En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



martes, 21 de abril de 2026

INTEMPERIE, RESISTENCIA, HISTORIA, CUERPO Y CONTRASOMBRA EN LA HERIDA DEL PEREGRINO. (Notas para una lectura de «Contrasombra del peregrino»).

 

Portada
Editorial El Pez Soluble

INTEMPERIE, RESISTENCIA, HISTORIA, CUERPO

Y CONTRASOMBRA EN LA HERIDA

DEL PEREGRINO.

(Notas para una lectura de «Contrasombra del peregrino»).

 

 

 

Don Quijote no es el hombre extravagante, sino más bien el peregrino meticuloso que se detiene en todas las marcas de la similitud.

MICHEL FOUCAULT

 

Sueña la noche con los enseres del día,

  y el sueño del hombre se puebla de seres de la noche,

vagos, monstruosos; dulcísimas palomas de lenguas largas y serpiformes.

La noche duerme tendida sobre la superficie de media Tierra

y sus bordes tiemblan como corolas de humo,

como flecos de niebla movidos por las manos y las patas de los seres que [despiertan restregándose los párpados.

EDUARDO CHICHARRO

 

 

 

El poemario por el imperativo del análisis se ha divido en tres bloques. La primera parte de «Contrasombra del peregrino» se instala en una región donde el tiempo ha dejado de ser medida para convertirse en herida. El minuto —esa unidad mínima que suele pasar inadvertida— es aquí un campo de tensión, un espacio de choque entre la respiración y el desgaste, entre la memoria y la intemperie. No hay en estos poemas voluntad de relato ni de confesión: hay, más bien, una vigilia, una conciencia que asiste al derrumbe de lo inmediato y decide nombrarlo sin consuelo.

El peregrino que atraviesa estos textos no avanza hacia una revelación. Camina dentro del minuto, lo palpa, lo interroga, lo sufre. Su tránsito no es geográfico ni místico, sino existencial e histórico. Cada poema se abre como una estación del desgaste: el cuerpo, la ciudad, la noche, la alegría, la duda, la materia, la memoria. Nada aparece aislado; todo participa de una misma respiración quebrada donde lo íntimo y lo colectivo se superponen sin jerarquías.

El tiempo, lejos de organizar la experiencia, la desgarra. Abre venas, oxida relojes, desordena los calendarios, vuelve insuficiente la noche y sospechosa la transparencia. En este libro el presente no es un lugar habitable: es un umbral en combustión, una sucesión de instantes que cargan el peso de la historia, de la violencia estructural, de la pobreza normalizada, del lenguaje contaminado por el uso y la mentira. El poema no denuncia: expone. No juzga: atestigua.

El cuerpo se convierte entonces en el primer territorio del poema. Sangre, ojos, boca, respiración, zapatos, piel: todo es materia atravesada por el mundo. No hay lirismo evasivo ni abstracción decorativa. La imagen poética funciona como residuo, como esquirla, como resto que insiste. De ahí la densidad verbal, la proliferación de símbolos orgánicos y urbanos, la sintaxis que avanza por acumulación, como si el decir no pudiera detenerse sin traicionarse.

La memoria, eje persistente de esta sección, no cumple una función reparadora. Recordar es volver a pasar por el daño, por la pérdida, por la usurpación de la alegría. Sin embargo, en esa memoria erosionada se sostiene la única posibilidad de permanencia: no la del yo, sino la de la experiencia compartida. La escritura no salva, pero resiste. No clausura la herida, pero la mantiene visible.

En «Claridad de la duda» y «No basta la noche», la conciencia ética del libro se vuelve explícita: la verdad duele, la transparencia incomoda, la duda no es debilidad sino lucidez. Frente a un mundo donde la mentira ha sido naturalizada como respiración, el poema asume el riesgo de mirar sin garantías. Esa mirada no promete redención; apenas sostiene el pulso del decir.

El cierre de esta primera parte, lejos de ofrecer una elegía, propone un gesto de desprendimiento. «Si muero, no indagues mi ausencia» no es un adiós, sino una afirmación última de la palabra como resto vivo. El cuerpo puede desaparecer; la escritura queda como tintero, como nido, como espacio donde algo —no el autor, sino su latido— continúa.

Leer esta sección de «Contrasombra del peregrino» es aceptar una travesía sin mapas ni alivios. Es entrar en un territorio donde el poema no explica el mundo, pero lo hace arder en el minuto exacto de su fragilidad. Aquí la poesía no es refugio: es intemperie consciente, contrasombra que acompaña al peregrino en su paso por un tiempo que no cesa de perderse.

Si el primer bloque de poemas de «Contrasombra del peregrino» se movía en la herida del minuto —ese tiempo mínimo donde el desgaste se vuelve conciencia—; el segundo bloque que se abre con «Filtraciones» radicaliza la experiencia: ya no se trata solo de medir la fractura, sino de habitar la intemperie por donde el mundo se cuela sin permiso. Aquí todo filtra: el tiempo, la violencia, el deseo, la historia, la muerte, el cuerpo, el lenguaje mismo. Nada permanece sellado. Nada es inmune.

Esta segunda sección construye una poética de la permeabilidad extrema. El sujeto poético no se defiende del afuera: lo deja entrar. Y ese gesto —arriesgado, doloroso— convierte al poema en un campo de exposición donde confluyen eros y devastación, memoria y barbarie, ternura y asedio. Las imágenes no funcionan como ornamento ni como metáfora tranquilizadora: son fugas, grietas por donde irrumpe lo real con su carga de sed, violencia y contradicción.

La noción de filtración atraviesa todos los niveles del libro. Filtra el cuerpo —sudor, sangre, saliva, deseo—; filtra la ciudad —cloacas, funerarias, calles inhóspitas, prisiones, cuchillos—; filtra la historia —dictaduras, pobreza estructural, violencia cotidiana—; filtra incluso la intimidad amorosa, nunca aislada del estruendo del mundo. El poema se niega a ofrecer refugio: amar, recordar, dormir, soñar, todo ocurre bajo el sitio constante de lo social y lo político.

La escritura se organiza por acumulación y choque, heredera de una tradición surrealista latinoamericana que no busca la evasión onírica sino el desenmascaramiento. Las citas de Buñuel, Cernuda, Queneau, Péret, Sáenz, Maturo o Prudhomme no funcionan como autoridad ni como homenaje: son corrientes subterráneas que activan una genealogía del desvío, del desacato, del lenguaje llevado a su punto de saturación ética. Aquí el surrealismo no es juego: es método de resistencia.

El cuerpo —particularmente el cuerpo deseante— aparece como último territorio no colonizado del todo, pero también como espacio vulnerable. En «Sólo sed» o «Tus ojos en mi pecho», el erotismo no se separa de la intemperie histórica: el goce ocurre mientras afuera hay funerarias, cuchillos, cementerios, violencia. El amor no salva; apenas suspende, por un instante, la asfixia. Esa tensión impide cualquier lectura sentimental: la intimidad está atravesada por el hollín del mundo.

La ciudad, omnipresente, se revela como organismo enfermo: amurallada, sitiada, degradada, convertida en teatro de la violencia banalizada. En «Nombres sobre el papel» o «En medio del hollín», el poema asume una función testimonial sin caer en el panfleto. No denuncia desde la consigna, sino desde la exposición cruda del daño, desde la reiteración obsesiva de imágenes que insisten porque la realidad insiste.

El tiempo, en esta sección, ya no es solo herida: es descomposición. El olvido no aparece como falla moral, sino como mecanismo de supervivencia (Ahora soy olvido). Recordar demasiado puede ser otra forma de morir. Sin embargo, olvidar tampoco redime: apenas amortigua. Entre memoria y olvido, el poema se instala en una zona de ambigüedad ética donde toda certeza es sospechosa.

La lengua poética responde a esta complejidad con una sintaxis porosa, proliferante, a ratos torrencial. Los versos avanzan como si el lenguaje estuviera siempre a punto de desbordarse. No hay economía expresiva: hay urgencia. Cada imagen parece empujar a la siguiente, no para explicar, sino para no callar. El poema se vuelve así una forma de respiración agónica, pero necesaria.

«Filtraciones» no busca clausuras. Su recorrido es el de una conciencia que, aun exhausta, insiste en mirar. En «Tierra», el cierre de este bloque aparece una noción fundamental: la resistencia no como épica, sino como persistencia del decir, como fe mínima en la palabra pese a su desgaste. La luz no triunfa de manera grandilocuente; apenas se filtra. Pero esa filtración —frágil, precaria— basta para seguir escribiendo.

Este segundo bloque de «Contrasombra del peregrino» exige del lector una lectura atenta, casi corporal. No ofrece consuelo ni promesa. Ofrece, en cambio, una experiencia de inmersión en la materia viva del mundo: su violencia, su deseo, su ruina, su respiración todavía posible. Leer «Filtraciones» es aceptar que el poema no protege: atraviesa. Y que, en ese atravesamiento, algo esencial —no la salvación, pero sí la lucidez— permanece.

El tercer bloque de poemas «Contrasombra del peregrino» (una poética del tránsito: el peregrino como conciencia desgarrada), constituye el núcleo más extenso, radical y coral del libro. Aquí el «peregrino» deja de ser únicamente figura lírica para convertirse en conciencia histórica, cuerpo social atravesado por trenes, fotografías, muros, inviernos, huidas, asedios y sediciones. El yo poético no avanza: atraviesa. No llega: resiste. No contempla: sangra.

El motivo del tránsito —trenes, rieles, estaciones, huidas, órbitas, ventanas, mapas, fotografías— articula un movimiento que no promete destino. El viaje es circular, obsesivo, a menudo claustrofóbico. Los trenes no llevan: laceran. El tiempo no ordena: corroe. La historia no explica: asedia.

Esta parte funciona como una larga estación nocturna del lenguaje, donde cada poema es un andén saturado de restos: huesos, palabras rotas, objetos industriales, imágenes del hambre, del amor cercado, de la violencia estructural.

Estructura y respiración: fragmento, acumulación, asedio. Formalmente, este bloque se construye por acumulación y reiteración, no por progresión narrativa. Cada poema amplía una misma herida desde ángulos distintos. El libro respira en oleadas extensas, con versos largos, encabalgamientos persistentes y enumeraciones obsesivas que generan una sensación de exceso necesario: el lenguaje no puede callar porque el mundo no se ha detenido en su daño.

El uso reiterado de anáforas («Hoy es tiempo…», «Nada…», «Siempre…», «Hay días…») produce un ritmo de martillo, cercano al salmo profano o a la letanía desgarrada. No se trata de musicalidad ornamental, sino de una insistencia ética: decir una y otra vez lo que el discurso oficial invisibiliza.

La cita de poetas surrealistas y existenciales (Moro, Girondo, Molina, Rimbaud, Massís, Colinet, Magritte como espectro estético) no funciona como homenaje erudito, sino como constelación de afinidades: una genealogía de la intemperie.

El surrealismo como ética, no como técnica. Aunque la imaginería es intensamente surreal, esta escritura no busca el automatismo ni el juego gratuito. El surrealismo aquí es materia política y ontológica. Las imágenes —abejas que graban cruces, trenes en las venas, palabras que sudan, fotografías que sangran, pájaros muertos en la luz del poema— son residuos del choque entre historia y cuerpo. La imagen no libera: hiere. No sublima: denuncia. No embellece: desgarra.

El poema «Tempestad de horas», por ejemplo, condensa una visión del mundo como maquinaria hostil donde historia, poder, religión y mercado confluyen en un mismo engranaje opresivo. «Sedición» radicaliza este gesto, llevando el lenguaje al borde de la exasperación: la palabra se vuelve campo de batalla.

Aquí el surrealismo se cruza con una poética del testimonio, aunque sin caer en el panfleto. La denuncia no se formula en términos conceptuales, sino corporales: hambre en la garganta, relojes que miran, supermercados ausentes, templos como opio, fotografías como heridas abiertas.

Amor, eros y cuerpo: resistencia en la intemperie. En medio del asedio histórico, el cuerpo amado aparece como único territorio no colonizado del todo. Poemas como «Espejismo», «Muro ensimismado» o «Invierno de pájaros» construyen una erótica tensa, donde el deseo no es evasión sino afirmación precaria de vida.

El eros aquí no es idilio: es hambre, sudor, ansiedad, refugio momentáneo. Amar es un acto de resistencia contra la deshumanización. El cuerpo del otro no salva, pero aplaza el derrumbe, permite «saberme vivo» aunque sea por un instante. El lenguaje erótico no se despega del dolor: ambos coexisten, se contaminan. La carne no redime; recuerda.

Fotografía, memoria y ruina. Uno de los núcleos más logrados de esta sección es la reflexión sobre la imagen fija («Ferocidad de fotografías»). La fotografía no es nostalgia: es un campo minado de memorias, un objeto que conserva tanto la ternura como la violencia. Las fotografías son «vitrales del silencio», «umbrales», «paisajes que lamen el presente». Funcionan como metáfora del propio poema: fragmentos de tiempo detenidos que no consuelan, pero atestiguan. La memoria, lejos de ser refugio, es un espacio de conflicto: recordar duele porque revela lo irrecuperable. Sin embargo, olvidar sería claudicar.

Lenguaje, pobreza y ética del decir. Esta tercera parte sostiene una ética radical del lenguaje: escribir no es ornamento, es acto de supervivencia. El poeta habla desde la pobreza material y simbólica, desde la intemperie de los que no tienen voz institucional. Hay una desconfianza explícita hacia los discursos dominantes: políticos, religiosos, mediáticos. De ahí la recurrencia de imágenes de templos, ídolos, semáforos, cónclaves, altares, estatuas. Todo lo que pretende ordenar el mundo aparece como maquinaria de exclusión. Frente a eso, el poema no promete redención, pero se niega a callar. Esa negativa es su forma de esperanza.

La sección culmina en una elegía abierta, sin consuelo metafísico, es digamos una elegía sin clausura. No hay cierre, hay persistencia. La vida no se reconcilia con el mundo; apenas continúa entre ruinas, palabras y cuerpos heridos.

Esta tercera parte de «Contrasombra del peregrino» es, en suma, una obra de resistencia poética, donde el lenguaje carga con la historia, la pobreza, el deseo y la violencia sin reducirlos a discurso. Es una escritura que no busca ser comprendida fácilmente, sino atravesar al lector, dejarle restos, incomodidad, preguntas. El peregrino no llega. Pero escribe. Y en esa escritura —áspera, excesiva, feroz— se sostiene lo humano.

Habiendo recorrido sustancialmente la totalidad del libro podemos decir que el primer bloque corresponde a:  el umbral del desarraigo, dado que en él se instala la condición originaria del peregrino: un sujeto que despierta ya fuera de lugar. Aquí predominan la extrañeza, el despojo inicial, la percepción fracturada del tiempo y del cuerpo. El yo poético se reconoce en la fisura, en el balbuceo, en la fragilidad del lenguaje como herramienta insuficiente pero necesaria.

Es una sección de fundación negativa: el mundo no se ofrece como casa sino como herida. La naturaleza, los objetos y la memoria aparecen ya contaminados por una pérdida que no tiene fecha. El poema se convierte en acto de tanteo, de reconocimiento precario del entorno. Este primer bloque no es contemplativo: es preparatorio. El lenguaje se afila, se ensaya, se ensombrece. Aquí se gesta la ética del libro: escribir desde la intemperie, sin promesas de redención.

En el segundo bloque, el cuerpo en conflicto y la erosión del sentido se intensifica el conflicto y desplaza el foco hacia el cuerpo y el deseo, pero siempre bajo el signo de la precariedad. El amor, la memoria íntima y la experiencia erótica no aparecen como refugio pleno, sino como espacios de resistencia momentánea frente al desgaste del mundo.

Esta parte explora la tensión entre eros y devastación. El cuerpo amado es un lugar donde la vida insiste, pero nunca sin sombras. El deseo no cancela la historia: la enfrenta desde la vulnerabilidad. El lenguaje se vuelve más sensorial, más carnal, pero también más consciente de su límite.

Aquí el peregrino ya no solo camina: se enfrenta. El poema registra el temblor entre lo que aún puede sentirse y lo que amenaza con extinguirse. La intimidad no se idealiza; se expone como territorio sitiado.

En el tercer bloque tenemos asedio histórico, violencia y elegía del mundo. Este bloque —el más extenso y radical— despliega la dimensión histórica, social y política del libro. El peregrino deviene cuerpo colectivo. Aparecen con fuerza los trenes, los muros, las fotografías, la pobreza, la violencia estructural, los discursos del poder, la mercantilización de la vida.

Aquí el lenguaje alcanza su máxima tensión: es excesivo, acumulativo, obsesivo. No busca claridad sino densidad ética. El surrealismo se vuelve instrumento de denuncia; la imagen no embellece, sino que hiere.

Este bloque funciona como una elegía sin consuelo. No hay síntesis reconciliadora ni horizonte de salvación. Sin embargo, el poema insiste. La palabra se sostiene como último gesto humano frente al colapso: no para ordenar el mundo, sino para no desaparecer con él.

Antes de finalizar este recorrido detengámonos en dos poemas, los finales: «Sedición» y «Elegía». En el caso de «Sedición», hay, desde el inicio, una conciencia de fractura: el tiempo se agrieta, la locura centellea, y el mundo se configura como un espacio de residuos y violencia latente. La «sedición» del título no es únicamente política; es también ontológica y lingüística: una sublevación de la materia contra su sentido, del sujeto contra su propia condición de ruina.

La imaginería es intensamente material y corporal: huesos, dientes, fosas, pulmones, sangre. El cuerpo se vuelve territorio donde se inscribe la historia del daño colectivo. Esta dimensión orgánica se entrelaza con una serie de imágenes urbanas degradadas —«suelos de cartón», «camisas de fuerza en las cornisas»— que sugieren una realidad social marcada por la marginalidad, la miseria y la alienación. El poema no describe: acumula visiones como si fueran escombros, generando una estética de saturación que remite a una conciencia asediada.

Uno de los ejes más potentes es la denuncia de un sistema de violencia estructural: «un país oscuro, domesticado / por el negocio de la muerte». Aquí la sedición adquiere un matiz ético: el hablante se rebela desde la palabra contra la normalización del horror. Sin embargo, esta rebeldía no es heroica ni redentora; está atravesada por la impotencia, por la conciencia de que la herida es lo único que queda como testimonio.

De «Elegía» podemos decir que despliega una meditación sobre la pérdida —no sólo de un otro, sino de sentido, de certezas, de estabilidad emocional. La memoria aparece como un espacio donde se acumulan destrucciones: «cada quien ve la destrucción en sus recuerdos». No hay aquí una nostalgia idealizada, sino una constatación de que recordar es revivir la herida.

La vida cotidiana aparece marcada por la monotonía y el desgaste: los días se distinguen sólo por «la pesadez de los bolsillos», las semanas resultan extrañas en el cuerpo. Hay una sensación de alienación temporal, como si el tiempo no avanzara sino que se repitiera en formas cada vez más vacías. En este contexto, la existencia se define por la resistencia: «vivir siempre es ir masticando / con los dientes rotos / todo el silencio de los espejos». Esta imagen resume la poética del poema: vivir es persistir en medio de la fractura, asumir el dolor como condición estructural.

La oscuridad ocupa un lugar central, pero no como negación de la luz, sino como su condición: «la oscuridad es la existencia / más palpable de la luz». Esta inversión sugiere una visión dialéctica de la realidad, donde los opuestos no se excluyen sino que se implican mutuamente. La muerte no anula la vida; la define.

Leído en su totalidad, «Contrasombra del peregrino» propone una poética del desgaste: del tiempo, del cuerpo, del lenguaje y de la historia. Los tres bloques trazan un arco que va del extrañamiento íntimo al asedio colectivo, sin abandonar nunca la dimensión ética del decir. El peregrino no es héroe ni mártir. Es un sujeto vulnerable que escribe desde abajo, desde la pobreza simbólica y material, desde la conciencia de que el mundo no ofrece garantías.

Este libro se inscribe en una tradición de poesía de resistencia —surreal, existencial, latinoamericana— donde el lenguaje no se concibe como ornamento sino como acto de dignidad. Frente a la barbarie, la palabra no promete futuro, pero impide el silencio absoluto. En «Contrasombra del peregrino», escribir es seguir caminando aun sabiendo que no hay llegada. Y en ese gesto —obstinado, áspero, profundamente humano— el poema encuentra su razón de ser.

 

Editorial El Pez Soluble

NA, Barataria, enero de 2026



viernes, 17 de abril de 2026

Cincuentenario del Liceo Laboratorio de Liberia (1976-2026)

 

Cincuentenario del Liceo Laboratorio

de Liberia (1976-2026)

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Educación Mauro Fernández

Profesor liceísta (1995-2014)

 


Antecedentes. Hace 50 años, un grupo de padres y madres de familia de la Escuela Laboratorio de Liberia, promovió la creación del Liceo, ya que tenían como proyecto, la educación secundaria. Se organizaron y empezaron a gestionar su creación, junto con el Prof. Álvaro Obando Valle (*).

 Conversaron con el entonces ministro de educación, Lic. Ovidio Soto Blanco. Realizaron gestiones con los diputados guanacastecos, Enrique Montiel y José Angulo, para darle contenido económico. Consiguieron una audiencia con el Lic. Fernando Volio Jiménez, quien les manifestó que Liberia contaría con un Liceo Laboratorio.

 El 4 de abril de 1976 se funda el Liceo. Su primera directora fue la Licda. Alicia García Montano. Fue una labor titánica. Se creó como Unidad Pedagógica, hasta noveno año. Posteriormente, el ministro Ovidio Soto Blanco autorizó la apertura del IV ciclo.

 El Liceo inició con dos secciones por nivel. En 1978 se abrió el cuarto ciclo, dirigido por la Licda. Gladys Ruiz Rivera.

 Conforme pasaban los años y el Liceo se hacía más grande, los problemas comenzaron a aflorar. Los estudiantes no alcanzaban. Con el nombramiento de la Licda. Gladys Ruiz Rivera, como directora, inician las gestiones para trasladar al Liceo.

 Fue intenso el trabajo de la Asociación de Padres y Madres de Familia liceístas, quienes planificaron diversas actividades para recaudar fondos, en pro de la institución.

 Las instalaciones iniciales pertenecieron a la Escuela Laboratorio John F. Kennedy. Cuando el colegio creció, utilizaron las instalaciones del Centro Regional de la Universidad de Costa Rica.

 En sus inicios, el Liceo realizaba una prueba de admisión. En otro periodo, su ingreso estuvo restringido a los mejores promedios de primaria, con notas superiores a 90.  En acatamiento a una disposición del Ministerio de Educación Pública, desde el 2012 hasta el 2018, el ingreso cambió: el 50 % mediante territorialidad y el otro 50 % por rifa oficial. Asimismo, desde el 2019 hasta la fecha, el ingreso es por territorialidad, al ciento por ciento.

 El Liceo Laboratorio de Liberia ha sido, históricamente, una institución educativa, con gran demanda de matrícula. Asimismo, la institución ha estado abierta para recibir a estudiantes de intercambio de diversos países del mundo.

 Durante sus 50 años de trabajo, el Liceo Laboratorio de Liberia ha demostrado, con creces, que su apertura significó un acontecimiento visionario, de cara a los retos del siglo XXI. Es un colegio público, pero con alto grado de competitividad, tanto académica, como en disciplinas cocurriculares.

 Por lo expuesto, cuando las familias liceístas matriculan a sus hijos aquí, adquieren el compromiso de continuar luchando para mantener el sitial de prestigio de la casa liceísta, sabedores de que lo respaldan numerosas generaciones de notables estudiantes, quienes hoy, son distinguidos profesionales en diversas ramas del conocimiento.

Ha sido muy grato, para el personal liceísta, haberles servido, a miles de personas estudiantes, desde el proceso educativo, en la ruta y forja de su propio destino profesional.

 Laboratorio significa la implementación de diversas técnicas: trabajos grupales, investigaciones, enseñanza individualizada, ferias científicas, festivales culturales y deportivos, visitas de escritores nacionales e internacionales, etc. De ahí, entonces, que el Liceo surgió como una opción académica pública, exigente y rigurosa, que se sigue cumpliendo, hasta la fecha.

 Al inicio de los años noventa, se organizó un proyecto para la construcción del Liceo en el barrio El Capulín, el cual recibió un extraordinario apoyo por parte de la Junta Administrativa, los padres y madres de familia, la comunidad estudiantil y de nuestra ciudad. Asimismo, se vio fortalecido, en los periodos institucionales de las exdirectoras: M.Sc. Anny Watson Céspedes, M.Sc. Laura Hernández Rodríguez y Licda. Mayra Chaves Alfaro.

 Destaco los gestos filantrópicos de doña Pacita Muñoz de Rivas y de don Julio Leiva, quienes donaron el terreno para la planta física. Ellos se pusieron de acuerdo para aportar la misma cantidad de terreno. En 1991 se dio la donación y, en enero de 1992, se construyó un pabellón. Desde 1994, la institución posee su propia planta física, es decir, hace 32 años.

 Aquí trabajé, con vocación y orgullo, durante 20 años de mi vida profesional. Y, desde el aula 16, de mi casa liceísta de siempre, ganamos el Premio Nacional de Educación, en el 2008.Ser parte de la Casa Liceísta siempre ha sido un honor, un motivo de orgullo y una distinción de vida.

El Liceo Laboratorio de Liberia pertenece al Circuito 04, de la Dirección Regional de Educación de Liberia, a cargo de la supervisora, M.Sc. Roxana Muñoz Rivera.

 Doce personas educadoras han dirigido al Liceo: seis mujeres y seis hombres. Cinco han fallecido. Las personas directoras son:

·       Licda. Alicia García Montano (+).

·       Licda. Gladys Ruiz Rivera (+)

·       Lic. Norberto Samper Ugarte (+)

·       Lic. Álvaro Obando Valle (+)

·       M.Sc. Francois Larrix Aristhomene Pierre

·       Lic. Rafael Valdelomar Barrantes (+)

·       M.Sc. María Etelvina Arrieta Gutiérrez

·       M.Sc. Anny Watson Céspedes

·       M.Sc. Laura Hernández Rodríguez

·       Licda. Mayra Chaves Alfaro.

·       M.Sc. Carlos Emel Méndez Angulo

·       En la actualidad, el M.Sc. Juan Pablo Murillo Picado.

·        

 

Aportes institucionales.                    El Liceo Laboratorio de Liberia significó:

·       Una oportunidad para que los niños egresados de la Escuela Laboratorio continuaran sus estudios en su Unidad Pedagógica y, posteriormente, con el IV ciclo.

·       Ampliar la oportunidad de estudio para los egresados de otras escuelas.

·       Muchas familias evitaron tener que desvincularse de sus hijos, en busca de una mejor formación, pues no tuvieron la necesidad de enviarlos a los colegios de la meseta central.

·       La oportunidad de tener una institución piloto en Guanacaste, que, trabajando de manera similar a su modalidad original, proyectara experiencias valiosas en la comunidad estudiantil.


Emblemas del Liceo Laboratorio de Liberia

El escudo fue creado y pintado por una profesora liceísta de Artes Plásticas.  Representa el estandarte Institucional y distingue al Liceo Laboratorio de Liberia en todo momento y lugar.

Para la bandera se realizó un concurso entre los estudiantes del Liceo. Dicho concurso lo ganó el alumno Rafael Ángel Baldioceda Villarreal (de grata memoria).

La Bandera consta de tres franjas horizontales. El color blanco (superior) significa paz y pureza; el rojo (centro), representa fuerza, y el amarillo (inferior), evidencia la luz que nos alumbra.

El Himno del Liceo Laboratorio y su relación con el escudo


El microscopio: “aquí obtenemos viva conciencia de abrir las alas tras un ideal y lucharemos por dar respuesta al vasto reto del porvenir”.

 

El Sol:         “así el Liceo Laboratorio va iluminando con viva luz”.

 El árbol: “En todo ámbito de la patria guardando siempre su libertad”.

 El libro: “     Es un santuario nuestro Liceo”.

 

La letra y la música del Liceo Laboratorio de Liberia son autoría del Prof. Sacramento Villegas Villegas (1920-1997).  Se cantó en 1980, durante la primera graduación de 53 liceístas. Su letra apela a la juventud, su conciencia, el saber y la iluminación como emblema de superación, tanto individual como social.

        El Himno del Liceo Laboratorio de Liberia está incluido en el libro Sacramento Villegas: canción en el tiempo (San José: Ediciones Zúñiga & Cabal, 1994: 128), de Miguel Fajardo.

 En el análisis sobre el himno liceísta, expreso lo siguiente: “Conformado por cuatro estrofas de cuatro versos, con rima asonante. Destaca, en otro orden, la presencia de los sustantivos paz y amor. Los modificadores indirectos de la construcción nominal otorgan fuerza expresiva a la composición “enjambre de juventud”.

Se plantea, en el nivel discursivo, la posibilidad de alcanzar metas e ideales.  El signo de conquista de la lucha es denodado. El porvenir es advertido como un “vasto reto”.

 Artes y deportes se conjugan, junto con la tarea investigativa. El panorama cultural incluye la ciencia. El plano del discurso tiene partes que se manifiestan como marcadores “nos da a la mente todo el saber”. La luz del conocimiento es proteica. Funda su existencia en una reiteración expresiva: “va iluminando con viva luz”. Dos eslabones imprescindibles en el texto signan la globalidad sémica: Patria y Libertad.

Este himno apela, en sus diferentes esquemas estróficos a la juventud, a su conciencia, al saber y a la iluminación. Mantiene equilibrio interior básico” (Fajardo,1994:45).

Himno al Liceo Laboratorio de Liberia

 

Letra y música: Prof. Sacramento Villegas

 

 

Es un santuario, nuestro Liceo

la viva fuente de amor y paz

como bandadas de golondrinas

hay un enjambre de juventud.

 

Aquí obtenemos fija conciencia

de abrir las alas tras un ideal

y lucharemos por dar respuesta

al vasto reto del porvenir.

 

Entre las artes y los deportes

y la labor de investigación

con los análisis de la ciencia

nos da a la mente todo el saber.

 

Así el Liceo Laboratorio

va iluminando con viva luz

en todo el ámbito de la Patria

guardando siempre su libertad.

LA MASCOTA

Para la mascota se realizó un concurso entre los estudiantes del Liceo, en el marco de la celebración del 20 aniversario de la Institución (1996), dicho certamen lo ganó el alumno Carlos Baldioceda Artavia (de grata memoria).

 

Actualmente, se está promoviendo un concurso de dibujo para renovar la imagen del búho, con elementos actuales, que representen a las nuevas generaciones de estudiantes. El certamen se cierra el próximo 3 de mayo.

 

FINES DEL COLEGIO

 

1.     Ayudar al estudiante a que adquiera los conocimientos y las destrezas básicas necesarias para lograr ubicarse en las distintas áreas del quehacer humano.

2.     Contribuir al máximo desarrollo de las capacidades intelectuales, destrezas y habilidades de cada estudiante, según su desarrollo cognitivo.

3.     Promover en el estudiante el interés por el análisis, conservación y mejoramiento de las tradiciones, que forman parte de la herencia cultural, tanto regional como nacional.

4.     Formar ciudadanos críticos que contribuyan con la democracia del país, en función de las necesidades e intereses de las mayorías.

5.     Inculcar en el estudiante el aprecio y respeto hacia sus semejantes y su entorno.

6.     Brindar experiencias adecuadas para la adquisición de una actitud positiva y crítica ante los valores éticos, estéticos y morales.

7.     Estimular la realización de actividades deportivas y culturales con el objetivo de conservar y mejorar la salud física y mental de la comunidad educativa.

8.     Ayudar al estudiante para que tome conciencia, valore y contribuya a los logros científicos y tecnológicos del mundo actual.

9.     Contribuir con la sensibilización del estudiantado ante los problemas ambientales de la institución, de la comunidad y de su entorno.

10. Formar ciudadanos conscientes de los problemas socioeconómicos de la comunidad: regional y nacional.

 

MISIÓN: “Somos el Liceo Laboratorio de Liberia, una institución educativa pública del III Ciclo y Educación Diversificada que atiende a estudiantes provenientes de diversos centros educativos. Ofrecemos a la comunidad estudiantil un proceso de enseñanza aprendizaje de alta calidad, a través de la formación en conocimientos, valores y recursos tecnológicos actualizados, orientados hacia la excelencia académica, en aras de elevar la competitividad integral”.

 

VISIÓN: “Seremos un centro educativo que propicie la formación holística, de modo que nos convirtamos en agentes de cambio, a fin de constituirnos en una institución comprometida, para mejorar la calidad de vida de los actores educativos”.

 

VALORES

·       Dedicación

·       Entrega

·       Ética

·       Generosidad

·       Humanismo

·       Lealtad

·       Mística

·       Puntualidad

·       Responsabilidad

·       Solidaridad

·       Tolerancia

INFRAESTRUCTURA

 

·       Oficinas de la Dirección o Área Administrativa

·       Cuenta con 29 aulas

·       Gimnasio

·       Biblioteca (BiblioCRA)

·       Espacio para ofrecer el Servicio de plato servido para 482 estudiantes becados por el MEP

·       Sala de profesores.

 

POBLACIÓN ESTUDIANTIL

El Liceo Laboratorio de Liberia registra actualmente una comunidad de 750 estudiantes, quienes deben sentirse plenamente orgullosos de portar la camiseta liceísta que los distingue.

Personal docente

 

Está conformado por 41 docentes, altamente calificados y comprometidos, con la calidad académica y formativa del estudiantado.

 

Personal Administrativo

 

          Se encuentra integrado por 16 personas, a saber:

Director

Asistente de Dirección

Dos auxiliares

Secretaria

Bibliotecóloga

Tres docentes de apoyo administrativo

Cuatro conserjes

Tres agentes de seguridad

 

Junta Administrativa Liceísta (2026)

 

Presidente:                     Marco Vinicio Díaz Quesada

Vicepresidente:              Keylor Mauricio Álvarez Jaén

Secretaria:                      Raquel Rivas Aragón

Vocal 1:                          Lorna Lorena Blandón de la O

Vocal 2:                          Begnicia Rodríguez Angulo

Contadora:                      María de los Ángeles Betancourth Vega

 

Logros institucionales

 

·       En 1996 el Liceo Laboratorio de Liberia se ubicó en el tercer lugar nacional en el rendimiento de las Pruebas Nacionales de Bachillerato, en virtud de haber obtenido el ciento por ciento de promoción en dichas pruebas.

·       Se ha asistido a finales nacionales del MEP en ortografía, oratoria, música y artes plásticas y juegos deportivos.

·       Durante muchos años, el Liceo Laboratorio de Liberia fue el único colegio de Guanacaste que trajo escritores de gran prestigio internacional a sus alumnos. Lo cual dio la posibilidad de compartir con autores de Nicaragua, Honduras, Argentina, Colombia, México, El Salvador, Egipto y Costa Rica, entre otros.

·       Un servidor, profesor liceísta durante 20 años, fue galardonado con el Premio Nacional de Educación Mauro Fernández, 2008.

·       El Liceo ha obtenido distinciones regionales, provinciales y nacionales en los Festivales Estudiantiles de las Artes del Ministerio de Educación, en las diversas categorías artísticas.

·       En el ámbito deportivo, se han obtenido galardones circuitales, regionales, provinciales, nacionales, e internacionales, en diversas disciplinas deportivas.

·       El Triathonista internacional, Leonardo Chacón Corrales es el egresado que mayor prestigio internacional le ha dado a la Institución. Leonardo Chacón fue el mejor triathonista de América y participó en olimpiadas mundiales.

·        El destacado periodista liberiano Édgar Silva Loáiciga, es uno de los más reconocidos egresados liceístas.

·       En el campo deportivo, el Liceo reafirma el legado institucional de cinco décadas, ya que ha promovido el deporte, la disciplina y la formación integral de la comunidad estudiantil. En ese contexto, se destaca la importancia de continuar promoviendo, mediante el deporte: la sana convivencia, el respeto, la amistad, el compañerismo y la competitividad.

·       La Dra. Karol Matamoros Montoya es una distinguida exalumna, egresada liceísta, quien fungirá como diputada por Guanacaste en la legislatura (2026-2030), dentro de dos días.

·       El Liceo Laboratorio cuenta con su página Web institucional: http://liceolaboratorio.com/

 

Dos petitorias de honor

 

ü      Me permito solicitarles ponernos de pie, y guardar un minuto de silencio, en memoria de las cinco personas directoras fallecidas, así como de los egresados, personal docente y administrativo fallecidos.

 ü  Mantenemos la posición de respeto y damos un fortísimo aplauso en honor de los 50 años de existencia del LICEO LABORATORIO DE LIBERIA.  Porque ser liceísta es un orgullo y una distinción. Y Ustedes, hoy, son los protagonistas de su crecimiento en el “vasto reto del porvenir”, como dice el himno institucional.

M u c h a s   g r a c i a s.            C a r p e   d i e m.


Profesor Miguel Fajardo