En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Gutiérrez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Francisco Gutiérrez. Mostrar todas las entradas

jueves, 15 de octubre de 2026

Francisco Gutiérrez, exploraciones vitales del Omphalos

 




Francisco Gutiérrez,

exploraciones vitales del Omphalos

 

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Educación Mauro Fernández

minalusa-dra56@hotmail.com

 

 

Francisco Gutiérrez Araya. El ombligo de los pájaros. Columbia: Nueva York Poetry Press, 2025: 178 pp. (Número 72 de la Colección de poesía Museo Salvaje, en homenaje a Olga Orozco). Juicio crítico en la contracubierta del gran poeta Juan Carlos Olivas. El libro consta de 69 poemas, divididos en tres vuelos: Plumaje umbilical, Retratos ovíparos y Aterrizaje en bandada.

Francisco Gutiérrez Araya (Costa Rica, 1978). Estudios en Química, Administración de Empresas y Gerencia de Proyectos. Labora en la industria de manufacturas. Ha publicado Pretextos para sobrevivir (2005) y dos décadas después El ombligo de los pájaros (2025).

Jean Chevalier, en su Diccionario de los Símbolos, en colaboración con Alain Gheerbrant, analizan el ombligo desde la perspectiva del axis mundi o "centro del mundo". Ellos asocian dicho espacio con los siguientes elementos:

 

·       El Ombligo del Mundo (Omphalos): por ello, el "ombligo de la Tierra" simboliza el eje central desde el cual surge el universo.

 

·       Asimismo, como lugar de conexión cósmica, entre diversos planos del ser. Es decir, como intersección y equilibrio de lo vital.

 

·       Además, todo nacimiento proviene de una matriz original, que opera en conexión con la Madre Tierra.

 

En ese sentido, la simbología metafórica del título "El ombligo de los pájaros" es una exploración sobre la tríada: la identidad, el origen y lo invisible. “El ombligo es el símbolo universal del origen, la creación y la conexión vital”. El íncipit es paradójico, pues busca un "centro", o un "vínculo de nacimiento" en criaturas que se asocian con el desapego terrenal y la libertad absoluta del vuelo. Simboliza la búsqueda de una identidad o una raíz en un entorno que parece no tener un punto fijo”. Fuente: https://www.google.com/search?q=el+ombligo+en+chevalier

Los pájaros signan lo inalcanzable, la levedad, el vuelo. “El pájaro simboliza también a los seres humanos modernos: criaturas que anhelan la ligereza y el vuelo, pero que arrastran un abandono o una orfandad silenciosa”.

El ombligo de los pájaros está completamente escondido bajo el plumaje, por ello, lo esencial permanece oculto. Verles el ombligo requeriría un desnudamiento de dichas criaturas del reino animal.  El título alude, sin duda, a la tendencia de la zooliteratura. Es decir, lanzar una mirada a los animales que cohabitan con los seres humanos en este orbe compartido.

El poema que da título al poemario deja leer: “Por debajo de la tierra, / en cavidades similares a la tristeza de los ombligos, / existen espacios donde las raíces / se juegan la vida a para no parecerse / a la forma que llevan por costumbre / los relámpagos en sus mejores días”.  La humanización de los ombligos es una arista interesante en este orbe lírico. Por extensión, se infieren los ombligos humanos.  

Asimismo, se lee “prefiero la belleza del aire / que divide al pájaro en dos alas”. Son imágenes de gran significación conceptual.

El yo lírico es crítico del andar terrestre “Nosotros caminamos por la playa / esperando encontrar conchas / para recordar el mar, / quizá algún otro animal o pararrayos / coleccione nuestros huesos / para recordar con placer / que ya no estamos”. Es decir, el texto de Francisco Gutiérrez oscila entre los movimientos centrípetos y centrífugos.  Es una dicotomía desde el exterior hacia la centralidad, o bien, desde el centro hacia el afuera.

“La aerofobia no dejó el ombligo / en la gravidez de las gotas de agua / en el espacio exterior, / en su acta de nacimiento / no es el avión de papel que usan los pájaros / para envolver su desayuno”.

En este poemario la lectura toma direcciones dinámicas por el movimiento de los ejes temáticos “Los inmigrantes siguen un rito eterno, / el mismo instinto de las bandadas / cruzando miles de kilómetros, / cómo explicarle una frontera / a un ave migratoria, / como pedirle modales al agua / dentro de un vaso, de las fuentes / y luego advertirle por dónde seguir / río abajo”. Una interesante manera de abordar el aciago tema de los inmigrantes.

En Photoshop la imagen de la centralidad es dinámica “la condena de las hormigas / que con su trabajo / mantienen líquido el centro de la tierra, / la libertad bajo palabra / de las señales de humo, / la inocencia del móvil del crimen / balanceándose en el columpio”.

Una defensa de Pabru Presberi: Pablo Presbere (≅ 1670-1710), gran y valeroso líder indígena que luchó hasta su muerte por su Talamanca: “Solo en ese lugar es posible el Blu,/ el único que en su mano derecha / sostiene plumas de Guacamaya, / en su mano izquierda / los 21 gramos que dejan n / el cuerpo al morir / y al unidor sus manos y besarlas, / nacen temblando los agujeros negros (…) La única forma que encontraron / en su nueva religión / fue cortarle la cabeza / adornar con ella lo más alto, / así todo el pueblo entendió / la impotencia de la nueva fe. / Talamanca aún existe / y esta es mi manera / de celebrar el 4 de julio”.

Otro homenaje que presenta el poemario de Francisco Gutiérrez Arayua es a Walter Gavitt Ferguson (1919-1023), el rey del Calypso, Cahuita, Limón, Costa Rica: “Uniendo la sonoridad que lleva / la corteza de la sal aún en las olas, / las historias enhebradas / con los años que no se conocen entre sí, / el click de su grabadora / como huevo prehistórico que aprende a / parpadear, / así logró embarcar sus canciones en casetes, / como las estrellas que deciden / no parecerse jamás a la misma luz”.

Kampiro Kayrento, habitante de Kenia, capaz de reconocer fragmentos de fósiles humanos: “Un solo cuerpo humano / puede encontrarse disperso / en poco más de 4 000 huesos (…) capas sostenidas por las caricias que engendraron  / los descendientes de las tormentas de arena, / esas que aún buscan su árbol genealógico / entre tanta ceniza sin urna (…) solamente él sabe / que un trozo casi sólido, blanquecino, somos nosotros dentro de 70 mil años, /nosotros sacando a pasear la esencia / en bocanadas de polvo a nuestra medida”.

En otros textos, el hablante se decanta por lo impar “Amo las cosas / que bajo amenaza / no se dejan contar (…) Llevo una extraña alergia / a los números pares, / aun así; los abrazo en singular / no me resultan de la familia”.

En ese sentido “el simbolismo de los números impares representa históricamente el movimiento, la energía masculina, la transformación y la conexión con lo divino (…) los impares contienen un elemento "sobrante" que rompe el equilibrio perfecto”.

Otra línea temática del poemario de Francisco Gutiérrez es la sombra. “En el país de las sombras / los extraños somos nosotros, / saltamos en un concierto o con otros cuerpos / y al salir / nadie revisa si lleva encima / la misma sombra con la que entró. / Es posible que no exista / una sola sombra / que no se haya mezclado al menos con otra. / La evolución de la sombra / enhebrando la luz, / es aún un ámbito sin estudios formales”.

La sombra se asocia con aspectos reprimidos de la identidad y de la condición humana. Para Jung son emociones, deseos, miedos, impulsos y defectos que el ego considera inaceptables por normas sociales. 

          Como señala el gran poeta costarricense Juan Carlos Olivas, en su criterio de lectura en la contracubierta: “Francisco Gutiérrez nos demuestra que lo impreciso también forma parte de la belleza; nos lleva al centro, el ombligo como alimento del vuelo, a contar las consecuencias de un abrazo, a cuidar el fuego, donde es imposible explicarle una frontera a un ave migratoria.  En este libro todo es movimiento, incluso los rostros de los retratos parecen marchar en una larga procesión hacia la herida; y ante tal desconcierto, solo queda sumarse o hacer de su palabra la voz que sostenga los glaciares”.

          Por ello, la lectura de El ombligo de los pájaros, de Francisco Gutiérrez Araya (1978) es un libro de madurez, después de un lapso de 20 años de silencio literario. Su estilo denota una poesía de trabajo sostenido, con imágenes de incertidumbre, donde también radica la búsqueda de un camino hacia muchas verdades complejas, pero no por ello, decisivas por descifrar y entender desde la ansiosa búsqueda del Omphalos y sus exploraciones vitales.

Lic. Miguel Fajardo Korea, Costa Rica