En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



viernes, 22 de agosto de 2008

Sueños_Poema de Marianhe Jalil

Marianhe Jalil, México






Sueños




Cierro los ojos, te pienso
Y así paso los largos días;
Haciendo de las horas, sueños,
Volviendo irrealidad tu lejanía.

Vuelvo al cielo mi mirada
Y las estrellas en luces yo convierto,
Para volver a la ciudad lejana
Donde todo, sin querer, fue dulce y tierno.

No quiero ya soñar,
Pero te pienso...
Y es que me duele recordar
Que fue un intento

De poder lograr amar
En solo unos momentos.
Y ahora tú olvidarás
Lo que ahora sola recuerdo.

Por eso...cierro los ojos, y te pienso
Pasando lentos todos estos días.
Haciendo de las horas sueños,
Volviendo irrealidad tu lejanía.

No quiero ya soñar, pero te pienso.
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jueves, 21 de agosto de 2008

El supermercado_Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Liezeaga, País Vasco, España





El supermercado.




El supermercado estaba en el cenit de su ambiente, el más destellante de anuncios y ofertas situados en todas las esquinas de las calles, donde vivían los productos ofertados. Al son de la amable e impersonal voz que proclamaba las bendiciones más recomendadas para la compra, paseaban con su carrito decenas de personas fieles al ritual social de visitar la gran superficie el fin de semana. Actividad integrada en la cultura popular, y hasta imprescindible para muchos, que acorde a su ritmo de vida eran los únicos momentos libres que el trabajo les concedía para avituallarse de lo necesario y también de lo prescindible para toda la semana. Una ciudad dentro de la ciudad, superpoblada en días de ocio, donde también los carritos, parecían pedir perdón al chocar unos contra los otros.

En el gran templo de la sociedad de consumo, no existen las diferencias de estatus social, razas, o diferencias morales, es el dinero lo que los une. Allí todos son bienvenidos, bienvenidos al trueque de productos a cambio de dinero. Para eso no se necesitan credenciales, sólo un monedero, a ser posible que entre bien lleno, cuanto más lleno mejor, y salga vacío.

Pero el supermercado, a pesar de su anónima función consumista, no puede evitar que todas las personas que por allí circulan tengan su propia identidad, sus vivencias únicas, merecedoras de que en su honor, se escriban historias. Y es precisamente lo que está a punto de suceder ahora.

Imagínense un zoom de cámara que se acerca, desde una distancia que capta todo el supermercado y donde las personas parecen hormigas en movimiento, hasta centrarse en una hilera de productos, por ejemplo el de los chocolates, y las personas concretas, que ahora mismo, están ahí.

Aquí comienza nuestro relato.

Una mujer sola, aunque se la puede llamar solitaria, ya que evoca, no sé porqué, un sentimiento de soledad. ¿Será porque esconde sus ojos tras unas gafas de sol? Resulta inusual, en un espacio más que iluminado, aunque el hecho pueda tener explicaciones lógicas que lo justifiquen. Algún trastorno ocular sería lo más sensato. Un enfoque más morboso, influencia de ciertos programas de la cultura televisiva, puede hacer la lectura de que es una mujer sin maquillarse y coqueta ella, se tapa los ojos, o que alguien le ha dado un puñetazo, cosa que por desgracia ocurre más de lo deseable, y no debería ser carne de morbo, pero ¡así somos!...

Sin embargo, hay algo más en ella, en su actitud general. Un algo que podría traducirse, en total desinterés por el entorno donde está. Como si hubiera salido de su ambiente habitual única y exclusivamente para comprar los alimentos que necesita, y fuera una intrusa en la gran fiesta familiar y social de hacer las compras. Todo su cuerpo manifiesta la inexpresividad de quien está más allá de la ilusión, la curiosidad y la esperanza. De quien ya viajó en el tren de la ingenuidad y la inocencia, y no espera lo que la mayor parte de quienes la rodean. Por eso no se inmuta ni cuando un carro la embiste, ni cuando la señora que lo dirige intenta culparla a ella.

Sin embargo, este escenario está apunto de animarse, con una familia que irrumpe, con todas sus voces, en la sección de los chocolates. Primero los niños, tres en total, han entrado corriendo, arrastrando en su carrera a los padres que les conminan a seguir adelante. Pero es sabido, que, en general, de la sección de alimentos, la del chocolate es la ilusión de los niños, y de los no tan niños también. _ ”Pablo, ya sabes que el dentista te ha prohibido los dulces” _ Grita la madre. _” Diles algo” _ Solicita al padre. Este, intentando investirse de su autoridad paterna, les incrimina _ “¡Obedecer a vuestra madre!, ¿es que no escucháis lo que os dice?” _ Por supuesto, es inútil porque los niños ya están junto a nuestra protagonista de las gafas de sol, señalando todo lo que ven. _ “¿No veis que molestáis a la señora?” _, aunque la señora siga impertérrita. _”Perdone usted, ¡estos niños!…” _ El matrimonio ha alcanzado a su prole, y están junto ella que se desplaza un poco para hacerles sitio. Pero al ponerse cara al matrimonio, vacila por un segundo al ver al padre, para reaccionar de inmediato y alejarse tranquilamente.

La reacción del padre de familia no ha sido tan efímera. Al verla, casi la saluda. Ha sido un casi que ha quedado en amago de saludo; pero que su esposa ha captado. Como ha captado el cambio de color en el rostro de su marido. _ “¿Quién es, la conoces?” _,

_ “¿Qué dices?” _. _ “Te pregunto que, quién es ésa señora” _, _ “Ni idea” _. Ha sido la escueta respuesta del marido.

Según se aleja la señora de las gafas de sol, no puede evitar oír la conversación del matrimonio. Ahora sí, parece que su rostro se ha vuelto un poco más expresivo porque se aleja, pero sonriendo. Con esa clase de sonrisa que expresa regocijo interno.

Tras ella, prosigue la conversación, que empieza a tomar tintes de discusión. _” ¿Cómo que no sabes quién es? ¡Si casi la saludas, y te has quedado mirándola como si fuera una aparición!” _. _ “No sé, puede que me haya recordado a alguien. Me habré confundido. No hagas un drama con esto, ¿te está dando un ataque de celos? “_. Al verse acusada de celosa, cosa que está mal vista, la esposa ha dejado el tema y se centrado en los niños, que mientras, han aprovechado para hacer acopio de chocolate. Y para su sorpresa, la madre no ha dicho nada, ¡ningún reproche por el chocolate!.

_ “¡Vamos! niños, que aún nos falta mucho y se nos va a hacer tarde para la cena”_ Y ha tirado para adelante, con su carro lleno, cargando también en su alma una confusión y unas dudas que un rato antes no estaban.

Pero la casualidad se ha empeñado en perseguir a los protagonistas como si jugara a ser cineasta, haciendo que se repita el encontronazo justo en la esquina donde están las latas de tomate. Esta vez, sin sorpresas, sólo una tensa vigilancia recorre a los tres personajes porque los niños están ajenos a estos aconteceres. El varón sujeta el carro, mientras las dos mujeres, una junto a la otra, recogen sus correspondientes latas. Un inoportuno empujón, huido de entre los juegos de los niños, ha dado de lleno en la mujer de las gafas de sol rompiendo la placidez de la escena porque el varón ha saltado de inmediato _ “¡Tener cuidado!, ¿no veis que esta señora está embarazada?” _

Estas palabras han sorprendido a todos, incluso al narrador que no había relacionado unos kilos de más con un posible embarazo. Las dos mujeres se han vuelto hacia él, cada una con su diferente interrogante. La esposa, con una pregunta no formulada, aunque obvia _ “¿Y tú, como lo sabes si aún no se le nota?” _ . La expresión de la señora de las gafas de sol lo dice todo: _ “¡Has metido la pata!” _.

La primera en reaccionar ha sido la esposa que, de inmediato, se ha vuelto hacia la señora de las gafas de sol para pedirle perdón y preguntarle si estaba bien. Esta le ha contestado que sí, que no había pasado nada grave. _ ”¿de cuantos meses está usted?” _, _ “dos y medio” _ ha sido la respuesta.

Los altavoces del supermercado, que han comenzado a anunciar la proximidad del cierre solicitando a los clientes que se vayan acercando a las cajas, han sido el salvavidas para el varón que, nervioso y agarrando el carro, ha dicho un seco_ “¡Bueno, vámonos”! _, poniéndose en marcha con su prole, mientras las dos mujeres quedaban atrás.

Antes de separarse, la esposa, en un arranque de audacia, ha preguntado a la señora de las gafas de sol si pueden volver a verse para charlar. La otra ha contestado afirmativamente y han intercambiado sus teléfonos.

El varón y los niños están ya haciendo cola para la caja. Las dos mujeres se acercan por separado; aunque ahora sepan que algo las une. Por delante, apresurándose y con las manos vacías, va la esposa. Unos metros detrás, la señora de la gafas de sol empuja, con la poca prisa de quien no tiene a nadie que la espere en casa, su carro lleno de productos.

La cola de la caja, antes más tranquila, es ahora, una muchedumbre impaciente y crispada. _”Siempre pasa lo mismo” _ Piensa la joven cajera; aunque, por otra parte, ni tiempo para pensar le queda. _” Esperan hasta el final y, luego, todos tienen prisa para pasar por caja ¡yo no puedo multiplicarme!” _. Es el momento del nerviosismo superfluo y alboroto colectivo porque todos quieren salir, cuanto antes, para evitar los atascos de tráfico a la salida. Porque se van a retrasar, para esto o para lo otro. _ “¡Y esta cola no avanza!” _. Por su parte, la cajera tiene que relegar, por una media hora, la ilusión que tiene para la salida de esta noche. _ “¿Estará él en la cena?” _, se pregunta. _ “Seguro que sí, el sábado pasado me acompañó a casa. Espero que me de tiempo a ducharme y arreglarme. No sé qué vestido ponerme o ¿me pongo pantalones?... _

Pero estos planes e ilusiones no pertenecen a este espacio donde ella es casi hermana gemela de la máquina calculadora. Pasando productos y haciendo cuentas con una destreza que le enseño la práctica. Sin tiempo ni para una queja, ni para una sonrisa. Sin poder mirar la cantidad de rostros que ante ella desfilan. Un espacio y una hora donde su voz se vuelve automática. _ “¡350 euros, por favor!” _. _ “¡Tendrá que ser en efectivo, con tarjeta sólo se puede pagar a partir de 100 euros!” _, _”¡muchas gracias, señor!” _. De vez en cuando, levanta la vista para encontrarse con la ya desordenada fila de carros y anónimos rostros impacientes para los que ella misma también es una figura sin rostro, en bata y con coleta, hasta donde ansían llegar.

Así, la joven cajera llega al final de la jornada. Contagiada aún del estrés de la última hora. Se cambia en el vestuario junto a sus compañeras, mujeres de diferentes edades y en distintas experiencias vitales. Es cuando se desahogan todas de las amabilidades o impertinencias recibidas durante la tarde, de los cotilleos sobre sus jefes y también de sus vicisitudes personales.

Hoy las bromas recaen sobre nuestra joven cajera. Sobre qué pasará con la nueva aventura de amor que respira. Por supuesto, también entre ellas hay alianzas y enemistades, son cosas de la vida. Pero, las que son sus amigas, la envuelven con sus consejos, especialmente las que son mayores que ella porque se supone que son más experimentadas en esto de los amores. Aunque sea una falsa creencia, ya que, en cualquier momento de la vida, podemos encontrarnos con que somos auténticos analfabetos del amor, o de la pareja.

Pero como de todas maneras, es algo que hemos de vivir y experimentar, ahí están el arrope, los consejos y la ilusión de las compañeras de nuestra joven cajera.

El supermercado está en silencio, sin las voces y las gentes que lo habitan de día. Los productos de los estantes han perdido su imperioso protagonismo Pronto llegarán las limpiadoras que lo acicalarán, para que mañana, al abrir sus puertas, esté reluciente.

En el parking sólo quedan los coches de las trabajadoras que saldrán por una puerta trasera. Están lejos las luces de los últimos coches que formaron caravana. Está lejos, la señora con gafas de sol, embaraza y sola. Y también una familia que circula en el silencio que antecede a una tormenta matrimonial, que los perplejos niños presienten, e instintivamente hace que se protejan fingiendo que duermen.

Mientras arrancan los últimos coches que quedaban en el parking, una joven e ilusionada cajera se despide, entre risas, de sus compañeras.

Ahora, sí, el gran templo del consumo se vació de vida, inocente y ajeno a lo que en el transcurso de la tarde ocurría entre sus habitantes. Mañana, cuando se llene de vida, seguirán su suerte las historias, que en su indiferente seno de supermercado, se tejen…
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martes, 19 de agosto de 2008

Cuerpo de vidrio_Poema de Santiago Bonhomme

Santiago Bonhomme, Chile






Cuerpo de vidrio





Mi bello exterior a sabor té con canela caliente
en taza grande el frío disminuye
de modo que las fantasías regresan en bicicleta
por la autopista mal hecha de peatones violentos llenos de afecto
que se marearon con la riqueza de chile.
Así alcanza el futuro y corro por más parafina a la estación de servicios
la estufa hace tres litros exactos
en seis horas el colchón está seco.

Las amarritas rojas en los ojos son de lana de oveja joven
el corazón ajeno se quitó las amarritas hace tiempo
y la piel cambio fácil de escamas
por los hipocampos que la trepan hasta el alma
asombrada con los puertos y las industrias
como pajarito choca en la ventana
de una página de poemas inéditos
zafando la imaginación con la Mistral desnuda preciosa en mi cabeza
y la mano se mueve por amor lo juro
afuera acabo y se desbordan los canales vía satélite
y se pierde sangre mucha sangre
que la miel en tus pestañas no acabe nunca.

Paz tendremos cuando regrese Dios
he visto un viento calladito
derrumbando hombres maravillosos
calladito le dijo uno a otro
paz tendremos cuando regrese Dios
he visto un viento calladito
derrumbando hombres maravillosos
calladito le dijo uno a otro
paz tendremos cuando regrese Dios
he visto un viento calladito
derrumbando hombres maravillosos
calladito le dijo uno a otro
paz tendremos cuando regrese Dios
he visto un viento calladito
derrumbando hombres maravillosos
calladito le dijo uno a otro
paz tendremos cuando regrese Dios.
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Llegas tierra_Poema de Juliana González Molina

Juliana González Molina, Colombia





Llegas tierra


Hoy la tierra es quien humedece
la sangre seca de todas las puertas
que no crucé.
Yo estoy adentro de una habitación
tapizada de recuerdos.
En penumbras
mis manos recorren
las paredes frías
en busca de la madera,
del interruptor.
Se topan con imágenes inmortales
con tiempos detenidos
que los dedos presienten
pero no pueden ver.
Mis pies están cansados
de tanto husmear caminos
de tanto comprimir el mundo
para llegar.

Cuando he dejado de esperarte
llegas tierra
brújula secreta y venturosa
tu regazo es el amparo de mis ausencias.
Por la rendija inferior de la puerta
tú entras
envuelta en ola repentina
el suelo seco se rinde ante ti.
Las paredes se agrietan
con sus heridas mustias
con sus muecas extrañas
te enfrentan,

pero esta vez no voy a creerles
porque tú eres la tierra
la tierra ancha bajo mis pies.

Pongo mi oreja y las palmas de mis manos
sobre la cal
no quiero evadir más este clamor de cicatrices.

Ven
asciende
toca mi piel una vez más
que tu silencio evapore el mortal ruido
y desmorone la raíz de las espinas;

crece
invade los muros y el techo
sin misericordia hazlos gemir
trepidar
hasta que lluevan lágrimas
de su cemento en ruinas
hasta que afloren
todas las fotografías
adhiriendo sus pétalos a mi desnudez.
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sábado, 16 de agosto de 2008

Cierta secta feminista se da consejos prematrimoniales_Ana Rossetti

Ana Rossetti, España






Cierta secta feminista se da consejos prematrimoniales





"...Trabajada despiadadamente por un autómata
que cree que el cumplimiento de un cruel deber es
un asunto de honor."
ANDREA DE NERCIAT




Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Démonos prisa desvalijándonos
destruyendo el botín de nuestros cuerpos.
Al enemigo percibo respirar tras el muro,
la codicia se yergue entre sus piernas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
No deis pródigamente a la espada,
oh viril fortuna, el inviolado himen.
Que la grieta, en el blanco ariete
de nuestras manos, pierda su angostura.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Ya extendieron las sábanas
y la felpa absorbente está dispuesta.
Para que los floretes nos derriben
y las piernas empapen de amapolas.
Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Antes que el vencedor la ciudadela
profane, y desvele su recato
para saquear del templo los tesoros,
es preferible siempre entregarla a las llamas.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Expolio singular: enfebrecidas
en nuestro beneficio arrebatemos
la propia dote. Que el triunfador altivo
no obtenga el masculino privilegio.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Con la secreta fuente humedecida
en el licor de Venus,
anticipémonos,
de placer mojadas, a Príapo
y con la sed de nuestros cuerpos, embriaguémonos.

Y besémonos, bellas vírgenes, besémonos.
Rasgando el azahar, gocémonos, gocémonos
del premio que celaban nuestros muslos.
El falo, presto a traspasarnos
encontrará, donde creyó virtud, burdel.
De "Los devaneos de Erato" 1980
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jueves, 14 de agosto de 2008

El que ama y el amor_Ana María Veas González

Ana María Veas González, Chile






EL QUE AMA Y EL AMOR



El que ama atraviesa la calle
y besa con sus pies tu sombra. Es dos alas aleteando
a tu lado.
Sello meciéndose en tu aliento.
Es como el cielo que mira y se regala.
Acuna tu vertiente y luego de tu venia
de sus respiros, bebe, comedido.
El que ama se distingue por sus rayos
que rompen la noche tremenda.

Te extiende un lar y deshila sus huellas
para ir con tu paso
como un latido perenne.

El amor es otro mar mayor que el mar.
No es de este mundo y sus suaves pupilas
sólo saben resucitar.

Quien dice tu nombre y se conmueve.
¿A qué lo compararé?
Te dará siempre su sombra y su cobijo.
Encenderá una lámpara a tu lado.

Escaso como un eclipse entre mortales.
Ave maravillosa de las altas cumbres.
Luz de la luz.
Nunca baja.
Exige subir.

1 de julio de 2008
11:09
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martes, 12 de agosto de 2008

A esa voz_Sergio Borao Llop

Sergio Borao Llop, España





A esa voz




A esa voz que atravesó un océano
y dejó su semilla entre mis manos muertas.

A esa voz valiente
que alguna vez consintió entreverarse con la mía
en un duelo que devino acercamiento.

A esa voz fatigada
cuya suave melodía descongeló mi pecho,
cuyo plácido aliento fue anudándome
a la cadencia redentora de su música.

A esa voz sincera
que no sembró el camino de rosas y amapolas.
Que me enseñó el secreto de las piedras
y el latido insondable de los milenarios riscos.

A esa voz lánguida
que burló la vigilancia de las fuerzas oscuras,
que pasó controles y barreras,
que se amarró a un pequeño rayo de esperanza
y traspasó los candados de la cripta
donde yacía mi alma condenada.

A esa voz que quiso hacerse verso
y destronar para siempre a las tinieblas.

A esa voz que con el ala herida
voló hasta mis moradas pronunciando
versos como caricias, versos tristes,
melancólicas y tenues explosiones
de un corazón que supo del martirio.

A esa voz que incendió las rejas de mi encierro
con un suave tañido enamorado
derritiendo cadenas, aboliendo decretos,
clavándose en mi corazón como un suspiro
y haciéndolo habitable con su magia.

A esa voz que se prendió en mis días,
a esa voz arrebato que me nombra,
a esa cuyo recuerdo me conforta
en las tardes de gris melancolía.

A esa voz se ató esta noche mi destino;
de su huella mis pasos peregrinos
hicieron una senda ignota y excitante,
un reguero de místicos placeres,
un misterio que añoro descifrar.

A esa voz mi cuerpo se somete
esclavo de su dulce resonancia,
devoto amante de su aura melodiosa,
enamorado apóstol de su risa,
heraldo de su tierna persistencia.

A esa voz se ató esta noche mi destino.
A esa voz hoy mi amor se ha encadenado
y en su regazo viven mis anhelos
la pasión de la vida y de los siglos.
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jueves, 7 de agosto de 2008

Historia de la madre_Poema de Otoniel Guevara

Otoniel Guevara, El Salvador





Historia de la Madre*



Prendió una inquieta lumbre con sus manos

A caballo bajó por agrestes escalinatas de roca
Acarició capullos Saludó al musgo Defendió al sol

Coronada con sombrero y guirnalda
envestida con machete y ocote
atravesó los campos:
Se irguió fértil antes sus ojos
abrigada con la música y la matemática
que todavía podemos adivinar con emoción en los resquicios

Su espejo era la hierba aromada de hormigas
las cortezas barbadas de orquídeas y poesía
el crepúsculo inasible salpicado de pájaros

hasta que descubrió
­-sentado en la banca de un parque de postales-
al hombre que sería mi padre

(Maravilló los sentidos de ese hombre
y holló su nombre
bajo toda la lluvia)

Se liaron cartas de una a otra parte de sus ávidos mundos:
Febriles
Perfectos
para apuñalar al mundo
con una ardiente estirpe de arcángeles indóciles

Yo principié mis días
cuando los últimos pétalos de sus palabras
se precipitaban
inexorablemente

Justo cuando el silencio
ya no supo decir nada

*Hablo de María Hilda Quezada, mi madre.
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martes, 5 de agosto de 2008

Poemas al viento_Antología

Invitación a la presentación de la Antología
Poemas al viento, compilador José Ángel Leyva, México,



La lista de poetas antologados con el título de su poema es:


Poesía al viento 7
José Luis Gutiérrez Cureño
Presidente Municipal Constitucional de Ecatepec de Morelos

La palabra al viento 11
José Ángel Leyva

Luis de Góngora En el caudaloso río 17
José de Espronceda Canción del pirata 20
Gustavo Adolfo Bécquer El escuchador 24
Porfirio Barba Jacob Futuro 25
León Felipe, Me voy porque la tierra y el pan y la luz
ya no son míos 26
Federico García Lorca Preciosa y el aire,
Tres historietas del viento 28
Vicente Aleixandre El viento 32
Luis Cernuda El viento y el alma 33
Rafael Alberti Marinero en tierra 34
Pablo Neruda El viento en la isla 35
Dolores Castro Toda la eternidad… 37
Manuel Durán El viento 39
Tomás Segovia Vientos 40
Juan Gelman Lamento por la nuca de Tom Steward 42
Saúl Ibargoyen Vientos bajo el mes de marzo 44
Thelma Nava Verano en la ciudad 46
Rodolfo Alonso El dormir que tienes, La gran vida 48
Mario Rivero El viento 49
Charles Simic El viento 51
Eduardo Mitre El viento 52
Enrique Cortazar Desierto: trozo de eternidad enarenada 56
Eduardo Mosches La soledad del aire 59
Alfredo Fressia Nocturno en la avenida São João 60
Blanca Wiethüchter Rapsodia quinta 61
Antonio Deltoro Garganta 62
Ludmila Biriukova Viento 63
Martha L. Canfield La caricia del viento 64
Jorge Souza El aire 66
Omar Ortiz Forero En el Cañón del Chicamocha 67
Mario Calderón Ehécatl-Quetzalcóatl 68
Eduardo Langagne Otros orígenes 69
Pedro Alejo Gómez En la puerta del aire 71
Eduardo García Aguilar Paso por Coimbra 76
Silvia Tomasa Rivera Viento del Sur 78
Verónica Volkow Anuncio 80
André Cruchaga Poema Viento, Viento, Viento 81
Lucía Rivadeneyra Una mujer de aire 85
Rodolfo Häsler Visión del vals de la nieve 86
Françoise Roy Stadaconé, 1680 87
Luis Armenta Malpica Oración para antes del viento 88
Rafael del Castillo Ordenanza 90
José Mármol esquicio del vuelo 92
Sofía Rodríguez Primera forma 93
Ricardo Venegas De rumbo fugitivo 95
Cecilia Romana El viento 99
Gilberto Lastra Poética 100

Poetas de Ecatepec y del Estado de México
Daniela Flores Señor del aire 103
Javier Serrato Vargas Ecatepec 105
Alberto Vargas Iturbe Estoy soñando 106


lunes, 4 de agosto de 2008

Francisco Basallote: Pintura y poesía de síntesis_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador








Francisco Basallote: Pintura y poesía de síntesis




Francisco basallote, España


Tengo sobre mis manos: Como agua sobre piedra, (Diputación de Huelva, 2007), Tiempo deshabitado (Aranda del Duero, 2006), Calendario Manuscrito (Madrid, 2007), Lujo de la pintura y En los senderos del bosque, (Cádiz, España, 2008) de Francisco Basallote Muñoz, (Vejer de la Frontera, Cádiz, España, 1941). Poeta, ensayista, arquitecto e investigador. Francisco Basallote es poeta de “riguroso pensamiento” y refinado lenguaje. Poesía intensa y emocionada, elegíaca, con “pinceladas de sutil humanismo”. El poeta construye de y hacia la pintura haciendo suya la pincelada y la grafía, el óleo y la palabra, la imagen que se torna hoguera en su memoria: esencia del poema y la pintura.

En tiempo deshabitado (2006) y con versos de José Ángel Valente empieza cada apartado del libro: “un día nos veremos/ al otro lado de la sombra de del sueño”. Sombra y sueño, fronteras de la nada, territorios, acaso, para oficiar la liturgia de la poesía, lecho donde sangran las fuerzas telúricas de los celajes, el enigma desvelado en la cábala: tiempo fugaz y sin embargo permanente en los espejos de la certeza que augura lo que está al otro lado de ese andar y convocar el retorno… Ese tiempo deshabitado es el de nuestros días: caótico, herrumbro, sin abrigo a menudo para la realización humana plena. Pero el poeta nos habla no sólo del tiempo cronológico, sino de ese tiempo vital que se nos escapa de las manos y que sólo la memoria rescata a manera de atenuar las desesperanzas.

De la vida a la muerte nos iniciamos en la inocencia, luego se es fuga y ceniza, sombra que en realidad no reivindica los pasos andados, ni los zapatos agotados de tanto trajinar. De repente nos perdemos en la heladez del mármol y ahí nos consume el reino de la inminencia y la impotencia. El calendario aún entre la bruma permanece; la vida en cambio, siempre se torna áspera noche o ansiosa ceniza: ráfaga de vacíos que sólo la nostalgia recobra. Sin duda el mundo y la vida son así: “transparente brevedad” donde la noche seduce con su espejo.

Como agua sobre piedra, (2007) nos introduce de la mano de un epígrafe de Alejandra Pizarnik: “A quien retorna en busca de su antiguo buscar/ la noche se le cierra como agua sobre una piedra”. Noche, destino y memoria se entrelazan en esa búsqueda de lo interminable para hallar la certeza, el fluir del tiempo como un fuego de ritos y designios.

El poeta busca en el río que se fue la transparencia de su sombra; en la piedra, el desvelo —el señuelo falaz de los espectros o la dureza hecha soledad de tanto aliento enardecido. Aquí los días van como ríos a la caverna, negros de principio a fin, herrumbrosos en la profundidad de su raíz, pero que es necesario olvidar para recobrar memoria, según Paul Celan. Así, al pie de la duda y todo lo que entraña el azogue, se torna revestido aliento de la herida.

A menudo el viento nos adentra en su pelaje, los espejos se tornan laberintos y en su asombro emergen inventarios, senderos transmutados, certezas, vahos, vitrales difuminados. Sin embargo, por suave que sea la niebla y albedrío la incertidumbre, la aurora inaugura párpados de luz. Si bien “La noche es muerte para quien habita/ en el dulce confín de la mirada”… el día nos da sus manos y así se construye la palabra y el “cuerpo interminable del pálpito”.

Calendario manuscrito, (Ayuntamiento de Villanueva de la Cañada, 2005), constituye una celebración al tiempo donde el poeta hace gala de diversas formas poéticas, entre la que destaca el haiku. “Este es el tiempo/ —acota el poeta— de tus contradicciones:/ el frío del olvido/ y las cálidas tardes/ que sube la memoria/ hasta el dolor/ y sus rituales”. Luego “la nada,/ la noche irreversible”, la brevedad del calendario que los ojos devoran en su destello.

Cada mes es tiempo de sorpresas. El ser humano se hace desnudando calendarios, cincelando en cada hora, en ese escenario, el rictus laborioso del devenir que puede ser edificante o caótico según las propias circunstancias. La memoria es el almanaque donde se guardan las indagaciones mientras la materia se yergue en su inicial desnudez. El día palpita en los cristales del aire: enigma, acaso, que el reloj avienta con la certeza que en el vivir se va construyendo un inventario de historias y espejos premonitorios.

Francisco Basallote hace gala en este libro de su fuerza poética y, reivindica como buen versador, formas métricas diversas que hoy en día muy poco se usan, pero que en manos del poeta se vuelven joyas de resplandeciente incienso. “De oro fundido/ —dice el poeta— la luz del mediodía/ sobre los árboles”. “El río de la memoria” no es de espejismos, sino de espejos: trasmutado tiempo en la alquimia de las campánulas, incendio que no caduca sino que se cristaliza en la geometría primera del designio.

Aquí surge el deseo y la brasa, la íntima certeza de las cornisas, los recuerdos, la sombra de los muros tratando de perder el latido de cada aurora. Libro de musicalidad envolvente, si bien la caducidad saca sus alfileres, la sed es más potente cuando se patean los guijarros y la ebriedad de los ojos llega al alba sin noches de azufre. En este calendario cada quien oficia la sombra que se aleja de su propio espejo. Porque “En el ocaso,/ tan cerca de su muerte,/ el día, alza la curvatura/ rebelde de su alfanje/ y certero en su oficio,/ cercena de la noche/ su decisión de vida.”

En la poesía de Francisco Basallote y en particular en este libro, “el tiempo alcanza una de las expresiones más sobresalientes a causa de las peculiaridades de la poesía del autor. Dentro de la variedad de su poesía, uno de los principales temas es, en efecto, el tiempo, pero no como ente metafísico, sino vinculado con el yo desde el sentimiento de la soledad y el sentimiento de la nostalgia”… “…trate el tema que trate, [su poesía] está transida de temporalidad, pues el poeta analiza los hechos desde varios puntos del tiempo: el del momento vivido o narrado y desde el momento de la escritura, donde el hecho se vuelve palabra.”

Lujo de la pintura, (Sevilla, 2004), constituye un homenaje a pintores de la talla de Monet, Cezanne, Paul Serusier, Van Gogh, Matisse, pasando por Picasso hasta Jackson Pollock. El libro es una perfecta simbiosis entre pintura y poesía, fusión que el poeta Basallote sabe aquilatar con su estro de auténtico orfebre. En cada poema-pintura el gozo nos ofrece un tafetán de presencias como la luz incandescente de los ríos. El poeta se reafirma en cada cuadro “Pues no existe la verdad/ sin el espejo de su magia”.

Ya poetas coterráneos suyos como Rafael Alberti en su larga tradición poética han hermanado la palabra y la pintura. A la pintura (poema del color y la línea, 1945-1976) se intitulan los poemas que Alberti escribió, “Al color”, “Goya”, “1917”, entre otros. En uno de esos poemas, nos dice el poeta gaditano: “El aroma a barnices, a madera encerada,/ a ramo de resina fresca recién llorada;/ el candor cotidiano de tender los colores/y copiar la paleta de los viejos pintores;/ la ilusión de soñarme siquiera un olvidado/ Alberti en los rincones del Museo del Prado;/ la sorprendente, agónica, desvelada alegría/ de buscar la Pintura y hallar la Poesía,/ con la pena enterrada de enterrar el dolor/ de nacer un poeta por morirse un pintor,/ hoy distantes me llevan, y en verso remordido,/a decirte,¡oh Pintura!, mi amor interrumpido.” [Biblioteca Cervantes]

Y por último tengo entre mis manos su más reciente libro publicado: En los senderos del bosque, Cádiz, 2008. Se trata de un poemario escrito a la usanza de la poesía japonesa, [Siglo VIII de nuestra era]. En él revive hoja a hoja el haiku. Esta composición muy ligada a la filosofía ha cobrado vida en poetas de Hispanoamérica de la talla de Jorge Luis Borges, Mario Benedetti, David Escobar Galindo, etc. Su estilo del cual no se aparta el poeta Basallote es “la naturalidad, la sencillez (no el simplismo), la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere a la libertad y con ésta a la eternidad.”

Rafael de Cózar, de la Universidad de Sevilla dice entre otras apreciaciones que la poesía de Basallote cumple con uno de los cometidos del haiku: la “relación entre paisaje y literatura”, es decir, la naturaleza en todo su esplendor. Para Basallote no es extraño este “prototipo poético dado que igual practica otras formas de similar construcción y condensación lírica”. Como andaluz, y según palabras de Cózar, Basallote trabaja la soleá y la poesía cancioneril que no son ajenas al haiku.( Prólogo, Rafael Cózar, pág.8).

Basallote acompaña estos haikus con acuarelas de su autoría. Esto hace doblemente atractivo el libro porque pintura y poemas, forman una unidad visual que pocas veces se ve en la poesía de síntesis. Y mientras “Arrecia el viento,/ revuelo de papeles/ en la plazuela”. “Conmigo va/ a mi compás, mi sombra,/ no me abandona”. Y en efecto, la poesía va alada al horizonte: uno la vive desde la propia sombra de transeúnte.


André Cruchaga,
Barataria, 03/../VIII/2008
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