En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



domingo, 18 de noviembre de 2007

La verdad como triunfo sobre la mentira_María Poumier

Fotografía: María Poumier, escritora y traductora francesa.



“La verdad como triunfo sobre la mentira”(Entrevista a Jon Sobrino, San Salvador, 4 de octubre de 2007)

María Poumier: Padre Sobrino, en este mes de octubre Ud. cumple 50 años en El Salvador. Cuéntenos cómo vino a parar allí.

Jon Sobrino: Había muchas vocaciones en España en los años 1950. Yo llevaba ocho años estudiando con los jesuitas en el país Vasco, y en 1956 entré a los jesuitas en Orduña, Vizcaya. Cuando en 1957 me propusieron venir a El Salvador, acepté el destino con toda naturalidad, aunque en aquel entonces era una decisión de importancia, pues no sabíamos si íbamos a volver a España y a ver a nuestros padres. Después he dado varias vueltas. Para estudiar en 1958 fui a Cuba, en 1960 a Estados Unidos, y en 1966 a Alemania. En 1974 vine y me estabilicé en San Salvador. Ahora viajo a Europa unas dos veces al año, aproximadamente.

M. P.: ¿Es antigua la presencia jesuita en El Salvador?

En la época moderna, jesuitas mexicanos vieron a trabajar en una iglesia en Santa Tecla en 1914. En la capital, San Salvador, en 1917 ya dirigían el Seminario y un colegio. Durante medio siglo no fueron muchos y conservaban la actitud tradicional de aquel entonces. Después fue creciendo el número de jesuitas, y hubo un cambió importante en el trabajo y en el modo de concebirse como jesuitas. También creció su influjo en la sociedad salvadoreña, y los jesuitas se pusieron del lado del pobre. Había tenido lugar el concilio Vaticano II en 1965, y Medellín en 1968. En muchas cosas significaron un vuelco, y por él pasamos los jesuitas, en conjunto con entusiasmo. Además, en 1965 habíamos fundado la Universidad Centro Americana (UCA), que lleva el nombre de José Simeón Cañas, religioso, luchador de la independencia centroamericana y sobre todo por la libertad de los esclavos. Se convirtió en un centro importante de análisis social y teológico.

M. P.: ¿Cómo se relaciona su trayectoria con el gran encuentro de Medellín en 1968?

J. S. Ya he dicho que Medellín fue muy importante. En algunos aspectos, para mí incluso fue más importante que el Vaticano II, aunque sin el concilio no hubiese sido posible. El primer documento de Medellín lleva el título Justicia, y los obispos comienzan reconociendo la miseria colectiva del continente, producto de una injusticia que clama al cielo. Estaban diciendo que la vida y la dignidad de las mayorías estaban pisoteadas. Esta dinámica se extendió por América latina. En El Salvador, Ignacio Ellacuría la profundizó y aportó bases filosóficas a la teología de la liberación, usando en buena parte la filosofía de Xavier Zubiri, y manejando también elementos de la filosofía de Marx. Y también le dio importantes bases teológicas. Esto ayudó a que los jesuitas cambiásemos y nos preocupásemos por los problemas de la realidad social, a la que Ellacuría llamó “el pueblo crucificado”. En Guatemala, el padre César Jerez actuaba en el mismo sentido.

M. P.: No fueron fáciles las relaciones con el gobierno…

J. S.: Debido a esa nueva orientación, ya en 1972, los jesuitas tuvimos que dejar el seminario diocesano. En 1973, el gobierno puso una demanda contra los jesuitas del colegio, por enseñar marxismo y enemistar a los padres con sus hijos. Lo que ocurría es que los estudiantes de los últimos años iban al campo, a las fincas, y preguntaban cuánto ganaban los colonos, que en muchos casos eran los empleados de sus propios padres. El choque de los muchachos con la realidad era brutal, pero también quedaban horrorizados los padres al escuchar los comentarios que hacían sus hijos. Los jesuitas estábamos adquiriendo una nueva visión y conciencia social. Y también una nueva comprensión de nuestra tarea cristiana.

M. P.: En su libro titulado Mons. Romero, que va por la séptima reimpresión, Ud. cuenta cómo éste sufrió una auténtica conversión, a raíz del asesinato del padre Rutilio…

J. S.: Rutilio Grande fue el primer jesuita salvadoreño asesinado. Junto con él, otros cuatro jesuitas se fueron a trabajar al campo, a la zona de Aguilares, y empezaron a cambiar la religiosidad de la gente del campo más de acuerdo a Medellín y, sobre todo, al evangelio. Rutilio no era un intelectual, pero en su trabajo pastoral hizo central relacionar la fe en Dios con la promoción de la justicia y la toma de postura contra la injusticia. El 12 de marzo de 1977 fue el primero de los 16 sacerdotes y religiosos salvadoreños asesinados. Yo trabajaba en estrecha relación con Mons. Romero. Y recuerdo el profundo impacto que le causó. Él no solía usar la expresión “conversión”, pero sí tuvo un gran cambio: profundizó su fe en medio del sufrimiento y la esperanza de los pobres. Lo fundamental fue desde entonces su amor y defensa de los oprimidos. También desencadenó un inmenso proceso de solidaridad, y, una vez desencadenado, supo vivir su realidad eclesial y su propia fe en solidaridad con otros. Dijo muy justamente que “la Iglesia sufre el destino de los pobres: la persecución. Se gloría nuestra Iglesia de haber mezclado su sangre de sacerdotes, de catequistas y de comunidades con las masacres del pueblo, y haber llevado siempre la marca de la persecución”.

M. P.: Y Ud., en esos mismos años, ¿estaba en El Salvador?

J. S.: Sí. Ya había regresado en 1974. En la UCA nos dedicábamos al análisis de la realidad, y a darlo a conocer. Era la profecía específicamente universitaria, y ésto creo que deben hacer las universidades y los profesores. Habíamos denunciado públicamente el fraude en las elecciones de 1972, y otras graves injusticias. El 6 de enero de 1976 explotó una bomba en la UCA, la primera de unas 25 hasta el 16 de noviembre de 1989, el día en que asesinaron a Ellacuría y a los demás compañeros que vivíamos juntos aquí. Ese día yo me encontraba en Tailandia, dando un curso de cristología. Tampoco el Padre Rodolfo Cardenal estaba esa noche en la casa. Somos los sobrevivientes.

M. P.: ¿Cómo mediría Ud. los resultados de toda esa acción?

J..S.: Sería largo de explicar. En el país algo han cambiado las cosas. La represión no es ya tan brutal, ni ahora la necesita la oligarquía. Aprendió a vivir y a seguir medrando en el mundo occidental actual. Pero sigue sin combatir la injusticia, sino, de hecho, propiciándola. Nosotros hemos procurado seguir. Y junto a la profecía, hemos procurado introducir ideas del Evangelio, que tienen también gran impacto social. Ofrecen lucidez y ánimo para trabajar por la justicia y la verdad, la profecía y la utopía. Y animar a la fe en un Dios de los pobres.

M. P.: ¿Ha estado en buenos Aires, otro bastión de la teología de la liberación?

J. S. Estuve allí, hace unos 6 años con 90 sacerdotes, gente muy buena, en esta línea de apertura, muchos de ellos trabajan en las villamiserias. Guardo un gran recuerdo y mantengo contactos con Eduardo de la Serna. En América Latina, de una u otra forma, nos conocemos muchos de los que trabajamos en esa dirección. También conozco a Frei Betto, de quien publica artículos la revista Cuestiones, de Buenos Aires.

M. P.: Después de sus libros, en 1990 sobre Mons. Romero, en 1992 El principio misericordia, y otros ¿qué novedad tiene, en estos últimos años?

J.S.: Acabo de publicar en la editorial Trotta, de Madrid, un libro de ensayos, que llamo utópico-proféticos, con el título Fuera de los pobres no hay salvación, Aquí en la UCA ahora estoy impartiendo un curso sobre “la identidad cristiana”.

M.P.: Llama la atención más bien su terquedad (tan vasca), su constancia en sus posiciones, frente a la hostilidad del Vaticano…

J. S.: Si hablas de mí, déjame explicarte cómo veo yo el cambio que hemos ido dando. Cuando éramos mucho más jóvenes, en los seminarios queríamos ser “santos”, ése era el ideal de muchachos idealistas. Después, quisimos ser “perfectos”, después “coherentes,” “auténticos”, “comprometidos”… Hoy la palabra que más uso es otra: quisiera ser “real”, es decir, vivir realmente en este mundo. En otras palabras, vivir de tal manera que no tenga que avergonzarme de vivir en este planeta. Ser de derechas o de izquierdas no me parece suficiente para plantear cómo superar esa vergüenza. Hay 1 500 millones de gente que vive con un dólar al día, en Irak son 1 200 000 las víctimas…. ¿Quién los ha matado? Y está “la muerte lenta de las mayorías” por causa de la pobreza. ¿Cómo ser “real” en este mundo? Es un mínimo, pero cada vez me parece más un máximo.

M. P.: ¿Puede explicar esto de “ser real”? Usted habla en sus libros de “llegar a ser y estar en el mundo real”.

J. S.: Lo diré en palabras concretas. En enero estuve en Nairobi, en el “slum” de Kibera, donde viven 800 000 personas, más o menos la población de San Salvador, y allí hay una letrina infame para cada 200 personas. Desde Kibera, surge un clamor a ser “reales” y no vivir en un mundo artificial, como es el de la abundancia y pomposidad occidental. Ante Kibera, la democracia, de la cual se enorgullece Occidente, tiene mucho de secundario, y muchas veces de deshumanizante. Bautiza con entusiasmo el vivir en lo real. Un ejemplo. A mí me ha gustado el fútbol, pero hoy soy crítico. Un equipo de fútbol español compró un jugador del Chelsea por 31 millones de dólares, ¡algo más de tres veces el presupuesto del hospital de maternidad de San Salvador, 9 millones de dólares, adonde acude la inmensa mayoría de mujeres! Y el mundo, Occidente, sigue igual, no se inmuta. Tal como procuro vivir la fe, todo empieza con estas palabras: “Dios se hizo real. La Palabra se hizo sarx, lo débil de la carne”. Dicho en palabras un poco complicadas, la trascendencia se hizo trans-descendencia, como repite Leonardo Boff. Y así es también con-descendencia. Para una fe desde Jesús de Nazaret. Dios es ante todo compasión, acogida de lo pobre y pequeño. Es un Dios “real”. Eso es ser “real” en el mundo cruel en que vivimos. Es lo que me gustaría ser.

M.P.: ¿Por decir estas cosas lo tienen a Ud. por hereje?

J.S.: En los primeros tiempos del cristianismo hubo una herejía llamada docetismo, que consistía en negar la carne de Jesús, la realidad verdadera de Jesús. Yo no quisiera caer en ninguna herejía, pero ciertamente no en ésa. Su equivalente en la historia consiste en negar la carne real de la inmensa mayoría de la humanidad. ¿Cuántos son los africanos que se han ahogado al intentar llegar a Europa en cayucos, y que hoy están muertos, hundidos en el fondo del Atlántico? Vivir sin enterarse de esas realidades, eso es docetismo. Peor aún, vivir desinteresándose de esas realidades.

M.P. ¿Cómo dice Ud. que la democracia es algo secundario, después de que se haya luchado tanto en El Salvador por conquistarla?

J.S. En El Salvador, al menos los jesuitas, hemos intentado luchar por la vida, por la justicia, por la verdad, por la fraternidad, por la dignidad. Las democracias pueden aportar a todo ello. Pero no siempre lo hacen. Unas veces se desentienden de estas cosas fundamentales. Otras veces pactan, de hecho, con lo contrario, y cooperan a la injusticia y a la mentira. A veces lo hacen como por necesidad, para no enemistarse con “la llamada gran democracia” de nuestro tiempo, que en realidad es “el gran imperio”, que, como todos, oprime a inmensas mayorías. Tiene cierto interés democrático dentro de sus fronteras, pero no le preocupa mucho que, fuera de ellas las democracias generen vida real o no para las mayorías del planeta. Y las democracias reales que tenemos quitan hasta el nombre a las mayorías pobres. Todo el mundo recuerda lo que ocurrió cierto 11 de septiembre; no necesita explicación, porque es lo ocurrido a una democracia imperial. Pero ¿quién sabe lo que pasó el 7 de octubre? Es el 7 de octubre de 2001, el día en que las democracias del mundo fueron a bombardear Afganistán. El 11 de septiembre es, obviamente, conocido. El 7 de octubre es, obviamente, ignorado. Nadie lo conmemora. Los pueblos pobres como Afganistán no existen, no tienen nombre ni calendario. El desprecio de las democracias hacia ellos es -objetivamente hablando- absoluto, ¡ni nombre damos a los que muchas veces estamos matando!

M. P.: Supongo que la globalización no le parece ninguna maravilla…

J.S.: Ahora se llama globalización a lo que antes se llamaba simplemente capitalismo. Pienso que sí han ocurrido grandes novedades en el modo de estar organizado el planeta, también la economía. Pero prefiero llamarlo, por ejemplo, mundialización, porque, como ya dijo Platón, “globo”, “esfera” es símbolo de la perfección, y nuestro mundo, visto desde los seres humanos que lo habitan, no es nada perfecto. Es un caos. El término acuñado por Ignacio Ellacuría para describir -valorativamente- nuestro mundo de hoy es el de “civilización de la riqueza”. Y añadía: configura una sociedad que está “gravemente enferma”. En ella, acumular es el objetivo, simplemente para disfrutar de lo acumulado. Pero esto lo pervierte todo. Tiende a convertir todo, en mayor o menor grado, en industria comercializable, y muy lucrativa para algunos. Y eso ocurre en ámbitos de realidad, buenos y necesarios en sí mismos, pero que van degenerando en su potencial humanizante: así se encuentran contaminadas actividades nobles como deporte, fútbol sobre todo, música, eros, turismo... La comercialización lucrativa exige la producción de muchos absurdos, y necesita el encubrimiento de lo absurdo de todo ello, haciéndolo pasar por “lo bueno”, al menos por “lo normal”. En lugar de esto lo que necesitamos es un mundo humano y humanizante. Si seguimos hablando de “globalización”, es urgente pensar y mencionar explícitamente “el desde y el para”, de la globalización. No veo que esto ocurra.

M.P. Ud. ha escrito que “el sistema” es ahora el rostro que toma el Maligno, y que en esta misma medida no puede prescindir del crimen y la mentira.

J.S.: En el evangelio de Juan el Maligno es llamado asesino y mentiroso, y por ese orden. Para un cristiano es esencial luchar contra ese Maligno, lo cual significa luchar contra lo que da muerte y desenmascarar la mentira con la que se la quiere encubrir. Si las universidades, y la Iglesia, y Garaudy, ya que de él hemos estado hablando, junto con otros pensadores, lo hacen, eso es muy importante. Y quiero añadir algo que me parece todavía más fundamental. No sólo debemos luchar contra, superar el sistema, o como quiera llamarse al rostro que toma el Maligno, sino introducir en nuestro mundo las bienaventuranzas, las que vivió y predicó Jesús, es decir la sencillez, la austeridad, la sinceridad, la generosidad, la limpieza de miras, trabajar por la paz y por la justicia, la fortaleza para afrontar la persecución y la cruz. Y en nuestro mundo, y tal como están los medios de comunicación, quiero insistir en la verdad como triunfo sobre la mentira. Sobre la mentira no se puede edificar ninguna sociedad justa. En ella los conocimientos, que son muy necesarios, se convierten fácilmente en instrumentos de opresión. Proclamar este grave peligro me parece un aporte muy importante del cristianismo. San Pablo dice que Dios está airado contra “los que oprimen la verdad con la injusticia”. Al hacerlo, el ser humano se deshumaniza radicalmente. Y san Juan, ya lo hemos dicho, denuncia que el maligno -que es asesino- es por esencia mentiroso.

M.P.: ¿Lo cual puede implicar sacrificar la vida propia o la de otros?

J.S.: Así es. Pero el sacrificio de la propia vida, cuando es por decir la verdad para que haya vida para otros, produce también su propio gozo, por extraño que parezca. En El Salvador ha habido muchos mártires. Para mí eso ha sido una fuente de sufrimiento, ciertamente, pero también de un gozo sereno y profundo: “hemos visto amor en este mundo”. Son personas que trabajaron para bajar de la cruz al pueblo crucificado. Sus muertes fueron la culminación de un proceso vivido con libertad, no el producto de una macabra locura momentánea.

M.P. Mons. Romero insistía en que el pueblo debe afincar sus raíces en la tierra, mediante el conocimiento de su historia. ¿Percibe Ud. hoy un fenómeno de desnacionalización?

J.S.: Es sabido que con muchas expresiones de las culturas, convertidas en productos comerciales, como decíamos antes, cuesta ser salvadoreño, o latinoamericano en general. Y las migraciones forzadas también lo dificultan. La gran pregunta para el pueblo hoy en El Salvador es irse o quedarse. El país no da para tanta gente, la tercera parte de la población se ha ido. Junto a indecibles sufrimientos y riesgos, el salvadoreño encuentra trabajo en USA o es deportado. El resultado es ambiguo. Por un lado, las remesas alcanzan casi el monto del presupuesto nacional, y salvan la economía. Por otro lado, familias y valores van degenerando, se van deteriorando.

M.P.: ¿Algún comentario sobre Europa?

J. S.: Veo un auge en el voluntariado, gentes que buscan humanización, ayudan y van al Tercer Mundo. Allí, dando y recibiendo, creo que crecen como seres humanos y, según los casos, como creyentes. Otras cosas no veo que humanicen. Veo un problema fundamental en la mentalidad de “pueblo elegido”. Afectaba, religiosamente, a Israel, con el inmenso peligro de la arrogancia, y se reproduce secularizadamente en Europa cuando se acepta el “buen vivir” como “destino manifiesto”, como “lo normal”. Que haya sufrimiento en África, gustará o no, pero no viola ninguna ley metafísica, según la arrogancia occidental, pero si ocurre en Europa, sí. Por eso me gusta recordar que en el Antiguo Testamento, el profeta Amós cuenta cómo Dios regaña al pueblo judío: “¡No me vengan con la elección! Yo también salvé a los filisteos, y a los egipcios también los he liberado!” Hay que superar el “complejo de elección”, aunque se añada que es logro humano, y no favor divino concedido arbitrariamente, como lo plantean los occidentales. Y otra observación sobre Europa: que el recuerdo de la tragedia de Auschwitz no cierre sino que abra la conciencia.

M.P.: En la conferencia de Teherán sobre el holocausto estaban presentes, además de religiosos musulmanes, rabinos antisionistas de la antigua obediencia de Neturei Karta, y como representante (informal) de los cristianos, un sacerdote argentino, el padre Farinelli. ¿Se siente Ud. parte de ese movimiento ecuménico, que tal vez sea un nuevo capítulo de la teología de la liberación?

Sinceramente, no tengo conocimiento de ello. Sólo puedo decir, aunque de forma muy general, que, como cristiano, estoy muy sinceramente en favor de la ekumene de lo humano y de la lucha contra todo lo que nos deshumanice.
Entrevista enviada por la autora al poeta André Cruchaga.

viernes, 9 de noviembre de 2007

Autorretrato_Tania Molina

Tania Molina, El Salvador







Autorretrato




Soy primitiva,
un ser terreno
de amplia conciencia,
llegan veloces las imágenes
que ensanchan mi corazón y mi mano.

Soy blanco y negro
sin divisiones,
cuando escojo el olvido
la luz revela mis máscaras.

¿Quiénes somos en esta vida
sino la vida misma
con todas sus herencias?
¿un cuerpo que envejece?
una humanidad de cualidades
y defectos?

Yo no sé a dónde está
la llave de la libertad.
mi corazón afirma que no existe
pues ella, la libertad,
nunca ha tenido cerraduras.

Hay en mi cuerpo una ventana milagrosa
de placeres simples
y dolores vanos.
la existencia es un misterio para mí,
que soy tan primitiva…

Hoy me siento de rodillas;
es un buen punto de partida
para ponerme de pie…
una ventaja para mi esqueleto.

Soy guerrera del tiempo,
muero de pie
para renacer danzando.
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lunes, 29 de octubre de 2007

Góngora y nosotros_Jorge Etcheverry

Jorge Etcheverry, Chile




Góngora y Nosotros

Hemos entendido al fin tu práctica
cuando tomabas la anécdota en el fondo simple
y tan humana
Y la destruías minuciosamente
dando paso a todo ese extraño musgo
en apariencia frío
La trampa de las emociones
nunca fue suficiente para hacerte bajar tus defensas
Fue siempre un gusto
descubrir el intrincado dibujo de tus flores
Y escuchar a algunos
dividir tu escritura entre la simple y la compleja
alabando ora la una ora la otra
La fama de difícil me ha perseguido siempre
Los machos recios,
los curas de todas las iglesias
y algunas señoritas
disfrutan de mis cosas más fáciles
Los cultos prefieren las difíciles
Los ex rebeldes claudicantes por cosas de la edada
doptan una postura intermedia
De alguna manera yo soy también un converso
Nuestra marginalidad es demasiado grande
La gente tiene necesidades simples
En nuestro caso
la mano izquierda sabe
lo que hace la derecha.

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jueves, 25 de octubre de 2007

Partida de cartas_David Cruz

David Cruz, Costa Rica






Partida de cartas




Luego se van, impasibles, como vinieron.
PIER PAOLO PASOLINI




La sala del bar es una improvisada ilusión de navajas.

Se nos olvidó la tragedia, las grandes olas sirven
de botellas de insomnio
para continuar apostando los puñales
de antepasados.
Ellas no piden propina ni marcan nuestras cartas
a la luz de las candelas,
a las lámparas de combustible
y su adolescencia despeinada con sus gafas opacas.
El juego es la curiosa costumbre,
melancólica escena:
necesaria para rastrear las pisadas
de la supervivencia.
Es 1930. La madrugada se aferra
a los trapos sucios de las velas.
Los restos de cerveza y vino embriagan las miradas
que impacientes,
como anzuelos hundidos,
aguardan a que los absurdos peces de tiempo
comulguen.
Cristalinas noches, más allá de las mesas
con aspecto de anclas oxidadas,
miran como magos en la desdicha de sus trucos.
Y amparados al respiro de alguna
de las estaciones de Vivaldi
nuestros cuerpos son el disfraz,
la astucia del proscrito
jugando su patria en una sola partida.
Pero de qué sirve perder.
Se han deshecho
todos los recuerdos y su matemática inexacta.
Los lenguajes carecen de padres
y sólo importa el sórdido sacrificio del triunfo.
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viernes, 19 de octubre de 2007

Palabras para un amigo_Tomás Andreu

Fotografía: Tomás Andreu






cada vez que muere un hombre
muere con él una parte de nosotros,
porque todos formamos parte
de un mismo todo de humanidad;
cuando doblan las campanas
doblan también por cada uno de nosotros.
john donne




Palabras para un amigo




ninguna lluvia borrará tu sangre,
-que en espiral sostiene los frutos y el pan-
ninguna avalancha de años, de tiempo
-aunque se le sume la eternidad-
sepultará tu nombre.
no habrá silencio que pueda atar
la fuerza indomable de tu voz,
tu pulso que late al unísono
con el corazón de la tierra.
tu cabellera cana
es ahora la crin del viento
que empuja a los tuyos,
que revienta los anonimatos.
ay del blasfemo que diga que estas muerto,
morirá ahorcado en su propia lengua
y su estirpe no se alimentará
de tu límpida luz,
de tu sabio tránsito por la tierra,
porque morir no es desaparecer,
es volver a vivir en forma superior
en una inagotable claridad.
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martes, 16 de octubre de 2007

Eco de sueño náufrago_Henry Petrie

Henry Petrie, Nicaragua






Eco de sueño náufrago




Cuando la vida con caricias
era luz del tiempo,
el dios-astro alimentaba la sangre.

Cuando la muerte a bofetadas
era el tiempo de la sombra,
monstruos gobernaron la atmósfera.

La luz se volvió incandescencia y
la sombra sordidez,
lejos de la alianza Sol-Luna.

El hombre murió inútil,
con Nada adherida a la sequedad,
azotado por tormentas oscuras.

Naufraga sideral un sueño verde
con sensación a corazón,
en el intento de la chispa su aliento.

Un óvulo, un vientre, un cuerpo,
donde amor-vida los fecunde
y un grito génesis nos redima.
(Del poemario Centro cósmico, en construcción)
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domingo, 14 de octubre de 2007

El cuadro verde del Che_Sergio Pravaz

Sergio Pravaz, Argentina




EL CUADERNO VERDE DEL CHE



Nació en un lugar determinado de la geografía argentina; durante su vida se empecinó en no ser de ningún lugar y también en ser él mismo en todos los lugares.

Fue un caminante en la línea de Alvar Nuñez Cabeza de Vaca, es decir un magnífico ejemplar de vagamundos (término tan noble y tan denostado) de esos que no se niegan al aprendizaje de cada experiencia.

Para conocer la realidad y ser ese otro que se le anunciaba desde cada tendón, se metió en el interior de todas las realidades que le fue posible y tomó conciencia de lo que soñaba y creía justo, como quien se tira cargado de piedras a un río para aprender a nadar cuando la creciente arrecia.

Aprendió a mirar lejor aún a riesgo de ver demasiado; tal vez le fueron revelados muchos de los secretos que la muerte finalmente espanta; tal vez pensó que los hombres no debemos acceder al todo arrastrando sólo un cuerpo.

Aún así no escatimó esfuerzos para poner en valor una teoría esencial que encierra un concepto moral que aún hoy causa estragos en los escudriñadores de teorías; la decencia, la honradez, la solidaridad, la cultura, el ejemplo, el valor, la inteligencia y el desprecio por los honores fueron sus adargas bajo el brazo.

Siempre le importó llevar a cabo lo que consideraba correcto, más allá de la victoria o la derrota.
Pudo observar en los hombres un germen del que carecen los dioses, lo soñó, fue por él y no pudo alejar las bestias de la especie.

Tuvo buena madera para la pluma; de no haber llevado la vida que llevó hubiese sido escritor dijo una vez; era muy bueno para narrar, tenía la pulsión necesaria, una prosa elegante y la irreverencia adecuada; escribió todo lo que pudo en los escasos momentos que su actividad se lo permitió: diarios personales, crónicas, discursos, memos, proyectos, polémicas, artículos para la prensa y leyó y estudió como un descosido aún en los lugares más inverosímiles.

Amaba la poesía aunque felizmente no hizo muchos intentos por escribirla; de algún modo la encarnó porque en poco más de una década hizo tanto como pocas palabras hacen dentro de un buen poema; además, no desconocía que el mensaje de una poética está cifrado también para las generaciones futuras.

Cuando cayó “Rolando”, uno de sus mejores hombres en Bolivia, el Che llevó a cabo un singular responso para el guerrero que yacía apelando a unos versos de Pablo Neruda.

En su mochila boliviana había libros, un cuaderno donde anotó los poemas que disfrutaba (hoy editado como el “Cuaderno verde del Che”, antología con 69 poemas de César Vallejo, Pablo Neruda, Nicolás Guillén y León Felipe) sus propios escritos y dos textos de León Trotsky, quien en 1925, en el entierro del gran poeta ruso Serguei Esenin dijo: “... a pesar de los pesares, ama la época que te toca vivir porque es tu patria en el tiempo”. Sin dudas un cruce de destinos y la poesía que los sujeta, como siempre hace ella.

En Cuba se lo venera por lo que fue pero también por lo que pudo ser; allí es un héroe legendario, legítimo, un pasaporte para el diálogo, un ícono pop -al igual que en el mundo- y ciertamente una necesidad de Estado.

El mercado lo ha convertido en una gran mercancía con potencia suficiente para vender cualquier producto; a pesar de esa operación de maquillaje, siempre derrama parte de su temperamento, y su figura inoxidable permanece mientras los otros, los camaradas, los enemigos, los amigos, los distraídos, los recién llegados, los adversarios, los admiradores y los colados, envejecen o mueren.

Ricardo Piglia dijo: “Que al final de su vida lo último que registre sea una frase que tiene que ver con la lectura, es como un oráculo, una cristalización casi perfecta”; sin dudas señala algo maravilloso que lo enaltece quizás más que la pose del guerrero; antes de ser asesinado en La Higuera, el Che le indicó a la maestra que lo acompañaba un error ortográfico en la frase que había en el pizarrón; “falta el acento” -le dijo- refiriéndose a la frase “Yo sé leer”.

Ni ángel ni demonio, ni el bronce ni el entero barro; simplemente un hombre excepcional que actuó y murió como entendió honradamente que debía hacerlo; no es poco a como va el mundo.
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miércoles, 10 de octubre de 2007

Dame la mano, Antípoda_Álvaro Menén Desleal

Álvaro Menén Desleal_Fotografía: Revista Cultural Alkimia





DAME LA MANO, ANTÍPODA

Darne la mano, Antípoda.
Tú, el hombre de ese lado;
yo el hombre de este lado.
Pudiente o proletario,
sencillo o complicado,
dame la mano.

Levanta la amarilla faz
del arrozal chino en que sudas tu pan diario;
deja la mina,
apaga tu incensario,
y en paz
dame la mano.

Que importe poco el mandatario,
el "leader", la creencia, y sé mi hermano,
Tu Buda, tu Sol, o tu Confucio
con mi Cristo
no son más que simbolismo
de un Dios Unico y Mismo.

Dame la mano, Antípoda...
Si acaso te desangras en suelo coreano,
arroja tu fusil, clausura la trinchera, y en paz,
tú, del Sur; o tú, del Norte,
dame la mano.
-Sin odios ni prejuicios tu mano de soldado
y mi mano ciudadana.

Yo sé que allá en la India
tus hijos mueren de hambre;
que en África del Sur los blancos son los dioses;
que el hule en Micronesia revienta los transportes,
y que el diamante ciega los ojos de los hombres.
¡Y cómo me obsesiona pensar que tú,
mi hermano,
bien puedes ser esclavo!

Dame la mano, Antípoda.
Por todo lo que somos
-por todo lo que callo-
dame la mano...
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jueves, 4 de octubre de 2007

Porque quiero tu cuerpo..._Blas de Otero

Fotografía: Blas de Otero, España






Porque quiero tu cuerpo...




Porque quiero tu cuerpo ciegamente.
Porque deseo tu belleza plena.
Porque busco ese horror,
esa cadena mortal,
que arrastra inconsolablemente.
Inconsolablemente.

Diente a diente,
voy bebiendo tu amor,
tu noche llena.
Diente a diente, Señor,
y vena a vena vas sorbiendo mi muerte.
Lentamente.

Porque quiero tu cuerpo
y lo persigo a través de la sangre y de la nada.
Porque busco tu noche toda entera.
Porque quiero morir,
vivir contigo esta horrible tristeza enamorada
que abrazaría, oh Dios, cuando yo muera.
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miércoles, 3 de octubre de 2007

¿Qué somos?_Corina Bruni

Fotografía:Corina Bruni_El Diario de Hoy, El Salvador

¿Qué somos?




¿Qué somos?
¿Somos solamente un suspiro
O somos viento?
¿Ceniza, barro, o eco de lamento?

¿Mensaje de esperanza que no dura,
Sombras o luz, o anhelo que perdura?

¿Somos espuma o gota de rocío,
Escarcha, nieve, o nube en el vacío?

¿Ciclón que estalla o forma remolinos,
Cálida brisa o llanto peregrino?

¿Somos acaso vuelo de gaviota,
Fulgor de estrella o trazo de ala rota?

¿Somos una canción o somos trino,
Reyes del mundo, o burla del destino?

¿Qué somos?
Si un instante no más basta
Para acallar la voz en la garganta,
Sin tan siquiera proferir gemido;
Si nuestro sonreír pierde su encanto
Al hundirnos en lo desconocido.
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