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domingo, 8 de abril de 2012

Puntos de partida, establecimientos y retornos en “La demora más larga”, de Miguel Fajardo Korea


Miguel Fajardo Korea, Costa Rica




Puntos de partida, establecimientos y retornos en
La demora más larga”, de Miguel Fajardo Korea


Por Licda. Aracelly Bianco Lara





FAJARDO KOREA, MIGUEL. (2012). LA DEMORA MÁS LARGA. San José, Costa Rica: Lara Segura Editores, 96 pp. Prólogo de Aracelly Bianco; portada e ilustraciones interiores de Johnny García.                               ISBN: 978-9968-930-39-0.

El  libro  será  presentado   el miércoles  23  de  mayo  del  2012 durante la clausura del I Encuentro Internacional “PENSAR CENTROAMÉRICA”, por celebrarse en la Universidad Nacional  de Costa Rica.


Una vez más, la voz del poeta costarricense, Miguel Fajardo Korea, se eleva para demostrarnos que no debemos callar frente a la ignominia, frente a la injusticia de tantos “desheredados del planeta”. Su poemario La demora más larga, constituye la más reciente manifestación del trabajo sostenido del escritor, quien nos ofrece un texto de ruptura estructural en su estilo, portador de gran unidad temática, donde la palabra se convierte en una voz moral con diversidad de acentos ideológicos.

El eje discursivo de este poemario está constituido por 49 poemas de gran expresividad y crítica universal. Este se divide en dos segmentos, el primero constituido por doce poemas e introducido por dos epígrafes, uno de la rumana Herta Müller, el otro del colombiano Mauricio González Velásquez y el segundo por treinta y siete poemas.  La unidad estructural y temática se expone como un viaje: punto de partida inicio-emigración- desarraigo, un centro, que denominaré establecimiento y un retorno marcado por la deportación.
        
La primera parte plantea la temática de los inmigrantes desde cualquier latitud,  quienes se enfrentan a las circunstancias que conlleva el querer partir de su tierra en búsqueda de mejores oportunidades. Así, el corpus léxico para denominar a este sector de la sociedad se perfila de esta manera: los perseguidos, los inmigrantes indignados, los desplazados, los indocumentados, los exiliados, los migrantes, los desheredados del planeta, los infiltrados…

         Las metáforas se enuncian como si fueran diapositivas, imágenes que denuncian el desamparo, la soledad, el miedo, hechos a los que se enfrentan los inmigrantes despojados de todo, puesto que su travesía es difícil y “A mitad del camino,  /las deshumanizadas requisas/acrecientan el temor de los inmigrantes, /la sospecha de los indocumentados. /Los cordeles para amarrar el silencio”.

Sin embargo, mientras los inmigrantes deben callar tales maltratos,  la voz lírica los denuncia y apela por la libertad, la destrucción de los límites fronterizos, la confraternidad universal, porque “La tierra debe ser un país de destino, / un universo sin escondites. / La voz del aire que busca el mundo… / Contra todos los asedios y las discriminaciones”.

Asimismo, se interpela la decisión de migrar como un acto voluntario, opuesto a la decisión de quedarse: “Nosotros esperamos / las razones del día para no migrar.” Pese a que, quedarse implica el arraigo a una tierra en la cual deben seguir enfrentando las dificultades del subdesarrollo, la pobreza, el desempleo, la falta de educación… Las razones para quedarse se obvian ante la esperanza de encontrar mejores condiciones de vida, puesto que “La pobreza no será el oficio / del futuro; / látigo que empequeñezca / la condición humana”.

En el ojo avizor  del poeta, una vez lograda la travesía ilegal, los indocumentados luchan para mantener su dignidad, para “no arrodillarse / ante la deportación masiva,  / por su condición migratoria irregular”.  El establecimiento en una tierra extraña, en un amplio mundo de crueldad,  donde “sobrevivir es el camino” y  la pérdida de identidad se transfigura en un número más, en una estadística en la cual se señala que “En cuatro decenios / no se reconocerán/ 250 millones de migrantes. / Serán memoria asustadiza /”. Los perseguidos se enfrentan a la despersonalización, al olvido, pues “Cuando estalla el latido, / alguien guarda, celosamente, /  los nombres de los exiliados”.

Por otra parte, el hablante manifiesta que en su deseo por  la consecución de los sueños inventados, los inmigrantes deben desarraigarse y mantener el valor, ya que “Las madrugadas evidencian / otros miedos; / las llaves perdidas del regreso/.” En esta  “dinámica migratoria” el ir y venir plantea demasiados retos, el no retorno establece una disolución del grupo, de la unidad compartida,  la cual se opone al temor de ser rechazado o visto como un fracasado si regresa.

El poeta plantea que, en la búsqueda de un nuevo destino, los inmigrantes se enfrentan, no solo a la persecución de las autoridades fronterizas, sino también a las inclemencias de la naturaleza, específicamente, del mar, quien fue, ha sido y seguirá siendo el fiel testigo de ese cíclico afán por encontrar mejores propuestas de vida. Según el hablante,  la travesía por mar se convierte en un suicidio voluntario, porque “El mar sabe contar los días. / El saldo migratorio. /La mitad de los suicidios. / Todo lo demás”. Las palabras “Mar o mares” aparecen mencionadas dieciséis veces, sin contar  las referencias indirectas: aguas, marea, fondo, orillas, olas, naufragios, barcos, por consiguiente, este elemento es un símbolo de vida, esperanza, cambio, o de destrucción, sueños truncados, viajes fallidos o muerte.

En el poema “Más allá de los refugios” se inserta un epígrafe del escritor colombiano Celedonio OrjuelaMi casa está en el patio de los otros”. A veces nuestra tierra se vuelve extraña y nos sentimos extranjeros en ella, pero en otras tierras “Es dura la vida / sin camino, / los transeúntes pululan / más allá de los refugios”.

Las palabras son el arma frontal con las que el poeta denuncia la problemática de los inmigrantes, con las cuales abre un camino para que otra voces se sigan uniendo a la suya, firme y serena, fuerte y solidaria: “Abrimos la sed de las palabras, / construyen su fortaleza / en la defensa de los otros. / “Desde que no vivís aquí. / Seguís faltando,  / aunque / nunca te lo hayan dicho.” Así, como daguerrotipos, aparece una voz que plasma la importancia de adquirir conciencia sobre la ausencia de los nuestros.

En “El poema pregunta”, la voz se vuelve subversiva, molesta de tantas angustias y “Los poemas se ofenden / con la represión indigna”. Además, expone que en un mundo global, tecnológico, donde todos quieren estar interconectados, proyectarse y conocerse, ellos, los perseguidos, pasan inadvertidos e incomunicados, para no ser reconocidos por quienes podrían deportarlos:

Los perseguidos no habitan el mundo Facebook.
El clic de la velocidad no les permite detenerse
en un planeta ajeno a todas sus angustias.
Los perseguidos hacen clic a sus temores
para olvidar las distancias de todos los olvidos.”
        
En el poema Recuerdo de los amaneceres, el Cuerpo del Yo y el Otro se perfila como un espacio visible y tangible, es el refugio seguro, que puede ser compartido, pero a veces violentado. Este nos da el sentido de pertenencia e igualdad entre los seres humanos: “Tu pecho nunca será condena / para mi abrazo latinoamericano / en los límites de sus fronteras / también indignadas.”
        
         El deseo de libertad es “El hambre no saciada” y de nuevo  “Esos espacios volverán, / cuando entendamos / que no han saciado sus travesías”. Es decir, aunque la ilegalidad de las migraciones es evidente, “Todo el mundo censura / lo intenso de su crueldad”. No obstante, el círculo “vicioso”, estratégico, visionario o utópico de esta región latinoamericana, no acaba.

         En síntesis, esta primera parte, concluye con la temática del poder sobre los más desposeídos. Los habitantes latinoamericanos nos encontramos en tiempos mediáticos,  donde el conocimiento se ha exacerbado, existe un proceso transformador, una época de innovación y una Era de cambios trascendentales en las economías de las naciones más avanzadas del mundo, cambios que nos siguen afectando y a los que la voz del hablante hace referencia, porque la dinámica migratoria responde a esa realidad de aculturación, de pérdida de identidad y búsqueda de otras oportunidades para subsistir en un mundo “globalizado”.

 Desde esta ideología, los pueblos latinoamericanos deben adaptarse a otros entornos, al poder destructivo e influencia extranjera de grandes potencias y aunque, aparentemente, con este fenómeno de globalización se deben suprimir las fronteras a nivel económico, político y social, lo que impera,  según la voz denunciante del poeta es “la / glocalización / del / miedo y el terror, / en cada frontera”.

Tal y como se había señalado, inicialmente, tres epígrafes introducen este segundo apartado, uno del español Francisco Cenamor, otro del chileno Andrés Morales  y el último del salvadoreño André Cruchaga. En este, se nota la influencia de la globalización en la literatura. El poeta retoma el eje cíclico del tránsito de la inmigración (partida), la llegada (establecimiento), deportación (retorno) y nuevo punto de partida, pero esta vez lo equipara a grandes acontecimientos planetarios como la II Guerra Mundial, e inserta intertextos universales para comparar esta problemática con los hechos históricos, sociales, políticos y religiosos comunes.

El lexicón para denominar a esta clase marginada se enlista así: los otros, los fantasmas, los desheredados, los mendigos, los desposeídos, los inculpados, los indocumentados, los transeúntes, el campesino, los mutilados, los sacrificados, las brigadas…

En palabras clandestinas” el poeta reitera la incertidumbre de no saber a qué atenerse cuando se está en un territorio extraño. De esta manera, el acecho, los ultrajes, la crueldad, las privaciones están a la orden del día, “Un disparo enceguece los caminos / de tu libertad condicional / en cualquier parte de América-mundo”. Asimismo, se alude a los problemas más regionales, las guerrillas, los enfrentamientos con los ejércitos, los secuestros…; no existe seguridad de tener libertad, puesto que esta puede perderse en la misma Patria.

Según la voz lírica, regresar es seguir consciente de todas las causas por las que se fueron  los otros o por qué se quedaron los demás; es una voz de lucha contra todas las discriminaciones y ejemplifica con el intertexto de la reconocida artista mexicana Frida Kahlo, quien tuvo que entablar una lucha de género en un mundo falocentrista: “Las colinas se desangran / tras la caída de las injusticias. / Los mundos desgarrados de Frida Kahlo / después de la guerra o las enfermedades. / (…) Es la hora del planeta en cualquier parte del cielo. / Las mismas esperanzas. / Todos los días”. Al final, nos damos cuenta de que existe una esperanza, un ideal común en todas partes, la de formar un mundo más justo.

La conciencia social del yo lírico alcanza una cobertura de todos los sujetos que sufren el oprobio. La vida miserable en que caen los inmigrantes, con su estatus ilegal, los obliga a desempeñar penosos trabajos, en condiciones irregulares y donde ellos no son nadie para reclamar sus derechos, pues pierden identidad, porque usan pasaportes falsos o, simplemente,  ocultan sus nombres verdaderos.

Sin embargo, la deshumanización tiene otras caras y se equipara a otra forma de perder la identidad: la de la invasión de los sistemas informáticos, la violación de la privacidad, porque  “En las glocalidades, / cada mundo es un desamparo / después del ataque de los hackers. / Frente al hambre de los arcoíris / se rebelan los mendigos de la tierra. / Decisión unánime”. A manera de juicio y en la voz del poeta, los mendigos dicen: aquí estamos, existimos, somos alguien y demuestra la capacidad del ser humano de proteger la integridad bajo presión, de transformar esa condición global desde su localidad o desde una  adoptada.

Cuando los inmigrantes retornan han adquirido otra concepción del mundo, otra visión de sus problemas regionales y “Los regresos se convierten / en los monosílabos / de las pesadillas / en el exilio interior / del desarraigo”. Olvidarse de sí mismos, de su origen, no les sirve de nada. Por eso, el sujeto lírico propone, una vez más, que “Denunciemos los sufrimientos / más insólitos. / Los barcos trajeron los dogmas. / (…) “El horizonte se resiste. / Cada latido de un inmigrante en las sombras del miedo. / El genocidio continúa asediando / los caminos sin estrellas. / Los exilios limitan la ruta de las piedras”.

Por otro lado, se contrapone la historia: los campos de concentración=refugios. En los campos de concentración, los sacrificados perdían a sus seres queridos, cada quien era uno más entre tantos y esa realidad se equipara a la actualidad: “(…) hay humo rendido en el Atkion T4. / El niño con el pijama de rayas. /La lluvia repite la pobreza, / el genocidio de la sed, / la confabulación en otros mares. / No conocer a nadie / es una tortura / en la casa de los sacrificados”.  Asimismo, la búsqueda de los seres de todas las naciones y de todas las épocas históricas se salen también a la luz con las referencias a Auschwitz, Treblinka  y Sobibor.

En contraposición, otro tipo de aniquilamiento nos depara el presente: además de todos los problemas que enfrentan los países subdesarrollados, frente a toda su problemática sociopolítica y económica interna, deben asumir otros retos: “Las vergüenzas planetarias: el terrorismo, / las guerras estúpidas, / los secuestros extorsivos, la violencia de las amenazas, la pandemia del miedo. / Los organismos multinacionales exangües. / La defenestración de la esperanza”. Frente a esta lucha solo queda una posible luz “Cuando faltan soles y lunas / para reconquistar la injusticia / en todas partes”.

La unidad temática del poemario se sigue perfilando En el oficio sin aldabas. Los verbos son directos y se ciernen sobre la labor incisiva del poeta que ha tomado conciencia, con voz lírica individual, pero inquisidora con la colectividad: sueño, vivo, sobrevivo, amo, sobrevivimos. Porque esta voz comprometida nunca calla:Seguiré escribiendo / contra la persecución indiscriminada / delante de la sombra”. 

Las cárceles se ven, asimismo, como otro espacio de reclusión, en donde también se pierde identidad y hay un exilio: “El réquiem de tu arribo / estremece la historia / en la semioscuridad del Zócalo. (…) Octavio Ramón no pudo defenderse / de 27 puñaladas en el baño de la Penitenciaría”. De esta forma, el Yo reivindicatorio no se rinde ante la afrenta: “No me rindo en las batallas, / en la defensa del Otro”.

En una época de cambios, el yo lírico denuncia la aculturación “El tatuaje o el piercing ocultan identidades. / El nuevo espejo con los grafitis al revés”. (…) En este mundo de alta velocidad, / nunca estamos al día para la vida. /… Nos está tomando tarde”. Creemos estar al tanto de lo que pasa, a la moda en todas las imitaciones globales, pero no nos damos cuenta de que la experiencia de la vida es la única que nos enseñará a enfrentar todo lo que nos traiga el futuro.

         En medio de un mundo glocalizado, las tradiciones religiosas se resisten, los vestigios de una cultura milenaria se defienden de todos los ataques  en El huracán de las creencias: “Cada noche de América, El Divino Niño, la Virgen de Guadalupe / o el Arcángel San Miguel / apaciguan la incomprensión / que ronda en todas / las fronteras desiguales”.

La hipocresía política regional no puede quedarse sin denunciar. Mientras algunos son exiliados porque se vieron obligados a migrar para buscar calidad de vida; otros prefirieron el exilio voluntario con tal de ocultar sus corrupciones: “El exilio como una culpa / en el nombre de la traición, / de quienes venden la patria / en el libre mercado del oprobio”. “Caducan los procesos penales / contra los poderosos, (…) La verdad terminará imponiéndose”. No obstante, el sujeto lírico cree en la censura cabal y consciente de la verdad como juez condenatoria.

Al alcance del abrazo es un poema impactante, personalizado. En este, el núcleo familiar es otra patria; las ausencias, los vacíos, que enfrentan las madres, los hijos, las esposas de los exiliados, también se manifiesta desde otra perspectiva, la soledad del poeta, quien, en su mundo personal, tiene que debatirse en la lejanía o ausencia de sus seres queridos. Cuando el yo lírico se enfrenta a su orfandad, existe  un vacío que este compara con el sentimiento de pérdida que sienten los familiares de los expatriados. En esta infinita soledad clama: ¡Padre! / Seguís viviendo desde tu ausencia. / Me diste la luz al perder la tuya. / El día continúa enceguecido. / ¡Que cese el miedo! / En el continente de tu abrazo”.

         Tal y como se había señalado, históricamente,  la conquista de América  fue otro tipo de despojo en el cual “La memoria / de los hijos caídos / en cada laberinto indígena / Los párpados del tercer mundo / hieren la pureza / en la extraterritorialidad de los ojos”. Más adelante, “Ahí descubrieron la desolación, / los mapas tropicales / que atrajeron a los conquistadores, (…) Los internautas se aferran / a su dominio en llamas. /  Tenemos por leer  / el final de la violencia, (…) La mitad del cielo. / La dignificación de América”. “Antes del rito / o después del fuego. / (…) Asolaron a los indígenas / en el desenfreno de la vergüenza. (…) Las bestias acorralaron / las trincheras autóctonas, (…) América sobrevive / a las pesadillas / que no terminan de acabar”.

 Y si callamos ahora, como antes, “mañana habrá silencio. / Otro silencio”.

Esta ciclicidad del ser humano, que inventa y se reinventa a cada paso,  permite olvidar las consecuencias de otros tipos de conquistas. La historia se repite porque “El sueño de la tierra / otorga claridad / al regreso. (…) Millones de inmigrantes / continúan atravesando fronteras. / Persiguen a los hijos de la tierra / en las fronteras del mundo”. De esta forma, se advierte una fuerte preocupación por “Todo el desalojo: / Contra los hogares. / La humanidad / Las individualidades / Contra nuestra América sin apellidos”.

         Como una síntesis poética la conciencia lírica nos recuerda, una vez más, que debe existir una reforma migratoria, porque “Todas las persecuciones / y los rebajamientos / atentan / contra la condición humana”, de lo contrario, “Embravecida, la muerte / es el insomnio navaja / en la casa desalojada”.

Los binomios vida/muerte son reiterativos “Nos encontramos vivos / en un mundo desangelado”. Un espacio rodeado de peligro donde la humanidad se ve agobiada por diversas circunstancias y, “Siempre los miedos. / (…) Es la fiereza / del retorno, / la sombra final, / que pide auxilio / (…) La injusticia voraz continúa persiguiéndolos”.

En medio de ese mundo que no se detiene, tremendamente ocupado, la rutina absorbe a las personas, como si fueran autómatas “Ayer sucedió lo de siempre”. Nuevamente, el lenguaje poético sugiere esa sensación de estar frente a imágenes reales, como diapositivas, cortos noticieros o cinematográficos.

El espacio del cuerpo, nuevamente se perfila como el lugar seguro en medio de una sistema social en el que a pesar de todas las difíciles condiciones de vida, el ser humano es capaz de fortalecerse y transformarse: “El exilio como un grito / donde no pasa/ el asombro, / (…) El espionaje, un camino indispuesto, / la llave del mar / en la resiliencia de tu cuerpo”.

Además, la ideología unificadora del poeta nos insta a la posibilidad de formar un mundo sin fronteras donde “La tierra de nadie / no está en el horizonte,”. La lucha por un bien y un destino común, donde impere la solidaridad, la equidad porque “Vivir es un manifiesto. / Siempre lo ha sido” y  “El dolor corta los bosques / en el ojo de los inmigrantes. / Lugares sin bandera / donde jamás se puede izar”, porque este mundo se ha convertido en una patria de nadie, donde todos quieren ser los dueños, pero donde debe prevalecer la identidad, social, política, económica y religiosa de los pueblos latinoamericanos.

La voz poética textual nos sigue instando a pensar glocalmente,  puesto que esa voz denunciante se define auténtica y autóctona: Soy la orilla / en la sangre sin libertad, / lucha vertical / en los ajenos muros del sol. / Estamos contra las derrotas / o las humillaciones / en todas las rendijas del planeta”.

 El mundo se ha demorado en comprender su gran realidad. Los movimientos sociales no han definido su norte; no han comprendido que la convivencia pacífica y armoniosa  comienza en los pueblos; que debemos alzar nuestras voces, afinar nuestras plumas, desde aquí  y para el mundo, como lo hace el poeta costarricense Miguel Fajardo Korea, porque, a pesar de sus luchas:

“No hay tantas voces / contra la desgracia / de los desplazados, (…) las crónicas reconocen / la identidad de la ausencia. (…)  Cualquier mojón detiene la esperanza, / entre ida y vuelta. (…) Son otros contextos, / la incertidumbre del atropello, / la sinrazón del abandono, / el silabario de la tristeza. / La demora más larga / -detrás del mundo-”. 
                        


Licda. Aracelly Bianco Lara
Universidad Nacional de Costa Rica