
para sentir un eco de persistencias triste.

Porque aunque fuese ingrata como una luna hermosa
tuvo siempre en el seno suaves notas, jazmines,
donde todos recuerdan ese inmenso gemido
de su frente, tan fría para rozar los olmos,
tan escasa otra mano para cercar la suya,
y cómo no, evocándola, sentir el reto henchido
de una piedra muy triste, todavía más triste.

Pues si perlas lloraba ahora en perlas se anega,
en la orilla escotada de una mar sin dulzura
que abrasa el corazón, ya la copa vacía,
ya sangrante nenúfar acariciar sus hombros,
sonreír, pues es tierna la piel en ciertos sitios,
y deshacerte amando, todo tu pecho de agua,
mientras miras sus ojos donde un zafiro brilla.



Círculo de Amor (1972).




EL DESAMOR



Nuestra historia jamás tuvo ropajes
 de fiesta o ceremonia
ni la vivimos nunca al son de la epopeya.

Sencillo fue el hallarte si rememoro el tiempo,
y sin embargo acaso una música extraña,
un magnífico aliento de cantatas y órganos,
se unió a la turbación de nuestro encuentro,
siguió paso tras paso el inasible
sendero de las rosas ...

Y hoy reconstruyo ese dolor
que vive todavía.
No es un viejo dolor de gris polilla,
sino una fuerza bruta y pesarosa,
una cuerda de esparto sujetándome
al modo del ahorcado, en donde fieles
chacales aulladores o la tierra
batida y pantanosa de tu pecho
todavía amenazan.

Y reconstruyo íntegramente
este enorme dolor, porque no fue tan sólo
sufrimiento,
ni murmullos sin paz
(tu boca tierna,
tu iniciada sonrisa; una manera
dichosamente fantasmal de acariciamos),
pero también el bronce más hermoso
fundiéndose en la fragua del amor,
tu solo paraíso.

Y posesiono a este dolor inmenso
del fondo de mi ser, pues más sincero
que la primer palabra cuando niño
- porque mudo sentí, porque ya mudo
fuera el dolor primero que expresarlo­ –
es componer tu imagen y mi imagen,
es ser espejo que devuelve el tiempo
en dolorida, pero ardiente zarza
que no cesa en su luz, como vivo dominio
de que sólo en la sangre se forja este metal.

Círculo de Amor (1972).



domingo, 11 de noviembre de 2012

POEMA DE ANSELMO SEQUEIRA

Anselmo Sequeira





POEMA DE ANSELMO SEQUEIRA


           

Anselmo Sequeira nació en Masaya, Nicaragua, en el siglo XIX en 1891 y murió en la misma ciudad en 1965, a la edad de setenta y cuatro años. Es el poeta por excelencia del erotismo, el hijo de Quevedo en Nicaragua, con una gran formación académica y autodidacta que vivió por encima de su tiempo. Incomprendido, insultado y apedreado fue objeto de burlas porque vivió en soledad y al margen de la propia sociedad con ideas suyas que aplicó a su propia vida. No fue un libertino pero cantó en sus poemas el sexo y la lujuria, y por esta razón el sector ligado a la iglesia trató de separarlo del resto de la sociedad.
            Su ejemplo como poeta es único es un país de poetas donde todos siguen las ideas impuestas por la tradición. Su obra ha permanecido y sigue inédita, debido a principios morales que todavía siguen latentes en una sociedad marcada por el respeto al pasado y los principios rígidos de la moral cristiana.
            Formó para del grupo de poetas seleccionados para la primera antología que se editó en España: “Parnaso Nicaragüense” Antología completa de sus mejores poetas, compilada por Alberto Ortiz y publicada en Barcelona por la célebre Casa Editorial Maucci, en 1912, pp. 126-135. Posteriormente, apareció en otra antología publicada en Santiago de Chile, “Nicaragua Lírica“. Antología de poetas nicaragüenses, recopilado por el presbítero Augusto Oviedo Reyes y publicada por otra casa también célebre, la Editorial Nascimiento en 1937. Había dirigido en su juventud la revista Castalia (1916-18), pero la inflexibilidad de los hombres que dirigían la cultura lo llevó a abandonar la fe en ellos y se retiró a la soledad.
            Como Homenaje a su amistad y recuerdo doy a conocer este poema que me regaló hace varios años el poeta y jurista Raúl Sánchez Aráuz y ahora se publica gracias a la amabilidad de un salvadoreño de dimensión centroamericana, André Cruchaga, que le dará la difusión que él poeta habría deseado en su tierra.

RICARDO LLOPESA




VERSO DE SORTILEGIO
Abecedario de Amor
y una Deprecación


                        A Sensación Solares.
                        En el mundo.


El verso A se abrió en explosión rosa
y zarpó rumbo hacia tu cabellera,
semejante a una barca deliciosa
que te trae una carga perfumera.

El verso B es hombrón entre bombones,
dulzor Standard que realmente encanta,
y que por endulzar tus gustaciones
se está cruzando ya por tu garganta.

El verso C florece igual que un loto,
un loto grande, azul, de gracia pura,
loto a quien nadie excusaría el voto
para que sea eterna tu ventura.

El verso D tremola sus banderas,
sus banderas de sol y de alegría
para hacer el oregón de tus maneras,
de reina que hace que se encianda el día.

El verso E encabrítase encantado
como un feliz corcel que suspirara,
por ir cargando, desequilibrado,
en sus lomos tu ideal belleza rara.


El verso F es frasco de frescores,
un ramaje que tiembla estremecido
de abanicar y que derrama flores
en tu pecho elegante y repulido.

El verso G es de gemas un escriño
cristalizado, al parecer, de estrellas,
que se te prenden con lilial cariño
cual un racimo de mentiras bellas.

El verso H como harmonio suena
de nítidas cadencias musicales,
que elogia la dulzura de azucena
de tus frágiles formas imperiales.

El verso I tal el imán atrae
hacia sí todo prodigiosamente,
pero a ti, rendido, se retrae
y besa los rosales de tu frente.

El verso J era un jarrón florido
que por las artes mágicas de embrujo
se trocó en un violín cuyo sonido
dice muy quedo que es de amor tu influjo.

El verso K no es kiosco pintoresco
de un parque de ilusión selecto ornato,
sino un sueño mil y una nochesco
que preconiza tu gentil recato.

El verso L no es de luna un lampo
que intercambia palabras con la fronda,
pero es lirio que embriaga todo el campo
y cuyo aroma sin cesar te ronda.

El verso LL se hizo lluvia de oro
que nació de un crepúsculo inefable
que derramó a los pies de tu tesoro
su canción de un color inencontrable.

El verso M es tierna mañanita
ebria de pájaros y de fragancias,
y en que un áureo liróforo recita
para ti sus recónditas sustancias.

Nenúfar claro que se balancea
en un estanque de aguas asedadas,
el verso Ñ, oh palpitante dea,
te enamora con frases increadas.

Ñambar faral de corazón de acero
que del tiempo los látigos resiste,
el verso Ñ es fuerte caballero
que en ofrecerte pleitesía insiste.

Oh! Verso O, la ola alegre y loca
que los inmensos litorales baña,
y que lame con manso afán la roca
de tus frialdades de beldad extraña.

Prodigando fanfarrias, orgullo y mando,
y entre ritmos y entre emociones,
yérguese el verso P, preconizando
tus percusiones y repercusiones.

Q de querer, Q de inquirir, el verso
Q es un reto de sangre a los abismos,
mudo de asombro ante el abismo terso
de tus maravillosos espejismos.

R de Rusia, R de rezo, R en la renga
reina, en reir, en razonar, en risa,
y es red el verso R que sostenga
por siempre tu claror de pitonisa.

Sobre el sendero de su loco foco
de extravagancias en que amor se pesca,
verso R doble es el terror de un loco,
loco por tu sonrisa gigantesca.

S de sierpe, de sabiduría,
el verso S desarrolla su alma
tal una serpentina de alegría
que en rodear tu primor halla su palma.

Y de taquigrafía que se mueve
captando ideas enderezadoras,
el verso T se inflama y se conmueve
frente a tus manos maravilladotas.

Usina de productos delicados,
álzase el verso U, loco de pitos,
para dar sus encantos ponderados
a tus tremendas portes exquisitas.

Varita y virtud que echa luceros,
el verso V te arroja resplandores
porque eres la fantástica, sin peros,
luz de las luces y flor de las flores.

Lánguida, desmayada porcelana,
walkiria que se inclina hasta la muerte,
el verso W es la wertheriana
pistola en la tragedia de quererte.

Desesperadamente, en infinita
ansia de trastornados y opresores,
el verso Y es el que ya que ya te grita,
dame ya los Ofires de tus besos.

En romance que sangra y vieja y mustia
historias de aflicción reconstruyéndote,
el verso X es la larga angustia
de un xilófono o llanto conmoviéndote.

Y toda palidez y faz enjuta,
oye que pasa el más potente encanto,
el verso Z es la zozobra bruta
en que me creo, de adorarte tanto.


DEPRECACIÓN

Cuando de las entrañas de la noche,
haciendo de dolor lento derroche,
fluya algo que indagar siempre escatimas,
piensa que se arrodilla, silenciario
y temblón, ante ti este Abedecedario
de Amor, y te encarece: Ah, no me oprimas.


jueves, 8 de noviembre de 2012

RELEER A BÉCQUER

Gustavo Adolfo Bécquer




RELEER A BÉCQUER


A Pilar Sánchez Pérez.


Por Ricardo Llopesa


           

Con mucha razón Pedro J. de la Peña es su artículo "Bécquer y el antisistema del Romanticismo" (República de las Letras, 127, Madrid, abril-junio 2012, pp. 81-85) sostiene una postura de desacuerdo con la crítica que desde siempre ha colocado a Bécquer dentro del listón de poetas Románticos, cuando debería de ocupar un lugar aparte dentro del panorama literario, por su escritura y su estilo que le confieren una voz personal, creador de su propia escuela dentro del grupo de poetas de su tiempo.
            A partir de Bécquer hay un antes y un después. Con él la poesía adquiere otro tono, un tono que sólo él sabe dar en la poesía castellana de la época. Entre 1860-70 en España se produce un giro poético en torno a la poesía de Heine desde que Augusto Ferrán (1835-1880), tras su estancia en Alemania, publicase en España las Traducciones e imitaciones del poeta alemán Enrique Heine en 1861, en El Museo Universal de Madrid. A propósito del libro La soledad (1861) del mismo Ferrán, escribió Becquer que se trataba de poesía: “natural, breve, seca (…) que hiere el sentimiento (…) desnuda de artificio”.
            Este movimiento español coincide con los Parnasianos franceses de Théophile Gautier y Banville, quienes instauran el verso breve y leve, similar a Heine. Luego pasará a los poetas latinoamericanos, Martí y Gutiérrez Nájera, prefigurando el Modernismo. Pero en España ha faltado un estudio más detallado que permita configurar una teoría sobre aquella época de transición, donde figuran una serie de poetas considerados menores, pero que dieron un paso más en la busca de un cambio poético, como Antonio de Trueba y su Libro de los cantares (1852), precisamente el año en que Gautier publica en París Esmaltes y camafeos; Rosalía de Castro con Cantos gallegos (1863), la más conocida; Ventura Ruiz Aguilera en Armonía y cantares (1865); Melchor de Palau y sus Cantares (1866), y José Puig y Pérez con Coplas y quejas (1869), por poner un ejemplo.
            En la América española se le imitó, se pretendió plagiarle, pero todos los intentos fueron vanos. El más adelantado de sus discípulos fue Rubén Darío.
            Como afirma Pedro J. de la Peña, a Bécquer hay que restituirle su dignidad y colocarlo en el lugar que merece como poeta español de transición entre el siglo XIX y el XX. O lo que es lo mismo, es el poeta que disuelve el Romanticismo para adentrarse en las primeras manifestaciones del Modernismo.
            Por esa época muy pocos poetas españoles y americanos iban en busca de una forma de expresión nueva, donde lo flexible y breve fuese la razón de cambio. En 1876 Manuel del Palacio dio a luz por primera vez unas traducciones de Carducci en Letra menuda. Luego fue Rubén Darío quien se iluminó de luz becqueriana tras imitar a Bécquer en un conjunto de poemas, titulado "Otoñales", luego ampliados y publicados en libro, en Santiago de Chile en 1886 titulado Rimas, dos años antes de Azul... (1888).
            Rubén Darío estaba tan empapado de Bécquer que el mismo epígrafe de su primer libro lo delata como uno de los primeros lectores que supieron ver en Bécquer la perspectiva de una poesía distinta de los poetas románticos españoles.
            La fama que alcanzó Bécquer en el nuevo continente llegó a límites insospechados. En Santiago de Chile se convocó el “Certamen Varela” (La Libertad Electoral, 28 de junio de 1887) con seis temas a desarrollar. Uno de ellos convocaba a los poetas de esta manera: “Tema segundo, poesías líricas, una colección de (doce o quince) composiciones inéditas de poesías del género sugestivo o insinuante, de que es tipo el poeta español Gustavo A. Bécquer.”
            Este documento es prueba de la importancia de Bécquer. La organización del premio recalca que los poetas han de presentar: “poesías del género sugestivo o insinuante de que es tipo el poeta español Gustavo A. Bécquer”.
            Queda claro que hay en Bécquer un estilo y un tono personal que dista mucho del Romanticiasmo que le precedió y de los poetas de su tiempo, de quienes se distancia para ser acorde con una nueva poética que le saca del grupo romántico. Pero hay una razón más que le hace ser distinto de los demás: no se parece a nadie, ni imita a ningún poeta de la lengua. La suya es una poesía solitaria que destaca en el páramo de aridez de la poesía española por su flexibilidad y síntesis de contenido.
            Si pudiéramos comparar a Bécquer con algún poeta de su tiempo, ése sería Banville en Francia, Heine en Alemania y el poeta gaélico Ossián, que por entonces estuvo de moda en toda Europa, después de que un tal Macpherson (1736-1796) tras ser rechazado por los editores británicos se convirtiese en impostor asegurando haber encontrado poesías inéditas del poeta Ossián del siglo II. Influyó sobre Goethe y Heine, también en Bécquer y lo mismo puede decirse de Rubén Darío. En España se conoce desde que su nombre apareció en un artículo inédito en un periódico madrileño en 1788 refiriéndose a la primera traducción de Alonso Ortiz.
            Dicho todo esto, debería valorarse la importancia de Bécquer en su papel de ruptura con el Romanticismo y analizar ese paso adelante de su poética que camina hacia el Modernismo. Para comenzar deberían los historiadores y críticos sacarlo del polvo que lo sepulta entre ese más que largo movimiento de los poetas románticos, con quienes sólo tiene que ver la afinidad de la lengua, para poner en su sitio el papel privilegiado que merece como uno de los poeta modernos que se mueve dentro del grupo de precursores del Modernismo.