En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 5 de enero de 2015

DOS POEMAS DE GONZALO MAIRE

Gonzalo Maire, Chile




Imágenes puras. (El hombre horadado, Editorial Rove, 2013)

Un viento de pulmones incoloros asola las hojas más allá del horizonte
y como brújulas sin remedio, transitan entre desolaciones sin casa.
Largas tardes de iglesias marchitas me sobreviven como a una existencia arrancada de sí,
y en cada rostro oscureciéndose sin fin, desde dentro un grito sobresale,
excedido por todos lados de narcisos cubiertos de sangre,
espejos amarillos que nadie puede sostener.

A un sol que está de luto, conservo ojos de exterminio,
un retrato que va andando entre lámparas
por callejones aullantes de una madera podrida,
letreros profanados de cuerpos vencidos
por la furia, el lodo, el semen profundo de una amapola sin vida,
o unas golondrinas sin alas, que vuelan como ángeles difuntos,
o como una hebra entre la soledad,
que de cierta ternura, cierto modo de sufrir,
es una presencia hasta el fondo
y esculpe en su torso los funerales y canciones de toda la extensión que brotan sobre este mundo.

Al golpe de una gota, a la luz de una estrella,
bebo para mí, por mí,
solo,
moviéndome a penas, fatigado,
mientras que a mis espaldas un riachuelo ahoga mi sombra
con un vino de cuyas botellas una tristeza sorda muerde y mosquitos
ya sin vuelo,
y ciertas cosas también que un vagón detenido le roba a la noche.




Fatamorgana. (El hombre horadado, Editorial Rove, 2013)

Suprimido ser,
distante,
similares a los ladridos ásperos y averiados de un perro antes de morir, tristemente transparentes,
inconstante,
como una carne deshecha por la luz, o por arañas sin ningún encanto o como uvas mordidas por el sexo,
sediento ser,
cobarde, doliente, como una higuera concibiendo a gritos el invierno;
nadie sabe quién eres,
y caes,
y ruedas junto a mi nombre sin poder definirlo, recopilando el amor sin tocarlo,
infructuosamente,
como no se logra precisar el espanto y los mataderos de cisnes.
Lleno de dientes oscuros, de seducción infecunda,
de zorzales varados,
tulipanes
calientes,
cruzas el alma de un socavón, y partes en úteros las flores,
y eres la distancia del mundo.
Abandonado, te pareces a una simple calle ciega, débil, y correteas con tus párpados sus cenizas,
abandonado,
juegas a no ser nada,
extenuado de trajes sin medida, y joyas a lo alto de las iglesias,
el sexo que se abre sin piernas, flotando,
desintegrándose
con orgasmos de ángeles descoloridos, consumiéndose igual un arcoíris en un rincón
roto,
y las primeras raíces que amanecen en las abejas, después de una noche redonda,
anudan las arboledas secas,
y te pareces a esa preciosa imagen del mundo, al polen grueso de mis pensamientos,
a la claridad de las piedras,
a la sangre de las hojas.

Muslos con actitud de tijeras cortan la aurora:
otro amor,
una cama diferente,
y la noche se desangra desde dentro.
Secreto y herido, recalcitrante, dulce, se ahoga el tiempo con la historia,
y se deshacen los castillos en el cuello de las copas
que reducen tu ser a un puro y amargo movimiento de otoño en el vino.

Aves nocturnas se escuchan llorar,
a lo lejos,
traicionando sus propias creencias.