En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



martes, 19 de enero de 2010

poemas de elías letelier


Elías Letelier, Chile


El Origen del Fuego: Soneto LXIII





Dejo a las llanuras del olvido roer la memoria
y calmo insisto en degradar el vértigo del tiempo
hasta renunciar a cuanto amo y amando
volver a ser la idea de un extraño ser.

Exhausto subo a los límites de mi mordaza
y enroscado en la tutela amarilla de la tarde,
grito y tiemblo como el nervio de la esgrima
que en la punzada descubre una extraña quietud.

Amando, sin comprender como ha sido,
en las márgenes circulares de la imaginación
concluyo en los brazos del silencio, sin sus ojos.

Pregunto a mi pecho que oscila cubierto de sal,
pero las imágenes se quiebran en el alma
y continuo imaginario, ausente, sin luz.








Éxodos y Retornos



(elegía)




¿Cómo te llamas tú?
¿María Leal, la errante?
¿María Angélica Leal, la viajera?
¿María, la muerta?
¿Cómo te llamas tú?

Una gota que cae a las planicies del mar
pierde el registro de su cristalino nombre
y transforma en una oceánica multitud.

Todos acudimos a esta danza
y nos levantamos sin rastros, mustios,
como las voces de la lluvia
que no vuelven del mar
y retornan, en otra travesía,
al ejercicio circular de los nacimientos.
Los frágiles ríos transparentes,
por ejemplo,
donde las majestuosas serpientes fluviales,
que apresuradas desaparecen
en las mandíbulas subterráneas de los bosques,
vuelven a reemprender el ritual de sus viajes
en los campanarios de las flores suspendidas
o en los enmarañados ponchos de la clorofila.

Nuestros pies,
cuando se cansan,
tropieza en el mismo cuarto,
pero nada desaparece del corazón de la mujer
y del hombre que permanecen:
amando vivimos en un círculo perfecto
que nos permite alcanzar la paz.

Sólo basta con mirar el rostro de la multitud,
para saber donde están tus pasos
y entonces,
entonces,
entonces,
cuando pregunten por ti,
diré que Alfredo Labbe, sabe;
que la Myriam, sabe;
que la Marie y Patricio Ponce con su coro, sabe;
que la Catalina con su cubano, sabe;
que el Catoño sabe;
que Ramón Sepúlveda sabe;
o simplemente,
diré que estas en un rincón,
muy callada,
escuchando a la Nubia que canta.

Y cuando me canse de mencionar
tantos seres que te amaban,
al final,
después de Pablo y Gastón, y Gastón Leal,
miraré hacia la palabra taciturna de Luis Reyes
para que hable con toda su afonía.

Mas allá de las cenizas y el polvo,
prevalecen en los estantes del ojo/
las arquitecturas que se levantan en el corazón
y nada se desvanece.

Y ahora,
que la tarde ha caído sobre tu rostro
y los retratos suben apresurados a las paredes,
no volveré a preguntar por tu nombre
y tampoco insistiré en tu rostro,
me quedaré ausente,
danzando sobre los peldaños de mi memoria
y allí,
en ese conclusivo vértigo
hablaré con tu silencio y mi silencio
y la tarde volverá a encender
su ritual de permanencia y despedidas.



Abandono



Asisto al despojo del día
con su luto de marfil herido,
a la ausencia del que no volvió de la guerra,
que sin decir su nombre
quedó clavado en la monarquía del silencio.

Sin ser carpintero ni ir más lejos,
hago todo lo que pertenece al martillo:
me voy de golpe en golpe cantando
por el tajo abierto de la madera.
No tengo que cerrar los ojos
ni amanecer en la hoguera de la noche
para escuchar la navegada voz de la sal
que se ahoga en el imperio del agua.

Concurro al mundo sombrío del espejo,
al murmullo de una vasija rota,
a una figura estática que duerme
en la lengua metálica de un espejo roto;
pero, por sobre todo esos guijarros y derrumbes,
yo acudo a la ansiedad de una campana
que no puede sonar.