En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



lunes, 10 de diciembre de 2012

CONCIERTO EN ANTELLA






CONCIERTO EN ANTELLA




Por Ricardo Llopesa


           

En la esquina sin salida de la pequeña Plaza del Rey, frente a un árbol casi sin hojas en el mes de diciembre, la orquesta musical con saxo, trompeta y clarinete, al compás de la batería, interpretó temas clásicos, entre rock y boleros años 60, ante un público en fiesta, en Antella.
            Cerca está el fuego que arde donde antes se asó el embutido y las castañas bajo el esplendor de una luna llena que caía del cielo. Más allá, el río Turia riega de agua los campos de las doradas naranjas que van de la verde pradera a la montaña. Apenas son las ocho de la noche y el frío ronda los ocho grados. La música se va con el viento. El próximo año la banda y los muchachos del jazz volverán de nuevo. El brillo del metal se renueva. Antella es de los pueblos que difícilmente se olvidan.
            En el Bar la Plaza, Antonio va entre las mesas y Aurelia, su mujer, hace la mejor Paella y el mejor Arroz al Horno de España. Además de los ingredientes ella agrega pequeñas bolas de carne y el mejor amor del mundo. Hay en la comunidad valenciana muy buenas paellas y muy buenos arroces al horno, pero ahora los mejores son los de Aurelia. Excelente.
            El pueblo es así. Es corazón. Lo pone el alcalde y los concejales Todos están hechos de una pasta especial. Quizá no todos, porque el gobierno anterior de la derecha dejó al pueblo una deuda enorme por culpa de la insolidaridad. Aquí se hizo posible el adagio de que por donde pasa la derecha sólo deja deuda y miseria. Pero todos hacen posible que el visitante que llega a Antella salga contento. Tampoco está muy lejos del lago de Anna y la tumba del conde de Orgaz.


viernes, 7 de diciembre de 2012

POEMAS DE ADALBERTO GUERRA

Adalberto Guerra




Del silencio y las palabras muertas.




El silencio, que sabe acunarse en la vasta deformación del verbo,
como un ave traspasada me cae contra el cristal del ojo,
en otro tiempo,
yo le cavaba un hueco, decía unas palabras;
pero hay otras aves simultáneamente cayéndoseme
contra los cristales de adentro
y en vano las espanto, y muertas ya siguen cayendo,
por lo que voy dejando que el tiempo mismo caiga
y se junte al polvo como un tendón del polvo,
porque la vasta oscuridad y la luz misma,
y las seguras cuerdas por las que Dios baja,
y toda cosa, penden de la palabra,
y de las palabras muertas no nace la luz
ni se convoca un canto y la luz aparece
sobre las disimiles formas de las cosas muertas,
ni pudieran las cosas que he dado por nombradas
acomodarse en los pómulos de mis ojos
a mirar por mí la vida,
ó a hacer un recuento de la cosas que me faltan
porque las cosas nombradas
se diluyen en los sonidos de otras cosas
o toman la cotidiana forma de las cosas inútiles, con rapidez tal,
que uno queriendo nombrarlas,
se diluyen, y pasan a ser palabras muertas,
y de las palabras muertas no nace la luz
ni se convoca un canto y la luz aparece,
ni un canto puede disipar toda la tristeza acumulada en el ojo del buey
y levitarlo sobre la empírica zarza.






En temporada de la muerte de mi madre





Yo tenía los ojos en esa foto de niño
como los ojos vidriosos de un toro entristecido,
como solo en la tierra tenía yo los ojos
en esa foto en la que mi madre clavó dos alfileres
con la finísima delicadeza de una campesina;
que queriendo huir se quedó allí cuidando mi alma tanto tiempo
que envejeció sin cambiar sus prendas interiores,
como animal atado a un árbol envejeció mi madre,
yo la miraba con los ojos vidriosos de haber llorado mucho,
sola como una baliza olvidada en medio de las aguas.

Yo le tejí un vestido oscuro para su viudez
y lloré con ella sin saber a quién
por los muerto de la casa,
en la casa donde no había muerto gente alguna,
yo le leí Job Treinta y ella tornó su cara hacia la luz y se fue yendo
como una niña de regreso a casa
con los ojos vidriosos de haber llorado mucho.

Yo he llorado a mi madre
y ciertamente he llorado al que tuvo un día duro por igual,
una vida dura,
le he llorado públicamente como un hombre,
como un hijo enfermo,
mas ella andaba como buscando alguien o algo
olvidado en la vasta región de su memoria,
no me miró, no me maldijo o dijo nada
y entró riendo para siempre en los cuartos interiores de la muerte.






Los caminos borrados del agua.



                             En la red de cristal que la estrangula, el agua toma forma.
                                                                                                     José Gorostiza.




Pudiera un hombre creer que Dios habita sobre las cimentaciones del barro
o sobre las luces que trasiegan en el interior del humo,
y el humo mismo pudiera tragarle los ojos,
y aun creyendo pasar sin notar la carencia de la piedra dura
sobre los inseguros puentes que le tiende la noche al paso.
Un hombre pudiera caer de un andamio colgado del cielo
como un gato de mármol al pavimento
y morir y levantarse a colgar los ladrillos de una casa inconclusa
ó a amasar la harina de un pan imaginario
y tener a una mujer imaginaria
que le chilla al oído y le maldice y le dice muere….
y muerto ya, se para sobre las cimentaciones del barro
a discursar sobre Dios de una manera
que Dios mismo se sienta enternecido a llorar su muerte.
Pudiera un hombre por los caminos borrados del agua,
volver a tomar posesión sobre las cosas pérdidas,
llámese las cosas perdidas una casa
o la más sencillas de las cosas perdidas
y habiendo recobrado de la miseria la parte armada de la vanidad,
se acuesta complacido y se levanta sin nada,
porque las muchas posesiones no son más
que la huella sobre el agua de las cosas que se hunden.
Hay hombres que se hunden en el agua,
literalmente se desploman en el agua,
se anudan el agua al cuello,
trafican en el interior del pensamiento con cuchillos de agua,
hay hombres que engullen las palabras
en el vientre del agua……. con tal monotonía
que el agua misma los rechaza,
que buscando un milagro golpean el agua vanamente
y el agua les traspasa y les habita y se les acuna en el pecho
con un ruido de agua que solo el agua reconoce.





Casa de Occidente






Frente a mi casa de occidente
donde nada es real
ni la paz ni la luz que cuento,
se detienen los trenes en la noche,
atormentados hombres viajan en busca de una flor
o en busca de algo sencillamente vivo.

Frente a mi casa de occidente
vienen los suicidas a posar para la prensa su último desnudo,
danzan al compás de diabólica música,
chillan de gozo bajo las máquinas que van ciegas hacia la bruma,
mañana la ciudad es noticia,
la nebulosa esperma de fama crece,
los soñadores se acuestan en las calles,
la música ahuyenta los insectos,
los pájaros del parque,
los ancianos trémulos se aferran a sus estampillas,
los cementerios, los puentes o cualquier lugar
por donde pueda entrar la buenaventura
o la muerte disfrazada de benévolo ángel del suicidio.

Nada retorna a su origen, ni tu país ni el sueño,
ni esta ciudad será mañana ciertamente la noticia
aunque me tienda en los rieles a esperar paciente
la acerada máquina del sueño.
Finísima red es la que atrapa la niebla del sueño
y a los cuerpos que van sin aparente rumbo,
que emiten sexuales S.O.S,
que adjuntan fotos a los postes del alumbrado
o se encadenan a los autos policiales,
caras jóvenes colgando de la cuerda de humo de la marihuana.

Desde mi soledad, yo péndulo estático,
los miro con cierto asombro,
los escucho sin entender palabra alguna,
veo la falsedad del ovejero acomodado en su flauta
siempre confiado en el retorno de la magistral oveja guía,
veo venir un tiempo en que intentando buscar la libertad
avanzarán a través de la noche
despertando en cárceles repletas
de locos buscadores del eléctrico alba,
que después del alba buscarán la noche con premura
para esconderse en el llanto de sus aposentos
clamando por una intoxicación definitiva,
los veo retorcerse por los alargados manicomios del alma
vomitar sobre las tumbas,
tambalearse sin encontrar una puerta que se abra
un agujero que los entierre
y así de muertos volver al consecutivo círculo
de la vida y la muerte
y de la nada que es contar los pasos que faltan
para que se los trague la deseada boca del abismo.
Puesto estaba yo antes de nacer como un péndulo
en el equilibrio ciego del tiempo,
como Dios indeciso
o como un hombre que no ha nacido nunca
pero puesto a mirar su nacimiento
desde el enfermo vientre de América,
y estaba América bajo la cegadora luz de la pobreza
que iba alumbrándole los minuciosos huesos,
y vi en las puertas de las cárceles
a carceleros perseguidos de la noche a la noche
por incesantes gemidos de mujer,
que para silenciar sus alucinaciones
se disparaban en el cráneo
y seguían gritándoles de lejos o riendo
hasta apagárseles la tormentosa maquinaria del pensamiento.

Que amontonaron innumerable basura humana
para la hoguera celestial del ascenso de sus almas
o se lanzaron de los altísimos puentes de la imaginación
hacia el vacío real del tiempo,
que creyeron haber muerto
y ningún ángel o demonio se prestó a conducirlos
por el presunto camino que hay de América al cielo.


___________________
Adalberto Guerra (Ad.Guerra). San Antonio de Cabezas, Matanzas, Cuba 1967. Reside en Palm Beach -Florida, desde 1994. Poeta, narrador y periodista. Ha publicado “El Desierto que canta” (Endowment for Cuban American Studies 1994-Ant. de Poesía) “Reunión de ausentes” (2001-Ant. de Poesía). Recientes publicaciones: “Cazadores de la sombra del ave” (2009- Poesía.) “En el lenguaje lascivo de los perros”, (2010- Cuentos) 


viernes, 30 de noviembre de 2012

APUNTES SOBRE POESÍA ESPAÑOLA

Escultura de Ricardo Llopesa





APUNTES SOBRE POESÍA ESPAÑOLA



Por Ricardo Llopesa




            Llevamos medio siglo esperando el resurgir de la poesía en forma de nuevo Siglo de Oro o al menos que iguale a la generación del 27, pero ese poeta o esos poetas nuevos todavía no han llegado. Leíamos los suplementos literarios de los fines de semana y cada semana surgía la voz que estaba por llegar y a la semana siguiente la anterior era superada por un nuevo nombre, hasta que dejamos de creer en falsas promesas comerciales y terminamos por abandonar aquellas lecturas insólitas.
            Llevamos 500 años repitiendo el mismo soneto y el mismo metro, hasta el punto de parecernos aburrido por repetitivo en su forma y vacío en su contenido. La poesía en general ha caído en el tedio. No por falta de ideas porque las hay. Lo que falta es coraje para abandonar la forma clásica, siempre la misma, repitiendo el mismo metro endecasílabo desde los tiempos de Boscán como si fuese el único. Repetimos también la idea porque no existe, nace muerta y en el poema permanece como una pirueta o juego de palabras que comunica lo menos esencial de la existencia como puede ser lo fatuo. Es una cuestión de formación. Estamos saciados de clasicismo y tradición. El tema del metro ha enraizado tanto en la cultura poética que quien se mete a poeta difícilmente puede salir de la tradición. La métrica del endecasílabo se ha convertido en religión y de allí no salimos porque algunos de nuestros grandes poetas han logrado excelentes sáficos o troqueos.
            En cuanto a las ideas, estamos atados de pies y de manos. Con el siglo veinte hemos presenciado la vuelta de lo metafísico y trascendente, hasta el punto de que la poesía habla de aquello que está al margen de la idea crítica, social, humana, personal o íntima, encubierto todo por un velo de misterio que deja el poema velado o enterrado en la oscuridad. No faltan ideas, lo que pasa es que el poeta tiene miedo a exponer sus propias ideas, políticas, religiosas, morales o personales. La poesía del discurso preciso ha desaparecido por la poesía de tesis. Los caminos están cerrados. A finales del siglo XIX, en 1892, un guatemalteco que vivía en París editó en Madrid un libro de hai-kus que fue el primero en nuestra lengua corrigiendo a Octavio Paz, quien afirma que fue el mexicano Juan José Tablada. Mucha de la poesía actual está muy cerca del hai-kus para alejarse de su propia identidad.
            Para comprender el problema hay que retroceder, ir más atrás, hasta los tiempos de Boscán y Petrarca, donde nace el estigma que heredamos. España no tuvo Reforma, no pudimos elegir el camino de la libertad. Tampoco tuvimos una reforma literaria en el tiempo en que Luzán publicó una de las métricas más avanzadas de su tiempo, "La poética" (Zaragoza, 1737), donde defiende claramente la tesis de que los poetas deberían escribir metros variados, al margen de los endecasílabos. Pero ningún  poeta lo leyó o no le hizo caso. Lo cierto es que cuando Moratín regresó de su exilio lamentó ver la decadencia que padecía España. Estas palabras suyas podrían aplicarse a la mayor parte de nuestra producción literaria actual: " La poesía lírica toda era paranomasias y equívocos, laberintos, ecos, retruécanos y cuanto desacierto es imaginable. En el género sublime: hinchazón, oscuridad, conceptos falsos, metáforas absurdas". No hay desperdicio. Según Moratín nadie siguió "la doctrina y el ejemplo de la Poética de Luzán".
            Todo esto quiere decir que en la época de Luzán se escribieron poemas ajustados al rigor de la gramática, pero muy alejados de la búsqueda o la ruptura, con muchos abusos que la convirtieron en disparate, como las falsas verdades, muy alejadas de la realidad, a través de laberintos anudados unos a otros, produciendo ecos o rimas de eco en el interior del poema. Se usó mucho como novedad el abuso de los retruécanos, esos juegos peligrosos de la palabra que maneja con habilidad el contenido de la oración alterando sustancialmente la idea. Este exceso, por supuesto, daba origen a la hinchazón del poema, la oscuridad y el caos. El mensaje era mesiánico, pero con despropósitos apoyado en conceptos falsos producidos por la imaginación, a través de metáforas absurdas abiertas como flores, por lo general estrambóticas, lo que para la época parecía ser el hallazgo del poeta. En poesía no se puede mentir. En su poema García Lorca habla de que tiró limones al río y quedó color de oro, a lo que un crítico venezolano comentó que el poeta estaba equivocado porque el limón es verde. Los dos tenían razón porque según el país el limón cambia de color.
            Llegado el momento de una nueva renovación literaria con el Modernismo los poetas dieron la espalda, con la excepción de unos pocos que produjeron frutos excelentes como Valle-Inclán, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Era la hora de la modernización de todas las lenguas cultas de Europa, pero los poetas entonces representativos, todos ellos los hombres mayores de finales del XIX, vieron aquello como un fenómeno devastador encabezado por un indio (Rubén Darío) en busca de laureles que daba al verso un golpe como ahora el rock. Don Juan Valera dijo que ya estaba bien de influencias francesas, que ya habíamos tenido mucha. Unamuno dijo que en lugar de europeizarnos los españoles tenían los europeos que españolizarse. Tuvimos un 98 más preocupado por la moral cristiana que por el porvenir de la lengua y el lenguaje literario.
            A la sombra de ideas todavía caducas entramos en el siglo XX. Si el 27 surgió fue gracias a poetas como Juan Ramón y Antonio Machado que habían experimentado en sus propias carnes el Modernismo y la dosis de libertad de pensamiento para guiar los primeros pasos de una poesía que no se ha repetido.
            El problema tiene dos cabezas: el problema de la forma y el problema de la idea. Pero el problema principal lo arrastramos nosotros en los prejuicios infundidos por la moral cristiana que nos enseñó desde niños el respeto a lo viejo por sagrado, con tal de mantenerse intocable e inamovible, a la par del ejército. Nos ha faltado la fuerza suficiente para revelarnos contra unos principios caducos, también porque el control sobre las ideas ha sido un papel que ha desempeñado la iglesia y el estado. Los programas de educación y comunicación de ideas han sido siempre manipulados por los mismos. Carecemos de ideas propias. Los señores encargados de mutilarnos la libertad de ideas son los mismos desde hace medio milenio. Nuestra cultura está en crisis desde que nació, hija de la religión y el feudalismos, y no hemos hecho nada por cambiar el curso de su historia. Bécquer ocupa el mismo lugar de romántico desde que se le ocurrió al primer gramático, pese a su poesía moderna que nada tiene que ver con el listón de poetas del Romanticismo, ni su escritura breve, rota, con el sello de otro ritmo y tono.
            A la hora del Modernismo nuestros poetas no estuvieron atentos a los cambios que la literatura experimentaba en Europa. La religión no estaba para reformas ni permitir la entrada de ideas vanguardistas y libertinas. Rubén Darío ha sido leído hasta la saciedad, sus poemas han sido declamados y se sigue leyendo. Pero la crítica literaria es una en España y otra en Latinoamérica. A partir de él, en América surgió un cuadro de escritores que han escrito verdaderas obras literarias. En España la crítica oficial, entiéndase por oficial los guardianes de la censura, nos han ofrecido un Rubén Darío hueco y vacío, que habla de princesas y príncipes que no deben interesarnos. El modernismo en España, a nivel de manuales y libros de texto, significó la poesía superficial y preciosista. Por el contrario, Darío fue un poeta social que supo envolver de belleza la miseria humana. La princesa del poema “Sonatina” de Prosas Profanas no es tal, es una joven encerrada por sus padres entre oros, prisionera de sus sueños y que no alcanzará la libertad hasta que no pase a otras manos seguras que será su príncipe azul. Es una crítica al machismo imperante en la época. El título del libro es sacrílego para la época: se refiere a las prosas que durante la misa se leen o cantan después del aleluya, y en lugar de ser sagradas son profanas
            Azul..., el primer libro del modernismo, de 1888, es un alegato contra la miseria, pero envuelto en una estética de belleza tal que nada tiene que ver con el contenido. Pero desde la estética de la belleza hasta lo más horrible como el hambre, todo parece bello en el libro.
            Este arte de tejido imbricado entre lo uno y lo otro —forma e idea— fue lo que faltó en España, no se leyó o se leyó poco y mal entre los poetas. Leer el Modernismo tiene sus principios como leer a Quevedo. Es el caso de Borges. Aleixandre llegó a la poesía tras descubrir a Darío en una antología que le regaló Dámaso Alonso.
            Nos ha faltado valor para romper con las ideas preconcebidas porque desde niños hemos aprendido la única lección en el cuaderno de la moral y el respeto al pensamiento de los mayores, hasta el punto de que hemos nacido viejos. ¿Dónde está la juventud?
            Cuando Rubén Darío publicó en Madrid su célebre poema la “Marcha triunfal” en la revista El Álbum, el 2 de junio de 1899, los jóvenes ultraconservadores que estaban al frente del periódico madrileño Gedeón, el 14 de junio, doce días después, publicaron el poema en verso libre “La Marcha triunfal del pedrisco”. Un ataque burlesco que da origen a la difamación que cobró importancia con el paso de los años, hasta el punto que a la muerte del poeta en 1916, el papel de disolución de su prestigio era evidente.
            El proceso de exterminio de una poesía culta había dado comienzo. Se echó mano de mucho desecho. Lo principal era eliminar el pensamiento crítico y potenciar la espiritualidad disfrazada de pensamiento filosófico. De esta manera la propagación de la idea nueva llegó a través de manuales y publicaciones que llegaron hasta los pueblos más remotos de la geografía.
            Aquellos jóvenes apasionados, defensores de la soberanía del cristianismo escribieron sin darse cuenta y por primera vez el verso libre, que por libre no es permisible aún hoy. A ello contribuyó uno de sus más fervientes defensores que publicó el Tenerio Modernista (1904) un libro exageradamente ridículo que tuvo la virtud de convertir el castellano en una jerga incomprensible. Las misiones religiosas lo llevaron por el mundo hispánico como escudo contra el modernismo, de tal manera que en Nicaragua pronto se dio un poema titulado “Chinfonía burguesa” y en Rayuela de Cortázar, que no tiene nada de clerical sino de literato, figura un capítulo que copia su estilo. En españa sus huellas son muy visibles, casi directas, aparece en el Gregerismo (1910) de Gómez de la Serna, y más tarde en el movimiento que tomó el nombre de Postismo (1945) al frente de Chicharro, Carriedo y Ory.
            Sin ideas claras no se puede dar la poesía. Con la llegada de la Dictadura se implantaron en España nuevamente las ideas del 98. Su teórico más liberal, José Ortega y Gasset, defendió la teoría del buen burgués sentado en el sillón de la aristocracia. De entonces a hoy hemos padecido el mal de la oscuridad, con la excepción de los grandes poetas. El problema es más grave de lo que parece a simple vista. Hace medio siglo se decía: "Cuando muera Franco surgirá la buena literatura". Murió Franco, llegó la democracia y con ella la libertad pero la poesía nueva no da visos de moderna ni de nueva.
            El asedio contra el modernismo fue incesante. Se contaron más de una y mil sátiras todas a cual más irrisorias sobre la figura de los modernistas y el movimiento, principalmente en torno de Rubén Darío. Uno de los fieles seguidores del modernismo, Juan Ramón Jiménez fue apodado “lilista”. Con la Dictadura el terreno fue favorable a su aniquilación y la poesía se escribió bajo el control de la censura que poco a poco fue convirtiéndose en autocensura, y con ella la libertad quedó aniquilada o autoaniquilada.
            Los poetas de los años 50 cansados de la dictadura (Blas de Otero, Zelaya o José Hierro) escribieron una obra coherente y de calidad que alcanzó eco más allá de las fronteras, pero la dictadura se empeñó en formar todo un aparato de destrucción a través de los críticos de mayor difusión, y los lectores terminaron por aceptar la etiqueta de panfletarios, que fue la manera de definir el discurso marxista. Por otra parte estaban los poetas de la sobrevivencia (José Luis Hidalgo, Caballero Bonald o Brines) que tenían que acatar a regañadientes los principios del Movimiento Nacional, a través de una poesía íntima, ligada a la pena de aceptar la resignación. Pero todos escribieron de rodillas entre el fusil y el Cristo. Hay nombres muy destacados que sobreviven hasta nuestros días. Fue el movimiento más brillante después del 27.
            Con la llegado del grupo de poetas del 70, llamados los novísimos, se cierra el siglo XX, se avanza en las formas más que en el fondo y se le supone un movimiento con similitudes parecidas al modernismo en lo formal. Con ellos la poesía española recobra vigor, son los verdaderos estetas de la palabra, pero todo ese enorme esfuerzo ha tenido pocos continuadores porque los poetas españoles posteriores a ellos todavía siguen a Lorca y a Miguel Hernández, quizá porque la calidad la miran a través de la tragedia. Fue un movimiento que se puede codear con los poetas del 27, nació del inconformismo de Gimferrer y alcanzó su cúspide con la poética de Jaime Siles. Quizá un día alguien resucite la poesía de todos ellos y la etiquete como una renovada generación que todavía no ha terminado de dar sus mejores frutos.
            Como podemos apreciar los poetas españoles del siglo XX han sido unos verdaderos artífices de la forma, pero no del pensamiento o las ideas, que es lo que el poeta deber ser, un conductor de la palabra y las corrientes del pensamiento. La autocensura dura más allá de la dictadura porque la censura es una marca o un sello impreso en la mente de quien escribe. Hay libertad formal, pero no compromiso de ideas. El mensaje político, la crítica o el inconformismo social son temas vedados, como el aborto, el sexo o la religión. Es como si el poeta viviera en el mejor de los mundos dando su canto a la primavera o a las cosas más tribales, de espalda a la realidad, cuando la misión del poeta es dejar un testimonio social de su tiempo.
            Puestas las cosas así debemos reconocer la carencia de una poesía en verso libre, totalmente liberado del verso libre métrico que ya hizo hace más de un siglo el poeta boliviano Ricardo Jaimes Freire. Además de libre esa poesía debe establecer una lucha de equilibrio entre la palabra y el contenido en busca del ritmo, pero que sea libre como el rock, sin un principio establecido que nuevamente conduzca a lo monocorde como en el verso métrico. Cada poeta podría tener su propio ritmo, que es como decir su propio tono, lo que caracteriza y distingue a un poeta de los demás. A la vez, cada poeta debería tener su propia temática y desarrollarla según la capacidad de fuerza de esa idea, lo arraigada que esté en él o la convicción con que la exponga. Ese sería el mayor reto de la poesía española, pero resulta difícil porque el poeta tiene que ser sincero y, después de haber padecido una educación de ocultamiento es casi imposible ser sincero.
            La crítica de Moratín sobre los excesos de la poesía del siglo XVIII: “paranomasias y equívocos, laberintos, ecos, retruécanos y cuanto desacierto es imaginable”, así como la “hinchazón, oscuridad, conceptos falsos, metáforas absurdas", sigue viva. Urge la reflexión de los poetas, tenemos poesía pero carecemos de un gran poeta con voz original que nos guíe. Hasta ahora quienes han trabajado la forma han creado filigranas talladas en palabras pero ha fallado el contenido. La uniformidad ha agotado el discurso y el discurso ha quedado agotado en su monotonía.
            El reto está en la reflexión. Nuestra poesía vive alejada de sus propios conflictos, al margen de la sociedad, la niega y los lectores la rehuyen. El Hip-hop, el Rap y las letras de sus canciones están a años luz de nuestra poesía todavía rebozada de clasicismo intolerante, rancio por viejo, en estado de caducidad como las teorías métricas de Petrarca.
            Cuando las generaciones nuevas salen de las aulas de la Universidad lo hacen nutridas de ideas viejas, ya caducas, impregnados del autor sobre quien escriben el mamotreto de la tesis doctoral, y el ciclo vuelve a comenzar. Esperemos que las nuevas generaciones, nacidas en otro tiempo y bajo circunstancias distintas, puedan darse cuenta de esta realidad y reaccionar a tiempo. Es una frontera difícil de establecer porque las aulas terminan por ser la misma repetición año tras año y mientras los sagrados conductores del pensamiento sigan manipulando los hilos de la libertad de pensar seguiremos escribiendo poesía de modorra y bostezo.



martes, 27 de noviembre de 2012

El centenario espiritual de Medardo Guido Acevedo

Miguel Fajardo Korea



El centenario espiritual de Medardo Guido Acevedo



Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Educación Mauro Fernández
Universidad Nacional de Costa Rica



            Guanacaste empieza a celebrar el centenario de sus más importantes  valores en diversas áreas del quehacer integral. Es ruta de crecimiento y madurez. En ese sentido, nos complace recordar a los lectores de la comunidad cultural y educativa, el centenario del natalicio del Prof. Medardo Guido Acevedo (Guanacaste, 8 de junio de 1912; 17 de mayo del 2007). Vivió casi 95 años. Sin embargo, no he leído ninguna nota, en ninguna parte, que recuerde tan significativa fecha para la cultura costarricense y, guanacasteca, en particular. Su deceso ocurrió hace tan solo un lustro.
            La vida ofrece posibilidades de realizaciones insospechadas.  En ese sentido, le agradezco al Creador las diversas tareas culturales que he podido concretar, a favor de la recuperación de la obra artística, en sendos libros, de singulares artistas del Guanacaste eterno, en su orden: Héctor Zúñiga Rovira, 1993; Sacramento Villegas Villegas, 1994;  Medardo Guido Acevedo, 1996;  Otras lunas, 1996; Ciro Montero, 2009, Jesús Bonilla Chavarría, 2011 y Lía Bonilla Chavarría, 2012. Es parte de mi compromiso y aportación a la bibliografía esencial desde Guanacaste.
            Desde aquí, doy las gracias a la reiterada confianza de la ASOCIACIÓN para la CULTURA de LIBERIA (Fundada en 1986), ejemplar organización cultural independiente, ganadora del Premio 18 de abril.  Dicha Asociación ha auspiciado cinco de esas investigaciones.  Las dos últimas, en coautoría con dos de sus miembros directivos.
            No preciso cuándo conocí a don Medardo Guido.  Desde niño escuchaba hablar mucho de él. Por eso, cuando me presentaron el reto de sistematizar su obra, no dudé en aceptarlo. Aún recuerdo la primera visita a su casa de habitación en el centro de Bagaces. 
Sacó un enorme cajón que contenía cientos de manuscritos y hojas con poemas, canciones y notas. Lo guardaba debajo de su cama.  Quedé anonadado al ver tan vasta y significativa producción artística.  Él me manifestó su absoluta confianza en mi trabajo sistematizador.  Adujo que se sentía orgulloso que yo emprendiese esa titánica tarea. Siempre  agradeceré a don Medardo esa confianza intelectual y espiritual en mí. 
Fajardo, Miguel. (1996). Cantares de la pampa. San José: Ediciones Zúñiga y Cabal, 187 pp. Edición de 1000 ejemplares. Portada de Juan Ramón Rojas Quirós. Su editor, el recordado Francisco Zúñiga Díaz (+). Es una edición técnicamente agotada.
La presentación editorial se realizó en el parque de Liberia, el 13 de febrero de 1996.  La asistencia fue multitudinaria, en plenas fiestas cívicas. Ese día, las municipalidades de Guanacaste colocaron una placa en la peana del parque Mario Cañas de Liberia.  El texto de dicha inscripción, de mi autoría, dice así:
“Prof. Medardo Guido Acevedo.  Hijo Ilustre de Guanacaste: Fajina del alma, perenne y abierta para sembrar en el grito cantares eternos, jineteados por las voces de nuestra tierra”.
Al año siguiente, se realizó la segunda edición de dicha obra. Fajardo, Miguel. (1997). Cantares de la pampa. San José: Asamblea Legislativa, 186 pp. Edición de 1000 ejemplares. Portada de Isidro Con Wong. Dicha reedición fue una iniciativa del exdiputado, Prof. Humberto Fuentes González. Sin embargo, no se me consultó ni se me pidió el permiso intelectual correspondiente, razón por la cual no asistí a las presentaciones editoriales, tanto en San José como en Guanacaste…  Como autor, exigí el envío de mis ejemplares de ley.  Edición no venal agotada, distribuida en bibliotecas y centros educativos.
Medardo Guido Acevedo y su esposa, Alida Alvarado Alvarado  procrearon diez hijos: Rose Mary, Dennis, Rosa Claudia, Henry, Mayra, Eduardo, Argerie, Ginette (+), Agueda (+) y Alvin (+).
La vida como búsqueda humana y creativa; como espacio de fuego en el ideal interior del ser humano es una convicción firme y honesta, que rigió el hacer artístico regional, popular y nacional del Prof. Medardo Guido Acevedo (1912-2007).
Con una formación sólida desde sus años en el Colegio Salesiano; respaldado por un magisterio poco común de 61 años dentro de la vida educativa costarricense, rompió los parámetros convencionales de un ciclo programado para el ejercicio docente.  Hoy, muchos quieren pensiones juveniles. Don Medardo fue designado EDUCADOR DISTINGUIDO de Costa Rica, en 1953, galardón compartido con la Prof. Lilia Quesada Orozco.
Su sabiduría acumulada fue luz para incontables generaciones privilegiadas de sus alumnos, quienes bebieron de su fuente magisterial de excepción.  Trabajó 47 años en la enseñanza pública y luego 14 años en la escuela de la hacienda “El Pelón de la Bajura”.
En él se conjugaron, con gran ventaja: al maestro, el padre, el escritor, el poeta, el estudioso de su contexto, el mensajero incansable de la cultura vernácula: la folclórica.  Su primer poema lo dedicó a su madre cuando cursaba el cuarto grado en la escuela Ascensión Esquivel de Liberia y su canción de estreno “A la distancia”, data de 1933.
Su veta artística fue inagotable.  Dentro de su registro musical hay ritmos de danza, contradanza, tambito, boleros, corridillo, pasillo, aires de punto, motivos regionales que sustentan su trabajo sin prisa, pero sin tregua, a lo largo de ocho decenios extremadamente intensos.
Toda una vida de casi 95 años con múltiples actividades, honestidad espiritual a prueba de siempre, son emblemas que expone dentro de su singular biografía este artista de la melodía y la palabra; este trovador del Guanacaste Eterno que amamos, cuya obra signa uno de los momentos estelares de la creación nacional desde Guanacaste.  Para don Medardo, la literatura fue una religión, porque el artista nace con la inspiración divina.
Sobre el trabajo de Medardo Guido, la recordada educadora María Leal de Noguera adujo que él era un “forjador de almas, creador de ideales”.  Igualmente, Aníbal Reni, un escritor con quien Guanacaste tienen  una gran deuda cultural expresó sobre Guido: “Este es uno de los últimos chorotegas que ojo avizor y soslayo perenne, atisba en cuclillas y en suspenso todo lo que nadie oye… ¿Qué más pedir si todo es alma?”
            Me correspondió hablar en sus honras fúnebres.  Él entendió que la vida es una encrucijada para encontrar derroteros espirituales.  Su  actuación educativa y cultural representa un paradigma de energía y una vocación de entrega ilimitada a lo largo de sus casi 95 años de plenitud. Fue un Maestro de Vida.  Su caso es el de un ser humano humilde, profundamente altruista y filántropo. Le gustaba servir a los demás.
            Medardo Guido le dio dinamismo y promoción artística a Costa Rica, desde Guanacaste, durante 80 años.  Lo hizo sin aspavientos, pero con honestidad humana e identificación raigal con su Guanacaste Eterno. La música, el arte, la poesía y su cabal sentido holista lo supieron mantener jovial, solidario y preocupado por el quehacer artístico de su amada tierra regional.
            Muy honrado con su  poema-homenaje “Ofrenda lírica”,  escrito el (15-12-1995), el cual exigió, con vehemencia, que se debía incorporar al libro “Cantares de pampa”, cuando el texto se encontraba en prensa. Hubo que complacerlo. Hoy se lo agradezco.
            Su honestidad espiritual, a prueba de siempre, es un emblema de la singular biografía de este auténtico trovador guanacasteco.  Ejerció el magisterio 60 años, dispuesto a compartir su sabiduría.  Conversar con él era otro magisterio.  Una lección de vida desde la llanura, sin falsas poses o soberbia intelectual como algunos imberbes de la actualidad.
            Hace 16 años tuve el honor en ser cómplice espiritual de don Medardo.  El libro “Medardo Guido: cantares de la pampa” (Miguel Fajardo, 1996: 187), compila su obra literaria y musical, dedicada a la recuperación y el reforzamiento de las tradiciones guanacastecas.  Dicho libro contó con el auspicio de la Asociación para la Cultura de Liberia  y las municipalidades de Liberia y Bagaces.  Al año siguiente se realizó  la otra edición aludida.
            La voz plural del Prof. Medardo Guido Acevedo fue la de un guayacán del espíritu.  La de un guanacastón en las dimensiones del llano. Ingresó en la GALERÍA DE CULTURA POPULAR COSTARRICENSE, en uno de los pocos homenajes de la oficialidad. En dicha ceremonia, me correspondió leer el discurso de su presentación en el Teatro 1887, CENAC, el 6 de setiembre de 1995.





Sigo creyendo que Medardo Guido Acevedo pudo haber sido un excelente candidato para optar por el Premio Magón de Costa Rica, por su fructífera trayectoria de 80 años, pero no fue así y fue una lástima.
Los guanacastecos, sus instituciones culturales y universitarias no nos hemos propuesto presentar y respaldar una candidatura por consenso de nuestros más ilustres artistas, quienes han entregado toda una vida a favor de la cultura integral de siempre, tal los casos de Jesús Bonilla, Medardo Guido, Lía Bonilla, para citar solo una triada de honor. Creo que sigue reinando la envidia y la chatez banal para reconocer a los demás.
            Medardo Guido: recordado Maestro,  tu espíritu guanacasteco recorrerá todos los predios de la pampa inmensa. Sé que seguirás indicándonos el camino de la verdad y el redescubrimiento del espíritu para afirmar el acento artístico con la guía de Dios como testigo. En Él creíste con verdadera convicción, sin timoratez.
Uno de sus últimos mandatos fue que no quería lágrimas en sus exequias.  Y así se le cumplió.  Fue un día de música, bombas, gritos, corridos. Era su espíritu guanacasteco. Fue animar su alma peregrina con sus propias composiciones.  Un homenaje abierto y sentido, popular, con convocatoria abierta para uno de sus hijos predilectos.
 Descansa, Medardo Guido Acevedo (1912-1997), Maestro de la mirada eterna. Intentamos seguir tus pasos, revivir tu pasión por la vida y la cultura. Entregarnos a las causas en las cuales creemos, para bien de la comunidad humana de siempre.






lunes, 26 de noviembre de 2012

JOSÉ LUIS TORRES VITOLAS, EL INSTANTE DEL INSTANTE

José Luis Torres Vitolas




JOSÉ LUIS TORRES VITOLAS,
EL INSTANTE DEL INSTANTE




Por Ricardo Llopesa





            El poeta Pablo Antonio Cuadra llamó "prosema" al texto breve que todos llamamos "microrrelato" por su condición de relato breve. Pero falta añadir el ingrediente imprescindible que es el lado poética sin el cual el texto estaría falto de su mejor aliado, que también lo proporciona el conjunto de párrafos, los giros y hasta retruécanos de la historia. Eso sí, el prosema precisa de una historia. Debemos tener presente a finales del siglo XIX la prosa se poetizó y el poema se volvió prosaico. Por tanto, el viejo esquema del poema y la sequedad de aquella prosa sosa desapareció, al menos en Latinoamérica a partir del Modernismo. Los primeros microrrelatos de nuestra lengua se dieron en el libro "Azul...", de Rubén Darío, en 1888. Para 1912 el mundo intelectual latinoamericano estaba impregnado de esa nueva corriente, desde que Herrera y Reissing los llevase a extremos límites de dos líneas. Por lo cual se puede decir que había nacido un nuevo género literario, diferente a la prosa y la poesía, un híbrido con mayores posibilidades de comunicación.
            Creo que las Universidades debían impartir dentro de sus cursos este nuevo género para que los aprendices de escritor dejaran de perderse entre Monterroso y su dinosaurio. José Luis Torres Vitolas, peruano nacido en 1971, tiene los rasgos de haber nacido para ser un buen escritor. Posée la originalidad. Su voz escritural tiene la particularidad de tener su propio tono, que es como decir: ritmo propio con sus propias cadencias. Hace tan suya la literatura cuando escribe el prosema con la naturalidad de las palabras y las cosas sencillas. Pero eso sí, el contenido se arropa en su propio nido envolviendo la atmósfera de la realidad hasta el grado de producir sorpresa, incluida la de la trama.
            Me estoy refiriendo a su libro "L". Así. No vayamos más lejos. La complejidad o la sencillez se esconde detrás de esa letra o ¿número? Tengamos presente que su primer libro de prosema lleva el título de "5:30". Más minimalista no puede ser. Lo cierto es que ha tenido el coraje de esconder el secreto de su escritura en el título, donde otro buscaría entre sueños la frase redundante de cola de quetzalt para contener en la expresión el principio, el nudo y el desenlace.
            Amante de la síntesis, Torres Vitolas reúne más de treinta textos, cada uno con su correspondiente título de una sola palabra. El prosema más breve figura en la página 90, se titula "Tul" y lo transcribo por la sorprendente brevedad: "¡Sí! ¡Así!... ¡No!..." Quien pueda que lo agarre, es fácil. Sólo necesitó tres monosílabos para construir una imagen que va por ahí, rodando de cabeza en cabeza, hasta en la de nosotros mismos.
            El libro "L" viene precedido de un Prólogo que firma Juan Carlos Méndez Guédes. Magnífico. Una palabra basta para explicar su precisión. Siempre he creído que todo prólogo sobra en un libro de quien no es un consagrado, pero esta vez alabo haber descubierto en las palabras del prologuista a un gran escritor. Es venezolano, nacido en 1967 y radicado en Madrid como Torres Vitolas.


jueves, 22 de noviembre de 2012

TRES POEMAS DE ELVIRA ALEJANDRA QUINTERO

Elvira Alejandra Quintero, Colombia





Para qué




Para qué asomarse a las ventanas del placer.
Más allá está la locura.

Más allá la vida renuncia a la elocuencia
La sedimentación continua de nuestro transitar.

El rito, acaso
De abrazar una flor y consultar silencios en los caminos plácidos del aire.

Más allá del placer, tal vez
La otra Elvira recorre el mundo con los dedos
Tras un espejo desnudo en las calles del tiempo.

¡Para qué...!


Del libro: Hemos crecido sin derecho

 



A nosotros




En este Cali abierto, entregado a los vientos
Repetido en los pasos calientes de la rumba
Repetido en el río que atraviesa los días
En este Cali hemos nacido.

Nosotros
Con el amor detenido en el cambio de un semáforo
Los tantos fantasmas de este Cali disperso
De este Cali revuelto a las seis de la tarde
Hemos vivido aquí.

Donde agosto fue el tiempo paseado de cometas
Y después la ternura tomados de la mano
Donde octubre miraba nuestros gritos en coro
El fútbol de la calle
Los besos de prisa.

Nosotros
Veranos repetidos en cada cigarrillo
Hemos querido a veces fugarnos por las calles
Y atravesar la tarde en los juegos de los niños
En este Cali impávido, caliente
Contado en los globos de colores del parque
Repetido en los pasos calientes de la rumba.


Del libro: Hemos crecido sin derecho

 


En el espejo cerrado



Se me devuelven las palabras
Me dicen
Prometen asustarme allí donde el vacío espejo ha cerrado los ojos

Podría decir una y otra vez lo mismo pero sería distinto
Otra cosa
Otra pared manchada con la mugre diaria
Y esas tristezas que se pegan y resbalan parecido a los carteles
Sólo los espejos
Dilatados y absortos esperando en fila la llegada de una promesa que alguien decidió no recordar

Una mirada
Una luz oscura porque es en el Centro de la noche
Allí donde las pupilas logran su redondez perfecta ansiando no caer

Se me devuelven como si intentaran hallar una forma perdida, algún crepúsculo instalado en las cuatro de la tarde a la mitad de la semana
Y entonces pienso en Él
No en el espejo cerrado.


Del libro: La noche en borrador