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lunes, 24 de diciembre de 2007

La poesía de los pájaros_Luis Alberto Ambroggio*

Fotografía: Luis Alberto Ambroggio, Argentina-USA




La poesía de los pájaros[1]



Con el pensamiento oriental de que “la poesía es un cuadro sin formas y la pintura un poema con formas”, Miguel Elías (el pintor) y Alfredo Pérez Alencart (el poeta), se embarcan hermanados en el cielo del arte y esta publicación, a crear, procrear y recrear los Pájaros bajo la piel del alma, combinando la imagen lírica con una referencia visual mágica, en que los pájaros afirman y dibujan la condición humana de todos.

Los pájaros han habitado siempre la literatura. Los domésticos y los salvajes que conviven con nosotros, nuestra propia ancestría de alas, sus trinos, su lenguaje, su melodía, atraen a los humanos con su misterio y los diferencia de otros animales, tocando el aire y el cielo de nuestra propia espiritualidad. La literatura y el arte greco-romano ya reflejaba esta familiaridad y transcendencia. En el siglo XI, el poeta Farid Ud-Din-Attar (1119-1220?) escribió “La asamblea de los pájaros”, en la que los pájaros se dan cuenta que no tienen rey, y representando la búsqueda sufista por anular el ego individual para perfeccionar el comportamiento hasta llegar a la Verdad, este tesoro de la literatura medieval, relata los pasos de purificación y otras superaciones de miedos, limitaciones, por valles, hasta alcanzar la morada del pájaro legendario Simburg. Entre los escritores españoles, el sefardita malagueño Ibn Gabirol llenaba sus poemas de aves distinguiendo, conforme a las escrituras bíblicas o rabínicas entre aves buenas (palomas, pichones, colombófilas, golondrinas) con las malas (halcón, buitre, etc.), según lo detalla María José Cano Pérez en su trabajo “Las aves en la poesía secular de Ibn Gabirol”[2]. En fin, todas las expresiones poéticas que el gran catedrático de Literatura Española y académico de honor de la Real Academia de la Lengua, José Manuel Blecua Teijeiro, en 1943, ha recogido en su libro Los pájaros en la poesía española[3].

En la mitología y leyendas mexicanas, y la poesía centroamericana, la presencia vital de las aves, ha sido documentada, entre otros, por Margit Frenk Alatorre en su discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua en 1994 cuando se refirió a la “Charla De Pajaros, O, Las Aves En La Poesía Folklórica Mexicana”[4]. Ya antes Salvador Novo, en el año 1953, también en el día de su ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, con una ironía y humor deliciosos había leido un ensayo de cómo las aves eran una imagen recurrente en la poesía castellana de los siglos de oro, resaltando proféticamente el abandono actual de los antiguos símbolos y cómo la civilización industrial ha limitado casi hasta su extinción nuestro testimonio de la naturaleza[5].

El poeta vanguardista nicaragüense José Coronel Urtecho antologó "Aves y pajaros en la poesia y el arte nicaragüenses"[6], siendo paradigmática la simbología y presencia del cisne en la poesía de Rubén Dario y el modernismo.

Por otra parte en la literatura inglesa-norteamericana de los últimos siglos, como lo documenta Leonard Lutwack en su obra Birds in Literature,[7] las aves, los pájaros pueblan los textos, con versos, metáforas, imágenes, desde los clásicos como el ruiseñor (nightingale), cisnes; las aves de Dickinson, Whitman y Stevens. Las aves sobrenaturales, dioses mitológicos, que se integraron de antiguas creencias ya sean clásicas o de leyendas indígenas, el quetzal de Lawrence, por ejemplo. Luego la insistente presencia del cuervo (raven) en Edgard Allan Poe, el cuervo (crow) de Ted Hughes, y el halcón en Jeffers. Los pájaros atrapados y sacrificados, como el albatros de Coledridge. Autores de otra procedencia como Ibsen (pato salvaje), o Chekhov (la gaviota) y Kosinski (el pájaro pintado) han inmortalizado esos pájaros específicos. Pero todos los poetas interaccionan con las aves, los pájaros, en el vuelo del amor, el erotismo, en la paz de la paloma, en la altura y rapacidad del águila y otras aves de rapiña, en la golondrina peregrinante, en el gorrión común, en el canto del ruiseñor o la alondra, y la burla del loro o papagayo. Más aún en la actualidad cuando la tendencia ecocrítica de analizar los textos literarios recalca la simbiosis con el cosmos, el sistema ecológico, el mundo, del que forman parte tanto los que lo expresan como la naturaleza que los encierra y las aves que los inspiran.

Curiosamente al penetrar la selva de mi propia poesía, descubrí que inconscientemente en su libertad había enjaulados aves, pájaros, que me transportaban a otras regiones. Allí estaba en el poemario “El testigo se desnuda”[8] el gorrión de William Carlos Williams expresándose estoicamente “esto era yo,/ un gorrión, / hice lo mejor que pude;/ adiós”. Y mis loros en el poema “Vida” “que hacen el amor/religiosamente/tres veces al día”. Las golondrinas de “Mi pueblo camina” que canta el gene del inmigrante, discriminado, impertérrito: “Nietzche no es el padre del eterno retorno./ Con el cíclico azar de sus perennes cielos/las golondrinas fielmente lo practican./Es más, sus colas cortan en el aire los límites/con que los hombres se encaprichan/…/De donde vienen siempre traen primavera./…/ En las alas de quien hay partidas existen vueltas./ En estos nidos que sangran viven muchos vuelos./ Golondrinas, inmigrantes, honor de sus especies altas./ Desde su pedestal blanco de cadáver, el encapuchado/ gritó “golondrina”. El insulto vuela en versos todavía”. O pidiéndole a mi amigo poeta Najeson de Israel, “José Luis, amigo bohemio de esperanzas bellas/ suelta desde Hebrón las palomas blancas” en “Aún no han remontado vuelo”. Y en el mismo libro en el poema “Su canto de paloma duele”/cuando se hunde el crepúsculo/ hasta el fondo de la noche larga./Todos volamos para descifrar poco a poco/ese color perplejo/del que somos una sombra/y una pluma turbulenta”. Presentes otra vez en el Canto IV del poemario “Por si amanece: cantos de guerra”[9] en la sección del Diluvio Universal: “Aguas destiladas de culpa/…/El cielo decreta un arco iris/…/la esperanza resucita en los mortales /…/con un almanaque que dice:/mientras germine el olivo/de palomas liberadas/animando el reloj azul/…/sobre el lenguaje intenso del agua,/brotarán parejas ilusas,/raíces encendiendo llamas”. Y ambos, el gorrión y la paloma (con otras aves), en el resumen plegaria del Poema “Providencia” del poemario “Laberintos de Humo”[10]:

1.
El gorrión es tu pájaro preferido
Señor,
Misteriosamente.
No lo es el águila majestuosa
Ni el loro charlatán y colorido.
Tú, Señor, lo presentas como ejemplo de amor divino.
Le provees a diario sus migas, su plumaje,
Y esa risa libre que brinca airosa
En cada uno de sus torpes saltos.

….
3.
Si, a falta de palomas verdaderas,
Señor, por el bien de nuestros niños
En este mundo de águilas,
A cada gorrión en su pico le pusieras
Un gigante ramo de olivo fresco,
Nuestra ave preferida,
Misteriosamente, Señor,
el gorrión también lo fuera.

También las gaviotas, y las águilas como en el poema sobre “El Aguila y los zapatos ilegales” que pregunta “¿Querrá el Aguila desconocer /que lo ilegal es el odio/ de sus zarpas y de su pico?” y acaba pregutándose “¿De quién es el Aguila?” Y más aves en “Testamento”: “Mi ilusión es dejarles /un bosque que no tiemble/…/ de los pájaros/ el amanecer con todos sus matices/palomas, calandrias y cardenales/y una familia de águilas/unida en la montaña”. Y así voy soñando con Antonio Machado, acaso la revelación y la música de un nuevo amanecer, el compromiso riguroso de su trino mañanero y despedida nocturna en el rito cotidiano, la lírica de nuestro propio canto y desencanto.

En esta rica tradición, entronca el nuevo poemario de Alfredo Pérez Alencart, Pájaros bajo la piel del alma, y así cantan los pájaros a los ojos y al corazón con las imágenes, los susurros, las emociones de los versos y los grabados, como la que provocaban aquellos antiguos versos, luego canciones, ““cuervos le saque los ojos y águilas el corazón”, “Se equivocó la paloma / se equivocaba / creyó que el trigo era agua /se equivocaba.”

Trata aquí el poeta de liberar los pájaros de su alma, luego de preguntarse abrumado por la responsabilidad y el júbilo de “cómo alumbrarlos”, para que “otros hombres” tengan “pájaros donde posar sus ojos”. Ecos de la princesa del poema “Margarita” de Darío que recorre cielo y tierra, para lograr atrapar la luz en “que luce con la estrella / verso, perla, pluma y flor.” Lo hace Alencart con ese mandato y compromiso que plasma en el verso del poema “Regalos para Leonardo”: “Libéralos por todos/los cielos y que enmudezcan/las voces de tu ciudad!”.

Los títulos del poemario configuran en sí un poema y merecen ser citados como tal: “Pájaros que me alimentaron/Todo está claro ahora/El poeta-pájaro/ Mantente firme, pájaro de la esperanza/Garza vista al final del arco-iris/Volarán los poemas como vuelan los pájaros/Cantaban alegres.../Una grulla de Origami envió el maestroAkira Yoshizawa/El plumaje.../Dios se hizo pájaro/Regalos para Leonardo/Un gorrión visita mi ventana/Pajarito del amor/Palomas/Amanecer de pájaros/Paucares en sus nidos/Villacinco/El hombre-tucán/Evolución/Balada del pájaro solitario/Semejanzas/Caligrafía de las gaviotas/Un pájaro me enseñó a volar/Preguntas al Gavilán/Mi madre zurcía pájaros/Qué bonita sería/Esta larga caricia de palomas/Cementerio de pájaros/¿También tú, querido cuervo?/Gallito de las rocas/Confesión de parte/Good-bye”.

A partir de los “Pájaros que me alimentaron...donándome su escuchable realidad”, el yo poético entra en un diálogo en que “el poeta y el pájaro/se hablan de selva” (porque este poeta es la selva- como dice Enrique Viloria Vera- y la selva lo habita plenamente[11]). Al atardecer, en ese día proceso transformante “el poeta-pájaro queda/pastoreando sombras de jaguar/con sus otros ojos/de luz”. Poeta que vuela la espezanza y viendo por encima de los contratiempos, divisa “la belleza/solitaria de una garza/ en cuya cabeza terminaba/el arcoiris”. Una imagen feliz que acentúa la enérgica elevación para empezar luego con “volarán los poemas/como vuelan los pájaros”, hasta llegar a la orginalísima paráfrasis de que “Dios se hizo pájaro” (“Dios era Verbo y el Verbo se hizo carne”).

El diálogo continúa con preguntas al “Gorrión (que) visita (su) ventana”: “¿Cómo llegaste aquí,/gorrioncito americano/de garganta blanca?”, con los deseos del poema Palomas “Aspiro a la inocencia/que diluvian las palomas/desprovistas de banderas”, con más “Preguntas al Gavilán”: ¿Cómo se atraganta/la vida de los codiciosos/que no tienen más árboles/que cortar? ¿cómo ocultan/el serrín de su alevosía?,/¿cómo se sienten luego/de reventar la selva?”; y reflexiones como en “¡Qué bonito sería/que no disparan/contra los pájaros...!”, al mismo tiempo que comprueba “hombres disparándose/.../entre sí”. Y nuevamente la esperanza como en el epitafio que adelanta en el “Cementerio de pájaros”: “Así me entierren/seguiré cantando”.
La parábola del poema ¿También tú, querido cuervo? tiene las resonancias bíblicas de los momentos de deserción en la pasión de Jesús de Nazaret.

La rebeldía del poeta, su “revolución de la infancia”, consiste en quemar “el espantapájaros”, como para deshacerse de un espanta vida, un espanta felicidad.

Entonces el poema “Good-bye” (en contraste al “adiós” resignado y fatídico del gorrión de William Carlos Williams) es el revitalizado que dan los pájaros cuando vuelven “a su casa futura”, acabando el poemario con la fervorosa advertencia de creyente: “Alzamos vuelo:/no coloquen más trampas,/oh gente sin fe”, expandiendo así el mandato del Maestro y el misticismo de la mejor tradición clásica española y salmantina. “Pues todas las aves vuelan/corazón/pues todas las aves vuelan/volad vos”.

Este fue, valga la expresión, un vuelo de pájaro sobre el último poemario de Alfredo Alencart Pérez, poeta de poetas, catedrático de la Universidad de Salamanca, y la poesía de la pintura de Miguel Elías; poemario que nos empuja a volar hacia dentro y hacia el infinito, en la expresión estética y esperanzada que constituimos todos los seres humanos y la poesía de los pájaros.

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* Luis Alberto Ambroggio es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y PEN. Poeta, ensayista y crítico con nueve poemarios publicados, integrante de antologías poéticas de los EE.UU. (Cool Salsa, DC Poets Against the War), España (Nueva Poesía Hispanoamericana, Prometeo y otras) y Latinoamérica. Su poesía aparece en numerosas revistas, suplementos culturales, textos de Literatura (“Pasajes” y “Bridges to Literature”). Ha obtenido premios y distinciones. Su poesía ha sido grabada en los Archivos de Literatura Hispana de la Biblioteca del Congreso de los EE.UU.

[1] Reseña del poemario de MIGUEL ELIAS – A.P. ALENCART, Pájaros bajo la piel del alma, Trilce Ediciones, Salamanca, 2006.

[2] En Bol. IEA Homenaje a Antonio Cano, 269-80, 1988 Almería Las Azharot de Selomoh ibn Gabirol, MEAH XXXVII-XXXVIII
[3] Madrid: Editorial Hispanica, 1943

[4] FRENK, , Margit, Charla de pájaros o Las aves en la poesía folklórica mexi-
cana. [Discurso de ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua.], México: UNAM, 1994.
[5] Salvador Novo, Las Aves en la poesía castellana, México, Fondo de Cultura Economica, 1953.

[6] El Pez y la Serpiente: Revista de Cultura, n. 17: 114-115, 1961.

[7] University Press of Florida, Gainesville, FL., 1994.
[8] Luis Alberto Ambroggio, El Testigo se desnuda, Col. De Poesies Puerta de Alcalé, Madrid: 2002.
[9] Luis Alberto Ambroggio, Por si amanece: cantos de Guerra, Ed. Horizonte21, Washington, DC: 1997
[10] Luis Alberto Ambroggio, Laberintos de Humo, Ed. Tierra Firme, Buenos Aires: 2005.
[11] Enrique Viloria Vera, Perez Alencart: la poética del asombro, Ed. Verbum, Madrid: 2006.
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