En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 30 de abril de 2022

“NINGÚN LUGAR ES LEJOS” de MIGUEL FAJARDO: la tierra, el tiempo y la distancia

 




NINGÚN LUGAR ES LEJOS” de MIGUEL FAJARDO:

la tierra, el tiempo y la distancia

 

 

Por: Ligia Zúñiga Clachar

ligiamundo@yahoo.com

 

 

(Costa Rica).  El libro “Ningún lugar es lejos”, del poeta costarricense Miguel Fajardo Korea, testimonia una vez más el alma del poeta, que inmerso en su misión de concienciar al mundo mediante el arte literario, se enfrenta ante la injusticia, la infamia y la opresión que han estrujado y aniquilado a la humanidad durante milenios en la historia de la Tierra. Es un verdadero reto establecido en su conciencia en toda su prolífera obra poética.

Miguel Fajardo promete y testifica en “Ningún lugar es lejos” (San José, Costas Rica: Editorial Poiesis, 2022:86m pp.). Prólogo de Ronald Bonilla, Premio Magón de Costa Rica. Portada del Ing. Guillermo Navarro Mairena: la cercanía intrínseca del tiempo y los espacios que vivimos en el planeta. Donde “espacio-lugar” está dentro de nosotros mismos. Donde no existe el tiempo para sufrir o sentir la angustia y la tristeza o la alegría y la solidaridad para los demás, en cualquier lugar que estemos o que estén los seres humanos o cualesquiera de los otros seres de los diferentes reinos que habitamos nuestra Madre Tierra.

En esta obra, el poeta Fajardo nos conmueve de nuevo, reencontrándonos con los auténticos y ancestrales valores de la ética, la libertad y la paz, concentrados en el linaje del amor. Evoca con pasión y clama con ansia el rescate de nuestras esencias como seres, para integrar el poder de un mundo de Luz.

“Ningún lugar es lejos”, título que nos acerca sobremanera y nos adentra en nuestras propias almas, nos une y nos envuelve en forma magistral con la naturaleza: el mar, la roca, el risco, la arena, los árboles, el paisaje, los volcanes, la montaña, esa tierra de la que somos parte. Esa misma Tierra de la que fuimos conformados, las mismas células cercanas y ausentes en el mismo tiempo; nos muestra con solvencia la capacidad de fundir en sus metáforas esos vínculos, así como el oro se funde con el fuego, el agua con la justicia, la luz con los suicidas, la arena con los exilios, las sombras y las raíces con los migrantes, el oleaje y los sueños.

         El poeta nos sumerge en un conglomerado éxtasis de sentimientos entre rupturas y encuentros. La vida misma, en sus diversas facetas, fundiendo las vías de las múltiples opciones que al mismo tiempo absorben los límites y fecundan la esperanza infinita de la sobrevivencia.

Miguel Fajardo no aparta en su obra su “Guanacaste eterno”, cita lugares, costumbres, geografía, testimonios históricos, su “Árbol que escucha”, sus noches, sus días, esa vida que lleva en su alma de sol y lluvia. Donde los encuentros son renacimientos y las separaciones atraen la muerte, porque “Ningún lugar es lejos”. 

Transporta su sentimiento solidario a nuestra América, pregonando y compartiendo el clamor de sus ilustres poetas, en un gesto de admiración, solidaridad y amor:

“La mirada prosigue en los fantasmas/ del silencio rodeado, inacabable, /como recelosa tierra que habita /en el tronco de la sed, /más allá de los recorridos marinos. / Llega el atrevimiento de los mitos/que devoran la playa Pan de Azúcar. /Estamos enfrentados en la piedra, /obligados a reconocer que llegamos/ a lugares donde siempre debimos ir:/el desove en Ostional, /además de Garza y San Juanillo” (p.69).

El yo lírico clama en este poemario, con reiterativa urgencia, como eje primordial de su extensa obra literaria: por la justicia y la equidad de nuestra América y el mundo. Donde los bastiones de sus orígenes deben fortalecer los lazos de la hermandad para lograr restablecer el cauce de la certera misión del hombre y la mujer en este mundo.

“El litio es de América, /el oro arrebatado/se llenó de muertes/en los altiplanos de América/ en las pampas de la aurora” (p.24). “Las batallas ancestrales/no derrotaron al corazón de América”. (p.25).

“La lucha es el camino de la patria extensa, /sin banderas divisorias, sin criterios esclavistas, /para subsistir con el trabajo de las tierras/generosas de nuestro continente abierto. /Dejar de hacerlo sería una excusa/ para que los dominadores/arriben, indeseados, a nuestros límites, /sentados en el mar/de nuestra vigilia permanente” (p.28).

Fajardo conlleva en sus textos un permanente y solidario amor por la poesía y sus encuentros, donde manifiesta con gran conocimiento el apoyo y admiración a la obra poética de escritores de distintas latitudes, en sus poemas y dedicatorias:

“Recorrimos las calles de Santiago/con la poesía de Andrés Morales/y Jaime Quezada, /para confirmar, una vez más, /que la literatura es un encuentro/donde ningún lugar es lejos, /para llegar hasta el territorio austral. / Chile es poesía intensa/con Pablo Neruda, Gabriela Mistral, /Nicanor Parra, Gonzalo Rojas, /Raúl Zurita, Juan Cameron…/Chile es grande en la voz de Víctor Jara, /Violeta Parra…/Chile mágico:/Todo Chile/ Franja Chile:/Territorio austral” (p.33).

“Ningún lugar es lejos”, marca el naufragio de la indiferencia del ser humano ante el dolor y la agonía, de manera tajante, abrumadoramente seguro de que la esperanza no muere, que esa insensibilidad quedará sepultada:

“Volvés a reamar:/ caricias en la medianoche, / me arrullo en tu cabello/ en el territorio del gozo, /antes que regrese el día, / para seguir amando, / contra la espera, / sin la distancia del sol, / en el deseo por la vida” (p.64).

Miguel Fajardo nos entrega una obra capital, muestra fidedigna de la madurez poética y humana del poeta. Un testimonio veraz de la certeza de sus creencias convertidas en poemas en encumbrado ascenso.

 El diálogo consigo mismo que transmite al lector, aniquila los demonios de la oscuridad, hace gritar el silencio de los abandonados, sepulta los vicios de los poderosos, convirtiendo esos anhelos, esos sueños en ráfagas de esperanzas clandestinas hoy, para revertir el mañana.

 La vinculación magistral que realiza con los ambientes naturales que conforman nuestros entornos, nos involucra en forma óptima en el discurso de sus temas inconfundibles, certeros y de profunda convicción, con nuestros más esenciales sentimientos que brotan de nuestras raíces.

“Las montañas recogen la mirada/con las pestañas de la ausencia. /Otean el resplandor, más allá /de los bosques y las mareas, / para evitar los naufragios. /En la cercanía del olvido/tiemblan las culpas encendidas, /después de todas las cenizas/que rechaza el mar/contra los veleros de la impunidad, /en el dolor de las travesías, /mar adentro, /en las islas acorraladas/por piedras y musgos” (p.61).

Este poemario inscribe el “ahora” eterno de Miguel Fajardo, que ha vivido y citado en todo el recorrido de su obra poética con la pasión y la vehemencia de una elevada conciencia humanista y solidaria que lo ha caracterizado. Una valiosa entrega a las hojas del Guanacaste eterno, este libro engrandece el caudal que el autor abrió hace ya varias décadas para la literatura costarricense.

Fuerte, profundo, hermoso y congruente testimonio nos ofrece “Ningún lugar es lejos”, donde el poeta Miguel Fajardo nos embriaga con la sustancia lírica de la poesía, al identificarnos con los espejos de la sabiduría, la solidez de la Luz en la esperanza y la fe, y la solidaridad plena por los desposeídos; fundiendo las cadenas para la libertad y la paz en el magno refugio natural de nuestra Tierra.

*Presentación interpretativa en la Feria del libro, Cañas, Guanacaste, Costa Rica, 29 -4 2022.

Lic. Miguel Fajardo Korea (Costa Rica)



jueves, 10 de marzo de 2022

PAISAJE y HUMANISMO en NINGÚN LUGAR ES LEJOS de MIGUEL FAJARDO

 

Carátula de Ningún lugar es lejos



PAISAJE y HUMANISMO en NINGÚN LUGAR ES LEJOS de MIGUEL FAJARDO

 

 

RONALD BONILLA CARVAJAL

(Premio Magón, Costa Rica. Editorial Poiesis)

 

 

Partiendo del título, este poemario inicia su decir poniéndonos al tanto de su intencionalidad de vislumbrar como todo debe resultarnos cercano y, al adentrarnos en el texto, percibimos que la cercanía intuida y representada, es de todo aquello que sea humano y naturaleza. Nada está lejos, nos habla un principio de la posmodernidad, donde la relatividad de un objeto próximo o lejano respecto a otro, no debe existir. Cuando se trata de concebir lo humano siempre con la cercanía del principio de que todos somos hermanos, incluso los otros seres de la naturaleza, vegetación y fauna que nos acompañan sobre el planeta, y quizá, más allá.

Partiendo de este principio de la conciencia de humanismo, el poeta va a unir el mensaje social, político, geopolítico y solidario, con el cultivo de la bella apreciación del paisaje y el involucramiento de un tú lírico (vos) que acompaña a la voz poética en sus exhortaciones a comprender esta verdad abrazada y abrasada, con el amor y la pasión, que el poeta ha sido capaz de vislumbrar en su largo periplo creativo, que ya ha pasado por tantas lecturas como por el ejercicio de más de quince poemarios y muchos otros escritos literarios e investigaciones sobre la literatura y la realidad que nos rodea, en esta cintura breve de América, y desde su guanacastequidad.

Y porque Ningún lugar es lejos, el autor se anima a pronunciar los topos de su entorno, del aquí y del allá, aunque estos adverbios sean anulados por la disertación que nombra como todo cercano, todo nuestro, todo dentro y nada afuera.

“El lago Arenal
extiende nubes que alcanzan el peregrinaje,
donde las mariposas se beben el día,
detrás del sol en Xilopalo”.

En este poemario se erige un canto a América, la actual y la precolombina y la fusión de las culturas, al rescate de lo nuestro:

“Las batallas ancestrales
no derrotaron al corazón de América”. (pág. 21)

Pero es también un canto al mundo y a la gente, con los nombres de poetas y trovadores que dejaron sus manos para seguir cantando, como Víctor Jara (en varios poemas se entrelazan Costa Rica y Chile con paralelismos culturales). Como ya lo venía haciendo este nuevo Miguel de la poesía, es un canto denuncia del dolor y el maltrato de los inmigrantes, porque todos somos eso, y no hay nadie fuera de nuestro sentir; nos sentimos cerca de lo absurdo ante la pandemia y los decretos que parecen prohibir los abrazos, que intentan convertirnos a todos en extraños, temerosos del otro, cuando la proclama es que no existe la otredad, sino un gran nosotros.

“En la memoria vacía,
la corrupción teje y desteje
círculos despiertos
en media pandemia”. (pág. 53)

Sí, este es un libro que canta y clama, proclama, dice y sugiere, revienta en la furia de la voz que se desangra, nos abraza a todos y denuncia a quienes se salen de la hermandad por la ambición. Algunos de los ejes temáticos del libro van quedando reseñados en estas letras: la migración, la pandemia, la desolación ante la injusticia, el paisaje, la solidaridad con los pueblos, la destrucción de la naturaleza por la falsa idea del progreso:

“La montaña ruge furiosa
en el pecho de la tierra,
contra las máquinas torturadoras
sin ningún límite de piedad”. (pág. 44)

Así como el metalenguaje y el homenaje a grandes poetas como en el canto a Chile y el tema del rescate de la ancestralidad:

“La nieve chilena como un gran juego,
a la espera de encontrar el límite austral
de Caupolicán y Lautaro,
quienes lucharon contra las lágrimas
de los pueblos indígenas,
pero no se doblegaron fácilmente”. (pág. 21)

Así como la lucha por la libertad y la paz, la lucha porque el amor prevalezca y toda la naturaleza se erija como parte de ese ser nosotros, los humanos en búsqueda de alcanzar su sueño de trascendencia y unidad con el todo. La lucha porque la historia y la verdad se restablezcan, por eso los elementos naturales están inmersos o adheridos a la piel del dolor:

“La luz de la roca
como peñón de sacrificio
de un mundo oscuro
entre las nubes del abismo”.

 

Miguel Fajardo no le teme al paisajismo, sobre todo, cuando se arraiga a lo guanacasteco:

“Regresamos a Flamingo
y Brasilito para mirar
el oleaje del mediodía
desde las ventanas del catamarán,
cuyas cerradas olas resplandecen”. (pág. 52)

Pero tampoco cuando se trata de postular su denuncia, por eso, que no nos sorprendan sus frases lapidarias donde prevalece lo conceptual:

“Nuestra tierra es un estadio
abierto contra los crímenes
y la exterminación
de los que hayan caído por el odio,
la xenofobia o el racismo”. (pág. 23)

El tema de los migrantes es ya una recurrencia que deviene de libros anteriores en Miguel Fajardo: recordemos su libro Nunca como ahora, 2019, el tema de lo geopolítico y del exilio en Nadie es dueño, 2014, o del dolor de la guerra en Comienza la palabra, 2018, pero igualmente la incorporación del paisaje para trazar una línea revelativa donde la vibración de lo inefable nos posee y nos hace percibir la esencialidad y grandeza del espíritu humano en el sentido cosmogónico, aparece en su poesía temprana, estoy recordando Extensión del agua,1981 y algunos poemas de Margen del sueño, 2000.

Ahora bien los procedimientos literarios hablan de un respeto a la poética del buen decir, de la imagen intuida y despierta  desde las entrañas, que anuncian la búsqueda de entroncar realismo e imaginación creadora y que de hecho logra sentencias revelativas y trascendentes. Esta sentencia intuye un aprendizaje para el ser humano captado en la naturaleza.

“El tajamar no contiene las mareas;
las deja continuar hacia la libertad”. (pág. 36)

También es esta una poesía desde lo existencial, desde la angustia, pero a su vez, desde la claridad del pensamiento: un poeta que lleva ya ocho lustros de luchar con la palabra que lo asedia y reivindica, y que le habla y exhorta al hermano, a ese tú (el vos tan nuestro) que le acompaña en su periplo por el mundo de su literatura, su lector, sus seres amados y quizá el otro yo, el alter ego al que debe conminar en la búsqueda de un mundo mejor:

“Nunca te encerrés sin gritar
en el incendio que reclama libertad”. (pág. 32)

Veamos aquí como ese vos, es una exhortación al inmigrante que toca las puertas del país vecino, en el poema La oscuridad cruza fronteras:

“Partís la atmósfera
en el destino cerrado
de los pasajeros con sed,
con el emblema de los labios
en el grito del mar partido:
siempre solos,
desesperadamente ausentes”.

De la unidad del vos se llega a la pluralidad que se encuentra inerme. Y en el tema de la pandemia, el nosotros se vuelve el pronombre por excelencia:

“Despedimos a los amigos,
quienes lucharon contra la pandemia,
pero el aire quedó en deuda…

y apagó sus vidas”. (pág. 31)

Otro aspecto, que denota el yo lírico de estos versos, como si no hubiese extrañeza, es el contraste intercultural:

“Frente al rancho indígena,
donde bebés daiquirís
para aplacar
la sed de nuestros sueños”. (Occidental Papagayo, pág. 28)

Denotamos estos elementos de culturas sobrepuestas: rancho indígena, piscina del ahora, los daiquirís, y el vos, para dirigir la palabra al sí mismo o al que está cerca, o mejor, al nosotros en este aquí y ahora.

Esta poesía es fiel a una propuesta de ideario, a una  poética de humanismo; erige imágenes con los elementos de la naturaleza y postula su sed de fraternidad, al igual que en los sesenta ese otro costarricense llamado Jorge Debravo, Miguel Fajardo, irrumpe con sus poemas, pero ahora con topos y nombres propios de su admiración, con sostenida emotividad y con el pensamiento:

“Propiciemos la equidad,
sin agresiones.
Por la memoria viva
de Víctor Jara:
“Hoy es el tiempo que puede ser mañana”. (pág. 20).

Entre otros adyuvantes protagónicos, se encuentran también los adversarios, los enemigos: son aquellos que se oponen a la lucha por la libertad, la hermandad y la justicia, los que ejecutan “Las guerras de la barbarie”:

“Después de los fracasos evidentes,
los caminos inmóviles tiemblan
al cierre de las manos homicidas”. (pág. 51).

Por eso y como corolario a esta invitación a la lectura, estos versos que contienen uno de los propósitos fundamentales del libro:

“Que no venga nadie a insultarnos
por no llevar papeles de legalidad.
“Ningún ser humano es ilegal”.
Debí haber hablado
desde el inicio de la civilización:
todos somos migrantes,
amamos la vida,
porque ningún lugar es lejos…” (pág. 70)

Y por eso, prevalecerá: “La identidad nunca vendida”.

 

Ronald Bonilla Carvajal

Costa Rica.

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Texto contracubierta

Partiendo del título, este poemario inicia su decir poniéndonos al tanto de su intencionalidad de vislumbrar como todo debe resultarnos cercano y, al adentrarnos en el texto, percibimos que la cercanía intuida y representada, es de todo aquello que sea humano y naturaleza. Nada está lejos, nos habla un principio de la posmodernidad, donde la relatividad de un objeto próximo o lejano respecto a otro, no debe existir. Cuando se trata de concebir lo humano siempre con la cercanía del principio de que todos somos hermanos, incluso los otros seres de la naturaleza, vegetación y fauna que nos acompañan sobre el planeta, y quizá, más allá.

Sí, este es un libro que canta y clama, proclama, dice y sugiere, revienta en la furia de la voz que se desangra, nos abraza a todos y denuncia a quienes se salen de la hermandad por la ambición. Algunos de los ejes temáticos del libro van quedando reseñados en estas letras: la migración, la pandemia, la desolación ante la injusticia, el paisaje, la solidaridad con los pueblos, la destrucción de la naturaleza por la falsa idea del progreso.

Ronald Bonilla

Premio Magón, Costa Rica


miércoles, 1 de diciembre de 2021

LA RUTA DE LOS SUSTOS DE OCHO VOCES FEMENINAS

 

Lic. Miguel Fajardo Korea



LA RUTA DE LOS SUSTOS DE OCHO VOCES FEMENINAS

 

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Educación Mauro Fernández

minalusa-dra56@hotmail.com

 

  

(Guanacaste / Moravia. Costa Rica).- He tenido la feliz oportunidad de leer las narraciones de las ocho académicas, coautoras del libro “La ruta de los sustos”, a saber:

Mayra Aguirre Hernández

Ana Lorena Camacho Camacho

Darinka Grbic Grbic (Croacia)

Olga Guzmán Mora

Gaudy Jiménez Ordóñez

Margot Miranda Rosales

Johana Rodríguez Hernández

Helen Ureña Ureña

El volumen está integrado por el eje temático que se expresa en la atinada reflexión de las autoras. El título de la obra lo señala con precisión “La ruta de los sustos”.

 

El Diccionario de la Real Academia Española define el sustantivo “ruta” de la siguiente manera: “”camino o dirección que se toma para un propósito” (RAE, 2001: 1998). Asimismo, la RAE aduce lo siguiente sobre el sustantivo “susto” “impresión repentina causada por miedo, espanto o pavor. Preocupación por alguna adversidad o daño que se teme” (RAE, 2011: 2115).

 

Esta vez, he querido realizar una mostración temática de cada producción de todas las autores que integran este libro. Considero más productivo en bosquejar cada universo de las narradoras, toda vez que así se puede confrontar diversas versiones de algunos textos, que giran sobre el mismo eje temático.

 

La puerta de la medianoche queda abierta: usted decide, si apaga la luz, se duerme, a enciende la lámpara, y se pone a leer estas sugestivas narraciones escritas por ocho académicas y autoras, sin miedo a los sustos colectivos.

 

1.              Mayra Aguirre Hernández

 

Niños vestidos de rojo querían robarse a dos niños de una comunidad.

Daniela habla con niños imaginarios, que solo ella ve.

El niño se esconde en una cueva y su familia lo busca.

Las encantadoras enloquecen a dos jóvenes, quienes luego se curan.

Un hermano practica brujería y su otro hermano se desilusiona.

Una niña espera 12 años su regalo de Navidad: una muñeca.

Una niña de 12 años se pierde en una montaña. La envían sola a hacer un mandado a 10 kilómetros de su casa.

Un hombre le corta el rabo a una chancha.  Era una mujer que se convertía.

Carlota ve pasar a un animal negro en las madrugadas, pero no supo qué era, por su vejez.

Juan recuerda los momentos maravillosos en la escuela, cuando ve pasar a los niños a la escuela Las Brisas.

El hombre sin cabeza salía en San Ramón.  Una pareja quiere agarrarlo con una manila, pero nunca lo alcanzan y regresan sin el objetivo.

La mona sale en una casa en Colonia La Libertad de Upala. Rezan el rosario y al quinto día dejó de llegar.

Un hombre ve una sombra que sonríe a medianoche y es un bebé que pregunta por su paaaapiiii, por lo que huye de esa casa.

Gerardo asistió a una fiesta. Se retiró muy tarde de ella. De regreso le sale una mujer, de entre los árboles, vestida de blanco, con el pelo largo, pero su caballo corría tan fuerte que no lo alcanzó.

Rafael visita a la mujer que le gusta en El Jobo.

Dos hermanos deben ir por carbón en horas de la madrugada, pero les da temor que les aparezca la bruja Zárate, pero por temor al castigo del padre, van con miedo.

Una prostituta se confiesa y el sacerdote le dice que continúe con esa vida, sin embargo, después de la confesión, nadie la determina. Una lección aprendida.

Pedrito tiene una pesadilla con su madre, pero se aferra a la oración.

En Semana Santa no se juega fuera de la casa.

A Román no le agrada el ruido de los niños frente a su casa. Los invitó al cementerio a la tumba del Viejo Toledo, donde debían acostarse sobre la bóveda, pero al último de ellos, Federico, se lo llevó al fondo del cementerio y lo dejaron a la deriva.

 

2.              Ana Lorena Camacho

La ironía con su reloj nuevo por no leer las instrucciones, pues activaba alarmas. El niño no las leyó y le jugó una mala pasada.

Una mujer convertida en mona hace ruido sobre el zinc de una casa, donde se encontraba su enamorado, pues estaba dispuesta a crear pánico, en Birmania de Upala.

En una carnicería humana se narra una masacre.  Decide volver al sitio, después de salir de la cárcel, y una tela oscura la cubrió, desde entonces, vaga solitaria por el mundo.

Esmeralda tiene presentimientos negativos. Ve un espectáculo de terror: presencia un asesinato, pero la amenazan, y perdió el habla.

Una hija no tiene consideración por la madre y la desobedece para irse a la calle.  Se le aparece un ser horrendo –águila-, la hace cambiar de actitud y promete no desobedecer.

Un hijo, asesina a su madre, debido a un pacto diabólico.  A las diez de la noche encienden y apagan las luces en esa casa, y se escucha una estruendosa carcajada.

Un joven es malcriado con sus abuelitos, hasta que un día se llevó una gran lección: un pájaro gigante se lo llevó al cielo, y cuando lo regresan, juró que nunca volvería a ser malcriado.

Durante una pijamada en la escuela, una mano velluda asusta a 35 niños y también se va la luz eléctrica.  Todos salieron rápido a esperar a sus padres.

La nueva directora de escuela, trata de matar al búho que anida ahí. Le roció agua bendita al animal y reza un Padre Nuestro.

Un hombre se roba a una chola guanacasteca.  Tienen muchos hijos.  El texto tiene un final trágico.

Una mujer regresa 30 años después de donde fue abusada, pero un día huyó. Salió la conciencia, y le dijo “Qué esperas para volar”.

Juan es perdonado por el jefe de los enanos por ser un hombre bueno.

Él le tenía miedo a la oscuridad y a estar solo.

Pablo llega a visitar a los abuelos en El Silencio, San Vicente de Nicoya, y se va directo a la cantina.  De noche, le sale una chancha con 10 chanchitos: él pretende robárselos, pero están embrujados.  La chancha le sonríe, lo persiguen y lo dejan sin habla, en un puro temblor, durante seis meses. El miedo lo paralizó.

En barrio Pueblo Nuevo, una bruja se enamora del maestro, quien acude al sacerdote en busca de consejos.  Al final, el educador, y el bien, ganan la batalla.

 

 

3. Darinka Grbic Grbic (Croacia)

Una voz insólita proviene de los bosques y se lleva el trípode en un camino de agua, por el paso de las sombras de la Llorona,

El Espíritu Creador se aparece en Nandayure donde las hormigas adivinan los buenos y los malos pensamientos.

Un joven que padece de insomnio perseguidor logra ver cómo una carreta sin bueyes choca contra la tapia de un vecino, arrastrada por el mismo diablo.

Ana Julia siente un fuerte temblor en Guanacaste y observa el baile de una silueta negra.  Solo ella observa lo ocurrido, el vecindario no vio nada.

Victoria realiza sus quehaceres hogareños, los cuales se ven interrumpidos por unos hombrecitos barbudos de 30 centímetros, con gorras de colores.

Un sabanero es testigo del fantasma de la sabana, que lo asusta a él y al toro, ambos se refugian en el corral.

Ramón es acosado por una sombra oscura y transparente, con cabellos largos, cara seca, triste, inexpresiva e intimidante.

Varios jóvenes son asustados en la Cuesta del Plátano por una sombra negra que les invade su espacio de recreación.

En las miradas se presenta la metamorfosis de un ciervo en tigre.

El abuelo Alejandro y su caballo Intrépido regresan a Cañas, para acortar distancia deciden pasar por el cementerio solitario y oscuro, entonces, una criatura misteriosa lo llama. El abuelo, con terror, evita el encuentro, y oculta la mirada para evitar el embrujamiento.

El sacerdote Vicente es asustado por una mujer en un camisón largo, blanco, con la cara escondida entre pelos cenizos y cuerpo encorvado. Una vez que reza, huye en su viejo pickup Saveiro.

David intenta encender el interruptor y una mano peluda, con uñas alargadas roza con la suya. Cuando enciende la lámpara, comprueba que no había nadie.

Alfredo visita a su novia en un lugar alejado.  Durante una medianoche observa una procesión de espectros que se mueven con candelas, cruces y cánticos. Él se aleja para evitar tan desagradable encuentro.

María del Mar va a la playa y encuentra una tinaja.  De inmediato, todo se mueve espantosamente: mar, viento, arena.  Escucha una voz que pide auxilio: la princesa Nosara. María se da cuenta de que la tinaja no le pertenece a ella, sino a la princesa y la devuelve donde la encontró.

Margarita realiza una visita al cementerio en Semana Santa.

Mientras descansa, un joven le ofrece ayuda.  Cuando llega al cementerio ante la tumba de su esposo, agradece la ayuda del joven, pero se percata de que no hay nadie.

Al abuelo Luis Fernando le gusta contar anécdotas a sus nietos. Narra que, en la casa, frente al corral, asustaban, pues se veía que intercambiaban luces, se escuchaba voces y risas.  Recomienda no ir ahí.

Un grupo de jóvenes festeja bajo la luna llena. De pronto, hay un apagón. Escuchan un sonido espantoso de garras que arañan el zinc.

A un hombre que le gustaba despilfarrar el dinero en guaro, fiestas, topes y mujeres se la apareció un espanto azulado que arrojaba gruñidos y chispas.

Juan oye música en la cochera. Escuchaba un ruido en su casa.  Pretende entrar, pero se rozó con otro ser, áspero, fuerte, de pelos parados y uñas alargadas.

Mariángel escucha un ruido y ve luces saltarinas.  Acude y cierra la puerta con doble llavín, pero la puerta sigue abierta.

 

4. Olga Guzmán Mora

A un grupo de niños que no obedecían les salen tres duendes con ojos rojizos, los encierran en círculos, hasta que don Claudio llega con un palo grueso y los duendes se esfuman.

En un hogar aparece un niño que no habla y desaparece.  Los esposos, angustiados por su niña, montan guardia.  Cansados de esa situación, llaman a un sacerdote, quien esparce agua bendita y el niño no se volvió a ver más.

Un guarda de El Castillo Azul se asusta cuando se encienden y se activan los ascensores, pero no es nadie y se descompensa.

Unos muchachos se organizan para ir a Puntarenas.  Deciden caminar por la plaza.  Camilo se queda rezagado y alguien le da un manotazo por la espalda.  Le quedó marcada una mano.

Unos niños juegan a “Las escondidas”, pero una de ellas logra ver a una imagen oscura, con ojos negros, cabellos oscuros y desordenados.  Todos deciden ir a buscarla, pero la bruja del espejo había desaparecido.

Dos cogedores de café ven, después de su jornada de trabajo, destellos desde el cielo.  Llegan sin articular palabras donde la dueña de la casa.

Durante la exhumación de una viejecita, sale una mano de la bóveda y siguió saliendo hasta que quedó parada frente al cofre. Todos lo vieron.  Todo quedó grabado en el video.

Una joven universitaria consigue un trabajo y escribe su tesis, por lo que debe quedarse investigando. En las noches escucha movimiento de acomodo de sillas y ruido.  Cuando pregunta al guarda quiénes se dedicaban a estudiar, este le responde “aquí la única que se queda es usted”.

Un señor de un retrato ayuda a llegar a una casa donde está enferma una abuelita.

Un guarda ve que una de las Hermanas sale a caminar en horas de la noche.  Le dice a la Superiora, y ella responde que ninguna hermana sale a caminar a esas horas.

Durante un 25 de diciembre se escuchan ruidos extraños en una casa.  Todo está quebrado, pero no ven a nadie.  En el segundo piso todo estaba en orden.

Dentro de un carro un chofer logra ver sombras oscuras que quería atacar a unas jóvenes.  Llega hasta la casa de ellas, le explica al padre, verifican que había aruñazos de garras enormes a los cobertores de los asientos delanteros.

Desde una casa abandonada se escucha un caballo sobre un camino de piedra inexistente y a un jinete que maldice.

Una niña es encargada de mover un gran espejo, pero choca contra el espejo que está detrás de ella, a pesar de que ya lo había colocado frente de ella.

Karla pierde a su esposo. Él se le aparece en sueños. De manera insistente la visitaba en sueños, la miraba y le hablaba.

Un hombre asiste a una iglesia y se vistió con camiseta negra con una calavera.  Cuando realizan la unción, se vio a sí mismo fuera de su cuerpo, y sintió temor, desde ese día entendió que las fuerzas malignas existen y hay regalos que vienen pactados.

Una niña tiene pocos amigos, pero los amigos más cercanos que ha tenido, solo ella los puede ver.

Un hombre, camino a su trabajo, logra ver a una mujer en estado de levitación, con cabello oscuro y vestido blanco.

Un hombre atrapa a un cusuco, pero el armadillo le dice: “Te gustan mis uñitas” Se necesitó un sacerdote para ayudarlo a salir de ese trance incómodo.

Unos huaqueros salen despavoridos al escuchar lamentaciones y sentir los temblores, para no quedar enterrados, porque estaban violando el territorio sagrado de los indígenas con sus espíritus guardianes.

 

5. Gaudy Jiménez Ordóñez

            La mona sale únicamente a los hombres.  Las mujeres solo la pueden escuchar.  A los hombres los deja tontos.

         Una niña agarra luciérnagas y las mete en una caja para liberarlos. Un día no lo hace, y todo se mueve en su casa, porque había olvidado soltarlos. La abuela le dice que esos insectos son del diablo.

         El chiquitío es un niño que llora desconsoladamente y cuando le preguntan por qué lo hace, dice “¡Mira mis uñitas!”, y se sienta en otra esquina.

         Una mujer decide empezar otra relación amorosa, pero el novio es un sicópata y asesino.  Luis se escondió debajo de su cama. Después de 26 años, sigue revisando debajo de su cama, pues se convirtió en un hábito.

         A unos niños les advierten que si juegan bendito escondido les puede salir el diablo.  Cuando realizan el juego y se esconden debajo de la cama, una mano invisible roza sus piernas y se asustan.

El chipiscuilo aparece cada 1300 años con la súper luna.  Es una bestia de tres cabezas, con un cacho en cada una.  No tenía nariz ni manos, pero sí el cuerpo de hombre, peludo y gris.

Mauricio tenía un gallo y una gata, regalos de su abuelo.  Entre los animales pelean. El gallo pica los ojos del niño hasta sacárselos y le da muerte.

Una niña tiene a su perro Seo.  Un día sueña que su can no tiene orejas, ojos ni dientes.  Era espeluznante.  Nunca volvió a saber de él.

 

6. Margot Miranda Rosales

            Pablo es un muchacho con un aura débil.  Un día se rebela y decide enfrentar a los malos espíritus.  Realizó un sahumerio de eucalipto, romero y agua de florida, que alejaron a los malos espíritus.

         El pajarón de la Pila Honda medía entre 120 -140 centímetros, y lloraba como un güila. Cada verano el animal cambia de características.  Al final, el pajarón pasa por una finca y provoca un ciclón por sus alas gigantes.

       La educadora Delmiria se enfrenta a la mona, una mujer que deja dormido a su esposo, y a medianoche deja su carne en una batea de madera.  Cuando le ofrecen sal, se asusta y desaparece.

         El Sisimique es un espíritu maligno, por eso no hay que caminar hacia atrás, porque asusta.  La huella medía como 60 centímetros de largo y 30 centímetros de ancho.

El panteón de los perros es un lugar maléfico. La mona juega y pierde a quien pase por ahí.  Solo saldrán, si otra persona pasa y los saca de ahí.

El abuelo va al pueblo a comprar el diario.  Dura seis horas a caballo, ida y regreso.  En ese trayecto, la mica lo espera en el cerro de La Danta donde se le monta a la polca.

El abuelo reprende a sus dos nietos que visitaron el cementerio, pero no se persignaron ni pidieron permiso a los muertos y, al llegar a casa, todo se cae, pero solo ellos lo notan. Los vecinos: no.

La madre advierte a sus hijos no salir de noche.  Pero la hija mayor desoye sus recomendaciones, por lo que suceden una serie de extraños acontecimientos de terror en la casa.

Las madres saben mucho, por eso hay que hacerles caso.

Una familia de 13 personas de San José alquila una casa, pero está embrujada y deben llamar a una señora que ahuyente los malos espíritus.  Rezan las trece palabras al derecho y al revés y todo vuelve a la normalidad.

El padre de 15 hijos hace compras para la familia, pero se quedó tomando.  Cuando llega a la casa, en su cama hay un mozo con frenillos de caballo con un perro negro.  Desde ese entonces, Juan María, el fiestero, no volvió a tomar.

El autobús se retrasa y la mica aprovecha para asustar a los hijos de la familia campesina.

Unos jóvenes visitan a sus novias en San Blas, pero al pasar por el cementerio un espanto pasa volando sobre ellos, por lo que deciden no volver a pasar por ahí.  Las mujeres quedan esperándolos.

Los transeúntes se encuentran con un bulto por el cementerio. Son los malos espíritus.

En una finca se extravía la canfinera, lo que provoca insultos por la oscuridad de la casa.  De pronto, aparece la canfinera y los animales braman, relinchan, cacarean y aúllan, al mismo tiempo, producto de un ciclón.

Sindulfo es un curandero y hechicero al que le gusta asustar, más que curar, como venganza por resentimientos, hasta que el abuelo lo sentencia con amarrarlo y exhibirlo y dejó de molestar.

Tachito es un curandero y brujo que habla en diferentes tonos para hablar con el Más Allá. Cuando muere, da miedo pasar por su casa, porque hasta el árbol de mango mueve sus ramas.

Varios hermanos van a palomear y garrobear.  Una vez deciden agarrar a un mono que era la mona y la dejan colgada en un alambre, pero cuando regresan no la encuentran.  Algún espíritu la desapareció de El Verdún.

 

7. Johana Rodríguez Hernández

Un gigante con aullidos caminaba sobre los tejados, lo que provoca el terror del pueblo: era un soldado que había pertenecido al ejército y quien se había ahorcado.

En una casa suena que se caen los trastos, pero cuando van a revisar, nada se había caído.  Según la historia, las jornadas eran tan largas, que los platos y vasos también se iban a dormir, y por eso debían caerse.

Rafaela es una mujer de trabajo.  Vende sus tortillas a las mujeres de la vida. Cierto día le relinchó un caballo y paró las patas.  Desde ese día colocó un rótulo: “Al diablo no se le venden tortillas”.

Unos amigos se reúnen a contar historias cerca del cementerio de Heredia, porque “los hombres no le temen a nada”, pero de regreso a sus casas, deben caminar bastante.  Juan Palotes, hablador, se jacta y dice “si yo me encuentro a la muerte, bailo con ella y les cuento como baila”. Cuando regresa escucha pasos con tacones de la mujer que le repite la misma expresión con la que él se jactaba ante los demás.

Los hombres saludan a doña María, quien ha muerto.  Van a la vela y comprueban su deceso.  Cuando regresan a sus casas la vuelven a ver traspasar los alambres y echándose una carcajada: la pelona.

Rafaela Rojas es muy celosa con su esposo.  Ella habla y pelea dormida.  Su esposo Domingo ve dos perros enormes, con grandes dientes alrededor de su casa.  Desde ese día, todo su amor es para su esposa.

En una casa rebota una bola, pero es invisible, porque un niño de ocho años había muerto en esa casa y la bola era su juguete preferido.

Para los escépticos, el acompañante nocturno los hace creer.

Alejandro es un panadero que reparte su producto desde las tres de la madrugada, cuando ve un bulto negro que le dice “sigue caminando que te estoy acompañando”.

Dos lavanderas en el río ven un trapo que vuela, pero no lo encuentran.  Era la ropa de un niño fallecido. El trapo quería jugar.

Hernán se marcha a trabajar en las bananeras, pero contrae malaria. Regresa a su casa y es cuidado por su padre y su madrastra. Él escucha voces que lo llaman tres veces.  Era su madre, llamándolo a su lado.

Nélida acostumbra trabajar hasta altas horas de la noche y escucha sonidos y casquillos, que le suenan a las mujeres que siguen trabajando cuando era la hora de descansar.

Óscar es un mujeriego.  Una noche se le atravesó una criatura con un velo blanco.  Era una mona, le peló los dientes y le dijo: “quieres jugar conmigo”.  Desde ese día formalizó su vida y hoy tiene 50 años de casado.

Pedro es muy trabajador.  Acostumbra ponerse un paño en el cuello al levantarse para no airearse.  Es incrédulo, pero le jalan y botan el paño de la nuca y se asusta.  Escucha cuando le decían “solo historias pa’ meter miedo, ja, ja, ja”.

Una familia está a punto de encontrar una botija, pero se olvidaron de una regla: nadie más debía verla y llega una hermana de Isolina, entonces, la botija se va volando.

Una hija se avergüenza de su madre costurera, y dice que ella jamás será costurera, que tendrían que caerle las agujas del cielo en las manos, y eso es lo que sucede, para que no se avergonzara del oficio de su madre.

José cuenta que hay una piedra viva en los techos que brinca, corre y camina.

Producto de la peste del Cólera y de los muertos enterrados sin ceremonias, se escuchan quejidos y los muertos salen de sus fosas.  Tuvieron que pedirle a Dios que los muertos pudieran descansar en paz y ellos también.

La abuela Candelaria ve a una dama elegante, pero nadie más lo hace. Desde ese día, no volvió a salir, porque no quiere ver a la dama elegante, que solo ella veía.

Una familia compra una casa donde ´practicaban la brujería, por eso, los niños ven a una mujer fea en el armario.

 

8. Helen Ureña Ureña

Una mujer enojada visualiza a un niño.  Su mano traspasa la cabeza del niño.  Ella no creía en mitos.

Marieta tiene varios pretendientes, por lo que otras mujeres le tienen envidia. Un día le lanzan agua y cuando va a secarse se da cuenta de que está seca.  Las brujas de Monterrey no lograron su objetivo.

A Azucena la asusta el Cadejos, de ojos rojizos brillantes.  Nunca volvieron a cerrar la puerta.

Juan sube a su carro a una bella mujer que le pide parada.  En algún sitio oscuro intenta besarla, pero la mujer convierte su rostro en el de una yegua. Promete que nunca subirá a nadie más en su coche.

Un joven desea ser profesional, pero no tiene dónde dormir.  Le dan prestada una oficina, pero escucha risas de niños, sin embargo, la casa está desocupada y le preguntan cómo entró ahí.

Durante una pijamada en La Cruz, se aparece un hombre que las vigila en silencio.  Nunca más esa experiencia.

Santos es taxista, realiza un viaje a Curridabat y le da prestada su jacket a la pasajera, pero cuando va a retirarla, la madre de la joven le die que su hija ya murió, pero que ella sale a bailar y cuando regresa deja la jacket sobre su tumba.

Una joven se enamora de un hombre casado. La esposa muere y sentencia que no se puede casar con Lucrecia.  Como la desacata, les hace apariciones vestida de Carmelo y la joven decide terminar la relación.

Unos ruidos extraños asustan a la familia Solórzano. La familia ora y pide a Dios, entonces, el espíritu maligno aruñó su rostro y brazos.  Desde ese día, prometió no desobedecerlos.

En Salitrillos no se debe pasar por un trillo, porque los asusta un pajarillo.

Una abuela queda sola en la casa y ve cómo una candela encendida va flotando hacia ella, por lo cual se desmaya.  La familia promete no volver a dejarla sola.

Un taxista le hace un viaje a una mujer misteriosa, quien flota y huele a azufre.

Una niña debe quemar su muñeca repolla, porque le abrió y le cerró los ojos.

La mona llega a un árbol, el padre decide cortarlo y se acabó el problema.

Karla es asustada en un restaurante de Ocotal, pero ella se enfrenta a los espíritus ay les dice “yo estoy con Dios”.  La dejan en paz y no la volvieron a molestar. Eran los indígenas que peleaban sus territorios.

Una bola de fuego persigue a una familia que acampaba en una quebrada.

Toño acepta cuidar una casa grande, pero escucha estruendos y apagan las luces.  Su esposa le había advertido esa situación.

Él no creía en las fuerzas del mal, pero ahora sí.

En el túnel del Zurquí aparece un hombre con traje gris que traspasa la montaña.  Hay que encomendarse a Dios.

En un pueblo, las puertas de las casas aparecen aruñadas, pero nadie sale a ver lo sucedido por temor.

 

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural

Premio Omar Dengo, Universidad Nacional

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