En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 16 de febrero de 2008

Cinco sonetos de César Ulises Masís

Ilustración: Pablo Picasso





Las manos apretadas

El dolor une justos y malvados,
Menos al ruin cuya conciencia es pobre.
Sordo el amor, su corazón de cobre,
Desatiende los cánticos dorados,

Espirituales cantos consagrados
A lavar de la copa miel salobre.
De vino y miel de Dios llenan el odre,
Y son por la tragedia iluminados.

Unos con otros, las manos apretadas,
Cantaremos el Único inocente
Muerto por nuestra culpas. Perdonadas.

El único consuelo, nuestro Puente
Para cruzar las horas desoladas
Por el impacto del dolor presente.



Dolor de poeta

Yo conozco el dolor de cuerpo entero
Sin medida ni tiempo limitado.
Anidaba en el beso traicionero
De infiel abrazo cuando fui engendrado.

Canalla. Nunca padre verdadero
El que plantó este árbol no abonado.
Bendita sea por quien voy colmado
De músicas. Doliente mi sendero.

Bendita sea quien me dio su nombre.
Con tierno amor me señaló una meta
Y soñé con un título en el hombre.

Más este desvarío ¿quién sujeta?
O ¿quién pone a voluntad pronombre?
Abogado me quiso, no poeta!



Soneto del hombre oscuro

Un hombre oscuro y una vida rota
Anémico el poeta sin aliento,
Soy simplemente, cabalgando al viento,
Una brizna de paja o una mota.

Me aplasta el corazón como una bota:
La palabra y el ritmo, el pensamiento.
He de morir comiendo hierba. Y siento
Que he de vivir poeta sin la cota.

Bohemio incomprendido ―cruz al hombro—
He bebido en la copa el desengaño
Y el olvido del mundo, sin asombro.

Jamás el agua amarga me hizo daño.
He de beberla toda, en el escombro,
O en la cisterna que me dé el engaño.



Soneto del esperado

Temor de no mirarlo. Todo es clave.
Del verano al invierno sólo un paso.
Es tan corta la ruta hacia el ocaso
Que la noche nos cae y nadie sabe.

¡Ah!...si pudiéramos tomar la llave
Y matar la serpiente con un mazo.
Tengo miedo de todo. Del abrazo;
Y hasta de la palabra malo o grave.

¡Tengo miedo de todo, no ha llegado!
Si esta noche llegara, qué alegría,
Su perfil en la sombra dibujado.

Esta diaria inquietud de mi agonía,
Esta dulce emoción del esperado
Y no saber su día ni mi día.



Sueño vela

Vela durmiendo caminaba inquieto
Por un oscuro y fúnebre camino.
Cósmico vagabundo sin destino,
Miré en el fondo inmóvil mi esqueleto.

Un sol radiante iluminó el secreto
De dos luna en el cielo alabastrino.
Saltaba negros pájaros, sin trino,
Por entre calaveras y amuletos.

Me sorprendió una lluvia de reptiles,
Arañas y culebras mordedoras.
Y vi los rostros de ídolos pipiles.

Vino a mi mente en tan temibles horas
Un hombre de mis rezos infantiles
¡Y hallé la paz de quien alegre llora!
Fuente: Taller de letras de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas", UCA, El Salvador.
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