En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



viernes, 20 de abril de 2018

Poeta costarricense Miguel Fajardo lanza su libro “COMIENZA LA PALABRA”


SECCIÓN
NUEVOS LIBROS


Poeta costarricense Miguel Fajardo
lanza su  libro
“COMIENZA LA PALABRA”





El Lic. Miguel Fajardo, académico emérito del Ministerio de Educación Pública y la Universidad Nacional de Costa Rica, lanzó su más reciente libro “Comienza la palabra” (San José: Lara & Segura editores, 2018: 64 pp.).  El libro consta de una tirada de 1000 ejemplares. Contiene una bella portada y cinco ilustraciones  del Director de la Fundación para las Artes Manuel E. Montilla, de  David, Chiriquí, Panamá.

         El nuevo libro de Fajardo fue escrito entre (2015-2018). Aborda exclusivamente, un eje temático doloroso: el drama de los inmigrantes, refugiados, deportados, asilados, desplazados, perseguidos…

         Desde Dabeida, Colombia, el escritor Mauricio González Velásquez ha escrito que el libro “Está habitado por una lucidez que no teme la solidaridad y la denuncia. Hay poemas desgarradores” (17-4-2018).

         El artista plástico panameño Manuel Montilla expresa en la contracubierta del libro: “La poesía de Miguel Fajardo es vivencial, de fuerte acervo social y con un lacerante sentido de lo humano.  Se nutre de sus raíces originarias, y recorre las sendas de la provocación y la resistencia, en profundo arraigo con la palabra y la acción reivindicadora”.

         Asimismo, la Licda. Marielos Novoa, quien escribiera su tesis académica: “La poesía de Miguel Fajardo: contribuciones al estudio de la literatura en Guanacaste” (Universidad Nacional, 1992: 154 pp.), aduce: “El sujeto lírico se vuelve más inquisidor, se expande totalmente, es más combativo, denuncia con más fuerza la opresión y la injusticia y, lo más importante, es que se solidariza plenamente con el ser humano en toda la magnitud de su problemática”.

         Para celebrar dicho lanzamiento, el Lic. Miguel Fajardo desarrolló una agenda cultural durante la semana del Día del Libro, que incluyó su conferencia “La literatura como instrumento de los Derechos Humanos”, así como la presentación editorial de su poemario  “Comienza la palabra”, la cual se desarrolló de la siguiente manera:

1.     Universidad Nacional, Biblioteca del Campus Liberia:
Lunes 23 de abril del 2018,    9 a.m.
2.     Liceo Laboratorio de Liberia, Biblioteca institucional:
Martes 24 de abril del 2018, 9 a.m.
3.     Colegio Humanístico, Universidad Nacional, Campus Nicoya;
 Jueves 26 de abril del 2018, 3 p.m.
         Asimismo, el Grupo Poético “Los Furtivos”, de David, Chiriquí, Panamá,  realizó una lectura poética del nuevo libro de Miguel Fajardo, el sábado 14 de abril del 2018, en el bufete de las abogadas Irma Miranda e Irma Rovira, coordinado por Manuel E. Montilla.


En la fotografía, la poetisa  Lil María Herrera (Izq.), lee poemas del libro “Comienza la palabra”,  junto con la poetisa Li Pi (centro) y la pintora Yolma Miranda (derecha).





jueves, 29 de marzo de 2018

EL DERECHO CÍVICO DEL VOTO EN LIBERTAD


ARTÍCULO



EL DERECHO CÍVICO DEL VOTO EN LIBERTAD





Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación de Costas Rica





Los costarricenses tenemos un ineludible compromiso ciudadano, este domingo 1° de abril del 2018. Nuestro sistema democrático nos permite emitir el voto, para elegir al próximo Presidente de nuestro país (2018-2022).

Este ejercicio cívico es un anhelo, o bien, una utopía en muchísimos países del orbe.  Millones de habitantes en el mundo desearían tener esta excepcional oportunidad que, en nuestro país, se desperdicia, increíblemente, con el alto porcentaje de abstencionismo, que durante la primera ronda electoral, alcanzó el 34, 30 %.

         Sé que existe un marcado desencanto con la clase política costarricense; de hecho, ningún sistema está exento de errores, en ninguna parte del mundo.  Sin embargo, a pesar de esos impoderables, tenemos un deber cívico con el país. Si es que en verdad deseamos una patria, enrumbada por el genuino camino costarricense.

         ¿Cúantos pueblos del planeta desearían contar con el poder del voto para elegir libremente a sus gobernantes? Por ello, no dejemos pasar esta oportunidad para ejercer a plenitud este derecho conquistado. En febrero, lo ejercimos 2 182 764 de costarricenses, es decir, un 65,70 %,  a pesar de disponer de 6612 juntas electorales en todo el territorio.

         Las nuevas generaciones disfrutan de tan preciado derecho, que han recibido, sin costo de ninguna naturaleza, como sí les significó a miles de costarricenses en diversos estadios históricos. Por ejemplo,  el derecho al voto de la mujer, representó grandes luchas de generaciones antecedentes.

Dijo  el Dr. Francisco Vargas Vargas (1909-1995): “Nosotros no somos más que el puente sobre el cual pasarán  las futuras generaciones”, por ello, debemos dejar bien fortalecidas las bases de la democracia en libertad, para que nadie ose atentar contra ellas.

         Uno sabe que esta campaña electoral ha estado llena de ofensas, promesas de regalías poco creíbles y bajo perfil en el planteamiento de sus idearios, como respuesta a la solución de los problemas del país. Uno encuentra en el panorama a políticos emergentes, ocurrencias y criterios pocos reflexivos, ante las diversas y reales problemáticas que presenta el país. 

Pero, precisamente,  ese es un parámetro para elegir y poder votar, en favor del bienestar  y los intereses integrales del país. Todos anhelamos que progrese, pero también depende de la actitud de cada uno de nosotros. Muchísimas personas creen que los problemas del país son asuntos de los otros, de los demás.
 Asimismo, las dos opciones presidenciales resultan un enjambre de propuestas políticas, así como de  adhesiones insospechadas  de último momento, y cambio de banderías políticas de numerosas figuras públicas, dentro de los vaivenes coyunturales.

         Los pueblos aspiran a mejorar sus condiciones de vida, producto de una elección personalizada, con la conciencia cívica ante el poder ciudadano del voto, un derecho inalienable, por el cual lucharon, históricamente, las generaciones que nos antecedieron.

         Hay dos candidatos jóvenes a la Presidencia de Costa Rica. El total de electores con derecho al voto es de 3 322 329 personas.  La mayoría son mujeres, con 1 667 224; los hombres, con un total de 1 655 105. Para estas elecciones, se registra una considerable cifra de 138 096 nuevos electores. Los compatriotas, quienes podrán votar desde el exterior, serán 31 864, en 52 consulados de 42 países. Asimismo,  en las zonas  indígenas marginadas existen 36 361 votantes. En los centros penitenciarios podrán votar 9 575 electores.

 Como un homenaje a esa conquista singular y a sus gestores históricos, nuestra cita ante las urnas será este 1° de abril, sin excusas baladíes o desidia. No se vale, que alguien prefiera irse a la playa, a la montaña, tener un día libre, si ese compromiso con la patria es cada cuatrienio. Costa Rica tiene el voto directo desde 1913  y  el voto secreto desde 1925.  Asimismo, en 1949 se estableció el voto femenino.

         Debemos analizar, muy bien, cada nombre, cada opción, cada alternativa, preguntarnos y averiguar qué han hecho ambos  candidatos, quiénes los asesorarán, cuáles son sus planteamientos acerca de temas país dentro de la agenda del siglo XXI.  En ese contexto, debemos ser celosos al emitir el voto, porque el Presidente de la República debe ser el guía del desarrollo y mejoramiento integral del país.   Que la coyuntura de la segunda ronda electoral, que coincide con el Domingo de Resurrección, dentro de la Semana Santa, no sea otra excusa para que no voten, y se sienten en la zona de confort a ver los resultados que decidieron los demás. Hay mucho en juego en esta elección presidencial. Aspiramos a seguir viviendo en paz, democracia y libertad, con las condiciones que propicien una mejor calidad de vida para todos los costarricenses, así como de quienes comparten con nosotros desde la interculturalidad.

Este 1° de abril debe ser una fecha de alegría cívica, de bienestar interior, por cuanto revalidamos un ejercicio de conciencia para todos: el poder de un derecho cívico: el voto.  Todos tenemos una cuota de responsabilidad en nuestro destino. En mi caso, será la décima vez que ejerceré este inalienable derecho cívico, que fortalece la libertad y la democracia.

         Reiteramos nuestra confianza en el TSE, garante del escrutinio costarricense. Es una cita para construir la Costa Rica de los próximos cuatro años, en paz y unión costarricense, durante el cuatrienio del bicentenario de nuestra Independencia (2021).

Conciudadanos: seamos protagonistas y no observadores de nuestra propia historia. Cada voto suma y decide. Es único y secreto. Ejerzamos ese compromiso de conciencia cívica. Recordemos con José  Martí, que “La patria es ara, no pedestal”. 


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández
minalusa-dra56@hotmail.com               
 Twitter: @mifajak

miércoles, 28 de marzo de 2018

RESEÑA

Xóchitl, César Curiel






RESEÑA




Xochitl, César Curiel, Mañana lloverá Ediciones, (Colección Aperto Libro) Baja California, México, 2017.

El poemario está constituido por 40 poemas. Es un poemario donde el sentimiento amoroso-erótico cobra vida; el yo poético se vuelve protagonista de múltiples periplos. A veces da la sensación de historias mutiladas y en consecuencia estremecedoras. Es de destacar que  “El interés de (cada) poema, para el lector, no reside en absoluto en la belleza de las imágenes, sino en la circunstancia de convertirse en un espectador activo. El poeta desde la palabra hacia centrarnos en la acción.”

El continuo de la lectura de “Xochilt”, nos da, a ratos la sensación del uso de un cinematográfico: capta y mantiene por las mismas circunstancias la atención del lector. Y eso es bueno, porque permite vivenciar la experiencia, reconstruirla, asirla desde sus formas verbales, sustantivas y comedidas adjetivaciones. Hay ahí un presente verbal que se extiende a lo largo del discurso poético.
Desde luego, encuentro —como suele ser en general la poesía que aborda esta temática—, desazones, abandono: el gozo supongo que tiene esas aristas. Esto en definitiva se torna el catalizador del texto en su conjunto. Advertimos, además en la lectura, una buena disposición rítmica y sintáctica que a la postre redunda en beneficio para el lector. Eso nos lleva, al menos a mí a una atmósfera onírica: la del poeta y su sueño, el mundo real tamizado por ese yo interior a través de su sensorialidad: el tacto y la vista.
Muchas gracias, poeta César Curiel, por hacerme partícipe de este periplo mu suyo, pero también del lector.

André Cruchaga
Barataria, 28 de marzo de 2018.

viernes, 16 de febrero de 2018

POEMAS DE SARA CAVIEDES

Sara Caviedes, España






1.
¿Qué piensa la noche de los adentros gritos
y el grumo del sollozo solo en los portales?

Soy arena y perfil que demolido lame
el tiempo desvivido de la esfera.

Ya no caben más peces en mis copas.

Deja que llame a un cuerpo
si es que la voz asiste a quien perdió la forma.

2.
Amanece.
Llega una luz que adiestra las injurias.
Pones en pie este cadáver
y lo haces transitar por los espejos
de espaldas a la noche.

Atrévete a mirar.


4.
Cuántas camas, amor
y ninguna es nuestra.

Mi desnudez se anuncia doble en el espejo
cuando miente la luz de los andenes,
cuando miente la boca y un aviso
asalta con retales de voces fabricadas:
−eternidad− prometen
las voces que siempre están partiendo.

No.
Se anuncian tarde:
mintió la luz,
mintió la boca
y esta piel estaba desarmada.

Ven, papá inexistente,
ven a buscarme.

Tápame la cabeza.

6.
Quiero habitar el silencio extinto de tu frente.
Son los muros memoria golpeada de nudillos,
párpados amarillos de galeón ahogado
en nombre de una infancia,
bolsillos descosidos hasta el fondo de un mar.

Quiero habitarlo y ser
gelatinoso deseo, criatura marina,
latido en la testuz de los caballos

todavía.
                             (talud)


16.
No es una cuestión de espacio;
yo quiero saber si hay entre los muertos
un sitio que pueda ocupar el vacío que yo dejo.

Llevo en los pies el peso de errancias verticales,
nidos de cuco sin húmedos presagios.
No bebáis, niñas, de esa fruta negrísima,
que la lluvia no se anuncia en la memoria.

Nuestro miedo ha crecido
en techumbres urdidas por el llanto.

Yo sé que el pez ordena el agua
que el silencio no pesa,
y tengo frío.

Hemos venido a ver el mar,
a empujar el horizonte,
y no acuden a su cita de enero las ballenas.

No hay mensajes ocultos
en el restallido franco de sus colas.
Y yo tengo frío.

¿Qué teme el latido tan inmenso?,
¿la atalaya, el fuego, los arpones,
mi mar
que se derrama entero por los ojos?

Hemos venido a ver un cielo ensangrentado.

Y no es cuestión de espacio.
Desalojé de mí palabras eruditas,
sillones numerados
y el terciopelo rojo de las reinas.

Puedo vaciar mi piel de la mentira,
si no escucho el aullido del espejo.

No probéis, niñas, el destello fingido de la fruta.

Me he cosido las heridas
con el hilo más negro de la tierra.

Llevadme a casa,
llevadme de la mano;
tenemos la bombilla,
el cartón,
las telas, los colores
y el viento golpeando en las ventanas.

Pintad vosotras la vida en las paredes,
pintadme muy pequeña,
la llave de lo inmenso.
Yo puedo ser finísima ráfaga de luz
entre los muertos,
un poco más tarde,
cuando a mis ojos regresen,
sin miedo,
las ballenas.


19.
Tengo un cuerpo asustado
donde viene a posarse
el pájaro incierto de la muerte.

Soy la rama desnuda
que tañe la galerna
y debo estar muy quieta en el secreto:

hay un agua que espera la inmovilidad,
también las hayas ocultan mensajes
desde el vientre vacío de su arteria negra.

Soy la cadencia entera de los bosques,
el capricho tronado de los dioses.

En mí llevo la guerra,
la sangre,
la redención sacrílega del tejo,
su sombra milenaria.

Por eso en esta rama
se descalzan los días para pasar de largo
y ya sólo se posa
el pájaro incierto de la muerte.


26.
En la noche de las madres solas
hay pactos de prórroga a la muerte,
una cama que es camino de lágrimas templadas
en el quicio rojo de los lunes.

Hay también vergüenza en los armarios.


29.
                            a Blanca, en sus 12 años

Quiero mirarte de perfil.
Verte crecer,
literalmente crecer:
ser testimonio con ojos bien abiertos
de la batalla que se abre entre tu piel,
tan suave,
aquella piel nacida
que huele a ti y mi, lejanamente,
a lo que fuimos juntas.

La batalla entre tu piel de entonces
y esta otra piel obcecada con medrar
con ser fruto inseguro, racimo de racimo
no es una batalla:
eres tú agitada por el sol
y por el frío.
Tú, adentrada
en la sombra menguante de la vida.

Poemas pertenecientes a El pez y la galerna (Torremozas, Madrid, 2017)


_____________

Sara Caviedes (Valladolid, España, 1975), es licenciada en Filología Francesa. Estudió en la universidad de Valladolid y en la Université de Pau et Pays de l’Adour. Desde 1998 trabaja como profesora de secundaria. Ha participado en varias antologías de poesía.

“El pez y la galerna” es su primer libro publicado.

jueves, 8 de febrero de 2018

UNA MANZANA EN LA NEVERA

Una Manzana en la nevera, Sandra Sánchez







reseña

UNA MANZANA EN LA NEVERA




UNA MANZANA EN LA NEVERA, de Sandra Sánchez, Piediciones, España, 2017, reúne setenta poemas. Debo confesar dos asombros: el primero, el título. Cito para contextualizar mi lectura: “La manzana se utiliza simbólicamente en varios sentidos, extraídos de diferentes mitos: la manzana de la discordia, atribuida a París; las manzanas de oro del jardín de las Hespérides, frutas que otorgaban la inmortalidad; la manzana de Adán y Eva; la manzana del Cantar de los Cantares, que según Orígenes representa la fecundidad del Verbo Divino. Se trata pues, de un medio de conocimiento, fruto tan pronto del árbol de la vida como del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es decir, la manzana otorga un conocimiento unitivo que confiere la inmortalidad o un conocimiento que provoca la caída.” Pero también, me he propuesto explicar el concepto de “nevera”, que a su vez, requiere de algún nivel de explicitación: el Diccionario ABC nos da una pista: “La contextualización es el acto mediante el cual se toman en análisis las circunstancias de una situación, un evento o un hecho, ya sea este público o privado. Entiende un conjunto de aspectos relacionadas entre sí. En este sentido, para entender un fenómeno aislado es necesario explicarlo dentro de una esfera más global.”

Tenemos entonces, que la manzana se convierte en el territorio u objeto del conocimiento y la nevera, como metáfora del mundo en el cual, —con todas sus circunstancias—, uno vive y muere inexorablemente. Quizás la residencia de la mujer (en este caso particular) y sus miedos, ante la compleja indeterminación como casa del ser humano. Así, su poesía es una aventura para desvelar y desvelarse frente al mundo. Su territorio poético es un rincón de ternura, pese a las sujeciones de la vida cotidiana.

El conjunto de los poemas aquí contenidos, reafirma ese desplazamiento, aun siendo en esencia poesía lírica, esencial, es también terrestre, incesantemente trashumante en los sueños y la cotidianeidad. Ese desplazamiento de los dos conceptos puestos sobre la mesa, le confiere una acertada visión de lo que nos desea expresar la autora. Su alma tiene la tesitura de una campana, o la ganada pasión del alba.

“La niña de uniforme huye de la vida
que aún no ha comenzado.
Ha aprendido en los libros:
las guerras, las invasiones, una Historia
sin final feliz.
Cuando llegue a casa cambiará
la ropa del colegio
por la de la calle y colocará
sobre sus hombros una máscara
de piel y huesos, un rostro
que no muestre jamás
a la persona que la habita.
UNIFORMES, PÁG. 79

“Poesía desnuda”, afirma el prologuista, el también poeta Pablo A. García Malmierca. Y yo lo secundo. La poeta se desnuda al habitarse, al ser siempre ella y diferente. Al enfrentarse y huirse, al cuajar sus recuerdos y no encerrase, sino, sino abrirse a ese fruto que dan los ojos y lo refleja la pluma y la tinta.

 “Qué pena da la muerte
que no podrá tener jamás descanso
ni nadie —al fin— que conozca la eficacia
de su obstinado trabajo,…”
QUÉ PENA DA LA MUERTE, pag. 69

Y más adelante, perpleja, casi como un corazón roto e insomne, nos deslumbra con su eficiente percepción. El tiempo como un pedazo de tiempo cambia con el uso, se destiñe como los límites confusos del horizonte. Es doloroso, sin duda contemplar la geografía humana, los mundos que nos toca vivir, los pájaros que se extrañan al término del día. Suerte que la palabra es instrumento de la sagrada locura en la que nos mete la poesía. Veamos, para evitar más digresiones:

“A través de la ventana cerrada al mundo
unas grietas de cristal abren rendija
por donde se cuela un aire helado
—vestigios de un presente anterior a éste
que me van dejando inerme—“…
“MICROCOSMOS”, pág. 70

Todos los poemas valen lo que dicen. Sandra, más allá de las tendencias literarias, vive y trabaja a plenitud la creación poética y nos revela con audacia esos gérmenes peculiares de la manzana en una nevera, decir, ese trazado del tiempo sobre sus hombros.

Muchas gracias

André Cruchaga
Barataria, 07.02.2018

viernes, 2 de febrero de 2018

José León Sánchez, Premio Magón: ¡Campa ueee!

Miguel Fajardo Korea





José León Sánchez,
Premio Magón: ¡Campa ueee!


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural



  
            El Premio Magón otorgado al escritor José León Sánchez (1928) es un meritísimo reconocimiento a un ser humano luchador; a un escritor e investigador incansable. Desde el Centro Literario de Guanacaste, Costa Rica,  felicitamos su designación.
         Su obra literaria y cultural es densa e intensa.  No necesita de presentaciones. Me referiré a su novela Tenochtitlan (México, 1986: 412).
         “Tenochtitlan” presenta una técnica cineística. El dinamismo expresivo positivo convierte su lectura en un signo de testimonio histórico. Es una obra de hondo contenido ético y estético. El texto plantea una visión angustiosa del orbe indígena, con honestidad y fuerza.
         La novela se encuentra dividida en 29 capítulos. La obra exalta la figura de personajes relevantes, y aborda acontecimientos de armas. Su contexto histórico, social, político, religioso, étnico y demás, se ubica entre 1519-1529, es decir, hace 500 años, por tal razón, indaga, arqueológicamente, para acercar el destino de los tenochas hasta nosotros, con gran propiedad artística, en sus presupuestos y códigos narrativos.
         La conquista, en cualquier lugar, genera expectativas, dudas, tropelías.  Nuestro continente no ha estado exento de arrasamientos, venganzas, luchas intestinas, dominación, explotación, genocidio étnico, vergüenza. Solo si nos despojamos de miedos podremos ver más allá de la oscuridad; en la luz de los puñales ardiendo, de las lanzas encendidas.
         Los estamentos sociales se entrecruzan: el azteca y el conquistador. Se muestra toda la gama de recursos guerreros. La astucia o la ignorancia.  El cuerpo de elementos-dioses: agua, aire, fuego, tierra.  Los dioses e hijos de los dioses defendieron, muchísimo, a Tenochtitlan, pero también, se asiste al último día de su libertad, su caída en 1521.
         La simbología azteca es altamente variada y rica en historias.  Los dioses blancos, cambiaron mucho el comportamiento étnico-social, pues el invasor dispuso y, además,  impuso.
         La crítica del narrador es sin temor, directa, “era casi un enano, un pedazo de hombre” (p.31). La vestimenta castellana mostraba poder “Hombres de guerra, porque miraban a todos lados como en espera de un ataque” (p.30).
         En la novela se habla del Tonalamatl, el Libro de la Sabiduría: “El libro contenía las trece divinidades, los animales, los veinte signos del año y la historia de los Nueve Señores de la Noche, que son los mundos que giran alrededor del sol, uno de los cuales es el de nosotros” (p. 46).
         En otro orden, se retrata tal cual es, al conquistador Hernán Cortés, dueño de la Medellín, su nave. La obra hiere, porque denuncia la condición de esclavitud a la que fueron sometidos los aztecas. El pronunciado desprecio de Cortés hacia los pobladores de estas tierras, basta con leer los conceptos que le merecían los indios conquistados.
         Los valores exógenos se convirtieron en un duro aprendizaje para nuestros antepasados. La intensa crueldad del expansionismo, se refleja en la actitud posesoria de Cortés (p. 53).
         La novela de José León Sánchez muestra la degradación étnica azteca, a manos del castellano: trueque unilateral a cambio de oro.  Las razas enfrentadas sentencian el hilo argumental de esta extraordinaria novela del narrador costarricense.
         La degeneración sentimental es otra fase oculta de la luna: prostitución, la ignominia de la horca.  Asimismo, enanos son quienes ordenan la quema de libros, como puede leerse esa degradación, alrededor del lago de Texcoco (p. 82).
         Los símiles ocupan un lugar clave.  La obra increpa, reflexiona sobre la derrota de la guerra, la trata de personas. Las descripciones son precisas, sostenidas.  Crean el suspenso, acrecentándolo con la firmeza de las enumeraciones, árboles genealógicos, replanteamientos, pasajes dantescos como la cortadura de manos, en fin, las situaciones límite se localizan llenas de expresividad y espanto.
         Las caracterizaciones de Hernán Cortés, Matla, Cuauhtémoc son precisas.  Reflejan al personaje. Los doscientos mil hogares de México son sorprendidos con el ingreso del ejército invasor. El vasallaje destruyó los valores autóctonos.
         La narración, la descripción del hecho de armas reviste un enorme sacudimiento a lo largo de las intensas páginas de Tenochtitlan.  El narrador hace alarde de un dominio integral de las técnicas novelísticas.  Todas las ideas de guerra, en aquellos años, están expuestas con desafío.  El lenguaje no es eufemístico.
         “Ante el señor Cuauhtémoc, miles de guerreros pusieron una rodilla en tierra, con su mano tocaron la misma tierra, la  elevaron,  la  besaron  suavemente y lanzaron un grito. -  ¿CAMPA UEEEEEEEE!!!! ¡CAMPA UE UE, CAMPA UEEEEEEEEEEE!!!
         La participación de las mujeres es hermosa en las tropas indias. Matla, la sacerdotisa guerrera se presenta con gran calidad humana, con enorme valentía, pero con un  final de tragedia griega (p. 398): con la cabeza rapada, sin un ojo y sin los dedos de la mano derecha, vendida en una subasta degradante.  El holocausto azteca fue tétrico.
         En la novela aparecen referencias a las venéreas, piojos, esclavos, venta humana, la explotación comunera, los rituales, el vencimiento, pero siempre con esperanza: “Cada vez que un guerrero muera, en ese instante resucitará la libertad y la eternidad de nuestros dioses” (p. 325).
          La actitud final de Cuauhtémoc es una lección.  No dijo dónde estaba el oro.   La destrucción de Tenochtitlan fue increíble: rompimiento de diques, fuga de agua, sequía, falta de alimentos, muertes, violaciones, vejaciones, costumbres raras: oler caca con un pañuelo blanco. La naturaleza juega su propia distancia. 
         Al final, la esperanza es superior al materialismo: “Mientras un grano de maíz pueda germinar sobre la tierra extensa del Anáhuac, México Tenochtitlan nunca, nunca, nunca… ha de morir” (p. 379).
         En  síntesis, Tenochtitlan es una novela archivo, gama de experiencia investigativa intensa, manejos de las técnicas narrativas y gran capacidad creadora. Genera opinión, porque sus páginas trasudan vitalidad, honradez y perspectiva para apostar por los vencidos con gran valentía narrativa.
         Salud, José León Sánchez, Premio Magón: ¡Campa ueee!
           
Lic. Miguel Fajardo Korea
Centro Literario de Guanacaste
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica

domingo, 14 de enero de 2018

“RAÍCES DEL PASADO”, RECUPERACIÓN DESDE LA CULTURA POPULAR

Portada Libro Raíces del pasado






ARTÍCULO



“RAÍCES DEL PASADO”,
RECUPERACIÓN DESDE LA CULTURA POPULAR
LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural



         (Guanacaste/Moravia).- Siempre apoyo los esfuerzos editoriales que fortalecen la recuperación de la cultura popular, cuyos filones recobran  cuotas de responsabilidad con la sociedad civil, como una manera de arrebatarle al olvido, el quehacer de los pueblos y sus manifestaciones humanas más auténticas, a lo largo de la historia de vida local.
         En esa línea, el libro de relatos de “Raíces del pasado”, del profesor y administrador santacruceño, José María Matarrita Mendoza. (San José: E-Digital, 2017:107 pp.), es un texto, cuya aportación a la cultura popular, significa una grata lectura para comenzar el 2018. El volumen tiene diagramación de Keilor Angulo Blanco; introducción del Prof. Pedro Sánchez Fonseca; una hermosa y expresiva portada del gran artista sin fronteras, entre nosotros,  Jorge Tamayo Cabrera. Fue revisado por Adriana de la Paz Araya.
         José María Matarrita Mendoza  (Santa Cruz, 1944) estudió en la escuela de varones de su pueblo natal; alternó sus estudios secundarios en el Seminario Menor en Tres Ríos de Cartago y el Liceo de Santa Cruz. Estudió en el Instituto de Formación Profesional del Magisterio (IFPM). Asimismo, estudió en la UNA y la UCR. Trabajó como educador. Además, ejerció como Administrador, con especialidad en Evaluación.
         Se encuentra jubilado, sin embargo, registra un interesante trabajo comunal a favor de  Asociaciones de Desarrollo, Unión cantonal de Desarrollo y Comité Cantonal de Deportes, en Santa Cruz y  Nandayure. Dicho trabajo es un valor agregado a su intensa vida.
         “Raíces del pasado”, en la madurez de sus 74 años, está dedicado a sus cuatro hijos: Giselle, Hazel, José Jannid y María Lourdes, así como a doña Doris. Disfruta de la compañía de ocho nietos. Su esposa, doña  Nelly María Salas Paniagua, falleció en 1991.
          Consta de 13 relatos, 18 citas bibliográficas de apoyo, y un epílogo. La introducción representa una síntesis muy puntual, escrita por el Prof. Pedro Sánchez Fonseca, quien aduce: “El autor nos lega una obra, para reflexionar, de análisis, la brújula para orientar a nuestras nuevas generaciones, a imitar a hombres y mujeres progresistas, quienes dejaron en su caminar, la huella mañanera, el trabajo y el progreso de estos pueblos” (p. 6).
         El libro empieza con un gran reconocimiento a sus padres, quienes lucharon en la inmensidad de las dificultades de la vida. En ese recordar selectivo de las raíces, el autor enumera leyendas como la Mica, la Carreta sin bueyes, el Cadejos. Destaca al santacruceño, a quien “Dios le dio el don divino de carácter amable, generoso, cordial, creativo y que no teme manifestar, abiertamente, el amor al Santo Cristo de Esquipulas” (p. 14).
         En su estructura textual, el libro inicia con un viaje y en las palabras finales,  establece un recuento de los ejes temáticos abordados: los hombres y las mujeres del pasado, la función social de los boyeros, el desarrollo de las comunidades, el epicentro de Bolsón y Ballena como núcleos de desarrollo y comercio de la época, el desarrollo de Santa Cruz como una comunidad integral, rica en manifestaciones de la cultura popular de siempre.
         De hecho, Matarrita Mendoza cierra su libro con una especie de respuesta con el inicio del proyecto de su libro, cuando escribe: “Redescubramos las raíces y conozcamos el tesoro valioso de nuestros antepasados.  Ellos nos dejaron una cultura rica en sabiduría, sacrificio, creatividad, esfuerzo y lucha que, por ahí, están enterradas” (p. 106).
         Su libro inicia con el viaje centrífugo (del centro hacia afuera), desde Santa Cruz hasta el barrio Don Bosco en San José. Al final, el regreso tiene un movimiento centrípeto (de afuera hacia el centro), pues significa el retorno desde la capital hasta Santa Cruz. Dicho movimiento es dinámico y reiterativo, a lo largo de la vida y los avatares del autor.
         En esa recurrente dinamicidad que ofrece el texto, la construcción verbal “Pronto llegaré” (p.15) opera como un horizonte de expectativas en la línea del retorno al terruño, donde el relator anhela disfrutar de paz y fraternidad, del gran sentido humano, de su gente santacruceña: alegre, amable y chistosa, entre las caracterizaciones que ofrece de ellos.
         En su integralidad, el libro de relatos de don José María, realiza una aportación de datos muy interesantes, por ejemplo: el puerto de Puntarenas daba servicio desde 1765, pero fue habilitado para el comercio por orden real en 1814; la primera locomotora data del 25 de julio de 1824; el Dr. Trejos fue el primer médico que llegó a Santa Cruz en 1910; el 22 de febrero de 1918 estalló la primera revuelta contra los Tinoco; la fundación de la Escuela Complementaria de Santa Cruz; la declaratoria de la matrona de las letras de Guanacaste, la recordada maestra y escritora, María Leal de Noguera, como Mujer del Año 1955, o bien, que don Mercedes Ortega fundó la comunidad de Ortega de Santa Cruz.
         El libro de relatos del profesor y administrador, José María Matarrita Mendoza, narra la importancia socioeconómica para la provincia del río Tempisque, el único medio de la época para regresar a Guanacaste, cuya cuenca mide 3405 kilómetros cuadrados.
         Muy nostálgica su narración relacionada con las pozas que dejaban las grandes crecidas del Diriá.  Enumera las pozas: Los Terrones, El Tendal, La Poza de Marcial, El Obispo, El Espavel, Los Peraza, La Canta Rosa, El Torno, Las Lajitas, El Terciopelo, El Guabo, Las Medinas, La Poza de don Marcos, la Poza de La Pilar.
         Las pozas tuvieron la virtud de ser sitios de convergencia de las juventudes de nuestros pueblos, en una sana recreación  de piruetas, volteretas, maromas y ejercicios acrobáticos, desde las ramas de los árboles que las bordeaban, pero con gran respeto a la convivencia con el medioambiente. Hoy, ese cuadro idílico del pasado es todo lo contrario.
         Un relato central se dedica a “Bolsón enclavado a orillas del río Tempisque, sitio donde se inició el desarrollo económico, social y cultural de los cantones de Santa Cruz, Carrillo y Liberia.  Con sus puertos de cabotaje Bolsón y Ballena.  Separados por el mismo río que les da vida: río Bolsón (…) En el siglo XIX y principios del siglo XX, Bebedero fue el motor que impulsó nueva vida para la zona occidental de Guanacaste: Cañas, Bagaces y Las Juntas” (p. 49).
          El dinamismo comercial durante la época del cabotaje en los puertos de Bolsón, Ballena, Bebedero, Puerto Jesús, Jicaral, Chomes, Manzanillo, San Pablo, Thiel, Canjelito, Humo, San Juanillo, Garza, Bejuco y Punta Islita,      dio vida a figuras emblemáticas, a las cuales se rinde homenaje en este libro, a saber: el boyero, la carreta y los caballos, encargados del transporte de pasajeros, mercancías y productos  agrícolas.
         La importante página 48 del libro de don José María, la relaciono, por intertextualidad, con las novelas de dos escritores hispanoamericanos, ambos, Premio Nobel de Literatura: Gabriel García Márquez, en 1982, y  Mario Vargas Llosa, en el 2010.
         Don José María refiere que en Bolsón “El correo llegaba por lancha una vez cada semana.  La espera y el anhelo de ese arribo pronto, causaba angustia” (p. 48).
         Por su parte, en la novela “El coronel no tiene quien le escriba” (1961), del colombiano García Márquez, el militar va todos los viernes durante quince años a esperar el correo, deseoso de que le entreguen la carta donde aprueban su pensión de guerra, pero esta no llega, por lo cual, se hunde en la desesperación, el pesimismo y las situaciones límite.
         En otro orden, Matarrita Mendoza hace ver que, en Bolsón, “Fonseca recorría las comunidades vecinas a pie, en caballos, en bote, como fuera, con tal de hacer la entrega de los mensajes” (p.48).
         En la novela “El hablador” (1987), del peruano Vargas Llosa, los habladores eran la memoria de la comunidad, los depositarios de los secretos de las familias; sus correos, les traían y les llevaban noticias, tanto del pasado, como del presente. Hablaba por horas y horas, porque ese era su oficio, mantener actualizados a los pobladores machiguengas. 
          Hoy, solo nos imaginamos la tenacidad y el dinamismo humano y mercantil de los guanacastecos de la época del cabotaje, insertos en las raíces del pasado guanacasteco. No nos queda más que recordarles con admiración, porque con su increíble esfuerzo, forjaron el Guanacaste de lucha, que nunca debe convertirse en un Guanacaste ajeno a nuestros intereses raigales más genuinos, para defender los rasgos identitarios que nos han legado.
         Recuerdo la canción “Bolsoneña”, del compositor Sacramento Villegas, que simboliza un delicado canto a la mujer de ese lugar. En dicha canción, hay un fresco pictórico, en relación con la mujer guanacasteca: morena, mirada ardiente, risa melodiosa.  Implica, sin duda, la concreción de gratos recuerdos.  Es el tópico del “Beatus ille” –dichoso aquel-, de Horacio. En ese sentido, considero muy apropiada la inclusión del interesante poema de María Nazaria Marchena Villegas, dedicado a Bolsón.
         En otra línea, las reiteradas menciones a Ballena, me recuerdan la lectura de “Ballena” (1999), libro de relatos del santacruceño, Arq. Héctor Chavarría Carrillo (1948): “-Ve a Ballena hijo; es principio y fin. Ve y cuéntale al mundo de su existencia y olvido- dijo el viejo Chico antes de morir (…) Ballena principio y fin, la historia tendrá que rectificar su rumbo, colocándote en un mástil de honor y eternizando así tu acto amoroso con la inmensa pampa, por los siglos de los siglos”, así expresa el principio y final del cuento, el narrador Chavarría Carrillo, sobre la importancia de Puerto Ballena, en la memoria histórica  y geográfica del Guanacaste de lucha, que forjaron valerosas generaciones de la provincia.
         El libro dedica dos relatos al tema de los trompillales: “Topamos algunas carretas que transportaban enormes quesos, por ahí de cien libras o más cada uno, van a encontrarse con la lancha. / Nos acercábamos a la parte más difícil de nuestro trayecto. Temor, angustia, ansiedad, nos esperan: Los Trompillales. / Da la coincidencia que, en ese mismo momento, iniciaban el ingreso al enorme y profundo charco saturado de barro, palos, sedimentos y basura que las corrientes de las aguas traían y quedaban rezagados” (p. 62).
         Ese tema lo aborda también el escritor santacruceño, Rodolfo Solórzano Bonilla (1938-2005) en sus libros “Los trompillales” (2000) y “Campanas del orbe” (2006). De él, el autor incluye el poema “Los trompillales”.  Sin duda, un homenaje a un extinto compañero de letras, con quien compartimos en el Centro Literario de Guanacaste (1974-2018).
         El libro de don José María rinde homenaje a la emblemática figura de 34 boyeros santacruceños y a la carreta; así como a los jinetes y a los caballos. “La vida del boyero fue muy dura, peligrosa, mal pagada, y de mucha responsabilidad. Seis horas o más de recorrido entre Santa Cruz y Bolsón, caminos enlodados, enorme charco, zancudos, mal alimentados, sin tener derecho a dormir o descansar bien, la marea daba la orden de llegada  y  entregar  la  carga con suficiente tiempo para zarpar sin contrariedad alguna” (p. 63).
         Muy atinada, la inclusión del prosema descriptivo y en movimiento “La carreta vieja” (p. 69), del Prof. Pedro Sánchez Fonseca. Desde el 2005, la UNESCO declaró la tradición del boyeo y la carreta como Patrimonio Intangible de la Humanidad. En nuestro país, la carreta fue declarada símbolo nacional, el 18 de julio de 1988.
            Ahora que se habla de las zonas azules de la península de Nicoya, el libro registra el caso de dos centenarias humanistas bolsoneñas: Ubalda Sánchez Sánchez y su hija Anatolia Sánchez Fonseca, quienes fallecieron, respectivamente,  a los 120 y 108 años de edad.
         También, se relata la interesante historia del Pbro. José María Velasco y Díaz (Madrid, 1850; Santa Cruz, 1924), quien aparte de sus labores eclesiásticas, se integró a todas las actividades de la vida cotidiana santacruceña.  Procreó cuatro hijos con Elena Rosales Briceño, a saber: Manuel, Alma, Dora y Luis.  Doña Elena fue nieta de Cupertino Briceño, uno de los principales gestores de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica, 25-7-1824.
         Don José María Matarrita Mendoza se incorpora a la selecta lista de escritores, oriundos de Santa Cruz, integrada por María Leal de Noguera, José Ramírez Sáizar, Allen Pérez Chaverri, Jesús Bonilla, Lía Bonilla, Hamilton Ruiz Cascante, Mario Matarrita Ruiz, Hugo Rivas Ríos, Héctor Chavarría Carrillo, Édgar Leal Arrieta, Rodolfo Núñez Arias, Wilder Sequeira Ruiz, Inocente Gutiérrez, Pedro Sánchez Fonseca, Emel Velásquez Ramírez o Casimiro Guadamuz de la O, cuya obra se sostiene en el tiempo del Guanacaste auténtico, que piensa, lee, escribe y publica, para reconocernos siempre.     Lic. MIGUEL FAJARDO.