En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



domingo, 6 de octubre de 2019

POETA COLOMBIANO CARLOS AGUASACO VISITARÁ GUANACASTE, COSTA RICA

Carlos Aguasaco






POETA COLOMBIANO CARLOS AGUASACO 
VISITARÁ
GUANACASTE, COSTA RICA



Lic. Miguel Fajardo Korea

minalusa-dra56@hotmail.com
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica



(Correo de Guanacaste).- el Dr. Carlos Aguasaco (Bogotá, 1975). Es profesor titular de estudios culturales latinoamericanos en The City University of  New York. Vive y escribe en Nueva York desde 1999. Allá se ha convertido en una de las figuras más reconocidas de la nueva poesía hispana en los Estados Unidos.

Profesional en literatura (Universidad Nacional de Colombia). Posee una maestría en literatura (The City College of New York) y un doctorado (Stony Brook University).

Ha editado diez antologías literarias y ha publicado seis libros de poemas, entre ellos: Poemas del metro de Nueva York (2014), Antología de poetas hermafroditas (2014). Diente de plomo (2016) y Piedra del Guadalquivir (2017).

También ha publicado una novela corta y un estudio académico del principal superhéroe latinoamericano: ¡No contaban con mi astucia! México: parodia, nación y sujeto en la serie de El Chapulín Colorado (2014).

El Dr. Carlos Aguasaco es el fundador y director de Artepoetica Press (artepoetica.com), una editorial especializada en autores y temas hispanos. También es el director de The Americas Poetry Festival of New York (poetryny.com), y coordina The Americas Film Festival of New York (taffny.com).

Sus poemas han sido traducidos a una variedad de lenguas como inglés, árabe, portugués, rumano y gallego. Ha sido escritor y conferencista invitado en casi veinte países de Europa, Asia, África, Norte y Sudamérica.

El libro del Dr. Carlos Aguasaco. Un hombre pasa con su cuerpo al hombro. (San José: Casa de Poesía, 2019: 70), está dividido en cinco apartados, y consta de  57 textos. Él estará en el Festival Internacional de Poesía de Costa Rica, del 20 al 28 de octubre del 2019.

            Su libro será presentado por el Lic. Miguel Fajardo, Vicepresidente del Centro Literario de Guanacaste, el jueves 24 de octubre a las 6 p.m. en el Museo de Guanacaste. Entrada gratuita a todas las actividades.

            El Dr. Carlos Aguasaco desarrollará las siguientes actividades en Guanacaste. Los coordinadores del Festival en Guanacaste son Ligia Zúñiga y Miguel Fajardo.



                                 FESTIVAL INTERNACIONAL DE POESÍA DE COSTA RICA
                                                  (Guanacaste, Costa Rica, octubre, 2019)
ACTIVIDAD
DÍA
HORA
POETA
INVITADO
POETAS LOCALES
AUSPICIA
Conferencia:

“Inmigración, poesía y taller poético”
Miércoles 23 de octubre.

8 a.m.
Carlos Aguasaco
Ligia Zúñiga

Miguel Fajardo
Liceo de Cuajiniquil, La Cruz, Frontera Norte.
Programa radial:

“Guanacasteando”
Miércoles 23 de octubre

2 p.m.
Carlos Aguasaco
Mainor González
Sebastián Arce
Ligia Zúñiga

Miguel Fajardo
Radio Universidad de Costa Rica

Sede Guanacaste


Conferencia:
“Las artes visuales y la poesía”
Miércoles 23 de octubre

3 p.m.
Carlos Aguasaco
Mainor González
Sebastián Arce
Miguel Fajardo
Ligia Zúñiga
Universidad de Costa Rica

Sede Guanacaste
Conferencia: “Migración, poesía y artes visuales”
Jueves 24 de octubre

10 a.m.
Carlos Aguasaco
Miguel Fajardo

Ligia Zúñiga
Colegio Humanístico de Nicoya
Universidad Nacional
Presentación editorial  del libro:

“Un hombre pasa con su cuerpo al hombro”
Jueves 24 de octubre

6 p.m.
Carlos Aguasaco
Miguel Fajardo

Ligia Zúñiga
Museo de Guanacaste

Restaurante Mariajuana

domingo, 29 de septiembre de 2019

LOS ELEMENTOS DEL CUERPO EN LA POESÍA DE EUNICE ODIO

Miguel Fajardo, Costa Rica





LOS ELEMENTOS DEL CUERPO
EN LA POESÍA DE EUNICE ODIO





Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Educación Mauro Fernández de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com




Descriptores: -Literatura costarricense -Poesía costarricense -El cuerpo -Eunice Odio.

      Me propongo abordar un tema esencial en las manifestaciones artísticas, como es la escritura del cuerpo en la poesía  costarricense.  Desde esa perspectiva,  Eunice Odio (1919-1974), en su poemario Los elementos terrestres1 (Guatemala, 1948), es la pionera del abordaje corporal dentro de la poesía vanguardista costarricense, donde se puede correlacionar las diversas partes de la anatomía2 con un amplio registro simbólico y cultural.
            Eunice Odio inicia esa tematización, cuando dicha práctica transgredía el comportamiento de la tradición patriarcal.  Su poesía vanguardista reconoce el cuerpo y explora la sexualidad, tanto femenina como masculina e, igualmente, sus relaciones con el goce o el deseo. En el desarrollo de los poemas, utiliza  la intervención de la mirada, la cual provoca un desplazamiento de los amantes hacia partes erógenas. De esta manera, establece un vínculo que se materializa en la provocación de uno y en la respuesta del otro.
            En  Los  elementos terrestres, la percepción del cuerpo es múltiple, porque es un espacio para la significación expresiva del reconocimiento individual.  El cuerpo se nombra y muestra, es decir,  se compone y se reconstituye.  Genera sentidos, en la medida en que las partes de la anatomía representan un espacio, visible y tangible, a partir del cual se toma conciencia de él.  El cuerpo se redescubre y completa en el lenguaje del otro.
            El diálogo de lo femenino y de lo masculino, se extiende a los planos de la corporalidad: ella busca al amado por las inmediaciones de su propio cuerpo, y reposa en el del amado.  De ese modo, la imagen  es un tejido que se muestra y concreta en la mirada del otro, en la poética del cuerpo.
La perspectiva  de lo corporal opera, entonces, como un código dialógico que posibilita el goce: “Tú me conduces a mi cuerpo, / y llego, / extiendo el vientre / y su humedad vastísima, / donde crecen benignos pesebres y azucenas / y un animal pequeño, / doliente y transitivo” (LET3, 125).
            La mención de elementos animales, vegetales y líquidos, comprueba que el lenguaje erótico cotidiano está lleno de ejemplos de cuanto sucede en la naturaleza.  Los murmullos, los rugidos, los arrullos, el correr del agua, el vaivén de las olas, los gemidos de toda suerte de animales son imitados en el juego erótico: “Mi sexo como el mundo / diluvia y tiene pájaros, / Y  me estallan al pecho palomas y desnudos. / Y  ya dentro de ti / yo no puedo encontrarme,  / cayendo en el camino de mi cuerpo(LET, 124).
Se establece una relación entre la naturaleza y el cuerpo. Es decir, la naturaleza  se comporta  como intimidad o deleite.  La conjunción de la vegetalidad remite a la estética del jardín (jazmín, lirio, rosa) y connota la delicadeza sensual y erótica: “Entraremos de pronto en el verano como árboles / vegetalmente abiertos de oídos y de polvo (…) Y a la altura del pecho y la labranza / semilla de silencio y luz desierta” (LET, 136-137).
            La hablante ve al hombre como su complemento, porque “él camina en parte / con mi alma”.  El amado apela al sueño, que atrae en ausencia el modo de llegar hasta ella para conducirla al encuentro  de la unión sexual de la pareja. De esta forma, en el texto  se busca al amado, lo cual podría considerarse como la incompletitud del yo sin el otro.  Por más satisfactoria que se presente la relación entre los amantes, siempre se plantea un vacío que impulsa el deseo de buscar en el otro lo que complementa.
 La amada busca al amado,  su amante, camarada, huésped, hermano, es decir, un ser que pareciera serlo todo. Según Octavio Paz4: “el erotismo es una experiencia total que jamás se realiza del todo, porque su esencia consiste en ser siempre un más allá. Este se refiere al cuerpo ajeno como un obstáculo o un puente que en uno y en otro hay que traspasar”.
            En el poema cuarto, el hombre ve a la mujer asomada a su pecho; ese sustantivo se repite y es plurisignificativo.  El amado la contempla en un proceso de evolución física y se marca con los oxímoros “pecho diurno” y “voz descalza”, los cuales evocan elementos corporales en cualificaciones inacostumbradas. La escritura erótica de este poemario celebra el descubrimiento del cuerpo, como un espacio de deseo que no tiene como fin la reproducción, con lo cual el texto plantea un orden subversivo, toda vez que rompe con lo convencional.  En estos poemas se explora el goce, sobre la base del reino de los cinco sentidos, lo cual posibilita la utilización de diversos recursos expresivos.  La sensualidad corporal implica, por lo tanto, una vía para afirmar la sexualidad.
            El sistema de significados poéticos recurre, tanto a la metáfora como a la metonimia, cuyas relaciones por similitud y contigüidad son recursos básicos para ordenar el discurso. Como elementos constructivos de la función poética, apelan al sentido del mensaje para intensificar el acento expresivo. El paralelismo, la anáfora alternada o la repetición son procedimientos retóricos, donde se advierte la función de la semiosis poética.
 Otras figuras como el símil, el encabalgamiento, el oxímoron, la interrogación retórica o la antítesis, ayudan en la intencionalidad expresiva de conformar la estructuración semántica del texto, y contribuyen  a la construcción discursiva de la dialogicidad; asimismo, resultan decisivos los acentos de lo corporal y el registro de elementos sexuales y eróticos, ya que, en todos ellos, se desprende el nudo de significación amorosa del texto.
            Es evidente la presencia de asociaciones del cuerpo léxico con el sexo oral: “pozo”, “boca”, “resbala”, “paloma” y la referencia a la salinidad.  Los muslos se llenan de erotismo. La metáfora los “manojos de agua” puede relacionarse con el orgasmo, lo cual se amplía con el sustantivo “espuma” y la cavidad física del pozo~vagina  vista como “rebaño secreto”, con lo cual se puede hablar de la presencia de metáforas que remiten a lo erótico y a lo sexual.
La poética corporal de lo líquido se asocia con la eroticidad del cuerpo, donde todos los flujos indican movimientos naturales que se equiparan con los derivados del goce sexual. Por lo tanto, el agua funciona como fuente de vida, con gran poder sensual y elemento de unión amorosa, cuando aparece en el contexto de la expresión sexual: “Parpadea tu voz, / sencilla como el mar cuando está solo” (LET, 124); “Yo haré que de tus muslos / bajen manojos de agua; / y entrecortada espuma, / y rebaños secretos” (LET, 127).
            El sistema de significados poéticos alude a la relación sexual con el otro, en una experiencia física y corporal. La amada se propone un recorrido por la geografía del cuerpo amado; así como él explora el cuerpo de ella. El cuerpo opera, entonces, como un vector que se anhela poseer, con firme expresividad amorosa y como acción de completitud.  Debe destacarse, que en el acento poético odiano, la mujer es sujeto del deseo y no objeto, es decir, su participación es activa y creadora.  La poesía del cuerpo construye un espacio de expresión  social, que censura las restricciones y los silencios históricos.
            En Los elementos terrestres, el cuerpo debe leerse de manera que construya diversas posibilidades de relación, tanto consigo mismo como con los demás, sin que las diferencias sexuales alcancen papeles jerárquicos.  Las partes del  cuerpo se relacionan con un amplio registro simbólico y cultural.  La voz femenina, al escribir sobre su cuerpo: escribe su cuerpo, su deseo, su goce, su deleite.  Ella es capaz de nombrar, y también se nombra.  Mediante el lenguaje construye su propia subjetividad  activa, por ello, ambos amantes participan  con placer del acto amoroso, porque es el  goce de la experiencia, de la inclusividad.

“Queréis que vaya y me ofrezca en sus manos5
como semilla de éxtasis,
que le lleve mi cuerpo
reclinado de palomas,
y que llene su boca
de sol y mediodía” (LET, 142).

Aquí, la oración compuesta incorpora verbos, cuya disposición significativa es interesante: “queréis”: desear o apetecer, tener voluntad  o determinación de realizar algún hecho; “vaya”: indica el movimiento del lugar real al posible y “ofrezca”: comprometerse alguien a dar o hacer una acción particular.  En el segundo apartado se reduce a uno, “lleve”: conducir algo (mi cuerpo) desde un lugar alejado de donde se habla, o se sitúa mentalmente la persona, y concluye con “llene”: ocupar un espacio vacío con  la idea de satisfacer el apetito sexual (su boca).  Obsérvese el hecho que la amada solicita ir y ofrecerse “en sus manos / como semilla de éxtasis”.
            El cuerpo es un tejido que se teje con la huella del deseo, por ello, muestra una gama de sentimientos expresados por medio del lenguaje.  El cuerpo posee una dimensión  unificadora.  Es un lugar donde se construye el goce, la sexualidad. Utiliza un discurso que se apoya en la intervención de la mirada, la cual provoca un desplazamiento de los amantes hacia las partes erógenas;  de esta manera, establece un vínculo que se materializa en la provocación de uno y en la respuesta del otro,  pues el contacto físico es la experiencia que inicia el conocimiento vivencial de lo erótico.
            En Los elementos terrestres, de Eunice Odio, hay referencia a 39 partes del cuerpo que, en  conjunto, comprenden 133 menciones.  Los semas de mayor recurrencia, con 17 y 18 alusiones son el “cuerpo” y el “pecho”, que opera como una zona erógena, un símbolo activo de la sensualidad, mediante el cual se percibe los fuertes latidos del corazón,  propiciados por el clima sexual de la pareja.  Desde el primer poema, la voz de la amada llama al amado, para que compartan el deleite de sus cuerpos:

“Ven
Amado.

Te probaré con alegría
tú soñarás conmigo esta noche” (LET, 119).

            El objeto  del amor es visto como lo que se come, se saborea, se degusta. Un recurso sugestivo que proyecta el tipo de caricias que recibirá el amado.  Lo que al inicio aparece como un llamado, “Ven”, se convierte en experiencia, “te probaré”, una certitud de contacto.
            Los cuerpos de ambos se convierten en espacios tangibles, llenos de zonas erógenas.  El pecho, la boca o la cintura sugieren que no queda ningún sitio sin explorar. Al leer el texto como un recorrido corporal, el erotismo se encuentra sugerido en el lenguaje simbólico utilizado, y se enriquece con todo tipo de alusiones a prácticas culturales sobre el amor y el sexo.  Según Barthes6: “exploro el cuerpo del otro como si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso”.
            En el texto, el sexo no se presenta como una culpa, mancha o pecado; por el contrario, hay una tendencia a reinvindicar el cuerpo y la sexualidad de ambos géneros como una demanda de amor, con alusiones al sexo y a sus zonas erógenas, en aras del goce y el disfrute.  La fuerza de lo sexual radica en las referencias a los momentos que compartió con él: el cuerpo que tuvo tangible, pero que ahora está ausente.
Para Roland Barthes7: “La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede superponerse sino a partir de quien se queda –y no de quien parte-: yo, siempre presente, no se constituye más que ante tú, siempre ausente”.  La amada pregunta a otros por su amado y utiliza semas corporales que evocan la figura masculina, tanto es así, que valora el cuerpo del otro en el momento en que erogeniza la realidad corporal del muslo del amado como una “daga sumergida en la noche”. Hay una descripción fálica (daga), símbolo de potencia generadora, pero “ya no tiembla en el aire”, porque está “sumergida en la noche”.
            Hay numerosas referencias a las diversas regiones del cuerpo, que funcionan como símbolos de la sensualidad, por ejemplo, las zonas orificiales y erógenas: oral –boca, pecho, así como los órganos sexuales referidos a la vagina y al falo. La profusión de imágenes sensoriales se convierten en un código de la expresión sexual, que marca el orden de lo femenino y de lo masculino, con énfasis en la carnalidad, pero aquí va mucho más allá de la procreación y de su condicionamiento social; así, el texto reivindica el cuerpo y el descubrimiento gozoso de la sexualidad.  En ambas perspectivas, las demandas eróticas apelan al  placer del cuerpo, al goce de la experiencia sexual.
            En este poemario, el alma está en un sitio donde puede ser comida: en el cuerpo.  El sitio de la convocatoria es el lugar de la corporalidad humana “Antes que yo se te abrirá mi cuerpo”.  El poder del cuerpo y la palabra  confirman la identidad y el desafío en el ser físico de los cuerpos amantes: ella en él; él en ella.  El sustantivo “alma” es puesto en relación con las siguientes partes: cuerpo, brazos, cuello, aliento, corazón, uñas, oídos, mano y piel.
            En este poemario, se puede establecer algunos mecanismos discursivos que sugieren la unidad poética entre los planos humano y espiritual8.  Simbólicamente, la tierra se opone al cielo, y es asociada con la mujer, por su carácter productivo.  Por ello, desde el título se habla de los elementos de la tierra; la corporalidad es su distintivo, su materialización.  Al mismo tiempo que se tiende a buscar lo espiritual, en el texto se “eleva” o destaca lo corporal, situación que propicia considerar que lo espiritual está inmerso en lo terrenal, y se expresa en esas descargas eróticas y sexuales de los amantes.
El recurso estilístico es la relación de contigüidad entre los términos abstractos, junto con las alusiones a las partes de la anatomía: “Ven / comeremos en el sitio de mi alma” (LE, 119); “Y por mi cuello en que reposa tu alma” (LE, 125); “y es como piel el alma –no se siente” (LET, 137). En suma, con dicha estrategia, el yo lírico logra el juego de multilecturas que propone posibles interpretaciones, donde la preeminencia del cuerpo implica un redescubrimiento de la condición humana, sin menoscabo del orden espiritual.
Lo humano se asocia con lo material, con la corporalidad exterior y, dentro de ella, se manifiesta el desplazamiento de los elementos espirituales, porque cada vez que se mencionan estos, aparecen dispuestos por contigüidad funcional, en relación con el cuerpo.  Este mecanismo permite una lectura unificadora de las relaciones eróticas y sexuales. El enlace de los planos humanos y espirituales, se inscribe como un procedimiento expresivo innovador en la poesía costarricense de la primera mitad del siglo XX.
El discurso del cuerpo no es visto con impudor, sino con la naturalidad de los elementos terrestres.  La tradición cultural asocia lo femenino con la tierra como elemento pasivo, pero en el poemario de Eunice Odio se da una ruptura: la conciencia del cuerpo como poder artístico; la capacidad de construcción lingüística como sujeto del deseo, el establecimiento de una relación igualitaria en el plano de la sexualidad, así como su perspectiva de mostrarse y nombrarse a sí misma; mirar al otro y nombrarlo. El código dialógico del sistema de significados expresivos, en los órdenes de lo femenino y de lo masculino, vehiculiza el texto hacia una ruptura: la prevalencia de la voz femenina en el orden del discurso, que se comporta como una ruptura ideológica en el contexto de producción de la poesía costarricense de ese momento, cuando la voz femenina permanecía excluida o marginada.

Consideraciones finales

La preocupación por la poesía del cuerpo es el más decisivo aporte del libro Los elementos terrestres, de Eunice Odio (1919-1974),  quien murió en México hace 45 años-, pues dicho nudo de significación se presenta en las facetas de lo sensual, el erotismo y lo físico-carnal, como elementos integrales de la sexualidad. Las diversas partes de lo corporal establecen un código poético que se plasma en la evocación erótica del deseo o el placer y, desde la perspectiva de lo sensual, que activa las zonas erógenas.  El erotismo de los textos odianos se ve reforzado, cuando entran en juego las referencias a especies animales, vegetales o líquidas, que funden dichos elementos con el eros, por lo cual, la  perspectiva lírica se ve enriquecida en el tratamiento de sus diversos nudos temáticos.
  La expresión física de lo corporal, en la voz poética de la costarricense Eunice Odio, constituye una perspectiva de rompimiento de tabúes patriarcales.  Su apuesta por lo corporal es un redescubrimiento temático, al centrar su perspectiva poética, tanto en el cuerpo femenino como en el masculino.  Esas partes llegan a resignificarse cuando interactúan en el plano de lo simbólico cultural, más allá de lo que sería  una    simple experiencia personal.  El abordaje sexual es dialógico y alcanza grandes posibilidades en la expresión del cuerpo, elemento a partir del cual se genera la semiosis profundamente sensual y sexual del poemario, que se presenta con gran naturalidad y con un lenguaje novedoso y transgresor, lleno de lirismo, en el mapa de la poesía vanguardista centroamericana.
El texto, en su conjunto, muestra imágenes sensoriales de gran calidad, que reivindican el descubrimiento integral del cuerpo como fuente de goce de la experiencia de la sexualidad y, a partir de aquí, de comunicación espiritual entre lo femenino y lo masculino.  Las alusiones a la esterilidad no son un obstáculo para que la amada disfrute el placer o el goce con intensidad; dicha condición la expresa con dolor, sin embargo, no disminuye su capacidad de amar.
La asimilación de lo espiritual inmerso dentro de lo humano es una expresión del discurso odiano.  La equiparación cuerpo ˜ alma homologa dichos planos como propuesta de unidad poética.  De ella, se desprende la incompletitud, que lleva a los amantes a buscar su unidad física en el otro.  La prevalencia del cuerpo implica un redescubrirse, sin inhibiciones, un mecanismo poético innovador en la lírica costarricense en la segunda mitad del siglo XX.
En Los elementos terrestres, de Eunice Odio, la expresión dialógica de lo femenino y de lo masculino se manifiesta, poéticamente, como el resultado de la experiencia erótica y sexual y esta como unidad entre los planos humano y espiritual.
Eunice sigue vigilante. Su poesía esplende por América Latina y más allá. Es un nombre extremadamente notable para leerla y divulgarla con más fuerza, a partir del centenario de su natalicio9.  Es nuestro compromiso ético y estético. Ya basta de negaciones y de pronunciar su nombre en voz baja. Su nombre se sigue defendiendo solo.

Esta ponencia será leída en la Universidad de Costa Rica y la Universidad Americana, el 15 y 19 de octubre del 2019, durante el homenaje nacional a la escritora Eunice Odio (1919-2019), con motivo del centenario de su natalicio.


Referencias

1 Los elementos terrestres, de Eunice Odio, Premio Centroamericano “15 de setiembre”, Guatemala, 1947, publicado en 1948. Dicho libro no se publicó en Costa Rica, sino  hasta en 1984, es decir, 36 años después.
2 En Los elementos terrestres, de Eunice Odio,  se cita 133 menciones anatómicas, con base en las 39 partes corporales, que interactúan entre sí como un cuerpo hablante.
3 Cada vez que se haga referencia a Los elementos Terrestres. (San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica / Editorial de la Universidad Nacional, 1996), se utilizará la sigla LET y la página respectiva.
4 Paz, Octavio. Los signos en rotación y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial, 1971: 87.
5 De acuerdo con Chevalier, “la mano es como una síntesis, exclusivamente, de lo masculino y lo femenino; es pasiva en lo que contiene, activa en lo que tiene” (Chevalier, 1986: 685).
6 Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999: 80.
7 Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999: 45.
8 Fajardo, Miguel; Bianco, Aracelly. El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio. San José: Lara & Segura editores,  2018: 168.
9 Fajardo, Miguel. Un recorrido en el centenario de Eunice Odio. San José: Diario Extra, miércoles 3 de abril del 2019, p.2.


Bibliografía

Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999.
Chevalier, Jean. Diccionario de símbolos. Barcelona: Herder, 1986.
Fajardo, Miguel y Bianco, Aracelly. El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio. San José: Lara & Segura Editores, 2018: 168.
Fajardo, Miguel. La poesía del cuerpo. En: Anexión. Guanacaste, junio-2005:16
Odio, Eunice.  Los elementos Terrestres. San José: Editorial Costa Rica, 1984 y 2013.
Odio, Eunice. Los elementos terrestres. Madrid: Torremozas, 1989  y 2018.
Paz, Octavio. Los signos en rotación y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial, 1971.

miércoles, 28 de agosto de 2019

LOS ARRULLOS POÉTICOS EN EL PACÍFICO COSTARRICENSE

Miguel Fajardo





LOS ARRULLOS POÉTICOS EN EL PACÍFICO COSTARRICENSE



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica





(Guanacaste/Moravia).- Un nuevo nombre asoma en las letras porteñas. Lo hace en la plenitud de la madurez.  “Arrullos del mar”, de María Gabriela Toruño Soto (Pueblo Nuevo, -Cocal- de Puntarenas, 1963). Prefiere firmar como Gaby Toruño, como prefiere firmar. Es un poemario fresco, revitalizado por la brisa, los pensamientos y los decires con el acento líquido del Pacífico.

            Toruño Soto realizó estudios en la Escuela Delia Urbina, Liceo diurno de Chacarita y Liceo diurno de Esparza. Es bachiller. Además, en la Academia Smith Corona. Ha realizado talleres en la UTN y el INA. En este momento, es la becaria coordinadora del proyecto “Letras de arena” (Ministerio de Cultura y Juventud, 2019), junto con Elena Manzanares Juárez.

            Ha publicado en la revista “Dunámis”, de Perú. Igualmente, ha publicado en el suplemento “Al aire libre”. Miembro del grupo Faro Cultural, Puntarenas. Su poema “Perla bendita” fue musicalizado. Su género es costumbrista y folclórico. Es una  dinámica gestora.

            “Cómplice de la brisa,  / los arrullos del mar / y los recuerdos de horas vividas, / que no morirán”. Estas líneas trazan la inquietud lírica de esta autora esparzana. Su poesía está libre, un tanto directa, propone trasmitir tonos de esperanza, admiración por los elementos de la naturaleza, contemplación de momentos lúdicos entre el espacio marino, cuyos universos resignifican un recordar selectivo frente a los embates de la globalización, que nos arrebata las áreas comunes o públicas, en aras de la masificación y la despersonalización.      

            “¡Puerto querido, Puntarenas! / No te vayas a ganar mi olvido. / Une tu voz a mi recuerdo / que nunca morirá”. Existe una alta preocupación en reafirmar  su amor raigal con su terruño porteño.  Una fijación que se muestra en su poemario, con la certeza de que no ha de llegar el olvido, que es una especie de segunda muerte, en los órdenes existenciales.

            En uno de sus textos, apela para que cuando llegue su hora final, no haya llantos, ni tristezas, sino que exista risa, alegría, canto, porque la vida ha sido un don de Dios, que aprovechó terrenalmente, por lo que no procede la tristeza en esa hora definitiva.

            La figura materna ocupa un lugar muy importante, tanto en la vida como en la obra lírica de Gaby Toruño, lo cual se evidencia en el texto que le dedica a su madre. En el segundo, el yo lírico manifiesta sus afectos con un sutil  realismo. La longevidad vital se enuncia en “Beso tu frente frágil / y miro tu cuerpecito encorvado, / delatando las cicatrices de tu alma. / Esas huellas, / ya marcadas por el pasar de los años, /porque Dios así lo quiere”.

            La autora porteña vive agradecida con el don de la vida que ha dispuesto el Creador: “Lo que nos hace darnos cuenta de que nuestro vivir,  / va más allá que un lindo despertar. / Que la culminación entre el suspirar y existir, / va más allá de abrir los ojos y cerrarlos. / ¿Cómo no brindar por la vida? /  Si en cada detalle de ella siento que estoy viva”. En esa línea, ratifica la plenitud de la lucha en este tránsito terrestre vital. Cada quien debería autoanalizarse y reflexionar sobre la oportunidad de Dios para con cada uno de nosotros.  Es importante no ser descreídos, en un mundo de tantas evidencias…

            En Soy, la hablante fija otras rutas  de vida, cuando personaliza, yo soy “El murmullo del viento y las olas que arremolinadas van. / El eco de la caracola  yaciente en la arena escarlata arrojada por el mar. /El sol abrazador dando vida a los arrecifes en las profundidades del alma”. Existe la propuesta binaria de lo terrestre y lo infinito, en una feliz convergencia, tanto como ser humano, como en el espacio espiritual, sin embargo, prevalecen los elementos planetarios: olas, caracola, mar, arrecifes, viento, sol, arena, frente al sustantivo “alma”, pero desde una connotación de diálogo, entre lo humano y lo espiritual.

            En Alas del tiempo, la hablante expresa un sentir muy dolorido, en relación con la no correspondencia amorosa.  El texto es una expresión de angustia e impotencia ante lo irremediable, lo cual la afecta en sus fibras interiores “¿Corazón, por qué lloras? / ¿Corazón, por qué sufres? / Por una mujer que no valora tus esfuerzos, / tus caricias, tus suspiros, tus bondades. /Tus besos y esa entrega”.

            En Potro Azabache, el yo lírico expresa una gran admiración por el quehacer de los personajes populares de la pampa guanacasteca. Destaca su alegría, su trabajo, la naturaleza, la cultura popular “El ¡Uyuyuy bajura!  / Con alegría, anunciando la pronta llegada de ese gran amor.  / Y por las noches se asoma la luna, /que con su esplendor desafiante, /motiva al retahilero. /  ¡Uyuyuy bajura! /Que siga la fiesta, mi Potro Azabache.  /Así relincha mi corazón  al verte en noches de luna. / ¡Uyuyuy bajura! /¡Viva la pampa guanacasteca!” Incluí este poema, en el suplemento cultural ANEXIÖN Núm. 26 (julio, 2018:3).

            En Hiedra, el yo lírico aspira a convertirse en esa planta trepadora, de hojas perennes, que crece en zonas con sombra “Quisiera ser la hiedra subiendo en ti / y deslizarme suavemente. / Adherirme a tu alma y adivinarte todo. / Quisiera ser ese río /recorriendo tus montañas de secretos pensamientos. /Poder quedarme en ellos, junto a ti”. Sin embargo, la hablante reconvierte el elemento A y lo convierte en un elemento B, cuando se plantea un abordaje erótico con gran sensibilidad. Es decir, el elemento vegetal se asocia con el corporal en un recambio con la idea del alma –espiritual-.

            En El lamento, existe una preocupación telúrica por el futuro de la humanidad.  Hay pruebas terrestres a las que somos sometidos como factor humanidad. El poema es un grito que enciende las alarmas por no cuidar el medioambiente. Somos corresponsables de la autodestrucción planetaria, por ello, su denuncia es desesperada “Grita la tierra, / desde sus entrañas ruge  su clamor. /Ahogando sus voces por las / encrucijadas. / De repente los mustios sauces asoman  / a las  orillas de la vida. / ¡Callan los seres humanos el infortunio!  / ¡Enloquece la brújula en su furor! / Hoy, el mundo extingue su luz”.

            En Mariposa en vuelo, el yo lírico esplende su red de anhelos libertarios.  “Las mariposas vuelan en el camino... / Las mariposas vuelan en el tiempo... / Llevando consigo esa libertad y los sueños,  /aunque mueran con ellas en tan poco tiempo (…) /Porque como mariposa en vuelo… / voy dejando mis destellos. /Matizados en mi libertad”. La oposición de vida humana se ve impelido por la brevedad de vida de las mariposas, sin embargo, ellas simbolizan su espacio de libertad, una aspiración del ser humano, en todos los contextos.

La poesía de Gaby Toruño (Puntarenas, 1963) es vivencial, incorpora con convicción a la naturaleza y al medio físico que la rodea. Hay tonos reflexivos ante los avatares de la vida. En ese sentido, su pensamiento de estelar es: “No desembarques la maleta de tus sueños, si aún el barco de tu vida no ha llegado hasta el final”. ¡Albricias, entonces, a tan dinámica trabajadora de la cultura poética, en el Pacífico costarricense, que nunca será frontera, sino evidencia de nuevos caminos...


Lic. Miguel Fajardo

domingo, 4 de agosto de 2019

MARÍA BOLANDI, LA MARIMBISTA MATRONA DE GUANACASTE

(Fotografía de la marimbista guanacasteca, 
doña María Bolandi, tomada por Miguel Fajardo)





MARÍA BOLANDI,
LA MARIMBISTA MATRONA
DE GUANACASTE



Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural
minalusa-dra56@hotmail.com   



La vida es un encuentro y un desencuentro. En ese sentido, nos ha permitido conocer a personas de gran calidad humana, dentro de su sencillez elemental. Es el caso de doña María Bolandi Gorgona, quien nació en Liberia, el 2 de noviembre de 1922, el Día de los Difuntos. Ella se acerca a la edad centenaria de la zona azul de Guanacaste. Está por cumplir los 97 años.

            Procreó a 10 hijos: Rosemary, Alfonso, Eliel, Emilio, Marco, Juan Carlos, Jenney, Dora Elena, Ana Balbina y Xinia, -quien se esmera en brindarle una gran calidad de vida y cuidados a su madre-. Los primeros nueve hijos fueron atendidos por una partera en su casa.

Su marco genealógico se compone de cinco generaciones: Su decena de hijos le ha dado 51 nietos. A quienes se suman bisnietos, tataranietos y choznos (hijos de los tataranietos).  La descendencia conjunta de doña María, suma 166 personas.

Cada 2 de noviembre, Xinia, su hija menor, organiza una fiestecita para agasajarla. Pero ese festejo se convierte en un fiestón, pues cuando llega la marimba, doña María se pone a tocar y deja de ser la homenajeada, para rendir tributo a su pasión por la marimba.

            Ella lo dice y sonríe.  Sacó adelante a sus hijos “trabajando, trabajando”, sin excusas, sin rendirse, en diversos trabajos.  Fue cocinera en la finca “Las Delicias”.  Trabajó en el área de cocina en el Hospital Dr. Enrique Baltodano Briceño, de donde se pensionó.

            Ella vivió en Los Cerros, Los Ángeles, Colorado, Moracia y, en barrio San Roque, desde 1966, hace 53 años. Cuando le pregunto por el barrio San Roque, queda pensativa y exclama con seguridad “Este es mi barrio.  Para mí es un barrio sano. Tengo mi casa propia. Nadie me molesta, ni yo molesto a nadie.  Vivo aquí, tranquilamente”.

            La Licda. Pilar Rodríguez Brizuela, adujo el 8-8-2017:Sin temor a equivocarme, fue la primera mujer marimbista que tuvo Liberia y, posiblemente, Guanacaste”.

Explica doña María Bolandi, que la marimba empezó a llamarle la atención desde los ocho años. Refiere que en la década de los cuarenta,  su madre Balbina Gorgona Bolandi, era la dueña de un hospedaje y del salón de baile denominado “La Prángana”. Según el Diccionario de costarriqueñismos, prángana  significa “parranda, juerga”. Dicho salón se ubicaba, diagonal a la casa del Dr. Enrique Baltodano Briceño. Hoy es una casa restaurada y es patrimonio, a un costado del parque Mario Cañas Ruiz de Liberia.

En ese salón, propiedad de su madre Balbina, doña María Bolandi  inició su pasión por tocar  marimba.  Reconoce que “yo me inspiré por ella”, en referencia a su madre. Los frecuentes y prolongados bailongos en “La Prángana”,  que iniciaban a las 8 p.m. y concluían a la 1 a.m., fueron los que despertaron su interés por tocar marimba.

“En la casa hacían bailes, le gustaba la música y ponía mucho cuidado.  Recuerda que las primeras piezas que interpretó fueron “Adolorido”, “La Cachita” y “La Coca Leca”. En los bailes le pedían “El Punto Guanacasteco”.

Además del salón “La Prángana”, tocó en “El Mango”, “El Chunquín”, “Los Naranjos”, “La Reynalda”, “El Yomalé”, “El Brasilia”.  Rememora los lugares de la geografía liberiana donde se ubicaron dichos salones.

Con pesar,  recuerda que en su época no había otras mujeres marimbistas.  Sin embargo, recuerda que una vez trajeron a una de Santa Cruz, establecieron un concurso entre ellas,  y con sonrisa pícara dice “Pero yo le gané”.

Doña María Bolandi no compuso; solo tocaba, pues memorizaba las piezas con bastante facilidad.  No recibió estudios formales para dominar el instrumento, únicamente se fijaba, “al puro ojo”, dice jocosamente.

Tocó al lado de marimbistas de la talla de  Alberto Rodríguez, Julio Rodríguez, Rafael de la O, Mercedes Velásquez, Matías Palomino, Luis Blandón o Juan Valdés.

Aduce que el Ing. Héctor Zúñiga Rovira (1913-1995) le llevaba música.  Recuerda, asimismo, que el marimbista Rafael de la O la invitó para ir a Palmira a llevarle una serenata al Dr. Francisco Vargas Vargas (1909-1995), líder del Partido Confraternidad Guanacasteca. En esa ocasión se desplazó a caballo.

Hace ver que su padre, José Ortiz, quien tocaba trompeta en la Banda de Liberia, componía música.  De ahí procede, quizá, su inclinación  y pasión por tocar la marimba, desde hace más de 85  años. Al inicio también tocaba la guitarra.  Luego solo la marimba. Además, toca “el güiro”, cuando se lo dan prestado.

Es enfática y apasionada cuando nos dice “Si me buscan yo me voy a tocar.  Dejaré de hacerlo solo cuando me muera”. Inclusive, expresa que durante sus 10 partos, solo dejó de tocar la marimba durante los nueve meses de cada uno de los embarazos.

Doña María Bolandi, la marimbista matrona de Guanacaste, ha superado problemas de salud, entre ellos, dos cánceres y una fractura de cadera.  Pero nada la detiene. Este año estuvo muy activa, en diversas actividades en la Cámara de Ganaderos de Liberia y en la Guardería Infantil Las Ardillitas, para las festividades del Mes de la Anexión de Guanacaste.

Entre sus descendientes, su hijo Alfonso, su nieta Francini y sus bisnietas Diana Carolina y Yiriana, tocan algún instrumento, y manifiestan interés por la música. A pesar de ello, queda pensativa, y expresa “a los jóvenes de hoy no los paso. No les gusta la música nuestra”.

Durante la visita que le hice a su casa, el 3-8-2019,  gentilmente atendido por su hija  Xinia Sandoval Gorgona, en el fresco patio de su casa, junto a una taza de café de la tarde, doña María Bolandi nos contó una anécdota jocosa, pero aleccionadora.  En una ocasión, se fue en carreta hasta La Cruz.  La invitó doña Rosa Alán y durante tres días pasó tocando marimba.  Los asistentes se admiraban en verla tocar dicho instrumento.

Por esa época, estaba de moda el corrido “La borracha”.  Un nicaragüense le pedía con insistencia que le tocara esa pieza, y como ella no lo complaciera, el hombre quiso pegarle, sin embargo, su mamá doña Balbina, llevó dos policías para que la cuidaran.  Así que tocó la marimba, con escolta policial, pero no tocó “La borracha”, porque el hombre quería agredirla por ello.  Sacó su carácter de mujer, ante el desplante machista del sujeto de marras.

            La talentosa cantautora guanacasteca, Pilar Rodríguez Brizuela (8-8-2017), nuestra apreciada “Pili”, reseña una anécdota que le refirió el  Maestro Ulpiano Duarte Briceño (1929-2015), Director de la Marimba Nacional Diriá, en el marco de un homenaje a él, en la Cámara de Ganaderos, durante el mes de julio, a inicios del 2000:

“Llegué muy güila a Liberia a hacer un mandado. Cerca del hotel donde nos hospedamos quedaba un salón de baile llamado “La Prángana”. Clarito, desde mi cama, escuchaba una alegre marimba sonar, y decidí ir a ver quién tocaba.
Como era aún muy joven, casi un niño, me fui al salón, corriendo el riesgo de que la policía me sacara del lugar.
Quedé admirado, cuando al entrar, vi que quien tocaba la marimba era una jovencita. Nunca antes había visto algo así, ni en mi tierra, ya que este instrumento era asunto solo de hombres (las negritas son mías).
Y después de un suspiro nostálgico, Ulpiano terminó diciéndonos...
Me impresionó tanto, que a partir de ese día, me dediqué, con mayor fuerza, a la marimba, ya que una jovencita liberiana, me acababa de retar"... y después de un silencio cargado de emoción, Solo se escuchó el aplauso cerrado del público presente”.

Considero que son pocos los reconocimientos que ha recibido doña María Bolandi: “Reina matrona de Liberia”, por parte del Colegio Artístico Prof. Felipe Pérez, 2017; “Hija Predilecta de Liberia”, Municipalidad de Liberia, 2018: “Por su aporte a la cultura regional y su trayectoria como exponente de la marimba guanacasteca”. Además, la Cámara de Ganaderos de Liberia, 2019: “Por su aporte a la cultura del cantón de Liberia”. En esta última oportunidad, tocó la marimba, al lado del Prof. Abel Guadamuz Mendoza, destacado exponente del estudio y la difusión de la marimba.

            Para el sostenido aporte cultural que ha hecho doña María Bolandi, quien me confesó que se considera: “una persona natural, voluntaria, bondadosa, buena gente, chineadora, contenta, sencilla y artista”, creo que no se le han hechos los homenajes a que ella se ha hecho acreedora, por  tocar un instrumento de tanto arraigo popular como la marimba, pues ella, desde Liberia,  es la matrona de las teclas de madera de Guanacaste.

Doña María Bolandi, es nuestra marimbista matrona de Guanacaste. Gracias por regalarme dos horas de su tiempo, para compartir un poco de su trabajo artístico en este artículo, y se valore, con mayor justicia, su aporte a la cultura popular, desde la sencillez de su amor inclaudicable por las maderas de la emoción y el sentimiento arraigado en sus ritmos.

            Dios mediante, doña María Bolandi está por cumplir los 97 años.  Toca la marimba desde hace 85 años.  Me precio de su cálida amistad desde siempre.  Vive a 50 metros de mi hogar y a l00 metros de  la casa de los padres del triathonista Leonardo Chacón Corrales, quien fue mi alumno en el Liceo Laboratorio de Liberia. En la calle adoquinada del barrio San Roque de Liberia, que ya califica para ser un nuevo distrito de Liberia.