En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 11 de junio de 2016

LA ECO-CULTURALIDAD DEL LITORAL EN LA NARRATIVA DE ÁLVARO VEGA SÁNCHEZ

Miguel Fajardo Korea, Costa Rica





LA ECO-CULTURALIDAD DEL LITORAL

EN LA NARRATIVA DE ÁLVARO VEGA SÁNCHEZ



LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA
PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN MAURO FERNÁNDEZ

I
            (Guanacaste/Moravia).-La literatura costarricense se ha centrado, históricamente, en el Valle Central. Sin embargo,  durante los últimos años, diversos autores se han ido alejando, temáticamente hablando, de la meseta, como una manera de ofrecer mayor apertura a su propia obra y, además, con el claro compromiso de incorporar dichos contextos, los cuales forman parte de la identidad nacional.
            En ese sentido, la narradora guanacasteca, María Leal de Noguera (1892-1989), ícono de las letras guanacastecas, publica dos libros decisivos con esa temática “De la vida en la costa” (1959) y “Estampas del camino” (1974).  Con ellos, desde su propio marco contextual, inserta la litoralidad en el escenario de la producción literaria costarricense.    
            El escritor Isaac Felipe Azofeifa (1909-1997) aduce en su ensayo “La isla que somos” (~1971): “El nombre del país es paradojal, pues su vida no está en las costas, que las tiene en ambos océanos. Y estas costas son las más pobres y abandonadas” (1996, p. 21).
            Cabe acotar que los escenarios costeros fueron decisivos para la conformación socio-productiva de Guanacaste en las primeras décadas del siglo XX, ante la ausencia de obras de infraestructura, tanto terrestres como aéreas. Por ello, los medios marítimos dieron origen al cabotaje, tan importante para la intercomunicación de Guanacaste con el resto del país, antes de la construcción de la Carretera Interamericana (1955-1956).
            Durante mi lectura a “Entre delfines y gaviotas”, de Álvaro Vega Sánchez, cuyo título es una cernida inclusión del espacio de la litoralidad, observo una insistente inquietud del narrador por  incorporar las realidades socio-humanas y geo-productivas de esta otra dimensión espacial, como parte de los procesos identitarios del país, aunque muchos los hayan invisibilizado, sin plena conciencia de su función en la sencilla, pero paradójica  geografía costarricense.
            El  académico  Álvaro Vega Sánchez tiene una variada producción literaria,  a saber: “Lo urgente y lo importante. De Calderón Fournier a Figueres Olsen (Coautor, 1995); ¿Un nuevo marco para la cooperación? Políticas económicas de la Unión Europea en Costa Rica” (Coautor, 2001); "Cuando Roma vino a Centroamérica. Religión y política"  (2003); "El despertar de la ciudadanía. Ideología del miedo y cultura de la no-violencia en Costa Rica" (Premio UNA- Palabra, 2010); "Las memorias de mi tata" (2010); "Emma" (2012); "Cuando azota el frío. Globalización y afectividad" (Mención Honorífica  UNA-Palabra, 2016); “Entre delfines y gaviotas” (2016).
            En su cuentario, el autor costarricense incluye humildes y trabajadoras figuras femeninas como Clara, Lula, o Lucila; personajes masculinos, como Darío, Toñito, el nicoyano, John, Charío, Francisco, Omar, Chalo, Dámaso, Luciano, Luis o Mochis. Los presenta con apelativos familiares, o bien, solo con sus nombres, sin apellido, porque el caso  de cada uno, podría ser el de cualquiera de los lectores en la sociedad civil del alma.
            Asimismo, los desdobla genéricamente, en relación con sus oficios: pescadores, lancheros, fonderas, arrieros, cevicheros o saloneros.  Igualmente, como el muchacho, las mujeres luchadoras, la mujer del machete, las mujeres defensoras del agua. Tales conceptualizaciones brindan  mayor amplitud a la correspondencia dinámica personaje-lector, en una especie de complicidad y cercanía;  de contrato o pacto narrativo.
            En cada incipit, en cada título  de sus cuentos, relatos, narraciones o estampas, “el comienzo de un texto es un lugar estratégico de condensación de sentido” (Claude Duchet). En sus temáticas, se aborda la soledad humana,  la especie maderera del pochote,  lugares geográficos como Sardinal, Abangares, Puerto Soley… Cada mención en sí, resignifica  una historia de contextos importantes, tanto en el ser, como en el quehacer histórico de la Guanacastequidad.
            La incursión narrativa del costarricense Álvaro Vega Sánchez es importante para las letras de Guanacaste, como polo interior de cultura, porque se suma a distinguidos nombres que han incorporado a Guanacaste como tema cultural: Aníbal Reni, Hernán Elizondo Arce, Joaquín Vargas Coto, José León Sánchez, Joaquín Gutiérrez, Edelmira González, Rodolfo Dada, Mario Gätjens, Elías Zeledón Cartín, Miguel Salguero, Víctor Quirós Zúñiga, Juan Santiago Quirós, José Gamboa Alvarado, Florentino Cruz González, Carlos Luis Altamirano, Miguel Ángel Quesada Pacheco, Carlos Cruz Porras, Juan Diego Castro, Juan Ortiz Guier o Marco Tulio Gardela, entre una extensa lista de honor.
II
            El Dr. Constantino Láscaris Comneno (1923-1979), en su libro (“El costarricense” (6ª.ed.). San José: Educa, 1985: 477) aduce: “Costa Rica es un trozo de la gran cordillera de los Andes… y ese trozo, no está cortado al norte y al sur por razones geográficas, sino por vacíos de población (que, en gran parte, corresponden a “llanuras” (p. 18).
            Láscaris Comneno, en su documentada obra,  publicada por primera vez, en 1975, dedica varios apartados a Guanacaste.  Él fue un estudioso de la provincia, y ya vislumbraba la importancia de la litoralidad de la región: “El Guanacaste está más allá; en cierto modo, es una nueva dimensión, no simple continuación  de  apertura hacia el mar, y por ello representa una experiencia más rica” (p. 78). (Las negritas son suplidas).
            En el abordaje de su veintena de relatos, cuentos, narraciones o estampas, Vega Sánchez incursiona para destacar la generosidad de un rescatista en el mar picado. En el comportamiento avizor del pescador, con mirada larga, previsora de las calamidades. En la responsabilidad ambiental de John, y de quienes se opusieron a los contratos de concesión  de Alcoa (24 de abril de 1970).
            Relata sobre los poderes rejuvenecedores del mar y la generosidad de la pesca de los adultos mayores, así como las relaciones de pareja después de los cuarenta. Acerca de ser un trotamundos en Guanacaste, con el calor de la pampa, caliente, alegre y diferente. En ellos, el espacio abierto es una redimensión de la alegría natural y de los comportamientos vivenciales de la gente  humilde, en pobreza, pero con arraigados valores, que tanta falta evidenciamos como sociedad.
            Relata sobre el quehacer cotidiano del arriero, y la modernidad de uno de ellos, quien trabaja en una motocicleta, influencia de los procesos globalizadores, sin embargo, existe la nostalgia por el auténtico arriero de antaño.  Destaca el poder ecológico de los extranjeros que crearon un parque nacional, y evitaron la corta de un pochote, mediante una denuncia. 
            En este texto, se presenta una correlación entre los árboles viejos y el cuido de los ancianos. Incursiona, igualmente,  sobre el concepto que la vida es un acomodarse, por eso, el narrador censura que haya leyes que restrinjan el disfrute de las playas para todos.  Está claro que las playas nacionales no deben tener dueños codiciosos, independiente de la nacionalidad que ostenten.
            El narrador es recurrente en extasiarse al degustar el arte culinario guanacasteco; Alaba la buena comida por el olor de sus productos, con una clara simbología mística del trópico.  Se declara admirador del esfuerzo y la capacidad de trabajo de la mujer de esta región, en el difícil acertijo de las exquisitas  y creativas  preparaciones culinarias.
            Admira una vieja casona nicoyana de más de un siglo, y la relaciona con la longevidad que alcanzan los habitantes de la Península de Nicoya. Una de las cinco zonas azules del mundo, donde los habitantes consiguen mayor longevidad. El narrador es crítico, cuando no se apoya a los pequeños empresarios, quienes ven disminuidos sus caudales, debido a las grandes cantidades de agua que consumen las corporaciones hoteleras, algunas de ellas, con desmedido riego a lujosos campos de golf, para el disfrute minoritario de los acaudalados.
            No escapa la crítica a las promesas incumplidas de los políticos.  En ese contexto, destaca la firmeza de las mujeres al defender su tierra, con denuedo, ante los atropellos de las autoridades.  Es férrea la oposición contra quienes solo vienen a llevarse nuestra riqueza marina, a vista y paciencia de todos.
            Por otro lado, el tema de la soledad es reiterativo en diversos personajes costeros.  Presenta el caso de un viudo, quien es traicionado al casarse con una mujer muy joven, la cual solo espera la muerte de su “esposo”, para tomar posesión de todos sus bienes. La litoralidad es un espacio abierto que invita a los solitarios, a permanecer  y luchar en ellos, para tratar de rehacer sus vidas. Muchas veces, también es su estadio sepulcral.
            La defensa del agua de Sardinal es un tema estelar en este cuentario.  Las mujeres se destacan y toman la iniciativa de esa acendrada lucha y defensa por el agua-vida del futuro para sus hijos.  Ironiza en torno a un joven que canjea su camisa hawaiana por pescados. Destaca los valores humanos de un trabajador despedido, quien fue recontratado, porque las ventas en el restaurante mermaron drásticamente, a raíz de su partida. Ejemplifica a un microempresario turístico, quien es agredido por su padre, y lo simboliza dualmente con el mar embravecido: hombre/soledad; mar/ soledad.
            Sobresalen los valores humanos de los habitantes de la costa, donde la gente vale más allá de la ropa, pues existe pasión por lo que se realiza cada día de la tierra.  De ahí que el libro se cierre de forma mandálica, cuando se esparce en el mar las cenizas de un  hombre filantrópico. El mar sigue siendo el eje de vinculación vital de la sencilla gente de estas zonas geográficas poco estudiadas.
III
            El filósofo Constantino Láscaris, en la línea geográfica que hemos venido comentando, asevera:
 Costa Rica es una sucesión de valles de montaña, valles metidos unos dentro de otros, escalonados hacia los dos mares (…) Y esto es lo que me interesa destacar como descripción geográfica de Costa Rica. Que  es puro monte.  Pues esto pueda acaso explicarnos cómo ha sido la vida del pueblo que aquí ha venido viviendo (…) “Costa Rica no fue desde la periferia, sino desde el centro. Primero se pobló los valles de mayor altura, y desde ellos la población ha ido extendiéndose hacia los mares.  Y sin acabar nunca de llegarse a éstos, quedándose siempre en las estribaciones de la cordillera, lo más alto posible.  El costarricense no ama el mar (pp. 20, 21 y 22). (Las negritas son suplidas).
            Con base en los criterios de  Láscaris, se infiere la perspectiva del enmontañamiento central del costarricense.
            En ese orden, la producción narrativa de Álvaro Vega Sánchez es meritoria, porque incorpora  el espacio costero del norte costarricense, con personajes humildes, pero como sujetos de su propia historia, que muchas veces les es difícil relatar, con sus aflicciones cotidianas, con sus sueños y luchas, con sus patrones de convivencia vernáculos, los cuales les otorgan gran naturalidad en su comportamiento comunitario.  Sin embargo, muchas veces, la historia oficial  les ha negado el protagonismo de formar  parte de la identidad “nacional”.       
            “Entre delfines y gaviotas”, del sociólogo costarricense Álvaro Sánchez Vega, muestra una interesantísima incisión narrativa para recuperar ejes temáticos acendrados en el espíritu raigal de  Guanacaste, la provincia que amarra los pies. Me agrada la brevedad de sus textos. Es un valor agregado, tanto  de intensidad como de precisión en su discurso cuentístico.
             Luego de la lectura de este libro, nos queda el acento de la nostalgia, los tiempos idos, la bondad de la gente campesina de las costas y las llanuras. Es una reflexión ideológica del pasado en los litorales frente a  la modernidad avasalladora.
                Otro de los aciertos del libro de Vega Sánchez es su perspectiva  de la eco-culturalidad, en una relación bisémica complementaria, es decir, una relectura dicotómica entre el ser humano y la naturaleza, donde priva la actuación que la territorialidad ecológica sea parte de la identidad humana más comprometida y, en ese sentido, los espacios y contextos costeros, deben ser lugares donde se pueda dar la bioalfabetización, como sitios áulicos/laboratorio, sin malgastar, irresponsablemente, los recursos que provee la madre naturaleza para nuestra sobrevivencia.
            Las historias de “Entre delfines y gaviotas” inspiran valores auténticos, encarnados en sus personajes sin pose. Las luchas de la humilde sociedad civil de los litorales, alcanzan una voz esencial en defensa del Guanacaste eterno, que no queremos se convierta en un Guanacaste ajeno, con megaproyectos deshumanizadores, donde solo prive la preocupación por el atesoramiento materialista, y la inevitable destrucción de los hábitats, a cambio de dólares o euros, que serán depositados en paraísos fiscales, fuera de nuestras fronteras, más allá de los litorales...


LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural
Centro Literario de Guanacaste, Costa Rica  (1974-2016)