En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



sábado, 23 de octubre de 2021

ANDRÉ CRUCHAGA: POESÍA EN LA MEMORIA VITAL

 




ANDRÉ CRUCHAGA: POESÍA EN LA MEMORIA VITAL

  

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica

minalusa-dra56@hotmail.com

 

            El trabajo de difusión cultural de André Cruchaga (El Salvador, 1957) es excepcional.  Las páginas se sus revistas electrónicas, en especial, “Odiseo en el Erebo” están al servicio de la extensión cultural sin distingos de nacionalidades ni ideologías. 

Él se esmera, cada día por ofrecer los mejores y más exquisitos portales de la cultura y la luz intensa de la poesía.  André Cruchaga ofrece espacios de conocimiento  frescos y caminos humanos y literarios, tan vastos y reconfortantes para el espíritu. André Cruchaga ha fungido como jurado en diversos certámenes. Asimismo, ha sido distinguido con  premios literarios. Es un académico y un trabajador incansable de la cultura. Su labor humanística es digna de encomio, en un mundo abierto a la indiferencia y la incomprensión.

La poesía tiene una virtud: es un encuentro y un  desencuentro.  Las posibilidades de convergencia desde la poesía son múltiples.  En este caso, Internet fue el acercamiento; los libros, su fortaleza. Una tercera fase, será conocernos personalmente, en el momento oportuno, en alguno de nuestros países centroamericanos. Esto último está pendiente, a pesar de que visité El Salvador hace unos años, pero con otros afanes.

El Lic. André Cruchaga es profesor de humanidades y Ciencias de la Educación.  Ha sido académico en enseñanza media y universitaria.  Su bibliografía es extensa, con 35 libros publicados en diversos países, tales como El Salvador, México,  Estados Unidos o Cuba, entre (1992-2018). En mi biblioteca dispongo de 12 de sus libros, los cuales ocupan un sitio especial en ella.


Entre sus títulos editados sobresalen: Alegoría de la palabra, Fantasía del agua, Fuego de la intimidad, Espejo de invierno, Memoria de Marylhurts, Enigma del tiempo, Visión de la muerte, Antigua soledad, Insomnio divagante, Viento, Césped sobre el fuego, Fugitiva luz de los espejos, Fantasía del bosque, Caminos cerrados, Enigma del tiempo, Roja vigilia, Querencia del follaje, Rumor de pájaros, Oscuridad sin fecha, Pie en tierra, Viajar de la ceniza, Cuaderno de ceniza, Sublimación de la noche,  Poeta en Barataria, Balcón del vértigo, Post-Scriptum,  Viaje póstumo,  Lejanía, Vía libre, Cielorraso, Calles, Ars moriendi,  y Motel.

Su obra poética ha sido traducida a ocho idiomas, entre ellos: inglés por Grace Castro; francés por Dànielle Trottier y Valérie St-Germain; vasco por Miren Eukene Lizeaga; griego por Lia Karavia; holandés por Michel Krott;  rumano por Liliana Popescu y Elisabeta Botan; catalán por Pere Bessó, quien ha difundido, grandemente, la obra del bardo salvadoreño. Varios de sus poemarios son ediciones bilingües, lo cual amplía su circuito de lectura a otras posibilidades y espacios lingüísticos.   

         En la poesía de Cruchaga existe un dossier de antifaces, aunque al hablar de la vida no se debe temer a los fantasmas, sin embargo, las hormigas se mueren al ver los espejos.  La vida nocturnal es un horizonte de soledad, verjas y sombras en la luna.  Es decir, en el mapa lírico de Cruchaga campea  una honda preocupación  por la nostalgia de los espejos, lo inanimado es una respuesta donde “El silencio nos arroja rostros reales”.


         El ánimo del cansancio es un desgarramiento en el espacio corporal.  Mares y noches, bocanadas y desgarramientos. Sus preocupaciones estelares son el silencio que habla y ve, porque “Nos toca morir en un país de gritos”.  Es el grito humano como un vector semiótico de repercusiones en el atardecer de la sonrisa, en el círculo cabalístico, o bien, en las tumbas hambrientas.

         La ubicuidad es otro de los rasgos de este mapa lírico  “Uno se da cuenta de que ya no se es de aquí ni de allá”·  La mirada se comporta, entonces, como uno de los signos del futuro en el ayer, es decir, siempre. “Un corazón donde latía el río” es una imagen plurisignificativa de hondo arraigo expresivo, en el trópico del oleaje, en la hierbabuena del tiempo.

         Existe un acendrado espíritu de búsqueda por los desaparecidos, por sus olvidos “Tan atroces como hablar con las sombras”.  Dice Benedetti que “el olvido está lleno de memoria” y, en esa dimensión, el autor salvadoreño expresa “La tempestad de la ciudad y sus desaparecidos”.  El tópico central de la ciudad, con todos sus contornos y expresiones desangeladas. “Este país fue hecho prohibido para el olvido”, es un verso contundente, restallante.  Es una incisiva reflexión para todos.

         Ironiza cuando aduce “Sé que la vida, de vez en cuando, es un manicomio”.  La vida, el mundo mismo se comportan de esa manera.  Los actos coyunturales son problemáticos, hoy.  A veces, “La vida es un viaje a cero”.  En otro momento discursivo remarca “Me duele saber que la vida encarna oscuridades”, a pesar de ello, “Su sombra es mi ser.  Mi compañía.  El centro de mí”.  Es decir, la fuerza humana es un sujeto activo en este mapa lírico.  Esa condición actancial le permite decir “Un segundo en un vaso es la vida”.

         Pie en Tierra incursiona en un dualismo de entrada “Contemplar es vivir.  Vivir es despertar”.  Es como si el río de las irrealidades sujetaran al poeta y le indicaran otras rutas, aunque “De nada sirve abrir los ojos: todo es sombra”.  Y en esa vastedad de la sombra distinta “La noche tiene un solo ojo ciego”.  La ceguedad del mundo es asombrosa.  Tenemos tanta capacidad  para destruir, que se debe “Descubrir los pasos desgastados en los espejos”.


         Los textos de este poemario de Cruchaga son más extensos, como si quisieran expresarnos todo su dolor, su angustia existencial ante los avatares del mundo, ante los quehaceres de las fronteras, aunque “Nada es posible con ellos para que no se pudran las palabras”.

         El sujeto lírico aboga por los desaparecidos “Luego sobrevienen los exterminios selectivos”.  Las estadísticas planetarias, en ese sentido, son  apabullantes.  Uno se queda incrédulo ante tanta barbarie y eso que estamos en el siglo XXI “Solo me queda esperar noticias / Y asumir la culpa / Y recoger el espejo de mí mismo en pedazos”.  Los poetas no renunciaremos a seguir denunciando ese Apocalipsis.

         “Ahora nadie ve y nadie ha visto” (…) “Comiéndose la vida”.  El dolor como comida es un signo devorador “Por mucho tiempo a los vivos nos come el luto”.  Sus doloridos acentos singularizan una especie de esquema recolectivo de la angustia y los traumas humanos más evidentes, porque “Vivir aquí es una aventura de la sed”.

         En el universo poético de André Cruchaga “Jamás regresaremos al mismo sitio / de donde partimos”, porque “Todos no somos los mismos”.  En ese encontrarse y desencontrarse que es la vida, la voz de Cruchaga es un resquicio para reflexionar sobre la condición vital “Por eso la mayor fatalidad es estar vivo, seguir vivo”.  Las herencias le preocupan al poeta “Partir dejando a otros, espectros de sí mismo”.

         Seguidamente, ofreceré un selecto corpus de versos relevantes de siete de sus más recientes libros, publicados, para plantear un comentario integral sobre la calidad literaria en la poesía del salvadoreño André Cruchaga, gran y solidario poeta centroamericano.


         De Postscriptum (2014) selecciono versos ineludibles: “Ya solo es memoria el camino andado”, “recomenzar el camino del universo”, “Nunca ha sido fácil tener ojos para tanto mundo”, “el futuro es solo una calle sin ojos”, “Mi memoria es otra cruz semejante a los candiles oscuros de la sed”.

         De Viaje póstumo (2015) muestro el siguiente corpus: “el aliento es el tiempo póstumo de mi mundo”,  “diles que no es pecado el mar en la boca: todo tu mar”, “Quemamos los barcos descreyendo del horizonte”, “Se ha hecho memoria la voz del mar”, “el poema, después de todo, se escribe en la páginas de sangre”.

         De Lejanía (2015): “Cada minuto cuenta para el arcoíris de la sombra”, “Desnudarte, después de todo, quizá sea  la forma de vestir mi rebeldía”, “Las calles siempre tienen la tentación de hablarme: existen”,  “Al final del día, queda el libro sobre la mesa y el fogón ardiendo en secreto”, “¿En qué pedazo de tierra vive el futuro?”, “Ahora libre aunque nade siempre contracorriente”, “el semen como un labio sin sed en medio del hambre”.

         De Vía libre (2016): “Hoy es un día sin sobornos”, “Nunca la agonía deja de ser relámpago o piedra”, “La memoria es una sombra que nos quema la respiración”, “¿Cuántas ausencias hay que escribir para encontrar la memoria?”, “en cada poema me atrevo a tocar el infinito”, “Nunca ha sido fácil tener ojos parea tanto mundo”.

         De Calles (2017): “Cuando hablo de laberintos me refiero a ese viaje de flechas de todos los días”, “La vigilia me hace contar los días sin quitar la vista de las llaves”, “La palabra, ese hallazgo definitivo del horizonte”, “¿En qué momento cambió el universo de la alegría por las húmedas plegarias del sollozo, o los funerales?”, “Aunque todo sea transitorio, la tempestad renueva los aullidos”, “Al final, solo me queda el camino de la memoria o del olvido”, “Es inútil la libertad cuando callas o ya has pasado a otra vida”.

         De Ars Moriendi (2018): “Cuando el tren me regrese a casa, habrán escapado las ventanas”, “la piedra sigue ahí, en todas las formas posibles de los puntos”, “Camino alrededor de mi sombra. Oscuras palabras”, “En este lugar quiero morir desnudo como mi país”, “El azadón de la fe no absorbe al enemigo”, “Nada tiene sentido cuando la edad se ha convertido en un vestigio”, “Siempre ha sido difícil ver las palabras en medio de las ruinas”, “Uno nunca sabe hasta dónde es posible arar con las palabras”, “Ahora es la incertidumbre la única certeza para abrir las puertas”, “Con toda esta edad incesante de las palabras, escribo el poema”.

         De Motel (2018), que es un texto de prosa poética, prosema, citamos: “La herida en ráfagas derrama sus augurios”, “La magia del espejo nos vuelve criaturas diferentes”, “¿Quién puede negar los múltiples rostros del poema?”, “Siempre el candelero nos sorprende con su luz a media asta”, “Después de todo, abierto el resplandor se hace poema”, “Toda la marea de las aguas  empieza a ser sonambulismo”, “Solo recuerdo la desnudez ciega que nos mira en la memoria y el vacío a oscuras como la habitación que dejamos”, “Hay algo que siempre está en la conciencia y que no se puede nombrar”.

         Cuando se lee de manera morosa la poesía de André Cruchaga, advertimos una extraordinaria capacidad para construir imágenes, a partir de elementos cotidianos, materiales o abstractos. La inclusión de elementos simbólicos es notable, pues con base en ellos, elabora versos de una señalada calidad y méritos poéticos.

         En su mundo lírico, se advierte una marcada recurrencia a poetizar sobre el olvido, la memoria, el universo, la sed, el mar, el tiempo, la poesía, el infinito, su país, las palabras o, el horizonte, por citar algunos ejes temáticos caracterizadores de su poética.

         En su poesía, el símbolo es uno de los recursos más utilizados dentro del sistema de significados poéticos. Asimismo, hace gala de un manejo pleno de las figuras retóricas como procedimientos que forman parte del valor estético de la creación literaria.

         Entre sus lecturas se advierte una fortaleza en su concepción cosmovisionaria.  Puede observarse en ellas, epígrafes testimoniales de figuras tan relevantes como Antonio Gamoneda, Pablo Neruda, Andrés Sabella, Eduard Jaguer Roque Dalton, Manuel Altolaguirre, Luis Cardoza y Aragón, Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, Juan Antonio Massone, César Vallejo, Bertolt Brecht, Pablo Picasso, Walt Whitman, Juan Ramón Jiménez, Dylan Thomas, Aldo Pellegrini, Fayad Jamis, Joan Brossa, André Breton, o Braulio Arenas.

         Al dar cuenta de la alta productividad poética del poeta salvadoreño André Cruchaga, nos regocijamos en disponer de una docena de sus libros en nuestra biblioteca  costarricense, pues, de esa manera, releemos sus libros y nos acercamos a su acento creativo, de gran capacidad poética y de construcciones novedosas, que nos ponen a reflexionar acerca del verdadero oficio de un creador holístico como André Cruchaga.

Desde Costa Rica, saludamos al maestro André Cruchaga, un insigne trabajador, y difusor de la poesía sin  latitudes ni banderías, pues él sabe, y muy bien, que cada creador realiza su mejor esfuerzo por ser honesto y transparente, desde su universo creativo, en aras de  alcanzar un mejoramiento, en favor de las mayorías menos favorecidas del mundo.

 

 









martes, 7 de septiembre de 2021

ARQ. GUILLERMO NAVARRO, UN ARTISTA PERSISTENTE

ARQ. GUILLERMO NAVARRO,

UN ARTISTA PERSISTENTE

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

minalusa-dra56@hotmail.com

El Arq. Guillermo Navarro Mairena con el Lic. Miguel Fajardo.


La vida es un hacer.  Cada día de la tierra forjamos la lucha.  No es fácil, pero cuando el ser humano lo desea, la vida es fuente partícipe, estela, sendero. El ser humano tiene que individualizarse sobre la base de su propio esfuerzo. Nada es dado.  Nos corresponde ganarnos un sitio para llegar al alma, porque el aire se puebla de espíritus que nos animan el día para alegrarnos el tránsito terrestre, que dijera Eunice Odio, porque esa es la lucha cotidiana. 

Definitivamente, la vida es una lucha diaria, un hacer.  Bien enseñó Martí “Hacer es la mejor forma de decir”.  Y Horacio, nos legó su “Carpe diem, quam minimum credula postero”: “Aprovecha el día, no confíes en el mañana”.

         El perfil biográfico del Arq. Guillermo Navarro Mairena es la perspectiva de un humanista en el tiempo.  Nació en el cantón de Bagaces, el 6 de abril de 1948. Sus padres: Eulalio Navarro y Verónica Mairena. Los progenitores de don Guillermo se trasladaron a residir en Liberia, cuando él contaba con seis años. Tiene dos hermanos: Silvia y Carlos.  Contrajo matrimonio el 7 de diciembre de 1978 con la Prof. Lidia Fennell Montoya, quien es la propietaria del Souvenir Ocarina, en la avenida 4, de la ciudad de Liberia. Sus hijos son: Verónica, Juan Pablo y Carmen Gloria.

         Guillermo Navarro Mairena ingresó en la escuela Ascensión Esquivel Ibarra de Liberia. Continuó estudios secundarios en el Instituto de Guanacaste, donde se graduó con honores. Todos sus estudios superiores los realizó en la Universidad de Costa Rica. Su constancia y capacidad, sobre la base de su esfuerzo le permitieron obtener cuatro grados académicos: Profesor de matemática, Bachiller en ciencias de la educación, Licenciado en administración educativa y Arquitecto.

         Como arquitecto, su tesis versó sobre el proyecto del Hogar de Ancianos de Liberia, el cual pudo concretar una década después.  La tesis se denomina “El espacio físico escolar”. En el boletín informativo de Colypro-Guanacaste, año 1, número 2, octubre de 1987, pp. 4-6 dimos a conocer parte de su contenido. Él es uno de sus coautores.

         En su desempeño profesional educativo, el Lic. Guillermo Navarro Mairena trabajó durante 27 años (1970-1997).Entre los centros educativos en los cuales trabajó, cito: Moravia, Liceo de Costa Rica, Justo A. Facio, Santa Ana de Liberia, Universidad de Costa Rica, Sede Guanacaste, Colegio Científico de Liberia y Liceo Nocturno de Liberia.

         Me correspondió trabajar en el Liceo Nocturno de Liberia entre (1980-1994).  Don Guillermo se incorporó al cuerpo docente del Liceo Nocturno de Liberia desde 1982 hasta su jubilación. Por ello, fuimos compañeros de trabajo durante 13 años y, después de esa fecha, gané una amistad transparente y leal, de la cual me honro, hasta la fecha. En ese lapso, en 1991, fungió como Director del Liceo Nocturno de Liberia.

Destaco que durante todo el proceso de construcción del Liceo Nocturno, él dio la asesoría de forma gratuita, asimismo, sé que el Nocturno, como le decíamos, es una parte entrañable de su extraordinario ejercicio docente. La Sala de Profesores del Liceo Nocturno de Liberia ostenta su nombre, muy merecidamente. El 29-11-1998, los educadores activos y pensionados del Liceo Nocturno de Liberia y la sede de la Universidad de Costa Rica le rindieron un merecido homenaje.

         Guillermo Navarro Mairena, en su proyección filantrópica y humanista, registra numerosos testimonios que signan su darse a los demás.  La vida es breve, pero las acciones positivas que realicemos marcan nuestro sello con el mundo. Es un compromiso interior, de fuego, de alma, de espíritu en vigilia.  Él ha sabido comprometerse con nobles causas  en su momento histórico.

         En ese sentido, ha diseñado, gratuitamente,  planos para personas de escasos recursos, para instituciones como el Hogar de Ancianos de Liberia, el Liceo Nocturno de Liberia, la iglesia de Corazón de Jesús, en Condega; la Cruz Roja, así como ermitas, salones comunales. Por iniciativa del Club de Leones de Liberia, junto con el Ing. Manuel Carrillo, diseñó los planos de la Biblioteca Pública de Liberia “Francisco Mayorga”.

         El humanista que es Guillermo Navarro Mairena cultivó muchísimas amistades. Sus estudiantes lo respetan y recuerdan. Sus compañeros del gremio magisterial lo admiramos y estimamos. Nunca ha decrecido el afecto. Él lo sembró en el tiempo y por eso sigue cosechando. 

Como dijera José Enrique Rodó “Entrega una parte de tu propia alma para la obra del porvenir”. Contar con su amistad es un privilegio.   En tiempos de mundialización, su amistad leal es una bendición. Sabemos que no cambiará su manera de ser,  porque él es así: honesto, leal, humanista y humilde.

         Su faceta artística en el ámbito de la pintura es intensa. Recuerdo que cuando trabajaba en la Universidad de San José, Sede Liberia, el 6 de diciembre de 1999 se inauguró su exposición NOSTALGIAS…HERENCIA. La Universidad, dirigida por el Lic. Mario Abellán,  trabajaba, en ese entonces, en el barrio Condega, donde vive don Guillermo.

Como artista plástico, Guillermo Navarro Mairena se expresa pictóricamente desde el óleo, la acuarela y el acrílico. Ha realizado exposiciones, tanto individuales como colectivas. Entre ellas destacan las realizadas en la Universidad de San José, Casa Gobernación, Banco Nacional, Banco de Costa Rica, Banco Nacional, Corte Suprema de Justicia, Casa Real y la nueva sala contiguo al Souvenir Ocarina, en la Avenida 4.

 En su temática, le interesa la recuperación de nuestras tradiciones, inspirada en los paisajes y temas, tanto liberianos como guanacastecos.  Su catálogo artístico incluye 500 obras. Tengo en mi poder cinco de sus cuadros. Uno de ellos en Limón. El otro en Moravia.  Los otros tres restantes en Liberia. Tengo el honor que dos de sus pinturas hayan sido portada de mis libros “Margen del sueño” (2000) y “Nadie es dueño” (2016).

Durante la XXXV Semana Cultural Ciudad Blanca, 2021, Guillermo Navarro Mairena presentó la exposición LIBERIA POR SIEMPRE, compuesta por 50 trabajos. En nombre de la Asociación para la Cultura dio su mensaje la Presidenta Nuria Cuadra. Asimismo, la Arq. Verónica Navarro Fennell leyó una síntesis biográfica de su padre. El acto cultural  fue transmitido por el periodista Luis Diego Coronado para Radio Pampa. 

El Arq. Guillermo Navarro Mairena y su esposa, la Prof. Lidia Fennell Montoya.

Les acompañan: Nuria Cuadra, Miguel Fajardo, Mélida Obando y Saray Masís.








 



 

sábado, 31 de julio de 2021

ACERCAMIENTOS A LA SOMBRA DECAPITADA, DE SANTIAGO PORRAS

 

Miguel Fajardo Korea



ACERCAMIENTOS A

LA SOMBRA DECAPITADA,

DE SANTIAGO PORRAS

 

Lic. Miguel Fajardo Korea

Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural

minalusa-dra56@hotmail.com



(Guanacaste y Moravia).- Porras, Santiago. La sombra decapitada. San José: Euned, 2021: 71 (serie Vieja y nueva narrativa costarricense, N°193).

         “La sombra decapitada” muestra en su título una estructura nominal: artículo, sustantivo y adjetivo. El íncipit, como unidad integradora, da indicios de ejes temáticos simbólicos que se encuentran en varios de los 13 cuentos. Nueve de ellos de la edición del 2016; uno publicado en otro libro, y tres cuentos nuevos.

         Jean Chevalier, en su “Diccionario de los símbolos” (Barcelona: Herder, 1995: 1107), aduce que “La sombra, por una parte, es lo que se opone a la luz y, por otra parte, la propia imagen de las cosas fugitivas, irreales y cambiantes”.

La sombra es el aspecto yin opuesto al aspecto yan.  Asimismo, también “considera la sombra como la segunda naturaleza de los seres y las cosas” (pp. 955-956), de ahí, entonces, la alta sugerencia expresiva en varios de los cuentos.

         Por su parte, José Antonio Pérez Rioja, en su “Diccionario de símbolos y mitos” (Madrid: Tecnos, 1992: 454) hace ver que “La sombra simboliza el otro aspecto, el oscuro hermano de la individualidad humana (…) la propia sombra se suele interpretar como un signo de desacuerdo entre nuestra conciencia y nuestra conducta” (p. 390).

         Asimismo, el adjetivo decapitada, alude a un elemento hiriente: cortar la cabeza. En esa línea, el título funciona como una marca paratextual, sorpresiva y magnética, “La sombra[MF1]  decapitada”.

         Un recorrido temático sobre los cuentos deja en evidencia las líneas interpretativas, a partir de su íncipit, es decir, de la unidad de sentido, propuesta en el sugestivo título del cuentario.

Por ello, en este libro se aborda diversos ejes temáticos confrontativos, donde se apela a un lector atento: la autoinmolación; la sombra flotante; el espectáculo circense; la crueldad de un dictador asesino; el hombre exitoso, pero explotador y enfermo de depresión -exceso de pasado-; la fantasía artística de un pintor; la convivencia con mellizas, donde el  número dos cumple un papel simbólico, dado que se apela a quién soy y quién quiero ser; el no llegar a viejo como secreto para alcanzar la eternidad; la presencia de los dragones; el secreto de un abuelo, ante el cual se llega tarde; la modelo evanescente y la temática de un niño especial en un esforzado hogar campesino.

***

En el texto que da título al libro La sombra decapitada,  Contrapuntean las hormigas y los seres humanos, a partir de tener o no memoria.   No hay nombres de personajes, para que destaque el elemento sombra.  El narrador es omnisciente.  Se alude a dos hombres que desean salvar del fuego a los ocotales, especies únicas, sin embargo, uno de los personajes se autoinmola de forma absurda, pues “pudo más la fatiga que el miedo”. Se autoinmola para dejar de sufrir, porque “la sombra es a la luz, lo que el horror a la muerte es a la vida, cuando la luz y la vida desaparecen sus contrapuntos desaparecen”.

La otra voz reclama al inmolado que debió seguir huyendo para llevar el peso de las memorias y poder perpetuarlas. El final es muy poético “Los caminos son la memoria de los pasos (…) ya es hora de ponerle orilla a los recuerdos”.

La sombra ingrávida   Gira en torno a una anormal sombra que flotaba en el aposento, la cual es vista por el marido, quien enciende y apaga la luz para estudiarla.  Llama a su esposa para que ella le ayude a develar ese misterio, pero ella no le da importancia, y descalifica la existencia de la sombra, sin embargo, una noche se le aparece a la mujer, pero esta vez, “el marido es quien no vio nada”.  Es un cuento de estructura circular, pues inicia y concluye con el eje temático de la sombra y la no respuesta de parte de ambos personajes innominados, le confiere un hálito fantasmagórico.

Autoinmolación Aborda la temática circense. Importante ese aporte, que se suma a la gran novela Del circo hermanos muerte: secretos, del costarricense Francisco Vallejo (Columbia, EE.UU.: 2020: 336), donde se aborda esa temática, con gran categoría e inonovación narrativas.

En el relato de Porras Jiménez, el contorsionista Nacho Serpes decide autoinmolarse en el proceso de autodevoración corporal. La razón de todo “Solo una muerte original justifica una vida insulsa”, y repetitiva como su número de contorsionista. El texto presenta un feísmo naturalista en el tratamiento narrativo de la historia argumental.  Asimismo, el relato plantea situaciones límite, porque el contexto del circo, para quienes trabajan en él, no necesariamente es un mundo feliz.

El hijo de la muerte Trata el tema de la crueldad dictatorial. El dictador indulta a un criminal, quien se convierte en un verdugo leal del dictador.  El verdugo da muerte a su concubina y a su amante. A ella la hizo presenciar, la muerte de dos de sus hijos, una clara muestra de otra situación límite.

         El dictador muere muy longevo, pero tranquilamente.  Los sucesores del dictador toman el poder, pero excluyen al verdugo, quien termina sus días arrimado a la casa de un antiguo partidario. Todo poder concluye, máxime cuando ha sido nocivo y destructor.

         El verdugo asistía a los funerales y siempre preguntaba “De qué había fallecido”. La resolución de ese enigma muere con él.  Quizá deseaba mantener contacto con la muerte y sonreía. Este cuento también presenta situaciones límite en su tratamiento narrativo.

 Un hombre de éxito Narra la vida de Mauricio, hijo de un empresario acaudalado, quien se comporta como un Don Juan y embaraza a numerosas jóvenes, sin hacerse cargo de ninguna. Otra denuncia del narrador contra los abusos patriarcales.

         Mauricio logra estudiar Administración y luego su padre lo nombra vicepresidente de su empresa. Sus excompañeros trabajan con él, pero los explota laboralmente, sin ningún trato preferencial.

         Asimismo, su relativo éxito económico se ve disminuido en su vida personal, debido a sus depresiones -exceso de pasado-.  Su tragedia de salud lo convierte en un hombre infeliz. El narrador pone en boca de Mauricio que “la diferencia fundamental entre los seres humanos está en el tamaño de sus frustraciones”.  Por ello, el éxito es un valor relativo.

Por amor al arte Da cuenta de la admiración por una bella mujer, que se convierte en una obsesión para un pintor sin nombre. Una vez que decide abordarla, le propone que pose para un desnudo.  La mujer acepta, si excusas, luego de que el pintor le ofreciera una buena paga y “eternizar su belleza en un lienzo”.

         Al final, el pintor le pregunta a la dama a qué se dedicaba, y ella le responde que es una bailarina exótica, razón por la que “ella comenzó a desnudarse con desenfado y sin los remilgos esperables en una mujer recatada”.  Sin duda, es un texto con un marcado acento irónico.

Cuarteto de cuerdas y cuerdos       Un hombre casado se da cuenta, con el tiempo, de que ha compartido su vida con mellizas.  La esposa y la perversa, ambas con actitudes diferentes.  El esposo sospecha que hay un acuerdo de las mellizas: quien ame a una debe hacerlo con la otra, para evitarle el ostracismo de una soltería. Sorprende la sincronización de las mellizas, quienes se visten igual, usan los mismos maquillajes y lociones, hablan semejantes temas, en fin, tratan de ser idénticas en todo.

         Para complicar el panorama marital, aparte de la dulce esposa y la acre cuñada, el hombre sospecha de la presencia una tercera, la intrusa melancólica.  Por ello, el esposo pregunta, si está siendo víctima de la clonación e, irónicamente, concluye: ¿Y si a mi mujer le estuviera sucediendo lo mismo con varios conmigos”.

El secreto de la eternidad      Resulta fantasmagórica la muerte de doña Nata en el pueblo Desjarretado.  Se narra la agonía y el velorio de doña Nata. Todos hablan sobre ella durante el velorio. Un visitante queda solo con la occisa en la sala. Se acerca al féretro, y observa que tiene sus ojos semiabiertos.  “La muerta, con voz gangosa y cansada me susurró: “¡Ya oíste, mocoso!, para no merecer la muerte el secreto está en no llegar a viejo”.

 La extinción de los dragones    Se compara los usos de los dragones, tanto en la cultura Oriental como Occidental.

El secreto perdido          Presenta el secreto que el tío Carlos le revela a una nieta.  Se aborda cómo los coligalleros extraían el oro artesanal.  Cierta vez la lleva al túnel minero, y le confiesa un lugar donde resaltaban las vetas de cuarzo.  Pero solo debía ir en la época seca “No se lo digás a nadie porque te robarían este oro.  Guardate este secreto hasta que ya podás explotar estas vetas”.

         El tío Carlos muere. La nieta se va a estudiar y a vivir lejos.  Próxima a pensionarse, regresa a la mina, pero no encuentra el túnel “Seguro dejé pasar demasiado tiempo.  Eso nos pasa a veces”, cuando le damos largas a los asuntos y el tiempo transcurre inexorable, por eso, a veces, llegamos tarde a los dictados de la vida.

Retrato de futuro         A partir de un retrato del abuelo Patrocinio, a sus ochenta años, se repasa su vida en diferentes dimensiones. 

En relación con las fotografías, la crítica polaca Magdalena Perkowska, en su libro Historias híbridas (España: Verbuet, 2008: 371), asevera que: “Las fotos penetran en el relato, pero el relato también penetra en las fotos. El vínculo que se establece entre estos dos sistemas de representación muestra que lo verbal y lo visual son indisociables (…) son re-presentaciones que inscriben ideologías, creencias y valores culturales en el objeto representado mediante determinadas estrategias discursivas” (pp.254-155).

Procreó 15 hijos. Le temía a su bordón. Era avaro con sus nietos. No llegó a tener muchos bienes. Fue agricultor. Tuvo un pequeño hato y un trapiche. Fue un hombre sufrido y desengañado, sin desesperación por morir ni afán por vivir, pero reflejaba un aire de libertad, sin nostalgia ni melancolía, porque su saldo estaba en cero.

         El retrato que trajo el primo Gilman, a un descendiente, evoca recuerdos sobre el abuelo Patrocinio.  El final del cuento es reflexivo: “si se deja de lado la comodidad y la conciencia de la nueva condición, en el ser humano siempre lo que queda es más de lo que había”.

La modelo modelo           Aborda el tema de la moda.  Una empresa desea recuperar el puesto de ventas entre la competencia.  Para ello, contrata a dos jóvenes, quienes les proponen que los desfiles de moda se realicen con modelos evanescentes, es decir, que casi no se vean. Los ejecutivos preguntan a los proponentes, cómo van a lograrlo, ante lo cual los jóvenes responden:

         -¡Ah, ese no es problema nuestro-. Se ponen las especificaciones en el cartel y las modelos que se las arreglen para cumplirlas… Como siempre lo han hecho”.  En la técnica de lo no dicho, estriba la riqueza expresiva de este cuento.

El otro jardín               El perito del banco visita a don Anselmo en su parcela.  Su esfuerzo es evidente: un agricultor competitivo en la época del libre mercado.  Su parcela es modelo de días de campo. Al perito le extraña que la casa carezca de jardín.  Infiere que ellos acordaron que “la milpa es el jardín de ambos”.

Anselmo invita a almorzar al perito.  Establecen una conversación, a la cual se suma su esposa, quien es una mujer hacendosa.  En un momento, ella va al dormitorio y regresa con su hijo: un niño especial “quien no podía mantenerse erguido”.  Cuando Anselmo está con su hijo, se quedan mirando al perito “con una sonrisa inefable, como pidiéndome comprensión porque no todo tenía que marchar bien en su vida”.

         En síntesis, la narrativa de Santiago Porras incorpora un mapa temático plurisignificativo, lo que le confiere una gran riqueza expresiva a su trabajo narrativo.  Los textos son independientes en su tratamiento de unidad y contenido, y así los disfrutamos como lectores: un libro con cuentos, y no un libro de cuentos.

         La bibliografía en cuento, novela y ensayo de Santiago Porras Jiménez, incluye los siguientes títulos:

 

  1. Cuentos de ayer, de hoy y de nunca ( 1993 y 2003);
  2. Cuentos guanacasticos (1997; 2003 y 2012);
  3. El regreso es parte del viaje (2002 y 2008);
  4. Allá en el Zamorano (Guatemala, 2006);
  5. La sombra decapitada (2016 y 2021);
  6. Avancari (2012)
  7. Abrazos de matapalo (2018);
  8. Apuntes de un viajero inadvertido (2021)
  9. “De libros y autores” (2021)

             El 28 de marzo del 2019 presenté su novela “Abrazos de matapalo”, cuyo texto “Santiago Porras: polifonía de las revelaciones”, se encuentra disponible en la revista digital Odiseo en el Erebo de El Salvador (2-3-2019), dirigidas por el gran poeta André Cruchaga.

         Santiago Porras ha cimentado una trayectoria cultural relevante desde Guanacaste. Su obra alcanza nueve títulos.  Cuatro de ellos con reediciones. Tengo siete de ellos. El sello de la Editorial UNED es un reconocimiento muy importante para acrecer su trabajo narrativo y cultural desde Guanacaste y más allá de él.

Santiago Porras es una voz para esplender en la narrativa escrita desde Guanacaste, con temas, tanto de aquí, como de otros alcances integrales.   ¡Albricias, Santiago!

 

 

            Lic. Miguel Fajardo Korea

           Premio Nacional de Promoción y Difusión cultural de Costa Rica

 minalusa-dra56@hotmail.com


 [MF1]


domingo, 28 de febrero de 2021

RITUS Entre lo real y lo imaginario

 

Sepulcro de la tierra, Andrè Cruchaga




RITUS

Entre lo real y lo imaginario

 (O el poema como pausa, como arte de la dilación)

 

 

 

Lloramos entre los rascacielos
como nuestros antepasados
lloraban entre las palmeras de África
porque estamos solos,
es de noche,
y tenemos miedo.

L. Hughes


 

El poeta inicia Sepulcro de la Tierra usando los “cifrados” de un  hombre que afirma que la escritura “automática” es un viaje de lo superficial a lo profundo de las cosas. Un hombre que dice haber encontrado el ansiado estallido del yo. Un hombre que reza: “…Sol serpiente ojo fascinador ojo mío… …Mi deseo un azar de tigres sorprendidos en los azufres…   ...la tibieza mil veces feroz de la locura aullante y de la muerte”. Un hombre que busca donde sea necesario buscar, que  viaja de lo interior a lo exterior, del presente a lo ya vivido. Un escritor que se toma el tiempo y reconstruye su mirada interrogando a ese mundo que le tocó transitar y sufrir. Un hombre que viabiliza y asume el asombro que resulta del redescubrimiento de sus ritos ancestrales. Que teje sus hallazgos identitarios, fraguando la reconquista de su geografía y su cultura, propiciando el reseteo de la conciencia para reiniciar constantemente la formulación de sus posibles y liberadores universos poéticos, aunque para ello tuviese que apropiarse de los lenguajes estéticos de la Vanguardia.

 Quiero pensar y debo pensar que el poeta Cruchaga con su epigrafía inicial nos invita a construir una suerte de metáfora, al mismo tiempo que nos alerta y/o nos suguiere algunas de las claves para abordar su poesía. 

   Un autor como André Cruchaga es un escritor cincelado en la cultura de la Modernidad, entendida esta como unidad espacio temporal, donde se proveía eventualidad y se daba cabida al cambio, al mañana; donde existía la posibilidad de futuro y donde los acontecimientos pasados proporcionaban sentido y estructura a lo pendiente. Pero también Cruchaga es un autor que ineludiblemente está obligado a operar desde la Pos-modernidad y tal vez, solo tal vez –sea ese su calvario–. Y esto, probablemente sea así, porque Cruchaga es una criatura facultada para la recordación, y de tal hado, condenada a transitar –si no a naufragar– un tiempo sin tiempo, sin sentido histórico que al parecer no da orden ni continuidad a los sucesos.  

 Ante el terror diario, siempre se están escribiendo los mismos epitafios. / No cesa la avidez de los ungüentos, / ni los jirones de humedad en los zapatos, ni la arcilla de gemidos / sobre la hoja que pavimenta el traspatio del aliento. Antes solo era la carcoma / y vasta lluvia: siempre hay bestias confundidas por doquier

 El que ve y no quiere ver porque duele, el que no quiere ver pero ve, porque es ineludible. El que conmemora sin querer conmemorar. El que mira hacia adelante, pero con todos sus sentidos apuntando hacia atrás. André Cruchaga es un viandante que no deja de rastrear, parafraseando a Chul Han: los viejos aromas del ayer.

 ….Uno agarra, —a veces—, pedacitos del calendario para endulzarnos...

 ….En la carcoma defectuosa de los líquenes, nos estremece la destrucción del rostro y el castillo de naipes con recuerdos desvanecidos. / Hay deseos de encapuchar tantos olvidos. /  Deseos de párpados desinfectados,/ altas voces de la culpa vaciadas en el grito

 No poco se ha escrito sobre este inagotable autor, sobre sus hallazgos e irrefrenables dinámicas creativas, y esto, ciertamente nos hace difícil tributar en algo al análisis de su obra. He mencionado alguna vez que sus aportes son un expediente riguroso, excepcional y, si se quiere, insólito en tanto son el resultado de una voz sui géneris que, a contra pelo, ha forjado con sus scindere otras rutas de indagación. También lo he llamado “UN VIEJO TOPO” que testarudamente ha estado atareado en escindir, diseccionar y desbastar la palabra, el símbolo y sus significantes.

No es tarea fácil abordar a un autor que se empecina en desdoblar al lenguaje, que se empeña en la fractalización de las palabras como procedimiento para fracturar el significado y perturbar los sentidos, exponiendo al lector a un viaje “rizoma y barroco” de ramificaciones infinitas y vías muertas. Digo barroco por su exuberancia, aunque debería decir neobarroco, para intentar aproximarnos con mayor precisión a las configuraciones modernas de un laberinto escritural donde el descifrador transita por corredores que se interconectan entre sí, pero en donde los senderos o caminos no configuran una lógica de circuito cerrado que le lleve de nuevo al punto de partida. Sino más bien, a una disposición multidireccional y polifónica que propone un inestable equilibrio de ilusión y desilusión, duda y descifración, posibilidad e  imposibilidad.

 Ante tanto rastrojo, enhebro mis pupilas en la tierra amortajada del tórax….

 Por lo general, insisten y coinciden los observadores de su obra en analizarla y darle sentido orgánico desde ciertos constructos teóricos y bajo la luz de posibles y recurrentes influencias, por lo cual no será extraño, sino más bien habitual, encontrarnos con términos tales como: distopía, fractus, sinestesia, entropía. Categorías de algún modo encuadradas en las aristas de movimientos como el surrealismo, creacionismo, absurdísimo, entre otras vanguardias.

También concuerdan los entendidos en ubicar el aliento y/o la atmósfera de su propuesta bajo el influjo filosófico del existencialismo, y probablemente sea así. Sin embargo, tendría que desconfiar un poco cuando no se precisa entre las distintas vertientes del existencialismo, tales como la corriente atea de Jaspers, Marcel y Buber, y la deísta de Heidegger, Beauvoir o Camus. Dicho esto, no seré yo quien desconozca y refute estas exploraciones y referencialidades que como toda forma de aproximación son válidas, son arrimos serios y sin duda algunas bien fundamentados. Eso sí, bajo ciertos y normalizados o al menos, habituales códigos de lectura. Sin embargo, he de reconocer que efectivamente la obra de André Cruchaga y en particular esta colección bajo el título Sepulcro de la Tierra  se caracteriza por exponer o al menos propiciar lo que podríamos señalar como «situations extrêmes» , y estas entendidas a modo de ciertas disyuntivas a la que la criatura humana se enfrenta como el absurdo de la vida, el desasosiego que forja y dispone la árida cotidiana, el deterioro de la biota inmediata o, en última instancia, la muerte como muro, como pared que cierra el espacio, «muro de las lamentaciones», símbolo que remite al sentimiento de caverna del mundo, al inmanentisino, a la imposibilidad de transir.

 …(De pronto, pienso en los ladridos de las sombras y en el ruido encerrado de todas las noches al punto de decapitarme. / Confieso mis ojos desenterrados de los candados sin saciar el hambre.

Confieso mis bostezos sobre el maullido de los ruidos)…

 …(en el escapulario del sollozo ese simulado tren de las palabras el bautizo agolpado en mi pecho las semanas desclavadas de su dureza o el pestañeo alto de los muros aquella sombra el espejo y también el río de su sangre después de todo el viaje de los ojos queda en la memoria lo que fue la duración del asombro —vos frente al tiempo añadiendo hirsutas tristezas o sosegados fríos)…

 Tengo que reconocer que mis primeras exploraciones de los trabajos poéticos de Cruchaga fueron motivadas substancialmente por mi interés por indagar sobre lo que podríamos llamar el “surrealismo latinoamericano”, y por el rastreo de exponentes centroamericanos de valía y trascendencia de esta singular expresión y sus derivaciones. Y en efecto, en esos recorridos hallé en sus escritos rasgos esenciales que podrían ubicar a este autor en esta modalidad escritural. Y, por qué no decirlo, tropecé también con ciertas reminiscencias o fragancia de los viejos movimientos de “Vanguardia”, con evocaciones de aquellas búsquedas que intentaban generar sistemas escriturales autónomos y autosuficientes, que procuraban re-delinear la “realidad” desde acercamientos más abarcadores, proponiéndose descubrir las zonas ocultas de lo real como procedimiento para  aprehender y representar todos aquellos elementos que le configuran y, de algún modo, instalar una nueva comprensión y sensibilidad de la –realidad– y sus manifestaciones.

No es este el momento de profundizar en esta vertiente de análisis. No nos lo permite el  limitado espacio de un prólogo para estas divagaciones. Además, ya se ha escrito con mucha claridad sobre estas aristas. Bastará con acudir al absoluto prólogo que José Siles G. nos proporciona a propósito de la colección de textos agrupados por Cruchaga bajo el título “Vacío habitado”, donde se explora y clarifica algunas de las influencias, hallazgos, ecos y resonancias en la poética del  autor salvadoreño.

Como he insinuado al inicio, Cruchaga es un escritor que opera y construye su arsenal poético desde la “Mnemósine”, el autor se nos propone, o al menos yo lo percibo, como una suerte de tempus-nauta. Un viajero que ejercita la memoria y adiestra la contemplación, y donde el acto de recordar es el viaje, y el recogimiento y la contemplación es un acto ritual que posibilita la captura, el dimensionamiento y la significación de los instantes, entendidos estos como eslabones que estructuran lo duradero y dan sentido de permanencia al ahora.

Cruchaga es un cazador de relámpagos que usa el ritual como técnica para simbolizar y sujetar los acontecimientos. Intenta construir mediante el uso desbordado de la repetición asideros al “tempspara que este no se diluya en meras suscepciones de instantes y caiga en el vacío.

 Para cruzar el desvarío del polvo, hay que recoger, primero, los vestigios

del granito y mirar hacia lo invisible del tiempo

 

—(De aquel umbral y sus vestimentas, solo el tren de la memoria endurecida de moscas, solo el escupitajo disuelto en las aceras. / Alrededor de mi olfato, los kilómetros de ronquidos del recuerdo.)…

…(A veces, solo es cuestión de pensar en las estaciones y los ferrocarriles, en la rama que se deshoja en los ojos, en la carne que tiembla frente a calendarios yertos, en las palabras que nunca dije porque les faltaban ojos e intérpretes, y relojes para medir todas las urgencias.)…

 Sus construcciones y juegos ligústicos invitan a la demora y para ello el autor apela a la travesura simbólica como forma de disolver el nexo lógico que habitualmente opera entre el significante y el significado. Hay una premeditada intención de dislocar e inmaterializar aquello que de materia tenga el símbolo, mediante la activación de un juego acústico y rítmico que desquicia y/o propone otros niveles de percepción, obligando al lector a cerrar los ojos para intentar enfrentarse un bombardeo de imágenes imposibles, a pausarse, a detenerse para inquirir o a menos intuir algunas de las  resonancias o posibles vínculos que chispean en las conexiones de la red sináptica, para intentar aprehender, –al menos visualmente–, las simetrías ocultas que sugiere el texto.   

En tenso recorrido, la almohada empapa de espejos mis arrugas. Uno tiene que zurcir incesantemente todas las edades desnudas del reloj

…(En medio de la ranura del candado sabemos que existe una vegetación flotante, un río de alas cárdenas, unos desembarcos sumergidos de caracoles, un oloroso delirio de humanidad plena.)…

Parafraseando a Kierkegaard,          la repetición y el recuerdo, el recuerdo y la repetición como un mismo movimiento en el juego –no dialéctico– de los contrarios. El viaje al pasado mediante la memoria y la repetición como ritual para la recordación hacia adelante.

Leer y desmontar a Cruchaga puede ser discordante y paradójico. Es una invitación a desprenderse de lo lineal como código de lectura, pero sin perder la percepción de lo que sucede durante el desplazamiento entre un punto a otro en el tiempo, pues es lo que permite capturar esas pausas que  enhebran hechos mediados por la duración. También es una posibilidad abierta para incursionar en un pausado, pero a la vez veloz y simultáneo viaje de ida y vuelta. Una oportunidad para el desplazamiento progresivo y regresivo mediante el  “revivir”, “reencontrar”, “reiniciar”, “recapitular” “retomar” o  “repetir”  hacia el futuro desde el  aquí y ahora, mediante el yo y pasado.   

Uno lleva la memoria de un funeral tras otro, sin que hayan cicatrizado las dilataciones: húmedos todavía los arbustos del sinfín, no vuelven las inocencias, ni los milagros, ni siquiera las palabras, ellas se traspapelan en las lecturas remendadas de la extrañeza

La poesía propuesta por Cruchaga no es lectura para “leyentes gandules”, sino para descifradores. E insistiendo en Søren: ”Quien espera siempre lo nuevo pasa por alto lo que ya existe”. Cruchaga es un poeta que a first glance genera desconcierto y dislocación en los lectores livianos, y tal vez sea por esto que con cierta asiduidad encontramos indolentes opiniones que ubican a la obra del autor en la “ruptura” –entendida esta como simple mudanza paradigmática–. Ya he sugerido que el poeta no disimula su correlación con ciertas maneras y expresiones de las Vanguardias que son asumidas por muchos como momentos de “rompimiento”, como situaciones de cambio, como forma de negación de la tradición anterior, pero en donde la ilusión de lo nuevo termina siendo variaciones de lo mismo.   

No me arriesgo y prefiero calibrar los hallazgos del bardo como una poética instalada desde la tradición, y con esto quiero decir, inscrita en las búsquedas de los grandes temas de la literatura universal.  Y aquí, a mi ver, es donde el poeta nos ofrece, si se me permite el oxímoron: un aire fresco con aroma de ayer. Y como ya he dicho en otros momentos: una poesía novedosa, sin atisbos de ligamen pero ligada, llena de novedades tremendamente viejas…

 ….La vida, ayer como hoy, es un chorro de desamparos entre paréntesis; / no se encienden las señales, sino los cascos de hedor y asfixia, /el grito sin tregua como un caballo de ecos tendido sobre las vértebras. / Me resisto a los andamios del asco y tal, Miguel Hernández, /sólo quiero quedarme con la Esperanza, /con su llamita de agua encendida, / y su rosa de júbilo, así sea sobre la piedra y los nudos / que trascienden al cardo. / Me niego a ser mamífero en la soñolienta pizarra de los zopilotes.

De un lado, los dientes y su arista de pórtico nutrido; / de otro, / los maniquíes y sus cartílagos de poliéster / y los altares de oración, la ruta cercana a los disturbios del hambre, / en punitivas voces de antropofagia, / o en lechosos evangelios que subliman la súplica…

 En donde algunos ven ruptura, veo continuidad y evolución estilística, como lo siguiere Salazar Torres “….Rupturas las ha habido de distintos modos, ha existido siempre en el trayecto estilístico de las poéticas. Esa breve brecha que, autores y académicos han nominado, sin par y genuina, es tan solo un momento de disidencia de la tradición, un cisma que proporciona, a final de cuentas, continuidad a su tiempo: la tradición es un presente continúo…”

En el caso de Cruchaga, lo reconfortante y novedoso de su propuesta estética proviene de una postura contemplativa e indagatoria ante las nuevas configuraciones donde se desarrolla y acontece la vida, el Ser y el mundo del ahora. Sus creaciones poéticas son dispositivos dilatorios, módulos de desaceleración, diseñados para enfrentar la dispersión y atomización del tiempo para recomponer los andamiajes y/o mecanismos que posibilitan dar orden y sentido al devenir, el suceder y la trascendencia. Sus trabajos son códigos para reconfigurar las formas de relacionamiento de lo humano con el Todo.

 …(Voces de aquí y de allá lentas y lustrosas sillas en mi aliento / camino de sombras en el costado /  lentos caballos con tambor de sombras  / cascos de hollín en el ápice de un relincho /  bocas terribles frente al gruñido de mis tripas / lentos tiempos acribillándome el olfato / cada vez es inevitable el óxido de las semanas / las puertas sofocantes de la hilaridad /  las ventanas rotas de los poros / los muchos megáfonos del viento / esta desproporción de los verdugos en mis coyunturas…)…

 Sugiero al lector poner distancia de lo epigonal en la estilística de este autor, en tanto,  los recursos y procedimientos arquitectónicos para dar estructura al poema no han variado ni variaran en sus aspectos composicionales –al menos que reparemos de algún modo los códigos de lectura en boga y la minusvalía teórica de la literatura–.  Por supuesto que hay un uso de viejos recursos; la asimetría semántica del significante, los quiebres de sentido, la disonancia, la polifonía, la polisemia, el sentido inverso de la metáfora, la sinonimia, el despliegue lingüístico, entre otros.  Y estos recursos, son los que son, ¿y qué?

Lo diferente en Cruchaga radica en su potente y extraño sentido de simbolización, en su portentoso acervo idiomático, en su notable flexibilidad creativa. Hay en este autor  incontenibles manifestaciones del Eros como impulsos de vida y una sorprendente capacidad para la activación imaginaria, que es, desde donde el poeta salvadoreño teje uno y todos los mundos posibles e imposibles, interiores y cósmicos.

 …Me conmueven los objetos perdidos dentro de la almohada, la encogida de hombros cuando atardece, el pájaro rimado de la mueca…

 …Abro la tumba ciega de mi pecho / el mar roto de mis alas  / la tierra ardida de mi sombra /  la arquitectura de mis huesos  / los miedos silentes del hollín en el candil /  —alguien comerá con mi esqueleto esta noche  un siglo de guacales rotos en mis párpados / un río atajado en mis ojeras unos nombres enredados en mi saliva que jamás pude olvidar…

 También hay en Cruchaga un posicionamiento filosófico ante la angustia. Postura derivada, quizás, de lo que el poeta presiente e intuye al estar experimentando un presente sin rumbo que ha entronizado una cultura de negación de la muerte, en un sistema donde la incomunicación colectiva es aniquilada para dar cabida a seres que operan únicamente desde el yo, y donde la vida parece no trascurrir, sino más bien, simular un presente absoluto. Nada comienza y nada termina. Todos los momentos son iguales. 

 …procuro dormir en el ojo del sinfín esta tierra sumida en la agonía acaso exhausta identidad con los tiempos imprecisos alguna vez después de transitar la madera quiero dibujar la monotonía y escupir en los demonios de saliva que perviven en medio de la hojarasca…

 …pesadillas de siglos flotando en la conciencia formas del aliento cargadas de gotas desprendidas del sinfín…

 En Sepulcro de la Tierra encontramos condensados todos los recursos acostumbrados por el poeta, –no podría ser de otra forma–, pues hablamos de un autor que ha llegado  al afianzamiento de su estilística, a la consolidación semántica y arquitectónica de sus procedimientos composicionales que constituyen su vigente y particular voz poética. Su acervo instrumental y el domino del mismo lo posibilita, sin duda alguna, a desplegar su inventiva, su imaginación y a soltar las rienda de sus obsesivas búsquedas. Bastará con sumergirse en los diversos tópicos abordados por el poeta en propuestas como “Cuervos Imposible”, “Vacio habitado” o “Ecología del manicomio” para entender lo que he denominado como pensamiento flexible.  Pero, ¿qué es lo que busca el poeta en Sepulcro de la Tierra?,  y más importante aún, ¿cuáles son sus hallazgos? Esto necesariamente será algo que cada lector descifrará enfrentándose a la lectura de esta colección de 141 artefactos.  

Sepulcro de la Tierra es un canto que alude al desencanto. Hay entre su líneas desesperanza y aturdimiento, cansancio y hastío, dolor por los síntomas de la vida en descomposición, desilusión de país, impotencia y desesperanza. Sepulcro de la Tierra es una propuesta pesimista, sí, pero quizás no del todo desesperanzadora. En lo particular, parto de que cuando hablamos de poesía, hablamos de mensajes cognitivos. Lo que nos lleva a profundizar en procesos mentales –lenguaje / percepción / memoria–. El acercamiento semiótico de lo funerario obliga a situarse en la necrópolis –cuidad de muertos- país como monumento fúnebre. El poeta ve, siente, formula y grita ante lo que ve. Cuando una sociedad no arregla sus problemas, los problemas no se arreglan. Distorsionado a Rozitchner diríamos que cuando la sociedad no sabe qué hacer, la poesía se manifiesta y crea. André Cruchaga es un pensador de la muerte. Pienso entonces en Heidegger, pienso en los versos de Hölderlin que su hijo pronunciara sobre su tumba.

¿Quién y qué en medio del infierno, no es infierno? ¿Cómo distinguir entre lo real y lo alucinatorio? Cruchaga es un poeta que viaja entre el ayer y el ahora, entre la vigilia y el sueño, un sonámbulo consciente y “dilatante” que se levanta para construir pausas en el tiempo y enhebrar sucesos.

Evoco a Ítalo Calvino: “Se sabe que el infierno existe, se sabe que formamos parte de él”. Si perdemos la esperanza al menos nos queda la pasión, esa fuerza que nos impulsa a descubrir”.

 

 

 

Melvyn Aguilar

9 de enero de 2012

Latitud: 13.69, 

Longitud: -89.19 13° 41′ 24″ Norte, 89° 11′ 24″ Oeste