En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



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sábado, 24 de octubre de 2015

TRES POEMAS DE JUAN CALERO

Poeta Juan Calero




POEMAS DE JUAN CALERO


TESTIMONIO DEL SOLDADO DESERTOR

A los estigmatizados y humillados de por vida, en las UMAP

Un día me negué a que el fuego ardiera por el resto de mi vida.
Y fui olvidado, como se olvida tarde o temprano a los héroes.
No es posible latir, como otro madero cualquiera, sin ritmo
o mejor digo, con el mismo ritmo de otro madero cualquiera.
Primero amanecemos en el brocal para luego tallar los tuétanos
donde los pinos inventan su mito entre tanto ruido.
Una razón se sienta tras el eterno cadalso
donde nadie pregunta, ni se explica.
Las razones no mueren en los cementerios,
reclaman
la techumbre por donde escapar del silencio.
He dormido en barracones, en el suelo,
entre tantos otros
apilados en hogueras, cuerpo con cuerpo, por frío.
Y nos saltamos la penitencia
en aquellos campos olvidados por los sueños.
No por ello fuimos héroes, ni mártires,
cada adversidad reta un nuevo milagro.
Solo inocentes.
Y ofrendamos nombres a náufragos cotidianos
y aceptamos como fósiles las derrotas
entre amigos que se ocultan y se privan
y alguna vez recuerdan
el regreso a donde nada queda por hacer.






FRENTE AL PAREDÓN DE FUSILAMIENTOS


Hoy es buen día para morir, pero por favor, no me ahorquen.
Permítanme la cursilería de ser feliz, al centro de un altar sin imágenes.
En este instante de alas perdidas, para qué soñar
con ojos verdes que nunca me han amado
y no sentirán ningún escalofrío tras el chasquido de huesos.
He visto caras sin amparo, tan ateridas, como las vuestras
tras el conjuro derrotismo de las indecisiones.
Para detener un sueño es fácil volver el rostro.
Y lo volverán, hartos de contar segundos
sin pálpito de estertores.

Yo, el usurpador de tronos, amante de dioses extraños
he de confesarme.
Merece llevarse uno mismo a cuestas
la misma travestida historia de la historia del hombre.
Asomarnos a cualquier resquicio por pasillos repletos de nube
desde el nacimiento hasta el luto en cada ausencia.
No soy mas culpable que cada uno de ustedes
en esta cruel imitación entre unos con otros.
Para que no muera la luz
dejaré las manecillas del antiguo reloj. Y la cuerda rota.
El prodigio rompiendo la caja oscura al recuerdo
y la choza sin espejos donde yace la fábula de mi timidez.

Que sea mi último momento, si en verdad no abrazo palomas
tras la insistente celebración por no haber vivido
las ausencias que provoca un espantapájaros.
Al final, me asesinarán, y me dan lástima
por miedo. Claro que tengo miedo. Igual que ustedes
aunque después prosigan en la taberna comentando necedades.
Nadie es dueño de la libertad para incinerar
las galas del títere sin alma
en el asidero donde hasta mentir tiene su precio.

En este momento, solo se viven los presentes.
No merezco mas castigo que la aldaba por reproches
ante el delirio de la piel.
Si ya no creo en el hombre,
me aferro a Dios, como cualquier ateo
tan cobarde, que siempre se vuelve para firmar el pacto.
Ya es tarde, solo queda cruzar el fuego huidizo de la nada.
Por mi, que comience la jauría, lobos de mis entrañas
soy la carnaza que vuelve a sus aposentos.
Todo cuanto he sido sin poderlo remediar.



ARCÁNGELES


Dime Uriel, qué se siente permanecer apócrifo durante tantos siglos.
A veces me pasa como a ti y me entran ganas
de dejarlo todo, no seguir pensando.
El corazón siempre se empecina
donde más duele, por los golpes del pasado.
No lo digo por alguna extraña razón,
porque la razón cuando menos es extraña.
Total, cualquier familia tiene un condenado
lleno de cicatrices que deforma la realidad de los sueños.
Nunca nos conocemos lo suficiente.
No es nada afortunado llevar el rostro prestado
o impuesto por un horóscopo civil.
La realidad es que todos somos piezas muy difíciles de encajar.
Aprendemos a barajar todas las posibilidades
y se miran los años con todo el despotismo.

Uriel, tú que eres el fuego de la vida
y llevas la cuenta de los actos y sentimientos
no olvides que el Minotauro también come carne humana.
Te nombraría con tantos nombres que he amado.
Te he amado en tantos sitios que por pudor no nombraría.
Tú, en el cuerpo amado de Lázaro.
Sí, ya sé, hay muchos lázaros
pero tú llevas la cuenta de los actos y pensamientos.
No es de ocioso enmendar
las ilusiones remotas, es decir rotas.
La edad limpia los linderos,
la corriente arrastra
y la noche nos enseña las cosas más terribles.

jueves, 17 de julio de 2014

POEMAS DE JUAN CALERO RODRÍGUEZ

Juan Calero Rodríguez





CANTO A LA TIERRA


Escucha la música de esta Madre, escúchala.
Cómo germina su canto inocente a la llovizna,
su río vertical de agua transparente y mágica
infatigable, desnuda, sin palabras
entre el beso y una flor.

Apenas abre sus manos, brotan palomas
cortesanas laboriosas, sembrando el aire
con esquirlas, en busca del barco de papel.
Pan de los sueños eternos
del hombre y su andar.

Si estamos condenados a beber de su vientre
si somos rebaños trashumantes negados al llanto,
qué le hacemos al mar de nuestras raíces.
Bordemos, pues, las mejores sábanas a la cuna
donde venimos a nacer y morir.

El mundo no vaga por suerte de náufragos.
Si somos mil respuestas a la pregunta
y la sed no entiende de ratos perdidos,
por qué ignoramos la fiebre agonizante
del perfecto mimo a nuestros adentros.

Tierra, hogar, madre, árbol bendito
no somos aves de rapiña para sacarte las entrañas.
La rapiña es puro invento. Bórralo.
Solo aves, únicamente motas,
ingrávidas ralladuras de limón.

(Inédito)


MARYLIN



Yo, Thomas Noguchi, médico forense

cotizado por gladiadores del Universo
ante este semidiós de la mitología contemporánea
desnuda sobre una mesa fría común a todos los muertos
declaro:

Norma Jean Baker. Treinta y seis años

ciento diecisiete libras
con estómago limpio de barbitúricos
y útero tamaño natural sin temores
amado desde los nueve años
por un padrastro innoble
hasta el presidente más poderoso
por supuesto nombrado y respetable John F. Kennedy
precipitada a la confianza
burlando vértigos y lluvias
ingenua, cosmetómana, narcisista
torpe frente a la soledad
indisciplinada y maravillosa
perdida en alguna grieta bastarda
ebria de autógrafos y tranquilizantes
con casi kilogramo y medio de cerebro
pulmón derecho pesando cuatrocientos sesenta y cinco gramos
y corazón deseado por millones de hombres
tuvo de todo, menos la vida.
Ella que soñó reinar desnuda
entre aplausos en alguna iglesia
hoy soy su público
y la poseo sin fotógrafos.

Declaro:
Caso forense No. 81128
fue asesinada
por sus fieles admiradores.

Apaguen reflectores. Ha muerto la reina.


(Del poemario “Palabras del balsero”)