En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



jueves, 11 de mayo de 2023

GNOSEOLOGÍA POÉTICA: EL LENGUAJE DESCOYUNTADO NOMBRA LA TORSIÓN

 

Metáfora del desconcierto-André Cruchaga


GNOSEOLOGÍA POÉTICA: EL LENGUAJE DESCOYUNTADO NOMBRA LA TORSIÓN

 

Dr. D. Enrique Ortiz Aguirre

 

 

La metáfora es un procedimiento intelectual por cuyo

medio conseguimos aprender lo que se halla más lejos

 de nuestra potencia intelectual… Es la metáfora un

suplemento a nuestro brazo intelectivo y representa,

en lógica, lo que la caña de pescar o el fusil.

JOSÉ ORTEGA Y GASSET

 

 

El poeta André Cruchaga no es solo un poeta en la indiscutible madurez de su creación, sino un prolífico escritor cuya genialidad reside tanto en la profundísima originalidad de su voz cuanto en un peculiar modo de interpretar la tradición. Con este asombroso poemario, Metáfora del desconcierto, profundiza nuevamente una poética surreal desde un imaginismo innovador, capaz de conducir el lenguaje hacia dimensiones otras que nombran espacios en derredor imposibles de referir desde concepciones del razonamiento convencional. En puridad, con Metáfora del desconcierto el poeta le devuelve su naturaleza al lenguaje poético, toda una gramática para articular el pensamiento poético. Sin duda, la poesía de André es tan torrencial como proteica, tan poliédrica como fundacional, pero su auténtica esencia descansa en la exploración de un lenguaje que permite, al mismo tiempo, decir lo otro y comprender/aprender lo otro. No puede concebirse lo otro simplemente como lo ajeno, lo extraño, aquello que no puede identificarse con el sujeto, sino -muy al contrario- que se habita lo otro que corresponde a nuestra dimensión más humana inaccesible desde la racionalidad convencional; por tanto, ese magma no convencional que nutre una realidad compleja, variopinta, se conoce y se nombra desde la peculiaridad de un lenguaje articulado mediante la construcción de imágenes insólitas.

El predicamento surrealista, atemporal, se adapta al siglo XXI para mantener la consigna bretoniana: "el vertiginoso descenso en el interior del espíritu"; por ello, la poesía de Cruchaga no dibuja mundos externos, evasivos, ajenos, sino que constituye una experiencia humana total, profundamente introspectiva sin renunciar a la dimensión desintegradora que también forma parte de la naturaleza humana. De este modo, Metáfora del desconcierto no puede considerarse una propuesta estética sin más, ya que la poética cruchaguiana se articula en la totalidad. De ahí que nos encontremos ante una estética ética, ante una exploración del ser humano individual en una reivindicación de la poesía como fuerza liberadora de lo humano en perfecta identificación con lo vital. Nuevamente, el anverso y el reverso se funden para confundirse en una poética de la piel, tan introspectiva y replegada hacia lo más íntimo (el lenguaje de lo inconfesable que nos identifica) como en contacto permanente con un exterior desestructurador de lo humano, necesitado de una forma de expresión alucinada generadora de conocimiento mediante otro tipo de racionalidad: de nuevo, el pensamiento mediante la emoción torrencial, la racionalidad dinámica de lo irracional semoviente para irradiar luz en las geografías más inhóspitas de lo humano.

¿Cómo lograr esta sintaxis del milagro? Evidentemente, Metáfora del desconcierto encierra un lenguaje milagroso, ancestral y visionario que, en parte nombra lo soterrado, convoca el significado mítico y anticipador de la palabra poética en un magma del misterio que designa el arcano del hombre pero la clave de lo totalizador reside en la conciliación de contrarios y, singularmente, en la capacidad transformadora de la metáfora para esgrimir el lenguaje de las imágenes, no solo para describir lo ignoto sino para recrearlo frente a los ojos atónitos del lector, entregado a una lengua torrencial que se articula mediante la yuxtaposición de imágenes. Este poemario de Cruchaga deviene ejercicio liberador para polemizar frente a los convencionalismos, enemigos de lo humano. Así, cada artefacto participa de una respiración cósmica que desde su lejanía sideral invoca lo insondable de las profundidades más humanas; palabra, imagen, respiración, vigilia, sueño, desnudez y armadura se diluyen en los dominios de la exacerbación de lo humano. Todo ello pretende vencer la dimensión de lo aparente para habitar lo esencial; esa poesía que ilumina (en su evidencia gnoseológica que la convierte en forma de conocimiento) tanto como quema (en su naturaleza vivencial dinamizada en significantes metamorfoseados en imágenes insólitas para vehicular una racionalidad otra) en su celebración mística, en el canto desgarrado de la fusión entre lo poético y lo humano. El pensamiento surreal, pues, comunica los opuestos en el universo de lo imaginario y lo real como elementos complementarios que se sustancian en el alejamiento entre los términos que esgrimen las metáforas inmensas de la entropía. La intensidad del alejamiento semántico entre los términos de las imágenes entronca con el lenguaje mismo del espíritu y tensiona al lenguaje poético desde la combinación de versos y de prosa poética en lo híbrido como intersticio que comunica las diferentes dimensiones; así, lo poético y el lenguaje del mito, en los umbrales de la significación, se confunden con los neologismos y los vocablos más rabiosamente actuales (Tuit en “Desmesura”; rap en “En medio de huesos”…); el vacío y el silencio se tornan significantes en “Extrañezas”, “Siempre he sido extraño habitante”, “Lazo de silencio”, “Como el cuerpo de una campana”, “Del lado del sonido ahuecado”, “Justo aquí se guarda silencio” o “En las aguas interiores”; se convierte en central y en profundamente lúcido el pensamiento lateral en “Permanentes incendios”, “Estado de paranoia” o “En el homicidio de la razón”; el amor y el erotismo conectan con el origen y con el acabamiento en  “El amor se me va”, “Ya en la piel se insinúa”, “Podríamos morir en un beso”, “Fábula del ahogo”, “Entre los dos cuerpos, un río” o “Sobre el agua que se cierne”; arroja luz lo sombrío, se reivindica lo secreto plegándose en su propio sortilegio en “Ojal de sombra”, “Cerradura de la sombra”, “Ante la demasía de la oscuridad”, “Aquí los adoquines oscuros”, “No sé por qué las sombras”, “Suelo escapar de las zonas oscuras”, “En la oscuridad de las aceras”, “En la sombra”, “A mitad de la noche”, “Que me trague la noche” o “Encuentro con la noche”; la negación se hace militante, afirmativa, en “Ahí no se escucha voz”, “No quiero”, “El país se nos niega”, “Cada bolsillo se nos llena”, “No quiero un país de sal”, “Mientras la ciudad y sus calles” o “Y al parecer el viento borra”; pero -sobre todo- el existencialismo desgarrador habita lo gnoseológico (como el dolor poético cesarvallejiano) en la mayoría de estos geniales artefactos (entre otros, en “Al filo del ahogo”, “Testimonio sin reparo”, “Subsuelo del país”; “Nada tiene sentido”, “Travesía de la memoria”, “Mudo aprendiz”, “No hay nada infalible”, “Breve historia de mis manos”, “Biografía del tiempo”, “Sobre el nicho mojado, “Sobresaltos del sueño”, “Firmamento de la noche”, “Siguen los sueños decapitados”, “Pez de sangre”, “Estado desvalimiento”, “Igual que la hojarasca del viento”, “Todo es tiempo”, “En la fila de los desamparados”, “Siempre escribí esa otra manera”, “Nací con una madurez a cuestas”, “Hay una extraña manera”, “Antes, el reverso de los jardines”, “Este país tiene paredes”, “La noche otra vez”, “Beatitud de viejas consignas”, “Por si acaso el viento”, “En los huesos todavía”, “Entre la niebla de los autores”, “En medio del vestigio”, “Encima de tus brazos”, “Siempre estamos con ese golpe”,  “Después de los trajines envejezco”, “Siempre hay un deseo de olvido”, “Consumidas las distancias”, “Con un diluvio de peces”, “esas manos que he visto siempre”, “Cadáveres de agua”, “Jaula de recuerdos”, “Y entonces, en la mueca del país”, “Labor del sueño”, “En el umbral de la puerta”, o “En la aurora del hierro”). “Travesía del desequilibrio”, de tintes huidobrianos, es un poema central del libro que aborda poéticamente un aquí relacional, cambiante, poliédrico y propone el desequilibrio como postura auténtica de lo humano.

Este conjunto de artefactos conforma un surrealismo renovado, una experiencia radical de lo poético, absolutamente novedoso y hondamente latinoamericano en su perfecta aleación entre la influencia europea (del mejor surrealismo francés; sonríe y se ilumina Pierre Unik, pórtico de este asombro torrencial) y el acento centroamericano enmarcado en los mejores mimbres de la América latina. Sea como fuere, el tejido riquísimo de intertextualidades, la polifonía coral aquiescente se conjura en la entropía para construir una de las voces más singulares de América.

Se celebra como un milagro asomarse de nuevo a este vértigo, a esta sublimidad cruchaguiana que se convierte en espejo y en prospección de lo más profundamente humano.

 

Dr. D. Enrique Ortiz Aguirre

Catedrático de Literatura

PDI Universidad Complutense de Madrid

Abril de 2023


miércoles, 3 de mayo de 2023

CLAUDIA HÉRODIER EN «ESTE ES MI GRITO» COMO REALIDAD DETONANTE Y PARADÓJICA: VIAJE HACIA UN PAÍS DE MÁSCARAS Y ESPEJOS.

 

Claudia Hérodier, poeta salvadoreña


CLAUDIA HÉRODIER EN «ESTE ES MI GRITO» COMO REALIDAD DETONANTE Y PARADÓJICA:

VIAJE HACIA UN PAÍS DE MÁSCARAS Y ESPEJOS.

 

 

 

El que comprende se acerca a la obra con una visión del mundo propia y ya formada,

con su punto de vista, desde sus posiciones… El que comprende no debe exceptuar la posibilidad de un cambio o incluso un rechazo a sus propios puntos de vista preformados y de las posturas anteriores. En el acto de la comprensión se lleva a cabo una lucha, cuyo resultado es un cambio y un enriquecimiento mutuo.

MIJAÍL BATJÍN

 

Y todo eso es un exterior

que forma parte de tu interior.

Sólo la muerte puede poner allí un cristal

-Piedra sin brillo, pero transparente en el corazón

y ese diamante de aire sangra en ti, y toma tu peso.

JEAN-PIERRE DUPREY

 

 

Claudia Hérodier[1] (1950), nos trae a través de la Editorial Delgado de la Universidad Dr. José Matías Delgado, su libro «Este es mi grito»[2]. Libro en el que condensa toda su visión sobre un país desgarrante y, a su vez, de grandes desafíos en institucionalidad y democracia. Su libro es luz de nuestro trópico, tiempo y memoria vividos y evocados, sin tachaduras ni erratas, un almanaque donde se proyecta un país, invernal, geométrico y críptico. Sin duda el panorama crítico edificante en El Salvador no es nada halagüeño; nunca ha tratado de dilucidar la cuestión poética salvadoreña y los pocos estudios que hay se han fraguado sobre cimentos vagos y superficiales. Es recurrente la clasificación de «poesía comprometida» y referirla a un mínimo de poetas, y no ha dejado espacio para clarificar otras tendencias que no sean o se correspondan estrictamente con la vanguardia política, aun cuando dentro de ella, se perciben claras visiones de diversos ismos como el existencialismo, dadaísmo, surrealismo.

La vanguardia en nuestro país desde los influjos de la vanguardia europea y, más adelante la de América, no es por cierto un fenómeno aislado, ni carente de realidad dado el contexto en que se da, se trata de darle voz a nuestros países desde la literatura y en particular de la poesía. Hay aspectos que por descuido más que por desconocimiento han sido soslayados o desenfocados por la superficialidad con que se abordan: los críticos, los académicos, no han estado a la altura. Es un terreno árido. A Claudia Hérodier habría que abordarla en relación con otros poetas de su generación, relaciones definidas por la convivencia de ideales políticos, ideológicos, estéticos y sobre todo los afanes de renovación literaria poética en relación con su tiempo. En nuestro país a cada minuto surge un poeta y que luego confluyen en «generaciones poéticas» Supongo que esto tiene que ver con el bautizo que hizo Don Ángel Balbuena Prat, al designar a un grupo de poetas «Generación del 27.» Por supuesto hay otros grupos nominados en «Generaciones» Con los versos de Claudia Hérodier, estamos en otra época, pero con una visión de futuro; en cambio, la mayoría de los poetas son solo de transición. Muchos se han decantado por hacer únicamente historiografía literaria. A la poesía hay que devolverle su función de creadora de imágenes. El poeta, el artista, debe crear una obra ni ajena ni antagónica a su tiempo, a la historia y sus concomitancias, el tiempo debe ser percibido y habitado por el poeta, tal como lo plantea Cortázar[3] en la voz de Morelli.

En un ensayo de Alfonso Velis Tobar[4], intitulado: «Sobre los orígenes y formación de las “vanguardias literarias” en El salvador, Centroamérica», del cual André Cruchaga fue el mediador para un libro (2013) que estaba preparando Floriano Martin, «Vanguardias literarias” en El salvador, Centroamérica», se repite la historia, hace una interesante sinopsis del surgimiento del vanguardismo. Digamos, dice Velis Tobar, «que los vanguardismos literarios aquí en El Salvador han tenido según las generaciones hasta hoy, rasgos de esos “ismos” como, el surrealismo, el existencialismo, el exteriorismo, más que todo en la poética, la narrativa, también ha prevalecido esa vanguardia del realismo crítico, del realismo social, o realismo socialista y del “Absurdo”, y en el fondo cierta tradición lirica en el lenguaje. Como en los poetas de la llamada “Generación Comprometida” (1950), rompen, protestan enérgicamente.» También es significativo en la poesía el «Grupo Piedra y Siglo.» Y otros que a la postre han tenido vida efímera.

Ya sabemos que su nacimiento se asocia con la ferviente oposición de la sociedad de artistas europeos hacia el sistema burgués imperante en la Europa del siglo XIX.  En realidad, no estamos seguros de que en nuestros países se haya dado una verdadera Revolution Surréaliste. La poesía de vanguardia está ligada en El Salvador a la dictadura de Martínez; de la década del 40 en adelante a la época actual existe cierta pervivencia del surrealismo más como accidente que como algo pensado, en particular; y, la vanguardia en general. No ha existido un movimiento como tal, y tampoco podemos constatar que los poetas desde esa época al presente dirijan su poética alrededor de la teoría de lo inconsciente y de lo irracional como medio para cambiar la vida, la sociedad, el arte y el hombre por medio de la revolución. Esto es importante en tanto referente de una poesía contestataria derivada de las circunstancias sociopolíticas y económicas (realismo social), pero no necesariamente encaja con el surrealismo, sin que ello signifique evasión de la realidad.

El vanguardismo en Latinoamérica buscaba generar una identidad nueva en la forma de expresar el arte, producto de la incertidumbre y crisis económica que dejaba la posguerra. Pretendía manifestar los procesos psicológicos y las inquietudes que experimentaban los artistas de la época en cuanto a su lugar dentro de la sociedad. En este punto, Panorama de la Literatura Salvadoreña de don Luis Gallegos Valdés, Estudios sobre poesía, de Matilde Elena López, Antología General de la poesía en El Salvador, (antología poética) de José Roberto Cea y otras micro antologías que se han publicado, constituyen importantes aportes, pero dejan de lado el surrealismo; no parecen producto de una exploración completa y nueva. Lo que tenemos en muchos casos es un romanticismo metafísico fuertemente imbuido, hay que señalarlo, de elementos tomados del coloquialismo.

Tampoco lo hace el Dr. Ricardo Roque Baldovinos[5] en sus diversos trabajos, en especial «La rebelión de los sentidos. Arte y revolución durante la modernización autoritaria en El Salvador.» Aborda, aristas del arte nuestro como «Poesía revolucionaria y vanguardia», pero no hay un apartado donde se aborde con especificidad el surrealismo en El Salvador. ¿Ha habido algún tipo de experimentación en el campo de la poesía? Sin duda que sí, pero no en la especificidad que nos ocupa: reivindicación de la renovación de la expresión poética, de los temas como la superación de la poesía contestataria y el panfleto. Sin embargo, Giuseppe Bellini[6], respecto de El Salvador expresa: en El Salvador, la poesía continúa en la huella del Modernismo y luego pasa a la interpretación   localista e intimista, hasta llegar al nerudismo del «Grupo Octubre», que capitanea, hacia 1940, el nicaragüense Juan Felipe Toruno. La rebelión contra el academicismo y el conformismo la realizan en la poesía salvadoreña, hacia final de los años 60, poetas como Roque Dalton (1935), Manlio Argueta (1936) y Roberto Armijo (1937). Sin dejar fuera A Alfonso Quijadurías con «Los estados sobrenaturales y otros poemas», (San Salvador, 1971) y José María Cuéllar (1942).

Ya para adentrarnos a nuestro cometido, es importante señalar que la poesía de Claudia Hérodier, sobresaliente, el sentimiento entrevisto es todo un mundo poético creado; la realización de su poesía es perfecta y a veces intimada esa eclosión de imágenes y metáforas vívidas que canaliza a través del verso libre desde sus orígenes y utilizado por la autora en este libro, está vinculado a autores que han participado más abiertamente en las tentativas vanguardistas del ultraísmo, del creacionismo o del surrealismo. La estética surrealista parte de una peculiar concepción de la realidad artística que, tratada de una manera estéticamente adecuada, dará nacimiento a la obra de arte, sea en el campo de la plástica sea en el de la literatura. Ese sentimiento de lo sublime del verso bíblico se traslada a «Este es mi grito.» Esta concepción de la materia estética se basa en la identificación entre lo bello y lo maravilloso. Para Breton lo maravilloso es siempre bello y no hay nada fuera de lo maravilloso que sea bello. Y aunque no hay nada que exprese manifestación contraria en tal sentido, de muchas observaciones hechas por Breton en los Manifiestos y en el resto de su obra podemos deducir que para él lo maravilloso era, a su vez, identificable con lo insólito, lo extraño, lo inesperado, lo fuera de lo común. Encontramos un efecto de conmoción frente a lo sublime de su poesía. Los surrealistas emprenden en busca de lo maravilloso una exploración fascinante, que los lleva fuera de la realidad circundante, objetiva y concreta. Tal viaje desemboca en el descubrimiento de una superrealidad más allá de la realidad que nos rodea diariamente; se trata, en realidad, de un procedimiento psíquico, porque más allá de lo circundante, de lo cotidiano, existe una superrealidad, maravillosa, bella, y cuya naturaleza es puramente mental, una realidad absoluta, fuente primaria de todo arte.

Entre los procedimientos estilísticos surrealistas ocupa la posición central la «escritura automática», (que no necesariamente debe primar en la obra) proclamada como definición esencial en el Manifiesto de 1924 que para Breton es realizable. En cuanto a la recepción del texto, el famoso «automatismo psíquico» puro no importa, y sobre todo no importa la pureza: lo que importa son los efectismos que produce el estilo automático, que resulte éste de un estado inconsciente o de una expresión hecha adrede. Cualquier automatismo, como por ejemplo las yuxtaposiciones lexicales incompatibles, la sintaxis liberada de normas lógicas, la libre asociación de palabras, etc., será igual y tendrá el mismo efecto, sea o no producto de mecanismos inconscientes. La conciencia poética de Claudia Hérodier enlaza perfectamente con la de Walt Whitman y hasta me atrevería a decir con Ezra Pound y T.S.Eliot[7] con su «Tierra Baldía[8]» por su carácter anticipatorio en un país babélico y kafkiano, y a la construcción del verso y a la pasión por el lenguaje sin desequilibrio y su talante intensamente realista, de modernidad paradójica. Claudia Hérodier inicia con «Este es mi grito» una tentativa poética que trata de romper con lo tópicamente poético. Esta tentativa es afín al surrealismo, si se lo entiendo como ausencia del control ejercido por la razón. Pero esta tesis que propongo en cuanto a la poesía de Hérodier contenida en «Este es mi grito» va signada por el mundo personal y la íntima expresión de la poeta. Su voz se rebela frente a las condiciones de pobreza, marginalidad y en ello revela su total desnudez moral y política. No cabe duda de que la realidad imperante desde que el país es República en una realidad en permanente actualización. El «Yo poético», se convierte dialécticamente en «Yo histórico», tal como explica Héctor Samour[9]. Los seres humanos han sido arrancados de su tierra para pulir la nostalgia con hachazos, «Hermanos de este Cristo tan hecho a la medida de tus clavos», proclama la poeta en su poema América. La realidad poética salvadoreña en realidad no dista de otras poéticas latinoamericanas. Para el caso la llamada poesía social de la heterodoxia surrealista entendía el quehacer poético como un trabajo de percepción y de representación de la realidad desde la objetividad, aunque en la misma hubiese elementos subjetivos concomitantes. La única misión del lenguaje era representar la realidad tal cual. La poesía entonces era considerada como mimesis de la realidad con lo que la palabra era compromiso social y un compromiso político[10].  Veamos un fragmento de la poeta «la deuda»: «Mi lluvia arrastró mi plato por el arroz. / Y el arroz cobró la deuda / de los frijoles y del queso. / El pequeño extendió su mano. / Penetró mi costado. / ¡Cesaron las pulsaciones!»

Algo parecido ocurre con la supremacía de la imagen o metáfora (las vanguardias prefieren el término "imagen" a "metáfora"), característica tomada de la estética surrealista y elaborada de un modo particular por Federico García Lorca. La imagen se convierte en el instrumento que aproxima la antinomia realidad-sueño: «La imagen es una creación pura del espíritu. La imagen no puede nacer de una comparación, sino del acercamiento de dos realidades más o menos lejanas. Cuanto más lejanas y justas sean las concomitancias de las dos realidades objeto de aproximación, más fuerte será la imagen, más fuerza emotiva y más realidad poética tendrá…» (Bretón). «Este es mi grito» no es el grito al que estamos acostumbrados a escuchar en la calle o el barrio, sino la voz alzada, la palabra encumbrada de atalaya como realidad detonante y paradójica: es un viaje hacia un país de máscaras y espejos. Sus poemas parten de la realidad de su experiencia personal, no de una visión poética de la experiencia personal porque son dos situaciones diferentes. Lo primero implica la validez de una experiencia real que el lector percibe y valora como auténtica. La segunda parte de «de este es mi grito» es vital, diría la médula. La poeta la ha intitulado: «En medio de los campos de cadáveres»; dentro de dicho apartado, el poema, «¡Ah, la vida de mi país!»: «No. No es nacer. / Ni siquiera dormir. / Es soñar. Inquirir. Preguntar. / No llegar hacia la puerta. / Ni siquiera abrir una ventana. / No. No es nacer. / Es gemir. Llorar. Apenas sonreír. / Y seguir y seguir y seguir… / Llorar. Gemir. Tragar. Callar. / Esputar la sangre. / Morir.»

En la nueva realidad que propone el surrealismo y revelada por la imaginación e inspiración poéticas, rigen otras normas, otros postulados, allí gobiernan las emociones más puras: «Se trata de una realidad distinta, dar un salto a mundos de emociones vírgenes, teñir los poemas de un sentimiento planetario. Evasión de la realidad (que en modo alguno significa ignorarse, ni dejar de comprometerse) por el camino del sueño, por el camino del subconsciente, por el camino que dicte un hecho insólito que regale la inspiración.» En la poesía surrealista destaca el problema de la doble visión de la realidad poética: «primeramente nos topamos con una visión plástica de carácter onírico y, en un plano más profundo, se halla el mundo de los símbolos, que ordena el caos aparente de la primera visión.» «En el remolino de las sombras disparos / se escuchan por doquier y sin nombre; / Y sin una voz detrás que nos diga: yo he sido.» La poeta se transforma en profética y a la vez denunciante, esencia de sí misma. Su línea argumental es la protesta ante quienes ejercen la violencia con descaro, frente a gente compungida por el horror. El tono del poema avanza en esa lógica poética que se impone a la existencia. Es a partir de «Este es mi grito» que Claudia Hérodier alcanza su madurez en el discurso poético, no distante del mismo tono de Pedro Geoffroy Rivas[11]. Si la protesta, la denuncia, la inconformidad social, la falta de libertades son la constante imagen de su poesía y es la causa del amor al país, este se mantiene inquebrantable y, por cierto, genuino, verdadero. Pese a todo el desarraigo social observado por la poeta es incapaz de sucumbir al odio, sin dramatismos dantescos. Quizás el poema de «Pie» nos confirme lo expresado: «Yo no me vendo, historia de mi mundo. / No soy mercader de mi especie. / Sé de antemano lo que va a suceder / y aquí estoy, de pie, esperando…»  «¡Ah, País!» Es otro poema que nos deja ese sabor agridulce de su cosmovisión del terruño: … «¡Ah, País! De estafa en estafa / van creciendo/ los pergaminos. ¡Y qué polilla se atreviera / a devorarlos!» Aquí hay elementos perdurables de la realidad político social en la obra de la poeta, elementos que trascienden al presente. Al acentuar la conciencia del paso del tiempo, la relación poeta y sociedad, poeta-país se hace más evidente y, entonces, adquiere inevitablemente un sesgo personal. «La meta de la poesía es el descubrimiento de la universalidad que está debajo o detrás de los elementos circunstanciales de la experiencia individual…Debajo de la apariencia estética yace una verdad ética».

El país adquiere en la obra de Hérodier un valor simbólico contrario al Paraíso. San Salvador es por consiguiente el lugar del «malestar y el vómito», que se identifica con la tierra, con la sociedad y todo cuanto ésta implica. «Serena justicia», «Techos del tiempo», «Chacales escondidos», muestran distintas vistas del país, aunque siga siendo el mismo escenario del libro y ese País que vemos morir cada día. Según nos explica Manuel Antonio Arango[12], el uso de los sueños y la visión onírica y lo que reflejaba en el mundo poético y a nivel de ideas: «La transformación de ideas latentes del sueño en el contenido manifiesto es muy importante, porque el sueño no parte jamás como nada que no sea digno de ocupar el pensamiento sereno. La analogía, o la coincidencia, son aceptadas por su mecanismo de elaboración del sueño, el cual sirve de punto de apoyo para la condensación, reuniendo todo esto que señale la coincidencia. Lo bien fundado del contenido onírico proviene de la percepción del sueño y su función es por consiguiente la de ordenar los componentes para formar un todo, una composición onírica.». Por su parte Martha Canfield[13], «Poesía onírica y sueños contados en la obra de Álvaro Mutis.» Expresa que en el espacio del sueño se produce la obra alquímica de transformación de los materiales de desecho de la existencia en el oro puro de la poesía. En síntesis, el sueño y la vigilia son dos mundos separados, aunque estrechamente conectados, tanto que uno remite al otro; y el acto poético nace de la transformación de los materiales existenciales residuales, operación posible en el ámbito del sueño.

La poesía de Claudia Hérodier constituye en mi opinión una infusión de adormideras que no de lirios, caso del poema famoso de William Blake[14], cuyo símbolo de pureza, lealtad y poder, no me parece que aplique a un país como El Salvador. Sí destaca profusamente el tema de la muerte. Para E. S. Speratti[15], el tema de la muerte (si bien ha sido abordado por la poesía de todos los tiempos) abordarla desde el surrealismo implica: descodificar la frustración que destruye proyectos y deseos, ya sea por causas externas o basadas en la raíz más íntima del personaje. El poeta se mueve al margen de un mundo hostil, marcados por la frustración y la muerte (no sólo física). El concepto de la evasión según nos lo explica Paul Ilie[16], consiste en un entramado básico de asociaciones, muy específicas casi naturalistas, que parece dislocada de la realidad a causa de las imágenes ilógicas que evocan. La imagen se convierte en un centro de desequilibrio entre la realidad y la fantasía.

Es importante destacar la dislocación asociativa como técnica surrealista, porque ella permite la subversión de las secuencias realistas de las imágenes, los conceptos. En el surrealismo se expresa lo inexpresable. Para «los surrealistas el poeta es poeta- revelador, el poeta profeta, y su función es presenciar y recrear en palabras una nueva ordenación de la realidad.» El poema, a fin de cuentas, es la disgregación voluntaria del ser. Por eso la devoción de la imagen surrealista porque borra todas las fronteras de la lógica. Según Carlos Marcial de Onís[17], «en la imagen surrealista el pasado se confunde con el presente y el porvenir, alguien puede ser diversas personas u objetos a la vez. Los objetos pueden reducirse de tamaño y parecer diminutos o bien adquirir proporciones desmesuradas. Se puede vivir bajo el agua, o encima de una nube, o flotando en el aire. Se producen en la fantasía onírica las transformaciones o metamorfosis más imposibles y los objetos, personas o animales pueden tener propiedades de las que carecen en realidad.» La poesía de Hérodier es no solo una vocación probada sino una condición consustancial de su existencia. Esta poeta me recuerda a Baudelaire[18] al entender la misión del poeta como satánica; el tú al cual escribe es su propio demonio como lo expresa Aurora Suárez Rodríguez de la Universidad de León, España. Tiempo y memoria se conjugan perfectamente en su poesía. La época de Claudia Hérodier «ha sido el de la consagración del absurdo, de eso que llamarían alienación: el ser humano despojado de lo humano.» «En el día de las revelaciones», nos dice: «Será el tiempo el que hable, / dije un día, como si / como si alguien moviera mis labios / para decir lo suyo.»

Veamos lo que nos dice Aldo Pellegrini[19], en el estudio preliminar de la poesía surrealista de la lengua francesa: «El surrealismo no acepta, pues, el arte como un fin en sí, tampoco el arte comprometido en el sentir habitual (en función de la defensa de intereses particulares de cualquier género). El arte sólo se comprende en función del hombre en su acepción más lata, de la unidad hombre que necesita realizarse como hombre. Todo lo que el surrealismo piensa del arte se resume en su concepción de la omnipotencia de la poesía. La poesía constituye el núcleo vivo de toda manifestación de arte y ella le da su verdadero sentido. Pero la poesía no es para los surrealistas un elemento decorativo, o la búsqueda de una abstracta belleza pura: es el lenguaje del hombre como esencia, es el lenguaje de lo inexpresable en el hombre, es conocimiento al mismo tiempo que manifestación vital, es el verbo en su calidad de sonda lanzada hacia lo profundo del hombre» … Por lo general la estructura enunciativa lírica de sus poemas la realiza una persona centrada en el yo pero que se disloca cuando entabla un diálogo imaginario con el lector. Y en ocasiones la poeta parece transmutarse en una entidad simbólica para procurar una sintonía emocional: «y esto por consecuencia, / nos pone en primera línea / para educar a los millones / de muertos que lleva el siglo desde 1939, / para ver si así, / ¡al fin se enteran ¡» Podemos apreciar, además, un ademán de rebeldía poblado de gritos, forma de hacerse sentir simbolizando una ideología. Y ello le permite apartarse de posturas maniqueas en las que el yo sufre la marginalidad. Y lo reafirma cuando dice: «viajo con la libertad de ser yo misma…»

En el Salvador históricamente se ha primado cierto discurso poético frente al poder demoníaco de las dictaduras: el blanco y el negro y si no se estaba en el bando preeminente, no solo se cuestionaba el quehacer, sino que al poeta se le marginaba. Es de suponer, como dice Pellegrini: «La importancia acordada a la imaginación, al mundo fantástico y al de los sueños, pudo hacer creer que el surrealismo significaba un modo de evadirse de la vida. Todo lo contrario; acabamos de ver cómo el surrealismo constituye una voluntad de penetración en la vida, de confundirse con ella, de explorar todas sus posibilidades y liberar todas sus potencias» … Solo después de los Acuerdos de Paz; aunque hay matices, desde luego, el surrealismo está presente en sus poéticas más allá de la realidad de la vida y del lenguaje. La construcción del surrealismo con sus diversos matices se da, también en medio de otra crisis sociopolítica en El Salvador, la instauración de un régimen autoritario que también implica una ruptura de la vida. El orden constitucional, y ello, también impone límites en la expresión. La esencia es «destruir la realidad para reconstruirla a través del lenguaje, el sueño y el deseo.» Para el surrealismo tal como lo advierte Blanchot[20], «el lenguaje no es discurso, sino la realidad misma, sin dejar no obstante de ser la realidad propia del lenguaje, en el que en definitiva el hombre roza lo absoluto». La sociedad actual salvadoreña y las que la precedieron han sido timoneadas por oscuras fuerzas a través del poder demoníaco del que nos hablaba Goethe en sus pláticas con Eckermann. Las palabras, la poesía son un puente necesario para adentrarse en lo arcano que tiene la humanidad, pero al parecer son insuficientes para defender la vida y la democracia.

Un elemento sustancialmente visible en estas poéticas es el absurdo. Al respecto René Alejandro Espinosa Casanova[21], acota lo siguiente: El absurdo, entendido como aquello que escapa al orden de la razón, actúa como una sugerencia procedente del sueño o del deseo que teme expresarse, que en un momento de distracción o extravío toma la realidad. La importancia del absurdo reside en que reconcilia elementos que aparentemente no tienen conexión, es decir produce imágenes que por su naturaleza irracional son todo proceso, es decir, continuarán generando sentido a falta de una reconciliación con lo explicable. Claudia Hérodier materializa ese sueño feliz (el absurdo como recurso para sobrevivir en una sociedad precaria) del que todo ser humano debería gozar; pero que con su reflexión dolorosa sabemos que apenas somos rescoldo de suplantaciones. Es el demonio, la muerte, las formas sin forma de cara a la verdad, articulan la vida ciudadana y la poesía. Y como en el espejo uno mira la destrucción galopante, extática, los embates del poder, inclusive, a cualquier escritura hasta pretender reducirla a nada. «¡Del Presente!» tal lo expresa en el poema del mismo título: «¿Con qué cara enfrentaré el futuro? / ¿Qué vamos a decirle a nuestros hijos / y a los hijos de sus hijos?... ¿Qué aquí se defendió la libertad / de los basureros comelones / de carne humana? La libertad... (…) Yo, dirá el niño, no soy tu sangre. / Yo, soy el cadáver de ayer, / los pedazos de ayer, / la cobardía de ayer, / los perros de ayer, / tu poco valor de ayer. Tu rostro. / Yo soy tu rostro / y me llamo / PRESENTE.»  Con «Este es mi grito», Claudia Hérodier poetiza un país-memoria, un país pecaminoso perdido en un porvenir incierto. «Uno tiene —como bien lo expresa Roque Dalton[22]― en las manos un pequeño país, / horribles flechas, / muertos como cuchillos exigentes…»

 

 

 

 

André Cruchaga,

Barataria, a treinta días de abril de 2023.

 

 



[1] Poeta y Licenciada en Filosofía por la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.

[2] Este es mi grito. Editorial Delgado, Universidad Dr. José Matías Delgado, primera edición, junio de 2016.

[3] Cortazar, Julio. Rayuela. Alfaguara, España, 2013. Pág. 510. (50 Edición conmemorativa.

[5] Roque Baldovinos, Ricardo. La rebelión de los sentidos. arte y revolución durante la modernización autoritaria en El Salvador, UCA Editores, 2020.

[7] https://www.nuevarevista.net/la-modernidad-desolada-de-la-tierra-baldia-centenario-del-poema-de-t-s-eliot/

[8] https://critica.cl/literatura/la-tierra-baldia-memoria-y-desvanecimiento-poetico

[9] Samour, Héctor. Voluntad de liberación. La filosofía de Ignacio Ellacuría. UCA-Editores, 2006.

[10] Medina, Raquel. El surrealismo en la poesía española de posguerra (1939-1950). Visor libros 1967.

[11] Nolasco Díaz, Juan Ramón y René Humberto rosales chinchilla. “Pedro Geoffrey Rivas precursor de la vanguardia poética en El Salvador.” (Tesis), Universidad de El Salvador, 2020.

[12] Manuel Antonio Arango. Símbolo y simbología en la obra    poética   de Federico García Lorca, Madrid, Espiral      Hispana, 1995, p. 334

[14] A la rosa / modesta le salió una espina/ y al cordero/ humilde un cuerno insolente;/ mientras, el lirio blanco en su amor gozaba/ con su belleza blanca sin espinas ni manchas.

[17] Onis, Carlos Marcial. El surrealismo y cuatro poetas de la generación del 27 : (Ensayo sobre extensión y límites del surrealismo en la generación del 27)

[19] Pellegrini, Aldo. Antología de la poesía surrealista de lengua francesa. 1961

[20] En Anna Iglesia Pagnotta, Maurice Blanchot y el espacio de la palabra. (Blanchot, M. El espacio literario, trad. Jorge Jinkis y Vicky Palant, Barcelona: Paidós, 2004 (1995)

[21] Espinosa Casanova, René Alejandro. (Tesis). Alejandra Pizarnik: un surrealismo propio. (Programa de Maestría en Estudios de la Cultura Mención en Literatura Hispanoamericana), Universidad Andina Simón Bolívar, Ecuador, 2015.

[22] Los versos de Roque Dalton corresponden al poema «Por qué escribimos» del que la escritora Carmen González Huguet, ha hecho un análisis. El mismo puede consultarse en: https://www.diariocolatino.com/262565-2/?fbclid=IwAR2BfRtZbSmnn__-I97cYevg1ktr_Jw0G2OwOL8dX83DlZIl0WkkMiBIwFI