En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 24 de enero de 2009

Poema de amor para los días oscuros-Yván Silén

Yván Silén, Puerto Rico






Poema de amor para los días oscuros
(poética, fragmento)



Le roban el trabajo y la ternura, lo empujan
a la angustia, lo entregan a la muerte, y
todos, sin excepción, conspiran contra Dios."
Darío de Dies
(Filosofía & marihuena)


I

Tu silencio me ignora, me censura,
me desplaza, me despolitiza:
pez de lata en el alma muerta,
voluntad muerta y deseo muerto.
El silencio es miedo a la locura
del que grita en el poema
con voz de aëdo.

El silencio es la huida,
una forma d'esconderse en los "emilios",
una forma d'esconderse en el sofá,
en los baños públicos,
en los ovnis de Dios,
o en los orines de las madres.

Sufro. ¿Sabes, acaso, que sufro?

El silencio es una casa vacía, oculta, muerta,
(un día vacío, añejo, un sueño vacío
do la silueta escribe
“Poema de amor para los días oscuros”).
El silencio es un cangrejo
un sapo, un gargajo
--una mariposa aplastada, una muchacha aplastada,
un poeta molido: una alma molida--
contra el espejo de los asesinos.

El silencio es la calle sucia del alma
que nadie camina hasta la muerte.
El silencio es el adiós
contra alguien que no ha partido todavía.
El silencio es la paranoia
del que no posee palabras
para venderlas en los mercados de la muerte.
El silencio es un ruido de ratas.

El silencio es un plagio
(del color, del ritmo, de la forma,
del espanto, de Dios:
una aliteración
que termina
sinestesiamente
en las climatis).

El silencio es
un disparo debajo de la lengua.
Es la mierda en la mirada de los niños.
El silencio es una enfermedad de la salud
(o una salud de la enfermedad que no lo sabe
que no lo sabe aún
en crisálida
o en la lama
que se arrastra semen
de Dios
en las manos de las niñas).

El silencio es la paranoia de los poetas
que charlan idiotamente
en la nave de los locos.
El silencio es el espejoloco
(la madre loca, el sueño loco, el ego loco,
del que sufre ajeno,
prestado, oculto)
en la befa atea o
“cristiana” del amigo.

II

Estoy sufriendo en una esquina y
paso y no me reconozco.

Todo lo que digo es “falso”,
y todo lo que digo es cierto
(el gatillero se equivoca abruptamente).
Porque la locura
no puede ser superior a la poesía.
La política no puede ser
superior a la poesía,
ni la razón,
ni el misticismo,
ni la muerte
pueden ser superiores
a la poesía.

(Dios no puede ser
superior a sí mismo en el poeta.
Dios no puede ser superior a la nada de tu boca,
porque Dios no puede ser no-ser
de su carne en el madero,
en la astilla,
en el falo que sangra
a la hora de mona.)

La poesía,
como un loco que aúlla
en mi camisa de fuerza,
se hospeda como una geisha en el poeta.
El silencio es fetichista:
un zapato de mujer en la coqueta;
un guante de mujer en el sarcófago,
una media de mujer junto a las copas.

El silencio es la sustancia del miedo. El
silencio de un poetastro ignorando a un gran poeta,
un philósopho ignorando a otro antisophista.
El silencio es vómito acumulado,
muerte acumulada,
Dios acumulado
inútilmente en la despensa
de los hostias.

El silencio es un muerto
que no ha sido enterrado todavía en los cubiertos.
El silencio es un entierro,
una ejecución que se ha pospuesto
fallidamente.
Es una fiesta suspendida por lluvia.
El silencio es una desgarramiento del cuerpo,
aunque algo retorne suave por el alma.

Sufro, qué más da. Creo qu'estoy sufriendo
en el silencio de ustedes.
Porque el silencio es el electroshock de los buenos
(de los famosos, de los héroes).
Por eso grito tiempo
y grito espacio:
¡carajo
debajo de la soga!
y doy con mi falo roto,
con mi falo hoz
sobre los buenos modales de ustedes
(y me asqueo en la madre loca
del Viernes Santo,
del Sábado de Gloria, del
Domingo de Nada).

Desprecio a los idiotas,
a los cretinos que creen en la intertextualidad,
y que roban mis arañas,
mi estilo y mi prepucio.
Odio a los que plagian, los desprecio, los escupo
(porque poseo sus nombres propios
en las gavetas del alma),
odio a los apolíticos,
desprecio a los cobardes,
a los estreñidos del amor,
a los pobres d'espíritu
de las páginas blancas
mallarmeanas.
A los antiCristos del amor y del odio,
a los nihilistas de la nada,
a los trepadores, a los canallas
a los buscaoficios y
a toda esa basura llamada
postmoderna.

El silencio es la muerte de las rosas
(la envidia o la ternura).
El silencio es
una mercancía barata,
mediocre, apolillada.
El silencio hiede a tapón olvidado
en la vulva de una loca
(a caracoles amontonados
en una Caja de Pandora,
a suicidio en un apartamento neoyorquino).

Sufro, creo que estoy sufriendo
los huesos de Dios en mi propia carne,
el “desempleo” de Dios en mi propio desempleo,
el part-time de Dios
en la muerte de Yván y
en la rodilla rota de Apolo.

El habla es la mierda de los hombres:
oscura sombra de muerte en las paredes.
Lo que prometen los anexionistas es todo mierda:
oscuro sueño de Dios
ahorcado en las paredes
en los Morros
o en las cárceles yanquis.

Y todo esto no justifica tu silencio,
porque l'escritura es un sueño de verano,
l'escritura son Las señoritas de Avigñon
(o esa leve soledad del ser entre las piernas).
El silencio es el rostro del que liga
la muerte del poeta entre los versos.

Sufro y no sé
por qué no me suicido todavía.

Por eso hablo de pie,
ancianamente,
como un Maestro zen delante de los hombres
que odia la derecha,
que desprecia a los centristas,
que se avergüenza de la izquierda.

Hablo, así, para que me oigan los hombres:
¡qué estoy enamorado de Dios!
¡Qué estoy enamorado del ser!
¡Estoy apasionado
(martianamente)
con la muerte!

El silencio es la basura de los filósofos.
El silencio n'otorga poder.
Ni otorga paz, ni dicha, ni prestigio.
El silencio es una cueva saqueada.

¿Qué es el silencio?--di,
aúlla solitaria la multitud en la sala de los nichos.
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