Lic. Miguel Fajardo,
poeta costarricense
Acentos
plurisignificativos en la poesía
de
ABI Valverde Sáenz
Lic. Miguel Fajardo
Premio
Nacional de Promoción y Difusión Cultural
Abigail Valverde Sáenz
(San José, Costa Rica, 1994). Docente de
inglés en el Colegio Bilingüe Ciudad Blanca, Guanacaste, donde promueve tanto la
lectura como la escritura creativa, y lidera clubes enfocados en el gusto por
la literatura y la expresión escrita.
Ha sido incluida en antologías poéticas. Se desempeña como pastora juvenil en la
iglesia Cristiana Vida Abundante, en la formación espiritual de jóvenes, labor
que comparte con Carlos Ruiz Medrano, su esposo, desde el 2015. Madre de dos hijos, Ariela y Andrés.
Coordinadora en su institución del IV Festival
Centroamericano de Poesía, Guanacaste Eterno, 2026. La piel del alma es
su primer libro publicado. Firma su producción literaria como ABI Valverde
Sáenz.
El libro de Abi Valverde comprende 34 poemas. Y un
epílogo, donde aparece un poema escrito, por su hijo Andrés, a los siete años
de edad.
***
El título del poemario es un sintagma nominal: “La
piel del alma”: artículo +, sustantivo + preposición + adjetivo. Desde el
íncipit, se advierte gran sugerencia expresiva.
El yo lírico expresa “Llévame de vuelta/ a nuestra
primera cita bajo la luna (…) donde el universo entero hizo silencio / para
escuchar lo que aún / no sabíamos decir”. Un tierno recuerdo-invitación de
compañía al amado, en el escenario de la nocturnidad, donde no hay nada más por
decir, toda vez que el nivel expresivo contiene una alta inferencia.
En otro texto aduce “si tiene usted planes para esta
noche, / me gustaría invitarle a compartir… / no sé… / la vida entera”. Aquí,
la hablante manifiesta, sin dobleces, una formulación palmaria, que solo
requiere de la respuesta del receptor, a quien dirige la proposición, porque
“Y, de pronto, toman sentido / todas las bifurcaciones que sufrió la vida /
para llegar aquí”.
En esa zona temática, el plano sentimental, amoroso y
sensual delinea un marco espacio-temporal “Mi hogar está en tus brazos, / en
tus labios, / en cualquier espacio de este mundo / donde solo existamos los
dos”.
La propuesta lírica de ABI Valverde Sáenz precisa de
versos cortos, de apretada síntesis. La mayoría de los temas poetizados se
nutren de la fe cristiana, las experiencias cotidianas, la maternidad, la vida
interior, la familia, la soledad, la muerte, la existencia, el espacio
espiritual, los duelos, la libertad, el amor, el silencio, el miedo, el mar o
la amistad.
El universo familiar es uno de los ejes temáticos del
poemario “La piel del alma”. Ofrenda un
poema a cada uno de sus hijos y otro para ambos. En el texto dedicado a su hija
Ariela expresa: “Pequeña semilla de alegría, y el sonido de tus latidos, / cada
palabra, / cada risa… / toda vos sos mi melodía favorita (…) Sos pasión, sos
vida, / sos arte, / sos… (…) Mi regalito del cielo. / ¿Te amo mi vida!”
En el poema a su hijo Andrés se lee: “Tu mirada tiene
un poder sanador / que no había conocido. / Tus ojos son un océano de
sinceridad / donde mis temores naufragan uno a uno (…) / Mi príncipe, /pedacito
de mi alma, / será un placer amarte / por lo que me queda de eternidad”.
El poema para ambos pequeños esplende candor, ternura,
amor maternal. Eleva un pedido,
disfrutar a sus hijos en el tiempo: “Quédate aquí un ratito más… / habitando en
mis brazos, / soñando sobre mi pecho, / tejiendo sonrisas son hilos de sueños,
/ buscando estrellas fugaces en la oscuridad, / disfrutando ilusionados / la
belleza de la Superluna (…) / por favor, no te vayás… / Quédate. / Quédate
conmigo, / así, chiquito… / Solo un ratito más”.
En orbe familiar tiene un asidero fundamental en el
poemario de ABI Valverde Sáenz. Como hija, reconoce el legado de su
padre Franklin: “Del lado de mi padre / me llamo San Carlos, / me llamo
llovizna, / laguna y volcán, / soy calor que abrasa y frío que estremece” (…)
Del lado de mi padre / hay caseríos erguidos en el monte, / madera y barro que
son refugio vago / para días longevos de trabajo. / Soy agricultor que siembra
incansable (…) Soy una nueva semilla, / una nueva raíz. / Soy mujer de paz, /
mensajera de esperanza / fuente de alegría… / Me llamo Abigail, / porque así me
llamó mi papá”.
Es interesante cómo el sujeto lírico adscribe
características de la figura paterna, toma su voz y las asume como propias,
para resaltar un retrato de su padre, con características muy sentidas y finas
de su estilo poético.
En esa órbita de reconocimiento interior, el poema
dedicado a su madre Olga es pleno de gratitud, por el amor y el sacrificio: ¿Y
quién soy yo para juzgar tus pasos, / tu
silencio de aquellos días / o los desbordes de tu cansancio, / si dedicaste tu
vida, / cada pizca de tu fuerza, / cada espacio, cada fibra, / a darme lo que
nadie te dio a vos (…) sino a esas tormentas que navegaste a contracorriente /
para asegurarte de traernos a salvo a la orilla, / a todas esas veces que, /
por tu valentía, / nos salvamos de naufragar”.
La hablante descubre sus duelos con esperanza en Dios “¿Cuánto
falta / para que termine la noche? (…) ¿Cómo podré librarme de este dolor / que
me hace temblar el pecho (…) Aunque las horas me consuman lentamente, / sé que
con el alba viene mi esperanza, / y la luz romperá el duelo. /El sol brillará y
su calor, / finalmente, / nos dará consuelo”.
El dolor es parte del tránsito terrestre como seres humanos. Hay duelos como dardos. La capacidad de cada
persona logrará asimilarlos, con la ayuda y fe en el Creador.
El poema Líneas vacías, lo dedica a su amiga
Ivannia Guerrero: “Una vida que se fue / dejando líneas vacías, / espacios en
blanco donde siempre convergieron / la duda y la inocencia, / el silencio y la
ilusión de su voz / llamando mi nombre / haciendo eco en los pasillos / de una
casa imaginaria”.
El latir de la madrugada
alude a ese espacio temporal que puede ser mágico o de incertidumbre: “La
madrugada tiene sonidos, texturas y aromas / que solo el insomnio sabe
reconocer. / Es como si la noche profunda / guardara sus secretos y misterios /
para compartirlos con aquel / que se atreve a desnudar los sentidos / en medio
del silencio / y de la oscuridad” El poema presenta una estructura circular,
toda vez que inicia y también finaliza con el verso inicial, al cual se le suma
el sistema recolectivo en la última línea versal, a saber: “La madrugada tiene
sonidos, texturas y aromas… / Y todos ellos me recuerdan a ti”.
Desde la mirada femenina, el yo lírico plantea el
escenario de la lucha de miles de mujeres en el mundo, quienes anhelan un hijo,
pero muchas veces, por diversas causas y condiciones, no les es posible cumplir
dicho anhelo”. Los días se escapan lentamente entre mis dedos, / y mi vientre
vacío / llora lágrimas de sangre… / otra vez (…) Las noches son eternas. / Me
sobra sueño, / me sobran desvelos, / me sobran besos, / me sobra espacio en mi
propio cuerpo… / Me sobran, y no quiero morir con ellos”.
Grito en el desierto,
se inspira en la historia de Agar, madre de Ismael. “Llevo el alma entera / en
la maleta, / y cada pedazo de mí / ruega por una respuesta / a las preguntas
que no me atrevo a, pronunciar. / Este desierto que habito / es solo un reflejo
de mi vida, / de lo que cargo, / de lo que callo”.
“Agar fue una sierva egipcia de Sara, esposa de
Abraham, quien se convirtió en la madre de Ismael (Génesis 16). Ante la esterilidad de
Sara, esta entregó a Agar a Abraham para concebir, lo que provocó conflictos y
el destierro de Agar al desierto, donde Dios la protegió, prometiéndole una
gran descendencia para su hijo. Es reconocida por nombrar a Dios como "El
Roi" (el Dios que me ve)” (Fuente: IA).
Las
ausencias son dolores intensos en el universo de la condición humana. En Ausencia
se refleja ese estado “Un día las notas alegres que llenaban la casa / se
empezaron a extinguir. / La melodía de esa voz que tanto he amado / lentamente
se fue tornando en silencio, / hasta no quedar nada… / Nada de su voz. / Nada
de su ritmo. Nada de su energía”.
Es
decir, el espacio se puebla de profundos silencios. Donde estaba el todo, ahora es la nada. Una fragmentación asfixiante, desoladora, un
quebrantamiento de la costumbre y la presencia. Claro que duelen las ausencias
que se llevan en La piel del alma, como ABI Valverde Sáenz ha
titulado su libro, con total acierto.
Grito de soledad es un S0S “Todos tienen a alguien, / un
hermano, una madre, / un amigo entrañable, / algún vínculo fabuloso con un alma
gemela, / qué sé yo… / pero yo, / por alguna razón no tengo a nadie (…) /
Aunque… / últimamente me cuestiono: / si lo que pido, tan siquiera existe”.
El poemario de ABI incluye diversos
estadios temporales: mañanas, tardes, noches, madrugadas, lluvias, veranos, y
en cada uno de estos, el tomo interno de los textos implica una tensión
diferente, dependiendo del eje temático abordado.
En este mundo lírico, el silencio es
un tema recurrente, tanto solo como en conjunción con otras tensiones internas.
“Las palabras están ausentes hoy, / así que dejaré que mis latidos / traduzcan
el silencio. / Después de todo, / ese es nuestro idioma favorito, / porque a
veces, el silencio dice más. / Solo hay que saber escuchar”.
En general, los textos poéticos de ABI
Valverde Sáenz muestran finales rotundos. En muchos casos, separa el verso
final, con un espacio visual, para darle un manejo preciso de conclusión: ()
Sanaríamos juntos. () no quiero morir con ellos. () Cambiaste mi Historia.
() La vida entera. () Hasta tus ojos. () Sos mi lugar seguro. () El lugar donde
siempre /quiero regresar. () Y abrazando el infinito. () Donde verdaderamente
encontré mi libertad. () Es todo lo que quedó de mí… Sus rotundidades
conclusivas son un rasgo de su estilo poético.
En Miedo, el yo lírico expone
lo que casi no le da miedo: la oscuridad, los espacios cerrados, el dolor el
fuego, la sangre, las serpientes, la soledad. La distancia, Pero registra una
excepción:” A mí… / me da miedo el
tiempo, para que la síntesis exprese ¡Perderte! / Eso me da miedo”.
En las pesadillas confesas de la
hablante expresa que “Es el mar, / es su fuerza, /su ferocidad que me atrapa /
y no me deja respirar. / Sos vos, / ahí, / envuelto en esa furia de sal”.
Pasos de libertad es
un poema de corte solidario, a favor de quienes han tenido que abandonar su
país por diversas causales. “Allá vamos… / Va contra viento, / prófugo del
horror. / Atrás no ha quedado nada, / y al mismo tiempo, lo ha dejado todo, /
incluido un pedazo de su corazón (…) El hogar no es donde se nace, / sino donde
se pueda vivir en libertad. / Y tu
libertad / no es un lugar… / ya la llevás dentro”.
Historia de mi muerte es
uno de los dos poemas más extensos. Plantea la dicotomía vida/muerte desde un
plano real y otro espiritual. Una conversión: “Hace un tiempo fui a un funeral,
/ donde el muerto era yo (…) En vez de volar, / sin darme cuenta cavé mi tumba,
/ nuestra tumba… / día tras día, / noche tras noche, / con decisiones que
parecían pequeñas, / pero que pesaban como piedras. / después de mi muerte, /
ocurrió lo impensable (…) un rayo me golpeó el pecho / y me hizo respirar de
nuevo (…) en esa tumba permanecen mis huesos. / Quien yo fui sigue muerto, / lo
que pasó…/ fue que nací de nuevo (…) Una vida real, / dada por un Dios real, /
a quien ahora rindo mis fuerzas, / mi tiempo, / y mis sueños… / mis sueños que
florecen, / en vez de sangrar (…) Ya no me interesa volar. / Ahora vivo de rodillas… / Donde
verdaderamente encontré mi libertad”. Es la plenitud del encuentro consigo
misma.
En síntesis, el libro La piel del alma, de la Lic.
ABI Valverde Sáenz (1994), es una nueva voz poética en el panorama cultural
costarricense. Su incursión, en una etapa de madurez vital, le confiere una señal
decidida, que busca su propio rumbo, con tonos, acentos y nudos
plurisignificativos en los ejes temáticos abordados, con honestidad y mérito
artístico.
Que su libro de estreno sea el momento para abrir una
senda productiva, que agrande en el tiempo su producción literaria, para
beneficio de la comunidad lectora. ¡Albricias, a ABI, por desentrañar sus
poemas, y compartirlos en su libro de estreno! Poiesis. Así sea…

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