La verdad poética de “Todo en la Nada”
Lic. Adrián Díaz Aguirre
(Dir.
Colectivo Literario Hilos Sueltos, Costa Rica)
Miguel
Fajardo Korea. Fotografía: Esteban Krumm
Fajardo Korea Miguel. Todo en
la Nada. San José, Costa Rica. Lara Segura Ֆ Asociados Editores, 2026: 102
páginas. Prólogo de la poetisa Mía Gallegos. Diseño de portada e ilustraciones
internas: Karen Clachar, “Descubrimiento bajo el suelo” y “Ancestral 1 y 2”.
“Todo en la Nada”, es una
negación de la esencia que raya en las preocupaciones filosóficas del
existencialismo sartreano, en la filosofía sartreana hay una máxima que dice: “La
apariencia no oculta la esencia, sino que la revela: es la esencia”. De
donde se derivan profundas reflexiones acerca de la existencia, la libertad, el
amor, la nada y el todo. Estas reflexiones pasan desde lo filosófico hasta lo
poético, Sartre, por ejemplo, propone: “el
ser humano está condenado a ser libre y es plenamente responsable de construir
su propia esencia a través de sus elecciones, ya que la existencia precede a la
esencia”.
El viejo dilema del “ser o no ser”, “to be or not to
be” Miguel Fajardo Korea, lo plantea de la siguiente manera: en el poema
(Tiempo para vencer, p. 40), “/Nace la aurora/de los combatientes/por una
libertad sin miedo. / (…) /No hay cautivos en silencio, /porque la libertad es
posible/en el ascenso del camino /”.
La respuesta poética sobre la libertad, en Fajardo
Korea es rotunda. Perenemente hay esperanza en la vida, siempre y cuando exista
una entidad viviente y con ella la palabra. El hablante lírico prefiere el
combate libertario que, a la espera condenatoria de la libertad, como lo
propone Sartre.
El libro “Todo en la Nada” está transversalizado (atravesado
dirían en mi pueblo), por diferentes vertientes, no siempre compatibles, ya que
reflejan la variada trayectoria del autor. Pasa por la Noumenología (que apunta
a la esencia de la Totalidad Completa, en nuestro caso “El TODO”, la cosa en
sí, que se encuentra en la “NADA”), y la nada la podemos percibir como la ausencia
total de alguien o algo, o como dice Hegel, “ausencia de contenido”.
También pasa por la Fenomenología, ya lo veremos un
poquito más adelante en el análisis del texto en cuestión. El cual tiene un enfoque que se inserta en el eje exopolítico,
(solo el título nos remite a la interioridad y exterioridad del cosmos).
En lo geopolítico, lo hace desde
los muros de los emigrantes. El yo lírico trasiega con los desposeídos, con los
exiliados y los desplazados. La aparición de los desclasados que manifiestan la
tragedia de lo existente, en el texto, no son problemas ni interiores ni
exteriores: son equivalentes entre sí, y se remiten a todas las otras
apariciones de clases, sin que ninguna de ellas sea privilegiada. ¿Qué quiero
decir con esto?
Que no hay mayor tragedia que los
despatriados, porque esos sí, no tienen nada. Esos que son guiados por la
miseria del abandono, por no decir por los miserables abandónicos. “(con
palabras de mudanza/ (…) /guiarán los territorios/a las cenizas/o al barranco
de los expulsados, / p.39)”.
En cuanto a la génesis del título
lo podemos intuir, sin embargo, hay algunos atisbos que nos lo indica, en (El Despojo
salvaje, p.37). Aquí se manifiesta el título de la obra, “/en la
intemperie de la nada. /” Allí donde se planifica la guerra, aparece el
vacío y “/todo en la nada/”. Ya en la página 56 se nos hace explícito.
Con un poema que lleva el nombre del título del poemario.
Desde otra perspectiva, quiero
plantear que, en los epígrafes del libro, encontramos los hitos que marcan la
ruta por donde trasiega el yo lírico, como un emigrante que viaja por un mundo
sin sentido (por eso la alusión constante, a la nada), encontramos los postes o
señales del sendero temático por donde se debate el autor que confronta
acontecimientos, momentos o sucesos trascendentales, que imprimen puntos
referenciales, veamos esto en el primer epígrafe: “Mirarse en el espejo
del espejo. Enfrentarse a/uno mismo/…/Esto es, en verdad, el enfrentarse con el
Todo”. Alfonso Chase (1944). Donde se hace necesario llevar al Todo a
la Nada, para poder derrotarlo. Lo que equivale a derrotarse a uno mismo, por
lo que se destaca aquí al “ser en sí.”
En lo referente al segundo
epígrafe, “Y si en todo lo que está no hay nada más, / que lo que no
está, es lo que no está”. Antonio Porchia (1885-1968). En esta figura paradojal, al analizarse,
se descubre a profundidad una verdad o un nuevo sentido. Aquí se juega con la
existencia y la ausencia, se sugiere que “lo que está” es precisamente “lo que
no está”, es un retruécano que nos lleva a la “nada”. Por donde pasa la
totalidad del texto de don Miguel Fajardo Korea.
Es una especie de
exploración acerca del ser que se remite a la
indagación de la “conciencia” que lleva al sujeto hablante, indefectiblemente,
a la “palabra”, y desde aquí se revela el tercer epígrafe que busco destacar, “necesito las palabras/
para hallar dentro de mí la propia llave” (…). (Mía Gallegos,1953).
Otro mojón, otro hito que nos muestra el camino por
donde pasa la escritura del libro
(Todo en la Nada), que, a la vez, señala la
estrecha correlación entre conciencia y mundo. Al explicarla, se aprecia
también la influencia de la Fenomenología del Espíritu (Hegel,
1770-1831): [(ser/nada) :(conciencia) :(palabra)].
No es por azar que el autor comienza el texto con un
poema que tiene el título de (Machu Picchu, p.23), el “/ “Monte o Pico
Viejo” -en quechua-. /Sombras ancestrales que llegan al ocaso/en el presagio
empedrado de la memoria. /” El Pico Viejo es un “Panóptico” del
hablante por donde incrusta su mirada y lo ve todo, también escucha y se percibe
a sí mismo en la totalidad del éxtasis poético: “/es otra respiración
cósmica/en la luz viajera del tiempo/o en la cicatriz del pasado/ que no
derriban las ventiscas /”.
Esto quiere decir que se trata de un texto potente,
complejo y nada fácil de leer y, sin embargo, accesible a la percepción del
lector, por su carácter lírico, porque está escrito para él, porque convoca a
su imaginación y a sus emociones, porque su abordaje estético es ineludible.
Los dos últimos epígrafes requieren a la muerte como
un acto de liberación, tanto el de Cristina Peri Rossi (1941), como el de André
Cruchaga (1957), aunque uno muere por la nostalgia y otro por la palabra.
No obstante, el yo lírico no se doblega ante estos
lineamientos y aquí la nostalgia no mata y tampoco la palabra, porque él
responde:
“/La
vida es inminente/en la conciencia/contra la indignidad, p.44 /”.
Y porque el hablante sabe que “/La
muerte es una ausencia inconclusa, p.94 /”. Entonces pronuncia el verso
que es clave en este poemario. “/Ningún ser humano es ilegal/”.
Lo dice cuatro veces, en (Al otro lado de la Frontera,
p. 41) en (Sombra de los días, p. 44), en (Los gritos son llamados, p. 63) en
(Poesía como resistencia, p. 83) pero es más contundente en “Sombra de los
días”, porque convoca dos temas recurrentes en este poemario: la mirada como
tema cómplice del hablante y la libertad como principio vital para todos los
humanos, por tanto, lo utiliza como consigna libertaria. “/Ningún ser
humano es ilegal/Los balcones tienden miradas/en la herencia de la libertad /”.
Finalmente, si observamos los planteamientos de la
fenomenología, podemos apreciar la exploración que realiza acerca del (ser/existencia),
el cual, remite a la indagación de la conciencia que la lleva a la palabra,
mostrando la estrecha correlación entre conciencia y mundo. Los trípticos de
los epígrafes, nos muestran el ser en sí, la conciencia de la existencia y la
palabra.
El poemario nos muestra su propia ruta en la vibrante
marcha de los desplazados: la mirada (Machu Picchu p. 23), la ceguedad (La
poesía: un nuevo mandamiento, p.48) y la inconciencia (La tormenta cuelga su
nombre, p.95-96).
Y nos deja, a sus lectores, igual que a los exiliados:
sin tiempo, sin lugar y sin memoria, porque “/El tiempo es no lugar (…) en /El
medio día de la oscuridad/”. Porque, (“El poema es un refugio/para defender
de la maldad, / a las mayorías indefensas /”, p. 67).
“La vida es una tragedia cuando se la mira de cerca,
Pero una comedia cuando se la mira de lejos”. Charles Chaplin
“Nunca se debe mentir. El arte tiene esta grandeza particular:
no tolera la mentira. Se puede mentir en el amor, en la política,
en la medicina, se puede engañar a la gente e incluso a Dios,
pero en el arte no se puede mentir”. Anton
Chejov
Ponencia del Lic. Adrián
Díaz Aguirre, en la Biblioteca Nacional de Costa Rica, el 18-6-2026.

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