En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



Mostrando entradas con la etiqueta David E.Galindo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta David E.Galindo. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de abril de 2007

El caballero de Magritte_Poema de David Escobar Galindo

Fotografía: David Escobar Galindo




El caballero de Magritte


Caminaba por calles
donde la luz se demoraba mucho,
quizás contando gajos de San Carlos.
Eran esos lugares apacibles,
de inmóviles señoras a las puertas
y costureras en un fondo de humo.
Yo no nací para las avenidas
-hago una salvedad: Campos Elíseos-,
sino para los quietos callejones,
para los caminitos con recodos.
¡Es una ceremonia tan magnánima
la de admirar antiguos adoquines,
con ojos inocentes que nos siguen
desde el gastado albor de los encajes!

A la par de las verjas,
los pequeños jardines eran reinos
donde una rosa siempre gobernaba.
Una rosa distinta cada día:
la de ayer más fragante,
la de hoy más empinada,
la de mañana casi con luz propia,
la de después con tiernas telarañas.
Era tan dulce el aire
como si hubiera hecho la siesta
junto a la dulcería «Las Gardenias»;
y yo, cuidándome de no ser visto,
cortaba un ramo de aire,
y lo iba saboreando hasta el cansancio,
con la perseverancia del profeta.

Alguna vez, las calles
se llenaban de lluvia:
era como si todas las cortinas
se rebelaran tras de sus balcones,
con un murmullo alegre y recatado,
que le daba al ambiente
esa ternura de filial crepúsculo.
No sé por qué la lluvia
siempre me sorprendió cuando la tarde
ya no tenía apenas resplandores.
Era una lluvia viva, desde luego.
Una lluvia caliente y vaporosa.
La lluvia que sonaba entre los árboles
como la antigua y auroral marimba,
tocada por ancianos.

Me enseñaron las calles
la paciencia del río cotidiano,
la claridad humilde del remanso
que refleja una garza imaginaria.
Supe después la fuerza de los ríos,
brilló después se fue volviendo espacio
donde ya era posible
inventar una estrella.
Pero nunca dejé de caminar
por las calles tranquilas, suburbanas,
igual que el enlutado personaje
de Magritte, sin edad, siempre de espaldas.
Quizás los muros se descascaraban,
quizás las puertas eran más herméticas.
Yo siempre caminaba por las calles
donde la luz se demoraba mucho,
donde la vida era el indescifrado,
sereno laberinto.
Nunca dejé de andar por esas calles,
porque sé que una de ellas desemboca
en la Plaza del sueño.

jueves, 4 de enero de 2007

Presentación de nuevo libro de André Cruchaga

Oscuridad sin fecha
Portada: Pintura de José Luis Zumeta
El poemario es toda una obra de finísima orfebrería de la palabra. Aún no he podido leer como me gusta, pero ya el entusiasmo me hizo escribir una presentación, que copio debajo, para nuestro grupo y con tu permiso, para difundirlo en otras listas lo mismo que en el portal de Agonía.netMil gracias por este regalo maravilloso que pienso disfrutar a cabalidadMariú
____________________

Se trata de compartir hoy con ustedes el arribo de un nuevo libro de nuestro querido André Cruchaga, Oscuridad sin fecha, que con una bellísima portada de José Luis Zumeta, traducciones de Miren Eukene Lizeaga, y prólogo de David Escobar Galindo, llega con el comienzo de este año, a demostrarnos una vez más, ese embargarse, como lo llama Galindo, de serenidad inquietante y a lo que yo añadiría un embriagarse también de esa buena cosecha de Cruchaga.

Ya en ese prólogo en que se abren todas las ventanas a la bodega del autor y en que Galindo comienza sabiamente, como destapando un ánfora, se nos permite percibir las emanaciones de su contenido en que la experiencia, como un licor añejo, ha transmutado el fruto fantástico del aprendizaje en vino de luz, todo por medio del constante y eficaz ejercicio del autor, André Cruchaga. El poemario está separado en dos partes, que no por ello lo dividen: Oscuridad sin fecha, que da nombre al trabajo y consta de veinte poemas, y Presencia en las cosas que consta de otros veintidós textos; todos traducidos al euskera.

A continuación, una muy pequeña muestra de los poemas que conforman estas primera y segunda parte:

Esbozo del recuerdo. (pag 20)

Soy fiel a la iguana del trópico,
a la noche y a las rendijas de las puertas;
Soy fiel al memorable oleaje de la hierbabuena
Y a las ventanas abiertas con afán perdurable.
Recuerdo la casa de mi infancia:
Ella tenía puertas de madera entrañable
Y un corazón donde latía el río.
Soy fiel a la luz que invade mi noche
Y ala memoria impregnada de espesura:
El tiempo hace sus propios tapices en el alma
Y la cunde de velámenes copiosos.
Como una hoja de hierro cae la noche:
Los suspiros quiebran la luna y las alas capitulan
En la misma habitación donde los ojos se apolillan.
Barataria, 13.10.2004

De par en par la muerte en el camino. (Pag. 56)

De par en par el camino abierto y la muerte tropezando
Contra el aire y la misma muerte y la misma vida.
Dentro del pensamiento calendarios con insomnios,
Horizontes con hipocampos entre escombros,
la luna con sus gusanos de luz, con su sexo de gaviotas,
desgranando gemidos en los petates del cielo.
En este hueco del que huyo retumban tus brazos,
la última caricia quizá sobre el dolor de la carne.
Abierto el camino, al acecho, como tus ojos, nada se detiene;
Sé que la vida de vez en cuando es un manicomio
De espejos. Espejos densos como la noche que abre su herida
Y nutre de cruces mi lenta ansiedad y mi duro deseo de vida.
Barataria, 2004.

Espero que todos aquellos que como yo, disfrutan de la buena poesía de André Cruchaga, se sientan incentivados por esta breve presentación.

María Eugenia Caseiro,
Ciudad de Miami, enero 03, 2007