En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



miércoles, 2 de septiembre de 2009

poema de gabriel impaglione

Gabriel Impaglione






POEMA






No te deshondures aunque el verde
digan ya no es verde
y hablen de carbones y sequías
y te inventen renacimientos de fábula.

No te deshondures aunque duelas
de dentellada y cárcel
y vengan a vaciar el corazón
como si entendieran que es la patria.

Inventarán salpicaduras en la hierba
huecos en el aire donde una gota
de ay será imposible.

Lanzarán perros a la calle
sombras que electrificarán
la noche y sus umbrales.

No te deshondures aunque arda
la herida la ciudad cada montaña,
del fuego nacen las banderas
allí se templan las espadas del día.

Contaminarán el agua, con sus babas
todo aquello que florecía
será piedra gastada, quemado hueso
pestilencia voraz, ruina, telaraña.

No te deshondures aunque caiga
a tu lado el codo que empujaba
la marcha el coro la mañana,
toma de su boca el grito que no sale
y estállalo en el centro de la hora.

Cada tú que alza el cañón del puño
es un nosotros distribuido en el viento,
cada tú que sueña es el canto universal
que rompe muros y se desentraña.

No te deshondures.

de "parte de guerra y otras anotaciones"

martes, 1 de septiembre de 2009

LA CASA DE LA VIDA*-ANDRÉS TRAPIELLO

Andrés Trapiello, Fotografía de Ecodiario





LA CASA DE LA VIDA*





Mi corazón es una vieja casa,
Tiene un jardín y en el jardín un pozo
y túneles de yedra y hojarasca.
Es esa casa a la que tiran piedras
los niños cuando pasan al volver de la escuela,
después de haber robado de su huerta
magro botín de unas manzanas agrias.
En su tejado hay nidos de pájaros que cantan
y de noche un cuartel de escandalosas ratas.
La glicina cubrió los viejos arcos
y una verja de lanzas
y una terraza alta a donde llega
la copa de un granado con granadas
y un palomar y en ruinas unas cuadras.
Y un trozo de camino y la lejana
claridad del mundo.
Está fuera del pueblo y es indiana
su arquitectura, ya sabéis:
todo un poco mezclado, pero es blanca,
es grande, es vieja, es solitaria.

*ANDRÉS TRAPIELLO (Español, narrador y poeta)
**Cortesía de la poeta Dina Posada



domingo, 30 de agosto de 2009

TODA LA LUZ-ANA MUELA SOPEÑA

Ana Muela Sopeña







TODA LA LUZ






Llevaba tras de sí
toda la luz,
para estrechar enlaces
con la vida
y sepultar lo oscuro
en los abismos
de lentitud disuelta
en los espectros.

Estableció sus pactos con la muerte,
para seguir creyendo en el gran sueño,
la proyección intensa de la infancia,
cuando de niños somos paraíso.

Alcanzó la fusión con las estrellas
y sintió de los árboles la voz,
inherente a los círculos de magia
de las dríades níveas de los bosques.

Olvidó entre la niebla
cualquier sombra
y danzó sobre el humus,
sin peligro,
obteniendo la alquimia
de la esencia
instaurada en el cosmos
primigenio.

viernes, 28 de agosto de 2009

NO TE DESPIERTES AÚN-PURA SALCEDA

Pura Salceda, España






NO TE DESPIERTES AÚN





No te despiertes aún, mi bien,
que la noche es muy corta en Ogigia.
Sueña todavía con mi nombre
con mi aroma de ninfa cautiva entre tus manos.

Recuérdame como era yo entonces,
cuando te rescaté de tus naufragios
y lamía todas tus heridas cada tarde.

Olvídate de los mares que te llaman,
no encontrarás quien mejor te adore
como yo lo he hecho,
desvía tu mirada del horizonte
y piérdete en mi sexo para retomar el camino.

Sólo tu dulce Calypso será la alfombra
por la que pasees tus pies, mi paraíso.
No mires las horas
ni los años
no te despiertes aún a la partida,
deja que me engañe de nuevo,
que crea que esto nuestro va a durar
un día más sin que te vayas.

De: Versos de perra negra)
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viernes, 14 de agosto de 2009

A los pescadores de Reta-Gabriel Impaglione

Gabriel Impaglione, Argentina-Italia





A los pescadores de Reta




Fue tarde entonces cuando estrené los brazos.
Cuando recibí barba y bandera
las orillas estiraban
su soliloquio entre los pájaros
y no había sino huecos espumosos
en el lugar donde se multiplicaron las barcazas.
Quién sabe dónde las redes,
en qué graves mareas se hundieron los oficios.
Llegaban cegando la luz horizontal del crepúsculo
cargados de plata refulgente,
agotados y sonrientes bajo sus sombreros.
Victoriosos burladores de arcanos marinos
llegaban a la costa montando las rompientes,
blandiendo sus puños mordidos por las cuerdas.
Allí latían revelaciones de ultramar,
se narraba la gran ciudad del agua y el salitre,
comenzaba la contabilidad pieza por pieza
de mano en mano, centavo a centavo.
Se le cantaba al cardumen como al sol o al aire.
Llegué tarde al vértigo del oleaje,
al perfume exacto de la rosa de los vientos.
Allí, de pie, en otro siglo de huellas descalzas
tan sólo un roído barco hundido en la arena
y lejos la estela de los pesqueros invisibles
sobre cuya ruta aún trazan su círculo las gaviotas.
De vez en cuando un viejo pescador emerge
vestido de algas, de peces de relámpago,
y desata los nudos marineros de los vientos
mientras un niño, calladamente alegre
rompe el límite del agua con la risa.
_____________
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miércoles, 12 de agosto de 2009

el fin de la historia-Francisco Cenamor

Francisco Cenamor, España


el fin de la historia

ya no tiene sentido la normalidad
ha llegado el momento de los disturbios espirituales
de cortar la calle con macetas

plantar magnolias en las autopistas
arruinar el futuro sembrando esperanzas
poner comas entre sujeto y predicado

correr de espaldas palpando el presente
condenar sin juicio, enjuiciar sin condena
subir de dos en dos las escaleras

abrir de par en par las ventanas
de los viejos aposentos modernos
vaciar las estanterías metálicas

acudir silbando a la biblioteca
enarbolar banderas transparentes
que no nos amordacen los ojos

sorprendernos abrazados al paria
al que vino de lejos, a la prostituta
matar de risa al desamor

ir a la oficina de empleo cantando a puccini
pagar la ópera con la cartilla del paro
recitar poesía desde el patíbulo

construir con firmeza en las nubes
y cada noche, soñarse escondido en el jardín
ignorando elecciones generales y tarjetas de crédito
_________________
Francisco Cenamor (1965, Leganés, España). De formación autodidacta, comienza tarde a escribir poesía. En 1999 Talasa Ediciones publica su primer libro, Amando nubes, lo que le posibilita viajar por toda España dando recitales. En 2003 sale su libro Ángeles sin cielo, editado por Ediciones Vitruvio, editorial que publica en 2007 su último libro, Asamblea de palabras. En breve, Ediciones Amargord publicará su poemario Casa de aire. Ha sido incluido también en numerosas antologías y revistas impresas y digitales. Ha organizado y organiza numerosas actividades poéticas. Dirige la revista digital Asamblea de palabras. Es coordinador del Festival de poesía erótica Colectivo Hetaira. Profesionalmente se dedica a la interpretación, apareciendo en televisión, teatro y cine.

martes, 11 de agosto de 2009

POEMAS DE CÉSAR CURIEL

César Curiel, México





Fantasía
Eres canto otoñal
que engrandece
la frágil nostalgia
de la aurora.

Eres luz penetrando
en la sombra
de un simple rincón
ya olvidado,
vuelas y te remontas
en las alturas
para desde lo alto
mirar el infinito
de una tierna y efímera
imagen.

La realzas con un pulido
encaje
que corta y se arrastra
por caminos inimaginables.

Eres vivo encuentro con todo
pues todo ante ti
cobra vida.

Eres luz entrando en mis ojos,
eres esperanza,
eres fantasía.
Pecado
Estoy pecando!
por desear a quién…
… no debo
por mirar a quién…
… no quiero
y sin embargo,
solo mirarla quiero.

Estoy pecando!
por soñar despierto,
por querer besar
al viento
he imaginar su rostro
sonriendo.

He pecado!
si, lo he hecho
día y noche
pensando que la abrazo
y le doy un beso,
que la veo y lloro
por ella en silencio
y más al ver
que esta tan cerca
y a la vez tan lejos;
que suspiro por ella
y lo hago en secreto,
que se muy bien que un día
dejare de verla
y la recordare siempre
con vehemencia.

Que me gusta,
que la quiero,
pero ese es mi secreto.

Estoy pecando!
por desear a una mujer…
… que no debo
.

Tras la ventana
Tras la ventana
veo un mundo que no es mío
la dicha de la gente
que camina frente a mi ventanal
el tumulto de la hojas
que vuelan sin cesar
removidas por los vientos
agitadas por el tiempo
que no cesa de parar.

Tras mi ventana
observo la vida como gira
como azota la dicha de la vejez
y la muerte reclama a su victima
cuando pisa sus dominios
y cruza la puerta del umbral,
a un mundo que no es de nadie
a mundo que no se puede regresar.

Tras mi ventana
la dicha de las mañanas
al ver un día empezar,
la risa de un niño acariciar
el mañana
sin saber que futuro le esperara.

Tras mi ventana
el llanto de la miseria
toca mi vidrio sin parar
Recordándome la pobreza
en que vive mucha gente
y la vida, es muy desigual.

Tras mi ventana
espero que el mañana
me de una nueva oportunidad
agitando las alas que nunca
en este mundo pude usar.

Tras mi ventana
observo y acaricio
el pasado ya marchito
de la vida
que he dejado atrás
y en la zozobra de los tiempos
muchos rostros
muchas vidas
muchas risas
que jamás volverán.

Tras mi ventana
observo el cielo infinito
que se pierdeen el horizonte
cubierto por las nubes
y los días que se van.
Un mañana que nunca
se sabe y un pasado
que no volverá.

Tras mi ventana
miro al mundo desde adentro
como gira sin parar.
___________________
Cesar Curiel, 1969, de origen mexicano, nacido en la ciudad de Durango, Dgo., empezó a escribir sus primeros versos a la edad de 11 años, trabajo en el periódico "el sol de Durango" por cinco años consecutivos como periodista en espectáculos, tenia a su cargo una columna de música en la que aparecía cada domingo, aparte de trabajar en la estación de radio "radio universidad" la cual difunde cultura en general a los radio escuchas, sus poemas han sido publicados en diferentes periódicos de la ciudad y algunos se llegaron a publicar para la revista "cultura" que salio a finales de los 80`s, de igual manera algunos de sus poemas fueron difundidos en la radio. Fue escogido en varias ocasiones por la ciudad para formar parte de los invitados a dar recitales de poesía que organizaba la ciudad de Durango.

En más de una ocasión se presento en la casa de la cultura y fue miembro de un grupo de protesta llamado "libertad" en donde mezclaban poesía con música y canciones al estilo Oscar Chávez, Facundo Cabral, etc.

Actualmente radica en la ciudad de Denver, Colorado. USA., por mucho tiempo se mantuvo alejado de todo lo relacionado con el arte, pero nunca sin dejar de escribir pues siempre ha formado parte de su vida y es una necesidad propia en su vida. Tiene un libro publicado con la editorial AUTHORHOUSE titulado "poemas libres", acaba de terminar de escribir una novela que saldrá el próximo año del 2010.

sábado, 8 de agosto de 2009

Honduras-Carlos López

Carlos López, Guatemala





Honduras*



El concepto del arte por el arte es una cosa que sería cruel si no fuera
afortunadamente cursi. Ningún hombre verdadero cree ya
en esa zarandaja del arte puro, arte por el arte mismo.
En este momento dramático del mundo el artista debe
llorar y reír con su pueblo. Hay que dejar el ramo de
azucenas y meterse en el fango hasta la cintura
para ayudar a los que buscan las azucenas.
Federico García Lorca




Qué honduras las de Honduras.
Los militares no quieren
dejar entrar la alegría, menos
la justicia social —«¡Qué palabras
tan obscenas!»—. La burguesía
no ilustrada ama lo decimonónico,
y a Mickey Mouse lo usa para la foto
cuando va en romería a Disneyworld,
pero no más, no como filósofo,
que no quieren parecer gringos
los burguesitos amaestrados en Yale
(una cosa es obtener ahí títulos y otra
que los quieran comparar con esos liberales).
Que un negro esté gobernando
su meca, es pasajero. Con suerte
se acaba el mundo y le echan la culpa.
«Honduras es nuestro, en nada se parece
a Latinoamérica con sus tiranos, tampoco
a Estados Unidos, todos manejados
por los judíos que se quieren adueñar del mundo».
Honduras duele muy hondo.
Pero desde lo más profundo de
su suelo se oyen rumores libertarios;
desde las honduras más hondas
crecen claveles rojos que pintan rebeliones,
son más las flores creciendo desde adentro
que los zopilotes creciendo con sangre negra.
Hasta los retoños más salvajes
tienen más dignidad que los gorilas
que hoy, como ayer, como siempre,
apagan el color de la vida.

*Cortesía de Isla Negra-Grabriel Impaglione

________________
Carlos López (Pajapita, San Marcos, Guatemala, 24 de febrero, 1954) obtuvo los títulos de maestro de educación primaria urbana en el Instituto Normal Mixto Rafael Aqueche (INMRA), de licenciado en lengua y literaturas hispánicas y en estudios latinoamericanos, y el grado de maestro en letras (literatura iberoamericana) en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Estudió las licenciaturas de derecho y de ciencia política en la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) e historia en la UNAM. Es autor de los libros de ensayos Diccionario biobibliográfico de literatos guatemaltecos (1993), Redacción en movimiento. Herramientas para el cultivo de la palabra (1ª ed., 2003; 2ª ed., 2003; 3ª ed., 2004; 4ª ed., 2006), Voses de Guatemala (2005), Helarte de la errata (1ª ed., 2005; 2ª ed., 2007); del libro de calambures Uso de los anteojos para todo género de vistas (1996); de los libros de palíndromos Aten al planeta (2007), Naves se van (2003) y La roca coral (2002); de las antologías Los siete pecados capitales: la lujuria (2008), Decálogos, mandamientos, credos, consejos y preceptos para oficiantes de la escritura (2006), Los poemas de la poesía (t. I, 2001; t. II, 2003), Poética de Carlos Illescas (2001) y Arder sobre la hoja. Poética de Humberto Ak’abal (2000); de las plaquettes de poesía Relámpago nocturno (1999) y Vado ancho (1998), y de ensayo Tito, biografía mínima (2003); de los libros de poemas Bellotas de agua (2000) y Fuego azul (1997). También, es coautor de varios libros y parte de su trabajo se recoge en diversas antologías. Publica en diarios y revistas de Europa y América. Ha sido invitado a participar en encuentros y festivales de literatura en la República Mexicana y en el extranjero; además, en repetidas ocasiones formó parte de jurados en diversos certámenes. Impartió talleres de redacción, poesía, novela, cuento, dramaturgia, creación literaria y edición en los mejores centros educativos de Guatemala y México; su labor docente abarca todos los grados escolares durante 35 años ininterrumpidos. En 1981, fundó Editorial Praxis -que desde entonces dirige-, donde lleva editados más de 600 títulos de autores nacionales y extranjeros. Ha cuidado la edición de más de 5 mil libros, tesis, revistas, folletos y asesorado tesis de licenciatura, maestría y doctorado. En México, patrocinó la exposición pictórica de más de cien artistas de diversas partes del mundo y ha participado en más de 700 presentaciones de libros. A lo largo de su trayectoria, ha recibido críticas favorables de Héctor Carreto, María Cruz, Juan Domingo Argüelles, Otto-Raúl González, Rogelio Guedea, Gerardo Guinea Diez, Carlos Illescas, Hernán Lavín Cerda, Luis Montes de Oca, Francisco Alejandro Méndez, Adolfo Méndez Vides, Armando Pereira, José Luis Perdomo Orellana, Silvia Pratt, Juan Antonio Rosado Zacarías, Eusebio Ruvalcaba, Gloria Vergara y otros escritores y especialistas, quienes las publicaron en El Financiero, La Jornada, El Universal, Excelsior, La Hora, Magna Terra, Siempre!, entre otras publicaciones. En la actualidad, escribe las columnas «Interior Cero, Cero, Cero» en El Financiero, «Vado Ancho» en Ecos de la Costa y «Helarte de la Errata» en El Heraldo de Chiapas.

jueves, 6 de agosto de 2009

Hecho de Barro-Raúl Heraud

Raúl Heraud, Perú





Hecho de Barro




Todo esto que escribo ya no es mío,
nunca lo fue,
he muerto seguramente después de haber
sido un viejo transeúnte,
un maniático comprador de libros,
a mi velorio quizá asistan mis amigos,
les ruego no vistan trajes oscuros ni
lleven corbatas,
no traigan flores, menos palabras de pesar,
ni se les ocurra escribirme poemas póstumos,
les prohíbo visitar mi tumba
sobre todo los domingos de fiesta,
no intenten limpiarla, tampoco
santiguarse o rezar por mi atribulado espíritu,
sólo déjenme descansar esta noche
que ya tuve bastante con la vida…
_____________
Colaboración de: Gabriela Velit

domingo, 2 de agosto de 2009

Eunice Odio: el acento del cuerpo en la poesía costarricense-Miguel Fajardo Korea

Eunice Odio, Costa Rica






Eunice Odio:
el acento del cuerpo
en la poesía costarricense

Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación de Costa Rica

miguelfajardokorea@hotmail.com

Descriptores: -Literatura costarricense -Poesía costarricense -El cuerpo -Eunice Odio

Me propongo abordar un tema esencial en las manifestaciones artísticas, como lo es la escritura del cuerpo en la poesía costarricense. Desde esa perspectiva, la escritora Eunice Odio (1919-1974), con su poemario “Los elementos terrestres”[1], es la pionera del abordaje corporal dentro de la poesía vanguardista costarricense, donde se pueden correlacionar las diversas partes de la anatomía[2] con un amplio registro simbólico y cultural.

El Salvador es un espacio centroamericano altamente estimado por Eunice Odio. En 1957, el Ministerio de Cultura de El Salvador le publica su libro cumbre “El tránsito de fuego”. Eunice estuvo en El Salvador en algunas ocasiones[3].

Eunice Odio inicia esa tematización, cuando dicha práctica transgredía el comportamiento de la tradición patriarcal. Su poesía vanguardista reconoce el cuerpo y explora la sexualidad, tanto femenina como masculina e, igualmente, sus relaciones con el goce o el deseo. En el desarrollo de los poemas se utiliza un desplazamiento que se apoya en la intervención de la mirada, la cual provoca un desplazamiento de los amantes hacia partes erógenas; de esta manera, establecen un vínculo que se materializa en la provocación de uno y en la respuesta del otro.

En Los elementos terrestres, la percepción del cuerpo es múltiple, porque es un espacio para la significación expresiva del reconocimiento individual. El cuerpo se nombra y muestra, es decir, se compone y se reconstituye. Genera sentidos, en la medida en que las partes de la anatomía representan un espacio, visible y tangible, a partir del cual se toma conciencia de él. El cuerpo se redescubre y completa en el lenguaje del otro.

El diálogo de lo femenino y de lo masculino se extiende a los planos de la corporalidad; ella busca al amado por las inmediaciones de su propio cuerpo y reposa en el del amado. De ese modo, la imagen del cuerpo es una especie de tejido que se muestra y concreta en la mirada del otro.

La perspectiva intercorporal opera, entonces, como un código dialógico que posibilita el goce: “Tú me conduces a mi cuerpo, / y llego, / extiendo el vientre / y su humedad vastísima, / donde crecen benignos pesebres y azucenas / y un animal pequeño, / doliente y transitivo” (LET, 125).[4]

La mención de elementos animales, vegetales y líquidos, comprueba que el lenguaje erótico cotidiano está lleno de ejemplos de cuanto sucede en la naturaleza. Los murmullos, los rugidos, los arrullos, el correr del agua, el vaivén de las olas, los gemidos de toda suerte de animales son imitados en el juego erótico: “Mi sexo como el mundo / diluvia y tiene pájaros, / Y me estallan al pecho palomas y desnudos. / Y ya dentro de ti / yo no puedo encontrarme, / cayendo en el camino de mi cuerpo” (LET, 124).

Por ello, se establece una relación entre la naturaleza y el cuerpo, es decir, la naturaleza se comporta como intimidad o deleite. La conjunción de la vegetalidad remite a la estética del jardín (jazmín, lirio, rosa) y connota la delicadeza sensual y erótica: “Entraremos de pronto en el verano como árboles / vegetalmente abiertos de oídos y de polvo (…) Y a la altura del pecho y la labranza / semilla de silencio y luz desierta” (LET, 136-137).

La hablante ve al hombre como su complemento, porque “él camina en parte / con mi alma”. El amado apela al sueño, que atrae en ausencia el modo de llegar hasta ella para conducirla al encuentro de la unión sexual de la pareja. De esta forma, en el texto se busca al amado, lo cual podría considerarse como la incompletitud del yo sin el otro. Por más satisfactoria que se presente la relación entre los amantes, siempre se plantea un vacío que impulsa el deseo de buscar en el otro lo que complementa.

La amada busca al amado, quien es su amante, camarada, huésped, hermano, es decir, un ser que pareciera serlo todo. Según Octavio Paz: “el erotismo es una experiencia total que jamás se realiza del todo porque su esencia consiste en ser siempre un más allá. Éste se refiere al cuerpo ajeno como un obstáculo o un puente que en uno y en otro hay que traspasar”.[5]

En el poema cuarto, el hombre ve a la mujer asomada a su pecho; ese sustantivo se repite y es plurisignificativo. El amado la contempla en un proceso de evolución física y se marca con los oxímoros “pecho diurno” y “voz descalza”, los cuales evocan elementos corporales en cualificaciones inacostumbradas. La escritura erótica de este poemario celebra el descubrimiento del cuerpo humano como un espacio de deseo que no tiene como fin la reproducción, con lo cual el texto plantea un orden subversivo, toda vez que rompe lo convencional. En estos poemas se explora el goce sobre la base del reino de los cinco sentidos, lo cual posibilita la utilización de los diversos recursos expresivos. La sensualidad corporal implica, por lo tanto, una vía para afirmar la sexualidad.

El sistema de significados poéticos recurre tanto a la metáfora como a la metonimia, cuyas relaciones por similitud y contigüidad son recursos básicos para ordenar el discurso, y como elementos constructivos de la función poética, apelan al sentido del mensaje para intensificar el acento expresivo. El paralelismo, la anáfora alternada o la repetición son procedimientos retóricos donde se localiza la función de la semiosis de los poemas. Otras figuras como el símil, el encabalgamiento, el oxímoron, la interrogación retórica o la antítesis, ayudan en la intencionalidad expresiva de conformar la estructuración semántica del texto y contribuyen a la construcción discursiva de la dialogicidad; del mismo modo, resultan decisivos los acentos de lo corporal y el registro de elementos sexuales y eróticos, ya que, en todos ellos, se desprende el nudo de significación amorosa que presenta el texto.

Es evidente la presencia de matizadas asociaciones del cuerpo léxico con el sexo oral: “pozo”, “boca”, “resbala”, “paloma” y la referencia a la salinidad. Los muslos se llenan de erotismo. La metáfora los “manojos de agua” puede relacionarse con el orgasmo, lo cual se amplía con el sustantivo “espuma” y la cavidad física del pozo~vagina vista como “rebaño secreto”, con lo cual se puede hablar de la presencia de metáforas que remiten a lo erótico y a lo sexual. La poética corporal de lo líquido se asocia con la eroticidad del cuerpo, donde todos los flujos indican movimientos naturales que se equiparan con los derivados del goce sexual. Por lo tanto, el agua funciona como fuente de vida, con gran poder sensual y elemento de unión amorosa cuando aparece en el contexto de la expresión sexual: “Parpadea tu voz, / sencilla como el mar cuando está solo” (LET, 124); “Yo haré que de tus muslos / bajen manojos de agua; / y entrecortada espuma, / y rebaños secretos” (LET, 127).

El sistema de significados poéticos alude a la relación sexual con el otro, en una experiencia física y corporal. La amada se propone un recorrido por la geografía del cuerpo amado; así como él explora el cuerpo de ella. El cuerpo opera, entonces, como un vector que se anhela poseer, con firme expresividad amorosa y como acción de completitud. Debe destacarse que en el acento poético odiano, la mujer es sujeto del deseo y no objeto, es decir, su participación es activa y creadora. La poesía del cuerpo construye, sin duda, un espacio de expresión social que censura las restricciones y los silencios históricos.

En Los elementos terrestres, el cuerpo debe leerse de manera que construya diversas posibilidades de relación, tanto consigo mismo como con los demás, sin que las diferencias sexuales alcancen papeles jerárquicos. Las partes del cuerpo se relacionan con un amplio registro simbólico y cultural. La voz femenina, al escribir de su cuerpo, escribe su cuerpo, su deseo, su goce, su deleite. Ella es capaz de nombrar y también se nombra. Mediante el lenguaje construye su propia subjetividad activa, por ello, ambos amantes participan con placer del acto amoroso, porque es el goce de la experiencia, de la inclusividad.

“Queréis que vaya y me ofrezca en sus manos
como semilla de éxtasis,

que le lleve mi cuerpo
reclinado de palomas,

y que llene su boca
de sol y mediodía” (LET, 142).

Aquí, la oración compuesta incorpora verbos, cuya disposición significativa es interesante: “queréis”: desear o apetecer, tener voluntad o determinación de realizar algún hecho; “vaya”: indica el movimiento del lugar real al posible y “ofrezca”: comprometerse alguien a dar o hacer una acción particular. En el segundo apartado se reduce a uno, “lleve”: conducir algo (mi cuerpo) desde un lugar alejado de donde se habla o se sitúa mentalmente la persona, y concluye con “llene”: ocupar un espacio vacío con la idea de satisfacer el apetito sexual (su boca). Obsérvese el hecho que la amada solicita ir y ofrecerse “en sus manos[6] / como semilla de éxtasis”.

El cuerpo es un tejido que se teje con la huella del deseo, por lo tanto, muestra una gama de sentimientos expresados por medio del lenguaje. El cuerpo posee una dimensión unificadora. Es un lugar donde se construye el goce, la sexualidad. Utiliza un discurso que se apoya en la intervención de la mirada, la cual provoca un desplazamiento de los amantes hacia las partes erógenas; de esta manera, establecen un vínculo que se materializa en la provocación de uno y en la respuesta del otro, porque el contacto físico es la experiencia que inicia la vivencia y el conocimiento de lo erótico.

En el poemario “Los elementos terrestres”, de Eunice Odio, hay referencia a 39 partes del cuerpo y, en conjunto, comprenden 133 menciones corporales. Los semas de mayor recurrencia, con 17 y 18 alusiones son el “cuerpo” y el “pecho”, que opera como una zona erógena, un símbolo activo de la sensualidad, mediante el cual se percibe los fuertes latidos del corazón, propiciados por el clima sexual de la pareja. Desde el primer poema, la voz de la amada llama al amado para que se inicien en el deleite de sus cuerpos:

“Ven
Amado.

Te probaré con alegría
tú soñarás conmigo esta noche” (LET, 119).

El objeto del amor es visto como lo que se come, se saborea, se degusta. Un recurso sugestivo que proyecta el tipo de caricias que recibirá el amado. Lo que al inicio aparece como un llamado “Ven” se convierte en experiencia “te probaré”, lo cual implica una certitud de contacto.

Los cuerpos de ambos se convierten en espacios tangibles, llenos de zonas erógenas. El pecho, la boca o la cintura sugieren que no queda ningún sitio sin explorar. Al leer el texto como un recorrido corporal, el erotismo se encuentra sugerido en el lenguaje simbólico utilizado y se enriquece con todo tipo de alusiones a prácticas culturales sobre el amor y el sexo. Según Barthes: “exploro el cuerpo del otro como si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso”[7]

En el texto, el sexo no se presenta como una culpa, mancha o pecado; por el contrario, hay una tendencia a reinvindicar el cuerpo y la sexualidad de ambos géneros como una demanda de amor, con alusiones al sexo y a sus zonas erógenas, en aras del goce y el disfrute. La fuerza de lo sexual radica en las referencias a los momentos que compartió con él: el cuerpo que tuvo tangible, pero que ahora está ausente.

Según Barthes: “La ausencia amorosa va solamente en un sentido y no puede superponerse sino a partir de quien se queda –y no de quien parte-: yo, siempre presente, no se constituye más que ante tú, siempre ausente”.[8] La amada pregunta a otros por su amado y utiliza semas corporales que le evoca la figura masculina, tanto es así, que valora el cuerpo del otro en el momento en que erogeniza la realidad corporal del muslo del amado como una “daga sumergida en la noche”. Hay una descripción fálica (daga), símbolo de potencia generadora, pero “ya no tiembla en el aire”, porque está “sumergida en la noche”.

Hay numerosas referencias a las diversas regiones del cuerpo que funcionan como símbolos corporales de la sensualidad, por ejemplo, las zonas orificiales y erógenas del cuerpo: oral –boca, pecho-, así como los órganos sexuales referidos a la vagina y al falo. La profusión de imágenes sensoriales se convierten en un código de la expresión sexual que marca el orden de lo femenino y de lo masculino con énfasis en la carnalidad, pero aquí va mucho más allá de la procreación y de su condicionamiento social; así, el texto reivindica el cuerpo y el descubrimiento gozoso de la sexualidad. En ambas perspectivas, las demandas eróticas apelan al placer del cuerpo, al goce de la experiencia sexual.

En este poemario, el alma está en un sitio donde puede ser comida: en el cuerpo. El sitio de la convocatoria es el topos de la corporalidad humana “Antes que yo se te abrirá mi cuerpo”. El poder del cuerpo y la palabra confirman la identidad y el desafío en el ser físico de los cuerpos amantes: ella en él; él en ella. El sustantivo “alma” es puesto en relación con las siguientes partes: cuerpo, brazos, cuello, aliento, corazón, uñas, oídos, mano y piel.

En este poemario de la autora costarricense se puede establecer algunos mecanismos discursivos que sugieren la unidad poética entre los planos humano y espiritual. Simbólicamente, la tierra se opone al cielo, y es asociada con la mujer por su carácter productivo y material. Por ello, desde el Incipit se habla de los elementos de la tierra; la corporalidad es su distintivo, su materialización. Al mismo tiempo que se tiende a buscar lo espiritual, en el texto se “eleva” o destaca lo corporal, situación que propicia considerar que lo espiritual está inmerso en lo terrenal y se expresa en esas descargas eróticas y sexuales de los amantes.

Para ello, el recurso estilístico es la relación de contigüidad entre los términos abstractos, junto con las alusiones a las partes de la anatomía corporal: “Ven / comeremos en el sitio de mi alma” (LE, 119); “Y por mi cuello en que reposa tu alma” (LE, 125); “y es como piel el alma –no se siente” (LET, 137). En suma, con dicha estrategia, la hablante logra el juego de relecturas que propone posibles interpretaciones, donde la preeminencia del cuerpo implica un redescubrimiento de la condición humana, sin menoscabo del orden espiritual.

Lo humano se asocia con lo material, con la corporalidad exterior y, dentro de ella, se manifiesta el desplazamiento de los elementos espirituales, porque cada vez que se mencionan éstos, aparecen dispuestos por contigüidad funcional, en relación con el cuerpo. Este mecanismo permite una lectura unificadora de las relaciones eróticas y sexuales. El enlace de los planos humanos y espirituales se inscribe como un procedimiento expresivo innovador en el ejercicio poético costarricense.

El discurso del cuerpo[9] no es visto con impudor, sino con la naturalidad de los elementos terrestres. La tradición cultural asocia lo femenino con la tierra como elemento pasivo, pero en el poemario de Eunice Odio se da una ruptura: la conciencia del cuerpo como poder artístico; la capacidad de construcción lingüística como sujeto del deseo, el establecimiento de una relación igualitaria en el plano de la sexualidad, así como su perspectiva de mostrarse y nombrarse a sí misma; mirar al otro y nombrarlo. El código dialógico del sistema de significados expresivos, en los órdenes de lo femenino y de lo masculino bidireccionaliza el texto hacia una ruptura: la prevalencia de la voz femenina en el orden del discurso, que se comporta como una ruptura ideológica en el contexto de producción de la poesía costarricense de ese momento, cuando la voz femenina permanecía excluida o marginada.


Consideraciones finales

La preocupación por la poesía del cuerpo es el más decisivo aporte del libro “Los elementos terrestres”[10] de Eunice Odio -quien nació en Costa Rica hace 90 años y murió en México hace 35 años-, pues dicho nudo de significación se presenta en las facetas de lo sensual, el erotismo y lo físico-carnal, como elementos integrales de la sexualidad. Las diversas partes de lo corporal establecen un código poético que se plasma en la evocación erótica del deseo o el placer y desde la perspectiva de lo sensual que activa las zonas erógenas. El erotismo de los textos odianos se ve reforzado cuando entran en juego las referencias a especies animales, vegetales o líquidas, que funden dichos elementos con el eros, con esto, la perspectiva lírica se ve enriquecida en el tratamiento de sus diversos nudos temáticos.

La expresión física de lo corporal,[11] en la voz poética de la costarricense Eunice Odio, constituye una perspectiva de rompimiento de tabúes patriarcales. Su apuesta por lo corporal es un redescubrimiento temático, al centrar su perspectiva poética, tanto en el cuerpo femenino como en el masculino. Esas partes llegan a resignificarse cuando interactúan en el plano de lo simbólico cultural, más allá de lo que sería una simple experiencia personal. El abordaje sexual es dialógico y alcanza grandes posibilidades en la expresión del cuerpo, elemento a partir del cual se genera la semiosis profundamente sensual y sexual del poemario, que se presenta con gran naturalidad y con un lenguaje novedoso y transgresor, lleno de lirismo, en el mapa de la poesía vanguardista centroamericana.

El texto, en su conjunto, muestra imágenes sensoriales de gran calidad, que reivindican el descubrimiento integral del cuerpo como fuente de goce de la experiencia de la sexualidad y, a partir de aquí, de comunicación espiritual entre lo femenino y lo masculino. Las alusiones a la esterilidad no son un obstáculo para que la amada disfrute el placer o el goce con intensidad; dicha condición la expresa con dolor, sin embargo, no disminuye su capacidad de amar.

La asimilación de lo espiritual inmerso dentro de lo humano es una expresión del discurso poético odiano. La equiparación cuerpo ˜ alma homologa dichos planos como propuesta de unidad poética. De ella se desprende la incompletitud que lleva a los amantes a buscar su unidad física en el otro. La prevalencia del cuerpo implica un redescubrirse, sin inhibiciones, lo que constituye un mecanismo poético innovador en la lírica costarricense en la segunda mitad del sigo XX.

Es decir, en “Los elementos terrestres”,[12] de Eunice Odio, la expresión dialógica de lo femenino y de lo masculino se manifiesta, poéticamente, como el resultado de la experiencia erótica y sexual y ésta como unidad entre los planos humano y espiritual.

Es ocasión propicia para recordar, desde el Laberinto del Torogoz, del humanista poeta salvadoreño, André Cruchaga, los 90 años del natalicio de Eunice Odio y seguir disfrutando de la extraordinaria intensidad expresiva de su obra poética. Para quienes deseen hurgar la sintonía vital entre las escritoras costarricenses Yolanda Oreamuno y Eunice Odio, los remito a un documentado deslinde biográfico realizado por el investigador Mario Esquivel Tovar[13].

Eunice sigue vigilante. Su poesía esplende por América Latina. Es un nombre extremadamente interesante para leerla y divulgarla. Es nuestro compromiso ético y estético.
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[1] Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999: 45.Bianco, Aracelly y Fajardo, Miguel. El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio. Heredia, Costa Rica: Universidad Nacional, 2003.
Chevalier, Jean. Diccionario de símbolos. Barcelona: Herder, 1986.
Fajardo, Miguel. La poesía del cuerpo. Disponible en:
franciscocenamor.blogspot.com/2008/07/la-poesa-del-cuerpo-artculo-del-lic_30.html -
Fajardo, Miguel. La poesía del cuerpo. En: Anexión. Guanacaste, junio-2005:16
Odio, Eunice. Antología. (Selección de Rodolfo Dada). San José: Editorial Lunes, 2006.

Odio, Eunice. Los elementos Terrestres. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica / Editorial de la Universidad Nacional, 1996
Odio, Eunice. Los elementos terrestres. Madrid: Torremozas, 1989.
Paz, Octavio. Los signos en rotación y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial, 1971.
[1] Con “Los elementos terrestres”, Eunice Odio obtuvo el Premio Centroamericano “15 de setiembre”, Guatemala, 1947. El libro se publicó en 1948, hace 61 años. El texto no se publicó en Costa Rica hasta en 1984, es decir, 36 años después.

[2] En “Los elementos terrestres”, de Eunice Odio, se cita 133 menciones corporales, con base en las 39 partes anatómicas citadas, que interactúan entre sí como un cuerpo hablante.
[3] Cfr. Esquivel Tovar, Mario. “Eunice Odio en Centroamérica. Mirar amargo y fruto dulce de una mujer inolvidable”. En Forja. Semanario Universidad, Costa Rica, Núm. 878, 7 de junio de 1989, pp-1-3,
[4] Cada vez que se haga referencia al poemario de Eunice Odio. “Los elementos Terrestres”. San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica / Editorial de la Universidad Nacional, 1996, se utilizará la sigla LET, seguido de la página correspondiente.
[5] Paz, Octavio. Los signos en rotación y otros ensayos. Madrid: Alianza Editorial, 1971: 87.
[6] De acuerdo con Chevalier, “la mano es como una síntesis, exclusivamente, de lo masculino y lo femenino; es pasiva en lo que contiene, activa en lo que tiene” (Chevalier, 1986: 685).
[7] Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999: 80.
[8] Barthes, Roland. Fragmentos de un discurso amoroso. México: Siglo XXI, 1999: 45.
[9] Bianco, Aracelly y Fajardo, Miguel. El acento corporal en Los elementos terrestres de Eunice Odio. Heredia, Costa Rica: Universidad Nacional, 2003: 121.
[10] En España se editó este poemario hace dos décadas, con prólogo de Rima de Vallbona.
Cfr: Odio, Eunice. Los elementos terrestres. Madrid: Torremozas, 1989.
[11] En el 2004 presenté la ponencia “La poesía del cuerpo”, en la Casa de Poesía Silva, en el XII Festival Internacional de Poesía de Bogotá, Colombia.
Cfr: Fajardo, Miguel. La poesía del cuerpo. En: Anexión. Guanacaste, Costa Rica, junio-2005:16.
Asimismo, dicha ponencia se encuentra disponible en la dirección electrónica española: franciscocenamor.blogspot.com/2008/07/la-poesa-del-cuerpo-artculo-del-lic_30.html - 299k –
Igualmente, se puede leer en la revista electrónica Letras de Uruguay, de Carlos Echinope y en la revista digital chilena Pluma Negra, de Ana Montrosis.
[12] En el marco de la declaratoria “San José, Capital Iberoamericana de la Cultura”, Rodolfo Dada compiló un texto antológico sobre Eunice, donde incluyó los poemas I, II, III y VIII del libro en análisis.
Cfr: Odio, Eunice. Antología. San José: Editorial Lunes, 2006:9-20
[13] Cfr. Esquivel Tovar, Mario. “Yolanda y Eunice: vidas paralelas”. En: Suplemento Los Libros. Semanario Universidad, Costa Rica, Nº 1674, del 12-19 de julio del 2006, p.2.