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domingo, 28 de agosto de 2022

El Guanacaste: Árbol Nacional de Costa Rica desde hace 63 años

Miguel Fajardo Korea



El Guanacaste: Árbol Nacional de Costa Rica desde hace 63 años


Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural

 

 La identidad, del latín identitas, es el conjunto de los rasgos propios de un individuo o de una comunidad. Esos atributos caracterizan al sujeto, o bien, a la colectividad como un distintivo de los demás. En ese sentido, la identidad es conciencia, construcción socio-histórica, por lo tanto, merece respeto.

Durante la Administración de Alfredo González Flores (1914-1917) se firmó el Decreto Ejecutivo Núm.14 del 25 de mayo de 1915, donde estableció la celebración del Día del Árbol (15 de junio), desde hace más de un siglo se conmemora dicha festividad ambiental.

Posteriormente, el gobierno de Mario Echandi Jiménez (1958-1962), declara el Guanacaste como Árbol Nacional, según el decreto 7, del 31 de agosto de 1959, con base en una iniciativa del periódico “La Tribuna”.

Entre las razones para dicha declaratoria como Símbolo Nacional, se tomó en consideración, rendirle homenaje a la provincia de Guanacaste, por el hecho histórico-político de la Anexión del Partido de Nicoya a Costa Rica (25 de julio de 1824); asimismo, se ponderó que la enorme sombra del árbol de Guanacaste, semejaba la protección que el Estado brindaba a los costarricenses.

El árbol de Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum); Jack Gryseb, integra la familia Fabaceae. Su etimología proviene de dos palabras del náhuatl: quauh, árbol y nacastli, oreja, que significa árbol de la oreja, pues semeja las orejas humanas, con sus vainas duras, de color café brillante. Por extensión, es un árbol que oye, escucha, habla, conoce y reflexiona sobre las injusticias del llano.

"... más de un siglo en el lugar donde hoy existe la pintoresca ciudad de Liberia un frondoso árbol de Guanacaste era albergue -de día como lugar de sesteo, y de noche para dormir- a un numeroso rodeo de ganado vacuno, del que pastaba en los extensos llanos inmediatos con inquebrantable disciplina, durante el día y la noche todos los días sesteaba y dormía bajo el ramaje de aquel Guanacaste que solitario y dominante estaba en aquel paraje calcinado por el Sol y apaciblemente alumbrado por la Luna" (Francisco Faerron Suárez, "El Guanacaste Árbol Nacional". Diario de Costa Rica (San José, 27 de setiembre de 1959, p. 4).

Recomiendo la lectura del capítulo I (pp-11-21), del libro “Liberia, Guanacaste y sus orígenes”. (San José: Lara & Segura, 2016: 392), del Lic. Ronny Pizarro Méndez, quien presenta una reseña del árbol de Guanacaste.  El Lic. Ronny Pizarro y su hijo, el Lic. Francisco Pizarro, sembraron un árbol de Guanacaste, en el parque de Liberia, el 25 de julio de 1983, para rememorar el entorno del sitio histórico.

Igualmente, se puede consultar el breve artículo sobre el árbol de Guanacaste, en mi libro “Perspectivas muralísticas sobre la historia de Liberia”. (San José: CoopeAnde, 2016: 35), donde en las pp. 22-23 cito algunos datos importantes sobre el árbol nacional.  La edición electrónica del libro precitado puede consultarse gratuitamente en el enlace www.coopeande1.com

 

En el año 2005, el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBio) otorgó el Premio Árbol Excepcional, al árbol de Guanacaste, ubicado en el parque ecológico Héctor Zúñiga Rovira de Liberia. Entre los considerandos de sus características físicas para conferirle dicho galardón, se adujo: “amplitud en su copa de 44 metros, 5,20 metros de circunferencia, 40 metros de sombra y 15 metros de altura” (INBio.ac.cr 2015, párr.5). La edad de dicho árbol sobrepasa los 100 años. 

El árbol de Guanacaste es inconfundible: “Símbolo de estabilidad y crecimiento, irradia pujanza a su alrededor, elegante la silueta, resistente al viento, solemne, poderoso, el Guanacaste cautiva a primera vista con su copa vasta, redondeada, en forma de sombrilla” (Decreto Núm. 7, 31-8-1959).

Está claro, entonces, que el Guanacaste es un árbol nación, un árbol territorio. A pesar de ser uno de nuestros Símbolos Nacionales, desde hace 63 años, su imagen auténtica se ha venido utilizando de manera equivocada y descuidadamente, lo cual es un atropello contra la identidad, tanto provincial como nacional. Creo que es hora de corregir tan frecuentes errores, al confundirlo con otro.

El árbol de Guanacaste tiene un garbo especial. No estrangula; no mata a los árboles hospederos, pues no necesita de ellos: es independiente.  Su copa es alta e irregular. Las hojas son menudas, se cierran durante la noche. Su sombra es dispersa. Sus vainas son aplastadas y enroscadas. Su corteza es grisácea con diámetros sumamente considerables. El Árbol Nacional de Costa Rica le da nombre a la provincia de Guanacaste, que registra 10 141,78 km2 y 404 774 habitantes (2022).

El Guanacaste, Árbol Nacional, completa la historia.  Es el árbol de orejas con la verdad sin entreguismos. Sus orejas guardan el grito Varguista. Han sido testigos de las luchas contra los filibusteros y del arrojo que alcanzó el Batallón de Moracia, al mando de Tomás Guardia, durante la Campaña Nacional (1856-1857). Ellas guardan, sin olvido, el despojo peninsular de 1915. Esas orejas escuchan y oyen, pero no olvidan.

 Es un árbol gigante, de libertad extendida. Se planta en media calle, en barrio Condega, en Liberia, como emblema y desafío, en el tiempo de las raíces contra el descuido. Es un pedestal en el tiempo de los trípodes para reconocer la geografía de un Guanacaste no ajeno, que protesta contra las injusticias del llano y contra quienes quisieran venderlo, o bien, entregarlo, por unos dólares o euros que asedian.

En ese contexto, deben corregirse los inaceptables usos identitarios, relacionados con la figura emblemática de dicho símbolo nacional, pues lo confunden profusamente con el árbol de Matapalo (Ficus crocata; Ficus Golmanii), familia botánica: Moraceae. Más lamentable aún, he visto dicha distorsión y descuido en diversos medios de prensa tanto nacionales como regionales, así como en las pautas publicitarias con motivo del mes de la Anexión del Partido de Nicoya. Ojalá prive la identidad, antes que la pauta publicitaria errónea.

 Ya es hora de que muchas instituciones estatales y privadas, coloquen la imagen del Guanacaste, verdadero Árbol Nacional de Costa Rica, en sus logotipos y membretes; igualmente, en los íconos de muchas páginas digitales. Si no supieran cómo hacerlo, deberían abstenerse de utilizarlo. Le harían un gran favor a la identidad de nuestro árbol.

En el aniversario 198 de la Anexión (unión, incorporación, agregación) del Partido de Nicoya a Costa Rica, se torna imperativo recordar que el Guanacaste es el Árbol Nacional de Costa Rica desde 1959, y debe dársele su innegable lugar, sin ignorancia. Audiovisuales de la Editorial Estatal a Distancia acaba de dar a conocer el documental “El árbol que escucha”, dedicado al Árbol Nacional de Costa Rica: el Guanacaste.

Este artículo tiene como finalidad la retoma de conciencia de confrontar lo nuestro de siempre con otros aires: los de la lealtad y el compromiso por esclarecer la verdad ineludible.  Nadie defiende lo que no conoce, por ello, esta entrega pretende concienciar, en relación con el verdadero símbolo de Costa Rica: el árbol de Guanacaste (Enterolobium cyclocarpum).

          Árbol de Guanacaste, parque ecológico Héctor Zúñiga Rovira, Liberia (MFK)

Incluyo mi poema El cielo Quauhnacaztli, publicado en mi libro “Casa Guanacaste” (San José; Uruk, 2013: 106).

 

Tus hojas

alcanzan la historia.

El cielo Quauhnacaztli,

árbol de orejas

con la verdad total, 

sin entreguismos.

Tus cortezas

guardan el grito Varguista

de la Patria Regional.

Gigante

de libertad extendida

como pararrayo centenario.

Te plantás

en media calle

como emblema y desafío

en el tiempo chorotega

de las raíces

contra el olvido.

Enterolobium cyclocarpum,

pedestal en el tiempo

de los trípodes

para reconocer

la geografía

del árbol nación,

del árbol territorio,

del árbol chorotega

contra las injusticias del llano.

Nos asimos de vos

para sabernos vivos

en esta pampa

que amarra

los pies Amatecuauhuitlnacaztli,

en el “Hallazgo conspirador” de tres gritos:

-silencio, despertar y esperanza-.

 MIGUEL FAJARDO


 

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