Poeta Miguel
Fajardo, Costa Rica
Una lectura integral a “Mosaico”,
de Mainor González Calvo
Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción
y Difusión Cultural
Mainor
González Calvo (San José, Costa Rica, 1974), ha publicado 13 libros (poesía,
novela y cuento): Calvarios y catarsis (1997); La
sombra inconclusa (1998); Poemas para desmentir y especular (2001), Prosas
antropófagas (2005); Esbozos de un citadino cualquiera (2008); El
desaire del agraviado (2011), Fijaciones (2014); Las
aventuras del Oso mañoso (2015) y Mudanza (2017), Parodias
y antiparodias (2018-2019); Corbata de osos rosa (2021), Ráfagas
en la ruta (2023) y, Mosaico (2026).
Ha editado su poesía en
revistas nacionales y del exterior. Desde la Universidad de Costa Rica, lidera
el Festival Centroamericano de Poesía, Guanacaste Eterno, junto con Ligia
Zúñiga, Soren Vargas y Miguel Fajardo, festival que este año tendrá su cuarta
edición y, con ello, se llegará a los 11 cantones de la provincia.
Trabaja como Académico
en la Sede Guanacaste, desde 1999. Ha participado en recitales, congresos
y simposios de literatura, tanto en el país como en el extranjero. Es un
gran promotor cultural desde este polo interior costarricense. Asimismo,
participa con el Centro Literario de Guanacaste, fundado hace 52 años, el 20 de
marzo de 1974.
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Aduce Mainor
Calvo: “La poesía para mí significó un rescate, una razón de seguir mermando
en este mundo inacabado. Sin ella, no habría hecho lo que llevé a cabo: ese
buscar un significado en mi existencia. Por dicha la encontré. Sin ella,
hubiera terminado siendo un músico frustrado o un profesor de secundaria con
mal humor perenne”.
El más reciente poemario de Mainor González Calvo. MOSAICO (San
José: Círculo y Punto, 2026: 82 pp.). Portada de Juan Gallal Leybardi;
maquetación de Soren Vargas. Con epígrafes de Rafael Courtoisie y
Silvina Ocampo. El libro está compuesto por 52 poemas. Según la Real Academia
Española (RAE), “un mosaico es
principalmente una obra artística decorativa en muros o
suelos formada por la unión de pequeñas piezas (piedra, vidrio, cerámica) de
colores”.
En “Coincidencia” se lamenta de la trágica muerte del cantautor
Facundo Cabral, un ícono de la canción popular de nuestra América “todo por
haberlo confundido con un vil narcotraficante”.
El hablante habla de la mala experiencia de haberle dado muerte al
cantante Leo Dan en Facebook “pero todo fue un engaño: / Leo Dan aún
pataleaba con fuerza / y salió a desmentir públicamente la noticia / a través
de la remoción y la contundencia de la realidad”.
En un tono irónico, en “Yo sí quiero ir al cielo si Dios es Morgan
Friedman”, el hablante enumera una serie de situaciones que pediría, tales
como ser el director de un colegio atiborrado de drogadictos, el mejor chofer
de señoras arrepentidas por su segregación, que pueda subirme a su arca y que
lee enseñe el décimo segundo mandamiento que nunca ha podido practicar a
cabalidad: “honrarás el baile”. La poesía de Mainor González es
abierta, contestataria, rebelde a cánones. En “Candidato a la presidencia” el
hablante aduce que “Miente con el descaro de los estafadores (…) dice
públicamente / que se preocupa por la cultura / cuando en realidad / gusta de
escuchar impunemente canciones foráneas de reggateón”. “De por qué los ticos deberíamos
odiar el café”, es un título que parece irreverente. Sin embargo, las líneas
versales proyectan otra dimensión: ese cultivo destruyó bosques y riachuelos;
la economía nacional depende de ese producto; sus desechos se expanden por
todas partes. Pero el sistema
recolectivo hace ver, al final, la hegemonía de unos pocos sobre la voluntad
de casi todos, donde “la clase política / aún chorrea a su gusto / nuestro
destino plagado de incertidumbres”. Censura los caprichos del olfato:
“Detesto el olor artificial de los chiches / me enardezco como un volcán /
cuando piso el cadáver de uno de sus especímenes / me pongo de mal humor /
cuando quiero besar la mejilla de una dama / y me recibe de frente su hálito
de cementerio” / aborrezco la estela olfativa que deja el chicle / pues evoca
en mí una cultura de dependencia / y un camino ataviado con la fétida
presencia de la muerte”. Es decir, en el recorrido textual
de MOSAICOS, de González Calvo, se tematiza sobre la gripe, la piña, los
garrobos, el gato callejero, ex amantes, un viaje en bus desde San José hasta
Liberia, derrumbes en la carretera, el gorila literario, etc. Su poesía
tematiza hechos de la cotidianeidad, con una poesía directa y con severidad crítica. El texto sobre los garrobos es
lúdico “sus vidas / no interfieren con la mía (…) ni pretendemos adueñarnos
de nuestros romances de turno (…) unos se activan por la noche / y los otros
lo hacen durante el día”. La alusión
temática es explícita. En “Amor de madre”, se muestra el
sarcasmo: “A ella no le importa / si su hijo es estafador /un chulo con
renombre (…) -incapaz- de revolcarse con las putas más siniestras y
putrefactas” -tampoco hará caso cuando “le digan que vieron a su hijo
borracho / tirado como un pañal inservible”, entonces dirá “no qué va / si
solo se tomó dos cervezas / y está descansando / porque tuvo que trabajar en
exceso”. En “Exhortación nocturna”, inicia
con “Denle gracias a Dios / porque en la tierra existen los noctámbulos”, y
al final aduce “pues dicha estirpe está determinada / a sobrellevar los
pecados y las malas intenciones / que afloran con frecuencia en el desvelo
repentino / de este mundo”. Su tematización alude al comportamiento y
funcionabilidad como “extraños en su mundo”. “Ex amantes” es un poema río, con
versos quizá irreverentes, pero poéticos, que se presentan en la vida
cotidiana de alguien, de los más de 8 000 millones de habitantes del planeta:
“la que dormía con su perro (el cual se ponía celoso (), la que comía ajos
por montones / y cuyos besos eran una pócima / para espantar a Drácula y a
todos sus secuaces () “la que creía que mi pene / formaba parte de un complot
internacional / y trató por todos los medios / de decapitar su inocente
cabeza” … En “Razones por las que no soy un
escritor de Facebook”, “detesto que se fijen en mí / cuando amo a brazo
partido / el fregar incesante de la soledad”; “odio a las personas que
pretenden imponer / sus pensamientos”; “porque mi mundo es privado / al
extremo de cerrarle las puertas / a la inoportuna búsqueda que hacen de mí
mis familiares”; “me gusta ser reservado () lejos del barullo y el exceso sin
fin / de tanta tecnología entrometida”. El abordaje de las conductas
humanas encuentra eco en el mapa lírico de Mainor González “Los escritores
tienen ego de piedra () algunos se creen únicos () ellos suponen/ (que solo
sus escritos deberían estar alojados en la nueva biblioteca de Alejandría ()
piensan que ellos merecen más atención / que un desastre natural”. La cotidianeidad sigue latente
como eje temático en los poemas de MOSAICO, de González Calvo. En “Teléfono
en la madrugada”, el hablante repudia las “llamadas inexplicables /
inoportunas inesperadas () sin que nadie las quiera / a través del teléfono
de la aurora”. El poema “Los hombres somos unos
pendejos”, tiene una doble significación: “Cuando nos da un ataque sin tregua
de gripe / una varicela invasora o una diarrea inatajable () cuando caemos
heridos como soldados heridos en la cama / y empezamos a padecer ante la
terrible presencia / del dengue (…) ellas: madre, hermana, novia, esposa,
vecina, enfermera Siempre están allí. / para darnos desprendidamente una
porción de sus vidas / de lo contrario / nos desplomaríamos”. Es relevante estas connotaciones
de reconocimiento a la callada, pero imprescindible labor de las mujeres, en
todos esos y otros trances. Es una hermosa forma de reconocer la
trascendencia de la mujer en la vida del ser humano, siempre. Sé que ahí está
reflejado, sin ninguna duda de que sea así, el reconocimiento fraterno a la
Prof. Kimberly Sandí Fallas, compañera de vida del poeta y académico Mainor
González. El libro censura las
poses de la diva y poeta oficial, quien /sonríe con glamur ante las cámaras /
la que posa como un pavorreal / y lee sus poemas /escritos en una época /
donde su culo y tetas / no tocaban el suelo como ahora”. Esa “vedete” vive de
su talento temprano”. Esta descripción versal es una crítica directa a los
poetas de la oficialidad, quienes, de alguna manera, venden el alma a la
prensa rosa, y su calidad literaria, muchas veces, deja mucho que desear, en
cualquier parte donde suceda, independientemente de quien sea. El tono crítico
contra los manejos impopulares de la clase política, sea cual fuere, es acre.
“Esta vez vienen por todo”: “se quitaron su disfraz de republicanos / y su
piel de estadistas () para mostrar sus fauces de lobo / y buscan eliminar los
derechos / los que fueron conseguidos / a través de la lucha / el sudor
diario / y la sangre derramada de mi pueblo”. El hablante aduce que desean
acabar con las leyes solidarias para engordar más sus bolsillos y cuentas
bancarias “con los restos jugosos de nuestros pactos sociales”. Y nuestro
pueblo sigue creyendo en las promesas de los políticos del turno, quienes son
parte de un sistema dominante. En el universo
lírico de González Calvo hay un espacio para los hijos espirituales “mis
hijos / mis poemas”. Los hijos de la palabra “es probable que sufran
discriminación / de persecución por decir abiertamente lo que piensan / de
prisión en las frías jaulas del olvido / por no ser complacientes ni
zalameros / e incluso / pueden lograr que yo muera / por algo que dijeron /
en un lugar inapropiado”. Sabemos que miles de
poetas en el mundo son perseguidos, encarcelados, expatriados y desaparecidos
por sus hijos de la palabra, y sus creaciones literarias. Es una realidad insoslayable, pero
tristemente real. Pienso en el gran poeta búlgaro Gueo Milev asesinado
cruelmente, hace una centuria, por escribir el extraordinario poema nacional
“Setiembre”. O bien, lo que sucede con la quema de libros, reflejado en la
novela Fahrenheit 451, de Ray Bradbury,
donde se “explora la lucha entre el deseo
humano de conocimiento y la individualidad en una sociedad/sistema que espera
la ignorancia y el conformismo”. “Pesadumbre” es una
crítica a la radiografía social de las juventudes en cualquier país “me da
compasión ver a las nuevas generaciones / añorar la virtualidad repetible de
las imágenes / desear la vista que se engaña con pantomimas / su absurda
búsqueda / por devorar besos y gemidos que salen de una pantalla /porque así
los han hecho creer / porque esa es la manera / de domar sus voluntades y
ordenar sus caprichos”. No hay más que agregar. Solo queda meditar y cambiar. “Guanacaste, finales
de enero”, Mainor González reside en Guanacaste desde el 2012, acuerpa y
defiende la territorialidad donde radica. Censura el problema anual de las
quemas en el verano. “Ya empezó el olor a pasto quemado en la provincia / ya
comienzan los hacendados a quemar sus tierras / y el ácido se mete entre las
casas () a través de la pampa sedienta y agotada () ya se inició el ritual de
los incendios en estas tierras / y la provincia lo sabe con la boca seca () /
y quienes habitamos estos lugares / debemos soportar el acoso del fuego
inducido / y su aire atiborrado de desdén hacia la vida”. En la época de la alta velocidad
en la que vivimos, el poema “Big Brother”, retrata lo que significa la vida
con cámaras de vigilancia de múltiples ojos: “yo no puedo mirarte hermosa mía
/ porque mi gesto quedaría registrado / en esos ojos que no parpadean ()
justo porque ahora / en esta época de lo simultáneo y de control / todo queda
constatado / observado / retenido o guardado / nada puede escaparse / de la
vista omnipresente y gélida de las cámaras / ni siquiera el amor / y ni se
diga / de este deseo etéreo que se marcha calle abajo / con el vaivén
jacarandoso y atrayente de tus nalgas”. El estadio corporal tiene un
espacio en el tema del dolor humano. “Cada vez me hago más tolerante al dolor
/ no importa en qué parte del cuerpo brote () / ahí mismo aparece el
desgraciado / con sus tanques de guerra / indicando que ha venido de nuevo /
a destruir mis fortalezas de alegría”.
La frase "el dolor que no nos
mata nos hace fuertes", atribuida a Nietzsche, sugiere que la
adversidad superada aumenta la resiliencia y la fortaleza personal. No implica que el dolor sea
positivo, sino que enfrentar y gestionar los momentos difíciles puede
transformarnos, obligándonos a desarrollar nuevas habilidades y perspectivas
(IA).
El cotidiano acto del amanecer se poetiza con positivismo, con cierta
inferencia en el origen. “Me gusta levantarme de madrugada/ sentir el
tamborileo del rocío en el techo / los sonidos de la noche que alistan su
equipaje () de ahí insisto / que me gusta levantarme en las madrugadas / pues
se contempla diariamente / el surgimiento del Génesis / sin ser expulsado /
por curioso / del Paraíso”. “Nunca se deben hacer
planes de más”, es una ponderación del pasado, presente y futuro. Su apuesta
es “pensá siempre en el presente / el lugar donde se buscan los sueños /
donde palpita el asombro / y se plasma la plenitud inatajable del deseo”.
Encuentro alguna connotación con la alabanza crística “un día a la vez”, que
se ha generalizado en “Un día a la vez, sin ayeres, ni mañanas”, o bien, con
la locución latina “Carpe diem”, de Horacio, que nos incita a disfrutar el
presente, dada la fugacidad temporal y la incertidumbre vital. En síntesis, MOSAICO, del poeta y
académico Mainor González Calvo, es un libro de alta sensibilidad para el
abordaje de ejes temáticos plurisignificativos, tales como los personales,
humanos, de la realidad cotidiana, social, política, temporal, de la memoria
identitaria costarricense y universal, así como del amor, el erotismo, la
tecnología absorbente, como un todo integral, en un MOSAICO holístico, acerca
de los avatares del factor humano, del cual cada quien forma parte, quiéralo
o no. Nota: El
poemario “MOSAICOS”, de Mainor González Calvo, lo presenta el Lic. Miguel
Fajardo, Sede Guanacaste, Universidad de Costa Rica, 8 de abril 2026, 3:30
p.m.
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