En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



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jueves, 11 de septiembre de 2014

En el jardín de los vientos. Obra poética 1974-2014

Luis Alberto Ambroggio





En el jardín de los vientos

. Obra poética 1974-2014, Carlos E. Paldao y Rosa Tezanos-Pinto (eds.). Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2014, 908 páginas.




Soy un árbol esclavo de estaciones
con raíces y semillas que caminan el tiempo.
De ciertos ritos o pasajes solo tengo cicatrices.
“Aniversarios”


Los diecisiete poemarios de Luis Alberto Ambroggio que nos complace presentar en este volumen muestran una elíptica frecuente en la evolución del pensamiento poético de los creadores trascendentes. La impronta sentimental de las primeras búsquedas va cediendo progresivamente a la troquelación de un lenguaje concebido como instrumento de meditación acerca de la condición humana y sus circunstancias. Ambroggio crece con su poesía en el recorrido por una realidad cotidiana cada vez más consciente de su precariedad y abierta a la problemática incesante del tiempo. A medida que avanzamos en la lectura, la palabra poética nos compromete en su rigurosa indagación del sentido de la vida, que oculta al hombre sujeto a las limitaciones propias de su entorno. Esta búsqueda es trágica porque sabe de antemano que no habrá respuestas sino una multiplicación infinita de las mismas preguntas reverberando en el aire impregnado por las voces del silencio. Sin embargo, a pesar de todo, se afirma en la posibilidad de articular palabras luminarias para conjugar la aventura de la existencia en concierto con lo sagrado. Por ello, en la trayectoria ambroggiana desplegada En el jardín de los vientos, la poesía es el auténtico vínculo con lo esencial.

            Brillante, profunda, furtiva, la escritura de Ambroggio cruza dos siglos y se revela como una de las más importantes poéticas en español escritas en los Estados Unidos. Desde el epígrafe con que se inicia este compendio, se puede advertir el ímpetu y la convicción del escritor con su praxis. La página en blanco no es tortura ni falta sino inicio de contingencias; nada mengua el deseo de escribir del poeta, ni siquiera la nostalgia tan propia con la que dialoga sobre las vicisitudes de la experiencia humana y la temporalidad a la cual está sometida. En Poemas de amor vida (1987) fusiona de ese modo despedidas no deseadas, heridas sentidas como vidrios, una intermitente perplejidad de “… ir viviendo y muriendo poco a poco” (“La duda”) con las delicias del amor y el erotismo. Cinco años más tarde, en Hombre del aire (1992), reiteraría su fe en la poesía y en su mediación artística para “sembrar estrellas/ esas que iluminan los siglos” (“Prefacio”) y –desde vuelos por distintos continentes desempeñando su afición de piloto– cavilaría acerca de su conexión con la naturaleza y el cosmos, oponiendo ambos con el desamparo del hombre y las diferencias que lo doblegan. En este viaje real y de la conciencia, el discurso de Ambroggio es grácil y exultante, aunque sin soslayar la veta introspectiva que permea su poesía. En particular, cuando enfrenta una imaginada muerte. “Moriré de amor” y “moriré de muerte” dice en distintas instancias, desasido de pasado y recuerdos “encapsulados en el cristal de una lágrima”.

            El apasionado encuentro entre especulación y creación tan característico del discurso poético de Ambroggio permanece en todos sus libros subsiguientes. En Oda ensimismada (1994), metaforiza el amor y lo proyecta en el tiempo y en el espacio en un conmovido homenaje a Vallejo y Whitman: “Necesito la inquietud de los ojos/ porque me levanta la vida” (“3.”) […] “El amor alarga el mundo/ en cada viaje de un instante casi eterno./ Partimos llenos sin nadie./ El único vuelo buscado/ es el vuelo perdido” (“1.”) En Poemas desterrados (1995) se entretejen los intertextos de varios pensadores y poetas con las experiencias personales del poeta en un extenso número de puntos geográficos. Sobresale la atención a la vida del autor en los Estados Unidos y su identidad argentino-europea: “En este poema que soy,/ protagonista de un grito eterno,/ se hacen presentes todos mis apellidos,/ y siento que hablan,/ yo y otros que sin conocer del todo/ han inmigrado en mi sangre” (“Inspiración”).  Testigo de su tiempo, el poeta reflexiona de manera substancial sobre la violencia, manifestada en las luchas fratricidas que crucifican el mundo contemporáneo en uno de sus libros más sugerentes, Por si amanece (Cantos de guerra) (1997), donde los episodios bélicos de la actualidad se resignifican en contraste con textos religiosos antiguos. De manera simbólica el libro se cierra con “El papiro de González”,  un poema que además de repudiar la discriminación y la xenofobia como infames tiranías, exterioriza su posición solidaria en pro de los derechos de los latinos en los Estados Unidos.

            Publicado también en 1997, Los habitantes del poeta incorpora un acercamiento fraterno del poeta al mundo en torno, y en especial al otro como espejo y aliado. Es este contacto humano y creador el que puede eclipsar  la inmanente soledad de la conciencia lúcida: “En su fuga imposible/ nunca está solo el poeta,/ lo poseen voces/ inasibles y punzantes,/ … la palabra,/ esa divinidad salvaje que copula con espejos indisolubles” (“Los habitantes del poeta”). En El farol seco, libro originalmente publicado en 1998, le otorga al amor un poder análogo. A diferencia de lo que el título indica, se trata de un poemario vital, rico en imágenes y luminosidad: “Todas las ideas caminan una luz y una tiniebla./ El amor poco a poco las espanta” (“Metafísica”). Homenaje a las voces poéticas amadas, Escape elemental (1999) convoca a Verlaine, Timoneda, Rilke, Carranza, Darío, Juan Ramón Jiménez, Cernuda, Huidobro, Juarroz, Mairena, Bécquer, entre otros más, como los autores anónimos de la Biblia: “el poema de Dios” (“Epílogo”); al conjuro del hablante lírico, los padres poéticos entablan un diálogo con el discípulo, dueño ya de una voz propia.

            Comenzando el siglo veintiuno, el dilema sobre la caducidad del individuo –presente en toda la poesía ambroggiana– se plantea directamente en La muerte del tiempo (2001) aunque los versos todavía vacilan entre la esperanza y la derrota: “El tiempo es un golpe de campanas,/ aves de luz y llanto/ que ni en las noches duermen” (“Oda al campanario”) […] “Por fin el cielo descansa en la mar/ para que el sol y las estrellas/ se hablen gota a gota” (“Deadlines”). En El testigo se desnuda (2002), el escepticismo se acentúa más: “Me desvela el silencio resentido/ de los antiguos árboles/ los gritos de los ojos/ que son bocas abiertas y vacías/ y la música engañosa de las futuras estatuas” (“Me duelo ahora sin explicaciones”). Los títulos de los versos también apuntan a una claudicación: “Toque de queda”, “In memoriam”, “La tumba de Dios”. En Laberintos de humo (2005), si bien Ambroggio habla de la escritura desde distintos enfoques, declara además su incertidumbre por el valor de la palabra: “… la utopía, el caos, la esperanza el deterioro …” se encuentran entre despojos, la tinta de la pluma se convierte en un tóxico y en humo la página donde inscribe sus versos (“La piel a dos tiempos”). A pesar de esta indudable rendición de la escritura poética, el libro incluye uno de sus poemas más conocidos con el cual subraya su adhesión a la presencia y contribuciones hispanas en los Estados Unidos:




Paisajes de Estados Unidos


Si cada ladrillo hablara; Si cada puente hablara;
si hablaran los parques, las plantas, las flores;
si cada trozo de pavimento hablara,
hablarían en Español.

Si las torres, los techos,
los aires acondicionados hablaran;
si hablaran las iglesias, los aeropuertos, las fábricas
si cada surco de este país hablara
hablarían en Español.
Si los sudores florecieran con un nombre,
no se llamarían piedras sino González, García, Sánchez,
                                                              [José, Rodríguez o Peña.

Pero no pueden hablar. Son manos, obras, cicatrices, que
                                   [por ahora callan o quizás ya no.

            Posiblemente uno de los poemarios más sugestivos por su tono y contenido es Cuando el amor se escribe con Alba (2007) en donde el sentimiento amoroso y la desbordante pasión de los amantes se exteriorizan sin censura. La musa, Alba, es el centro de los afectos del sujeto poético y la que enriquece el discurso de este, además de ser la productora del propio. Alba reina en este poemario con solo ecos de su presencia en libros previos. En La desnudez del asombro (2008), por ejemplo, las castálidas tienen muchos rostros: Cleopatra, Lady Godiva, la Maja de Goya, Marilyn Monroe, Lady Di pero ninguna repercute como Alba ni tiene su fuerza y elocuencia. Solamente el amor desmedido del sujeto poético de “Coincidencia” de La arqueología del viento (2011), se asemeja en algo al inspirado por Alba. Esta imagen de mujer prodigiosa –en su amor y en su libido– se simbolizará a plenitud en Todos somos Whitman (2013).

            Dos publicaciones de Ambroggio que no solo recopilan lo predominante de su obra sino que patentizan su madurez en el armonioso ensamblaje de forma y contenido son Homenaje al camino (2012) y Luz mendiga (2013). En el primero, su estilo auténtico y pertinaz se ha refinado y adquirido notoria complejidad: “Camino con ráfagas de agonía/ al amparo de las consecuencias,/ preludios de ritmos,/ festival sin desenlace,/ hechizos de tinieblas/en el libro/ temporalmente cerrado/ o abierto en su cárcel./ La culpa de un sueño/ sin enigma necesario …” (“Destino”). Su reciedumbre, no obstante, persiste intacta como cuando se acerca a Dios para clamar que la humanidad sigue huérfana y anhela fe y guía “para volver al edén/ [porque] no sabemos/ cómo hacerlo” (“Oración”). La misma orgullosa dignidad rige en Luz mendiga, testamento espiritual del poeta que rememora su encuentro con todos los universos a través de la palabra, inclusive el de su destino final ante el cual sucumbe: “Las soledades no perdonan el extravío./ Así no quiero las horas anchas/ sino la estrechez del espejo vivo,/ el territorio poblado del epicentro” (“¿A quién le bastan las distancias?”).

            Indudablemente el poemario de Ambroggio estética y filosóficamente más riguroso es Todos somos Whitman (2013). Cada uno de los cincuenta y dos poemas es construido en homenaje al poeta norteamericano Walt Whitman pero se convierten en un despliegue de la versatilidad lingüística e interpretación metafísica del poeta:

Soy el surtidor y el apogeo de cada uno.
Salgo, voy, vuelvo y me interrogo
en la diversión gris
de un emblema sin precedentes
con la naturaleza sólida y sus nieblas
con la libertad que nos gasta,
con la desnudez deslumbrada de la creación viva … (“Matriz de las sombras”)

Cada uno de nosotros es la leyenda
en el regazo del silencio. (“Oscuro silencio”)
           
            Cierra esta edición un “Post Scriptum” que, más que una clausura, se manifiesta como un intervalo que exhorta a nuevas inferencias y deleites con una poesía que se ha hecho permanente.

            La intencionalidad que nos orientó como editores y compiladores del presente volumen ha sido desplegar el sendero fecundo de la poética ambroggiana con una visión integral. Mostrar al escritor en pos de conocimiento y trascendencia, un empeño por dejar atrás movimientos efímeros para alcanzar claridad y firmeza, una voz lírica expresada con verdadera pericia, talento y profunda humanidad. Confiamos que En el jardín de los vientos descubra a sus lectores el virtuosismo y la hondura reflexiva que conviven armónicamente en la palabra de Luis Alberto Ambroggio, evidenciando su subyugante e inagotable valor.

Carlos E. Paldao
Academia Norteamericana de la Lengua Española

Rosa Tezanos-Pinto
Indiana University-Purdue University Indianapolis
Academia Norteamericana de la Lengua Española

viernes, 1 de noviembre de 2013

PASEO DEL FILÓSOFO POR Robert Pinsky

Luis Alberto Ambroggio y Robert Pinsky




PASEO DEL FILÓSOFO



por Robert Pinsky
                Poeta Laureado de los Estados Unidos Boston University


            Para mí la calidad esencial de la poesía de Luis Alberto Ambroggio es su inmediatez: imágenes vivas que se sienten sin mediación, aunque sabemos que son, desde lo más profundo, productos de arte.  Se trata aquí de una mente filosófica que insiste siempre sobre la inmensa primacía del encuentro, lo empírico.
            Por un lado, la compresión de las imágenes de Ambroggio no es algebraica, ni por otro, mística.  La energía poética genera más de un código de equivalentes, y es más perceptible que un frenesí que se toma a dogma de fe.  Es como si el poeta pensase en imágenes, en vez de construirlas.  En la antigua concepción de la metáfora, es una sensación súbita de reconocimiento.
            Algunas veces, como en "La península de los nuestro", las imágenes son a gran escala y fundamentales, criaturas vivas y sustancias que constituyen un mundo.
Reserva natural de pájaros felizmente mortales.
El mar nos circunda pero no es sombra
y vivimos atados al azúcar de los huesos.

Hay luz de vida en los surcos.
Nada agoniza en su fervor de primavera.


En la excelente traducción de Ana M. Osan, “A natural reserve of birds happily mortal./ The sea surrounds us but is not a shadow/ and we live tied up to the sugar of bones” y, unas líneas más abajo en el poema, “There is a light of life in the furrows./ Nothing dies in its spring fervor.”
            Vacilando, con mi español irregular del colegio, me pregunto si el poder del poeta de hacer que esas imágenes sean figurativas, se ve reforzado por la calidad orgánica de la misma lengua española; lo que percibo como un todo continuo e integro, la precisión latina de  circunda, sombra y huesos que se hace más dulce gracias a una intensidad peninsular árabe.  Tengo presente el diferente efecto de surrounds, shadow y bones, en inglés anegando con el verbo en romance la resistente oscuridad germánica de esos sustantivos, el cognado, el "azúcar" árabe, contrastándolo en inglés con el otro cognado —e idéntico— "fervor'.  Lo que percibo como el mayor contraste entre las raíces en inglés, la mayor unidad de fuerza en español, aparece evidente en lo que llamaría la calidad experimental del genio excepcional de Ambroggio.
            "Experimental": este poeta, estudioso de filosofía, inmerso en la poesía de dos lenguas y de numerosos países, mantiene su aprendizaje muy en el fondo, y lo hace el sirviente discreto de la experiencia.  El "Camino," del título del libro, es el proceso de la experiencia, presentado como más rico y más del reino del poeta que cualquier otro destino poético.  De este modo, en “A Walk by the River” (“Paseo por el río”), un poema extraordinario extendido sobre la meditación de ideas, incluidas las referencias a pensadores y poetas —un fluir de nombres propios, de Seneca a Machado— el punto esencial queda entre las dos formas de movimiento, la corriente lineal del rio y el progreso líneal del caminante que admira al río: “the provocation of its currents,/ the pendulum of tides,/ swirls,/ causes of moving causes,/ waves jumping like questions,/ its constant restlessness” (la provocación de sus corrientes,/ el péndulo de las mareas,
remolinos,/ causas de causas movedizas,/ olas saltando como preguntas,su inquietud continua)..
            Esa inquietud constante, “su quietud continua”, es el sello distintivo de la mente de Ambroggio.  Su formación en filosofía puede determinar la naturaleza de su poesía, pero lo hace, precisamente, desde un segundo plano: “I drink with my eyes”, el poema continúa, “the prolonged language of water.” With my eyes, lo cual quiere decir con los sentidos; el lenguaje del agua, lo que implica cambio de forma y en movimiento.
            El poema invoca a La República, de Platón, expulsando a poetas con “the sincerity of those who/ accept that they lie/ in the well of their saliva" (la sinceridad de quien/ acepta que miente/ en el pozo de su saliva)..  La naturaleza provisional, parcial, heurística del mito y la poesía, visible en el rio en el que se reflejan la luna, el sol y sus mitologías, se resiste a “the tyranny of ideas and its classes” (la tiranía de las ideas y sus clases.).  El río, en el perceptible “sermon of its flux” (el sermón de su flujo), encarna el proceso de la mente que “washes all absolutes” (lava los absolutos en “the romantic freedom/ of his trajectory.” (la libertad romántica
/ de su recorrido).
            La gama de poetas completamente diferentes (Pope, Celan, Sor Juana Inés de la Cruz), que se recuerdan y evocan en el paseo por el río en una especie de triunfo fatalista en el que “eternities are brief” (las eternidades son breves) : el arte, al igual que el río, facilita “the spirit to drink life,/ élan vital, until it flows into the sea/ of grace/ of transparency/ of forever/ of never/ and of nothing” (dando de beber vida al espíritu,/ élan vital,/ hasta desembocar en el mar/ de la gracia,/ de la transcendencia,/ del siempre, del nunca/ y de la nada.).  Y el río también, en una peroración lirica, es el detrito, los desechos y la amenaza de la ciudad que lo rodea y le infunde su sustancia, una corriente permeada y violada que es total y queda más allá de ser borrada.
            Más allá de ser borrada, pero no más allá de la contaminación o de la degradación.  En "An illegal in Washington DC?" Ambroggio expresa un lamento sardónico, lleno de dolor y desdén sobre las degradaciones del lenguaje hablado.  En "The Oratory Lesson", un erudito de las palabras habladas considera "the poem that is not heard” (El poema que no se escucha),: es la "“night without company” (anochece sin compañía).  Sin ser oído, “it whispers/ the burial/ of oblivion;/ it is the one which the souls/ already black/ weave and ignore” (susurra/ el entierro/ del olvido;/ es el que tejen e ignoran/ las almas/ ya negras)..  En estos poemas, una reverencia a los materiales hablados del lenguaje, una reverencia que puede ser llamada "clásica", se une a un impulso desafiante, perturbador, o impaciente.
            Inquieto y determinado, el viaje del arte, tal y como lo pintan estos poemas, contiene un elemento paradójico: el poema, como un paseo, revela su camino definido y particular a su debido tiempo, pero al empezar el viaje el camino es magnético debido a su evidente libertad.  En “The Route” (“La ruta”): “The poem is a route we write/ with the lips and the impulses of syllables” (El poema es una ruta que escribimos/ con los labios y el impulso de las sílabas) y sin embargo, “It already conforms to the terrain of our looks, / the rest and the dream of our arrival. Creatures of voices that illuminate, in front/ the horizons of the place that seduces us/ with the whisper of wanderer there is no road”( Ya conforma el terreno de nuestras miradas,/ del descanso y el sueño en nuestro arribo,/ criaturas de voces que iluminan, enfrente,/ los horizontes del lugar que nos seduce/ con el susurro de caminante no hay camino…).  La aparición de la libertad, ese horizonte seductor, inspira el viaje en cada poema, que deviene un camino, lineal y, si no queda predeterminado, finito.  Este balance entre la noción de libertad y los requisitos, los propósitos mortales, del arte, mismo en los “impulses of syllables”, suministra una energía central y generativa en el trabajo de Ambroggio.
            Un equilibrio relacionado y tenso gobierna el camino en “Point of Departure” con sus estrofas finales, herido y aspirante, fluido y enumerativo.  En la bella traducción de Osan:
One walks every time more conscious and hurt
by the stones, the rimes, the stars and their contexts,
the houses and churches with their ups and downs, their frontiers,
coming and going without reaching the privilege
of arriving, of being, of being the free ecstasy and their delight.

One walks back and forth, along the chain of illusions

with the fluidity of coincidences, approximations and other sins
that the soul suffers in the depth of its universe without precise limits,
adding dunes, currents, walls, foams, abysses, reefs,
reeds, papers and overthrown calculations.
Tomorrow is another day

Anda uno cada vez más consciente y dolorido
por las piedras, las rimas, las estrellas y sus contextos,
las casas e Iglesias con sus altibajos, sus fronteras,
viniendo y yendo sin alcanzar el privilegio
de llegar, de estar, de ser el éxtasis libre y su delicia.

Uno camina la ida y el regreso, a lo largo de cadenas de espejismos
con la fluidez de coincidencias, aproximaciones y otros pecados
que el alma sufre en la profundidad de su universo sin límites precisos,
sumando dunas, corrientes, muros, espumas, abismos, arrecifes,
juncos, papeles y cálculos derribados.

Tomorrow is another day.


Estas líneas reconocen la abundancia del mundo, su variedad interminable, mientras confirman la primacía, para este poeta, del movimiento y la partida, más que la finalidad de un destino limitado.  Todas las cálculos, en ese sentido, quedan —en las últimas palabas de este homenaje al camino— “overthrown” (“Derribados”).
©Robert Pinsky

lunes, 21 de mayo de 2012

El exilio y la palabra: La trashumancia de un escritor argentino-estadounidense





Rosa Tezanos-Pinto
El exilio y la palabra: La trashumancia de un escritor argentino-estadounidense


Buenos Aires: Vinciguerra, 2012. 269 p.
por Miryam E. Gover de Nasatsky, Universidad Nacional del Litoral


El título alude a elementos claves, exilio, palabra y trashumancia, en la producción de Luis Alberto Ambroggio, notable exponente de la poesía vanguardista. Dr. en Filosofía y Ciencias Sociales, académico, escritor y empresario. Es autor de once poemarios, entre los que figuran Poemas de amor y de vida, Oda ensimismada, Los habitantes del poeta, El testigo se desnuda y La desnudez del asombro, para citar algunos. Fue traducido a varios idiomas y recibió innumerables distinciones. Integra la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Este libro contiene, además de una antología extraída de los poemarios, ensayos esclarecedores sobre su fecunda obra poética. Todos ellos, escritos por relevantes estudiosos de diferentes países, nos permiten interpretar el sentido de su creación artística al mismo tiempo que refractan la actitud frente a la vida.

Rosa Tezanos-Pinto, en la extensa Introducción, encuentra “que su labor literaria une lo estético e ideológico en una demanda inmanente de respuestas” y lo considera una de las voces más audaces de las letras hispanas escritas en los Estados Unidos.

El alejamiento del país de origen ocasiona naturalmente un estado de extrañamiento y orfandad que puede proyectarse en la escritura. En el caso de Ambroggio, quien es argentino de nacimiento y está radicado en los Estados Unidos desde 1967, este hecho lo lleva a reflexionar con imaginación crítica acerca del discurso literario y de algunos interrogantes que ponen en crisis el concepto de identidad.

El mismo autor, en el ensayo "El exilio como condición poética", expresa que “el poeta lleva el exilio a cuestas” y en un poema perteneciente al libro Poemas desterrados considera que “todos somos exiliados, venimos de un paraíso perdido” con lo cual, para el poeta, la sensación de desarraigo forma parte de un inconsciente colectivo universal. Ambroggio también ha estudiado a otros escritores hispanos exiliados en los EEUU, cuyas temáticas son semejantes, incluyendo las numerosas escuelas, generaciones y movimientos literarios.

El trabajo de Conny Palacios, "Arte poética y palabra en Los habitantes del poeta", sostiene que en los Estados Unidos, la poesía en español está cambiando el alma de la nación y dibujando a un nuevo hombre. Lo demuestra con el poema “Creación” en el cual el yo lírico afirma que dios creó al poeta para que construya mitologías.

La poesía, justamente, puede revelar, entre otros, el sentimiento de nostalgia experimentado por quienes extrañan a su patria, ya que los versos nacen del asombro, del alma de los pueblos y de la inconformidad. Aclara Ario Ernesto Salazar en "La revolución del arte y sus revolucionarios" que, como el arte puede imprimir un giro diferente al mundo, considera revolucionarios a quienes cambiaron la forma de expresión como ocurrió con Rubén Darío, Octavio Paz, Jorge Luis Borges o el autor que nos ocupa.

Opina Daniel Fernández en "Ambroggio o la consagración del instante" que el poeta atrapa el momento y lo convierte en arquetípico. Ejemplifica esta voluntad consagratoria del instante, la cual es central en su quehacer poético, con la Oda 39 del libro Oda ensimismada en la que leemos: “He estado buscando un amanecer / para edificar mi alegría”.

Para Ambroggio, la palabra, la lengua, es el anclaje que tiene el escritor latinoamericano que reside en el exterior para afirmar y documentar su identidad. Por tal motivo, escribe en español por necesidad de aferrarse a las raíces. Tiende a rescatar la poesía escrita en tal idioma en los Estados Unidos, la afianza, estudia a los grandes clásicos en español y es Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Podemos comprobarlo en algunos epígrafes de Gustavo Adolfo Bécquer, Antonio Machado o Vicente Huidobro que encabezan sus poemas. También en sus ensayos acerca de la poética de Jorge Luis Borges, César Vallejo o Rubén Darío, además del bilingüismo.

Sobre este fenómeno, Edna Pozzi en "Bilingüe, un verdadero desafío", se plantea si es posible traducir la poesía en su música esencial. Destaca la maestría de Ambroggio para entender lo intraducible. Cita su poesía Comunión, perteneciente a Poemas de amor y de vida en la que dice: “Vida / para entenderme / tienes que saber español / sentirlo en la sangre de tu alma”. El lenguaje define una identidad ya que interactúa con nuestros pensamientos y sentimientos. Por su parte, Manuel Marín Oconitrillo subraya la musicalidad existente en la obra poética del escritor y se detiene en los elementos musicales de algunos poemas pertenecientes a La desnudez del asombro.

Adriana Corda, en el ensayo "Disociación del signo poético en el poemario Laberintos de humo" observa que, desde una perspectiva semiótica, la metáfora parodia en este libro el discurso del poder. De esta manera, Ambroggio transforma en poética la reflexión política y desacraliza la creación canónica con recursos lúdicos que involucran al lector. Corda también estudia "El discurso de la identidad en Los habitantes del poeta". Opina que frente a la globalización de los ’90, el autor vigoriza el discurso de la identidad valiéndose de la ironía como denuncia y creando un universo simbólico.

Debra Herrick reseña El cuerpo y la letra. La poética de Luis Alberto Ambroggio, compilación de la Academia Norteamericana de la Lengua Española que reúne artículos sobre su obra, poemas escogidos, además de tres ensayos del autor sobre la creación artística. Tal publicación logra dar una visión coherente de su poética. De la misma antología también se ocupa Vanessa Lago Barros, al que le agrega el subtítulo "El asombro de un poeta ante el mundo". Allí pasa revista, en su vasta obra, a los temas preferidos como el misterio de la vida, el amor, la creación artística, el compromiso político, la historia universal o la mitología y examina las etapas de su evolución literaria.

El extenso trabajo de Moraima Semprún de Donahue titulado "La obra ambroggiana y Por si amanece (Cantos de Guerra), un dualismo existencial, marca una curva en su creación desde un canto a la vida en Poemas de amor y de vida hasta abordar la muerte inevitable, que el poeta combate legando su labor artística a la posteridad. Nota un cambio radical en ‘Por si amanece’ cuya temática gira alrededor de divinidades, religiones y guerras y donde, con fuerza desgarradora, compara antiguas luchas mitológicas egipcias con las contemporáneas. Observa que el acontecimiento bíblico sigue vigente en la existencia humana.

Otro abordaje puede leerse en el ensayo "Humanismo y tecnología" de Juan Liscano donde expresa que, en una época en que se reduce la condición humana en favor de la producción técnica, de la escritura de Ambroggio emana el humanismo ahuyentado por la tecnología.

Mirian Pino en su estudio "Dos poemas migrantes ‘Lengua materna’ de Eduardo Espina y ‘Otredad’ de Ambroggio", al compararlos, observa que ambos fundan un espacio propio con la escritura reflexiva.

Los valiosos textos compilados, si bien nos aportan puntos de vista diversos y distintas interpretaciones, “coinciden en indicar que la poética y ensayística ambroggiana esquematiza una seductora mezcla de fuerza, conocimiento, emoción y honda reflexión, particularmente, en los temas de exilio, proceso creativo y cuestionamiento filosófico”, como expresa Rosa Tezanos-Pinto en la Introducción.

La Antología de poesías del autor, que integra esta edición, nos permite apreciar directamente su obra e interpretarla aplicando los estudios citados. Con criterio didáctico, está dividida en tres secciones según el tema predominante: el exilio, con una concepción amplia del término; la palabra, que nos permite participar de planos intangibles y la trashumancia, cuyo concepto lo condensa el autor en los siguientes versos de la poesía El viaje que somos, perteneciente a El testigo se desnuda: “Yo, piloto de vientos, / viajo el viaje que soy”.

En todos sus versos, las sugerentes metáforas se abren a una gran profundidad filosófica ya que son ideas y arquetipos que evocan el concepto. A través de ellas se vislumbra la vida plena, todo lo que no se puede captar por la lógica ni por la metafísica. Otros recursos utilizados son la anáfora, la antítesis al confrontar universos opuestos y la ironía. Sus estrategias discursivas ahondan la actitud crítica frente al mundo que lo rodea y transparentan su filosofía existencial.

Rosa Tezanos-Pinto es Dra. en Lenguas romances y Literatura hispánica por la Universidad de Miami. Colabora con publicaciones periódicas especializadas y es coordinadora de la revista literaria Alba de América. Es coeditora de libros del Instituto Literario y Cultural Hispánico de California que dirige la Dra. Juana Arancibia. .Asesora Académica de la Casa de los Poetas del Perú. Catedrática en Indiana University y Dtora. del Programa de Estudios latinos. Ha recibido diversos premios. Es Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Su trabajo El exilio y la palabra: La trashumancia de un escritor argentino-estadounidense, editado cuidadosamente por la Editorial Vinciguerra, es un valioso aporte para captar y bucear en la trayectoria poética de Luis Alberto Ambroggio, en la que el poeta ha proyectado en forma recurrente su asombro ante el mundo y su problemática existencial. Será muy bien recibido por investigadores, docentes y lectores en general, quienes podrán deleitarse con las poesías y escuchar en ellas las diversas voces del universo, a veces contradictorias y paradójicas, que habitan en el poeta.

viernes, 23 de septiembre de 2011

La arqueología del viento/The Wind’s Archeology. Luis Alberto Ambroggio y Numerario de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y Correspondiente de la Real Academia Española

Luis Alberto Ambroggio, Argerntina,
Fotografía de La Prensa de Nicaragua, América Central



La arqueología del viento/The Wind’s Archeology. Luis Alberto Ambroggio y Numerario
de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y
Correspondiente de la Real Academia Española






La arqueología del viento/The Wind’s Archeology. Luis Alberto Ambroggio, traducción de Naomi Ayala. Vaso Roto Poesía. España-México. Vaso Roto Ediciones, 2011. 158 págs.





Deseo
Ser un pájaro,
o mejor no un pájaro,
sino un árbol
para vencer de algún modo la distancia
y estar los dos
en un lugar
volándonos quietos
debajo de las hojas
y las plumas (pág.30).

Luis Alberto Ambroggio desde su obra que hoy pone en nuestras manos, La arqueología del viento, nos habla por y desde la belleza. Arqueólogo de sus odiseas, de sus momentos felices, de sus dudas y certezas, de sus alegrías y dolores, el poeta asume desde su voz el compromiso que impone metafóricamente el viento. El viento que es amor e identidad, que acaricia y lacera, que es ola de mar y fuego, que es vida y a veces muerte, el que es gota de sal y dulzura, que eleva una pluma y deshoja una rosa, que habita aquí en Buenos Aires, como en Córdoba, Granada y allá en el norte; y es intersección para la nostalgia y la memoria. Así Ambroggio nos cuenta de banderas, de semillas, silbidos y árboles, de veleros, de danzas y partituras y nos dice por ejemplo al inicio del poemario:


Busco la piedra de los poemas.
Busco algo que no huya de mi sombra
y en su paz disperse el eco.

Busco la cifra callada
de los mil gritos,
víctima sin resignación,
escritura,
dignidad austera de presencia
donde vivan perennes
la libertad de la memoria y el deseo (pág.22).

Y en esa búsqueda ética y estética Luis Alberto Ambroggio, que es un hacedor de la Palabra sabe que esta imprime huellas en el lector y desde un lirismo fino y mágico, él que celebra, que canta y denuncia, que recuerda, que camina y mira, que está en un movimiento continuo, que explora, escribe:

Como ave
cada día vuelo
la alegría del aire;
con el crepúsculo
concilio el sueño
y despierto celebrando (pág.26).

es en ese vuelo, en ese aire que está inmerso él como piedra sagrada, como designio, porque es él en todo su poemario con sus heridas, sus logros y cicatrices, pero siempre él.

Y nos habla en su poemario de colibríes y de perfumes, de cabellos esculpiendo el aire, pero también sabe que la vida es laberinto intrincado y hay vientos que son fríos, hay dolores y hay grito que son confidencias, imputaciones.

También desanda la Memoria como una ráfaga, como nostalgia de lo que fue, los que nos cobijaba y amparaba, nos trae así a Camille Claudel (en un hermoso poema homenaje) nos dice de alientos y de Tangos, cambalaches, cumparsitas, de Gardel, de Discépolo y Malena, de Goyeneche, Troilo, Pugliese y Piazzolla porque el poeta caminó estas calles y no olvida, porque persisten en él las ciudades, los olores, las canciones.

La arqueología del viento es testimonio también cuando nos habla de Sarajevo, del SIDA, de la malaria o cuando en su “Blues del milenio” proclama

Para viajar al imperio
de la Estatua de la Libertad
uno necesita sacarse los zapatos,
la chaqueta y pasar todo
por debajo de una máquina de Rayos X
para que lo abra en sus vísceras
y fotografíe sus entrañas;
debe uno someterse
a que le revisen el esqueleto,
permitir que le palpen los sobacos,
la cintura y desde el pubis
para abajo.

Después que atacaron las Torres Gemelas
en Wall Street,
en el así teñido
bajo de Manhattan,
sacan de los ojos los derechos,
la policía, los servicios de inteligencia,
se posesionan de las charlas,
las lecturas, de tu luz y de tu noche;
uno hace el amor bajo la cámara (pág. 100).

El viento es la vida y Luis Alberto Ambroggio sabe de sus vericuetos y este poemario delicado, hermosamente manso, es como una diadema que descubre con cada movimiento eternos destellos, un libro para leer y recapacitar, para degustar como el mejor dulce, para tomar conciencia y ser partícipes de la belleza. Y para encuadrar esta creación, nada mejor que el contexto que Octavio Paz nos afrece en su poema “Destino de poeta”:


¿Palabras? Sí, de aire,
y en el aire perdidas.
Déjame que me pierda entre palabras,
déjame ser el aire en unos labios
un soplo vagabundo sin contornos
que el aire desvanece.

También la luz en si misma se pierde.

Creo que este texto refleja muy bien a Luis Alberto Ambroggio porque Ambroggio es POETA, ése fue su destino, fue bendecido con el don de escribir, de expresarse consiguiendo así la llave de la eternidad: ésa, que tantos buscamos.


GUSTAVO TISOCCO





La arqueología del viento de Luis Alberto Ambroggio

Luis Alberto Ambroggio

La arqueología del viento de Luis Alberto Ambroggio abre con la metáfora viva de la piedra, ya bíblica, ya mítica: “Busco la piedra de los poemas. / Busco algo que no huya de mi sombra / y en su paz disperse el eco.” Aquí asoma la presencia de Paul Ricoueur (Memoria, historia, olvido), a quien recurre el autor para repensar la función del habla y el modo en que esta afecta el modo de entender ¿asimilar? la propia experiencia histórica. La arqueología estudia las piedras, la antropología en cambio, se adentra en el SER que nombra el dolor-gozo de las piedras. Nada entendería el ser humano si no fuese por su signo, giros del viento, ramas que jamás logra interpretar. En poesía, como en todo arte, el ser tiende hacia esa contradicción vallejiana de lo uno, lo otro. ¿Dónde se funde esa agua que lleva a otro mar?

Ambroggio inicia el poemario invitándonos a reimaginar la realidad, único modo de per-durar en y por la palabra: “Tu cabello / esculpe / el aire.” Aquí vemos la cabellera como tiempo o firmamento, ráfagas de luz que el viento invade, blancura de estrellas que manan luz de luces muertas, lo bello y lo terrible de Rimbaud, donde todo lo ido, oído y vivido, deja de ser raíz para devenir: “… el encanto de la historia conjura / sus ambiguos márgenes en alas, esqueletos, /acaso el hábito elocuente de las fotos.” Y es que en la historia, nos vemos y no nos vemos, somos y de pronto dejamos de ser, para convertirnos en ceniza, huesos, parte de lo que un día fue viento. La pregunta de Luis Alberto Ambroggio a través del poemario tiene más que ver con una estética del ser (que los antiguos observaron como ética), Phronesis más que Sophia, ya que en el poemario la dialéctica del viento se torna pregunta sin respuesta, desgarro:

“Busco algo que permanezca después,
después del agua y de la aureola
quedándose sin irse,
sin sufrir los ultrajes y las pérdidas
de los caminos sueltos.”

Así el inicio y el índice del corpus linguae de este poeta que ve en la arqueología un viento de pugnas que lo lanzan a la incertidumbre. Nada es real, ni tan siquiera lo que nuestros cuerpos atraviesan: caminos, aves, veredas… somos y nada de lo que creímos nuestro permanece. “Y entonces sueño en una piedra”, dijera Vallejo.

El sol de Luis Alberto Ambroggio nace, nos mira, y ya abismo, se abate en nuestra lengua. Y no es la luz lo que da mirada, sino aquello que apenas balbuce, huella que deslava, viento disperso de semillas, casi sin salvación, casi. Él no se deja engañar, ni lo pretende en lo ambiguo del título, es así su tensa hebra, mancha buscando nombrar el eco, el tiempo, mosca en la luz solícita. El viento se vuelve comprensivo, piedra generatriz de esta arqueología cuando abraza la otra parte, olvidada, de la existencia. Nombra quizá para despojarnos de lo que somos, habla porque quiere permanecer, a pesar de su intento de huida, de ser siempre una casa a la intemperie: “¿Por qué mueren los que amo? / Así es la distancia. / Ella impone sus caprichos.” Aquí el amor no es materia de Eros sino de Ananké, la necesidad. Es falta, es lo que los ojos del sol ven nacer al alba como necesaria noche y abismo, hierba para fundar, refugio del habla, es un tiempo anterior y posterior al tiempo de la arqueología, quizá el viento fundante de este hombre que al oír el canto del grillo comprendió que nada le pertenece, salvo el eco, quizá soñado en su texto.

El poeta sale al mundo para hallar (inventar) la piedra que le semeje, ojos que aman y lloran, pero siempre origen de piedra, ojos pétreos, cuencos en el musgo, en la llaga, en la mancha arqueológica de eso que debió permanecer fundamento, y que desde el vacío ve disiparse la permanencia infalible para asumir la condena de vivir atado a lo que el viento hunde en las venas. Esos ojos hoy ven nacer la luz bajo el peso del tiempo: “dignidad austera de (una) presencia/donde vivan perennes / la libertad de la memoria y el deseo”, los imprescindibles momentos poéticos de Aristóteles y Paul Ricoeur.



Jeannette Lozano Clariond

miércoles, 28 de julio de 2010

AL PIE DE LA CASA BLANCA, Poetas hispanos de Washington, DC.


Luis Alberto Ambroggio, Argentina-USA






AL PIE DE LA CASA BLANCA







Raramente la aparición de un libro se puede considerar un evento pionero. Sin embargo, con y sin modestia, me atrevo a pensar que éste sí puede llegar a serlo, por las implicaciones que conlleva más allá de sus tapas y letras. Se trata del volumen Al pie de la Casa Blanca. Poetas hispanos de Washington, DC., publicado por la Academia Norteamericana de la Lengua y que a juicio del Profesor Dr. Jesús López-Pelaez Casellas, Director de Relaciones Internacionales de la Universidad de Jaén:
"...se trata de un manuscrito extraordinariamente valioso. Imaginaba que los poemas lo serían, pues se compone de un corpus que al menos en España es poco conocido y resulta muy interesante que sea la Academia Norteamericana de la Lengua Española (con el prestigio que se deriva de su naturaleza) la que los de a conocer y avale. Lo que no esperaba (pues no es lo más habitual en estos casos) es que fuera acompañado de una"Introducción"/"Presentación" ...de tanta calidad. Me ha encantado el análisis del coeditor poeta Luis Alberto Ambroggio tanto del corpus presentado en sí como, en la primera parte, del estado de la poesía hispana en los EEUU y la reflexión sobre la naturaleza del hecho poético. Me parece que gana mucho el texto en su conjunto y creo que será una publicación de referencia..."
Este es el contexto que nos ofrece Luis Alberto Ambroggio nos ofrece rápidamente en los párrafos iniciales de su presentación de esta antología, la primera de su género en la capital de los Estados Unidos,:

“Al pie de la Casa Blanca en la zona metropolitana de Washington, DC, vive una diversa y pujante comunidad de casi un millón de hispanoparlantes; presencia y voz importante en la capital norteamericana y sus alrededores, parte de la creciente población hispana en los Estados Unidos con su larga historia, cultura que precede a la nación y que se está tratando de recuperar para darle el lugar nacional que le corresponde. Aunque se respiran brisas nuevas, al pie de la Casa Blanca en esta complicada capital política del mundo, durante la mayor parte de la década que se acaba, se sintió de cerca la fatalidad de sus decisiones de guerra, de injusticia, de los ocupantes de la Casa y trataron los poetas hispano/latinos de Washington, DC —como tantos otros— de recurrir al género poético para expresar, en su idioma, su imaginación, su idealismo, su protesta, su testimonio, sus recuerdos, acaso fieles a la raigambre castellana del Siglo de Oro en su necesidad de poetizar en tiempos difíciles, ecos de la afirmación de Teresa de Ávila: “la vida no sería tolerable sin poesía”.

“Al pie de la Casa Blanca, y en español, ilusionados a la sombra y la frase de John F. Kennedy de que “mientras la política corrompe, la poesía purifica”, crearon poesía, esa “forma de violencia interna para combatir la violencia externa” (expresión del Nóbel de Literatura de Irlanda del Norte, Seamus Heany). Conscientes, en todo caso, de que —parafraseando a Albert Camus— como escritores no podían servir a quienes hacen la historia, sino que debían servir a quienes están sujetos a la misma. Lograron, de algún modo, en los Recitales de la Biblioteca del Congreso, en los Maratones del Teatro de la Luna, en la Biblioteca Folger Shakespeare, y en otras actividades, que su visión, su discurso poético consiguiera un espacio entre las visiones, los diferentes discursos posibles, en palabras del poeta canadiense Bernard Pozier, obteniendo “por fin los mismos derechos que el discurso político, económico o deportivo, porque es sólo a este precio que la poesía puede aumentar su público y llegar a ser considerada como una actividad normal dentro del funcionamiento de la sociedad”.

“En un contexto más amplio, los impulsó el hecho de que la poesía impregna el corazón de cualquier cultura y la cultura estadounidense no es una excepción. Emerson habló en su célebre ensayo de los poetas “como dioses liberadores”. Whitman, quien trabajó en la capital estadounidense en el departamento de Recaudación de Impuestos (IRS, por sus siglas en inglés), eufórico en su prefacio a Hojas de Hierba (Leaves of grass) proclamó “Los Estados Unidos son en sí el poema más grande”, entusiasmado por su percepción optimista de la democracia como comunión de todos los hombres y de los hombres con la naturaleza y el cosmos, como dice Ernesto Cardenal en el prólogo a la Antología de la poesía norteamericana. Quizás la presencia, la historia, la voz hispano/latina de los Estados Unidos, desde Washington, DC, siglos más tarde, cante la realidad antitética de esta euforia, a la vez que completa la belleza imperfecta y polifacética que son “Nuestros” Estados Unidos de Norteamérica en la difícil vivencia del sueño igualitario de los fundadores de la nación. Vivencia en su mosaico de etnias, religiones, culturas, experiencias de paz y guerra, heroísmo y salvajismo, a veces — contrariando sus principios fundacionales— en una triste relación antagónica, de discriminación, dentro de un paradigma de dominante-dominado, pero con un perenne propósito de mejoramiento. Los poemas, todos ellos, son, al fin, o poemas de amor o poemas de muerte (ya poetas de la tradición anglosajona como Emily Dickinson y Ezra Pound habían reaccionado, polo opuesto a Whitman, para versificar ferozmente la tragedia). Hoy se aprecia con Umberto Eco la historia de la fealdad, la fascinación de lo horrendo de Schiller y, se acepta el que Stockhausen, en el contexto del 11 de septiembre, haga pedazos la idea de que el arte está en armonía con el bien y con la belleza. Alexis de Tocqueville, el gran historiador y visionario de la realidad estadounidense ya lo había previsto: “El lenguaje, el vestido y las acciones diarias de la democracia son repugnantes a las concepciones del ideal… Esto fuerza al poeta a buscar por debajo de la superficie exterior que se palpa con los sentidos, para leer el alma interior”[1].


Así nació la antología Al pie de la Casa Blanca. Poetas Hispanos de Washington D.C., 355 páginas de poemas, editada por Luis Alberto Ambroggio y Carlos Parada Ayala, publicada por la Academia Norteamericana de la Lengua Española, como un documento y testimonio pionero de esta presencia panhispanoamericanista en la Capital de los Estados Unidos.-


[1] Adaptado de la Presentación escrita por Luis Alberto Ambroggio a la antología Al pie de la Casa Blanca. Poetas Hispanos de Washington, D.C. Luis Alberto Ambroggio-Carlos Parada Ayala eds., Nueva York: Academia Norteamericana de la Lengua Española, 2010, pp. 13-14.