En el presente blog puede leer poemas selectos, extraídos de la Antología Mundial de Poesía que publica Arte Poética- Rostros y versos, Fundada por André Cruchaga. También puede leer reseñas, ensayos, entrevistas, teatro. Puede ingresar, para ampliar su lectura a ARTE POÉTICA-ROSTROS Y VERSOS.



miércoles, 22 de junio de 2016

El universo irresistible de Ninfa Santos

Lic. Miguel Fajardo Korea





Centenario de natalicio

El universo irresistible de Ninfa Santos



Lic. Miguel Fajardo Korea
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica
minalusa-dra56@hotmail.com





(I parte)
            Estamos conmemorando el centenario del natalicio de la poetisa costarricense Ninfa Santos (1916-1990), quien murió en México, país que le editó su único libro “Amor quiere que muera” (1949), con 10 dibujos de Santos Balmori. Por su parte, Alejandro Finisterre publica la segunda edición mexicana (1985), con un dibujo en la portada de su nieta Paloma Díaz Abreu.
            Ninfa Santos edita su único poemario en 1949, a los 33 años de edad, pero 67 años después, el libro es prácticamente desconocido en Costa Rica. El título de su poemario es un intertexto de Garcilaso, con función de epígrafe: “Amor quiere que muera sin reparo”. La edición fue patrocinada por la revista América, de México, con una tirada de 500 ejemplares numerados. Contiene 407 versos.
            Ninfa Santos tuvo una vida accidentada, producto de una infancia difícil, debido a la ausencia de la figura materna desde los tres años, en virtud de lo cual, su padre delegó esa responsabilidad en la tía Ninfa, su inflexible hermana. Ninfa Santos vivió su infancia en Liberia, en la hacienda La América. También residió en San José.
            Su periplo de vida incluye México, Estados Unidos e Italia. Además, visitó Rusia. Sin duda, una vida muy agitada, en años igualmente convulsos. En México, Ninfa Santos se hospedó en casa de su tía Lupe, pero abandona ese espacio debido a las fuertes restricciones de su tía.  

            Debió permanecer encamada durante largos periodos. Aparte de esas aflicciones y castigos, el destino se ensañó contra ella. Poco a poco, se vio afectada por la artritis, e hinchada por los efectos de la cortisona. La artritis deterioró su imagen e identidad corporales, y le restringió su capacidad de movimiento.
             Para la escritora francesa Fabienne Bradu (1954): “El signo dominante de su infancia fue la horizontalidad”. Bradu, en su libro “Damas de corazón” (México: FCE, 1996) dedica a Ninfa Santos 67 páginas (170-228).  Es, sin duda, uno de los ensayos más lúcidos para entender el irresistible universo humano y poético de la autora costarricense, de larga estancia en México.
            El caso de Ninfa Santos se asemeja al de Eunice Odio (1919-1974). Recuérdese, en esa misma línea, que el libro premiado de estreno de Eunice Los elementos terrestres (Guatemala, 1948), no se editó en nuestro país, sino hasta en 1984, es decir, 36 años después.
            Uno se pregunta, con increíble asombro, la tardanza costarricense en publicar dichos libros.  En el caso de Ninfa Santos, la Editorial EUNED (2013), publica su pequeño libro, 64 años después, con prólogo de Mía Gallegos. Sin embargo, dicha edición, solo incluye 12 de los 19 textos.
            La poesía es un margen de vida. Una perspectiva de identidad para crecer. Un arma de palabras que retoma el viento para marcar destinos presentidos, pero intransitados. Por ello, la poesía es un manifiesto del decir, desde los diversos frentes vitales del factor humanidad. Es de este mundo, pero alcanza otros estadios, para fundar una manera de ser.

            Desde esa coyuntura, el nombre y la obra poética de Ninfa Santos, no debería ser ajeno ni desconocido, aunque sí lo extrañamos, con mayor peso,  en el cuerpo bibliográfico de la literatura costarricense. Su nombre sonoro es uno de los que ha sufrido extrañas exclusiones, quizá por el desconocimiento de su obra, por su independencia paradigmática o por la mezquindad cultural del medio.  Costa Rica cuenta con notables legionarias de las letras: Carmen Lyra, Yolanda Oreamuno, Eunice Odio, Ninfa Santos, Victoria Urbano, Rima Vallbona…
            En esa zona de recuperación, destaco a la revista costarricense Hoja en blanco (Núm. 2, año 2, agosto 2004. 7-47 pp.) Tanto su consejo editorial, como su director, Álvaro Mata Guillé, reivindican y recuperan, con propiedad, el nombre y la obra de Ninfa Santos, para inscribirla dentro de la poesía costarricense, en páginas integrales, de honda intensidad, de afirmaciones y rotundidades, para abrir el claroscuro de su caso artístico.
             Álvaro Mata Guillé, Antidio Cabal, Fabienne Bradu, la inclusión de cinco poemas de Ninfa  y cuatro fotografías de ella, llaman  la atención, para revisar su nombre, marginalmente inscrito en la casa histórica de la poesía costarricense, desde el siglo anterior.

            Con la visión que caracterizó al Maestro Joaquín García Monge (1881-1958),  publicó a Ninfa Santos en Repertorio americano (Vol. 48, Núm. 4, marzo de 1953, p. 57), la revista costarricense de mayor alcance continental (1919-1958).
            Igualmente, el chileno Alberto Baeza Flores (1914-1998) expresa en su ensayo antológico “Evolución de la poesía costarricense (1574-1977)”, refiriéndose a Ninfa Santos y sus poemas en Repertorio Americano:Y esta sola página es la que fundamenta, y alimenta, en Costa Rica el nombre de Ninfa Santos (…) Los poemas de Ninfa Santos son breves, rítmicos, frágiles, casi a punto de deshacerse, de quebrarse, como si fueran un delgado hilo conductor. Pero este filamento está cargado de emoción y de eficacia. Y transmite eso no siempre fácil: la poesía” (1978, p. 177).

            Pocas son las antologías costarricenses que han incluido a Ninfa Santos, a saber: Manuel Segura Méndez, en “La poesía en Costa Rica” (1963); Carlos Rafael Duverrán, en “Poesía contemporánea de Costa Rica” (1973);  Alfonso Chase,  en  “El amor en la poesía costarricense” (2000).
            En julio de 1984, con motivo del Segundo Simposio “Evaluación de la literatura femenina de Latinoamérica en el Siglo XX”, edité el suplemento Presencia femenina en la literatura costarricense del siglo XX, en el número de cierre de la revista Hojas de Guanacaste (1982-1984), nº 12, con un tiraje de 1.000 ejemplares. Ninfa Santos aparece con dos poemas. Era mi primer acercamiento con su poesía y con su sobresaliente caso artístico, que seguimos con mucho interés.

            El 15 de abril del 2005, la revista Hoja en Blanco y el Centro Literario de Guanacaste (fundado en 1974), le rendimos uno de los pocos  homenajes públicos costarricenses que se  han ofrecido a la obra poética de Ninfa Santos, en el norte geográfico de Costa Rica. Con la presencia del  Álvaro Mata Guillé,  Víctor Alvarado Dávila,  Marco Tulio Gardela y quien escribe, se logró cautivar a un ávido auditorio, deseoso de conocer la voz poética de Ninfa Santos.

            Ninfa Santos casó con el escritor mexicano Ermilo Abreu Gómez (1894-1971), con quien mantuvo una relación durante 20 años, y con quien procreó a su hija Juana Inés (1939). Se divorcia de él, cuando la descalificó de sus responsabilidades maternas. Su hija Juana Inés casó con Bernardo Díaz, bisnieto de Porfirio Díaz, y ella guardó el secreto de los jóvenes, lo que enojó a su esposo. De esa boda, nacieron sus nietas Paloma y Marisa.
            Su matrimonio con Abreu Gómez y su ámbito laboral le permitieron cultivar amistades literarias de prestigio, tales como Octavio PazAugusto MonterrosoAlfonso ReyesErnesto CardenalErnesto Mejía SánchezRosario CastellanosJuan RulfoRafael Alberti y su esposa María Teresa León, Juan Ramón JiménezJuan RejanoRamón GayaJuan Gil-AlbertEmilio CarballidoAlice Rahon, Ricardo GaribayTomás Segovia, Michèle Albán, Jorge RigolSalomón de la SelvaXavier VillaurrutiaRodolfo UsigliEfrén HernándezMargarita MichelenaAgustín LazoMarco Antonio MillánJuan de la Cabada o María Asúnsolo, entre un brillante ertcétera.

            La autora costarricense trabajó como Auxiliar en la delegación de México ante la OEA (1953). Allí inició su carrera diplomática. En 1958 es ascendida a Vicecónsul. En 1963 viaja a Nueva York.  En 1967 llegó a Roma, Italia, donde vivió durante trece años.  Regresa a México, donde fallece, el 26 de julio de 1990, hace 26 años.
            El viaje a los Estados Unidos de Norteamérica, le genera expectativas y un entrañable acento nostálgico por cuanto debía dejar México: “Ahora me iré a una ciudad lejana / de hombres extraños que hablan extraña lengua, / hombres indiferentes cuyo dolor ignoraré / así como ellos ignorarán este largo sollozo / que camina, sonríe, se detiene, pasa”.

            En el mismo texto, se advierte su aflicción por la soledad, a la que prevé enfrentarse: “Habrá también mi soledad tremenda (…) pero mi soledad será como esos perros / que crecen a puntapiés (…) Será la soledad de los ataúdes sin muertos”.
            Según la brillante escritora francesa Fabienne Bradu: “Ninfa no tuvo conciencia de su propio y secreto heroísmo, que consistió en resistir, hasta el último día de su vida, al desamor, a la amargura, a la resignación, a la falta de asombro y de esperanza” (Bradu, 2004: 39).
            El  poeta y  crítico español, Antidio Cabal (1925-2012) aduce: “El mundo de Ninfa Santos desemboca en el metamundo de Ninfa Santos: el castigado tránsito de su carne a través del mundo fracturado por el fenómeno del amor (huesos, “ciego muro infinito ciego pozo de espanto”, musgo, sierpes, veneno, frío, maculación, “huracán frenético”, odio, hiedra, losa, lava, ceniza, angostura, “intacto sepulcro”: “Tal es mi juventud y junto a ella, detrás de esta miseria, tu fantasma”) se desvanece, se  volatiliza  ante  la  semilla  trascendente  e  inmanente  del  yo (…) Ese  yo  o  esa esencia  o  esa  verdad / identidad se llama Anacostia: en el silencio / me está llamando / una voz. Es la Ninfa de dentro llamando a la Ninfa de fuera” (Cabal, 2004: 16-17).

            La Asociación Costarricense de Escritoras de Costa Rica,  rinde homenaje a Ninfa Santos en el  centenario  de  su  natalicio, al dedicarle el III Encuentro sobre literatura de mujeres en Costa Rica (2016). De mi parte,  he incluido mi ponencia “Otra lectura a ‘Amor quiere que muera’, de Ninfa Santos”, en  el  suplemento cultural “Caminos culturales del Norte G.” (Periódico Anexión. N. 271,  año 25, 2016: p. 4).  Asimismo, un epígrafe de Ninfa Santos acompaña la segunda edición de mi libro antológico “Nadie es dueño” (2016).
            Ninfa Santos reclama un espacio en las letras de su patria natal. Parece mentira que, 64 años después de publicarse en México (1949) su único y pequeño poemario “Amor quiere que muera”, Costa Rica no lo haya editado, sino hasta el 2013 (Euned), lo que ha incidido, sin duda,  en la poca difusión de su obra, así como en el conocimiento marginal  de su preciso universo poético irresistible. 

martes, 21 de junio de 2016

Asociación para la Cultura de Liberia, trigésimo aniversario

La mayoría de  miembros de la Junta Directiva de la Asociación para la Cultura de Liberia (2016-2017), posan con atuendos y trajes vernaculares, signos de autenticidad guanacasteca (MFK).






Asociación para la Cultura de Liberia, trigésimo aniversario


Lic. Miguel Fajardo Korea
minalusa-dra56@hotmail.com
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural de Costa Rica




            La Asociación para la Cultura de Liberia (1986-2016), es una organización cultural independiente, sin fines de lucro. Fue fundada hace tres décadas, el 16 de junio de 1986. Por su tesonero trabajo voluntario a favor de la cultura, obtuvo el “Premio 18 de Abril”, otorgado por ICOMOS de Costa Rica, en 1993.

            La Asociación para la Cultura de Liberia se encuentra constituida legalmente. Su personería jurídica es 3-002-078807-00. Mantiene la búsqueda permanente de opciones y oportunidades, que permitan perpetuar la memoria histórica-cultural, mediante proyectos que fortalezcan la identidad del cantón.

            Para evitar que se atente contra los procesos identitarios de la capital de la provincia de Guanacaste, debe coordinar con las diferentes autoridades locales, nacionales e internacionales, para lograr la permanencia de la identidad y la cultura, heredada  del ayer, que se vivencia  hoy,  y se trasmitirá a las futuras generaciones.

            Los objetivos que guían su loable trabajo voluntario, cultural e independiente son:

1). Promover el estudio y rescate de los valores cívicos y del patrimonio cultural de Liberia. 2). Fortalecer la identidad mediante el resguardo de la historia, costumbres, conocimiento, e ideales  del entorno de Liberia. 
3). Formar conciencia sobre la importancia del espíritu de respeto que el ser guanacasteco debe tener  con su cultura e ideales. 
4). Apoyar las acciones de los grupos culturales y artísticos organizados, que busquen el desarrollo cultural y social de Liberia.
 5). Coordinar y robustecer vínculos con instituciones nacionales o internacionales que tengan por objetivo la promoción cultural.

            Como parte de sus atribuciones para el cumplimiento de sus fines, la Asociación podrá adquirir bienes muebles e inmuebles, derechos reales y personales, celebrar contratos de toda índole, y realizar toda especie de operaciones lícitas, encaminadas a la consecución de sus metas. Asimismo, propicia alianzas culturales con otros grupos, por ejemplo, el Centro Literario de Guanacaste (1974-2016).
            En la actualidad,  la Asociación para la Cultura de Liberia sigue dando  una tenaz lucha contra la demolición del inmueble patrimonial, así como la desaparición de costumbres y tradiciones, producto del desarrollo mal entendido, por algunos sectores de la sociedad civil y gubernamental.

            La Asociación para la Cultura de Liberia, ha centrado sus esfuerzos en recuperar los rasgos costumbristas y las tradiciones, mediante experiencias vivas, para que la comunidad no las borre de su memoria social y reaprenda a disfrutarlas con sentido de convivencia.

            En conjunto con la Municipalidad de Liberia, ha  logrado la declaratoria de las Salas principales de la antigua Casa Gobernación de Guanacaste, en honor de a Jesús Bonilla o Lía Bonilla, entre otros artistas.

            La Asociación para la Cultura de Liberia ha impulsado la protección del patrimonio arquitectónico, con el ánimo de recuperar el patrimonio cultural y los valores culturales que signan la expresión de identidad de un pueblo, tales como la tradición, las costumbres y los hábitos, así como el conjunto de bienes inmateriales y materiales, muebles e inmuebles, que poseen un especial interés histórico, artístico, estético, plástico, arquitectónico, urbano, arqueológico, ambiental, ecológico, lingüístico, sonoro, musical, audiovisual, fílmico, científico, testimonial, documental, literario, bibliográfico, museológico, antropológico, al igual que las manifestaciones, los productos y las representaciones de la cultura popular.

            La Asociación para la Cultura de Liberia cuenta con intensos 30 años de voluntariado cultural  independiente. Durante este lapso, vela y registra numerosas luchas a favor del patrimonio de Liberia, por ejemplo: ha participado dos veces en la restauración de la Ermita de la Agonia, así como en la restauración, tanto de la Casa de la  Cultura de Liberia, como de la Casa Gobernación de Guanacaste.

            Otras tareas voluntarias que han hecho suyas, sin desmayos ni amedrentamientos, es la fervorosa defensa del patrimonio arquitectónico. Para ello, ha solicitado la declaratoria de varios inmuebles de gran importacia, tales como la casa de Francisco Mayorga Rivas, el edificio de la Copa de Oro, El Puente Real, entre otros.

            En la actualidad, trabaja en la consolidación y declaratoria del Centro Histórico de Liberia, el cual incluye  72 manzanas, correspondientes a los cuatro barrios fundadores de la ciudad, así como el Museo temático del Traje Típico Guanacasteco, basado en la visionaria idea de Lía Bonilla Chavarría (+).
           Ha trabajado por el Patrimonio Intangible desde  1991, cuando la horchata y el arroz de maíz se estaban extinguiendo, por ello, se propuso recuperarlos en el uso cotidiano, por lo tanto, fueron declarados  como el  fresco y la comida oficial para las actividades de la Asociación. Ahora, se propone la recuperación del fresco de pitahaya y el ajiaco, ambas, en peligro de extinción.
           El  más reciente logro en el área del Patrimonio Intangible, fue la declaratoria del Tope de Toros (2013-2014), producto de una Beca-Taller del MCJ, se logró la elaboración de los lineamientos y su publicación en el diario oficial La Gaceta (2015, los cuales rigen para la tradición del Tope de Toros,  durante las Fiestas Cívicas de Liberia.
           En el campo literario, la Asociación cuenta con un fondo editorial propio.  En ese sentido,  han auspiciado la publicación de cinco libros de colección, con el fin de perpetuar el legado musical y cultural de afamados artistas guanacastecos: Héctor Zuñiga Rovira (1993); Sacramento Villegas Villegas (1994); Medardo Guido Acevedo (1996); Jesús Bonilla Chavarría (2011) y  Lía Bonilla Chavarría (2012). En esta colección, han colaborado, quien suscribe y como coautores, en dos de dichos proyectos, Fernando Gutiérrez Coto y  Mélida Obando Viales. Asimismo, colaboraron con mi más reciente libro “Perspectivas muralísticas sobre la historia de Liberia“ (CoopeAnde, 2016:38).

            La Asociación para la Cultura de Liberia cuenta con más de 80 asociados y 10 miembros de Junta Directiva, la cual tiene una permanencia de dos años consecutivos. En ese sentido, los proyectos que la Asociacion tiene, no se ven afectados por los cambios. La composición de sus asociados es heterogénea: desde vecinos, amas de casa, pensionados, educadores, arquitectos, artistas, abogados, sacerdotes, historiadores o comunicadores. La Junta Directiva (2016-2017) cumple con la equidad de género, a saber:
            Presidenta                   Nuria Cuadra Clachar              
            Vicepresidenta           Verónica Navarro Fennell,     
            Secretario                   Olger Hurtado Hernández
            Tesorera                      Mélida Obando Viales
            Fiscal                          José Luis Pizarro Pizarro           
            Vocalías:                     Hugo Zúñiga Clachar                       
                                               Lidia Fennel  Montoya                     
                                               Magdalena Angulo Martínez        
                                               Manuel Martínez  Abarca
                                               Warren Meza Valverde             

            El trabajo cultural, VOLUNTARIO E INDEPENDIENTE, desplegado durante 30 años por los miembros de la Asociación para la Cultura de Liberia  ha sido un insumo cultural  de  gran proyección  para  la capital guanacasteca.  Por ejemplo, han organizado 30 Semanas culturales “Liberia, Ciudad Blanca”, que culmina el día cuando se conmemora la fecha de la fundación de Liberia, el 4 de setiembre de 1769.  Por cierto, en el 2019, Liberia alcanzará su ducentésimo quincoagésimo aniversario (250 años).

            Nadie defiende lo que no conoce y la Asociación para la cultura de Liberia (1986-2016), se ha propuesto que nos conozcamos como ciudad, para poder remirarnos, con los signos de las luchas auténticas y la defensa de las herencias vernáculas más preciadas que le dan  pertenencia identitaria a la capital de la provincia guanacasteca.

            Para contactar con la Asociación para la Cultura de Liberia, pueden hacerlo con su representante Nuria Cuadra Clachar, al telefax: 2666-7833, o bien, al celular 8357-0203.  Asimismo, la Asociación cuenta con el siguiente correo electrónico: liberiacultura@gmail.com y, en la red, pueden visitar su agradable página https://www.facebook.com/asociacion.culturadeliberia/info

sábado, 11 de junio de 2016

LA ECO-CULTURALIDAD DEL LITORAL EN LA NARRATIVA DE ÁLVARO VEGA SÁNCHEZ

Miguel Fajardo Korea, Costa Rica





LA ECO-CULTURALIDAD DEL LITORAL

EN LA NARRATIVA DE ÁLVARO VEGA SÁNCHEZ



LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA
PREMIO NACIONAL DE EDUCACIÓN MAURO FERNÁNDEZ

I
            (Guanacaste/Moravia).-La literatura costarricense se ha centrado, históricamente, en el Valle Central. Sin embargo,  durante los últimos años, diversos autores se han ido alejando, temáticamente hablando, de la meseta, como una manera de ofrecer mayor apertura a su propia obra y, además, con el claro compromiso de incorporar dichos contextos, los cuales forman parte de la identidad nacional.
            En ese sentido, la narradora guanacasteca, María Leal de Noguera (1892-1989), ícono de las letras guanacastecas, publica dos libros decisivos con esa temática “De la vida en la costa” (1959) y “Estampas del camino” (1974).  Con ellos, desde su propio marco contextual, inserta la litoralidad en el escenario de la producción literaria costarricense.    
            El escritor Isaac Felipe Azofeifa (1909-1997) aduce en su ensayo “La isla que somos” (~1971): “El nombre del país es paradojal, pues su vida no está en las costas, que las tiene en ambos océanos. Y estas costas son las más pobres y abandonadas” (1996, p. 21).
            Cabe acotar que los escenarios costeros fueron decisivos para la conformación socio-productiva de Guanacaste en las primeras décadas del siglo XX, ante la ausencia de obras de infraestructura, tanto terrestres como aéreas. Por ello, los medios marítimos dieron origen al cabotaje, tan importante para la intercomunicación de Guanacaste con el resto del país, antes de la construcción de la Carretera Interamericana (1955-1956).
            Durante mi lectura a “Entre delfines y gaviotas”, de Álvaro Vega Sánchez, cuyo título es una cernida inclusión del espacio de la litoralidad, observo una insistente inquietud del narrador por  incorporar las realidades socio-humanas y geo-productivas de esta otra dimensión espacial, como parte de los procesos identitarios del país, aunque muchos los hayan invisibilizado, sin plena conciencia de su función en la sencilla, pero paradójica  geografía costarricense.
            El  académico  Álvaro Vega Sánchez tiene una variada producción literaria,  a saber: “Lo urgente y lo importante. De Calderón Fournier a Figueres Olsen (Coautor, 1995); ¿Un nuevo marco para la cooperación? Políticas económicas de la Unión Europea en Costa Rica” (Coautor, 2001); "Cuando Roma vino a Centroamérica. Religión y política"  (2003); "El despertar de la ciudadanía. Ideología del miedo y cultura de la no-violencia en Costa Rica" (Premio UNA- Palabra, 2010); "Las memorias de mi tata" (2010); "Emma" (2012); "Cuando azota el frío. Globalización y afectividad" (Mención Honorífica  UNA-Palabra, 2016); “Entre delfines y gaviotas” (2016).
            En su cuentario, el autor costarricense incluye humildes y trabajadoras figuras femeninas como Clara, Lula, o Lucila; personajes masculinos, como Darío, Toñito, el nicoyano, John, Charío, Francisco, Omar, Chalo, Dámaso, Luciano, Luis o Mochis. Los presenta con apelativos familiares, o bien, solo con sus nombres, sin apellido, porque el caso  de cada uno, podría ser el de cualquiera de los lectores en la sociedad civil del alma.
            Asimismo, los desdobla genéricamente, en relación con sus oficios: pescadores, lancheros, fonderas, arrieros, cevicheros o saloneros.  Igualmente, como el muchacho, las mujeres luchadoras, la mujer del machete, las mujeres defensoras del agua. Tales conceptualizaciones brindan  mayor amplitud a la correspondencia dinámica personaje-lector, en una especie de complicidad y cercanía;  de contrato o pacto narrativo.
            En cada incipit, en cada título  de sus cuentos, relatos, narraciones o estampas, “el comienzo de un texto es un lugar estratégico de condensación de sentido” (Claude Duchet). En sus temáticas, se aborda la soledad humana,  la especie maderera del pochote,  lugares geográficos como Sardinal, Abangares, Puerto Soley… Cada mención en sí, resignifica  una historia de contextos importantes, tanto en el ser, como en el quehacer histórico de la Guanacastequidad.
            La incursión narrativa del costarricense Álvaro Vega Sánchez es importante para las letras de Guanacaste, como polo interior de cultura, porque se suma a distinguidos nombres que han incorporado a Guanacaste como tema cultural: Aníbal Reni, Hernán Elizondo Arce, Joaquín Vargas Coto, José León Sánchez, Joaquín Gutiérrez, Edelmira González, Rodolfo Dada, Mario Gätjens, Elías Zeledón Cartín, Miguel Salguero, Víctor Quirós Zúñiga, Juan Santiago Quirós, José Gamboa Alvarado, Florentino Cruz González, Carlos Luis Altamirano, Miguel Ángel Quesada Pacheco, Carlos Cruz Porras, Juan Diego Castro, Juan Ortiz Guier o Marco Tulio Gardela, entre una extensa lista de honor.
II
            El Dr. Constantino Láscaris Comneno (1923-1979), en su libro (“El costarricense” (6ª.ed.). San José: Educa, 1985: 477) aduce: “Costa Rica es un trozo de la gran cordillera de los Andes… y ese trozo, no está cortado al norte y al sur por razones geográficas, sino por vacíos de población (que, en gran parte, corresponden a “llanuras” (p. 18).
            Láscaris Comneno, en su documentada obra,  publicada por primera vez, en 1975, dedica varios apartados a Guanacaste.  Él fue un estudioso de la provincia, y ya vislumbraba la importancia de la litoralidad de la región: “El Guanacaste está más allá; en cierto modo, es una nueva dimensión, no simple continuación  de  apertura hacia el mar, y por ello representa una experiencia más rica” (p. 78). (Las negritas son suplidas).
            En el abordaje de su veintena de relatos, cuentos, narraciones o estampas, Vega Sánchez incursiona para destacar la generosidad de un rescatista en el mar picado. En el comportamiento avizor del pescador, con mirada larga, previsora de las calamidades. En la responsabilidad ambiental de John, y de quienes se opusieron a los contratos de concesión  de Alcoa (24 de abril de 1970).
            Relata sobre los poderes rejuvenecedores del mar y la generosidad de la pesca de los adultos mayores, así como las relaciones de pareja después de los cuarenta. Acerca de ser un trotamundos en Guanacaste, con el calor de la pampa, caliente, alegre y diferente. En ellos, el espacio abierto es una redimensión de la alegría natural y de los comportamientos vivenciales de la gente  humilde, en pobreza, pero con arraigados valores, que tanta falta evidenciamos como sociedad.
            Relata sobre el quehacer cotidiano del arriero, y la modernidad de uno de ellos, quien trabaja en una motocicleta, influencia de los procesos globalizadores, sin embargo, existe la nostalgia por el auténtico arriero de antaño.  Destaca el poder ecológico de los extranjeros que crearon un parque nacional, y evitaron la corta de un pochote, mediante una denuncia. 
            En este texto, se presenta una correlación entre los árboles viejos y el cuido de los ancianos. Incursiona, igualmente,  sobre el concepto que la vida es un acomodarse, por eso, el narrador censura que haya leyes que restrinjan el disfrute de las playas para todos.  Está claro que las playas nacionales no deben tener dueños codiciosos, independiente de la nacionalidad que ostenten.
            El narrador es recurrente en extasiarse al degustar el arte culinario guanacasteco; Alaba la buena comida por el olor de sus productos, con una clara simbología mística del trópico.  Se declara admirador del esfuerzo y la capacidad de trabajo de la mujer de esta región, en el difícil acertijo de las exquisitas  y creativas  preparaciones culinarias.
            Admira una vieja casona nicoyana de más de un siglo, y la relaciona con la longevidad que alcanzan los habitantes de la Península de Nicoya. Una de las cinco zonas azules del mundo, donde los habitantes consiguen mayor longevidad. El narrador es crítico, cuando no se apoya a los pequeños empresarios, quienes ven disminuidos sus caudales, debido a las grandes cantidades de agua que consumen las corporaciones hoteleras, algunas de ellas, con desmedido riego a lujosos campos de golf, para el disfrute minoritario de los acaudalados.
            No escapa la crítica a las promesas incumplidas de los políticos.  En ese contexto, destaca la firmeza de las mujeres al defender su tierra, con denuedo, ante los atropellos de las autoridades.  Es férrea la oposición contra quienes solo vienen a llevarse nuestra riqueza marina, a vista y paciencia de todos.
            Por otro lado, el tema de la soledad es reiterativo en diversos personajes costeros.  Presenta el caso de un viudo, quien es traicionado al casarse con una mujer muy joven, la cual solo espera la muerte de su “esposo”, para tomar posesión de todos sus bienes. La litoralidad es un espacio abierto que invita a los solitarios, a permanecer  y luchar en ellos, para tratar de rehacer sus vidas. Muchas veces, también es su estadio sepulcral.
            La defensa del agua de Sardinal es un tema estelar en este cuentario.  Las mujeres se destacan y toman la iniciativa de esa acendrada lucha y defensa por el agua-vida del futuro para sus hijos.  Ironiza en torno a un joven que canjea su camisa hawaiana por pescados. Destaca los valores humanos de un trabajador despedido, quien fue recontratado, porque las ventas en el restaurante mermaron drásticamente, a raíz de su partida. Ejemplifica a un microempresario turístico, quien es agredido por su padre, y lo simboliza dualmente con el mar embravecido: hombre/soledad; mar/ soledad.
            Sobresalen los valores humanos de los habitantes de la costa, donde la gente vale más allá de la ropa, pues existe pasión por lo que se realiza cada día de la tierra.  De ahí que el libro se cierre de forma mandálica, cuando se esparce en el mar las cenizas de un  hombre filantrópico. El mar sigue siendo el eje de vinculación vital de la sencilla gente de estas zonas geográficas poco estudiadas.
III
            El filósofo Constantino Láscaris, en la línea geográfica que hemos venido comentando, asevera:
 Costa Rica es una sucesión de valles de montaña, valles metidos unos dentro de otros, escalonados hacia los dos mares (…) Y esto es lo que me interesa destacar como descripción geográfica de Costa Rica. Que  es puro monte.  Pues esto pueda acaso explicarnos cómo ha sido la vida del pueblo que aquí ha venido viviendo (…) “Costa Rica no fue desde la periferia, sino desde el centro. Primero se pobló los valles de mayor altura, y desde ellos la población ha ido extendiéndose hacia los mares.  Y sin acabar nunca de llegarse a éstos, quedándose siempre en las estribaciones de la cordillera, lo más alto posible.  El costarricense no ama el mar (pp. 20, 21 y 22). (Las negritas son suplidas).
            Con base en los criterios de  Láscaris, se infiere la perspectiva del enmontañamiento central del costarricense.
            En ese orden, la producción narrativa de Álvaro Vega Sánchez es meritoria, porque incorpora  el espacio costero del norte costarricense, con personajes humildes, pero como sujetos de su propia historia, que muchas veces les es difícil relatar, con sus aflicciones cotidianas, con sus sueños y luchas, con sus patrones de convivencia vernáculos, los cuales les otorgan gran naturalidad en su comportamiento comunitario.  Sin embargo, muchas veces, la historia oficial  les ha negado el protagonismo de formar  parte de la identidad “nacional”.       
            “Entre delfines y gaviotas”, del sociólogo costarricense Álvaro Sánchez Vega, muestra una interesantísima incisión narrativa para recuperar ejes temáticos acendrados en el espíritu raigal de  Guanacaste, la provincia que amarra los pies. Me agrada la brevedad de sus textos. Es un valor agregado, tanto  de intensidad como de precisión en su discurso cuentístico.
             Luego de la lectura de este libro, nos queda el acento de la nostalgia, los tiempos idos, la bondad de la gente campesina de las costas y las llanuras. Es una reflexión ideológica del pasado en los litorales frente a  la modernidad avasalladora.
                Otro de los aciertos del libro de Vega Sánchez es su perspectiva  de la eco-culturalidad, en una relación bisémica complementaria, es decir, una relectura dicotómica entre el ser humano y la naturaleza, donde priva la actuación que la territorialidad ecológica sea parte de la identidad humana más comprometida y, en ese sentido, los espacios y contextos costeros, deben ser lugares donde se pueda dar la bioalfabetización, como sitios áulicos/laboratorio, sin malgastar, irresponsablemente, los recursos que provee la madre naturaleza para nuestra sobrevivencia.
            Las historias de “Entre delfines y gaviotas” inspiran valores auténticos, encarnados en sus personajes sin pose. Las luchas de la humilde sociedad civil de los litorales, alcanzan una voz esencial en defensa del Guanacaste eterno, que no queremos se convierta en un Guanacaste ajeno, con megaproyectos deshumanizadores, donde solo prive la preocupación por el atesoramiento materialista, y la inevitable destrucción de los hábitats, a cambio de dólares o euros, que serán depositados en paraísos fiscales, fuera de nuestras fronteras, más allá de los litorales...


LIC. MIGUEL FAJARDO KOREA
Premio Nacional de Promoción y Difusión Cultural
Centro Literario de Guanacaste, Costa Rica  (1974-2016)

martes, 12 de abril de 2016

LECTORES DE POESÍA MEXICANA: GUSTOS Y RECOMENDACIONES

Adán Echeverría, México





Lectores de poesía mexicana: gustos y recomendaciones


Adán Echeverría
Un autor no leído es un autor víctima de la peor censura:
la de la indiferencia.
Octavio Paz


Primer Fragmento. Una pequeña encuesta
El 1 de abril de 2016, luego de una enorme campaña de egos y súper egos respecto de la poesía mexicana contemporánea y sus animadores, desatada en las redes sociales, en especial la de Facebook, tuve a bien leer el comentario que la compañera poeta Mavi Robles-Castillo posteara, y que entre otras cosas decía algo como esto: “Hay un problema grave con la poesía mexicana, más allá de que gracias a la moda de los slams ahora parecen más merolicos que poetas, hay demasiados. México es el país con más poetas, según las redes, es decir, cualquiera dice soy poeta; eso sí, pocos o casi ninguno pueden defender su poema con el poema mismo, hacen todo tipo de aracles en el escenario que distraen del texto mismo, cuya calidad es regularmente mala; si fuese buena, esos aracles excesivos no serian necesarios”.
Ya Malva Flores en el prólogo de su libro La culpa es por cantar, señalaba que pocos son los poetas que aun gustan de leer sus poemas sentados tras de una mesa, a los que denominó “poetas de mantel”. Y uno tiene que recordar, que claro que la poesía es oralidad, claro que la poesía debe ser contada, cantada, gritada a los demás, a los oyentes. Pero desde hace algunos siglos se tuvo la fortuna de desarrollar los procesos de imprenta, el lenguaje que había pasado de la oralidad a guardarse en otros tipos de papeles –papiros, pieles, telas-, pasó a ser difundido de manera masiva por las imprentas vía los libros, folletos, periódicos, revistas, panfletos.
Este 2016 continuamos mirando cómo esas nuevas tecnologías nos arrebatan la mirada, y nos permiten ver que la poesía va tomando nuevos rumbos, se va expandiendo en nuevas formas; pasa del papel impreso al papel imaginario de una serie de programas, en el que el mismo romanticismo nos representa la simulación de una hoja de papel en los procesadores de textos, un espacio para poder asentar los caracteres mediante un teclado, o mediante el dictado por medio de la voz. Pero a pesar de que esta era digital, que empezara a finales del siglo XX, permite un mundo diferente de soportes técnicos y tecnológicos que día a día se van descubriendo y en los cuales la creatividad y la ciencia computacional serán los límites, el resultado continúa siendo la transmisión de conocimientos. Voces, videos, sonidos, imágenes, figuras que se mueven, se han vuelto el medio por el cual el lenguaje se transmite. Algunos pensamos aún, que esas nuevas formas de expresión artística, que permiten la mezcla visual, sonora, e incluso táctil, y se presentan como poemas, no necesariamente lo son, dependerá del valor estético que queramos asignarle. Definitivamente el consumo multiplataforma nos permitirá acercarnos a esas nuevas tendencias, valorarlas y validarlas, e incluso comenzar a degustarlas para compartirlas con otros contactos, por medio de las redes sociales en que nos desenvolvemos día con día.
Pero también es cierto, que a pesar de todo lo bueno que uno puede encontrarse en la red, de igual manera, podemos encontrar, -y nos encontramos- con posturas egóticas más que estéticas, amparados en esa situación necesaria de "No necesitar la validación del otro sobre nuestra expresión", que en un principio es una idea muy sana, pero que tampoco nos da derecho para despreciar a pie juntillas los bastantes años de tradición artística y literaria que nos ha precedido.
Es singular la postura de aquellos que dicen: "Yo no leo escritores muertos, solo me deleito con los escritores que están vivos y con los que puedo, incluso, intercambiar mi trabajo. Valoro a esos nuevos artistas, nuevos poetas que se arriesgan en los nuevos materiales, las nuevas formas, las nuevas tecnologías. Y por eso no leo el Canon, ni me interesa, por eso no soy fanático de lo que marcan las historias, y no me dejaré convencer de las autoridades universitarias y de todos esos críticos obtusos que siguen pensando arcaicamente, y no miran el cambio y las nuevas propuestas."
Cada quien sus filias y sus fobias. Seguro estoy que ni Chaucer ni Spinoza, ni Cioran o Cervantes, ni Dante ni Goethe, van a protestar porque un grupo de “estetas” decidan no leerlos. Lo cierto es que, quizá –me atrevo a señalar- aquellos a los que nos gusta la literatura, leerla, platicarla, consumirla, recomendarla, no tomaremos muy en serio a aquellos grandilocuentes que gritan por todos lados Su No Necesidad de Conocer un Canon Literario, su No Necesidad de Lectura de Clásicos, por una simple razón: Lo que hoy somos es el resultado de la inventiva y creatividad de los que nos precedieron.
Cualquier buen lector, cualquier autor contemporáneo estará de acuerdo conmigo en ello. Que abrevar de la tradición, conocer aquello que nos precedió, jamás irá en detrimento de nuestro trabajo. Necesario es conocer primero, para poder romper después. No se puede romper aquello que no se conoce. Porque no conocerlo, en definitiva no te brinda el impulso de querer romperlo. Pienso en el Ateo que no le preocupan las religiones y sus mitos, totalmente alejado de aquel que actúa en un claro: 'Gracias a Dios, soy Ateo', e intenta que todos los que lo rodean, piensen como él. Mi preocupación y mi olvido consistirán en darme cuenta de lo ridículo del asunto, dado que si fueras Ateo, tus preocupaciones no pueden ser las de los Creyentes, porque deberías sentirte ajeno a sus sentimientos. Lo mismo con el canon literario, negarlo no lo inhabilita, ni conseguirá la no existencia de su corpus. Pero conocerlo, permitirá criticarlo. En este sentido, las nuevas tecnologías, las mutables tecnologías que día a día evolucionan, nos irán brindando nueva plataformas para lo mismo: expresar nuestro pensamiento y comunicarlo, crear diversos corpus para compartir con el otro, todo posible lector que se acerque. Y el proceso continuará siendo: Emisor-Mensaje-Receptor, lo que cambia son los medios, y la temporalidad para alcanzarlos. Para qué confundirnos.
Volviendo a la poesía, volviendo a la palabra escrita en la búsqueda estética de la construcción y comunicación de ideas, luego de leer las muchas posturas que todos asumen, con tanta ligereza, sobre lo que es y no es poesía, es o no es poema, sobre quién es o quién no es poeta, he tenido la idea de que en primer lugar habría que medir en qué agua estamos nadando, es decir: ¿cuál es el conocimiento que los lectores de poesía, lectores de poemas, discutidores de literatura, tenemos acerca de la poesía mexicana, escrita por mexicanos, escrita y editada desde México? Para contestarme, desarrollé un pequeño cuestionario que publiqué en mi página de Facebook con siete puntos: (1) Para ti, ¿cuál es el poeta mexicano o la poeta mexicana más importante?, y una vez que los encuestados definieran qué poetas consideran los más importantes para México, enmarcar la propuesta de lectura de este trabajo, entre los poetas nacidos a partir de 1960, para considerar la poesía contemporánea en este mismo artículo, sobre lo que ahora, para este 2016, se está distribuyendo y dando lectura, toda vez que a partir de esa década de nacimiento, los y las poetas de mayor edad flucturarán alrededor de los 50 años, y ese medio siglo de existencia les habrá permitido ser publicados y leídos, y los más jóvenes –si consideramos incluso a los nacidos a partir del año 2000, ya tendrán 16 años, y podríamos considerarlos –de ser editados y leídos- nuestros poetas más jóvenes; considerar que la mayoría de los autores que se encuentren en el rango de edad entre 16 y 56 años, puedan tener acceso a una red social en la intenet, y hayan tenido contacto con las nuevas tecnologías, para la edición, lectura, y para compartir su trabajo con la infinidad de lectores que puede brindarnos la red. Bajo este considerando se establecieron los siguientes puntos (2) Menciona el nombre de tus cinco poetas favoritos nacidos en México a partir de 1960. (3) ¿Cuáles cinco libros de poesía de autores nacidos a partir de 1960 recomendarías leer a un nuevo lector de poesía? (4) ¿Cuáles poetas mexicanos han influido en tu trabajo poético? (5) ¿Qué poetas de tu generación (considera la década de tu nacimiento) recomendarías leer? (6) Menciona las tres revistas literarias (impresas o de internet) publicadas en México (o desde México) que recomendarías a los nuevos lectores. (7) ¿Qué importancia tienen el ISBN o el ISSN para ti y para las obras literarias? Esta última pregunta permite conocer si los lectores de poesía tienen alguna valoración por estos sistemas establecidos para la identificación a nivel internacional de una publicación, qué opinan de ello, ya que muchas ediciones en la actualidad no privilegian el uso de estos índices.
Como antecedente, uno puede consultar un ejercicio similar al que ahora presento realizado por la revista Letras Libres, en febrero de 2005, titulado “Los diez mejores poetas mexicanos vivos”, cuyo resultado fue el siguiente: 1 José Emilio Pacheco / 2 Eduardo Lizalde / 3 Alí Chumacero / 4 Gabriel Zaid / 5 Rubén Bonifaz Nuño / 6 David Huerta / 7 Ramón Xirau / 8 Francisco Hernández / 9 Homero Aridjis / 10 Coral Bracho. Hagamos notar que de los 10 poetas que se sugieren, solamente hay una mujer.
Los resultados de nuestra encuesta que estuvo abierta del 1 al 3 de abril de 2016 arrojó los siguientes datos de interés para todo lector de poesía: se superaron los 50 encuestados, que decidieron contestar el cuestionario, ya sea tomándolo del Facebook, ya porque algunos contactos lo fueron compartiendo, además de que a un variado número de contactos se los hice llegar por mensaje. Muchos contactos se disculparon conmigo, y me dijeron que "no les gustaba entrar en este tipo de polémicas en la que se hieren demasiadas susceptibilidades". Otros simplemente no decidieron participar, e hicieron caso omiso a la solicitud de contestar el cuestionario, los que decidieron contestar enviaron sus respuestas por correo electrónico. No queda más que agradecer a todos la oportunidad que me brindaron tanto de acercarles el cuestionario, como en disculparse de no participar tanto como a los que hicieron un esfuerzo por brindarme algo de su gusto literario. Como todos mis proyectos, el que ahora expongo tiene como principal ideal el homenajear a los autores, a la literatura toda, y valorar el esfuerzo y las intenciones de los lectores. He acá los resultados:

Segundo Fragmento. El poeta más importante de México
He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos
por la locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros
en busca de un colérico picotazo
Ginsberg
De esos más de 50 cuestionarios resueltos por los lectores, evidenció que el género, en este caso, no resultó factor para su participación: hombres (29) y mujeres (27), procedentes de 14 de los 32 estados de la república mexicana, (43.75%), lo que evidencia que los lectores están suficientemente representados para la república mexicana.
A la pregunta número 1, sobre a quién consideran como el poeta o la poeta de más importancia nacido en México, se mencionaron un total de 22 poetas, entre los que el más mencionado fue Octavio Paz (1914-1998, nacido en la Ciudad de México, murió a los 84 años); es interesante que el segundo lugar en menciones fuera la indicación de que es 'Imposible dar el nombre de un solo poeta'. En tercer lugar privilegiaron a Amado Nervo (1870-1919, nacido en el estado de Jalisco, murió a los 48 años); a Nervo le siguieron, con el mismo número de menciones Rubén Bonifaz Nuño (1923-2013, nacido en Veracruz, murió a los 89 años), José Gorostiza (1901-1973, nacido en Tabasco, murió a los 71 años), Jaime Sabines (1926-1999, nacido en Chiapas, murió a los 72 años), Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695, nacida en lo que hoy se conoce como el Estado de México, murió a los 43 años), Rosario Castellanos (1925-1974, nacida en lo que hoy se conoce como Ciudad de México, murió a los 49 años) y Coral Bracho (nacida el 22 de mayo de 1951 en la Ciudad de México, tiene 64 años), ocupando el cuarto lugar de menciones.
El quinto lugar fue para los poetas Enriqueta Ochoa (1928-2008, nacida en Coahuila, murió a los 80 años), José Emilio Pacheco (1939-2014, nacido en la Ciudad de México, murió a los 74 años), José Carlos Becerra (1936-1970, nacido en Tabasco, murió a los 34 años) y Efraín Bartolomé (nacido el 15 de diciembre de 1950 en Chiapas, tiene 65 años).
Con una sola mención, por lo que todos ocuparon el sexto lugar en el gusto por los lectores fueron mencionados: Concha Urquiza (1910-1945, nacida en Michoacán, murió a los 35 años), Ramón López Velarde (1888-1921, nacido en Zacatecas, murió a los 33 años), Xavier Villaurrutia (1903-1950, nacido en la Ciudad de México, murió a los 47 años), Jorge Cuesta (1903-1942, nacido en Veracruz, murió a los 38 años), Efraín Huerta (1914-1982, nacido en Guanajuato, murió a los 67 años), Nezahualcóyotl (1402-1472, nacido en lo que hoy se denomina Texcoco en el Estado de México, murió a los 70 años), Alejandro Aura (1944-2008, nacido en la Ciudad de México, murió a los 64 años), Francisco Hernández (nacido en Veracruz en 1946, tiene 70 años), José Luis Rivas (nacido en Veracruz en 1950, tiene 66 años), y alguien decidió incluir a Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893, nació en Guerrero, murió a los 58 años), que aunque escribiera poemas, su obra de mayor significancia fuera la novela.
De los datos anteriores podemos observar que de los 22 poetas el más veces mencionado fue Octavio Paz. Observamos también el gusto de los lectores de poesía por el trabajo de cinco autoras (Sor Juana Inés de la Cruz, Rosario Castellanos, Coral Bracho, Enriqueta Ochoa y Concha Urquiza). Un poeta perteneció a la época prehispánica (Nezahualcóyotl), y otra de la época colonial (Sor Juana Inés de la Cruz). Es interesante que los lectores no mencionaron a ningún poeta novohispano del siglo XVIII. Un escritor es del siglo XIX (Ignacio Manuel Altamirano). Dos poetas vivieron entre los siglos XIX y XX (Amado Nervo y Ramón López Velarde). Observándose una preferencia por los poetas nacidos en el siglo XX (17), de los cuales cuatro están vivos: Coral Bracho, Efraín Bartolomé, Francisco Hernández y José Luis Rivas. Igual se debe señalar la preferencia por tres poetas que murieron jóvenes: Ramón López Velarde (33 años), José Carlos Becerra (34) y Concha Urquiza (35 años). Para situarlos en la geografía de México, podemos señalar que los autores acá mencionados se reparten en 11 de los 32 estados de la república, ordenados por el mayor número de autores por estado: Ciudad de México (6 autores), Veracruz (4 autores), Estado de México (2), Chiapas (2), Tabasco (2), y representados con un solo autor: Coahuila, Guanajuato, Guerrero, Jalisco, Michoacán, Zacatecas.
Al comparar nuestros resultados con la lista de diez autores vivos publicada por la revista Letras Libres, se puede observar que solo se comparten cuatro poetas: José Emilio Pacheco, Rubén Bonifaz Nuño, Francisco Hernández y Coral Bracho, con nuestra encuesta; Serrato-Córdoba en un análisis del 2008 señala que los lectores de poesía de México declararon que su autor favorito era Amado Nervo (60 por ciento), Pablo Neruda (35 por ciento) y Jaime Sabines (5 por ciento). De esta forma tenemos que en dos estudios que utilizaron la encuesta a lectores, solo coincidimos en seis autores, por lo que nuestros encuestados brindan a 16 autores más, como preferentes en el gusto para los lectores de poesía en México, y que uno de esos nuevo autores que se encuentra ya en el gusto de los lectores es Octavio Paz, quien ganara el Premio Nobel de Literatura en 1990 (hace ya 26 años).
Para esclarecer estas preferencias, Serrato Córdoba intenta que creamos que: "El lector promedio está preparado para asimilar el lenguaje de la poesía modernista, que es lo que su comprensión y gusto le permiten 'digerir'", y que "la poesía es un género cuyo lenguaje es tan especializado, o más especializado como las matemáticas o la física espacial". No concuerdo con una especialización poética para la comprensión o el gusto por la poesía, porque reconozco la mutabilidad del lenguaje, tanto como las aportaciones que todos los autores (poetas) hacen al habla cotidiana. No es el habla cotidiana el que se inscribe en las creaciones poéticas, sino las creaciones literarias las que con el paso de los años se inscriben en el habla cotidiana, en la sociedad toda. Recuérdese la obra de Jonathan Swift y la extracción de los vocablos 'yahoo', utilizado ahora todos los días como parte de nuestra vida en la transmisión de correos electrónicos, o aquellos poemas de Vanessa, nombre de mujer que no existía antes de ser nombrado por el autor de Los viajes de Gulliver. Los autores nombran el mundo, y los lectores van adquiriendo esos temas, esos poemas, esas letras como parte de su gusto, haciendo que pasen a formar parte de la comunicación diaria entre los pueblos y las sociedades.
De esta forma no me parece posible nombrar a los lectores "poco capaces", o "de educación poética limitada" por no gustar de los trabajos poéticos de ciertos autores. Seguro estoy que uno de los principales factores para que los autores sean leídos o sean poco leídos, es que se distribuyan poco, mucho, suficiente –qué sería suficiente-, que sus trabajos lleguen a muchos más sitios, a muchos más lectores, a mucho más personas. Limitarse a pensar que los autores no son del gusto de los lectores, porque los lectores no tienen la formación que se requiere para entenderlos, es un equívoco, una postura cargada de egocentrismo, que pretende poner a los poetas como pináculos de las sociedades, ajenos al común de las personas. Toda vez que las aptitudes de su talento, y capacidades creativas, no los hacen más humanos, ni súper héroe, mucho menos semidioses, sino personas suficientemente leídas, capaces de utilizar el lenguaje como una herramienta mediante una estética propia para la comunicación de sus ideas. Quizá el que un poeta no se encuentre en el gusto actual de los lectores tenga que ver comn su poca distribución para ser leído, y no con lo que algunos denominan "falta de estética".
El abanico de posibilidades lectoras y el gusto de los poemas de los autores de poesía, es tan amplio como lo es la sociedad humana en la que nos desenvolvemos. De esta forma habría que considerar en qué punto de la definición de poeta queremos estar, como autores. De acuerdo a lo que frita Rubén Darío: "¡Torres de Dios! ¡Poetas!"; con lo que acusa Heberto Padilla: "¡Al poeta, despídanlo! / Ese no tiene aquí nada que hacer. / No entra en el juego. / No se entusiasma. / No pone en claro su mensaje". O más cerca del pueblo, como indicara Manuel Machado: "Hasta que el pueblo las canta, / las coplas, coplas no son, / y cuando las canta el pueblo, / ya nadie sabe el autor. / / Procura tú que tus coplas / vayan al pueblo a parar, / aunque dejen de ser tuyas / para ser de los demás. // Que, al fundir el corazón / en el alma popular, / lo que se pierde de nombre / se gana de eternidad."

Tercer Fragmento. Sobre los poetas nacidos en México a partir de 1960
He visto, durante toda mi vida, a los hombres de estrechos
hombros, sin exceptuar uno solo, cometer
actos estúpidos y numerosos, embrutecer a sus semejantes
y pervertir las almas por todos los medios.
Lautréamont
La segunda mitad del siglo XX en México nos trajo la "revuelta" de los pensamientos y las ideas transformadas en movimientos sociales de organizaciones pacifistas con un número creciente de estudiantes que se fueron sumando de manera progresiva. Si para finales de la década de los 50’s las confrontaciones se dieron por parte del movimiento obrero y campesino en contra de las políticas de austeridad salarial del Estado mexicano, para los años sesenta, esta batalla corrió por los salones de las escuelas de formación universitaria, tanto la Universidad Autónoma de México (UNAM) como en el Instituto Politécnico Nacional (IPN) (Domínguez Chávez, 2011). Si consideramos que la UNAM, fundada a inicios del siglo XX, se fue cargando de una ideología liberal, pintándose de rojo hacia la mitad del siglo, y que tuvo su punto más álgido en las décadas de los sesenta y setenta, cuando este pensamiento de las izquierdas comenzó su declive hacia los ochenta, hasta volverse una ideología plana, y heterogénea para finales del siglo XX. Como señala Francisco Zapata, los líderes de algunos de movimientos sociales como Arturo Gámiz, Rubén Jaramillo o Genaro Vázquez, situados al margen del partido gobernante y sus organizaciones sociales, se distanciaron y radicalizaron, y en ese espíritu la juventud mexicana va poniendo los cimientos para la construcción de una nueva ideología (Zapata, 2012). Cimientos que no fueron construidos en buena roca, porque con los asesinatos de estudiantes ocurridos en 1968 y 1973, los levantamientos armados, -el de Lucio Cabañas de los setentas, el del EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) y el EPR (Ejército Popular Revolucionario) en los noventas-, aunados a las devaluaciones que ha venido sufriendo la moneda nacional mexicana frente al dólar norteamericano, y el crecimiento de la cultura del Crimen Organizado, y vivir día con día para nombrarse, renombrarse hasta descubrirnos sitiados en un sistema político, rebasado por el Narcotráfico y su cultura de violencia indiscriminada, de desapariciones forzadas, cobros de piso, asesinatos y captura de migrantes, como por el secuestro de jóvenes y niños para volverlos asesinos bajo el control de los cárteles y sus brazos armados, así como la pobre confianza de la mayoría de los ciudadanos en los partidos políticos y sus representantes de todas las facciones, los cuarenta últimos años del siglo XX nos ha entregado un México con doscientos años de “simulada independencia” y “simulado estado de paz y armonía”. Este apenas sobrevivir como país, ha permitido que en este 2016 se pueda sentir la "inminente desesperanza de la banalización para todo tema nacional", lo que todos los días ocurre mediante el uso y abuso de los avances en la tecnología de la información, que ha situado a las conciencias mexicanas dentro de una enajenación-educativa-reticente, y una lucha unipersonal para salir adelante respecto de los ideales de vida y sobrevivencia.
Como bien señala José María Espinasa “El 68, con la represión a los estudiantes y los fastos olímpicos fue un año clave y se inició, pasada la primavera sesentera, un periodo de hondas decepciones en el terreno político y de distanciamiento del creador y el artista respecto del papel que la Revolución le había asignado en la construcción de una identidad que se caía a pedazos”. (Espinasa, 2012). Y hay que añadir que ante las críticas de los “intelectuales” el sistema político mexicano respondió con oídos sordos y un endurecimiento del autoritarismo, desde la propia presidencia de la República, que veía la amenaza de una conjura comunista que los alejara de ser “el buen vecino” de los Estados Unidos de América (Domínguez Chávez, 2011).
Con base en todo lo anterior es que ha ido evolucionando la cultura y el arte en México, durante la segunda mitad del siglo XX y los primeros años del XXI. La poesía y los poetas, no han podido quedar inmunes a esta "banal desesperanza". Los años que van de 1960 a 1982 trajeron cambios profundos en la estructura productiva de la economía mexicana, y de esa misma manera, y por la convivencia con estos sistemas político económico de México, los "intelectuales" de nuestro país y de nuestra literatura han ido decreciendo en su búsqueda del conocimiento, para poder siquiera precisar sus impresiones sobre la “(in)cultura política” que ha secuestrado a este país. Estos intelectuales del siglo XX, alguna vez representados por Justo Sierra, Alfonso Reyes, Octavio Paz, Carlos Fuentes, Carlos Monsivais, José Emilio Pacheco, con sus muertes, han dejado un vacío de orfandad en la expresión del pensamiento, que ha sido trastocado a favor de la mercadotecnia de la industria editorial, como bien lo ha apuntado Gabriel Zaid en muchos de sus textos, y representada en sus Ferias de Libros y Lecturas, Premios Literarios de Poesía, Cuento, Novela y Ensayo, Becas de Creadores Jóvenes, todo con tal de sitiar al creador, y maltratarlo económicamente por la burocracia institucional, y volverlos rehenes de contadores y administradores de los Institutos y Secretarias de Cultura regidas bajo cualquier partido en el poder; todo con la aparente idea de llegar a las masas, pero manteniendo el precio de los libros en detrimento de las sociedades minoritarias, que los miran en ocasiones inalcanzables, porque apenas cobran el salario mínimo; o desdeñando la figura de la “beca por excelencia” hacia un “artista mendigante” al que se le puede decir: “Venga el próximo mes, su cheque aún no sale”.
Como ha dicho Zermeño, "la palabra “intelectual” sustituye a la del “pensador” (como individuo que se concibe a sí mismo como constructor de la nación en proceso), fraguada durante el siglo XIX. Así, el intelectual se define en principio como un hombre de letras y de cultura que remeda a la época del humanismo y, sólo posteriormente y según las circunstancias políticas, podrá concebirse como un hombre que puede tener influencia social y política." Esa figura del intelectual que se encuentra ahora moribunda en México, por la situación financiera, social y política: estudiar en México no es motivo ya de mejora económica. Los escritores mexicanos, a partir de 1950 comenzaron con la imitación a los escritores gringos y dieron mayor impulso sobre las creaciones respecto de la “volátil y vida de las grades ciudades” como en la literatura norteamericana, alejándose de las búsquedas que perseguían imitar la cultura europea, e incluso el oriental (Juan José Tablada el arte japonés, Octavio paz el arte hindú).
La lucha entonces, entre el intelectual, la cultura, la política, la economía en el país, para este 2016, es una carrera de alcances y lejanías, donde la figura totémica del internet juega una parte primordial para aquella sociedad que se permite la "incipiente resistencia del ordenador", cuya enajenación en sus aparatos de acceso a la red, les permite informarse, educarse, consumirse, y enviarse unos a otros, los motivos de su pensamiento. He acá, uno de los puntos primordiales en la recreación de la "poesía contemporánea de la internet": Si no alcanzo a comprarme libros, los descargo de las páginas de la red, si no logro ser considerado por una editorial, creo la propia, y llego a los lectores que tengo en la cercanía, y discuto con aquellos que se creen dueños de las verdades absolutas. Este es el México que le fue heredado a los poetas que nacieron en la segunda mitad del siglo XX, en particular a partir de los sesenta (década de clara inflexión social y cultural). Y es sobre esos poetas, que al año en que escribo estas líneas, 2016, son parte fundamental en el reconocimiento de la tradición literaria y poética de todos los mexicanos que hoy pueden leerlos. Es por ello que los siguientes cinco puntos del cuestionario entregado a los lectores participantes pretende mostrar el conocimiento y reconocimiento que sobre estos autores se puede verter, y determinar si se les está permitiendo formar parte de la tradición poética de este país. Para analizar y desmenuzar las respuestas, podemos referirnos punto por punto.

a) Los poetas favoritos
Los encuestados mostraron tener preferencias variadas, y mencionaron a un total de 57 autores (33 hombres y 24 mujeres), por supuesto que entre sus autores favoritos no todos son nacidos a partir de 1960, haya algunos que nacieron en la primera mitad del siglo XX como las poetas Rosario Castellanos, Enriqueta Ochoa y Guadalupe Amor, y los poetas José Gorostiza, José Carlos Becerra, así como los poetas Baudelio Camarillo quien naciera en Tamaulipas en el año de 1959, y Neftalí Coria  nacido en Michoacán (1959). La preferencia por los poetas del México actual situó a Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) con el mayor número de menciones, seguido por Armando Alanís Pulido (Nuevo León, 1969), Julián Herbert (Guerrero, 1971), Jeremías Marquines (Tabasco, 1968), Baudelio Camarillo y A.E. Quintero (Sinaloa, 1969).
Los demás poetas tuvieron el mismo número de menciones. Entre los hombres se mencionaron a: Jorge Fernández Granados (Ciudad de México, 1965), Armando Salgado (Michoacán, 1985), José Agustín Solórzano (Guanajuato, 1987), Balam Rodrigo (Chiapas, 1974), Fernando Trejo (Chiapas, 1985), Juan Joaquín Péreztejada (Veracruz, 1962), Rubén Chávez Ruiz Esparza (Aguascalientes, 1967), Benjamín Valdivia (Aguascalientes, 1960), Alí Calderón (Ciudad de México, 1982), Manuel Iris (Campeche, 1983), Ramsés Salanueva (Hidalgo, 1972), Aldo Robinson  Butzman (Durango, 1988), Lorenzo Morales (Tabasco, 1973), Mario Bojórquez (Sinaloa, 1968), Óscar de Pablo (Ciudad de México, 1979), Álvaro Solís (Tabasco, 1974), Francisco Alcaraz (Sinaloa, 1979), Roberto Rico (Chiapas, 1960), Marco Fonz (Ciudad de México 1965 – Chile, 2014), Luis Armenta Malpica (Ciudad de México, 1961), Félix Suárez (Estado de México, 1961), Samuel Noyola (Nuevo León, 1965) y Guillermo Vega Zaragoza (Ciudad de México, 1967). Y entre las mujeres poetas mencionaron a Rocío Cerón (Ciudad de México, 1972), Dolores Dorantes (Veracruz, 1973), María Cruz (Ciudad de México, 1974), Jennifer Clement (nació en EEUU en 1960, viviendo en la Ciudad de México desde 1961), Claudia Posadas (Ciudad de México, 1970), Esther M García (Chihuahua, 1987), Hanna Figueroa (Nayarit, 1988), Maricarmen Gerardo (Veracruz, 1969), Sara Uribe (Querétaro, 1978), Ileana Garma (Yucatán, 1985), Gabriela Balderas (Ciudad de México, 1973), María Baranda (Ciudad de México, 1962), Natalia Toledo (Oaxaca, 1967), Irma Linares (Michoacán, 1960), Aída Valdepeña (Ciudad de México, 1976), María Rivera (Ciudad de México, 1971), Malva Flores (Ciudad de México, 1961), Angélica Santa Olaya (Ciudad de México, 1962), Roxana Elvridge-Thomas (Ciudad de México, 1964), Adriana Tafoya (Ciudad de México, 1974) y Estrella del Valle (Veracruz, 1971). Si agrupamos a estos autores en la geografía mexicana, por el lugar donde nacieron, entonces podemos observar que su distribución fue la siguiente: Ciudad de México (17 autores), Veracruz (4), Chiapas (3), Michoacán (3), Sinaloa (3), Tabasco (3), Aguascalientes (2), Nuevo León (2), mientras que en los estados de Campeche, Chihuahua, Durango, Estado de México, Guanajuato, Guerrero, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Oaxaca, Querétaro, Tamaulipas, Yucatán, y EEUU se mencionaron solamente a un autor.
De las 24 mujeres sugeridas como favoritas, 11 son nacidas en la Ciudad de México (45.8%), lo que parece indicar que no se está leyendo a las mujeres poetas nacidas en provincia, como sucede con los hombres poetas nacidos en provincia, ya que de los 33 poetas varones citados, solamente 6 son nacidos en la Ciudad de México (18.2%). Es interesante mirar que los poetas favoritos de los encuestados para este 2016 en su mayoría son nacidos en provincia: de los 57 autores, solamente 17 son nacidos en la Ciudad de México (29.8%). Es de importancia reconocer lo que Serrato Córdoba nos dice: “Los poetas prácticamente escriben para otros poetas especializados en temas literarios, lo que implica que el lector común y corriente tiene que hacer un esfuerzo mayor de comprensión” (Serrato Cordoba, 2008).

b) Los libros de poemas que se recomiendan
A los encuestados se les pidió que nombraran algunos de los libros de autores nacidos a partir de 1960 y que recomendarían a aquellas personas que se quieran acercar a la poesía en México. Estos son algunos de los libros que fueron mencionados:
El mayor número de menciones lo tuvo el libro El cielo de Ernesto Lumbreras; después, empatados en número de menciones, los poemarios 200 gramos de almendras de A.E. Quintero, El nombre de esta casa de Julián Herbert y Bitácora de Mujeres Extrañas de Esther M García. Resulta sumamente refrescante que los lectores encuestados tengan entre sus recomendaciones el texto de esta poeta del norte de México, no sólo por el tema que se aborda, sino por tratarse de una autora nacida a finales de la década de los 80.
De Ernesto Lumbreras también mencionaron como uno de los libros que recomendarían leer a alguien que quiera acercarse a la poesía mexicana de nuestros días Lo que dijeron las estrellas en el ojo de un sapo. Del escritor Armando Alanís Pulido recomendaron dos de sus libros: Gritar por poder gritar y Combustión espontánea. También fueron nombrados dos libros del poeta Baudelio Camarillo: En memoria del reino y Poemas de agua dulce. Otros escritores de los que se mencionaron dos de sus libros como recomendables fueron: Francisco Alcaraz con La musa enferma y Tiempo en vuelo; Jorge Fernández Granados con Si en otro mundo todavía y Los hábitos de la ceniza; de Jeremías Marquines ¿Dónde tiene el hoyo la pantera rosa? y Acapulco golden. Para los encuestados estos libros fueron los que consideraron como favoritos por el número de menciones que recibieron.
Sin embargo, también fueron mencionados: Me llamo Hokusai de Christian Peña; Ni las flores del mal, ni las flores del bien de José Agustín Solórzano; Estancia de Ánimas de Armando Salgado; Braile para sordos de Balam Rodrigo; Solana de Fernando Trejo; El deseo postergado de Mario Bojórquez; Los endemoniados de Óscar de Pablo; Cantalao de Álvaro Solís; Atavismos del caminante de Lorenzo Morales; Ciencia del Alejamiento de Ramsés Salanueva; Ebriedad de Dios de Luis Armenta Malpica; Legiones de Félix Suárez; Bestiario íntimo de Neftalí Coria; En los brazos de Urania de Alejandro Farfán; Los disfraces del fuego de Manuel Iris; Mímesis para gusanos de Daniel Medina Rosado; La casa de la pereza de Juan Joaquín Péreztejada; Un naipe de picas de Rubén Chávez Ruiz Esparza; Toda la lluvia de Sergio Cordero; Nectáfora de Fernando Reyes; Desde la patria del insomnio de Guillermo Vega Zaragoza; El próximo extraño de Jennifer Clement; Pájaros de Kenia Cano; Ternura de Ileana Garma; Antígona González de Sara Uribe; Traslación de dominio de María Rivera; El libro de las grietas de María Cruz; Universo de Náufragos de Aída Valdepeña; Isla o sirena de Mary Carmen Gerardo; La selva afuera de Estrella del Valle; Imágenes para una anunciación de Roxana Elvridge Thomas; El árbol de la esperanza de Angélica Santa Olaya; y el libro Imperio de Rocío Cerón. También recomendaron: Hablemos de poesía, 20 ensayos sobre poesía actual mexicana, compilación Adriano Rémura y Sergio García Díaz.
Además, los encuestados nombraron libros de autores nacidos antes de 1960 como: Ojo de Jaguar y Cuadernos contra el Ángel de Efraín Bartolomé; Muerte sin fin de José Gorostiza; El otoño recorre las islas de José Carlos Becerra; Retorno de Electra de Enriqueta Ochoa; Yo soy mi casa de Guadalupe Amor; y Poesía no eres tú de Rosario Castellanos.
De esta forma podemos concluir que lo observado es indicativo de que la poesía mexicana para el 2016 es nutrida, desbordada y lo que es más importante leída. Más allá de las relaciones editoriales-lectores, las posibilidades de las nuevas tecnologías permiten el acercamiento desde diversos espacios del orbe, para la captura de los autores mediante sus obras literaria. Las plataformas electrónicas para poder levantar, trepar, subir los archivos en PDF de los poemarios ahí quedan, para que nosotros, los lectores nos podamos acercar a ellas. El tiempo que toda persona tiene frente a un ordenador, una tableta electrónica, un teléfono móvil que permite la descarga y lectura de archivos, brinda esa gran facilidad para llegar a un mundo incontable de lectores y lecturas. Que sean entonces nuestras lecturas de las obras, las que puedan enriquecer el gusto lector por la poesía mexicana, para poder consumirla, recomendarla a otros nuevos lectores.
Este pequeño ejercicio que no duró más de una semana, nos ha ofrecido una variedad de nombres, y de obras poéticas que no tendríamos por qué desdeñar de principio, y que sí nos podría permitir el acercamiento hacia nuevos conocimientos de la literatura que se está escribiendo y leyendo en esta república mexicana. Sea pues este un ejercicio que permita el diálogo, que permita igual establecer la posibilidad del gusto, de un fragmento de lectores de poesía, que tuvieron a bien responder los siete puntos de la encuesta.

Referencias
Domínguez Chávez, H. 2011. 1940-1970: el contexto socioeconómico y político. Historia de México II. Tercera Unidad. Programa de Cómputo para la Enseñanza. UNAM. 11 pp.
Espinasa, J. M. 2012. Nacionalismo, cultura e identidad en el siglo xx mexicano. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.
Serrato Córdoba, 2008. La enseñanza de un nuevo canon de poesía mexicana. Un diagnóstico y una propuesta. pp: 181-196.
Zapata, F. 2012. Movimientos sociales y conflicto laboral en el siglo XX. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.
Zermeño, G. 2012. La invención del intelectual en México. En: Los grandes problemas de México. Coordinadores generales Manuel Ordorica y Jean-François Prud’homme. 2. MOVIMIENTOS SOCIALES. El Colegio de México. Ilán Bizberg y Francisco Zapata. 374 pp.