En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



jueves, 31 de diciembre de 2009

poemas de pablo menacho

Pablo Menacho, Panamá









Una Tarde en Ítaca








1.

Ya contemplarás
la vastedad del agua
desde las entalladuras,
agrestes y amorosas,
de los Picos de Europa,
allí donde descansó la mirada
saturada de palmeras
de los navegantes
que desandaban asombrados
el camino de occidente,
templadas como el éxtasis
de un druida
que aún persigue las esencias
en la huidiza luz del otoño
que busca refugio
entre las ruinas
de un monumento circular
y milenario.




2.

Pero hacia el este,
donde una mujer
sentada en el umbral
cuenta los días
cansada de tejer
y destejer los recuerdos
y las embestidas del olvido,
en tanto que observa el mar
con ojos tristes
(arrasados tal vez por el agua
que humedeció la incertidumbre
de un abrazo que tarda
la longitud del infinito),
a la espera de que llegue la esperanza
curtida por los años de derrotas;
los argonautas remontan
las encrespaduras
de la aurora
arropados en los vientos
de una mitología inconquistable.

Se les vio partir sin ruta prefijada,
navegando siempre a barlovento,
siguiendo las sutiles señales
trazadas en el aire
recién lavado con la clepsidra
iluminada por una claridad ambigua.




3.

La tarde última
en que contemplamos
los pelícanos,
alguien venía detrás
de los cristales
empañados por el agua
del invierno.

En su piel afloraban
las cicatrices
de los antiguos lances
en que el amor,
vestido con el resplandor acogedor
del regazo de la ninfa,
tendía sus trampas ancestrales
aferrado a viejos demonios
y odaliscas.


4.

Puede ser que hoy
transitemos las mismas horas
de costumbre,
enfrentados al minotauro transparente
que enmascara la coherencia,
el que elabora verdades irreversibles,
el que invoca las certezas
y los circunloquios,
el que traza oscuros mapas
que nos lleven despistados
al futuro,
el que no deja resquicios
para que moren allí
el escepticismo
y las incertidumbres.



5.

Con este nuevo advenimiento,
mientras tus ojos se llenan
del azul de los océanos
y alguien planifica la caminata
hacia la ciudad prohibida
donde las señales
son tenues hilos
de un pasado que reencarna,
donde un concilio
de maravillosos espejismos
irradia la pureza
en la extrema delgadez del aire,
prefiguramos el crepúsculo:
la invocación
de una barbarie inconfesable.



6.

Siempre queda espacio
para reiniciar
el viaje que presagia
los reencuentros,
alimentados por las llamas
de un brillantísimo resplandor
de velas apagadas,
abrigados por un himno
musitado por gaviotas asustadas,
esas que emanan
al final de tus cabellos
cuando desaparecen las ciudades
en la bruma plomiza
de los horizontes.



7.

Hemos aprendido claramente,
al leer los cuadernos azules
de Kavafis,
que lo importante no es llegar
al difuso puerto que te aguarda
al final del recorrido
que se emprende,
todo es un peregrinaje singular
de las mariposas
que se disuelven en el tiempo
para transfigurarse
en un ángel sin alas
que se desplomó del paraíso.

Y si el destino
es encontrar la isla
que pintaba en los cuadernos,
quizás nunca alcancemos
los bordes de lo onírico
mientras nos acosen
los fantasmas del apocalipsis
rondando la atmósfera perforada
del planeta.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

poemas de otto rené castillo

Otto René Castillo, Guatemala



Viudo del mundo







Compañeros míos
yo cumplo mi papel
luchando
con lo mejor que tengo.
Que lastima que tuviera
vida tan pequeña,
para tragedia tan grande
y para tanto trabajo

No me apena dejaros.
Con vosotros queda mi esperanza.

Sabéis,
me hubiera gustado
llegar hasta el final
de todos estos ajetreos
con vosotros,
en medio de jubilo
tan alto. Lo imagino
y no quisiera marcharme.
Pero lo se, oscuramente
me lo dice la sangre
con su tímida voz,
que muy pronto
quedare viudo del mundo.








Distante de tu rostro






Pequeña patria mía, dulce tormenta,
un litoral de amor elevan mis pupilas
y la garganta se me llena de silvestre alegría
cuando digo patria, obrero, golondrina.
Es que tengo mil años de amanecer agonizando
y acostarme cadáver sobre tu nombre inmenso,
flotante sobreo todos los alientos libertarios,
Guatemala, diciendo patria mía, pequeña campesina.

Ay, Guatemala,
cuando digo tu nombre retorno a la vida.
Me levanto del llanto a buscar tu sonrisa.
Subo las letras del alfabeto hasta la A
que desemboca al viento llena de alegría
y vuelvo a contemplarte como eres,
una raíz creciendo hacia la luz humana
con toda la presión del pueblo en las espaldas.
¡Desgraciados los traidores, madre patria, desgraciados!
¡Ellos conocerán la muerte de la muerte hasta la muerte!
Por que nacieron hijos tan viles de madre cariñosa?

Así es la vida de los pueblo, amarga y dulce,
pero su lucha lo resuelve todo humanamente.
Por ello patria, van a nacerte madrugadas,
cuando el hombre revise luminosamente su pasado.

Por ello patria,
cuando digo tu nombre se rebela mi grito
y el viento se escapa de ser viento.
Los ríos se salen de su curso meditando
y vienen en manifestación para abrazarte.
Los mares conjugan en sus olas y horizontes
tu nombre herido de palabras azules, limpio,
para lavarte hasta el grito acantilado del pueblo,
donde nadan los peces con aletas de auroras.
La lucha del hombre te redime en la vida.

Patria, pequeña, hombre y tierra y libertad
cargando la esperanza por los caminos del alba.
Eres la antigua madre del dolor y el sufrimiento.
La que marcha con un niño de maíz entre los brazos.
La que inventa huracanes de amor y cerezales
y se da redonda sobre la faz del mundo
para que todos amen un poco de su nombre:
un pedazo brutal de sus montañas
o la heroica mano de sus hijos guerrilleros.

Pequeña patria, dulce tormenta mía,
canto ubicado en mi garganta
desde los siglos del maíz rebelde:
tengo mil años de llevar tu nombre
como un pequeño corazón futuro
cuyas alas comienzan a abrirse a la mañana.







Tu hombre se despide, amor mío






Me voy
pero no te preocupes
si antes del otoño
no he vuelto todavía.
Es lejos mi país
y sufre tanto,
que uno es incapaz
de ser feliz,
lejos de sus torres.
Aquí lo tengo todo.
Nada me falta,
ni siquiera mi soledad.
De todos lo guatemaltecos
pobres, yo soy quizá
una excepción ahora.
Y como mi vida entera
luché contra toda excepción,
porque quiero siempre
que la misma sea la regla,
tengo que irme, así de común,
barato de egoísmos.
Me voy,
pero no te preocupes
si tardo un poco en el regreso.
Un día en otoño me verás llegar.
De lejos, con polvo aún en los cabellos.
Y muchos golpes recibidos, mucha hambre.
Por ese simple día, amor mío,
habré luchado muchos años.
Por ese simple día, amor mío,
habré esperado muchos días.
En lo alto de mis ojos
verás que aún persigo
una estrella lejana
y que no he podido volver
sobre mis pasos,
porque la luz del alba
me sigue seduciendo.
Amor mío,
tu hombre se va de nuevo
a los combates por la dicha.

martes, 29 de diciembre de 2009

poemas de edgar allan garcía

Edgar Allan García, Ecuador








SOBRE LOS IJARES DE ROCINANTE







mi padre tenía manos generosas
muy pocas veces puño o índice acusador
en largas vigilias escuché sus palabras
con la impavidez de quien mira
llover en macondo
(no había en mí tierra madura
para recibir sus profecías)
pero sin saber cuándo ni de qué forma
encarnó sus sueños en los míos
él olvidaba con frecuencia mi edad
solía confundirme con un niño
de perinola y cometa
para añorarme a su manera
otras veces me tomaba por un viejo
muy querido fantasma
y a él le contaba uno a uno sus silencios
mi padre decía que hay borregos y pillos
con mucho miedo y poca vergüenza
o que la vida tendrá que ser otra
o en el futuro o caray o qué cosas hombre
cuando pequeño tuvo una fiebre
que hizo estragos en sus ojos
sin embargo a nadie he conocido
que pudiera ver con tanta precisión y cariño
cosas y seres aparentemente pequeños:
ahí donde otros pisaban
él se hacía a un lado y dejaba
o ayudaba a pasar
esa actitud cotidiana lo convirtió
en sospechoso de buenismo inclaudicable
hecho que motivó el ensañamiento de sus enemigos
mi padre escribió un libro de poemas
y en uno de ellos me decía: "qué alegría
tan grande sentir cómo se agiganta
la espiga de tu espíritu
y se proyecta mi consciencia en la tuya
confundida en la sangre que te dio mi esperanza"
luego abandonó la poesía
(había labores más urgentes)
pero ella se negó a abandonarlo
aduciendo pretextos desesperados
mi padre un día de cuyo nombre
no quiero acordarme fue declarado muerto
por médicos que nada saben de estas cosas
y bajó al útero de su tierra
montado sobre los ijares de rocinante
no dijo luz más luz
sino soledad otra vez soledad
porque han de saber que para los buscadores
el vacío es una sanguijuela voraz
adherida a las sienes
para muchos él siempre había medido
un metro con setenta más o menos
pero aquel día de acuosa y asfixiante sombra
vimos cómo su corazón rompía
el maderamen del ataúd
las paredes de la casa
los invisibles muros de la ciudad
y por sobre gritos escandalizados
de amigos y parientes
la certeza de que teníamos aquella enorme
y palpitante herencia nos hizo dejar de llorar
(salvo una que otra lagrimita)
durante todos estos años
mi padre entra a veces a mi cuarto
por las ventanas abiertas y se sienta
al escritorio a amasar poemas
que luego digo que son míos
(por no delatarlo)
con el tiempo nos hemos acostumbrado
a nuestra soledad inexorable
y en los espejos ya no hay desencuentros
ni miedo ni angustia
solo el reconocimiento de la entrañable
hermandad que nos agranda.







COSMOGONÍA ELEMENTAL






en el principio era el caos
entonces apareció ella y puso la ropa
en su lugar los zapatos en su lugar
la hermosura en su lugar y el corazón
del hombre en el lugar preciso
durante los restantes nueve períodos
construyó universos semejantes
a un cuarto de juegos para que en él
retozaran gritos balbuceos y risas infantiles
(vibraciones desconocidas hasta entonces
en aquel espacio desolado)
al amanecer del tiempo noveno
emergió él (primogénito conforme
a sus semejanzas) de las entrañas de ella
y en un principio fue el niño más dulce
la alegría más profunda el más educado
y sumiso y ordenado (o casi) pero pronto
anheló conocer mejor
palpar otros mundos
desafiar la gravedad y el poder
besar la redondez primigenia
de otros cuerpos
desde entonces vive de su sudor
en un barrio de seres extraviados
luminosos absurdos como el caos.







ACERCA DEL USO INDISCRIMINADO DE LOS SUEÑOS






el poeta la soñó febril
minuciosa implacablemente:
formó primero sus ojos enigmáticos
y los dejó flotando sobre dos cuencos de luz negra
soñó luego en su pelo ola de miel salvaje
y en su boca pequeña y carnuda brillando
al final de una palabra misteriosa
determinó la altura de los senos
su consistencia el cálido temblor
del movimiento: en la cima
dos gotas púrpura destilando humedad
creó entonces un ombligo ojival
(ranura hechicera desde donde
-según él- se podía espiar el universo)
y colocó de par en par las ingles anunciando
profundos deliciosos mares internos
moldeó caderas altas nalgas atrevidas
espacios escabrosos
vellosidades
hoyuelos
en tanto las piernas largas largas se perdían
al final del sueño como un paso de danza
semejante al de la Pavlova
en sus buenos tiempos
el poeta la ha soñado
febril minucioso implacablemente
(igual que aquel mago taciturno
soñó un hijo en el cuento inolvidable de Borges)
pero ahora que la siente moverse
como una serpiente de oro bajo su cuerpo
ahora que por fin escucha su oscuro murmullo
inundando la casa y esos labios tiernos y brutales
succionan noche a noche su piel
de lobo solitario el poeta duda
con una duda terrible obsesiva:
¿y si él -brujo de la noche- no es más
que fantasma o simulacro en el sueño
de una mujer taciturna?









"…pero entonces entre la niebla del sueño
llega exuberante y sudoroso un
pubis que haría poner de rodillas
al universo…"
EAG




OH SEXUS PLEXUS NEXUS







ciudad mitológica
laberinto de piedra negra
campanarios flotantes estalactitas
niebla no pájaros no perros no nadie
solo ella
inasible a contraluna
pandereta en mano
entre luciérnagas salta gira vibra
nueve puertas abiertas su cuerpo desnudo
serpiente que danza y canta y viene hacia mí
con olor a almizcle a amapola a piel húmeda
oh hembruna rotación de universos
mira cómo resbalo en tu vientre aceitado
y me pierdo en tu ombligo de almendra
oye cómo despiertan los elfos
que habitan mi pecho
oh sacerdotisa de la carne
oh anaís perversa
que de cerebelo a escroto
me enredas en el anillo de tu cuerpo
y en mitad del ritual líquido me obligas
a gritar: oh peces de éter en remolino
este es el limbo este es el sueño donde abro
y penetro -yo cachorro electrizado-
la ansiada anémona calientede anaís la bella.

lunes, 28 de diciembre de 2009

poemas de edel morales

Edel Morales, Cuba










Un poco de amor en la mano izquierda







Estoy sentado en la misma piedra que mi mano quiso.
No pregunto, ni blasfemo, ni escojo nada.
Sonrío como un héroe de novelas triste y solo.
Fumo para quemar las semillas más terribles del miedo.
Y miro en silencio a través de la ventana.
En los círculos que las luces dejan sobre los parques abiertos
alcanzo a ver un rostro que sostiene el fuego.
Cerca los perros muerden este diciembre blanco y mudo.
Nada recuerda esta noche el tiempo feliz.
Por esa helada quietud se han marchado los amigos,
luego también las escasas muchachas.
No pregunto, ni blasfemo, ni escojo nada.
Sonrío con la bondad y dureza que he visto sonreír a mis héroes
y espero en silencio la próxima lectura.
Afuera pasan los días de Navidad.
Entrañablemente azul tras la muda hojarasca de diciembre,
el fuego de los creadores sostiene mi cielo.
©Edel Morales








1983 no era un año triste







Guarda esas fotos en el forro de tu abrigo,
y guarda esa cara de circunstancia:
1983 no era un año triste,
lo sabes tú y lo saben las paredes del Club.
Deja que el tiempo arrastre esas nubes.
Deja tu rabia vagar en esta carne blanca y suelta,
la carne que el cielo te dio.
No trates de explicar el color de las luces.
Escoge una pregunta
cercana a la claridad de las voces más jóvenes,
y guarda esa cara de circunstancia.
Lo sabes tú y lo saben las paredes del Club:
1983 no era un año triste.
©Edel Morales








Mar Atlántico







Como en las fotos del Mar Atlántico,
que Enrique guarda en el forro de su abrigo,
ahora todos
miramos al cielo fijamente.

Con su guitarra y su silencio
Fran arpegea en las botellas, y quiere llegar,
y la vida vale o no, pero aquí estamos.
Tere afirma su manía de nubes en la boca
y sus príncipes mendigos
que nunca quisimos comprender,
porque la amábamos tanto;
la amaba yo soñando en el muro
de espaldas a las preguntas de mi cuerpo;
todos, alguna vez, fuimos su insomnio verdadero.
Si todavía Mandy fuese el mejor anfitrión,
Monsieur Zaping in Zaping's Club,
descorcharíamos otra vez la Havana,
y el pasitrote de Fernan perdido en las minas
sería el más fantástico juego,
la mayor felicidad para los golpes de Ale.

Eran otros años, nosotros demasiado jóvenes
para entender esa historia
de gente dispersa en el mundo.
Nosotros demasiado jóvenes pero muy seguros
de que Fillo no mintió,
de que a medio paso del dos mil no se regalan islas.

Como en los rostros del Mar Atlántico,
murales del Zaping's Club
jamás borrados por el peso de la bruma,
cada uno es el genio,
todos latiendo en un mismo corazón,
vigías de un tiempo
que nos costó la infancia.
©Edel Morales








Con el muro a la espalda








Murió el tiempo de los cómplices.

Felicidad de las horas girando hacia el día
de llamarnos cómplices
—relámpago, aproximación, tiempo de los cómplices
ya muerto.

Cómo querría encontrar ese alguien
que confirme la inasible nostalgia
en su retorno y escape.
No he pedido que aparezcas igual,
con el muro a la espalda
y una lealtad más fiel que los brazos pactados.
Pronto es para engañarse.

Sólo por hacer algo fija las estrellas ganadas,
los años que ardieron
como el aire fuerte en la dispersión del fuego.

No olvides tú ese rumor que escapa.
Murió el tiempo de los cómplices,
ha muerto.
Y miro la ciudad volver de sus mejores días.
Y miro la gente que va y viene despacio junto al mar.
Y me pregunto con el muro a la espalda:

¿Tan solo será la vida
un tiempo posible?
©Edel Morales

domingo, 27 de diciembre de 2009

poemas de tomás harris

Tomás Harris, Chile



Las utopías son putas de miedo




No a las damas, amor, nos habían dicho,
cuando una noche al centro del valle,
en un sueño de perro,
se nos apareció el amor perfecto;
calzaba sandalias rojas de plástico transparente,
toda ella iba mojada,
el pelo libre
de caer
sobre la túnica magenta que se le pegaba a las tetitas
de perra joven;
olía a sal,
a transparencia,
a imaginación,
a hornacinas,
a trébol de cuatro hojas;
dos aros de oro puro terminados en una perla pequeñita
y perfecta/la perforaban por lo lóbulos;
nosotros hicimos una cola, una larga e inacabable cola
donde ninguno acabó nunca;
yo le mamaba los pezones
por sobre la bambula magenta
de la túnica;
al final, la sentíamos adentro, por aquí,
en el bajo vientre, toquen,
nadando como un pez fosforescente
en una redoma demasiado pequeña para sus ganas;
pero/nosotros sabíamos que las utopías son putas de miedo,
algo había que hacer para ahuyentarla.
-No tenemos patria, ciudadana, le gemimos,
-somos Nadie gritando Nadie nos ataca.
-ámenme un poquito más -susurró la puta-
hasta que acaben en mis sábanas;
pero nosotros sabíamos que eso era un paso más hacia
la muerte,
oscura esta muerte y lenta,
la india cruel se nos iba abriendo
como fauce,
la muy magenta,
la pringosa,
fétida a sal, oro,
a transparencia,
a horno
a trébol de cuatro ojos penetrantes, quemados:
-ámenme un poquito más- gruñía,
mientras la noche no acababa,
la noche nunca acababa.





Los sentidos del relato
(de "Cipango" -1992)



Te voy a contar una historia,
te voy a contar una historia, paloma,
aquí en esta solitaria playa de Cipango,
desnudos tu y yo,
aunque sólo sirva para disminuir un instante de tu odio;
a esta historia miserable
la investiremos de gesta,
de gesta individual y podrida,
gestada entre el silencio y el cielorraso,
entre los crujidos de la noche en medio del vacío
y con el deseo como único sol fulgurando al borde
de la muerte;
esta gesta de la nada que te narro
debe ser como una fuente de perlas y rubí,
el blanco y el rojo confundidos
en estas sábanas junto al mar
para derramarnos al siguiente paso
este es mi deseo: así como te he cubierto,
así como me he derramado en tu cuerpo tan joven,
así,
derramarme y cubrir este panorama desolado
que contemplamos
mar y silencio,
rezumantes de jugos corporales,
tú y yo:
Ya se apagaban los últimos neones como emblemas
de un falso mundo luminoso,
ya se iban los 90,
la peste desbordó por esos mismos parajes:
estas que ves frente a tu cuerpo todavía tembloroso,
pálidas y desmedradas,
a punto de apagarse para siempre al primer soplo
de verdadera pasión
son las últimas ciudades de Sudamérica:
Cipango, Tebas,
Cathay, California,
Argel, Tenochtitlan:
perros son esos que ladran en las esquinas
contra el miedo;
viento, esos murmullos que sobrevuelan los callejones
borrando las señas de la muerte;
tiempo, eso que transcurre sin huella,
empedrando las ganas, esas momias de nuestros pueblos;
estas que ves son las 7 últimas ciudades de Sudamérica
como 7 planetas de barro y silencio
fulgurando sin luz propia
en 7 descampados estancos:
aunque el camuflaje sea perfecto,
la ornamentación de la decrepitud y las tablas y la tierra,
esta gesta transcurre en pleno Reino del Poder;
soy el viejo Helicón y no miento,
es peligroso, paloma,
que estemos aquí en esta playa baldía
hablando como hablamos
de la muerte,
del amor,
del silencio;
es peligroso hablar así:
yo no sé nada de poesía,
sólo me sé a tu lado
en esta intemperie,
en los márgenes de Cipango,
bañados por la luna cruel.






El puente sobre el Bío-Bío




Este es el puente de Brooklyn
sobre el río Bío Bío, el de los lagartos
venenosos.
Y este es el barro,
mezcla de agua y de lluvia,
mezcla de tierra y de baba animal,
de tierra y desagües,
de tierra y de sangre,
de tierra y de semen,
de tierra y sudor,
de tierra y residuos de mar:
de esta sustancia lúgubre se dice que fue
hecho el hombre,
recubierto después con lana o sintéticas fibras
el cuerpo,
transformadas más tarde en harapos sin origen,
vueltos negros, vueltos jirones, vueltos polvo.
esta es la luna,
viene desde lima, en el virreinato del Perú,
va hacia Nueva York;
brilló sobre un millón de mendigos en el Perú,
brillará sobre diez millones de mendigos en Nueva York,
brilla sobre miles de mendigos en Concepción de Chile.
Esta es otra década turbia, sólo que con miles o
millones de muertos más.
La vida y la muerte
cosa de números
y de superposiciones.






Kafka




Anoche soñé con Kafka:
No me leas, me dijo en el sueño,
si no me has leído; o no me releas,
si ya me has leído
y quieres recordarme
un poco nuevamente.
Guárdate de mis señales,
continuaba Kafka en el sueño.
Mis gestos y mis fraseos,
olvídate de Milena, Felice, Dora Dymant,
de la noche en el Hotel Gmünd, del sexo vano.
Del agobiado cuerpo,
de mi destino de anima del bosque;
Libre de toda compañía abrupta, tiende mejor
un manto de olvido sobre esos nombres,
cobíjate en el cuerpo de tu mujer,
mañana saldrá el sol impostergablemente
y no te deseo sombras,
laberintos mentales,
abotargamiento,
tarros oxidados, piedras para
patear por el camino hacia el trabajo;
A todo esto, ¿dónde trabajas?
-Alguna vez fui profesor rural,
otra vez fui profesor universitario,
no me he tenido nunca como buen profesor,
le miraba las piernas a las alumnas,
estaban todas desnudas en el Aula Magna;
menos como mejor maestro,
me han expulsado de mi cátedra
ya varias veces y con el pelet puesto,
sin mi peluca rapada
ni mis gafas negras.
Pero menos rodeos: -bueno,
yo era un topo
tan grande como jamás he visto otro;
ahora trabajo en la Biblioteca Nacional,
nada que ver con Borges,
en eso se equivocan mucho
algunos amigos o conocidos:
ni tanta lectura que me enrojezca los ojos,
es la contaminación,
los inclementes computadores,
las derrotas por el ciberespacio:
¿Borges?, preguntó Kafka,
ese tipo que tradujo tan mal mi repugnante
Metamorfosis, como la hubiera escrito él,
dijo Kafka en el sueño,
justo cuando lo iba a decir yo; sonrió, obvio que era una
sonrisa amarga, de bilis negra:
vamos, hombre, le dije,
mañana tendré que releerte inevitablemente, creo,
así operan los sueños.
relee a Freud mejor, me dijo Kafka
justo cuando comenzaba
a salir del socavón del sueño,
y olvídame, vamos,
es mejor que tomes una ducha ahora
y mastiques el acostumbrado desayuno,
pan negro, chocolate caliente,
y una paletada de mantequilla,
una paletada/de mantequilla.

sábado, 26 de diciembre de 2009

poemas de floriano martins

Floriano Martins, Brasil



NATURALEZA MUERTA







Cadáveres en lágrimas,
¿no hay nada más inverosímil en tu existencia?
Tres tramos de escalera antes de la caída,
garabateabas de memoria unas palabras finales.

¿Con quién hablabas en tu camino hacia el abismo?
¿Qué voces heridas y extranjeras
rugían en tu drama, casi borrachas, casi voces?
¿Será acaso tan inmensa la eternidad que no podamos encontrarnos
en una tarde de sábado?

Silencio rocoso, enfurecido en su casco carcomido,
¿qué vicio tan extraño convierte todo en angustia?
Cadáveres listos para una cena de dolores,
sollozante cosmogonía reclinada en el vacío, ríos de insectos piojos
róbalos muertos pulgas babosas lentejas podridas latas de aceite
—naufragio quemante— herrumbre de faros, tumbas fluctuantes
¿estupor frente a la sangre de las noches?

Hay una distancia ya clásica entre lo que piensas y lo que eres,
tinieblas de actitud, bautismo de cruces, sofismas gastados, coro de
ángeles, siempre un mismo puerto de aventureros, lugar poco
probable para nuestro encuentro.
Más aún cuando no te rebelas, entre cadáveres remando contra la muerte,
restos de comida fractura de muletas gordiano de heces —¿de dónde
cae el tiempo?—el verso se quiebra en todo momento

¿Dónde estás? ¿Dónde habitas?
Indago dónde podrías haber nacido.
Habitualmente rodeado de cadáveres,
¿tu noche será la gran industria de los desvalidos?

Metáfora decaída, cantina de precios exorbitantes, estamos siempre a
dos pasos de algo, pérdidas acumuladas, rutina de miseria soluble y
pastel de ansiedades —¿será éste tu mundo descomunal, tu biblia
que todo abarca pero nada percibe en lo íntimo, pandereta de la
joven Esmeralda, mujeres tatuadas a estilete, muchachos cercenados
por no portar armas, un huevo de tortuga del cual escapa un yacaré,
la suprema gloria de la superficialidad, muerte entre la piel y el
abismo de los sentidos, bandejas de bayas y uvas servidas en
conferencias de paz, artistas al vacío, suplentes de alquimistas
accidentados en el trabajo, imbéciles especulativos, cucarachas
familiares, durazno pitomba açaí todo de oro, muerte eterna, ¿será?
¿En qué océano descomunal te escondes, poeta?
Disfraces: una amargura telúrica una máscara dionisíaca un
barroquismo ululante -ah, manera formidable de no estar en el mundo.
Un demonio triste escribe un banal itinerario de arrepentimientos.

Tus cadáveres ya no te soportan.
©Floriano Martins










SI LA NOCHE CAYERA









¿No te renuevas?
Un sentido sibilino evocado,
la obsesión por el misterio que recorre la noche en harapos, ausente
de sí o al menos tomada por lo que no comprende,
es así que nos damos las manos,
la voz de Paula Cole en el concierto de Peter Gabriel,
en tus ojos, en tus ojos, me recuerdas que Nerval decía a George Bell
que se nutría de su propia esencia y no se renovaba.
Somos subversivos patéticos o lánguidos apasionados,
dopados por las comodidades del registro civil,
sudores enojosos, un devaneo cartesiano,
nada que nos eleve al supremo nivel de metáfora alguna.
¿A qué temes en tu paseo nocturno?
¿El drama de la noche será tan compacto voraz penetrante como la
idea de que cruzas despierta delante de todo?
¿No abrirías una ventana en tu piel?
Vista nocturna, tarjeta postal, escena perdida de un film,
¿lees todavía mi cuerpo en libre asociación?
Tenemos sexo con los hijos y amigos, nos sentamos en un bar para
grandes carcajadas nocturnas, lo auspicioso no necesita interpretación,
en tus ojos, asombros florales tomando forma humana, el libro que
se lee a sí mismo consciente de la existencia de otras páginas,
garabatos de un dilema fatídico,
nunca supimos lo que ocurrió en realidad.
Un mito cualquiera se agita,
tú eres mi gozo, seré tu inmensidad.
El arreglo floral sobre la mesa nos dice que la noche insiste en recuperarse.
El verso cae sobre el paño.
¿No te renuevas?
¿Quién hace la pregunta?
"El desánimo ha escrito versos mejores que la alegría de vivir". Esto
se dice en todo instante a un corazón que se siente traicionado.
Páginas de desaliento, rostros sofocantes, no eres nada, tú no eres
nada y aún así te amo,
oh infierno cortés, dinastía de sentidos objetivando algo,
el amor sigue siendo toda la intransigencia posible,
el golpe menos artificial del ser,
el abuso central de nuestras limitaciones.

Al menos, si la noche cayese yo podría abrir tus brazos de un
extremo al otro y colgarte de ella, lamiendo tu cuerpo en negación de
todo sacrificio, hijos, sexos, planes,
bendiciones, sudores, financiamientos, mi lengua dando cuenta de
tus sabores; la noche, la noche no es nada, Nerval, el mundo cae
sobre nosotros el día entero,
amo y desamo a toda hora, lo que en mí hay de más mediocre no
espera ya la noche para manifestarse,
no vamos a ninguna parte, dopados por laudos inventados, acuerdos
de sindicatos, votaciones en la cámara,
tu cuerpo suspendido y sin sentido, porque ya no sé qué hacer con él,
ya no sé qué cosa escribir.
¿De qué muere exactamente la fe en un cuerpo?
¿Del anuncio de un método? ¿De una sospecha de fraude?
©Floriano Martins










ABUSO DEL VÉRTIGO









El coloso en fragmentos me desgarra.
La tortura se mantiene en pie.
René Char









Cobijo tu cuerpo en mis manos,
entre rayos de sudor, desfallecido.
La ruina de la belleza (¿querida fealdad?)
es que siempre retorna a sí misma.
¿En qué punto extremo de tu amor
brota la renuncia a la insensatez?
Un cuerpo desamparado me insulta
con su humanidad fuera de lugar
Escombros que se acusan entre sí
por el despreciable vértigo alcanzado.
Avaricia de formas con qué osar
el centelleo de mil voces trepidando
en sacrificio, como si la noche, oculta
en la fortuna de cada habla desventrada

fuese la llaga deífica, sol o cenizas.
Evanescente como estás, me abisma
seguir leyendo un torrente de páginas
en la piel blanca y deshecha de sentido,
abismo que es el centro de la angustia,
hortaliza victimada por la consagración.
¿Es la memoria un cínico abuso del dolor?
¿De qué está hecha la tragedia de la belleza?
Tambor de voces, relato de gozos, luz
faltante sobre el escenario en ruinas.
Placer de caídas que nos alimentan.
Designio, veneno o ruego de plagas.
Sé que te pierdo ahora, en mis brazos
no tengo sino el fulgor de tu muerte.

Lo que dejo de ser se tritura a sí mismo,
suplicio que acentúa la miseria humana.
Indicios de pérdida albergan disfraces.
¿De qué muere algo muy dentro de nosotros?
Anuncio y sigilo, odio y amor, pequeña
o gran muerte, en intervalos o no.
Cómo dolía en ti el verbo imposible,
conjugar el dolor en vicios de lenguaje,
rehacerte lacerando tiempo y espacio.
No quiero que mueras en pedazos.
El vacío es húmedo, colmado de sí mismo.
Dios no muere de odio. Menos aún
se agota el hombre en su orgullo.
La refutación de la muerte está en su dolor,

como la negación de lo que nos contradice.
¿De qué mueres? Todos sabemos de la bala
que tu cuerpo recibió en mi lugar.
Odio o aprobación, lo anunciado se dio.
Desnuda y linda como estás, ahora muerta,
odio perseguido por el azar, gólgota
ajustándose a nuevas formas de éxtasis,
no veo sino tu cuerpo, inactivo
en la oscuridad que lo ilumina, chorro
de brea en la viscosa lámpara del destino.
"¿Qué hubo?", preguntarían, sin duda.
Muerta a tiros cuando al entrar
en una farmacia, nos encontramos
con ese "¡al suelo!", y mi negativa.
©Floriano Martins

viernes, 25 de diciembre de 2009

poemas de francisco morales santos

Francisco Morales Santos, Guatemala



TU NOMBRE, PATRIA




Una gota de miel que se desliza
en dirección al pecho,
en las primeras horas del día,
iluminada con ganas
por el sol;
gota tibia y espesa
de poder curativo insospechado.
Gota inquieta, florida,
permanente,
auténtica, fiel

y memoriosa.
Gota en el aire
y en los labios gota
es tu nombre,
Guatemala.






SABIDURÍA ANTIGUA


a Mario Payeras




De seguro que si las aves fueran
el corazón del universo,
nunca habría pasado inadvertida
su lección de elevarse
con espíritu fuerte
bajo los temporales,
pues los pájaros saben
que no hay invierno que dure cien años
y que, al pasar la tormenta,
la primera semilla que brota
es el sol.

EL PAPEL DEBIDO



Cuando oigo entonar a Joan Báez
una de sus hoy viejas canciones
de protesta
—"Brothers in arms"—
pienso
que aun cuando hayan sido
gestos frágiles de hermandad humana,
endebles como un puente
de bambú o de lepa,
han ayudado a exorcizar eclipses,
una vez en Viet Nam,
otra en Sudáfrica,
otra en Nicaragua…





ORGULLOSA OPONENTE DE LA MUERTE


Frida Kahlo



se retrató a sí misma:
plenilunar,
estoica,
reconstruida.

Creó su atmósfera propia,
su antimuerte,
su territorio libre.

Creó sus reglas de juego
para apostar por la vida.

Y para no obviar detalles
posó de cara a la muerte
bajo una luz cenital.

Cuánto temple en el gesto,
cuánto enigma,
cuánto fuego rodeándole las manos,
los ojos y la boca,
cuánta palpitación votiva.

La suya es una saga
en la que el sufrimiento
se vuelve un contrafuerte.

jueves, 24 de diciembre de 2009

poemas de Alfredo Lavergne

Alfredo Lavergne, Chile


No somos la justicia, pero debemos actuar como si lo…




Más allá del malestar de la quinta vértebra.

Los recuerdo del peso
de esas repetidas ciudades
en las que se confunde lo que amamos.

Y los de los asesinos de perfecto equilibrio nervioso,
hormonal y temperamento enérgico. Los nobles
de justas reacciones y respuestas...con sus cuellos
de longitud media y tránsito facial fino.

Y los de esos afilados tránsfugas
de la propiedad de los laureles,
que atravesaron de la vereda azul a la roja
o de la de enfrente a la nuestra.

Líderes que se cubren
las venas con salvoconductos,
que inventara algún más arriba de ese olor
sanguíneo. Esa mirada parental,
que les ordenara para siempre mantener
la cola baja y metida entre esquiones.

...no mostraré el boquete que crearon acá,
ni el vacío donde caen sus ofrendas en el espacio
que han fabricado morbosamente en nuestra poesía.

( Separemos también la palabra... desde su origen)

Hay que buscar en los carnavales transformistas.
Los añicos, las partículas, los pedazos
y los fragmentos de la carcomida facultad
para mencionar al embudo.

no es por descuido, tal vez porque por un momento
pensamos que la imagen era concreta
y sólo más tarde lo fue. ¡Caudillos!

Ocurrió y sucede. “Los residuos del calendario
hacen una grieta, sobre las manchas que dejamos
en la arteria principal, junto al excepcional
educado para lidiar contra la postura del pez”

Que fue. Porque ya no es y no confirma la regla.

Y continúan abarrotados en SU situación.
El globo socialmente reconocido. Cómo es posible
que olvidáramos la inseparable identidad
del símbolo y la forma
y que el proyecto del hombre de nuevo perfil
también se bajó de un cartujano.

...como si lo fuéramos. Porque leímos sus testamentos:
“Nadie tiene nada que ver
con los labios que dictaron la criminal orden.
Nadie con el discurso que fue un simulacro”.

Cada vez y más con los años.




España en el tiempo






A/ Medio Milenio de Discriminación al Pueblo Mapuche,
ensayo de Luis Vitale, ganador del Premio “Oreste Plath 1999”.
Organizado por la SECH.





Lo que exijamos, lo obtendremos.
Porque sólo sudor animal
corría en los ojos de los conquistadores
y en sus feroces caballos.
Porque es una capucha la ‘road novel’ del soldado Ercilla
y son virus las propuestas de diálogo en la decadencia.

Porque se acabó lo que para España fue una delirante epopeya.
La ópera con máscara de aventura El verso cómplice de los curas
El erótico canto al descubrimiento El glotón grito de la comedia
El oro para la pintura de sus columnas El desembarco de sus instrumentos
Los golpes de palma de esos isabelos La zarzuela a los estribos del Imperio
El baile de los infantes para quienes diseñaste las fronteras
Las cartas de sus escribanos lavando la imagen de sus lanzas.

Sólo se recordará el dramático ruido de las velas del saqueo
y los quejidos de los mástiles quebrándose.

Los que no tenían alma de sumisos
Los que desconocían el metal en la carne
Los que cayeron en tu picana
Los que no contaban con los dedos dispuestos a hojear
Los que no comprendían la carátula de las palabras
Los que obligaste a cavar su propia tumba para luego pegarles un tiro
Los que se levantan contra los clones del franquismo
Los que perseguidos son lectores de tu condena por el tiempo
Demostremos
a esa España que leemos.

Para terminar con la segunda colonización
y que salgan de las cárceles sus luchadores sociales.






El destino del Arte.




Sobre su caballo venía en una pata.
Ya ejercitaba la vitalidad del hecho creado.
Luego fue el temblor, el crepúsculo y hoy los acantilados.

No lo duden,
fueron naturales obstáculos
y la disciplina arbitraria del hombre.

Si les parece que comenzó con el instinto,
no olviden que aprendió a criticar

En las calles

En los particulares trece o equis charcos del criollismo
En los nuevos éxtasis del tránsito de los cerebristas
En la fragilidad del doble palpitar de las esquinas
En la tranquilidad que se anudan las sombras
En el sosiego que acecha en la materia
En la tregua que se funde en la vereda
En el armisticio que acentúa la niebla
En la pluma flotando en la poza
En los postes clavados al cielo
En los grillos que atraviesan
En su pecho de adoquines
En los neones que cambian de rostro
En los silbidos que penetran al sésamo
En los matorrales que se echan en el césped
En la cintura visible de la versión de los periódicos.

Así,
el arte se presentó
a las estrellas que tumbaron el hacha de las cigüeñas
y allí encontró un punto, un cabo, una realidad lejana
entre sitios eriazos y rodillas afaroladas.

Así,
se forzó lentamente el proceso artístico de América

Por caminos que son hilos que toman el pulso
Por rutas que sacuden la rodaja de la distancia
Por senderos que rumorean viejas heridas
Por los accesos al beneficio propio
Por el sueño adiestrado por el miedo

Por las formas o los garfios de la moneda.
Sus viajes
Estas imágenes Estas apariencias Estas estructuras.

Y murmuran,
que todo ocurrió
recordando al antiguo ser coloreado de fantasía,
en el equipo que ama al maestro,
o en los escaparates de revistas sin puerta de escape.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

poemas de alfonso chase

Alfonso Chase, Costa Rica










Yo avizoro







Yo avizoro un mundo alzándose
sobre el poder de su propia importancia.


Una nueva tierra y un nuevo cielo
aquí, entre nosotros,
y no en lejanos mundos accesibles
sólo por la necedad telemática.


Yo chateo con Dios a toda hora.


Es decir: hablo conmigo mismo sin necesidad
de redes espectrales controladas por el Maligno.


Vivo mi propio Apocalipsis todas las mañanas
al leer las noticias en los diarios.

Entreveo la marca de la Bestia en las sonrisas
y sobre la frente de bellos modelos indigestos.


Yo exijo un mundo construido
sin cielo y sin infierno. Un espacio
libre para la mujer y para el hombre.


Aquí, en la tierra, cercano de mi mano
y propicio al fuego de mis labios.


Un reino cuerpo, manos, cerebro, mente
y semen, unidos en el abrazo de los espermatozoides
y los óvulos. El reino de la carne para la carne.


Un reino neurona para la inteligencia.


Un espacio de luz, radical y glorioso,
por sobre la oscuridad de estos días nefastos.
©Alfonso Chase







Una gota de sangre






Una gota de sangre, hoy,
puede contener
el límite de todo el universo.



Una bofetada, en su rumor metálico,
no podría nunca domar el dulce abismo de unos ojos
y el golpe, magistral sobre los tímpanos,
no nos priva de oír el sonido
de esos caballos, recorriendo firmes el desierto
sobre sus cascos serenos.


La lluvia, anhelada e imposible,
dilata cualquier celda,
creada para contenernos.


Una lágrima expulsada,
hacia el adentro del llanto,
es más poderosa que las bombas cayendo
sobre ciudades inertes.


La esperanza está definida en los cuerpos
saltando en miles de átomos vengadores,
en ese ser en la muerte
que es igual a Ser para la resurrección.
©Alfonso Chase






Elegía






Cuando dos que se han amado se separan
-para siempre-
algo se quiebra en el orden interno
de la noche.
Una mano llama al guante ya perdido
y un hálito
se posa tibiamente en la heredad
del árbol.
Cuando dos se dicen adiós ante el espejo
-sin tocarse-
apoyando los dedos en las sombras
la forma detiene el tiempo,
y en el agua
la luz adquiere imagen de ventana.
Puede ser que esa luz
en forma deslumbrante se haga ancha
como el mundo
y un pájaro multicolor caiga desplomado,
herido por la sed
que media en el instante
de esos dos que alguna vez se amaron para siempre.
Cuando dos que se aman todavía
-se separan-
algo los cubre suavemente
y un lenguaje tácito se nace
en el sitio en que esos dos dejaron
la recíproca tortura de olvidarse.
Algo envejece para siempre sobre el aire.
Posiblemente se suicide un ángel de tristeza
al mirar cuando esos dos desaparecen
-separados por pasos y por besos-
inventando historias y cantando,
mojados y oscuros de una lluvia
que refleja el rumor de sus palabras.
Cuando dos que se amaron se separan,
el verano sube sobre las alas de la noche
y una hoja, sobre el azul del cielo,
abre los ojos y oculta su estupor
con un conjuro.
Cuando dos que se aman se separan
-sin rencores o espadas-
un fantasma encantado cobra vida
y se inclina a recoger
a esos dos labios,
desnudos para siempre de lenguajes.
©Alfonso Chase

martes, 22 de diciembre de 2009

estirpe del azar, nuevo libro de francisco basallote muñoz

Estirpe del azar, Málaga, 2009

Carátula





Dos palabras






Siempre el advenimiento de un nuevo libro es motivo de alegría para quien lo escribe y lo publica. Pero no es menos el gozo de recibirlo. Y este es el caso hoy. Francisco Basallote Muñoz, [Vejer de la Frontera, España], al umbral de la Natividad, cuando todo mundo se apresta a dicha celebración con los matices culturales propios, me ha hecho llegar su más reciente publicación: Estirpe del azar, IX Premio de Poesía Ciudad de Ronda, Málaga, 2009. El poeta Basallote, es en esencia un poeta de la luz, y en ese afán no descansa por “esmerilar las sombras del tiempo”. En palabras de don Juan M Vázquez Sentí, Francisco Basallote es un poeta de tradición arábigo-andaluza: la nostalgia, la sensualidad, los pequeños detalles, la sutileza y el refinamiento, la hondura de nuestra tierra.

Estirpe del azar, está dividido en dos partes: espacio primero, y sombra adivinada, haciendo un total de 66 poemas. La poesía del Basallote siempre me encuentra: sus versos a menudo genesíacos, reverentes, memoriosos, permiten un viaje hacia el albor del cierzo.

Alzo, pues, mi copa anticipada por el advenimiento de este libro. En algún tren de jazmines amanecidos, la tierra nos salude encumbrada de luceros. El territorio siempre fecundo de la memoria. El árbol de la caligrafía como un pájaro el aire…¡Salud!


André Cruchaga
Barataria, 22.XII.2009