En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 24 de febrero de 2020

ANTONIO LOÁICIGA PANIAGUA, UN HUMANISTA DEL APRENDIZAJE

Miguel Fajardo Korea





ANTONIO LOÁICIGA PANIAGUA,
UN HUMANISTA DEL APRENDIZAJE


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández





(Guanacaste/Moravia). Siempre he creído que la vida es un encuentro y un desencuentro. Me interesa hablar de cuando nos encontramos con personas de excepción, quienes dejan huella y sendero en nosotros. 
De ellas, aprendemos y tratamos de emular sus valores, esfuerzos y capacidades de luchas y realizaciones. De los desencuentros, no me gusta hablar. Son personas tóxicas, por lo tanto, el alejamiento y la ausencia es el mejor signo por aplicarles.
La crítica polaca Magdalena Perkowska escribe en su libro Historias híbridas: “El tiempo verbal de un relato biográfico suele ser el pasado que connota la fijación.  Se narra la vida como una línea continua, borrando las fisuras y las líneas en fuga, lo que subraya la solidez del sujeto” (2008: 247).
En tal sentido, me he encontrado con una persona paradigmática: don Antonio Loáiciga Paniagua (Nicaragua, 17 de setiembre de1929) y su estimable familia. Él cuenta con 78 años de radicar en Liberia, Guanacaste.
Conocer a don Antonio, a don Toño Loáiciga, como se le conoce, cariñosamente, ha sido una gran alegría. Su historia de vida es un ejemplo de tenacidad, lucha y perseverancia para alcanzar los objetivos vitales, en procura de la superación y el logro por una mejor calidad de vida, tanto para él como para su descendencia.
A los 12 años quedó huérfano de madre.  Asimismo, su padre murió muy joven, sin haber tenido una importante relación afectiva. Su tío Jorge se encargó de hacerlo hombre, cuando lo puso a trabajar en su finca, desde tempranísima edad. Don Antonio reitera y agradece a su tío, el haberle dado esas enseñanzas, que él llama “prácticas de aprendizaje”.
Ingresó en la hacienda El Pelón de la Bajura, el 8 de febrero de 1949, a la edad de 19 años y se retiró, definitivamente, el 16 de febrero del 2017. Don Antonio estuvo trabajando en dicha hacienda durante 68 años ininterrumpidos. Toda una vida de aprendizajes y luchas. En mi criterio, él es un humanista del aprendizaje cotidiano.
         Siempre contó con el respaldo y la confianza de sus jefes, quienes una vez alcanzada su jubilación de ley, lo recontrataron durante dos periodos más, con incremento en sus ingresos. Todo ello, debido a su lealtad y gran capacidad administrativa.
          Progenitor de una numerosa descendencia, se comportó como un hombre responsable e integral. Todos sus hijos registran su apellido. Asimismo, contaron con su apoyo económico y afectivo.  La mayoría de ellos son profesionales en diversas áreas del conocimiento.
          Otra de las facetas de don Antonio es su proyección comunal, con la ayuda generosa a grupos organizados e instituciones educativas. Igualmente, como miembro directivo del Centro Agrícola Cantonal de Liberia.
          Me interesó, al adentrarme en el conocimiento de don Antonio, saber su criterio sobre 36 términos y valores. En ese ideario, es valioso el cuerpo textual expresado, pues refleja una amplia cosmovisión del mundo.  Sé que dichas conceptualizaciones ayudarán a los lectores para comprender o discrepar de los alcances de su contenido discursivo.
Recomiendo que se analice su ideario, pues sus criterios señalan rutas y vías de un pensamiento superior, de una persona con formación autodidacta, pero de firmes convicciones en la universidad de la vida y el trabajo honesto sobre amplias zonas temáticas. Hasta la fecha, don Antonio continúa siendo un gran y ordenado lector.
          Su anecdotario es un registro de peripecias y pruebas de vida. Fueron contadas mediante su privilegiada memoria, que atesora un intenso recordar selectivo, pleno de luchas, faenas y travesías, desde la hacienda El Pelón de la Bajura.
          En la mirada ajena, incluimos cuatro criterios. El de un trabajador de campo, el de una académica universitaria, el de un administrador de empresas y del propietario de El Pelón de la Bajura. En ellos, se evidencia la admiración, el cariño y la entrega de don Antonio dentro de espacios geográficos, comunitarios, laborales y humanos, desde donde alentó diversos proyectos de bienestar humano solidarista y comunitario.
Se incluye, asimismo, un álbum del círculo familiar. En él, la mayoría de sus hijos e hijas ha vertido un criterio sobre don Antonio, donde se puede establecer un corpus, en relación con la mirada desde el espacio de la convivencia más cercana e íntima, como padre.
La inclusión fotográfica se hizo conforme fueron llegando las fotografías y los textos. La crítica polaca Magdalena Perkowska aduce en su obra precitada: “El paralelismo que se establece (…) entre las fotografías y el texto funciona como un metacomentario sobre la organización temporal del relato y la dimensión selectiva de la narración (2008: 214).  El libro contiene 82 fotografías en blanco y negro, tanto personales, familiares y comunales.
Con base en dichos cuerpos textuales, consigno los elementos que se reiteran, en relación con don Antonio, a saber: humildad, lucha, trabajo, guía, caritativo, consentidor, amoroso, guardián, sabio, tutor, intenso, apasionado, coraje, fuerte, pilar de familia, perseverancia, amoroso, superación, perdón, discernir, puso límites, honesto, atento, inteligente, luchador, noble, ejemplo.
Don Antonio manifiesta su regocijo de haberse casado, en segundas nupcias, con doña Rosa Adilia Borge Borge, el 9 de enero de l978, hace más de 42 años.
         Si tuviese que construir un campo semántico sobre la personalidad de don Antonio Loáiciga Paniagua, sería el siguiente:
         Varonil, conversador, un ser humano integral, leal, honesto, abnegado, creyente, altruista, con gran preocupación para que su descendencia recibiera la mejor educación, con una gran capacidad de trabajo sin horario, y con una lealtad a prueba de siempre con sus patronos, en la hacienda El Pelón de la Bajura. Por esa razón, trabajó casi siete décadas en dicha hacienda, en tareas de administración.
           Él disfruta hoy de su jubilación y utiliza el ocio creativo, dado que es un gran lector y gran conversador. Goza de una notable memoria para fijar los acontecimientos que nos da a conocer. Mientras lo escuchamos rememorar sus luchas y peripecias, dentro del espacio dificultoso que le correspondió vivir, pero lo hace sin queja, más bien agradecido con Dios por la oportunidad de servir, desde diversos frentes de lucha, en faenas azarosas que cumplió con lealtad y compromiso.
Por otro lado, don Antonio disfruta de la cercanía de su familia, así como de la visita de sus 17 hijos e hijas, 34 nietos, 12 bisnietos y un tataranieto, cada vez que pueden reunirse, con ocasión de alguna fecha especial dentro del entorno familiar.
Antonio Loáiciga Paniagua: pasado y presente de luchas (San José: Lara & Segura Editores, 2020: 118) es un texto aleccionador, porque testimonia el hacer y quehacer de un ser humano, quien ha sabido ejercer un humanismo desde el permanente aprendizaje que es la vida.
En él, creo válido aplicar el pensamiento del escritor alemán Bertold Brech (1898-1956), cuando expresó que: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay quienes luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.


Antonio Loáiciga Paniagua


miércoles, 12 de febrero de 2020

LUIS BONICHE: LA POESÍA COMO ARTE AMATORIO INTENSO


LUIS BONICHE: LA POESÍA COMO ARTE AMATORIO INTENSO


Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica



Miguel Fajardo





(Guanacaste-Moravia, Costa Rica). Luis Boniche Delgado (San José, 1994). Estudios secundarios en el Colegio de Bagaces, graduado en la primera generación del Bachillerato Internacional.
Estudios superiores en la Universidad Nacional, donde obtuvo el Bachillerato en Gestión Empresarial del Turismo Sostenible, con Énfasis en Negocios Turísticos.
 Asimismo, se encuentra terminando su Licenciatura en Negocios Turísticos Bilingüe.
Realizó una Práctica Final Internacional en Marketing, Turismo y Comunicación integrada, en el Senac Porto Alegre, Brasil (2017).
Expositor  en el II simposio de turismo, Universidad Autónoma de Morelos, México (2017).
Formó parte de la Asociación de Estudiantes del Campus Liberia, Sede Regional Chorotega, de la Universidad Nacional.
Ha laborado en diversas instituciones. Es aficionado al cine y compositor.
Arte-amarte es su primer libro.
***
         En el panorama de la joven poesía costarricense, Luis Boniche (1994) da a conocer su primer libro de poesía. Tiene la edad ideal para su estreno literario.  En su perfil biográfico destaca su preparación académica y su interés manifiesto por diversas facetas del quehacer artístico integral.
         Su primer libro consta de  63 poemas.  De estructuración breve, en su mayoría, dado que al yo lírico le interesa plantear una especie de auscultación interior, en relación con sus expectativas en el arte amatorio: felicidad, correspondencia, soledad, ausencia, incomprensión, dolor, recuerdo, entre otros elementos.
En su poema de entrada, el yo lírico aduce “Maldito recuerdo de ti, / que no me deja vivir” (…) y, ahora, /no dejo de embriagarme de tanto dolor”. Las experiencias amatorias pueden acarrear ese tipo de respuestas.  Es una parte inherente de una relación con alguien diferente.
         Cuando se refiere al sentimiento de felicidad, el hablante es crítico “Felicidad sin ti, /es como fumarme un cigarrillo, / sin ese fuego incandescente” . La llama encendida de los sentimientos son efímeros, como el humo evanescente del cigarrillo. ¿Acaso la felicidad dura siempre?                                               
Otras veces, el hablante expresa “Déjame beber de tu bondad, / más clara que mi amor”. Ese tomo de petición, es una cierta actitud del deseo amatorio del hablante. Solo que esta vez no quiere desilusión, sino entrega apasionada.      
           En el texto se deja leer “observa el río que se lleva tu esencia (…) / que late, por ti, como relámpago en alta mar”. Es decir, el discurrir del río heraclitano subyace en estos versos. Es un río que late como el corazón, pero discurre a alta velocidad para caer en el mar de los relámpagos.  Es parte de la fugacidad y la plenitud del amor, que no siempre se queda, sino que se marcha, en busca de otros derroteros, pero “quiere salvar tu mendiga alma /que se pierde entre el río”.
“Revienta la intravenosa que hay en mí. / No tengas lástima de mí. /Porque mi alma ya no está aquí. /Te prometo que te amaré hasta el final”. Es evidente cómo el yo lírico establece una asimilación con lo espiritual, cuando incorpora el sustantivo alma, en relación con el sentimiento amoroso. Su acendramiento es promesa: su alma no está aquí, pero amará hasta el final. Lo anterior demuestra la incompletitud del ser humano. El alejamiento de su alma es un signo de esa dicotomía cuerpo/alma.
En estos versos, el yo lírico ahonda en los miedos; en los temores que implica una relación sentimental. Su tono es de incertidumbre, pero acaso no las tenemos durante nuestra vida. Por eso, el hablante enumera sus miedos sustantivos: tiempo, oscuridad, besos, abrazos, desnudez, sociedad, pecados, sed y ausencia.  “Tengo miedo del maldito tiempo (…) rumbo hacia la oscuridad. (…) Tengo miedo de tus besos que nunca llegan  (…) / y de esos abrazos carnívoros que vivo en mis sueños. (…) Tengo miedo de tu desnudez y de tu ombligo. (…) Tengo miedo de la sociedad y sus pecados,  (…) tengo miedo de la enorme sed, (…) que me produce tu ausencia”.                                                                                              
         Este marco amoroso del poemario de Luis Enrique Boniche, fija un cronotopo de espacio cerrado, dentro de  un lugar público, donde se presiente el anhelado encuentro con el ser amado “Cuando me acerco a la habitación 517, / mi cuerpo tiembla y el tiempo se desvanece.  (…) Esa habitación es especial,  / y es solo porque en ella estás tú”. 
Otro elemento importante en este poemario es la presencia auscultadora de la mirada “Has silencio para poder desearte con mis ojos,  / y calla, /para que mi mirada te desnude, / una vez más”. En el aquí y ahora, la mirada desnuda, con lo cual, el símbolo se manifiesta como experiencia erótica y sexual.
              El recordar selectivo es una condición “Hoy recordé que el pasado no tendrá olvido. / lo que nunca debí haber recordado en esta vida: ”. El paralelismo yo/tú del texto es una muestra fehaciente de la dialogicidad del poemario. En este tiempo de alta velocidad, es importante que exista ese diálogo en la pareja, toda vez que esa condición enrumba hacia un sino de convivencia y acuerdos.
El símbolo corporal de la boca como templo u hogar se resignifica como una zona erógena expuesta al sentido erótico “Tu boca es mi templo: mi hogar”. Según Octavio Paz, “el erotismo es deseo sexual y algo más; y ese algo es lo que constituye su esencia propia” (Paz, 1971: 182). “Me siento vacío, / en este espacio sin sentido”.
En la interrogación retórica, el hablante inquiere en relación con “¿Por qué, mi vida tiene que ser tan desierta sin ti? /¿Por qué, te lloro tanto, si ni siquiera sé quién eres?” Ese redescubrirse con seres desconocidos angustia al hablante, cuando se pregunta por qué la ausencia de la otra persona implica una vida desértica para el yo. Dichas interrogaciones no tienen respuesta para los lectores, solo para las personas involucradas en una relación.
EnEl dolor del arte”, el hablante vierte una especie vehemente de poética, justamente, la que contiene el título de su poemario “Arte-Amarte”:  “Arte oscura, ven a mí, / soy tu cura y tu aprendiz, /lléname de amor y báñame de dolor. /Arte, ten piedad de mí  /no permitas  /que muera antes del fin:  /dame cordura,  /dame pasión, /dame tu don”.
           En las relaciones amorosas, uno de los obstáculos es, muchas veces, la distancia entre los amantes. De ahí deriva, entonces, ese tono de queja, de impotencia, de impedimento, todo lo cual torna que las horas duelan,  haya sed de cercanía, se quiera borrar las distancias y, lo imposible, hacer el mundo más pequeño para propiciar el encuentro, o bien, el reencuentro “Ojalá pudiera hacer aún más pequeño el mundo, / para tenerte aún más cerca de mí. /Ojalá la distancia no fuera impedimento del amor. /Ojalá tu recuerdo me quitara esta enorme sed de ti.  /Malditas las horas y sus segundos: por qué duelen tanto”.
Otro de los temas recurrentes en las relaciones amatorias es la soledad y el olvido; el olvido y la soledad. Ambos sustantivos tienen una gran carga de afectación emocional, por ello, el hablante pregunta “En qué momento tu olvido, /se convirtió en esta gran soledad”. Y es que acaso, no haya una respuesta, de ahí, entonces, el tono de pesadumbre y desencanto “Responde ya: /porque un segundo sin ti,  /es una eternidad”. Lo cierto es que / me armas, / y me desarmas. /Te necesito:  /siento que moriré aquí, sin ti”.
En “Alien”, el hablante aduce que llegó un ser entremetido, quien bajó “por puentes de hidrógeno” entre él y ella. El sistema recolectivo es contundente “ella me dejó por un alien”. “Pero vino desde las constelaciones, / bajando por puentes de hidrógeno, /un ser entrometido, lo vi a los ojos. /Y ella me dejó por un alien”. En otro poema parece estar una respuesta  a sus interrogantes  ¿Qué hago con lo que siento? /¿Qué hago con lo que amo?
          El poema “Primera vez” es una hoja de ruta amorosa.  Acaso han empezado así las comunicaciones amatorias no verbalesHicimos contacto, / nuestras miradas se desnudaron. /Nuestros labios ardieron”. Miradas y labios ganan una gran fuerza expresiva erótica.
El hablante lírico de ARTE-AMARTE  inquiere sobre el dualismo yo/tú y se autodefine con el binarismo nadie/todo. ”. “¿Quién soy yo?, "nadie". / ¿Quién eres tú?, todo. /Maldita vida sin sentido: / ¡Déjame morir!” Sin embargo, el final del texto es una ruptura, cuando expresa “Déjame morir”. En otro texto aparece una respuesta a los planteamientos anteriores “¿Dónde estuviste todo este tiempo? / Solo mírame otra vez, estoy feliz, sin ti. /Solo mírame otra vez, estoy mejor, sin ti”. Es una especie de respuesta a la ausencia de amor.
En síntesis, este poemario de estreno del Lic. Luis Enrique Boniche es una puesta en práctica de su poesía amatoria.  Con todas las cargas semánticas que implica dicha temática, pues son ejes personalísimos que acaban como una experiencia vital en torno de dichos núcleos de expresión.
Concluyo  con el poema que da título al poemario.  Es una especie de arte poética, donde  se expresa su sentido dolorido, pero también de gozo y plenitud por los momentos amatorios vividos, cuya experiencia es un arte que se disfruta en su momento, contra las amarras de las embarcaciones en alta mar, en plena tierra, en el alma distante de lo cotidiano, siemprevivo. El amor nunca agota todas las posibilidades. No puede ser definido, solo tiene que sentirse  y vivirse; gozarse o cultivarse, o bien, en el peor escenario, abandonarse, como una opción de salida con dignidad. El amor es humanidad, pero tiene sus bemoles. Todos lo hemos experimentado, en algún momento de esa experiencia terrestre, sin horarios…
Arte Amarte /  LUIS BONICHE
He estado triste y desanimado
escribiendo poesía
en mi cuarto abandonado.
Y me es duro saber
que nadie entiende
que el amarte
de la forma que lo hago es un arte.
Y para mí es complicado explicarte
que mi arte es amarte.

Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Centro Literario de Guanacaste, Costa Rica,
fundado el 20 de marzo de 1974


lunes, 27 de enero de 2020

Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda

Vacío habitado, (André Cruchaga El Salvador)







Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda de un lenguaje aprehensor
del sentido/ sin  sentido de la existencia

José Siles1

1 Narrador, poeta y catedrático de Universidad. Universidad de Alicante (España).


            André Cruchaga es un poeta salvadoreño que nació en Nueva Concepción (Chalatenango, 1957). Cruchaga se inició en la poesía allá por la década de los ochenta empezando a compatibilizar su actividad lírica con su trabajo como docente y gestor educativo. Su amplia obra ha sido traducida a varios idiomas llegando a obtener un importante reconocimiento internacional: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996), “Roja Vigilia” (1997), “Ru­mor de pájaros” (2002),"Oscuridad sin fecha” (2006), “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (2009), “Viajar de la Ceniza” (2010), “Cielorraso” (2017), etc.
            André se incorporó al universo poético ante la necesidad de dar rienda suelta a su humanismo sensorial…, una faceta que explica en gran medida la insaciable  transversalidad sensitiva de sus poemas; tal vez eso tenga que ver con su infatigable actividad creativa y con la repercusión internacional que han tenido sus poemas que han atravesado fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Sin duda, una muestra de esta proyección internacional la constituyen la aparición de “Memoria de Marylhurst” en Estados Unidos, “Caminos cerrados” en Méjico y “Poeta en Barataria” en Cuba.
             El poeta salvadoreño nos vuelve a sorprender con una nueva y extensa obra: “Vacío habitado” editada por Teseo e integrada por nada menos que 112 poemas. Una de las características primordiales de esta nueva entrega consiste, de nuevo, en una radicalidad (de raíz, de profundidad, de ignota trascendencia) que confiere un gran calado al conjunto de la obra. Efectivamente, leyendo cualquiera de estos poemas al azar, el lector podrá confirmar tras su detenida lectura la persistencia de una estética que trasciende y aglutina la diversidad temática en cualquiera de ellos. Tal como afirmamos cuando escribimos la reseña de Cielorraso: “(…) Cruchaga no se ampara en la supuesta sencillez del fenómeno sujeto de su acción poética, sino que su indagación profundiza en las raíces siguiendo todas las vías posibles del ser poético…,ser que observa, siente, huele, ama, odia, toca, disfruta, sufre y, sobre todo,  respeta la esencia del sentimiento. Respeta porque ante todo se esfuerza por mantener la complejidad de su naturaleza. Cruchaga es un poeta sinestésico abierto al polisensualismo y esto lo convierte en alguien que busca casi obsesivamente la trascendencia de cada acto perceptivo yendo siempre al mismo fin: despertar la conciencia del ser humano ante la fatal incomprensión de una realidad tan confusa y aplastante como la misma muerte” (Siles, 2017: 246).
            Etiquetar a los poetas según las características de sus obras no es tarea sencilla y, muchas veces resulta artificioso, pero en el caso que nos ocupa es aún una tarea mucho más ardua. También es posible escudriñar las influencias de otros poetas y otros movimientos: modernismo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc. En este sentido, Cruchaga admira y ha leído a muchos poetas y seguramente tendrá influencias de muchos de ellos, pero es difícil que se reflejen en su poesía de forma evidente. Vicente Huidobro es uno de los poetas cuya influencia sí se puede atisbar nítidamente en el trabajo de Cruchaga. Huidobro equiparaba el arte poético al ejercicio divino pues éste rezumaba la libertad y la pulsión creadora que le permitía escribir poemas como “Ella”[1] en cuyos versos, como en una barrena que atraviesa las paredes de habitaciones donde todo es “Vacío habitado”…, se aprecia el  potencial sintetizador de la sinestesia[2]

“Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas”.

            Ya en la Biblia y en la  poesía clásica se encuentran antecedentes del enfoque poético sinestésico: Cantar de los Cantares (oleum efusum nomen tuum), Homero (voces color lirio), Platón (oscuro oír),  Virgilio, los barrocos españoles, el simbolismo francés decimonónico  los románticos ingleses y alemanes, los  modernistas, especialmente Rubén Darío y Juan Ramón (Schrader, 1975; Ynduráin, 1969; Córdoba, et al, 2012). Pero la amplitud del enfoque sinestésico desborda los límites de los ismos y las generaciones. Así podemos ver como Vicente Alexandre, representante de la generación del 27, integra en su universo poético la visión “fundidora” de los sentidos tanto a través de la mística de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León como en los románticos decimonónicos ingleses. En definitiva, como Cruchaga, se trata de un poeta afincado en la necesidad de fusionarse con el cosmos para huir de la soledad, de la condena a la mortalidad. Por eso Alexandre también está influenciado por la sinestesia de los románticos ingleses que buscan una trascendencia emocional que los rescate de la nimiedad del ser: “Yo en estas tardes leo  Shelley, hermano cuya luminosidad me deslumbra. ¿Qué naturaleza dorada, melancólica o estática, ebria de luz o de tristeza y de amor (…)” (López Martínez, 1991: 284). 
             En Cruchaga encontramos esa misma poesía saturada de dinamismo y síntesis en la que el cosmos, la naturaleza y el ser humano aparecen simultáneamente tan luminosos, ebrios de luz y amor como melancólicos,  dorados por atardeceres declinantes y profundamente hundidos en una amarga y triste melancolía, tal como se muestran los sentimientos del poeta en “Transparencia”: Mirar la gota en el ojo que la ansía./La gota solamente en lo profundo./—Pero, no mires la claridad, en la claridad misma,/sino en la salida de los rostros y los nombres;/todo tiene su ritmo, el fuego y la muerte, el tiempo que nos alcanza y nos deja, el grano de mostaza en la estatura, la roca fiel al río/en su propio espejismo./No mires los colores volcados en el arcoíris,/sino en la rama disuelta del designio,/que la palabra compartida es silencio (…)” (Cruchaga, 2020:37).
              Esta estética pan-sensorial y sinestésica en la que el poeta traspasa el límite impuesto por la lógica ordenada de la realidad transformándose en un creador (creacionismo) sin ambages a imagen y semejanza de un dios, se aprecia en muchos de los poemas de Cruchaga y en “Vacío habitado” nos encontramos con varios poemas en los que la visión fractal de la realidad se viste de poesía como en “Invocación a la saliva” (Cruchaga, 2020: 169).

“En la boca, la saliva brama sus litorales.
¿De qué estás hecha para morder los crepúsculos
el pulso claro de las palabras,
los peces del fuego?
Gira alrededor la ráfaga de los minutos
Deambula la ebriedad de los sótanos,
los superhombres de la ficción (…)”.

            En definitiva, se encuentran en Cruchaga, algunas reverberaciones esenciales del creacionismo que lideró el poeta Chileno Vicente Huidobro,  que consideraba la poesía como una divinidad creadora de realidades dinámicas que fluyen a través del tiempo en un inaparente  y desconcertante equilibrio en el que la muerte juega un papel organizador crucial. En este sentido, André Cruchaga dedica varios poemas de su “Vacío habitado” a la muerte y a sus manifestaciones: Cada día la muerte, Fosa, Féretros,  Cada día nuestra fosa, Cadáver; porque conoce la sórdida necesidad de muerte que tiene la existencia para que prevalezca cierto orden, tal como afirma Siles en Paradoja: La muerte/ esa fulana maldita/con fama de puta/es la asalariada peor retribuida/ por la vida/ causa y fin de su existencia/…y su principal explotadora  (Siles, 2014:16).
           Así, en “Féretros” el poeta vislumbra con el sosiego de los sabios cautos la irreversible llegada del porvenir: “Siempre me ha cautivado la madera al poniente de mis zapatos. /En el callejón sin salida de la tumba,/las honras fúnebres del océano. /Y la turbiedad de los espejos (…)” (Cruchaga, 2020: 54).
            En “Cada día la muerte”: “Sube a la memoria el prensapapel de los ataúdes./ Todo está escrito, allí, después de todo en la respiración (…)”(Cruchaga, 2020:22)  se aprecia la preexistencia del final desde el primer aliento vital, pero no como un drama, sino más bien como la constatación de una realidad que todo el mundo necesita soslayar para seguir su camino con cierta higiene diaria.
            Pero sería poco ajustado a la realidad centrar la estética de Cruchaga en el creacionismo porque, en el fondo, lo que busca el poeta no es sino el entendimiento de la realidad, el tan traído y llevado “sentido de la vida”. El problema para Cruchaga como para otros grandes poetas, es la enorme impotencia que el ser humano tiene para detectar el auténtico sentido de la existencia, tal vez porque, en el fondo, no existe tal  sentido…, al menos dentro de los límites del lenguaje convencional que sigue subordinado a una realidad ordenada con una lógica incontrovertible. Sí, el lenguaje y sus limitaciones para expresar la complejidad contradictoria y múltiple de la realidad constituye una de las constantes y obsesiones de Cruchaga que, como Sísifo, emprende una y otra vez la fatigosa tarea de empujar la enorme piedra  de la poesía montaña arriba en una búsqueda incesante de sentido…a pesar de que tal vez es una tarea imposible; así lo expresa en “Césped en el ansia”: Nunca supe,/ qué cosa es el destino;/ y sin embargo, entendí los tiestos de ceniza alrededor de los zapatos,/ sobre la joroba de la pesadumbre,/ en la voz desmembrada de la espuma con toda su pureza de sal,/ salmos galopantes de las sombras (…)” (Cruchaga, 2020:20).
           En esta pundonorosa y continua búsqueda de una nueva forma de expresión, de adaptación del lenguaje a las raíces ignotas de la realidad, hay que interpretar el denominado lenguaje fractal en cuyo territorio se adentra el poeta salvadoreño. En este sentido, Jiménez Simón (2018) sostiene que Cruchaga concilia su obra en un universo ético donde impera el caos, pero solo aparentemente, porque en el fondo de su poesía persiste una geometría matemática cuyo orden es tan fundamental como inaparente.
           Con los descubrimientos de la física cuántica se reconoce, por fin, la impotencia del lenguaje para conciliar la realidad emergente con una nueva lógica diametralmente opuesta a todo lo preexistente, a todo el entramado previamente interpretado. Y se llega admitir que la existencia de una realidad y su contraria (el famoso gato que puede estar vivo y muerto simultáneamente según vengan dadas) forma parte de una verdad tan esencial como inaccesible al entendimiento y a su expresión mediante el lenguaje neopositivista. Emily Dickinson escribió un poema a mediados del XIX, Posibilidad, “(…) que bien podría haber sido esgrimido por Bohr o Heisenberg para ilustrar lo esencial de la realidad cuántica (…)” (Durán, 2017): “(…) Habito la posibilidad,/una casa más bella que la prosa,/más numerosa de ventanas/y más rica de puertas (…)” .
            Así Cruchaga sostiene en “Trama” la incidencia del cromatismo en la plasmación de una realidad que tan sólo es una muestra diminuta de todas las opciones, de todas las situaciones posibles: “Realidad,/ —¿Cuántas bocas encantadas en tu nombre?/¡Cuánta saliva en tu cuerpo?/(…)/—La realidad, ¿es sólo una aventura del cromatismo, acaso la oscuridad/enardecida, o la polea que nos provoca los sueños,/o el estatuto del caos que se rearma en el horizonte?” (Cruchaga, 2020: 108). No en vano poetas y hasta narradores como Michel Houellebecq ya se han posicionado sobre esta cuestión y en “El mundo como supermercado” el novelista francés apuesta por la necesidad de que la ciencia acepte la poesía como herramienta imprescindible en la construcción de un nuevo lenguaje que asimile y facilite la digestión intelectual de las contradicciones propias del universo cuántico (Cervantes, 2013). Leer los poemas de Cruchaga facilita, sin duda, una gestión diferente de la percepción del mundo y esto, en sí mismo, creo que transgrede el ámbito poético; así, en “Fermentos”, nos encontramos con el carácter invertebrado de toda certidumbre: “(…) En la pira del extravío,/ lo fugitivo de las certezas,/el hilillo del ansia como huella de piedra mientras existimos./Algo quedará en las estrofas del horizonte,/quizás el horizonte mismo/con sus aguas revestidas, el barullo o la muerte de nuestras horas,/el lindero o el obelisco de la espuma… (Cruchaga, 2020:69).
            Pero más allá del lenguaje fractal, los avances de la ciencia cuántica, el creacionismo o la sinestesia empleada por diferentes ismos a los que ya hemos aludido, tal vez lo crucial en la poesía de Cruchaga radique en algo que es mucho más elemental y compartido por el universo poético:  la falta de sentido de la vida. Ya Heidegger recurrió a la poesía para lamerse las heridas provocadas por su lacerante afirmación sobre lo absurdo de la vida en “El ser y el tiempo”: El hombre es un ser arrojado a la vida para la muerte (Siles y Solano, 2007). En El salto, Heidegger reincide en su desesperanza por hallar un significado a la existencia: Toma, arroja y abriga/ Y el salto sea/Desde el más amplio recuerdo/Hacia un infundado circuito (…)” (Heidegger, 2008).
           Cruchaga anda envuelto en una búsqueda existencial donde aparece una y otra vez el salto hacia el absurdo, calificativo que ha dado lugar a un “ismo” que va más allá del creacionismo: el “absurdismo” que surge como toma de conciencia del poeta de la imposibilidad de encontrar un sentido a la vida y que acaba convenciéndose de que la postura menos indecorosa consista en asumir ese hecho. El absurdismo hunde sus raíces en el existencialismo donde destacan Sartre y Camus, pero tal como afirma Cohen la poesía, aunque rompe la cadena causal para aprovechar el impacto desintegrador de la irracionalidad, no es en absoluto absurdo (solo es un absurdo en apariencia), porque mediante la creación poética vinculada al absurdismo se construye el sentido de la existencia que resulta inalcanzable por otros medios. Soní Soto (2009) analizando el absurdismo del peruano César Vallejo sostiene que el absurdo es la consecuencia de la reacción contra el orden normal para transmitir la propia concepción de la realidad que deviene de sus vivencias y sensaciones. ¿Nos suena esto en la obra de Cruchaga? En definitiva, siguiendo a Jean Cohen,  los esfuerzos de Cruchaga se centran en lograr una convergencia entre la criptica realidad y el lenguaje: “La misión propia de la poesía es ofrecer a lo más sólido del lenguaje y a lo más misterioso del mundo un lugar para una misteriosa coincidencia” (Cohen, 1973; Cervantes, 2013).
            En definitiva, en “Vacío habitado” el lector encontrará los hermosos, intensos y dramáticos poemas de un poeta irreductible en su complejidad que resulta difícil de etiquetar, y que utiliza la sinestesia para cruzar a nado la existencia…, una existencia poética en la que Cruchaga transita sin renunciar en ningún momento a su sensualismo sinestésico  desde un creacionismo “sui géneris”, en el que la percepción de la realidad es tan radical como la raíz de una secuoya milenaria,  a una poética insurgente creadora de un metalenguaje que se rebela pacíficamente desde el absurdismo lírico contra el absurdo de la existencia; y en medio de todo, los versos como instrumento para cambiar el mundo…, aunque sólo sea en la entrañable e irrenunciable  órbita del universo íntimo.
Referencias

Cervantes, J. (2013). El absurdo creador (por Michel Houellebecq en ‘El mundo como supermercado’). Recuperado de https://amanecemetropolis.net/el-absurdo-creador-por-michel-houellebecq-en-el-mundo-como-supermercado/

Cohen, J. (1973). Estructura del lenguaje poético. Madrid: Gredos.

Córdoba, M.J. (et. al.) (2012). Sinestesia. Los fundamentos teóricos, artísticos y científicos. Granada: Ediciones Fundación Internacional Artecittà.

Cruchaga, A. (2020) Vacío habitado. El Salvador: Teseo.

Durán, A.J. (2017) Poesía del mundo cuántico (Emily Dickinson). Píldoras. Recuperado de https://institucional.us.es/blogimus/2017/04/poesia-del-mundo-cuantico/

Heidegger, M. (2008) Meditación. Madrid: Biblos.

López Martínez, M. I. (1991). Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre. Anuario de Estudios Filológicos, 14, 283-299

Martínez Simón, J.R. (2018). El realismo fractal de la palabra. Recuperado de Schrader, L. (1975). Sensación y sinestesia. Madrid: Gredos.

Siles, J. (2017). Cielorraso, la poesía sinestésica de André Cruchaga. Cultura de los Cuidados, 21(48), 245-246. Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2017.48.27

Siles, J., & Solano, C. (2007). El origen fenomenológico del “cuidado” y la importancia del concepto de tiempo (…). Cultura de los cuidados. 11(21) 19-27

Ynduraín, F. (1969). Sinestesia en la poesía de Juan Ramón. Madrid: Gredos.

Soní Soto, (2009). Trilce, la poética del absurdo.  Revista, Casa del Tiempo, II-IV,  (22-23), 13-28. Recuperado de https://aracelisoni.wordpress.com/2009/08/23/trilce-la-poetica-del-absurdo/


[1] Fuente: https://www.zendalibros.com/5-poemas-vicente-huidobro/
[2] Se puede interpretar la sinestesia como la fusión de diferentes sentidos en la percepción de diferentes estímulos. 


José Siles González, (prologuista, España)



José Siles González
Biografía
Su infancia transcurre en su ciudad natal, Cartagena, donde cursa sus estudios de primaria en el Patronato de Cartagena (1962-1969), y de secundaria en el Instituto de Enseñanza Media Isaac Peral. Tras un breve periodo en la Marina inicia su periodo universitario en Murcia (licenciado en historia y pedagogía, ATS), gracias a esta última titulación, lo que hoy se conoce como “enfermería”, trabaja en ciudades andaluzas como Cabra, Córdoba y Almería. A finales de los ochenta recala en Alicante, donde realiza su doctorado en historia y comienza a impartir clases en la Universidad de Alicante, en la cual ocupa actualmente un puesto de Catedrático en la Escuela de Enfermería. Haciendo alusión a su faceta de escritor, el propio autor señala «Desde el principio hasta el final, me he sentido atraído por la literatura, y gracias a ella en general y a autores como: Goytisolo, Landero, Joyce, Faulkner o José María Álvarez, me ha sido más fácil sobrellevar eso que llamamos "las cosas de la vida" ».
Bibliografía
Publicaciones
NARRATIVA
-Resaca estigia. Osario, Cartagena, 1986.
-La última noche de Erik BiKarbonato. Aguaclara, Alicante, 1991. (Premio Café Iruña, Bilbao.)
-El hermeneuta insepulto y otros relatos. Ayuntamiento de Villajoyosa, 1992. (Premio ciudad de Villajoyosa, 1991).
-La delirante travesía del soldador borracho y otros relatos. Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1995.
-Incluido en la antología: Nueva narrativa Alicantina, con la obra "La Utopía Reptante". Eediciones Tucumán, Alicante, 1997.
-El latigazo. Huerga & Fierro, Madrid, 1997. (Finalista en premio de novela Ciudad de Barbastro).
-La Venus de Donegal. Libertarias Prodhufi, Madrid, 2012.
-La Utopía Reptante y otros relatos. Verbum, Madrid, 2015.
POESÍA
Poemarios Protocolo del hastío. Vitruvio/ Colección Covarrubias, Madrid, 1996.
El sentido del navegante. Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
Incluido en la antología: Poetas Valencianos del 90. Antología y Diccionario (Editor Ricardo Llopesa). Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
La sal del tiempo. Huerga & Fierro, Madrid, 2006. Los Tripulantes del Líricus. Editorial Devenir, Madrid, 2014.
Poemas en diferentes revistas literarias de España e Hispanoamérica
Ladridos de agua. Revista Perito en Lunas nº 10, p-23; 2006.
La metamorfosis del mercader. Letralia nº 291, 2013 La loca. Letralia nº 291, 2013. Fuente: 
https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Siles_Gonz%C3%A1lez

martes, 19 de noviembre de 2019

LA SOLIDARIA MISIÓN DEL WINNIPEG NERUDIANO

Fuente de la imagen: Agencia EFE.





LA SOLIDARIA MISIÓN DEL WINNIPEG NERUDIANO



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com




"Yo los puse en mi barco (...). Mi navío esperaba, con su nombre remoto, "Winnipeg", pegado al malecón del jardín encendido, a las antiguas uvas acérrimas de Europa". Misión de amor, Pablo Neruda.

            Pablo Neruda (1904-1973); Premio Nobel de Literatura, 1971. Su vasta obra es un archivo del alma planetaria, que partió del sur del mundo, y se arraigó en cada una de las geografías del orbe. Neruda es un Maestro, a quien todos hemos leído, no importa el país, la ideología o la edad, pues la gran poesía no acepta condicionamientos.
        
Esta vez, no hablaré de su poesía, sino de su invaluable acto de solidaridad humana. La travesía del Winnipeg, viaje organizado por el cónsul Pablo Neruda, su esposa Delia del Carril, junto con Abraham Ortega Aguayo, ministro de Relaciones Exteriores y Comercio.

En dicho barco se transportó a 2400 refugiados españoles republicanos, después de la Guerra Civil Española (1936-1939). El 2 de setiembre, el barco fondea en la bahía de Valparaíso, y desembarca el 3 de setiembre de 1939.

Al concluir la Guerra Civil Española, Neruda conoce las condiciones infrahumanas de los refugiados españoles en campos de internamiento de Francia, por ello, opta por trasladar a 2400 refugiados, desde Francia hasta Chile. Para ello, el presidente Pedro Aguirre Cerda lo designa Cónsul Especial para la Inmigración Española.

España es clave en su espacio de vida. Su obra España en el corazón (1937), significa un viraje hacia una poesía combativa, solidaria con los sufrimientos del ser humano. Según Darío Oses "Neruda siempre se preocupó por los más desvalidos y el espectáculo lamentable de la España bombardeada lo conmovió tremendamente (…) Hay una coherencia muy grande entre el poeta literario y el poeta ciudadano. No hace diferencia entre vida y poesía”.

El Winnipeg era un viejo carguero francés de 143 metros de eslora y 18 metros de manga, que se adaptó para el traslado masivo de personas. Zarpó del puerto de Pauillac, el 4 de agosto de 1939 y su travesía hasta Valparaíso duró un mes.
Neruda reunió dinero para los pasajes, gastos y estadía de los primeros meses en Chile. Gestionó visas y certificados médicos; seleccionó pasajeros. Un republicano que llegó en el barco decía: ‘tierra es tierra en todas partes, pero patria es libertad'”, según el testimonio de   Jaime Ferrer, autor del libro Los españoles del Winnipeg: el barco de la esperanza.

Neruda escribe: “Nuestro país os recibe con cordial acogida. Vuestro heroísmo y vuestra tragedia han conmovido a nuestro pueblo. Pero tenéis ante vosotros solo una perspectiva de labor, que puede ser fecunda, para bien de vuestra nueva patria”.

Durante mi reciente visita a Chile, pude ir a Isla Negra, donde hay una placa, cuya inscripción deja leer: “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”, en referencia a su acto de solidaridad humana con los 2400 refugiados españoles del Winnipeg.

El poeta chileno Andrés Morales Milohnic aduce “Pablo Neruda había sido, como Cónsul Chileno para la Inmigración Española, quien había liberado a mi familia paterna de los campos de concentración de Argeles y Saint Ciprien y quien luego los había salvado de una segura muerte en la Segunda Guerra Mundial, embarcándolos en ese mítico vapor Winnipeg, que atravesó el Atlántico con rumbo a la libertad que Chile ofrecía en esos años”.

Es interesante destacar el aporte de dicha inmigración española. Los expertos reconocen que la llegada del Winnipeg cambió a Chile. "El aporte en áreas como la industria, la educación, la ciencia, el arte y la cultura fue extraordinario”, destaca Ferrer. Asimismo, tres inmigrantes recibieron el Premio Nacional, la mayor distinción chilena: José Balmes y Roser Bru, en arte; Leopoldo Castedo, en historia. El astrónomo José Maza fue galardonado en ciencias. Otro caso emblemático es el del Ing Víctor Pey, quien desarrolló obras portuarias, partiendo por Arica, donde él mismo había desembarcado.

A 80 años de tan grandioso acto de voluntad solidaria, Chile y España se han unido para proyectar esta hazaña, mediante exposiciones, seminarios, conversatorios, ciclos de cine y conferencias.  Sin duda, allí estará la gran familia del Winnipeg, con los cerca de 40 refugiados que aún viven y sus descendientes.