En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



jueves, 8 de septiembre de 2022

ALEJANDRA PIZARNIK: 50 AÑOS DE PRESENCIA/AUSENTE

Miguel Fajardo Korea



ALEJANDRA PIZARNIK: 50 AÑOS DE PRESENCIA/AUSENTE

 

Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica

minalusa-dra56@hotmail.com

 

(Costa Rica). Alejandra Pizarnik (1936-1972), a 50 años de su ausencia (1972-2022), su poderosa y desgarrada voz poética sigue creciendo en innumerables confines de la poesía. Con motivo del cincuentenario de su ausencia, he leído un maravilloso libro de dos de las más exigentes estudiosas e investigadoras de la obra de la Pizarnik. 

Cristina Piña y Patricia Venti. Alejandra Pizarnik.  Biografía de un mito. Madrid: Lumen, 2022: 428 pp. Libro dividido en cinco capítulos.

Entré en contacto con el universo poético de Alejandra Pizarnik, cuando el escritor argentino Marcelo Constanzó me envió el libro “Los trabajos y las noches, en 1981. Luego, durante mi visita a Buenos Aires, en 1988, encontré dos de sus libros en una venta de frutas “Árbol de Diana” y “Poemas”.

Luego adquirí dos textos: Ivonne Bordelois y Pedro Cuperman. Point of contact. Alejandra.  Syracuse University Press, New York, 2010: 227. En otro orden, el libro antológico de Ana Becciú. “Alejandra Pizarnik. Poesía completa (1955-1972)”. 10ª. reimp. Barcelona: Lumen, 2021: 470 pp.

La revista “Hojas de Guanacaste”, Costa Rica, en la portada de su número inicial (setiembre-octubre de 1982), incluyó el poema “Decido llamarte”, de Alejandra Pizarnik.  Posteriormente, en el núm. 5 (mayo-junio 1983:17-24), el poeta argentino Rubén Vela le dedicó el artículo “Alejandra Pizarnik: una poesía existencial”, e incluyó siete poemas de la Pizarnik.

Rubén Vela (+), José Antonio Porras (+) y Miguel Fajardo, fundamos la revista literaria Hojas de Guanacaste (1982-1984), durante un almuerzo de trabajo en el hotel “El Bramadero”, Liberia, Costa Rica, el 30 de julio de 1982, a las 11:20 a.m. Como testigos, su familia: Nina, Alejandra, Fernanda y Nicolás.  Ese día lo conservo en mi memoria con la emoción y la nostalgia del hacer, antes que el decir. Fue un proyecto espiritual, único. El auspicio y apoyo del diplomático y poeta argentino Rubén Vela fue increíble y será irrepetible.

En mi libro “Extensión del agua” (Costa Rica: Ministerio de Cultura, 1981: pp.21-22), le dediqué el poema “Alejandra Pizarnik” -que se incluye al final de este artículo-.  Asimismo, publiqué los artículos “Alejandra Pizarnik: la pequeña dormida”. Diario “La República”, San José, Costa Rica, 8-12-1981, p. 11, y “Alejandra Pizarnik: perseguidora de la noche”. Diario “La República”, San José, Costa Rica, 5-1-1991, p. 9 A. Además, tres de mis libros de poesía consignan epígrafes suyos.

El gran poeta argentino, Dr. Rubén Vela (1928-2018) la describe así: “¡Cómo era Alejandra Pizarnik a los 19 años? Menuda, no sobrepasaba el metro sesenta de estatura, usaba melena corta y un flequillo rebelde parecía no terminar nunca de acomodarse sobre su frente amplia.  Cejas espesas y firmes, nariz pequeña muy proporcionada en relación con su rostro (apenas ovalado) y marcado insistentemente por las huellas de un acné moroso que debía haberla torturado durante los primeros años de su adolescencia.  Su boca y sus labios finos y apretados, sin pintar. Iba envuelta en un sacón gris, sin forma, demasiado grande para su cuerpo; y salvo sus ojos brillantes, profundos, todo en ella pasaba inadvertido. ¿Pero sus ojos, Dios mío, esos ojos de Alejandra parecían abrirse en sorpresas desde un país lejano y distinto que solo a ella pertenecía! Sus ojos -que podían ser marrones claros o de pronto volverse verduscos- transformaban ese rostro gris, esas ropas demasiados grandes, esos zapatones desgastados, ese desaliño que en ocasiones era casi negación exterior y que, en muchos momentos cruciales de su vida, se transformó en un doloroso y patético abandono.

Pero de pronto, Alejandra se transformaba, adquiría una gracia distinta. Era cuando vestía “sus mejores mortajas de gala”, (como ella decía con su terrible y penetrante humor), pintaba su rostro e irradiaba felicidad” (Rubén Vela. Hojas de Guanacaste, Costa Rica. Número 5 (mayo-junio, 1983:17).

Alejandra Pizarnik ganó el Premio Municipal de Poesía de Buenos Aires en 1965. Asimismo, la Beca Guggenheim, en 1968, y en 1971 la Beca Fulbright, que no aceptó.

La gran obra de investigación de las dos talentosas y exigentes investigadoras ahonda en innumerables detalles de vida y obra de Alejandra Pizarnik (Argentina, 29 de abril de 1936; 25 de setiembre de 1972). Sus padres Elías Pizarnik y Rosa Bromiker. Dos hijas: Myriam y ella.

El documentado libro de las investigadoras y académicas Cristina Piña y Patricia Venti cita “cinco nombres para un mismo desamparo”: Buma, Flora, Blímele, Alejandra y Sasha. Cada uno utilizado en un contexto diferente.

Alejandra tuvo que enfrentar adversas condiciones corporales que la afectaron: gordura, acné, tartamudeo, asma. Padeció de escarlatina, miedo, angustia, desamparo, tristeza, adicciones, intentos suicidas previos, temores a lugares públicos, inseguridades, entre otras, de una serie de condiciones negativas que enumera el libro.

“Quiero lograr que la gente no me dañe. Es lo único que me impide vivir en paz” (Diarios: 6-1-1955:259). “Los libros serán mis únicos hijos, los únicos que deseo, los únicos que me corresponde entregar para embellecer un poco la suciedad de este mundo” (Papeles Pizarnik). “Afuera hay sol. / Yo me visto de cenizas”.

Su familia depositó todos sus diarios, cuadernos, borradores, textos inéditos, papeles y correspondencia a la Biblioteca de la Universidad de Princeton. Alejandra frecuentó los grupos culturales más importantes de Argentina.  Igualmente, tuvo acceso a un círculo selecto de escritores y artistas en París.

De ahí, entonces, que pueden citarse grandes y renombrados escritores y artistas de diversos países, con quienes compartió tiempo de vida cultural, entre ellos: Olga Orozco, Ana Becciú, Ivonne Bordelois, Rubén Vela, Juan Jacobo Bajarlía, Antonio Porchia, Antonio Requeni, Enrique Molina, Raúl Gustavo Aguirre, Elizabeth Azcona, Rodolfo Alonso, Antonio Beneyto, Octavio Paz, Victoria Ocampo, Julio Cortázar, Roberto Juarroz, Orestes Silva, Silvina Ocampo, Martha Moia, Alberto Girri, Édgar Bayley, Leda Valladares, Roberto Yahni, Edgardo Cozarinsky, León Ostrov, Jorge Gaitán Durán, Marguerite Duras, José Bianco, Fernando Noy, Juan José Hernández, Raúl Vera Ocampo, Arturo Carrera, Pablo Azcona, Antonio López Crespo, entre un lujoso etcétera.

Los 36 años de vida de Alejandra fueron intensos. Su obra así lo constata, a saber: La tierra más ajena,1955; La última inocencia, 1956; Las aventuras perdidas, 1958; Árbol de Diana, 1962; Los trabajos y las noches, 1965; Extracción de la piedra de locura, 1968; El infierno musical, 1971; La condesa sangrienta, 1971; Textos de sombras y últimos poemas, 1982; La Bucanera de Pernambuco o Hilda la Polígrafa, 1982.

Asimismo, se han publicado diversos compendios y estudios de la integral obra pizarnikiana, entre ellos: Poesía completa y prosa selecta, 1993; Correspondencia Pizarnik, 1998; Diarios, 2013; Nueva correspondencia Pizarnik, 2014; Prosa completa, 2016; Poesía completa, 2021.  Y un considerable número de ediciones de su obra, así como estudios sobre su obra en diversos países del mundo.

Las investigadoras sostienen que “Los continuos desengaños la condujeron al abismo” (2022, p.165). en otro orden, aducen que a Alejandra le costó “Reinterpretar esa incapacidad de hacerse cargo de su propia vida en lo material y la ubicación de su rebeldía en el plano de las convenciones laborales, sexuales, simbólicas” (p.244).

La selección de algunos poemas de Alejandra Pizarnik, ofrece algunas perspectivas de sus universos humanos y creativos, a saber:

 

1.     “alejandra alejandra

debajo estoy yo

alejandra”.

 

 

2.     “del otro lado de la noche

la espera su nombre,

un subrepticio anhelo de vivir,

¡del otro lado de la noche!

 

3.     “espacio de color cerrado.

Alguien golpea y arma

un ataúd para la hora,

otro ataúd para la luz”.

 

4.     “solo la sed

el silencio

ningún encuentro”.

 

5.     “Alguien entra en silencio y me abandona.

Ahora la soledad no está sola.

Tú hablas como la noche.

Te anuncias como la sed”.

 

6.     “he sido toda ofrenda

un puro errar

de loba en el bosque

en la noche de los cuerpos

para decir la palabra inocente”.

 

7.     “La muerte siempre al lado.

Escucho su decir,

solo me oigo”.

 

8.     “no

las palabras

no hacen el amor

hacen la ausencia”.

 

9.     “una mirada desde la alcantarilla

puede ser una visión del mundo”.

 

10.                       La última inocencia

Partir
en cuerpo y alma
partir.

Partir
deshacerse de las miradas
piedras opresoras
que duermen en la garganta.

He de partir
no más inercia bajo el sol
no más sangre anonadada
no más formar fila para morir.

He de partir

Pero arremete, ¡viajera!

En mi criterio, ella fue una oficiante.  En su universo interior existe un empeño de transformación y misterio; de concentración e intensidad, de angustia celebrada.  Es, por decirlo así, una convocatoria onírica, honda, traviesa, de patética inteligencia, de ternura y sueño, de conmoción.  Es el suyo. Un mundo de análisis, de contención y delirio, de experiencias y búsquedas.  No exento de la desolación y lo patético, es el de Alejandra un nudo de pérdidas y carencias, tanto es así, que la experiencia vital, incesante, es cauce para tratar de buscar una salvación, un asidero noctívago de silencio, soledad, vacío, amores y desamores o luchas.

En Alejandra, su actitud poética fue una vocación irrenunciable.  Los mundos secretos, inapresados, las galerías ocultas, desvestidas; el yo ejerciendo en forma plural; la voz de la memoria desgastándose, el temor de ser la otra, todo lo posible y lo imposible, la convergencia mandálica. Su caso tipifica una voz personalísima frente a las situaciones límites de la existencia, la vida, la soledad, la poesía, el existir poético.

La trágica muerte de Alejandra Pizarnik, el 25 de setiembre de 1972, hace medio siglo, cuando ingirió 50 pastillas de Seconal sódico, puso fin a su vida difícil y a su obra extraordinaria, en su departamento de la Calle Montevideo, de Buenos Aires. Ese suicidio significó su ausencia física, pero dio inicio al mito de Alejandra Pizarnik.

Un adaggio de Albinoni la había acompañado durante esos momentos. Dejó la angustiosa nota final: “NO QUIERO IR NADA MÁS QUE HASTA EL FINAL”.  En opinión de Piña y Venti, “había entendido, definitivamente, que la palabra no es patria ni refugio sino la intemperie y la desolación” (p. 403)

Asimismo, su obra literaria sigue acrecentándose. El libro de Piña y Venti contiene un documentado registro de 107 entradas de bibliografía crítica, así como 43 entradas de referencias con textos de Alejandra Pizarnik.

En criterio de Cristina Piña, el material aportado por este libro “nos sitúa frente a una nueva Alejandra, mucho más compleja, desgarradora, entrañable, transgresora e insufrible que la que conocíamos hasta ahora” (Piña, 2022: 15).

Por su parte, Patricia Venti manifiesta que “En mis investigaciones sobre su biografía “atormentada y conflictiva”, para algunos, y “genial y transgresora”, para otros, me he topado con mucho secretismo, eso sí, procurando cubrirlo todo bajo un manto de idealización, admiración y reverencia en torno a su persona” (Venti, 2022: 23).

         En mi libro “Extensión del agua”. (Costa Rica: Ministerio de Cultura, 1981: pp.21-22), le dediqué el poema titulado “Alejandra Pizarnik”. 

 

ALEJANDRA PIZARNIK

      Por: Miguel Fajardo

                           (Costa Rica)

Lejos estoy en el vuelo de la alondra

con tu labio que retorna,

porque el dolor

que tenemos es un dolor de todos,

en la sangre de lo raro,

en la luz de las raíces

donde tu labio brilla

más allá de las magnolias.

Compañera de la brisa

en las estaciones del sueño.

Voz de alga

desnuda entre el abrojo.

Compañera de todos

a partir del idioma

de tu Árbol de Diana,

La tierra más ajena,

Las aventuras perdidas,

y La última inocencia

de Los trabajos y las noches.

Tu silencio huela a viento,

a condesa sangrienta,

a sueño traducido,

a espejo de miedos,

a pequeños fuegos

donde Dios nos sigue

con voz desconocida.

Alejandra, amor de vino,

rostro inocente en el silencio de las voces,

las espumas de lo puro,

las heridas de la lluvia.

Alejandra, lo voy sabiendo

               desde ahora que hoy es

                            nunca

y que en este       nunca

te voy buscando.

          A 50 años de su presencia/ausente, Alejandra Pizarnik sigue iluminando la poesía del mundo.  Mi hija Saray Alejandra lleva su nombre, en su honor. Desde Costa Rica la seguimos leyendo y admirando, porque no se puede “explicar con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome” (A.P.)



 

 

jueves, 1 de septiembre de 2022

La narrativa de Héctor Chavarría sobre el “Suicidio urbano”

 

Miguel Fajardo Korea


La narrativa de Héctor Chavarría sobre el “Suicidio urbano”

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural

minalusa-dra56@hotmail.com

        

(COSTA RICA).- Héctor Chavarría Carrillo nació en Santa Bárbara de Santa Cruz, Guanacaste, Costa Rica, en 1948.  Estudió en México. Es arquitecto urbanista. Director del primer plan urbano de San José y de Alajuela, del plan regulador de Isla Caballo, del plan maestro de Ecodesarrollo Papagayo, del plan paseo museo Paseo Colón-avenida central, del plan museo ingreso, tanto en Liberia como en Santa Cruz.

Ha publicado nueve obras de narrativa (1986-2022), tanto en cuento como en novela, a saber: “Tierra de hombres sin hombres”, 1986; “Los tugurios están de fiesta”, 1990; “Ballena”, 1999; “Demetrio Torres comandante del universo”, 2002; “Ojos urbanos”, 2003; “El día del silencio”, 2008;” Tengo sed”, 2018/2021; “Suicidio urbano”, 2021 y “Provincia potranca”, 2022.

La narrativa de Héctor Chavarría Carrillo aborda temas atinentes con su especialidad profesional. Algunos de sus títulos manifiestan una clara preocupación por dichos ejes: tugurios, Ojos urbanos, Provincia Potranca y, ahora, este Suicidio urbano.

Chavarría Carrillo, Héctor. Suicidio urbano. San José: BBB Producciones, 2021: 274. Portada: collage fotográfico del autor. Editor: Habib Succar.  La novela consta de 34 capítulos.

En el proemio se lee una especie de hipótesis narrativa “Hoy vi un hombre amando al Globo divino, haciendo al hombre, vi a un hombre haciendo ciudad” (p. 6).

En el primer capítulo, el narrador reflexiona sobre su lugar en el universo “Voy y vengo, de dónde y hacia dónde, no sé, soy producto energético viajando por ondas (…) Dónde y hacia dónde, voy y vengo, quién sabe. Cómo nací y por quién y quiénes (…) Aquí estoy viendo pasar el tiempo o el tiempo viéndome pasar, tal vez observando océanos grises que navegan orondos este ingrato ser (…) Algo anda mal (…) existirá algo peor a este espacio carente de diseño, antítesis del respeto, dignidad y solidaridad, criatura de la sin razón, trillos temblorosos que comen senderos inciertos, donde el norte de los recuerdos perdió la brújula” (pp.7-9).

Es decir, el narrador plantea una serie de cuestionamientos existenciales sobre la grandeza del universo, para sentenciar que “Algo anda mal” y la voz narrativa responde “existirá algo peor a este espacio carente de sueño” y de ahí en adelante, la novela abordará el suicidio urbano con corpus discursivos que denuncian la falta de voluntad política y de visión por parte de quienes tienen el poder de las decisiones y la responsabilidad sobre el diseño y ejecución de verdaderos y coherentes planes de regulación y diseño urbanos.

“Aquí empieza el hecho arquitectónico y urbano, grupos habitacionales repetidos a lo largo y ancho, asientan comunidades humanas ajenas a economías y propiedad privada” (p. 24). Y a partir de dicha aseveración, la hoja de ruta narrativa censura los pésimos diseños que se han realizado en la GAM y otros sitios del país. “El conocimiento urbano es viaje ida y vuelta, pasado y presente, come totalidad, empieza aquí o allá.  Hoy quiero empezar en el mero centro del espacio mesopotámico, le llaman Centro Histórico, delimitado por el Torres y María Aguilar, límites ribereños borrados y encementados” (p.35).

Así da inicio a la enumeración de una serie de falencias estructurales: “el urbanismo debe ser matrimonio con la arquitectura, debe ser expresión máxima de amor puro e integración hacia el medio natural, espacios abiertos dejando pasar el aire, pensamientos, luz” (p.50).

La crítica del narrador es fuerte cuando aduce “el edificio sede de la Asamblea Legislativa, verdadero mamotreto, perdón que cosa más cabrona, sin nada de nada, insulto máximo a nuestra sociedad” (p.51).  “Al sur del Parque Nacional toma asiento La Corte, tres edificaciones frías, cuadradas, sin diseño” (p.53).

El Espavelar, donde se refugia el narrador para respirar aire, también es motivo de crítica “Espavelar, pueblo llanero, comió gloria hace apenas setenta años, por qué entonces, pregunto. Apenas cae el gallinazo, inicia su desastre desastroso. Botan aquel gigante vegetal para poner cables eléctricos, nublando cielos pamperos, perdiéndose esa biblioteca soñada sin tiempos ni edades, absurdos cables por gallinazo y aquel maravilloso mundo espacial, brutal cambio” (p. 64).

“El Espavelar antes mágico, amigo de frases alegres incluido verbo picante, hoy desgracia comunal, El Espavelar y Santa Cruz deben dar mucho más a tal de revertir su paso, hay pasado glorioso a reivindicar”.

¿Cuándo se nos jodió San José y arrastró al resto del GAM y a nuestro país entero?” (pp.88-89).

El narrador enuncia escenarios posibles en la novela “Ellos ricos internacionales habitan los Parques Nacionales, mientras la raza empobrecida traga tugurio metropolitano. Gates construye mansión en el Irazú, Trump juega golf alrededor del Poás y así esa pandilla indecente construye mansiones allá por Corcovado, Palo Verde, Santa Rosa, Tenorio y demás Parques Nacionales, ahora convertidos en condominios consumiendo baja densidad” (p. 99).

La novela de Héctor Chavarría Carrillo realiza un recorrido textual por innumerables lugares de la geografía costarricense, en una perspectiva crítica constante, denunciadora de inconsistencias con la planificación urbana, con los diseños urbanísticos y con la desaparición de los entornos naturales de manera irracional y sin estudios serios.

El siguiente texto enfoca directamente al Teatro Nacional “Esta Ciudad Metropolitana perdió sonrisas diarias y así comunicación. Sin palabras, ni imaginación y sin creatividad, se vaga en sopas grises de la nada existencial. Y aunque es cierto en la era de aquella Tacita de Plata construyeron edificaciones valiosas fueron destruidas. Así de fácil, fuimos un país sin guerras, mas bombas humanas arrasan nuestro poco patrimonio” (p. 125). “San José entra al desmadre mayor.  La Tacita de Plata navega oscuros recintos pasados, reposa ajena a recuerdos. El anti desarrollo cubre valle meseteño, colinas enteras caen” (p. 136).

En el capítulo XX aparecen en su discurso los galácticos, mediante un interlocutor.  Su inclusión es un contrapunteo entre lo terrestre y los galácticos, por medio de un sistema de oposiciones muy marcado. “Aquellos marcianos ubicados en algún lugar del espacio sideral a fin de recibir capacitación, ahora transformados, son remitidos al Planeta a fin del rescate” (p. 129).

Por lo contrario, el narrador censura “Hoy las curvas en arquitectura y urbanismo transitan extinción, viva ese cabrón diseño digital, copias viles, copias cuadradas, aburrimiento descarnado” (p. 135).

“El centro marciano hace círculos, repito núcleo central y capas, cuatro franjas, juntos núcleo y capas miden mil doscientos cuarenta y tres kilómetros; lo restante es franja aislante y luego nuestra área habitable, después existe otra capa, ubicada antes del exterior planetario, el hoy desierto marciano” (p.149-150).

En otro momento el narrador aduce “A cierto recelo observo, tiro un vistazo general, era una larga sabana ondulada, transportando once pasajeros, desprovistos de nada, caminan sin cargas, ellos solos y su don energético. Caminan desprovistos de celulares, computadoras, tabletas y demás pendejadas humanas” (p.49).

En ese viaje dinámico desde la tierra hasta Marte “Recorreremos cuatro mil setecientos kilómetros ondulados asiento de nuestro diario convivir marciano (…) Marte tiene kilometraje modesto, apenas mayor a Mercurio, planeta caliente, hay tanto fuego calorífico que los cuarenta grados de tu Provincia Potranca es un chiste” (p.150)

La novela se permite inclusiones de la historia local de Guanacaste como la que dedica al Partido Confraternidad Guanacasteca y a la figura de su líder, el Dr. Francisco Vargas Vargas (1909-1995) que puede leerse en las (pp.151-152).

Asimismo, se sitúa en los escenarios litorales “El litoral costeño huele a apetito comercial, después del dominio turístico “La costa entera inicia nueva violación, nuestro litoral, bello y virgen come asedio de amantes de oscuras intenciones” (p.161). “al meter concesiones logran privatizar nuestro litoral y venderlo al más mal postor (…) Planes carentes de paseos peatonales arbolados, sin sorpresas ni remates enjuagados de playa, vil comercio asqueroso. Cómo se parecen estos planes al edificio de la Asamblea Legislativo, cero neuronas utilizadas para su diseño.  Machotes, viles machotes destruyendo nuestra bella costa.  Entrega cabrona de playas vírgenes, que antes fueron nuestras y ahora destruidas ya no (…) gracias a esa vil entrega nuestro mar desaparece tapado por horripilantes construcciones, solo pinches portillos dejan para ingresar” (pp.162-163).

El narrador es incisivo en su censura “lo malo es la nula planificación urbana y esta brutal carencia de integración con esa importante masa verde y que ríos cloacas vacío en inmundicia en sus blancas vastedades verdes” (p. 164).

“En Guadalupe estrenan centro comercial, metros arriba de Los Incurables, moda internacional copiada (…) Los centros comerciales son parqueos y cuadrados comerciales modositos pegados uno a otros, sin duda una cárcel dedicada al comercio” (p. 166).

En una parte de la novela, el narrador se muestra optimista con alguna propuesta, aún en proceso de algún proyecto, quizá utópico “Se plantea una gran ciudad regional metropolitana, que preserve e integre nuestro recurso natural existente, solucione deficiencias actuales y proyecte nuestro desarrollo futuro regional, creando una ciudad amigable, sustentable, integrada al entorno natural, bella, tropical y muy nuestra donde nuestra cultura nacional encuentre espacios-ágoras para su realización plena y en ella el costarricense sienta orgullo de contar con un núcleo urbano que sea ejemplo de convivencia plena”(p. 218).

En el espacio dialógico se lee: “Amigo marciano, urbanismo y arquitectura vomitan miseria en la antes esfera azul.  Vagamos sin ir ni venir, viajar supremo es dar y recibir, allá ni uno ni otro. Nuestra Esfera Azul, La Tierra pues es un Planeta bello todavía a pesar del ser humano, pero fue infinitamente mucho más bella, tiene rincones que muestran pinceles mágicos y también tiene entornos urbanos valiosos integrados a ese supremo recurso natural, pero son ejemplos sin cubrir totalidad.  Hay ciudades manifestando conjuntos urbanos de calidad, integran ríos, bahías, cerros y demás componentes naturales, pero son solo partes, la gran mayoría del territorio urbano demuestran anti diseño y desequilibrios odiosos” (p. 225)

Ese cuerpo textual es una especie de archivo radiográfico de la realidad espacial que aborda la novela de Héctor Chavarría Carrillo, que concluye de la siguiente manera:

“Despierto, siento mi cabeza partida en dos hemisferios, el real, un demonio suelto, el soñado, luces boreales de mágicos colores.

Muevo anatomía y siento que he soñado.  He soñado que soñé, cansado de transitar veredas sublimes me volví a dormir.

Volví a soñar que había soñado.

¿Qué?

Soñé soñando.

¿Qué?

Eso” (p. 274)

La voz narrativa del Arq. Héctor Chavarría Carrillo es la de una propuesta crítica, señaladora de equívocos, que exige un replanteamiento correctivo, a partir de su narrativa incisiva, en aras de proponer cambios que vayan en beneficio de las colectividades. Nueve obras narrativas a lo largo de 36 años de producción literaria (1986-2022), son el mejor testimonio de su preocupación por el ser humano desde su visión holística.

También ha publicado artículos y comentarios sobre diversos temas en diferentes medios de comunicación. Sé que su voz no cejará en su objetivo terminal de seguir promoviendo estrategias discursivas, para que sus lectores reflexionemos, y tomemos conciencia de que su narrativa significa una puerta de entrada, para mejorar la condición humana en los espacios abordados con la incisión de su ojo crítico para mejorar integralmente, entre todos.





martes, 30 de agosto de 2022

Cañas Dulces, historia local desde la perspectiva de un humanista

 

Miguel Fajardo Korea



Cañas Dulces, historia local desde la perspectiva de un humanista

 

 

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Educación Mauro Fernández

         minalusa-dra56@hotmail.com

 

 

 

La identidad de un pueblo se fragua cada día y, en ese proceso histórico, cada miembro de la comunidad, como sujeto cultural, es corresponsable de su construcción. Somos del lugar donde nacimos, o bien, pertenecemos al sitio que deseamos.

         Los habitantes del distrito de Cañas Dulces de Liberia, se verán reflejados en esta obra, pues recupera la historia local de esta hermosa comunidad, lo cual permitirá un acercamiento para conocer y construir un mejor futuro, desde el presente en el pasado. Su posible creación data de 1648, aunque el poblado como tal, se comienza a nombrar alrededor de 1810.

Es importante que un pueblo, en este caso, Cañas Dulces, se conozca, se redescubra y se autodefina, porque nadie defiende lo que no conoce. Y, de esa manera, forjará su proceso identitario.

         El gran educador y humanista, Lic. Juan Rafael Ramírez Alvarado (1939-2020), dejó un legado imprescindible para su amado pueblo. Historia de Cañas Dulces. (Guanacaste: Círculo y Punto Ediciones. 2022:110).

Imagen de la portada de Neldys Ramírez Vásquez. Igualmente, 34 fotografías, aportadas por el autor, Rolando Alvarado, Dionicio Méndez, María Concepción de la O, Ana María Vásquez, el Colegio Académico de Cañas Dulces y Neldys Ramírez Vásquez. Destaco, asimismo, el gran trabajo de Círculo y Punto Ediciones, que dirige acertadamente el escritor Soren Vargas.

         El Lic. Juan Rafael Ramírez Alvarado tuvo una intensa y dinámica vida. Su brillante apostolado educativo, su vocación altruista, como líder comunal, en favor del servicio integral por convicción, lo distinguen como un ser absolutamente humanista, en favor de los demás.

         Los seis capítulos del este libro sobre la “Historia de Cañas Dulces”, se apoyan en 13 entradas bibliográficas y significan un insumo investigativo y cultural de gran importancia para el conocimiento de la historia local de este pujante distrito de Liberia, Guanacaste, Costa Rica.

         Cañas Dulces registra 243,67 km2 y una población de 4000 habitantes. El libro fue escrito con gran pasión, emoción y compromiso espiritual. En él destacan los elementos geomorfológicos, los escenarios fundacionales, la evolución histórica y una infinidad de detalles que tornan su lectura muy amena e instructiva.  Destacan las diversas luchas comunales por el mejoramiento obtenido que hoy presenta Cañas Dulces. 

En una lectura lineal de la historia de este distrito, la figura del Prof. Juan Rafael Ramírez Alvarado destaca, con gran ventaja, porque fue, sin duda, un protagonista estelar, junto con otros líderes, para forjar el progreso que hoy experimenta Cañas Dulces.

Es decisivo que las nuevas generaciones conozcan las intensas luchas que libraron líderes cañadulceños para la consecución de los servicios comunales que disfrutan hoy, a saber: el alumbrado tradicional, el servicio eléctrico, la cañería, el cementerio, el telégrafo, la telefonía, el asfaltado, la clínica de salud -Ebáis-, el CEN-CINAI, el kínder, la delegación policial, el colegio, el salón comunal, el parque, el campo ferial, la plaza de futbol, el parque infantil, el servicio de buses para trasladar a estudiantes a colegios diurno y nocturno de Liberia, entre otros.

El libro ofrece una historia de la procedencia de las primeras familias de Cañas Dulces, con una gran cantidad de detalles valiosos para el conocimiento de ese insumo cultural.

En el capítulo IV, dedicado a la Educación, el Prof. Juan Rafael Ramírez Alvarado formula un detallado marco evolutivo. Por ejemplo, que el primer maestro pagado por el pueblo fue Gregorio de la O Méndez, con un sueldo mensual de ¢15. Luego llegaron dos maestros pagados por el gobierno. Brinda un listado de distinguidos maestros que trabajaron en la escuela. El estandarte y la letra del himno de la escuela fue un aporte del educador y poeta Adalberto Meza Venegas. La música estuvo a cargo del educador y escritor Medardo Guido Acevedo. Por su parte, el Colegio de Cañas Dulces abre sus puertas el 1 de febrero de 1999 con 115 estudiantes.

El capítulo V aborda las costumbres y tradiciones, algunas ya no se realizan, pero el libro hace un recuento de ellas, como un aporte para el conocimiento de la historia local cañadulceña. Incluye manifestaciones en relación con la religión, la agricultura, la ganadería, las comidas, los juegos tradicionales y de entretenimiento, las diversiones y las fiestas, las bebidas y la vestimenta.

Disfruté la lectura acerca de las pequeñas industrias caseras, refiere la elaboración de jabón y candelas de cera, cuyo costo era de ¢0,05 y ¢0,10.  Hace ver que las rosquillas se vendían a tres por ¢0,05 y eran tan grandes, que podían meterse en el brazo como una pulsera.

El Lic. Ramírez Alvarado aduce: “los niños de esa época jugaban en los patios de las casas (…) Imaginaban el contexto y usaban lo que les ofrecía la naturaleza (…) los niños han perdido ese contacto con la naturaleza y el compartir con otros en ambientes abiertos” (p.71).

El humanista y educador Juan Rafael Ramírez Alvarado, siempre se sintió orgulloso de haber nacido en esta tierra.  En la narrativa de su libro, expresa con alegría: “Dentro de su belleza escénica se puede contemplar los cerros de Cañas Dulces y de San Roque y de fondo el volcán Rincón de la Vieja. Posee, además, llanuras dignas de admirar y de gran belleza como el río Ahogados, poza Los Coyotes y el río Tizate” (18).

En otro apartado del texto, reafirma: “Cañas Dulces posee una belleza escénica inigualable al estar rodeada de dos cerros y del volcán Rincón de la Vieja (…) Todos estos elementos se integraban a la riqueza paisajística del lugar” (p. 97).

La investigación de la historia local de Cañas Dulces, realizada por el educador y humanista, Lic. Juan Rafael Ramírez Alvarado significa un invaluable legado, que marca una cruzada cultural para que los cañadulceños conozcan su pasado y se sientan orgullosos de sus raíces, en aras de continuar con la senda del desarrollo integral de este importante distrito.

Bien lo dijo don Juan Rafael: “Cañas Dulces requiere de personas preocupadas por el desarrollo del lugar, que defiendan los intereses de todos y que luchen en conjunto por un lugar que los ha visto crecer y los ha arrullado desde el seno materno. Meditar que este pueblo les ha ofrecido oportunidades gracias a líderes que en el pasado no pensaron en ellos mismos y en su beneficio, sino que buscaron un futuro mejor para todos” (pp.101-102).

Y, consciente de su contexto de luchas, asevera en su libro: “Dejo esta investigación como un legado para las futuras generaciones.  Esto no posee la finalidad de vivir de un pasado idílico, por el contrario, es para no cometer los mismos errores, mejorar las luchas que se han realizado y fortalecer el futuro” (p. 102).

En síntesis, el libro “Historia de Cañas Dulces” es un documento estelar para estudio y consulta de la historia local de esta comunidad. Agradecemos a su distinguida familia, liderados por su hija, la académica Neldys, Ramírez Vásquez, los esfuerzos para la publicación de este libro, porque paralelamente, aportan al conocimiento y redescubrimiento de la historia integral del Guanacaste eterno que amamos.

En numerosas luchas, proyectos, acciones y realizaciones aquí esbozados, la figura del destacado humanista y educador, Lic. Juan Rafael Ramírez Alvarado destaca, con gran ventaja, porque él supo ser protagonista de la historia de su pueblo, y no un simple observador de ella.  Lo hizo con gran espíritu filantrópico y por convicción, en aras del mejoramiento integral de su amado Cañas Dulces, para beneficio de las generaciones anteriores, de la actual y de las venideras.

Por lo anterior, nuestra gratitud y reconocimiento in memoriam al Lic. Juan Rafael Ramírez Alvarado. En él aplica, con plenos merecimientos, el pensamiento reflexivo del escritor alemán Bertold Brecht (1898-1956):

“Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos.  Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.




domingo, 28 de agosto de 2022

El Guanacaste: Árbol Nacional de Costa Rica desde hace 63 años

Miguel Fajardo Korea



El Guanacaste: Árbol Nacional de Costa Rica desde hace 63 años


Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural

 

 La identidad, del latín identitas, es el conjunto de los rasgos propios de un individuo o de una comunidad. Esos atributos caracterizan al sujeto, o bien, a la colectividad como un distintivo de los demás. En ese sentido, la identidad es conciencia, construcción socio-histórica, por lo tanto, merece respeto.

Durante la Administración de Alfredo González Flores (1914-1917) se firmó el Decreto Ejecutivo Núm.14 del 25 de mayo de 1915, donde estableció la celebración del Día del Árbol (15 de junio), desde hace más de un siglo se conmemora dicha festividad ambiental.

Posteriormente, el gobierno de Mario Echandi Jiménez (1958-1962), declara el Guanacaste como Árbol Nacional, según el decreto 7, del 31 de agosto de 1959, con base en una iniciativa del periódico “La Tribuna”.

Entre las razones para dicha declaratoria como Símbolo Nacional, se tomó en consideración, rendirle homenaje a la provincia de Guanacaste, por el hecho histórico-político de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica (25 de julio de 1824); asimismo, se ponderó que la enorme sombra del árbol de Guanacaste, semejaba la protección que el Estado brindaba a los costarricenses.

El árbol de Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum); Jack Gryseb, integra la familia Fabaceae. Su etimología proviene de dos palabras del náhuatl: quauh, árbol y nacastli, oreja, que significa árbol de la oreja, pues semeja las orejas humanas, con sus vainas duras, de color café brillante. Por extensión, es un árbol que oye, escucha, habla, conoce y reflexiona sobre las injusticias del llano.

"... más de un siglo en el lugar donde hoy existe la pintoresca ciudad de Liberia un frondoso árbol de Guanacaste era albergue -de día como lugar de sesteo, y de noche para dormir- a un numeroso rodeo de ganado vacuno, del que pastaba en los extensos llanos inmediatos con inquebrantable disciplina, durante el día y la noche todos los días sesteaba y dormía bajo el ramaje de aquel Guanacaste que solitario y dominante estaba en aquel paraje calcinado por el Sol y apaciblemente alumbrado por la Luna" (Francisco Faerron Suárez, "El Guanacaste Árbol Nacional". Diario de Costa Rica (San José, 27 de setiembre de 1959, p. 4).

Recomiendo la lectura del capítulo I (pp-11-21), del libro “Liberia, Guanacaste y sus orígenes”. (San José: Lara & Segura, 2016: 392), del Lic. Ronny Pizarro Méndez, quien presenta una reseña del árbol de Guanacaste.  El Lic. Ronny Pizarro y su hijo, el Lic. Francisco Pizarro, sembraron un árbol de Guanacaste, en el parque de Liberia, el 25 de julio de 1983, para rememorar el entorno del sitio histórico.

Igualmente, se puede consultar el breve artículo sobre el árbol de Guanacaste, en mi libro “Perspectivas muralísticas sobre la historia de Liberia”. (San José: CoopeAnde, 2016: 35), donde en las pp. 22-23 cito algunos datos importantes sobre el árbol nacional.  La edición electrónica del libro precitado puede consultarse gratuitamente en el enlace www.coopeande1.com

 

En el año 2005, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) otorgó el Premio Árbol Excepcional, al árbol de Guanacaste, ubicado en el parque ecológico Héctor Zúñiga Rovira de Liberia. Entre los considerandos de sus características físicas para conferirle dicho galardón, se adujo: “amplitud en su copa de 44 metros, 5,20 metros de circunferencia, 40 metros de sombra y 15 metros de altura” (INBio.ac.cr 2015, párr.5). La edad de dicho árbol sobrepasa los 100 años. 

El árbol de Guanacaste es inconfundible: “Símbolo de estabilidad y crecimiento, irradia pujanza a su alrededor, elegante la silueta, resistente al viento, solemne, poderoso, el Guanacaste cautiva a primera vista con su copa vasta, redondeada, en forma de sombrilla” (Decreto Núm. 7, 31-8-1959).

Está claro, entonces, que el Guanacaste es un árbol nación, un árbol territorio. A pesar de ser uno de nuestros Símbolos Nacionales, desde hace 63 años, su imagen auténtica se ha venido utilizando de manera equivocada y descuidadamente, lo cual es un atropello contra la identidad, tanto provincial como nacional. Creo que es hora de corregir tan frecuentes errores, al confundirlo con otro.

El árbol de Guanacaste tiene un garbo especial. No estrangula; no mata a los árboles hospederos, pues no necesita de ellos: es independiente.  Su copa es alta e irregular. Las hojas son menudas, se cierran durante la noche. Su sombra es dispersa. Sus vainas son aplastadas y enroscadas. Su corteza es grisácea con diámetros sumamente considerables. El Árbol Nacional de Costa Rica le da nombre a la provincia de Guanacaste, que registra 10 141,78 km2 y 404 774 habitantes (2022).

El Guanacaste, Árbol Nacional, completa la historia.  Es el árbol de orejas con la verdad sin entreguismos. Sus orejas guardan el grito Varguista. Han sido testigos de las luchas contra los filibusteros y del arrojo que alcanzó el Batallón de Moracia, al mando de Tomás Guardia, durante la Campaña Nacional (1856-1857). Ellas guardan, sin olvido, el despojo peninsular de 1915. Esas orejas escuchan y oyen, pero no olvidan.

 Es un árbol gigante, de libertad extendida. Se planta en media calle, en barrio Condega, en Liberia, como emblema y desafío, en el tiempo de las raíces contra el descuido. Es un pedestal en el tiempo de los trípodes para reconocer la geografía de un Guanacaste no ajeno, que protesta contra las injusticias del llano y contra quienes quisieran venderlo, o bien, entregarlo, por unos dólares o euros que asedian.

En ese contexto, deben corregirse los inaceptables usos identitarios, relacionados con la figura emblemática de dicho símbolo nacional, pues lo confunden profusamente con el árbol de Matapalo (Ficus crocata; Ficus Golmanii), familia botánica: Moraceae. Más lamentable aún, he visto dicha distorsión y descuido en diversos medios de prensa tanto nacionales como regionales, así como en las pautas publicitarias con motivo del mes de la Anexión del Partido de Nicoya. Ojalá prive la identidad, antes que la pauta publicitaria errónea.

 Ya es hora de que muchas instituciones estatales y privadas, coloquen la imagen del Guanacaste, verdadero Árbol Nacional de Costa Rica, en sus logotipos y membretes; igualmente, en los íconos de muchas páginas digitales. Si no supieran cómo hacerlo, deberían abstenerse de utilizarlo. Le harían un gran favor a la identidad de nuestro árbol.

En el aniversario 198 de la Anexión (unión, incorporación, agregación) del Partido de Nicoya a Costa Rica, se torna imperativo recordar que el Guanacaste es el Árbol Nacional de Costa Rica desde 1959, y debe dársele su innegable lugar, sin ignorancia. Audiovisuales de la Editorial Estatal a Distancia acaba de dar a conocer el documental “El árbol que escucha”, dedicado al Árbol Nacional de Costa Rica: el Guanacaste.

Este artículo tiene como finalidad la retoma de conciencia de confrontar lo nuestro de siempre con otros aires: los de la lealtad y el compromiso por esclarecer la verdad ineludible.  Nadie defiende lo que no conoce, por ello, esta entrega pretende concienciar, en relación con el verdadero símbolo de Costa Rica: el árbol de Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum).

          Árbol de Guanacaste, parque ecológico Héctor Zúñiga Rovira, Liberia (MFK)

Incluyo mi poema El cielo Quauhnacaztli, publicado en mi libro “Casa Guanacaste” (San José; Uruk, 2013: 106).

 

Tus hojas

alcanzan la historia.

El cielo Quauhnacaztli,

árbol de orejas

con la verdad total, 

sin entreguismos.

Tus cortezas

guardan el grito Varguista

de la Patria Regional.

Gigante

de libertad extendida

como pararrayo centenario.

Te plantás

en media calle

como emblema y desafío

en el tiempo chorotega

de las raíces

contra el olvido.

Enterolobium cyclocarpum,

pedestal en el tiempo

de los trípodes

para reconocer

la geografía

del árbol nación,

del árbol territorio,

del árbol chorotega

contra las injusticias del llano.

Nos asimos de vos

para sabernos vivos

en esta pampa

que amarra

los pies Amatecuauhuitlnacaztli,

en el “Hallazgo conspirador” de tres gritos:

-silencio, despertar y esperanza-.

 MIGUEL FAJARDO