Francisco
Gutiérrez,
exploraciones
vitales del Omphalos
Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio
Nacional de Educación Mauro Fernández
Francisco Gutiérrez Araya. El
ombligo de los pájaros. Columbia: Nueva York Poetry Press, 2025: 178 pp. (Número
72 de la Colección de poesía Museo Salvaje, en homenaje a Olga Orozco). Juicio
crítico en la contracubierta del gran poeta Juan Carlos Olivas. El libro consta
de 69 poemas, divididos en tres vuelos: Plumaje umbilical, Retratos ovíparos y
Aterrizaje en bandada.
Francisco Gutiérrez Araya (Costa
Rica, 1978). Estudios en Química, Administración de Empresas y Gerencia de
Proyectos. Labora en la industria de manufacturas. Ha publicado Pretextos
para sobrevivir (2005) y dos décadas después El ombligo de los pájaros
(2025).
Jean
Chevalier, en su Diccionario de los Símbolos, en colaboración con Alain Gheerbrant, analizan
el ombligo desde la perspectiva del axis mundi o "centro del
mundo". Ellos asocian dicho espacio con los siguientes elementos:
· El Ombligo del Mundo (Omphalos): por
ello, el "ombligo de la Tierra" simboliza el eje central desde el
cual surge el universo.
· Asimismo, como lugar de conexión cósmica,
entre diversos planos del ser. Es decir, como intersección y equilibrio
de lo vital.
· Además, todo nacimiento proviene de una matriz
original, que opera en conexión con la Madre Tierra.
En ese sentido, la simbología metafórica
del título "El ombligo de los pájaros" es una exploración
sobre la tríada: la identidad, el origen y lo invisible. “El ombligo es el
símbolo universal del origen, la creación y la conexión vital”. El íncipit es
paradójico, pues busca un "centro", o un "vínculo de
nacimiento" en criaturas que se asocian con el desapego terrenal y la
libertad absoluta del vuelo. Simboliza la búsqueda de una identidad o una raíz
en un entorno que parece no tener un punto fijo”. Fuente: https://www.google.com/search?q=el+ombligo+en+chevalier
Los pájaros signan lo inalcanzable,
la levedad, el vuelo. “El pájaro simboliza también a los seres humanos
modernos: criaturas que anhelan la ligereza y el vuelo, pero que arrastran un
abandono o una orfandad silenciosa”.
El ombligo de los pájaros está
completamente escondido bajo el plumaje, por ello, lo esencial permanece
oculto. Verles el ombligo requeriría un desnudamiento de dichas criaturas del
reino animal. El título alude, sin duda,
a la tendencia de la zooliteratura. Es decir, lanzar una mirada a los animales
que cohabitan con los seres humanos en este orbe compartido.
El poema que da título al poemario
deja leer: “Por debajo de la tierra, / en cavidades similares a la tristeza de
los ombligos, / existen espacios donde las raíces / se juegan la vida a para no
parecerse / a la forma que llevan por costumbre / los relámpagos en sus mejores
días”. La humanización de los ombligos
es una arista interesante en este orbe lírico. Por extensión, se infieren los
ombligos humanos.
Asimismo, se lee “prefiero la belleza
del aire / que divide al pájaro en dos alas”. Son imágenes de gran
significación conceptual.
El yo lírico es crítico del andar
terrestre “Nosotros caminamos por la playa / esperando encontrar conchas / para
recordar el mar, / quizá algún otro animal o pararrayos / coleccione nuestros
huesos / para recordar con placer / que ya no estamos”. Es decir, el texto de
Francisco Gutiérrez oscila entre los movimientos centrípetos y centrífugos. Es una dicotomía desde el exterior hacia la
centralidad, o bien, desde el centro hacia el afuera.
“La aerofobia no dejó el ombligo / en
la gravidez de las gotas de agua / en el espacio exterior, / en su acta de
nacimiento / no es el avión de papel que usan los pájaros / para envolver su
desayuno”.
En este poemario la lectura toma
direcciones dinámicas por el movimiento de los ejes temáticos “Los inmigrantes
siguen un rito eterno, / el mismo instinto de las bandadas / cruzando miles de
kilómetros, / cómo explicarle una frontera / a un ave migratoria, / como
pedirle modales al agua / dentro de un vaso, de las fuentes / y luego
advertirle por dónde seguir / río abajo”. Una interesante manera de abordar el
aciago tema de los inmigrantes.
En Photoshop la imagen de la
centralidad es dinámica “la condena de las hormigas / que con su trabajo /
mantienen líquido el centro de la tierra, / la libertad bajo palabra / de las
señales de humo, / la inocencia del móvil del crimen / balanceándose en el
columpio”.
Una defensa de Pabru Presberi: Pablo
Presbere (≅
1670-1710), gran y valeroso líder indígena que luchó hasta su muerte por su
Talamanca: “Solo en ese lugar es posible el Blu,/ el único que en su
mano derecha / sostiene plumas de Guacamaya, / en su mano izquierda / los 21
gramos que dejan n / el cuerpo al morir / y al unidor sus manos y besarlas, /
nacen temblando los agujeros negros (…) La única forma que encontraron / en su
nueva religión / fue cortarle la cabeza / adornar con ella lo más alto, / así
todo el pueblo entendió / la impotencia de la nueva fe. / Talamanca aún existe
/ y esta es mi manera / de celebrar el 4 de julio”.
Otro homenaje que presenta el
poemario de Francisco Gutiérrez Arayua es a Walter Gavitt Ferguson (1919-1023),
el rey del Calypso, Cahuita, Limón, Costa Rica: “Uniendo la sonoridad que lleva
/ la corteza de la sal aún en las olas, / las historias enhebradas / con los
años que no se conocen entre sí, / el click de su grabadora / como huevo
prehistórico que aprende a / parpadear, / así logró embarcar sus canciones en
casetes, / como las estrellas que deciden / no parecerse jamás a la misma luz”.
Kampiro Kayrento, habitante de Kenia,
capaz de reconocer fragmentos de fósiles humanos: “Un solo cuerpo humano /
puede encontrarse disperso / en poco más de 4 000 huesos (…) capas
sostenidas por las caricias que engendraron
/ los descendientes de las tormentas de arena, / esas que aún buscan su
árbol genealógico / entre tanta ceniza sin urna (…) solamente él sabe / que un
trozo casi sólido, blanquecino, somos nosotros dentro de 70 mil años, /nosotros
sacando a pasear la esencia / en bocanadas de polvo a nuestra medida”.
En otros textos, el hablante se
decanta por lo impar “Amo las cosas / que bajo amenaza / no se dejan contar (…)
Llevo una extraña alergia / a los números pares, / aun así; los abrazo en
singular / no me resultan de la familia”.
En ese sentido “el simbolismo de los
números impares representa históricamente el movimiento, la energía masculina,
la transformación y la conexión con lo divino (…) los impares contienen un
elemento "sobrante" que rompe el equilibrio perfecto”.
Otra línea temática del poemario de
Francisco Gutiérrez es la sombra. “En el país de las sombras / los extraños
somos nosotros, / saltamos en un concierto o con otros cuerpos / y al salir /
nadie revisa si lleva encima / la misma sombra con la que entró. / Es posible
que no exista / una sola sombra / que no se haya mezclado al menos con otra. /
La evolución de la sombra / enhebrando la luz, / es aún un ámbito sin estudios
formales”.
La sombra se asocia con aspectos reprimidos
de la identidad y de la condición humana. Para Jung son emociones, deseos,
miedos, impulsos y defectos que el ego considera inaceptables por normas
sociales.
Como señala el gran poeta
costarricense Juan Carlos Olivas, en su criterio de lectura en la
contracubierta: “Francisco Gutiérrez nos demuestra que lo impreciso también
forma parte de la belleza; nos lleva al centro, el ombligo como alimento del
vuelo, a contar las consecuencias de un abrazo, a cuidar el fuego, donde es
imposible explicarle una frontera a un ave migratoria. En este libro todo es movimiento, incluso los
rostros de los retratos parecen marchar en una larga procesión hacia la herida;
y ante tal desconcierto, solo queda sumarse o hacer de su palabra la voz que
sostenga los glaciares”.
Por ello, la lectura de El
ombligo de los pájaros, de Francisco Gutiérrez Araya (1978) es un
libro de madurez, después de un lapso de 20 años de silencio literario. Su
estilo denota una poesía de trabajo sostenido, con imágenes de incertidumbre,
donde también radica la búsqueda de un camino hacia muchas verdades complejas,
pero no por ello, decisivas por descifrar y entender desde la ansiosa búsqueda
del Omphalos y sus exploraciones vitales.
Lic. Miguel Fajardo Korea, Costa Rica

