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lunes, 14 de noviembre de 2011

EL ROMANTICISMO POÉTICO EN LA NARRATIVA DE MARIE-PAULE D’AMBROS

Pasta del libro de Mana será tarde




EL ROMANTICISMO POÉTICO
EN LA NARRATIVA DE MARIE-PAULE D’AMBROS



Por Ricardo Llopesa




En el esplendor de su vida, cuando las ilusiones alcanzan su plenitud movidas por el motor de la inteligencia y la voluntad, como tocada por la varita mágica de los sueños que hacen despertar la sensibilidad, Marie-Paule d’Ambros, rebosante de serenidad y dotada de esa cualidad particular para la reflexión, un buen día cogió lápiz y papel y en el plazo de dos meses escasos escribió una novela. Lo curioso de esta historia reside en que Marie-Paule d’Ambros no es una escritora profesional acostumbrada a estas lides. No, ni siquiera una aficionada que lo intenta por primera vez o hubiese asistido a un taller de aprendizaje. Nada de eso. Todo lo contrario, es una mujer retirada del mundo activo, junto a su marido, después de haber sido ambos empresarios de la restauración durante más de treinta años..
La novela, titulada Mañana será tarde, publicada por la Editorial Instituto de Estudios Modernistas (Valencia, 2011), tiene el mérito de estar escrita en un lenguaje coloquial y perfecto castellano. Mari-Paule d’Ambros posee una refinada cultura francesa, de la que es heredera y se vale para enriquecer su prosa, elegante y fluida, donde destaca el ritmo y la imagen fotográfica. Esa es la seducción personal de su relato. Por otra parte, desarrolla su punto de vista desde un objetivismo narrativo, a la manera de los escritores alemanes o norteamericanos, frente al irracionalismo de unos o la mirada apocalíptica de la novela medieval.
En Marie-Paule d’Ambros la interpretación autobiográfica suya y de los demás entra y sale en su escritura, interesada en crear una arquitectura definida de los personajes, quienes pertenecen a distintos estamentos sociales, sin que el punto de vista narrativo tome partido por ninguno de ellos, ni siquiera con la protagonista, con quien mejor podría identificarse. Su habilidad por introducir el sentimiento narrativo constituye uno de los valores más apreciados de su discurso al mantener un sencillo diálogo directo con el lector.
Ese toque mágico y elegante a través del galicismo, no es más que el uso y abuso del ritmo, la reiteración o la aliteración. Es el maquillaje que seduce. El buen estilo, pues su ritmo se convierte en melodía, en respuesta a ese fenómeno espiritual encarnado en la palabra y su acento. Toda palabra tiene alma, dijo Darío.
A lo largo de la historia de la literatura, desde Homero hasta Vargas Llosa, el objetivo del arte consiste en dejar testimonio de la realidad vivida o conocida, que por algún motivo impacta en la sensibilidad del autor, quien la guarda en su memoria hasta el momento de darle salida. Pero no todas las formas de expresión son las más airosas, ni todos lo consiguen. El arte es una comunicación de espíritus que se produce a través del constante diálogo con la sinceridad. Si el autor regatea su propia realidad o trata de ocultarla, la novela simplemente describe, es incapaz de comunicar sentimientos al lector. Cuenta un amigo de Flaubert que al llamar a su casa, el escritor abrió la puerta con lágrimas en los ojos por haber matado a uno de sus personajes. Marie-Paule d’Ambros también lloró al escribir el capítulo sobre la muerte de su heroína.
En este punto del estilo reside uno de los valores de la novela. Otro problema narrativo que resuelve D’Ambros reside en su amplitud léxica, frente a esa pobreza de lenguaje, parquedad o sobriedad, como forma de ocultamiento, que llamamos lenguaje telegráfico o fragmentado, que utilizado a la ligera comunica poquedad y pobreza.
El buen estilo es aquel que domina los cinco sentidos, incluyendo el descriptivo y los diálogos, porque nunca la novela ha dejado de ser nieta del romanticismo, pese a los avances mecánicos del lenguaje o su organización técnica.
La novela se estructura en doce capítulos. Cada uno de ellos cuenta un momento de la vida de una mujer, la protagonista, Myléne, y su relación con los demás, su familia, su amiga y la búsqueda incesante de un amor, a quien un día encuentra, Héctor. Sirve de marco la ciudad francesa de Saint Priest, próxima a Lyon. Se desarrolla durante el último tercio del siglo XX. En ella Marie-Paule d’Ambros expone con lucidez aquellos años de enorme represión sexual, de la que es víctima Myléne, en convivencia con la liberación, hasta el límite del machismo, que encarna Héctor. Son dos estamentos sociales enfrentados, pues ella procede de una familia de feriantes, mientras él es un ciudadano establecido en la ciudad. Son los extremos de una misma línea, la represión sexual y la diferencia social.
La autora cuenta el amor real que existió entre Mylène y Héctor, nacido de la necesidad de pasión y dulces caricias. El amor de él surgió de la mirada de aquellos ojos mágicos de ella, que brillaban con un intenso azul turquesa que lo arrastró a sentir un torbellino de pasión sin freno, mientras ella se sintió cautivada de él por su porte elegante y su inteligencia. Ante los constantes reproches por no consumar el sexo, ella decide separarse, pese a su gran amor y sufrimiento, y tras darle un ultimátum que fijase el día de la boda, llamó a otro a quien no amaba y se casó. No fue un acto de despecho, sino el deseo imperante de tener un hijo, consciente de que rondaba los treinta años.
A partir de aquí la novela cuenta el parto y la muerte de la protagonista, después de vivir momentos intensos al lado de David, el marido. Momentos que, por instantes, se convierten en historias horripilantes como si de una novela negra se tratase.
Escrito con honda pasión, pero contado con la serenidad que proporciona la reflexión, la novela de Marie-Paule d’Ambros, Mañana será tarde, es un libro magnífico que pone sobre el tapete uno de los problemas más angustiosos de la sociedad como es la represión sexual, a la vez que un homenaje a la amiga muerta.