Fotografía: Gabriel Impaglione, Argentina-Italia
Coordinador de Isla Negra
“Paz para los crepúsculos que vienen”
“Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
Y para que cantes conmigo.”
Pablo Neruda
(Que despierte el leñador- VI, Canto general)
Y le canto a la gesta de la mujer y el hombre
en el mínimo universo de los besos,
génesis del oro en cuyo oleaje
los barcos del almuerzo multiplican los puertos.
Canto al ritual del brote,
a los oficios del viento y del agua,
a la profunda noche del vino,
a las altas montañas donde reposan los astros,
al camino de luz que entra en la espesura.
Canta conmigo el grito de un Solo
que se abrazó a otro y otro
y otro más
hasta despertar la aurora.
La historia del hombre llega a las guitarra
a veces como un niño,
como una columna que regresa del frente, a veces.
Tal vez rumor de alas que deshojará la tarde
hasta desnudar la nave que viene por los sueños.
Cuando de casa en casa
a una hora precisa el pan crepite
las fieras del hambre se hundirán en su rascacielos.
Habremos cantado a coro hermanos mios
a la semilla urgente, al leño y a la llama,
al horno y al oficio,
a la risa enarbolada,
al profundo destino de la casa.
Coordinador de Isla Negra
“Paz para los crepúsculos que vienen”
“Yo no vengo a resolver nada.
Yo vine aquí para cantar
Y para que cantes conmigo.”
Pablo Neruda
(Que despierte el leñador- VI, Canto general)
Y le canto a la gesta de la mujer y el hombre
en el mínimo universo de los besos,
génesis del oro en cuyo oleaje
los barcos del almuerzo multiplican los puertos.
Canto al ritual del brote,
a los oficios del viento y del agua,
a la profunda noche del vino,
a las altas montañas donde reposan los astros,
al camino de luz que entra en la espesura.
Canta conmigo el grito de un Solo
que se abrazó a otro y otro
y otro más
hasta despertar la aurora.
La historia del hombre llega a las guitarra
a veces como un niño,
como una columna que regresa del frente, a veces.
Tal vez rumor de alas que deshojará la tarde
hasta desnudar la nave que viene por los sueños.
Cuando de casa en casa
a una hora precisa el pan crepite
las fieras del hambre se hundirán en su rascacielos.
Habremos cantado a coro hermanos mios
a la semilla urgente, al leño y a la llama,
al horno y al oficio,
a la risa enarbolada,
al profundo destino de la casa.
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